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martes, 31 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Jose Yebra

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LA FRAGUE LITERARIA LEONESA

José Yebra: "Escribir es vivir"

Manuel Cuenya | 31/10/2017 - 11:43h.

El poeta y profesor cacabelense Jose Yebra, autor de 'Otra lengua extinta', sigue escribiendo en sus cuadernos, yendo a recitales siempre que le es posible y disfrutando de la poesía. El próximo mes de noviembre presentará su ópera prima en Madrid.

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José Yebra

Y entonces se acercó a él
y le contó al oído
que una vez hubo un dios
que se bebió de un trago
toda el agua
de los orígenes
para luego escupir
con desgana
millones de mares
que al instante configuraron
esta aproximación al universo:
como él no creía
en dioses ajenos,
cerró sus pulmones
y cabalgó solo y aturdido
buscando refugio humano
en el siguiente poblado.
(Jose Yebra, 'GODLESS DIOS', poema incluido en 'Otra lengua extinta')
Autor de 'Otra lengua extinta' (Suburbia ediciones, 2017), Jose Yebra es un poeta y profesor de inglés nacido en el Bierzo, aunque en la actualidad, desde hace tiempo, viva en Asturias. En todo caso, "el Bierzo (también el resto de León) y Asturias viajan juntos conmigo. Es innegable que las similitudes son muchas entre ambas tierras", reconoce Jose, quien dice sentirse como en casa en Asturias, porque esta tierra hermana supone un despertar en su persona, y además le ha permitido conocer la vida en una ciudad y sentirse libre en cada momento.
Por su parte, Cacabelos es su origen, "el olor de mi infancia, de mi adolescencia. Es el lugar en que aprendí a ser la persona que soy; los recuerdos de conversaciones interminables con mi abuela, comiendo castañas al calor de un brasero; las manos pegajosas en época de vendimia, las risas y mis amigos y amigas de siempre. El Bierzo siempre está presente cuando escribo. Es inevitable, porque la memoria está ahí, activa en todo momento", rememora este creador, que en otra época impartiera clases de español/castellano en Londres, en concreto en Phoenix High School. Una experiencia muy dura y a la vez maravillosa, según él.
Con el transcurso de los años y la perspectiva que procura la distancia, ahora cree entender aquella amalgama de estudiantes provenientes de más de 80 países –matiza–, que hablaban más de 50 lenguas distintas. "La educación es muy diferente en Gran Bretaña, sigue siendo todo gratuito (materiales incluidos), pero la competitividad por el dinero público entre centros es feroz y eso llega a agobiar demasiado. Londres sería, tras Cacabelos y Oviedo, mi tercer hogar", afirma este profesor de inglés, convencido de que su trabajo como docente está ligado a su faceta como poeta. Imposible desligar ambas actividades, en su opinión, porque su tarea como educador consigue que pueda aprender cada día de su alumnado, de sus necesidades vitales, sus alegrías, problemas o intereses. "Me obligan a estar al día en sus asuntos (en este aspecto, también mi papel como padre de adolescentes). Por otro lado, el inglés es un referente primordial en mi manera de escribir; incluso, me atrevo a introducir no sólo títulos de poemas en inglés, sino algún que otro verso cuyo contexto lo pueda permitir. Tengo poemas también en inglés, algunos de ellos publicados en alguna revista digital en Suecia", señala Jose, que es un apasionado de la escritura creativa, porque su cabeza siempre está "centrifugando poemas o historias, y me resulta imposible no trasladar todo eso a un papel (sigo escribiendo a mano)".
Para él, "escribir es vivir". En este sentido, anima a la gente a leer más, a escribir, a recitar, "a perder ese miedo endémico nuestro a disfrutar de actuar ante un público atento y con ganas de pasárselo bien con la poesía, que sepan que no es aburrida". Lectura y escritura procuran vida. Y ayudan a vivir, sin duda.
Como buen lector, requisito cuasi imprescindible para escribir, Jose Yebra reivindica a algunos de sus autores y autoras preferidos, que le han dejado una huella emocional, reflexiva. Cuenta que hay cuatro poetas que siempre revisita, cuatro creadores de los que siempre se puede aprender, "de su emoción, de su verdad", como es el caso de  Miguel Hernández, "el poeta del pueblo por excelencia"; Allen Ginsberg, "que en su momento me retorció por dentro de una manera casi indescriptible"; Emily Dickinson, "a la que descubrí en la facultad estudiando Filología"; y el gijonés David González, que es, en su opinión, el gran referente actual del realismo sucio, de la pura verdad poética.
