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sábado, 8 de diciembre de 2018

El ángel exterminador de Buñuel

Él ángel exterminador, de Buñuel, es una de esas películas que no puede dejarte indiferente. Te invito a verla si aún no la has visto. Y a reverla si hace tiempo que la viste. 
El próximo martes nosotros, en el Campus de Ponferrada, tendremos la ocasión de volver a verla, análisis incluido, porque la hemos programado (lo dejo en plural mayestático, que le da como más prestancia al tema) para el alumnado de la Universidad de la Experiencia. 
En todo caso, esta cinta filmada en 1962 te dejará pensativo, con ganas de penetrar, linterna en mano, aún más en su interior (en realidad en nuestro interior), en los vericuetos de su magma volcánico, de su ADN explosivo, transgresor, porque su director lo que hace, siempre con maestría, con ingenio y buenas dosis de surrealismo/hiperrealismo, es enjaularnos como a monitos (Un Gran Hermano televisivo, pero con fuerza y belleza narrativas), para experimentar con nuestro instinto de supervivencia, con nuestro instinto más salvaje, ante una situación adversa, incluso límite: como es el no poder abandonar una casa, una mansión.
¡Qué alguien nos saque de este encierro de toros y vacas encelados! Ahora me viene a la mente también La cabina de Mercero, de la que su prota no logra escapar. Ya se sabe: escapas o ahí que te pudres.
La razón, por la que no pueden salir de la casa, la desconocemos, lo cual le añade misterio al misterio. 
El grupo de burguesitos, que se queda atrapado en la casa, la casa maldita, no es capaz de salir, incluso pudiendo hacerlo. Da la impresión de que no hubiera nada que se lo impidiera. Y, sin embargo... Por ahí sobrevuela quizá algún zopilote (lo digo porque está rodada en México) con el miedo a la libertad en el pico. 
A menudo nuestros propios miedos y carencias (de todo tipo) nos impiden ir más allá, nos impiden saltar muros, elevarnos por encima de nuestras propias miserias, incluso por encima del bien y del mal (por decirlo en términos nietzscheanos). El miedo nos paraliza. Nos impide pensar y actuar con claridad y lo más despiertos posible. 
El bíblico título de El ángel exterminador (también me hace recordar una canción de Jorge Martínez de Ilegales) iba a ser en un inicio Los náufragos de la calle Providencia. Lo cual tampoco está nada mal. Pues acabamos viendo a unos náufragos, a la deriva, en el turbulento océano de una mansión, condenados a una "horrible eternidad". Pensándolo bien, vivir poco es una gran putada, pero vivir una eternidad es una colosal condena.  
Con esta singular película, Buñuel nos invita a reflexionar, de un modo inevitable, en nuestro lado más oscuro como trastorno disociativo de la identidad, en nuestro Hyde, como reverso de Jekyll (por decirlo en términos stevensonianos), en nuestra maldad (que tan bien ha estudiado y nos ha mostrado en sus ensayos el médico y psicoanalista Luis Salvador López-Herrero), en nuestra brutalidad instintiva, que aflora, casi siempre, siempre, ante circunstancias adversas (porque somos nosotros y nuestras circunstancias), y en este caso ante la imposibilidad de poder abandonar una triste morada (la caída de la casa Usher). 
Todo resulta placentero, todos los burguesitos (y burguesitas) reunidos en la casa se comportan según sugieren los cánones y normas propios de su civilizada clase. Pero cuando la cosa se pone fea, a resultas de no poder abandonar la casa, la gente, antes educada y con buenos modales, se torna incivilizada, bárbara, casi caníbal. De fiesta todos somos guays, reza algún dicho. Pero el asunto es vernos las caras en otras lides, más comprometidas y comprometedoras. Y es entonces cuando aflora el verdadero rostro de cada individuo. Y Buñuel nos lo enseña como nadie, con los dientes afilados y las garras prestas para la contienda, con una puesta en escena cuasi delirante, alucinatoria, "surrealista", dicen los críticos de cine, acaso porque gran parte de su cine, casi todo su cine, comenzando por Un perro andaluz y acabando en El discreto encanto de la burguesía (que es su antepenúltima peli, en la que retoma, en algún sentido, El ángel exterminador) se adscribe al surrealismo. En el caso de El discreto encanto... la frustración o imposibilidad de que un grupo de burguesitos puedan juntarse para comer juntos. Hoy, con las agendas tan apretadas y la modernidad líquida (el tiempo apresurado y escurridizo), resulta más fácil quedar a través del Face que en vivo y en directo. 
Buñuel era un visionario, una mente preclara y puro surrealismo en ese su afán por penetrar en el interior del ser humano, en ese su deseo por sumergirse en el subconsciente, donde hacen su aparición los fantasmas, incluso los fantasmas de la no libertad (El fantasma de la libertad es otra de sus interesantes películas. "El azar todo lo gobierna"). 
El fin del cine no es otro que adentrarse en el subconsciente humano. Algo así decía no sólo Don Luis Buñuel sino el colosal Bergman (“cuando la película no es un documento, es un sueño...), el surrealista Artaud (al que citaba en anterior post. Interesante su libro titulado El cine) y algunos más como Fellini. 

