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jueves, 30 de agosto de 2018

Cainismo

Ayer, en el museo del Bierzo, en el patio de la Higuera de este lugar frutal y acogedor, que en tiempos fuera cárcel, nos dimos cita un buen puñado de poetas, narradores, músicos, además de un público entregado (también numeroso) para leer, recitar y cantar a la Memoria Histórica, a todas las víctimas, que fueron muchísimas, de la Guerra Incivil. Y aun de la posguerra. 
Foto: Alejandro Nemonio

Entre los presentes, he tendido la fortuna de dedicarles fraguas a Sol Gómez, Isa Mil9, Abel Aparicio, Javier Morán o Nicanor García Ordiz. Pero también intervinieron Juan Carlos Mestre (Premio Nacional de Poesía), Cristina Pimentel, Tere Rivas, Juan Carlos Barredo, Tote García, Juan Carlos Suárez-Polaroids, Luis Miguel Sanz y Pedro Álvarez. Un placer compartir con ellos y ellas esta tarde. 
A uno le dio por leer este texto, Cainismo, introducido con un poema del genio Lorca, quien fuera fusilado, el pobrecito, cuando aún podría habernos dejado muchos más poemas y obras de teatro. 
Público ayer tarde en el Museo del Bierzo (Ponferrada). Foto: Miguel Ángel Paramio

Emotivo acto organizado por Marco González, el Vicepresidente de la ARMH. Y demás miembros de esta Asociación. http://memoriahistorica.org.es/
Agradezco las fotos de Miguel Ángel Paramio y Alejandro Nemonio, que ilustran este post. 


El puñal
entra en el corazón,
como la reja del arado
en el yermo.

No.
No me lo claves.
No.

El puñal,
como un rayo de sol,
incendia las terribles
hondonadas.

No.
No me lo claves.
No.

 (Lorca, Puñal-Cante Jondo)

Un año más -y ya van varios-, nos damos cita aquí, en Ponferrada, la capital templaria, para hacer memoria (pues sin memoria nadie somos nada), para recordar a nuestros muertos y muertas, que son muchos, para dedicarles unas palabras a quienes sufrieran las atrocidades de la Guerra Incivil

(porque en verdad fue Incivil) y aun de una posguerra de hambrunas y crímenes hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo. Como quien dice ayer. 
Para llorar a nuestros muertos y muertas, para nombrarlos, dándoles voz a sus cuerpos desgarrados –como quisiera el poeta Octavio Paz en su Elegía a un compañero muerto en el frente-, dándoles sangre a sus venas rotas, labios y libertad a su silencio, ya sepulcral.
Mestre. Foto: Miguel Ángel Paramio
Que nadie se engañe, nuestra guerra fratricida no se acabó en el 39. Como nos cuentan en los libros oficiales y oficialistas. Las guerras se empiezan pero nunca se sabe cuándo acabarán. Eso mismo ocurre en Irak, en Afganistán, en el polvorín de Oriente Medio, en tantos países. El mundo está en guerra. África, Asia, incluso América están llenos de guerra, de hambre, de dolor. 
Europa es un gran cementerio. Dos Guerras Mundiales, con su Holocausto, nos han dejado literalmente muertos. Después de Auschwitz ya no nos quedan ni lágrimas para componer un poema. 
Vivimos en un mundo hecho un asquito. Aunque el mundo no sea ahora peor que otrora, cuando a la gente se le echaba al circo, al coliseo romano de los leones. O a Cristo lo crucificaran en el monte de los Olivos de la sacrosanta y guerrera Jerusalén (catolicismo, islamismo y judaísmo conviviendo en un permanente desasosiego, por decirlo de un modo suavecito). 
Foto: Alejandro Nemonio

El conflicto palestino-israelita es un sin dios que no tiene pinta de llegar a su fin, salvo que el fin sea la desaparición de unos y de otros. 
Las jodidas religiones, que se inventaron a priori para religar y religarse los paisanos, para amarse (amaos los unos a los otros), sólo provocan enfrentamientos, malos quereres, crímenes... 
La evolución de la especie humano-animal a veces queda enmascarada por cierta involución. Algunos seres ni siquiera llegan a la categoría de ganado parlante. Y esto nos hace repensar la realidad. La condición humana no ha variado sustancialmente en miles de años. Las traiciones, las venganzas, los celos, las iras siguen ahí, en nuestro teatro shakesperiano de la vida. 
"Siglos después seguimos pensando, sintiendo, escribiendo, sobre el dolor y el placer, la vida y la muerte o inmortalidad, el amor y los odios, paz y guerra, los de arriba y los de abajo, los desheredados y los de la 'otra clase', y demás dualidades o antagonías... Acaso nos rondan los mismos monstruos multiplicados o renovados en nuevos vestidos, por los siglos de los siglos", me cuenta una amiga entrañable, con una lucidez extraordinaria.
Cuenya. Foto: Miguel Ángel Paramio



Yo no vi ni viví la Guerra Incivil. Ni siquiera la postguerra de penurias. Pero sigo respirando su aire ponzoñoso cada vez que alguien descubre algún esqueleto enterrado en alguna cuneta, en alguna fosa común. Cada vez que alguien reabre los poros del alma de algún asesinado por este conflicto, que nunca debió de haber existido. 
"Tú no has visto nada de Hiroshima, nada.
Lo he visto todo. Todo", nos cuenta Marguerite Duras (también Alain Resnais) en Hiroshima mon amour.
Tú no has visto la Guerra Incivil ni la postguerra.
Lo he visto todo. Todo. 
Nací casi a finales de los sesenta y aún puedo recordar el olor a pólvora, a carne quemada, agujereada. Un olor a podredumbre, a muerte, que se cuela en mis entrañas hasta hacerme escalofriar. Siento escalofríos ante tanto crimen innecesario (nunca el crimen puede justificarse porque atenta contra la especie, una especie que es más bestial de lo que parece). 
Foto: Miguel Ángel Paramio

