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domingo, 26 de agosto de 2018

Almería lorquiana

Como si de un dios se tratara, que lo era, el espíritu de Lorca, encarnado al menos en un  busto y el nombre de la Rambla, impregna la ciudad de Almería. Además, sabemos que para componer su gran obra teatral Bodas de sangre (que espero releer, tengo más recientes Yerma y La casa de Bernarda Alba) se inspiró en el crimen de Níjar ocurrido a finales de los años veinte del pasado siglo en el Cortijo del Fraile (escenario de El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone), en los campos de esa tierra (esos campos que Goytisolo describiera con maestría, precisión y una hermosa poética emanada del realismo crudo). Esas Bodas de sangre que inspiraran Crónica del suceso de bodas de sangre, de Antonio Gades, protagonista años más tarde de la película homónima, dirigida por Carlos Saura.  
Busto de Lorca
Por cierto, en mi última visita almeriense no visité el pueblo de Níjar. Fotos tengo en papel, que debería escanear. La verdad es que lo digital (la era digital) facilita mucho la tarea, en tantas cosas: fotografía, cine... Aunque no deberíamos volvernos adictos al mundo virtual. Y perdernos la chicha de la vida, con su sensorialidad al completo. 
También recuerdo tener imágenes del faro del parque natural del Cabo de Gata (donde se acaba el sur oriental de la península), que debería rescatar. Cuántas cosas, madonna mía. Necesitaría mucho, muchísimo tiempo para organizar, escribir, elaborar, componer. Y sólo dispongo de una vida, siempre breve, por más años que uno viva. Vida en plenitud de facultades, me refiero. Ya me está entrando la vena nostálgica. 
Decía que Lorca (hasta los genios Dalí y Buñuel, con quienes compartiera Residencia de Estudiantes en Madrid, decían de él que era un iluminado, un ser divino, un ser dotado para la poesía, para el teatro) cuenta con un busto en mármol blanco en la plaza Maestro Rodríguez Espinosa, próxima al parque Nicolás Salmerón. Y es que Lorca vivió en esta plaza, en la vivienda de Rodríguez Espinosa, quien fuera maestro y tutor suyo a principios del siglo XX.  
Rambla de Almería
Y la Rambla, la gran arteria almeriense -hasta no hace tantos años era un cauce-, está conformada por dos avenidas, una de ellas bajo el nombre de Federico García Lorca. Cuentan, algunas lenguas, que se llamaba de este modo porque el autor de El Romancero gitano, durante su estancia en la ciudad, iba a jugar allí. 
Como curiosidad, al final de la Rambla existe un obelisco, de factura relativamente reciente, con las letras I love Almería (en otras ciudades, como Ámsterdam, frente al Rijksmuseum, también podemos ver algo similar).
Amsterdam, Rijksmuseum

Por tanto, Almería goza del privilegio de haber sido escenario literario, lugar de acogida, de grandes como Juan Goytisolo (hijo adoptivo de la ciudad, "moro con nacionalidad cervantina"), Valente y Lorca. Ninguno de ellos curiosamente nacido en esas tierras. A menudo el punto de vista de alguien que proviene de otra tierra es capaz de saber mirar con más claridad. Tomar distancia es un ejercicio harto saludable.
No obstante, en mi hasta ahora última visita a Almería, he descubierto, gracias a un librero de viejo (mejor dicho, de ocasión) a algunos autores y autoras de esta tierra. O que han escrito sobre la misma. Incluso la han fotografiado. Como es el caso de Pérez Siquier (Premio Nacional de fotografía), cuyas fotos ilustran una bellísima edición de La Chanca, de Goytisolo, con prólogo, asimismo, del gran Valente. 