Una puesta en escena, la de El ángel exterminador, que su director hubiera querido más sofisticada, pues llegó a decir que, de haber podido, la habría rodado en París o en Londres, con mejores actores y actrices, con mejor escenografía. Y más medios técnicos en general. Bueno, la actriz fetiche Silvia Pinal -todo un icono sensual en su papel de demonio que tienta a Simón del desierto-, está bastante bien. Y como Viridiana está estupenda. A uno al menos le gusta esta intérprete. Acabo de enterarme de su fallecimiento. Pobrecita. Lo siento mucho. Al parecer, no está confirmada su muerte, así que me alegro. Ojalá dure muchos años.
En cuanto al montaje, las repeticiones que vemos en el film, con sus variaciones, no son errores técnicos, sino que resultan intencionadas. A Buñuel le encantaban estas cosas. Como que un mismo personaje fuera interpretado por dos actrices, como ocurre en Ese oscuro objeto del deseo (Eros, una vez más), con Ángela Molina y Carol Bouquet. 
El ángel exterminador, que también tiene algo de A puerta cerrada (Huis Clos) de Sartre (los personajes de esta obra teatral de 1944 son sus propios verdugos o torturadores) y mucho simbolismo (como las ovejas, el oso...), nos mantiene con los ojos bien abiertos. Con todos los sentidos alerta. Encantado de revisitar esta obra maestra del genio de Calanda. Hasta la próxima. 

viernes, 7 de diciembre de 2018

Los olvidados de Buñuel o el cine de la crueldad

Buñuel es uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. Junto a Dalí y Lorca, a los que Agustín Sánchez Vidal les dedica algunos estudios, entre ellos Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, la figura de Buñuel, y por ende su obra cinematográfica, me resulta magnífica. Además, el aragonés universal de Calanda cuenta también con una sustanciosa obra literaria, que Sánchez Vidal ha rescatado del olvido, creo que poco conocida (no hablo de sus guiones cinematográficos, sino de sus relatos y poemas como El arcoiris y la cataplasma, Una jirafa o La agradable consigna de Santa Huesca...). 
"Hubiera dado todo gustoso a cambio de poder ser escritor. Es lo que realmente me hubiera gustado ser. Porque el mundo del cine es muy agobiante, hace falta mucha gente para hacer una película...", escribe Buñuel. 
Mi último suspiro es un libro de memorias excelente (lo recomiendo encarecidamente, sobre todo para quienes deseen familiarizarse con su persona), que escribiera con la ayuda de Jean Claude Carrière, uno de sus guionistas colaboradores. Y es que este genial cineasta me ha dejado una profunda huella. He de decir que me gusta todo su cine, incluso sus películas menores, fundamentalmente de su etapa mexicana. Y he podido visionar casi todas sus cintas, desde Un perro andaluz y La edad de oro, pasando por Las Hurdes, tierra sin pan, Viridiana, Tristana, Los olvidados (sobre la que me centraré luego), Nazarín, Simón del desierto, El ángel exterminador (obra maestra), Él (sobrecogedora), Belle de jour o El discreto encanto de la burguesía, entre algunas más. 
Los olvidados