Me sigue invadiendo el olor a guerra, el plomo incrustado en la frente, incluso transcurridos los años. No tantos, en realidad. No hace tanto que nuestros paisanos, nuestros hermanos, nuestros vecinos se mataban, acaso por una ideología, siempre por rencores, odios, tirrias... ¿Cómo se puede matar a un hermano, a una hermana... a un ser querido? ¿Cómo se le puede atizar una paliza a un hermano? Antes de pegarle a un hermano, me corto un brazo, recuerdo como si fuera hoy que le dijo un vecino, hace años fallecido en un chamizo minero, a un par de cafres que le estaban arreando estopa a su hermano mayor. Sólo el cainismo lo explica. La maldad consustancial del ser humano/animal. La perversión, el trastorno. El infierno de los malditos, por decirlo en palabras del psicoanalista, médico, escritor y amigo Luis-Salvador López Herrero. 
España en su conjunto es un país cainita, país de paisitos viviendo en sus compartimentos estancos, cada cual a su puto rollo. El filósofo Ortega nos lo explicó muy bien en su España Invertebrada. España con eñe de ensañamiento, con la eñe de la guadaña, segando vidas a discreción. En una sangría de la que ni siquiera nos hemos repuesto. Hagamos memoria, sí, y repasemos nuestra historia, no tan lejana. Aún soy capaz de oler la pólvora. Y los tiros a bocajarro retumban en mi subconsciente, adonde van a parar los sueños y las pesadillas. La pesadilla de la sinrazón produciendo monstruos, incluso en serie. España negra, goyesca, tremebunda. España militroncha y clarigalla. Aquí, en nuestra piel de toro o de vaca machorra tendida al sol y boca abajo, ha habido guerras entre hermanos (no nos soportamos, por lo que parece). En cambio, en nuestra vecina Francia, más ilustrada que nuestra nación, hubo una Revolución, que acabó con la aristocracia, aunque luego se impusiera el terror, la guillotina. 
Foto: Miguel Ángel Paramio

Se mire como se quiera, España es un país con un pasado sangriento, cabestril, España es un país de cabestros, como nos dijera el Nobel Cela (quien también fuera censor y delator, además de plagiador) en San camilo 1936, aunque siempre habrá, por fortuna, gente buena, hospitalaria, que no envidia lo que tiene el prójimo (la envidia, vicio tan nuestro). 
Aquí, en nuestra España, de pasado imperial y rancio abolengo, ni dios ni cristo bendito se entiende, cada cual se cree en posesión de la verdad, cada cual se cree diferente al resto, cada cual piensa que es un universo en sí mismo. Y así nos luce la pelambrera. 
No somos tan diferentes, aunque algunos sean más iguales que otros. La desigualdad, el clasismo (tan nuestro) nos puede. El ingenio, el talento no manda nada. El talento no se premia, según el gran Valle Inclán de Luces de bohemia, de aquel Madrid absurdo, hambriento, esperpéntico. Todo lo puede el dinero. Y el ser sinvergüenzas, corruptos al por mayor. 
Foto: Alejandro Nemonio

En nuestro país el que puede (picaresca andante y sonante) saca tajada, máxime cuando alguien detenta el poder, poder otorgado, las más de las veces, a dedo. País de enchufismos y amiguismos.  Cada cual está en su compartimiento estanco, en su isla. No fluye la comunicación. No funciona el engranaje del trabajo. ¿Cómo puede haber más de tres millones de parados a fecha actual? Vaya desvergüenza. ¿Y cómo puede haber tanto salario de mierda, cuando los mandamases cobran cifras estratosféricas (declaradas, además de la guita bajo cuerda)? ¿Por qué nunca hay dinero para la cosa/res cultural? Qué se rebajen un nada el suelo los políticos y gestores de la cultura. Y lo empleen en cultura. Ya veremos cómo sí hay pasta, aunque no sea pasta gansa. Nos conformaremos con migajas. 
País del sálvese quien pueda. Por eso afloran los nacionalismos, la infamia, la estupidez elevada a su enésima potencia. Nacionalismos que procuran separación, que nos llevan a la hecatombe. ¡Qué alguien pare este desaguisado! Nacionalismos absurdos. El nazismo también llevó a los hornos crematorios, al paredón, a miles y miles de judíos, de gitanos, seres desamparados, a la intemperie, que al chingado y psicópata Hitler (por cierto, de origen gitano) le parecían diferentes. El miedo al otro nos mata. El miedo nos tiene literalmente esclavizados.
Foto: Alejandro Nemonio
La sociedad, canibalesca, nos descuartiza, nos devora. Nuestra sociedad/suciedad antropófaga nos zampa como un cocodrilo hambriento. Al genio Lorca, una de las mentes más lúcidas del siglo XX, se lo cargaron por eso, precisamente, por ser un ser sensible, inteligente, a años luz de la panda de burros que acabaron con su vida. A Lorca, como a tantos seres, lo mataron por ser rojo. Y ateo. Y homosexual. Y defensor de los desheredados, de los marginados, de los gitanos. Ser rojo o ser azul. O del color de las ilusiones... no le da derecho a nadie a quitarle la vida a otra persona.
Con Sol Gómez y Miguel Paramio-Foto: Alejandro Nemonio
La vida, que no la da dios de balde (como podría creerse, cuánta farsa), es nuestro único bien. La vida es única e irrepetible. Por eso es sagrada. Sagrada de verdad, no como las religiones, inventos para engañar y someter a la población. Por eso admiro cada día más el talento, la chispa, el duende de Lorca. Enorme como poeta. Colosal como dramaturgo. Y por eso admiro, cada día más, a quienes lucharon (y siguen luchando) por una España mejor. Un país hecho con gente hermana y hermanada, solidaria, generosa. Ojalá no tuviéramos que recordar tanto crimen, tanta muerte innecesaria, tanto desatino. Pero el recuerdo es lo que nos mantiene vivos. La memoria, ay, esa fuente inagotable de placer. Y sobre todo de dolor. No lo olvidemos, la historia tiende a repetirse, sobre todo si uno la desconoce, la ignora. Por eso debemos tenerla siempre presente, acaso para no cometer las barbaridades, las aberraciones que se cometieran en un pasado no tan lejano. 

Aún huelo la pólvora de la Guerra Incivil y la posguerra. 
Aún retumban en mi subconsciente los tiros amargos de la muerte. 
https://www.lanuevacronica.com/las-celdas-que-cantaron-a-la-libertad
http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/voz-siguen-sin-nombre_1273351.html
https://www.infobierzo.com/la-voz-poetica-y-musical-resuena-en-el-museo-del-bierzo-de-ponferrada-en-el-dia-internacional-de-las-victimas-de-desapariciones-forzosas/407967/
https://www.bembibredigital.com/sociedad/12580-musica-y-poesia-para-reivindicar-la-memoria-de-los-desaparecidos-2018
https://www.leonoticias.com/bierzo/armh-reclama-antigua-20180830202621-nt.html

martes, 28 de agosto de 2018

Mojácar, la tierra de Disney

A estas alturas, creo que a nadie (casi nadie) debería pillarle por sorpresa el hecho de que Mojácar, el blanco pueblo almeriense, uno de los más bellos de España (en esta categoría también figura Peñalba de Santiago, en el Bierzo) sea la cuna de Walt Disney. En realidad, tampoco habría que viajar a Mojácar para saberlo.
Mojácar
O sí. Porque todo (casi todo, no seamos exagerados) se encuentra en la Red. Aunque en la Red no haya sabores, ni aromas, ni siquiera tacto. Quiero decir, no un tacto en el sentido genuino de este sentido. Por eso debemos viajar, el viaje como un modo de conocimiento realmente útil. Quien no viaja y no lee se pierde realmente muchas sensaciones, muchas emociones. 