"La perspectiva de Almería, vista desde el hacho de la Alcazaba, es una de las más hermosas del mundo...
El barrio de La Chanca se agazapa a sus pies, luminoso y blanco, como una invención de los sentidos"
(Juan Goytisolo, La chanca)
Hay algunos sobre los que algo sabía, como es el caso del poeta, narrador y dramaturgo almeriense Francisco Villaespesa (pues tiene una flamante biblioteca en su honor, en la que otrora pasara buenos ratos), incluso Brenan con Al sur de Granada, que le dedica dos capítulos a Almería (habrá que volver sobre esta obra). Pero hay otros que han sido un descubrimiento para mí, gracias al librero, Alejandro, quien por cierto es de Alma de Tormes, salmantino de pura cepa, el cual me habla de Carmen de Burgos, quizá la primera periodista profesional en España, en lengua castellana, como redactora del Diario Universal. Ejerció incluso como corresponsal de guerra. Gran amiga del greguerístico Ramón Gómez de la Serna, fue una prolífica escritora almeriense perteneciente a la Generación del 98, además de una activista, defensora de los derechos de la mujer ("El voto de la mujer"). Para su novela Puñal de claveles también se inspiró en el crimen de Níjar, que Lorca llevara a sus Bodas de sangre. 
Indalo en Almería
Alejandro, el librero salmantino avecindado en Almería, también me habla del artista Cantón Checa, "pintor de raza". Me encantan sus cuadros con aromas a Magreb. Esos cuadros inspirados asimismo en el barrio de La Chanca. O Celia Viñas, catedrática de Lengua y Literatura, catalana afincada en Almería en los años 40, que también cuenta con un busto en la ciudad (que no he llegado a ver, todo hay que decirlo). Y sobre la que -ahora me entero-, escribiera nuestra amiga poeta y narradora Ana María Romero Yebra, también residente en Almería. 
Canción tonta en el sur es una de las obras poéticas más conocidas y reconocidas de Celia Viñas. Y, por supuesto, el salmantino Alejandro, que lleva viviendo en la capital almeriense desde hace años, me habló de Jesús de Perceval, pintor y escultor almeriense, otro artista extraordinario, lo cual le agradezco mucho, además de obsequiarme con algún libro, luego de que yo compraba algunos otros, entre ellos La lluvia amarilla de Julio Llamazares (para regalar a una persona especial). Incluso me indicó para que viera la casa de Jesús de Perceval, que ya se está deteriorando, porque nadie parece preocuparse por la misma. A él se debe -me cuenta Alejandro- el nacimiento de un movimiento, el indaliano, que se inspira en las raíces de la tierra. Y debe su nombre al Indalo, símbolo prehistórico del Neolítico, acaso símbolo espiritual. 
Casa de Jesús de Perceval
A unos pasitos de la casa de Jesús de Perceval se halla la plaza de toros, que, aunque uno no sea taurino, sí agradezco la visita de un monumento de esta guisa. Me gustan las plazas de toros. Me gustan los toros. Y el espectáculo de los toros tiene su arte, su interés, si bien me da pena que chuleen al animal y acaben cargándoselo a punta de estoque, luego de traerlo a mal traer por el ruedo de la amargura. Siendo un rapacín, lo confieso, hasta me alegraba de que el toro empitonara, un poco sólo, nomás, al torero, a los banderilleros, o al picador (¿se dice así?) que va trepado en el caballo. Ahora (ya adulto) no quiero ni lo uno ni lo otro. Ni que el toro coja al torero, ni el torero al toro. Sin quererlo, ¡vivan las diosas de los universos!, he dado un capotazo. O lo que sea. Y me ha vuelto el espíritu lorquiano, gran aficionado a la fiesta taurina. Memorable su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.  
El toro-en la provincia alemeriense
"A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones del bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro, solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde, cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde. Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde. Las heridas quemaban como soles a las cinco de la tarde, y el gentío rompía las ventanas a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. 
Plaza de toros almeriense

¡Ay qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!"
Van a dar las cinco de la tarde, la hora del té en el útero (un decir, o sea). Y os dejos estos renglones, con la transpiración de Lorca y otros tantos que en la vida han sido y nos han dejado huella emocional y reflexiva.  

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