Buñuel, como uno mismo, también vivió en Francia (casado con Jeanne Rucar, quien llegara a decir de él en sus memorias que era un marido machista y celoso, aunque protector) y en México, países en los que pudo desarrollar su carrera como director de cine. 
A pesar de lo que se cuenta de él, de su carácter tosco, Buñuel era un ser sensible y comprometido con la sociedad de su tiempo, siempre generoso con sus compatriotas, con sus paisanos. Y un tipo realmente ingenioso, que tuvo la fortuna de vivir, como él mismo diría, la Edad Media en Aragón y la modernidad, ya en Francia, incluso en la Residencia de Estudiantes de Madrid (clave en su formación), y por supuesto en Estados Unidos, donde también intentó dedicarse al cine. Y en México, país al que fueran a parar muchos de los intelectuales perseguidos por el franquismo asesino, rebotados de una Guerra Incivil cruenta, sanguinaria. Y de una posguerra no menos mezquina. 
El propio Buñuel cuenta que lo habrían fusilado de haberlo pillado en España cuando estalló toda la sangría.
El pobrecito de Lorca (otro tipo genial, tanto en la poesía como en el teatro) no gozó de igual suerte que su amigo Buñuel. Y los cabrones se lo cargaron sin ningún miramiento. 
También sabemos que Buñuel fue a parar a México, aunque en un inicio renegara de ese país. Y allí hizo una carrera cinematográfica extraordinaria, rodando grandes películas como Los olvidados, Él o El ángel exterminador. 
Los olvidados (1950) forma parte de mis preferidas, la cual tendremos la ocasión de rever, revisitar el próximo lunes en el Campus de Ponferrada como parte de una clase orientada al alumnado de la Universidad de la Experiencia. 
Los olvidados o el cine de la crueldad, como el teatro de la crueldad del impactante Antonin Artaud, quien, además de gran dramaturgo, fuera poeta, guionista y actor de cine. Y un enamorado de México, ese país surrealista, al que tanto Buñuel como el propio Artaud (Mensajes revolucionarios. Y Los tarahumaras) supieron sacarle mucho partido. 
Nombrada Memoria del Mundo por la Unesco (casi nada), Los olvidados es una una historia dramática, trágica, que, bajo una estética neorrealista, nos introduce en los bajos fondos de la Ciudad de México, una de las más superpobladas en la actualidad de la Tierra, con más de 20 millones de habitantes, sin incluir muchos que no están ni censados. 
Los olvidados en alusión a aquellos seres marginales, pobres, abandonados a su desgracia, como le ocurre a Ojitos con el ciego cabrón (que tanto nos hace rememorar la historia de El Lazarillo de Tormes), el niño Pedro (del que reniega su madre, que a su vez es renegada por su esposo), el cruel Jaibo, que también es otro ser desamparado; Meche, la niña de la que el ciego intenta aprovecharse, abusar, o un curioso tipo, mutilado, que se desplaza sobre un carrito con ruedas (estampa que llegué a ver en los 90 en el Zócalo de la Ciudad de México). 
En el Zócalo de Ciudad de México. Foto: Cuenya
Con la colaboración del todoterreno Max Aub (uno de los grandes microrrelatistas de la Historia de la Literatura. Y biógrafo del genio de Calanda), Buñuel trenza una historia entre el realismo crudo y el surrealismo más sugestivo (con secuencias oníricas portentosas), donde Eros y Tánatos se funden, una vez más, en una pesadilla real como la vida misma. 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

La fragua literaria leonesa: Pedro Ramos Josa

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Ramos Josa: “Pensar menos y actuar más. Así construyes una sociedad de ignorantes indefensos ante sus tropelías”

El ensayista e investigador bembibrense Pedro F.R. Josa, autor de 'Democracia para idiotas', volverá a escribir a buen seguro sobre Estados Unidos, aunque también le gustaría escribir ficción.