La vida misma, ya lo he dicho en alguna ocasión, es un viaje, a buen seguro sin retorno, un viaje hacia la nada. Como ese viaje que hace el prota de El cielo protector por el sur marroquí. Polvo eres y en polvo te convertirás. Polvo que se lleva el viento. Lo que el viento se llevó, por seguir con el celuloide cinematográfico. Qué terrible realidad. Y quien quiera creer otra cosa, pues me parece estupendo. Cada cual se consuela como puede. El autoengaño, que es todo un mecanismo defensivo/adaptativo, funciona la mar de bien. A este respecto, cabe recordar que Mojácar también ha sido escenario del rodaje de algunas películas como Sierra maldita, de Antonio del Amo. 

Pues sí, el fenómeno Disney pudo haber nacido en Mojácar. 
Eloísa, de la Oficina de Turismo de esta localidad almeriense, quien me atendiera amabilísima, me lo contó. Que un fenómeno como Disney haya nacido en Mojácar (y sea hijo de españoles) no deja de ser un puntazo. Es un puntazo. Aunque uno -dice el refranero popular- no es de donde nace sino donde pace. Y Disney pació en Gringolandia. Y en el fondo es gringo. 
Leyenda, fabulación o realidad, me entusiasma la idea de que a este tipo, impulsor de un colosal imperio mundial en la animación, en el cine, lo hayan nacido en este pueblo de Almería. 
Con vistas al mar
El propio Walt Disney (supuestamente bautizado como José Guirao Zamora, hijo de una lavandera almeriense que emigró a Chicago, donde parece que dio en adopción al pequeño Disney a la familia que figura como sus padres) le llegó a contar al genio Dalí que era almeriense. 
Dalí y Disney se conocieron durante el rodaje de Recuerda (Spellbound), de Hitchcock. Extraordinarios los dibujos que realizara el artista surrealista de Figueras para la secuencia onírica de esta peli, aunque el mago del suspense cinematográfico la recortara y Dalí no quedara satisfecho. Al año siguiente el creador de Mickey Mouse le encargó, a Dalí, un cortometraje, Destino, que al parecer no llegó a filmarse en su totalidad. Existe copia del mismo. Y hace poco el amigo poeta y narrador Antonio Merayo lo colgaba del Facebook, con banda sonora de Pink Floyd, en concreto con el tema Time, incluido en el legendario disco The dark side of the moon. Qué buenos recuerdos me trae la música psicodélica de los Pink Floyd. Y aquel disco memorable que utilizábamos como banda sonora en nuestras excursiones al otro lado de la sierra de Gistredo.   
Fuente de la Mora

Tuve la ocasión (no me atrevo a decir la suerte) de ser cast member (lo digo a la anglosajona) del Reino Disney, en este caso en París, o sea, en Disneyland París (Eurodisney), en Chessy-Marne-La Vallée. Y puede conocer cómo funciona, al menos algo, esta factoría. Algo que cuento en mi libro Viajes sin mapa. Como curiosidad, me apetece reseñar que el parque natural del Cabo de Gata pudo haberse convertido en Eurodisney, pero al final París se llevó la gata a su terreno. Claro, París es una de las ciudades más potentes del mundo. Y el negocio estaba asegurado en este sitio. 
Echo en falta, durante mi recorrido por Mojácar (mi segunda visita a esta localidad) que no haya ni una calle dedicada a Walt Disney. En cambio, sí existe una calle con el nombre de Tico Medina, uno de los padres de la Televisión Española. Y autor de Almería al sol.  

Mojácar se revela en verdad como un Monte sagrado, "pueblo santero... de curanderos", me aclara Eloísa, rincón de embrujo, pueblo de bruxas, tal vez por eso los oriundos pintan, en las fachadas de las casas (desde tiempos remotos), el Indalo o muñeco mojaquero (portador de buena suerte), para espantar el mal de ojo. 
Mojácar, asentada sobre escarpada ladera, es una alucinación blanca y piramidal, un santuario, al que uno peregrina, como ateo (agnóstico, dicen algunos snobs), cual si se tratara de un Moulay  Idriss islámico, sagrado lugar de culto. Con su antigua necrópolis árabe en la plaza del parterre. 
Encuentro un gran parecido entre Mojácar y Moulay Idriss. Ambas con su estructura de medina mora, de pueblos arracimados, trepados en una colina (en el caso de Mojácar una colina perteneciente a la Sierra de Cabrera, parece que estuviéramos en la provincia de León, lo digo por el término Cabrera). Me refiero al pueblo antiguo, no al conocido como Mojácar playa, que evidentemente está a ras de mar. Y mora es también su fuente, con sus trece caños por los que brota el agua, el agua, que es pura vida (así le llaman al menos, la fuente de la Mora). 
Mojácar, que al visitante (sobre todo a este peregrino) le deja buenas vibraciones, es sobre todo un lugar para dejarse extraviar, para perderse por sus callejuelas, para saborear la calma, para acariciar la felicidad en forma de contemplación, para treparse, en definitiva, a su mirador o miradores. 


Plaza del Parterre (antigua necrópolis árabe)
Todo Mojácar es en verdad un gran mirador (mirador Plaza Nueva, mirador del castillo), una ventana al mundo (que atrae a muchos viajeros y artista en busca de luz y de mar), mientras uno disfruta de una cervecita y una buena tapa (las tapas almerienses son toda una institución). O bien de una puesta de sol, con tonos anaranjados y rosa penetrando en nuestras entrañas. 
Recuerdo una tapa, de mi etapa en la ciudad de Almería, conocida como zapatilla. A lo mejor ni se llamaba así. Mi memoria (aunque se me antoja bastante buena) no es todo lo fiel que quisiera. 
En todo caso, las tapas almerienses, acaso como las tapas granadinas o las leonesas, son deliciosas. Y abundantes. Algo que, en un momento dado, puede rendir dichoso al viajero/turista. 
En una próxima visita -espero que así sea- me gustaría contemplar el pueblo de Mojácar como si antes no lo hubiera hecho. 

