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miércoles, 4 de noviembre de 2009

París, Texas y Lisboa story

París, Texas es un relato portador del mito, puesto que habla de un personaje que adquiere la palabra portadora de sentido. Al inicio, vemos a un personaje que no habla o se niega a hablar, tampoco recuerda. Por tanto, carece de palabra y memoria. Sólo se encuentra cómodo en movimiento, en su deambular. Luego descubrimos que camina en busca de su familia, su mujer y su hijo, donde la palabra adquiere poder curativo.

La escena clave es la que se desarrolla en el peep show, el encuentro del protagonista con su mujer, a través de un cristal, que permite ver sin ser visto, escena de gran intensidad dramática, acentuada por la proximidad espacial y la distancia temporal que existe entre ellos. 


El discurso, la narración como algo útil, el poder de la palabra en boca del marido. Y por otra parte, el poder de la imagen, que nos muestra la evolución psicológica de la mujer, en este caso interpretada por la siempre genial y hermosa Nastassjia Kinski, prodigio de actriz, que en esta película llega a bordar su papel.

En cierto modo, esta road movie o película de carretera, cuya banda sonora corresponde al músico Ry Cooder, es como una versión posmoderna de Centauros del desierto de John Ford.

En Lisboa Story, Wenders se plantea un ejercicio arriesgado y “original”: ver la capital portuguesa a través de los sonidos que el protagonista registra en su recorrido por las calles de la ciudad, para incorporarlos en una película muda, y su preocupación por filmar imágenes puras. La música de Madredeus como espejo en que debiera mirarse el cine. 


“Escucho sin mirar y así veo” (Pessoa).

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