Pedro Ramos Josa
Manuel Cuenya | 05/12/2018 - 13:25h.
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la UNED y profesor de Criminología en la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid, Pedro F.R. Josa es  autor de libros como 'La gran revolución americana' (Encuentros, 2015), su ópera prima, fruto en gran parte de su tesis doctoral. Y ahora el reciente 'Democracia para idiotas' (Sekotia, 2018), cuyo título resulta en sí mismo impactante.
Un ensayo sobre la democracia y sobre el Estado que no deja indiferente a nadie pues arroja luz sobre este mundo sombrío y confuso, complejo y líquido, en el que prima la sinrazón sobre la razón, en el que el Gran Hermano orwelliano lo tiene todo bajo control, "ya sea mediante la nacionalización o la privatización", en el que "la democracia aparece hoy como algo desconcertante, generador de ilusiones imposibles y frustraciones peligrosas", según el prologuista José María Marco. Por eso la democracia, tal como la entendemos en la actualidad, no garantiza en absoluto la libertad del ser humano, antes al contrario. Como mucho podría garantizar la igualdad, lo cual también sería discutible. El propio Orwell, en esa clarividente fábula sobre la corrupción y el poder titulada 'Rebelión en la granja', dejó escrito: "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros". ¿La igualdad por arriba o la igualdad por abajo?, se plantea Josa. La igualdad por abajo sería la que han aplicado/aplican los regímenes comunistas. "En ambos casos la víctima principal es la libertad individual".
Sea como fuere, nuestra democracia, frente a la democracia clásica ateniense de Pericles, no está concebida para el bien común, general, el interés colectivo compartido, para la res pública, en definitiva, como cabría esperar, sino para 'idiotas' en el sentido etimológico de la palabra ('idiotes' que miran sólo para su propio ombligo, que piensan sólo en sí mismos, sin importarles en absoluto el pueblo), para una sociedad entontecida, tal y como nos cuenta su autor.
"Ser hoy de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral", sentencia el filósofo Ortega y Gasset, que Pedro Josa recoge en su 'Democracia para idiotas'. Algo parecido llegó a escribir Josep Pla en su 'Cuaderno gris': "Piensa que, en este país, lo que se parece más a un hombre de izquierdas es un hombre de derechas. Son iguales, intercambiables, han mamado la misma leche... Esta división es inservible... Hay una división mucho más profunda... La que se establece entre personas inteligentes y puros idiotas, entre buenas personas y malnacidos...".
Conviene recordar –como hace Pedro Josa– que la democracia ateniense era sexista, machista, excluyente. Entre otros, el gran Sócrates (que creía en "el gobierno de la aptitud sobre la ignorancia y la superstición") fue condenado a muerte. "La mediocridad de la plebe nunca perdona la superioridad intelectual manifiesta", escribe. Con lo cual, la democracia ateniense tampoco es que fuera la panacea.
"La finalidad de este libro –en opinión de su autor– no es conseguir adeptos, sino hacer pensar, dudar, sentir y avanzar". Se trata de un volumen que nos ayuda a reflexionar, no sólo acerca de la política (democracia representativa/directa, "la democracia directa acaba siendo todo menos democracia") sino de la sociedad en que vivimos, una sociedad débil, como su propio pensamiento. Y para que funcione una democracia, a su juicio, tendría que darse un equilibrio entre un Estado fuerte y una sociedad fuerte.
"Es común quejarnos de que no existen ya políticos de la talla de antaño, cuando en verdad el sistema ya hace tiempo que no los necesita... sólo requiere de buenos y fríos administradores"

La democracia en la historia

En 'Democracia para idiotas' hace un repaso por la democracia ateniense, la Revolución Norteamericana, la Revolución Francesa (que, además de convertirse en una dictadura del terror en su momento, acaba con el derecho divino de la monarquía y redacta la Declaración de derechos del hombre y de la mujer) hasta la fecha actual, donde quien manda (hablamos del modelo Occidental democrático) es el Gran Estado, El Estado del bienestar, que es artificial e intervencionista. Y no necesita de la democracia para lograr legitimidad. "Es común quejarnos de que no existen ya políticos de la talla de antaño, cuando en verdad el sistema ya hace tiempo que no los necesita... sólo requiere de buenos y fríos administradores", apunta.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La fragua literaria leonesa: Sergio Castro


LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Sergio Castro: "Platón creía que las matemáticas eran la llave para desentrañar los secretos del universo, idea que muchos comparten en la actualidad"

El profesor, narrador, youtuber y bloguero Sergio Castro, autor de 'Historia de las matemáticas. Del cero al infinito', está comenzando con la documentación de un nuevo libro, que todavía no puede desvelar demasiado.