domingo, 26 de agosto de 2018

Almería lorquiana

Como si de un dios se tratara, que lo era, el espíritu de Lorca, encarnado al menos en un  busto y el nombre de la Rambla, impregna la ciudad de Almería. Además, sabemos que para componer su gran obra teatral Bodas de sangre (que espero releer, tengo más recientes Yerma y La casa de Bernarda Alba) se inspiró en el crimen de Níjar ocurrido a finales de los años veinte del pasado siglo en el Cortijo del Fraile (escenario de El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone), en los campos de esa tierra (esos campos que Goytisolo describiera con maestría, precisión y una hermosa poética emanada del realismo crudo). Esas Bodas de sangre que inspiraran Crónica del suceso de bodas de sangre, de Antonio Gades, protagonista años más tarde de la película homónima, dirigida por Carlos Saura.  
Busto de Lorca
Por cierto, en mi última visita almeriense no visité el pueblo de Níjar. Fotos tengo en papel, que debería escanear. La verdad es que lo digital (la era digital) facilita mucho la tarea, en tantas cosas: fotografía, cine... Aunque no deberíamos volvernos adictos al mundo virtual. Y perdernos la chicha de la vida, con su sensorialidad al completo. 
También recuerdo tener imágenes del faro del parque natural del Cabo de Gata (donde se acaba el sur oriental de la península), que debería rescatar. Cuántas cosas, madonna mía. Necesitaría mucho, muchísimo tiempo para organizar, escribir, elaborar, componer. Y sólo dispongo de una vida, siempre breve, por más años que uno viva. Vida en plenitud de facultades, me refiero. Ya me está entrando la vena nostálgica. 
Decía que Lorca (hasta los genios Dalí y Buñuel, con quienes compartiera Residencia de Estudiantes en Madrid, decían de él que era un iluminado, un ser divino, un ser dotado para la poesía, para el teatro) cuenta con un busto en mármol blanco en la plaza Maestro Rodríguez Espinosa, próxima al parque Nicolás Salmerón. Y es que Lorca vivió en esta plaza, en la vivienda de Rodríguez Espinosa, quien fuera maestro y tutor suyo a principios del siglo XX.  
Rambla de Almería
Y la Rambla, la gran arteria almeriense -hasta no hace tantos años era un cauce-, está conformada por dos avenidas, una de ellas bajo el nombre de Federico García Lorca. Cuentan, algunas lenguas, que se llamaba de este modo porque el autor de El Romancero gitano, durante su estancia en la ciudad, iba a jugar allí. 
Como curiosidad, al final de la Rambla existe un obelisco, de factura relativamente reciente, con las letras I love Almería (en otras ciudades, como Ámsterdam, frente al Rijksmuseum, también podemos ver algo similar).
Amsterdam, Rijksmuseum

Por tanto, Almería goza del privilegio de haber sido escenario literario, lugar de acogida, de grandes como Juan Goytisolo (hijo adoptivo de la ciudad, "moro con nacionalidad cervantina"), Valente y Lorca. Ninguno de ellos curiosamente nacido en esas tierras. A menudo el punto de vista de alguien que proviene de otra tierra es capaz de saber mirar con más claridad. Tomar distancia es un ejercicio harto saludable.
No obstante, en mi hasta ahora última visita a Almería, he descubierto, gracias a un librero de viejo (mejor dicho, de ocasión) a algunos autores y autoras de esta tierra. O que han escrito sobre la misma. Incluso la han fotografiado. Como es el caso de Pérez Siquier (Premio Nacional de fotografía), cuyas fotos ilustran una bellísima edición de La Chanca, de Goytisolo, con prólogo, asimismo, del gran Valente. 

"La perspectiva de Almería, vista desde el hacho de la Alcazaba, es una de las más hermosas del mundo...
El barrio de La Chanca se agazapa a sus pies, luminoso y blanco, como una invención de los sentidos"
(Juan Goytisolo, La chanca)
Hay algunos sobre los que algo sabía, como es el caso del poeta, narrador y dramaturgo almeriense Francisco Villaespesa (pues tiene una flamante biblioteca en su honor, en la que otrora pasara buenos ratos), incluso Brenan con Al sur de Granada, que le dedica dos capítulos a Almería (habrá que volver sobre esta obra). Pero hay otros que han sido un descubrimiento para mí, gracias al librero, Alejandro, quien por cierto es de Alma de Tormes, salmantino de pura cepa, el cual me habla de Carmen de Burgos, quizá la primera periodista profesional en España, en lengua castellana, como redactora del Diario Universal. Ejerció incluso como corresponsal de guerra. Gran amiga del greguerístico Ramón Gómez de la Serna, fue una prolífica escritora almeriense perteneciente a la Generación del 98, además de una activista, defensora de los derechos de la mujer ("El voto de la mujer"). Para su novela Puñal de claveles también se inspiró en el crimen de Níjar, que Lorca llevara a sus Bodas de sangre. 
Indalo en Almería
Alejandro, el librero salmantino avecindado en Almería, también me habla del artista Cantón Checa, "pintor de raza". Me encantan sus cuadros con aromas a Magreb. Esos cuadros inspirados asimismo en el barrio de La Chanca. O Celia Viñas, catedrática de Lengua y Literatura, catalana afincada en Almería en los años 40, que también cuenta con un busto en la ciudad (que no he llegado a ver, todo hay que decirlo). Y sobre la que -ahora me entero-, escribiera nuestra amiga poeta y narradora Ana María Romero Yebra, también residente en Almería. 
Canción tonta en el sur es una de las obras poéticas más conocidas y reconocidas de Celia Viñas. Y, por supuesto, el salmantino Alejandro, que lleva viviendo en la capital almeriense desde hace años, me habló de Jesús de Perceval, pintor y escultor almeriense, otro artista extraordinario, lo cual le agradezco mucho, además de obsequiarme con algún libro, luego de que yo compraba algunos otros, entre ellos La lluvia amarilla de Julio Llamazares (para regalar a una persona especial). Incluso me indicó para que viera la casa de Jesús de Perceval, que ya se está deteriorando, porque nadie parece preocuparse por la misma. A él se debe -me cuenta Alejandro- el nacimiento de un movimiento, el indaliano, que se inspira en las raíces de la tierra. Y debe su nombre al Indalo, símbolo prehistórico del Neolítico, acaso símbolo espiritual. 
Casa de Jesús de Perceval
A unos pasitos de la casa de Jesús de Perceval se halla la plaza de toros, que, aunque uno no sea taurino, sí agradezco la visita de un monumento de esta guisa. Me gustan las plazas de toros. Me gustan los toros. Y el espectáculo de los toros tiene su arte, su interés, si bien me da pena que chuleen al animal y acaben cargándoselo a punta de estoque, luego de traerlo a mal traer por el ruedo de la amargura. Siendo un rapacín, lo confieso, hasta me alegraba de que el toro empitonara, un poco sólo, nomás, al torero, a los banderilleros, o al picador (¿se dice así?) que va trepado en el caballo. Ahora (ya adulto) no quiero ni lo uno ni lo otro. Ni que el toro coja al torero, ni el torero al toro. Sin quererlo, ¡vivan las diosas de los universos!, he dado un capotazo. O lo que sea. Y me ha vuelto el espíritu lorquiano, gran aficionado a la fiesta taurina. Memorable su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.  
El toro-en la provincia alemeriense
"A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones del bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro, solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde, cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde. Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde. Las heridas quemaban como soles a las cinco de la tarde, y el gentío rompía las ventanas a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. 
Plaza de toros almeriense