Sergio Castro 'Profesor de mates'
Manuel Cuenya | 28/11/2018 - 13:16h.
Ingeniero de formación (cursó estudios en la Universidad de León y en la Uned), Sergio Barrio Gómez, conocido en las redes como profesor10demateso Sergio Castro (en homenaje a su abuela) -que es como firma su obra 'Historia de las matemáticas. Del cero al infinito' (Galobart, 2018)-, es un auténtico fenómeno en divulgación de las matemáticas como lenguaje universal.
Tanto es así que su labor ha sido reconocida con diversos premios como el Botón de Plata de YouTube. O el premio al mejor blog de Castilla y León en 2017, entre otros. En todo caso, cree que lo verdaderamente importante es la pasión, la ilusión y la confianza con las que hace su trabajo. Y que a la gente le siga gustando cómo cuenta las cosas.
Insiste este profesor y narrador ponferradino en que vivimos rodeados de números, con lo cual no podemos, o no deberíamos darles la espalda. Y su obra es un intento de acercarnos, de manera amena y divertida, las matemáticas, contándonos, a través de anécdotas, la parte humana de los matemáticos y matemáticas más importantes de la Historia Universal, desde la civilización mesopotámica hasta nuestros días, con el australiano Terence Tao, el último de los grandes genios matemáticos, o la iraní Maryam Mirzakhani, la primera matemática en conseguir la medalla Fields (el equivalente al Nobel de matemáticas), incluso esa referencia al Google/gúgol (un 10 elevado a 100, esto es, un uno seguido de cien ceros). "Un gúgol es mayor que el número de átomos de hidrógeno en el universo conocido", nos aclara Sergio, que ha logrado, con su 'Historia de las matemáticas', despertarnos la curiosidad por el apasionante mundo de las matemáticas, que él relaciona además con la filosofía, el arte o la literatura. Pues los grandes matemáticos como Tales de Mileto (quien introdujera en Grecia el estudio de la Geometría), Pitágoras (conocido por su famoso teorema), Platón, Hipatia de Alejandría (quien obtuviera la cátedra de Filosofía platónica. Y fuera asesinada),  Descartes, Leibniz y Newton (tanto uno como otro "descubrieron el cálculo infinitesimal de manera independiente") o Bertrand Russell (uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, sobre todo en la filosofía analítica. Y Premio Nobel de Literatura), fueron, entre otros, grandes filósofos.
El propio Platón, "influido por los pitagóricos, pensaba que las matemáticas constituían la llave para desentrañar los secretos del universo, idea que comparten muchos matemáticos en la actualidad", escribe este finalista al mejor canal de YouTube de habla hispana, que en su libro recoge también aquello de que, a la entrada de la academia platónica (la universidad de hoy en día), había un cartel que decía: "no entre nadie que no conozca la geometría".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon.com:
https://www.ileon.com/cultura/092031/sergio-castro-platon-creia-que-las-matematicas-eran-la-llave-para-desentranar-los-secretos-del-universo-idea-que-muchos-comparten-en-la-actualidad)

martes, 27 de noviembre de 2018

Bertolucci, colosal

Se nos ha muerto Bertolucci en el barrio romano del Trastévere, donde vivía, donde viviera en su tiempo el poeta Alberti. Un barrio con sabor y aromas ancestrales. Con un colorido engatusador. 
Bertolucci era, seguirá siendo uno de los grandes cineastas. Tal vez el último emperador del cine clásico italiano. Se nos mueren todos los grandes. Se nos muere todo el mundo. 
Bertolucci-Wikipedia

Y el cine italiano, el cine universal, se resiente por tamaña pérdida. Aunque siempre nos quedará esa obra de arte titulada Novecento, que seguiremos viendo una y otra vez con absoluta devoción. Y por supuesto El último tango en París. Películas que figuran entre mis favoritas. Tan diferentes y emocionantes ambas. 
Sólo por haber filmado estas dos cintas, incluso por haber filmado sólo Novecento, el director italiano ya pasaría a la Historia del Cine como uno de los mejores. 
También siento cariño por El cielo protector, basada en la novela homónima de Bowles (quien hace aparición en la película), pues esta obra nos lleva al corazón de Marruecos, país que me sigue haciendo vibrar cada vez que lo piso. Ahora me espera con los brazos abiertos. 
Bertolucci entraría en el cine, por la puerta grande, de la mano del controvertido y genial Pasolini, quien aparcó la poesía (que no lo llevaba a ningún lugar) para dedicarse al cine, con gran proyección, haciendo adaptaciones de novelas emblemáticas, de corte erótico, como Los cuentos de Canterbury, El Decamerón o Saló o los 120 días de Sodoma (que tuviera la ocasión de visionar en un cine del barrio latino de París hace un montón de años). 
En el barrio del Trastevere

Bertolucci, con formación en filosofía (Marx) y psicoanálisis, comenzó en el cine como asistente de dirección de Accattone, de Pasolini, quien confesaba no tener ni idea de técnica cinematográfica cuando comenzó en el oficio. 
La mano filosófica, histórica, es evidente en Novecento
Y la psicoanalítica en películas como El último tango en París, donde vemos a Marlon Brando en estado de gloria, con una interpretación memorable (me asalta siempre la secuencia en que está velando a su mujer muerta, o bien al inicio cuando se cisca en Dios, aunque esta película de culto, que los españolitos y españolitas fueran a ver en su día a Perpiñán, sobresaliera por sus escenas eróticas. Y esa secuencia salvaje de la mantequilla que dejó trastocada a María Schneider. Eros y Tánatos, una vez más, fundidos en ardiente pasión) o bien La luna, que aborda una relación incestuosa de una madre con su hijo heroinómano. Con el escenario de las Termas romanas de Caracalla hacia el final de la peli). 
Si tuviera que quedarme con una película suya, no lo dudaría, siempre elegiría Novecento, con dos monstruos de la interpretación como Robert de Niro (me apasiona este actor, que simboliza la Italia fascista) y Depardieu (que simboliza la Italia campesina revolucionaria), además del potente Burt Lancaster (el patroncito de la hacienda), el bestial Sutherland (en esta película resulta vomitivo)  o la bella y cautivadora Dominique Sanda. Y la carnal Stefania Sandrelli. 
Termas de Caracalla

La secuencia de De Niro y Depardieu con una epiléptica en la cama se ha quedado grabada en el inconsciente/
subconsciente colectivo. Y aun otras muchas. 
La dirección de foto, a cargo del maestro Storaro, logra auténticos cuadros pictóricos en movimiento. Y la banda sonora de Ennio Morricone es magnífica. Una gran obra de arte, que te mantiene pegado a la pantalla durante más de cinco horas. 
Pues sigamos viendo y soñando con su cine, como esos Soñadores suyos. 

sábado, 24 de noviembre de 2018

El Bierzo literario

Me topo, por puro azar (el azar, tan esencial en nuestras vidas, aunque haya quienes crean que pueden tener todo bajo control, craso error), con este enlace del diario digital infobierzo, firmado por Nuria Martínez, a quien no conozco, o no recuerdo conocer, la cual hace hace un recorrido literario por el Bierzo. https://www.infobierzo.com/el-bierzo-los-parajes-de-una-comarca-escenario-de-mil-y-una-aventuras-literarias/278862/
Y en este recorrido aparece, entre otros libros, Trasmundo, un volumen de relatos que me publicara el IEB en 2009, con prólogo del profesor y escritor César Cabezas. Y que luego, transcurridos unos años, el escritor, periodista y editor Valentín Carrera reeditara en formato digital. 
Cubierta de Trasmundo, con mi hermana mayor montada en caballo (estampa neorrealista a la berciana)


























El Bierzo, en la literatura, ha dado hermosas páginas, de la mano de nuestro escritor acaso más universal, el villafranquino Gil y Carrasco, a quien la autora de este reportaje menciona, naturalmente.  Y ahí están por supuesto los imprescindibles libros de Carrera por el Bierzo. Y los de Guerra-Garrido. Y el ponferradino César Gavela, un narrador nato, con una excelente calidad. Y tantos otros, entre los que no podemos olvidarnos de los maestros narradores Pereira y Carnicer. Y por supuesto del poeta Juan Carlos Mestre. Otro villafranquino universal. En realidad, todos villafranquinos. ¿Qué tendrá esa pequeña Compostela del Bierzo? Gilberto Núñez era otro excelente poeta. Y González-Guerrero en la vecina Corullón. Y Fermín López Costero en Cacabelos. Y Luisa Picado en Matarrosa. Y Carmen Busmayor. Y María José Montero en Villadepalos. Y más... (Qué nadie se ofenda por no aparecer aquí y ahora. Sabéis que os llevo en mi corazón, a todos y todas, quienes en algún momento habéis construido Bierzo con vuestras palabras, con vuestro arte). 