¡Ay qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!"
Van a dar las cinco de la tarde, la hora del té en el útero (un decir, o sea). Y os dejos estos renglones, con la transpiración de Lorca y otros tantos que en la vida han sido y nos han dejado huella emocional y reflexiva.  

sábado, 25 de agosto de 2018

Almería, ciudad espiritual del sufismo

Continúo con mi periplo almeriense, entre el mar y el desierto (único en toda Europa), bajo una luz dorada, embriagadora. 
En mi primera etapa, si tal puede decirse, con el descubrimiento del narrador, ensayista y poeta Juan Goytisolo, gran conocedor del mundo árabe. No en vano hablaba árabe, el árabe dialectal con el que se cuentan los cuentos de las mil y una noches, amén de otros cuentos, en la Xemáa-El-Fna, la plaza marrakchí que él convirtiera en patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad. 


Y en una segunda (mi reciente viaje durante la pasada Semana Santa) con otra revelación, en este caso el intelectual y poeta ourensano José Angel Valente (Galicia ha dado y sigue dando grandísimos escritores, me fascina, León también), cuya vida y obra me está procurando una inmensa alegría: descubrir su cosmopolitismo (Ginebra, París, Oxford, profesor visitante en Estados Unidos...), su Misticismo, su Humanismo (era un sabio renacentista) y su pasión por Almería, gracias a su amigo Juan Goytisolo. 
Nopalitos almerienses


Descubrir sus letras, su poesía marina y luminosa. "El cabo entra en las aguas como el perfil de un muerto o de un durmiente con la cabellera anegada en el mar. El color no es color, es tan sólo la luz. Y la luz sucedía a la luz en las láminas de tenue transparencia. El cabo baja hacia las aguas, dibujado perfil por la mano de un dios que aquí encontrara acabamiento, la perfección del sacrificio, delgadez de la línea que engendra un horizonte o el deseo sin fin de lo lejano. El dios y el mar. Y más allá, los dioses y los mares. Siempre. Como las aguas besan las arenas y tan sólo se alejan para volver, regreso a tu cultura, a tus labios mojados por el tiempo, a la luz de tu piel que el viento bajo de la tarde enciende. Territorio, tu cuerpo. El descenso afilado de las piedras hacia el mar, del cabo hacia las aguas. Y el vicio de todo lo creado envolvente, materno, como inmensa morada". Sublime, Valente. 
Calle Valente

Al parecer, Almería llegó a ser uno de los principales centros del sufismo esotérico de Al-Andalus, una metrópoli espiritual de todos los sufíes españoles. El sufismo como senda espiritual. Danzar a ritmo sufí como un derviche giróvago hasta alcanzar el éxtasis, entrar en trance, levitar. Elevarse literalmente del suelo girando como una peonza durante varios minutos, mientras se activan las endorfinas (opiáceos endógenos). Una espiritualidad deudora, en todo caso, de la bioquímica, la neuroquímica, la neurociencia. 
El espíritu como una suerte de energía. La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, ¿en qué? 

Ansío ser espiritual, cada vez más. Aunque no creo en ninguna religión. Y el sufismo es, si no me equivoco, una suerte de misticismo islámico. Y el Islam (como todas las religiones, en verdad) ya sabemos cómo se las gasta. 
Trepando a la Alcazaba

La figura de Valente me ha ayudado a reflexionar, una vez más, acerca de lo espiritual, lo religioso, la luz y el mar almerienses, en cuyo Cabo de Gata (Cabo de las Ágatas) viviera, hace algunos años, otro descreído (harto combativo sobre todo contra el islamismo, "es la religión más imbécil de todas", llegó a decir) llamado Michel Houellebecq, el enfant terrible de la literatura francesa contemporánea, quien fuera invitado, hace años, por el Club Leteo (qué grande primo poeta Rafa Saravia) a León. De la mano también de otro iluminado, Fernando Arrabal ("el milenarismo ha llegado...").

Sobre estos dos fenómenos podrías contarnos muchas historias, amigo Rafa. 
Cerro Alfaro-Tabernas

Mientras tanto, prosigo con Valente, enamorado de la Alcazaba, el desierto de Tabernas (el cerro Alfaro como emblema cinematográfico, esto me lo dice una oriunda), el Cabo de Gata (La memoria y la luz), incluida la bella y sugerente isleta del Moro, cuyas palabras me cautivan, me hipnotizan, siempre a ritmo sufí, acaso para no perder el ritmo, la musicalidad de las palabras, su carnalidad. Y aun su espiritualidad. "El sol caía del otro lado de la Alcazaba. Descendían las nubes como interminables pájaros de fuego más allá de las cuevas de las palomas. Todo era puro espacio de la mirada que, en realidad, no existe, sino que resulta una invención de visibles...Y nada hay en este espacio, sino fuego y líneas de color extremado... Quisiéramos crear una palabra, una sola palabra, que fuese igual a este espacio quieto e infinito donde, sin embargo, el mundo muere y nace al otro lado de su propia imagen...
Muralla Jairán y cerro de San Cristóbal



 Hemos seguido el sol desde hace mucho, desde el comienzo de los tiempos, dicen. Lo hemos seguido. Se va más allá, del otro lado de sí, se sume en el costado opuesto de la luz, herido por la lanza. Cáliz, este espacio de fuego, grial de sangre, donde humillo mis fauces. Inexhausto... Estos terrados, de la vieja ciudad, que encuadran el remate del patio de luces en la vivienda almeriense tradicional, sirvieron antaño para múltiples usos. Se utilizaban como pajareras para la cría de palomas, según aún se hace ahora, pero también para la simple cría de gallinas y pollos, como abajo el sótano -provisto de pila y aljibe- podía ser espacio ritual de la familiar matanza... El terrado es un elemento vivo y fuerte, muy fuerte, de la habitación humana en el oriente andaluz. Cierra la casa o la cubre, pero también la descubre o abre hacia lo celeste, como se abre la palma para recibir la soberana luz. Subamos, pues, a la azotea o terrado para que el visitante, nuestro amigo, vea en el crepúsculo el rápido vuelo cruzado de los vencejos. Desde allí se avizora un paisaje urbano de blancas casas cúbicas y terrados planos, la piedra y la tierra desecada por el sol y por la miseria del cerro de San Cristóbal, la Alcazaba al poniente. 
Tetería Almedina-Almería

La luz, la naturaleza, las techumbres, las viviendas mismas pertenecen a otra geografía, a otra cultura. En el corazón de la ciudad vieja, desde lo alto, nos soñaríamos sin dificultad en algún lugar del Magreb... Cuando escribo estas líneas tengo ante mí la silueta de la Alcazaba de Almería en la luz, ya un poco vencida, de la tarde. En los terrados vecinos un grupo de hombres jóvenes regula con silbidos el vuelo de una bandada de palomas con las alas pintadas.. En ésta (la Alcazaba) o en sus aledaños debió de nacer el futuro maestro de espirituales, para el que su padre había escogido el oficio de tejedor. Y de algún modo lo fue: tejedor de más sutiles y delicadas tramas. 