He de confesar que la primera vez que me asomé a Viaje del Vierzo me quedé deslumbrado. Y me planteaba qué fenómeno había escrito semejante proeza viajera-literaria. Pues el autor, al que años más tarde llegaría a conocer, haciendo buenas migas con él, hablaba, entre otros asuntos, del Bierzo Alto y en concreto de Noceda del Bierzo, mi pueblo. Y aun de la mítica fragua de Pepe, la fragua de Furil, que me daría el título de otro de mis libros. Un libro, La fragua de Furil, que tuvo su origen en los textos/columnas semanales que publicara en Diario de León a lo largo de una década, hasta que llegó Paco con la rebaja -llegó el Comandante y mandó parar-, que coincidió con el comienzo de una crisis, que aún continúa. Una crisis cerebral, que se produjo en el magna blando de los tiburones financieros y los mandamases chupacandiles, que aspiran a mantener a raya al pueblo, impidiendo asimismo que la clase acomodada siga en su universo de bienestar (alguien debe producir para seguir nutriendo el perverso engranaje capitalistoide). Y los pobres, pues eso, a pasarlas cada día más putas. Hasta que todo reviente por los aires. Porque los ricos riquísimos, los todopoderosos terminarán reventando también de puro colesterol malsano. Vaya utopía. Mientras haya esclavos, habrá amos, déspotas, cabrones elevados a la enésima potencia. El orbe Tierra está hecho un asquito, con un porcentaje altísimo de la población en estado de pobreza. Y analfabeta (no tengo ni idea de estadísticas, aunque llegara a estudiar estadística, incluso en la uni, pero me lo figuro, visto como está el percal).
Pero yo no venía a hablar de mi libro, o sí (como el cascarrabias Umbral, que además y sobre todo era un genio literario, acaso el mejor columnista español de todos los tiempos). 
Yo venía, en el fondo, a rescatar del arca... de la alianza... este enlace, publicado en infobierzo, que habla del Bierzo en la literatura, en las letras, en las palabras de al menos algunos autores y autoras. Pues sigamos entonando alguna canción acerca de esta bella y olvidada comarca, cada día más olvidada, con la minería ya en extinción, sin horizontes, con una población harto envejecida y subsidiaria, pensionada. Con un panorama desolador. ¿Seremos capaces entre todos los bercianos, entre todas las bercianas, de resucitar a nuestra hermosa muertita?  Qué alguien logre un milagro, como en la época de Jesucristo nuestro señor, que en gloria de su papá esté, sentado a su diestra. O en su regazo zurdo. No importa. Lo que cuenta es alentar, volver a la vida al Bierzo. Con divinas palabras, con amor, con trabajo, con ideas, con ilusión. La ilusión, ay, es lo último que se pierde. 





jueves, 22 de noviembre de 2018

La fragua literaria leonesa: Paco Flecha

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Francisco Flecha: "Ya no queda industria, minería, ganadería y casi ya ni gente, pero podemos exportar literatos"

El profesor de Filosofía y contador de historias Paco Flecha, autor del reciente libro 'La lenta luz del amanecer', entre otros, continuará contándonos historias con el humor que le caracteriza.