Almería 

“La ciudad de Almería era en aquella época -escribe Asín Palacios- el principal foco del sufismo esotérico de Alandalus […]. Al comenzar el siglo VI de la hégira, en plena dominación almorávide, Almería vino a ser la metrópoli espiritual de todos los sufíes españoles.”... Tierras éstas, ya entonces recónditas y extremas, de monjes y de místicos (como la Tebaida berciana, agrego)... Entre la Alcazaba y la azotea donde escribo vuela en amplios círculos una bandada de palomas con las alas pintadas. La luz se reduce hacia el poniente. Tales hombres habitaron este mismo lugar. Acaso, de algún modo, lo habitan todavía. O acaso, digo, nosotros escribimos aún sobre sus respiraciones sumergidas, sobre las tenues, no visibles membranas de su espíritu, sobre la latitud de su resurrección".
Almería
Almería, llena de luz y belleza, como una prolongación natural del espacio marroquí (ambiente, teterías y restaurantes asegurados) me devuelve a mi tierra del Bierzo, a mi Tebaida de Gistredo. Y aun a la Tebaida del Silencio. Y la de Peñalba. Pero también, con sus cortijos y ermitas abandonadas, con sus cactus y nopalitos, me hace fabular con México, ese otro país que me trastocó para siempre. Y al que deseo volver en algún momento.  

Esos paisajes almerienses que me hacen pensar, de un modo inevitable, en las imágenes de Rulfo (fotógrafo y escritor), de ese México profundo, telúrico, misterioso. 
Molino de viento en Cabo de Gata

Como misterioso y extraño se le antoja el Cabo de Gata (Ágata, precioso nombre) a otro ilustre escritor leonés, Andrés Trapiello, de la saga de los Trapiello, entre los que también están el ingenioso Pedro Trapiello  (su Cornada de lobo es de lectura obligatoria) y Andrés Martínez Trapiello (Trapi, narrador y fotógrafo, que aparece como cura en Viene una chica, de  nuestro querido paisano Chema Sarmiento). 
Misterioso Cabo de Gata, poblado por molinos de viento, que se asemejan a los gigantes manchegos que alucinara Don Quijote en sus andanzas y desventuras por nuestra España cervantina, incluso por nuestras montañas leonesas. De Almería a León sólo hay un pasito. Es cuestión de asomarse a la ventana del mundo

viernes, 24 de agosto de 2018

Almería, estupendo escenario de cine

Árabe hasta en su médula (y por su puesto en su nombre), al-Mariyyat (atalaya o espejo del mar) o bien al-Miraya (mirador) es un estupendo escenario de cine, donde se han rodado, desde hace décadas, unos buenos cientos de películas, entre ellas, algunas del genial Sergio Leone (Trilogía del dolar... cuenta con una calle. Tendremos que leer La Almería de Leone).
Alcazaba con el primer taifa en primer plano
Y aun Rey de reyesLawrence de Arabia, de Lean, Cleopatra, de Mankiewicz, Patton, de Schaffner (cuyo director artístico fue el entrañable Gil Parrondo), Indiana Jones y la última cruzada, del colosal Spielberg (en desierto de Tabernas, alcazaba, calle Almanzor, el claustro de la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad...), 800 balas, o la serie Curro Jiménez, que llegué a ver embobado, siendo un rapacín. Me encantaba Curro Jiménez. 

Enumerar la cantidad de películas que se han filmado en esta tierra sería tarea harto complicada y acaso tediosa. Así que dejo a los lectores y lectoras que busquen por sí mismos todo aquello que deseen curiosear y saber.
Castillo de Tabernas
Recomiendo, entre otras lecturas, el relato de verano (II), incluido en Almería de película, que recientemente ha publicado nuestra amiga, la narradora y poeta Ana María Romero Yebra, quien estuviera hace poco en el útero de Gistredo, con motivo del Noveno Encuentro Literario. 

No en vano uno se siente atraído por el cine, por su exotismo árabe y sureño, por su luz, por su clima, por su modo de vida, por las huellas que dejara el escritor Juan Goytisolo (con archivo-fondo documental incluido, al menos llegué a verlo cuando vivía allí, con fotos, libros, manuscritos...).
Claustro de la Escuela de Artes y Oficios de Almería
Si es que en esta tierra uno se puede nutrir de sol, algunas frutas y la morenez radiante de su Humanidad (esto último igual me quedó algo exagerado. O en extremo atrevido. Mejor no autocensurarse, en todo caso).

Salta a la vista mi devoción por una tierra, Almería, que he tenido la ocasión de conocer, al menos algo. Y me dejado el sabor dulce de lo bello. Siempre tras la belleza, que engendra amor, la única protesta que merece la pena en este mundo. ¿Verdad?
La belleza andalusí de Almería, la belleza cinematográfica de esta tierra llena de sol, con una luz maravillosa para poder filmar desde grandes y hermosas películas hasta spots publicitarios. 
Almería, con sus mini-Hollywood enclavados en el hipnótico desierto de Tabernas, es un escenario perfecto para rodar, para filmar películas... Y sobre todo pelis del Oeste: los western y aun los spaghetti-western. Y encima a precios asequibles. Ya sabemos de los costes elevados de la industria cinematográfica. 
Tabernas

Inevitablemente, Almería me hace recordar y aun me lleva hasta las puertas del desierto marroquí, la conocida ciudad de Ouarzazate, que cuenta, a la entrada, con su rotonda del cine (al igual que Ponferrada) y al menos dos estudios de dedicados al llamado Séptimo Arte, y donde se han filmado muchísimas películas, también por su bajo coste, si lo comparamos con otros lugares en el mundo, y por su luz, el alma de la fotografía, del cine. 
Panel Indiana Jones y la última cruzada

Existen incluso rutas de cine por toda la provincia almeriense, no sólo por el desierto de Tabernas, sino por el Cabo de Gata-Níjar (recuerdo que en la isleta del Moro, lugar idílico, se rodó una película El pájaro de la felicidad, de Pilar Miró) y aun por la capital, donde existe una casa-museo dedicado al cine (el Cortijo Romero, donde se alojaran, entre otros, el gran John Lennon o el fenómeno Clint Eastwood, que nos ha dejado obras maestras como Million Dollar Baby, Gran Torino, Los puentes de Madison) y pueden verse paneles indicativos de los rodajes que han tenido lugar en esta capital. El emblemático monumento de la Alcazaba (genuino mirador a la ciudad y al mar) sirvió por ejemplo para filmar algunas escenas de Indiana Jones y la última cruzada. Sólo por ser escenario natural fílmico, Almería ya amerita (quedó algo cacofónico, pero lo dejo así) de una visita. Continuaré el recorrido...

jueves, 23 de agosto de 2018

Una temporada en el cielo de Almería

Almería desde la Alcazaba
Viví en Almería durante una temporada (una temporada en el cielo, por parafrasear al poeta Rimbaud, el cielo existe, incluso para un no creyente, ateo gracias a dios, como diría el cineasta Buñuel), a finales de los años 90, antes de emprender la aventura de la Escuela de Cine en Ponferrada, la cual daría para todo un novelón, incluso rosa, que es lo que vende al peso, que es lo que tiene tirón en este mundo mercantilista, donde todo se compra y se vende. Y no precisamente por su calidad (o al menos no sólo por eso) sino por la demanda que el producto (hasta los libros ya son productos, objetos de adorno) tenga entre el público. 
Lástima que a uno no le gusten esas cosas, ni los novelones (mucho mejor un buen ensayo, un relato enjundioso, un poema-vida, literatura que esté llena de vida y nos devuelva a la vida, que nos resucite, o sea). Y me conforme nomás (qué remedio) con componer algunas líneas, casi siempre impregnadas de realidad, de realismo (me interesa, cada día más, la realidad, aunque sea harto cruda, mucho más que la ficción, sobre todo si ésta resulta inverosímil). 
Luego uno se da cuenta de que, de un modo inevitable, aunque intentemos ser fieles testigos o cronistas de la realidad (o lo que se tercie) acabamos fabulando, transcendiéndola, transfigurándola.
El surrealismo siempre me ha apasionado. Y me sigue apasionando. Todo aquello que brota del manantial del subconsciente como agua cristalina (o ferruginosa, también vale) al igual que brota el agua medicinal de las fuentes del útero de Gistredo (Gistredo, de gistra o xistra). 
Alcazaba al fondo

Me he largado todo este preámbulo intencionadamente, o quizá hayan sido las palabras que me han guiado. Y me han ido llevando por sus sendas y sus trochas. Y no hay quien las pare, quien las detenga, porque el verbo parar, al menos en Hispanoamérica (quizá Latinoamérica), significa otra cosa. 
Decía (espero que aún no os hayáis perdido por la vereda de nuestro señor Jesucristo versus Arizona) que viví y sentí en Almería durante un tiempo, que se me antojó delicioso. Y me permitió, además de entrarle a esta tierra suereña y luminosa (sobre esto ahondaré posteriormente), descubrir la figura y la obra de Juan Goytisolo, que ha calado hondo en mi persona. 
Asimismo, me sirvió como trampolín para lanzarme, como un clavadista acapulqueño (bellísimo y sobrecogedor espectáculo el de los clavadistas), en los acantilados marroquíes. 
Marruecos como mundo ensoñador, fabuloso, tal vez como un cuento de las mil y una noches, mientras me veo sentado en una alfombra voladora al amor/calor de una lámpara de gas. 
Calle Juan Goytisolo-La Chanca

Es como si hubiera seguido, de un modo intencionado y a la vez subconsciente (qué gran poder tiene éste, como nos avisara el doctor Freud y aun otros muchos analistas de la psique), el camino trazado por Juan Goytisolo (grande entre los grandes, perteneciente a una saga literaria extraordinaria, que a veces, salvando las distancias, me hace recordar a los Panero astorganos). Y es que el autor de Makbara (cementerio) también vivió y escribió (inolvidables La Chanca y Campos de Níjar) sobre Almería, tierra exótica para un norteño, para un oriundo del Bierzo. Y por supuesto para un catalán apátrida, exiliado de aquí y de allá, un cervantino (hasta le concedieron el Premio Cervantes, qué cosas) como él, que se quedó encantado en su primera visita con esta tierra allá por los años 50 del pasado siglo. Fascinado porque en Almería encontró, aparte de un luz inspiradora, acaso sus señas de identidad (como si él, en otra vida, hubiera nacido y crecido como almeriense. Entusiasmado estaba con su habla). Sobre todo esto os recomiendo que lo leáis en profundidad. Y hasta veáis algunos de los muchos documentales que existen sobre su figura y su obra. 
La Almería que conociera el maestro Goytisolo (a quien le han dedicado una calle en el barrio de La Chanca) era una tierra, tal y como él la retrata en sus libros, pobre, pero con el encanto que procura la vida en su estado puro, la vida, una vez más, asentada en la realidad, incluso en una realidad terrible, hecha con los sudores y transpiraciones de los poros del alma, con el trabajo laborioso (los obreros, los campesinos siguen moviendo el mundo... aunque los cabrones y trapaceros sigan ostentando el poder y la gloria, a resultas de sus mamonadas y corruptelas). 
Casa museo Valente

Hoy en día también Almería, aun no siendo tan pobre como lo fuera otrora, sigue con su mano de obra barata, tirada de precio (ahí están los inmigrantes africanos, entre ellos muchos marroquíes, dando el callo para sacar adelante sus invernaderos, el conocido mar de plástico, mientras los jefecitos se aprovechan con descaro de ellos). Qué mal repartida está la tierra y la riqueza en el mundo. Y cuánta hambruna y guerra. 
Una tierra, Almería, que también me cautivó durante mi estancia a finales de los 90. Agradezco a Adolfo (compañero de aventuras universitarias en Oviedo. Y desde hace más de veinte años profesor en la Universidad de Almería) y a su mujer Petri que me acogieran con hospitalidad. Y me enseñaran también esta tierra familiar, cercana (en el corazón y el alma), ya para siempre. 
Tendría que recuperar aquellos papeles que manuscribiera durante mi estadía en Almería. A buen seguro hallaría alguna cosa o idea interesante. Pero esto de escribir a mano (aun siendo algo extraordinario, como me recuerda el poeta Fernando Calvo García, o bien como nos dijera el genio Umbral) resulta una lata, porque los papeles acaban extraviándose (salvo que estuvieran en cuadernos a buen recaudo, algún cuaderno conservo, eso sí, pero no de Almería). 
En todo caso (tirando de la memoria, de la memoria semántica, de la memoria sensorial, afectiva) puedo medio-reconstruir algunas vivencias, sobre todo impresiones y sensaciones, que me dejara Almería, la de aquella época, ya tan lejana y a la vez tan cercana en el tiempo. Como el hecho de haber podido adentrarme en sus calles y sus monumentos (no recuerdo grandes monumentos, ni falta que hace, sí en cambio sus cielos azules y su luz deslumbrante). 
Playa de los Genoveses-Cabo de Gata