Francisco Flecha
Francisco Flecha. Imagen de Gus Berrueta.
Manuel Cuenya | 22/11/2018 - 09:32h.
"... Decían de él que "conoció la vida a los dieciséis años, primero a través de Dostoievski y luego de las putas de Nueva Orleans".
Si hubiera invertido el orden se habría ahorrado, tal vez a Dostoievski".
...
"... Macondo es sólo una forma de mirar alrededor con ese mirar embelesado con el que miran los locos, los poetas, los niños y los viejos.
Que Macondo, ya te digo, está sólo en la mirada".
...
"... Cuando el profeta se enteró de que hablaba por inspiración perdió, definitivamente, la fe:
-¿Cómo creer en un dios que amenazaba con un futuro de llanto y crujir de dientes?...
...
"...Lástima que aquí, como en Macondo o en Comala, no podamos sentarnos un rato a charlar en la cocina los vivos y los muertos"
...
(Francisco Flecha, 'La lenta luz del amanecer')
Profesor de Filosofía en la Universidad de León y contador de historias, Francisco Flecha, más conocido por Paco en los ambientes familiares y amistosos, es una persona con buen sentido del humor, lo que es indicativo sin duda de una saludable inteligencia.
La verdad es que deberíamos reírnos más. Y sobre todo reírnos de nosotros mismos. No tomarnos tan en serio, porque la vida no deja de ser una farsa, un sainete, un teatro, que conviene encarar con excelente humor, incluso ante las adversidades de la vida, que siempre serán más de las que nos gustaría, porque no vivimos en una burbuja. Y la realidad se impone como una apisonadora.
En todo caso, nos recuerda Paco Flecha que el humor no debe confundirse con la risa, esa risa que nos hace descreídos, como los Cristos buñuelescos que aparecen en sus películas, o bien la risa de la 'Poética' de Aristóteles, que Umberto Eco retoma en 'El nombre de la rosa' ("la risa libera al aldeano del miedo del diablo"), porque el humor "viene a ser mirar la realidad desde otra perspectiva, como miraría el mundo un niño, un extraterrestre, un loco, un poeta, un filósofo, un cuentista".
Mirar la realidad como si fuera la primera vez que nos acercáramos a la misma es también un extraordinario ejercicio poético. Que algunos cineastas como Wenders ('Cielo sobre Berlín') o Erice ('El sol del membrillo') han querido, en su cine poético, mirar la realidad como si fuera la primera vez. El propio Pasolini, que además de poeta era cineasta, hablaba de un cine en prosa y un cine poético. Y el cineasta ruso Eisenstein, el autor de 'El acorazado Potemkin', quiso aunar el lenguaje lírico y de la razón a un tiempo en su cine.
"No he pretendido hacer una 'obra', sino, simplemente, contar cosas. Por eso, si te digo la verdad, me gustaría mucho más tener 'oyentes' que lectores"
"Dice mi amigo Martín Favelis: 'No sé si la vida tiene algún sentido; pero mientras lo encuentro, me voy arreglando con el sentido del humor'", precisa Paco Flecha, a quien resulta placentero leer. Y sobre todo escucharlo hablar, contar.
Lo conozco desde hace años, aunque tampoco hayamos tenido tanto contacto. Y es una de esas personas que no te deja indiferente, por lo que dice y cómo lo dice. Lo recuerdo asimismo en aquellos filandones que organizara, en la Facultad de Educación de la ULE, el entrañable Justo Fernández Oblanca, quien fuera en su día Decano de la Facultad de Educación. Y profesor de Literatura.
Paco Flecha, como buen contador de historias, tanto por oral como por escrito, es un heredero del maestro villafranquino Antonio Pereira, el gran contador, que siempre nos deleitaba con su verbo humorístico, picarón, certero. La pasión del autor de 'El vuelo del milano' por Pereira queda patente en su nuevo libro, 'La lenta luz del amanecer', editado por el Servicio de Publicaciones de la ULE. Un título que es todo un guiño a un micocuento de Pereira que se titula 'Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos', un título poético y embrionario que lo dice todo en sí mismo. Pura poesía. Y que Paco Flecha integra en su reciente volumen de microrrelatos. "No he pretendido hacer una 'obra', sino, simplemente, contar cosas.  Por eso, si te digo la verdad, me gustaría mucho más tener 'oyentes' que lectores.  Me gustaría contar esas cosas a cada uno y verles cara a cara para que me dijeran las historias que a ellos les sugiere lo que cuento", afirma Paco Flecha, a quien, es evidente, le entusiasma la llamada literatura oral, los cuentacuentos, o los cuentos a viva voz, los filandones, en definitiva, tan propios de nuestra tierra leonesa. Filandones que, como bien sabemos, han sido un gran estímulo a la hora de crear con la palabra. Y por ende que surjan escritores varios y fecundos en el panorama leonés, otrora (ahí están los consagrados) o los actuales.

León, el territorio más fecundo en lo literario de toda España

En este sentido, cree nuestro autor que León es, sin duda alguna, el territorio con mayor fecundidad literaria en toda España. Y añade: "cierto que ya no queda industria, minería, ganadería y casi ya ni gente, pero podemos exportar literatos.  Este es nuestro siglo de oro (y los siglos de oro en literatura han ido siempre acompañados de pobreza en lo económico, sabe dios por qué será). Y lo que me llama la atención es que se está generalizando una cierta 'espontaneidad democrática' (cualquier plaza, cualquier bar, cualquier lugar de encuentro se están convirtiendo en lugares de participación literaria). Pidámosle a dios que no quiera tutorizar toda esta energía algún concejal o cosa por el estilo, no vaya a arruinar la experiencia".
Escéptico, cuando menos, ante la política leonesa, Paco Flecha dice no sentirse escritor. ¿Qué es ser escritor? Quien escribe. Y tampoco diría que está entusiasmado con la literatura o con la escritura literaria.  No obstante, a él siempre le ha gustado "contar cosas", "encandilar" con la palabra, lo cual ya es en sí mismo magnífico.