Bueno, la Alcazaba es todo un monumento (antaño dejada de la mano del señor y de sus gobernantes). Ahora restaurada, con un rostro más aseado de cara al turisteo andante. Y sobre todo el hecho de haber podido visitar una gran parte de la provincia: Tabernas, Cabo de Gata, Níjar, Mojácar... Y lo mejor, conocer a gente estupenda. A la que ya no he vuelto a ver. Así es la vida. Y examinarme por libre en la Escuela Oficial de Idiomas, con buenos resultados, de los tres primeros cursos de Francés, de una sola tacada (habida cuenta de que tenía reciente este Idioma, después de haberme pasado unos años en tierras galas como Erasmus, Leonardo Da Vinci y aun profe de Español/castellano en más de un centro educativo). 
La primera vez que escuché la palabra Almería debió de haber sido en boca de mi tocayo Manolo Escobar (al que en mi época de niñez se escuchaba mucho, era todo un icono musical en aquella España rancia y franquistoide). 
Me cuentan (y hasta lo recuerdo) que me gustaba cantar (entonces apuntaba maneras de cantante, de músico, que queda mejor) canciones del tal Escobar, eso sí, siempre que los vecinos y vecinas (fundamentalmente quienes habían emigrado a países como Alemania o Francia...) me dieran alguna propinilla. Que los tiempos eran adversos, estrechos, de penuria. Aunque uno, tan infante, no sabía de la cruel realidad que sufría España. 
San José

También el amigo Chalton había hecho la mili (entonces, los mozos hacían el servicio por la patria) en Almería. Y me hablaba de sus peripecias en esta tierra. Ayer mismo, sin ir más lejos, nos encontrábamos en El Verdenal de Noceda (un sitio estupendo, sobre todo en verano, en su jardín) tomando unas cañas con otros amigos, Javi y Ana (antes también con Elsa la del médico Don Manuel). Y el bueno de Chalton (Jose Antonio) recordó Almería de pasada. Quizá eso haya sido el detonante para que me haya puesto manos a la obra. 
En  realidad, hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre Almería para este blog porque, después de mi temporada en su cielo, he podido visitarla en dos ocasiones. Una en torno a mediados de los dos mil. Tendría que hacer memoria. O revisar fotos y escritos. Y otra este mismo año, en el periodo vacacional de Semana Santa, que es una buena época para visitar Almería, pues hace o suele hacer buen clima. Pero no resulta asfixiante. En todo caso, tampoco recuerdo que en Almería, salvo en el interior (véase por ejemplo el desierto de Tabernas) el clima fuera muy caluroso. 
En mi última y aún reciente visita a Almería (espero, en cualquier caso, que no sea la última), recorrí los lugares habituales (me gusta recorrer una y otra vez los sitios, ver de día lo que vi de noche, ver en primavera lo que viera en verano... como recomienda Saramago en su Viaje a Portugal). Y volví a Tabernas, al poblado. Un sitio con la magia suficiente para atraparte. Al menos por unas horas. Trepado a su castillo, desde donde contemplas la belleza del mundo. Y hacer que el Oeste al completo desfile por la retina de tu memoria. Desde las míticas pelis del maestro Ford hasta 800 balas de Álex de la Iglesia.
Poblado de Tabernas
Y es que Tabernas (incluidos sus mini-Hollywood: Oasys y Fort Bravo y por supuesto sus escenarios cinematográficos) nos invitan a soñar. También despiertos. El cine como sueño. El sueño del cine. La luz del cine. La luz de Tabernas. "La piel de lagarto" de Tabernas. De repente, me asalta Jim Morrison. Y su lírica. El paisaje árido, desértico de Tabernas, su paisaje lunar (aunque uno no haya puesto nunca jamás los pies en la luna). Ahora recuerdo que escribí, en su día, un relato (harto surreal) sobre Tabernas. Que espero recuperar. 

Desierto de Tabernas

También, en este reciente y semanasantino viaje almeriense, regresé a Mojácar, ese pueblo inmaculado, blanquísimo, arracimado, piramidal, cual si se tratara de un pueblo marroquí, pongamos por caso Moulay Idriss (somos más árabes, más marroquíes de lo que creemos, aunque a menudo reneguemos de ellos, aunque alguna gente, carpetovetónicamente española, reniegue de sus orígenes árabes), un auténtico mirador hacia el mar, hacia el noroeste verde y arcilloso. Desde su atalaya dan ganas de salir volando. De lanzarse al vacío, eso sí, dispuesto a planear, a otear el paisaje desde las alturas. Volar como sueño recurrente de la infancia. Volar como un sueño. La verdad es que Mojácar requiere de algunas páginas. 
Mojácar

Y volví también al Cabo de Gata, en esta ocasión a San José y a la playa de los Genoveses (solitaria, sin gente, qué raro, lo cual se agradece, aunque de repente a uno le asaltaran algunos miedos, racionales, supongo, uno solo frente la inmensidad marina, será que me estoy haciendo mayor -vaya eufemismo-. O simplemente ya estoy entrando en la dimensión de la vejez, o la chochez). A veces, casi siempre, siempre, conviene reflexionar acerca del tiempo, de la edad, del paso efímero de nuestra vida... Siempre, siempre volvemos a lo mismo. Por eso a uno le gusta volver a los mismos sitios, incluso a aquellos donde uno logró ser feliz, estar a gusto y en paz. Ser feliz no resulta nada fácil. La felicidad como concepto metafísico. Quizá habría que practicar mucha filosofía estoica (hay que leer y releer a Marco Aurelio, por ejemplo) o mucho zen, o budismo... darse chapuzones en el Cabo de Gata, o lo que sea, con el fin de encontrarse en serenidad, de hallarse en un estado tranquilo..., que no entontecido. Porque uno debe vivir de claridades y lo más despierto posible, incluso soñando. A la mierda con los sueños y los silogismos. No podemos prescindir de los sueños, quizá tampoco de la razón, para no volvernos majaras perdidos. 
Placa que recuerda a Valente en su casa-museo
En mi reciente viaje a Almería me gustó descubrir al poeta Valente (su espíritu poético), quien también viviera una temporada larga en esta tierra. Cuenta con su propia calle. Y con su propia casa-museo en el centro histórico de la capital. Gran amigo de Juan Goytisolo (a quien nunca olvidaré, en aquel memorable encuentro con él en el café de France de Marrakech). 
Me encantó darme un baño de luz, un baño curativo de luz y mar. De tiempo y belleza. 
Mañana o pasado (en estos días, nomás) seguiré con Almería.