Asimismo, muestra predilección por autores y autoras contemporáneos suyos, amigos y amigas también, como Laura Fjäder, Alberto Claver, Víctor Cuetos, Gema Martínez, Sandra Sánchez, Tamara Camino (a quien hemos dedicado recientemente una fragua en este mismo periódico), Suarón, El Suárez, Laura Marcos..., "de toda la gente con la que comparto poesía, siempre aprendo, porque es que son muy buenos".
La poesía rápida frente a la poesía interesante
Jose Yebra cree que la poesía está de moda, si bien en la actualidad hay demasiada poesía rápida, "que proviene de las redes sociales, que en su mayoría son kleenex de usar y tirar. Ésa no me interesa", apostilla. No obstante, sí le interesa mucho alguna de la poesía que se hace en la provincia de León, como es el caso del poeta Vicente Muñoz Álvarez, al que dice no conocer en persona, aunque tengan muchos amigos y amigas poetas en común. "Gas, la última antología de Muñoz Álvarez, me parece brutal. Antonio Colinas. Llamazares, siempre. En El Bierzo, que también se mueve, tenemos a Amparo Carballo o Casimiro Martinferre, aparte de crear unos relatos increíbles con unas imágenes tremendamente buenas, es muy buen poeta".
"Cacabelos es el olor de mi infancia, de mi adolescencia. Es el lugar en que aprendí a ser la persona que soy; los recuerdos de conversaciones interminables con mi abuela, comiendo castañas al calor de un brasero; las manos pegajosas en época de vendimia, las risas y mis amigos y amigas de siempre"
Aparte de los autores y autoras mencionados, Yebra cita a poetas que, aun no siendo originarios de León, le parecen buenos, como la valenciana Nerea Delgado (con la que ha coincidido en algún recital en Oviedo), que se encuentra en la actualidad viviendo en León capital, y Nayar Crespo Sánchez, "un puro animal poético", así califica al autor del prólogo de su poemario 'Otra lengua extinta'.
Y esto escribe Nayar Crespo Sánchez a propósito de Jose Yebra: "... Lo de Jose... es guerrilla hecha papel. Avanzar por sus páginas es escuchar, verso a verso, las bombas españolas que caían en Costa Rica que cantaba Strummer, o mirar directamente a la pupila, eternamente dilatada, del Duque Blanco... Jose fue mi profesor de inglés favorito (se me perdone el favoritismo) aunque nunca llegara a darme clase. En una hora nos dio tiempo a hablar de música, de libros, de películas, de series, dejando esas ganas de más tan odiosas cuando algo se acaba. Por primera vez tuve ganas de no salir de clase, y quedarme a oír hablar a ese profesor tan curioso... Jose es humano, demasiado humano, y eso es lo que de verdad engancha de él".
"Hay multitud de actos y recitales poéticos en toda la provincia de León. Por ejemplo, en el Museo Arqueológico de Cacabelos, que ya se encarga Silvia Blanco, su directora, de acercar el museo al pueblo organizando infinidad de actividades", comenta el creador de 'Otra lengua extinta', su viaje primigenio, según él, "su poética de la cotidianidad... y la resistencia", cuyos poemas han sido escritos en estos dos últimos años, aunque haya algún poema que data de los primeros años 90.
Este libro es, a su juicio, su memoria, su poesía de guerrilla, poesía del pueblo para el pueblo; y en él nos muestra su capacidad de observación, su crítica social de todo aquello que no le gusta, "de las injusticias, de la muerte y la extinción, de lo meramente cotidiano".
Reconoce que le gusta obviar en ocasiones la puntuación para que, quien lo lea, lo recite a su manera, con plena libertad. "Ya no me pertenece, pertenece a quienes lo leen".
Por otra parte, tiene una novela inédita, 'Ciclos de Mil Cabezas', aunque sí la conserva por capítulos en un blog con el mismo título Una obra muy influenciada, según él, por 'Hijos de la medianoche' de Salman Rushdie, La Gramática Generativa Transformacional de Noam Chomsky y por alguna que otra vivencia y/o experiencia personal.
(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com: http://www.ileon.com/cultura/079233/jose-yebra-escribir-es-vivir)

lunes, 30 de octubre de 2017

Octubre nebuloso

Este ha sido, está siendo aún, un octubre nebuloso, a pesar de que el sol luce más que nunca. Y esto del sol, luciendo en su esplendor, y los cielos de color azul claro dan mucha energía, sin duda. Nos recargan pilas. 
Lástima que ahora ya nos hayan retrasado una hora y de este modo nos metan de lleno en un otoño próximo al invierno. 
Nunca me ha gustado este cambio horario. Y hasta podría decirse (hay gente que también lo dice) que nuestro Noroeste no debería retrasar una hora con respecto al horario anterior. 
En todo caso, hasta ahora hemos gozado de una temperatura ambiental extraordinaria, con las consiguientes sequías (sin duda hay cambio climático), que contrasta con los atentados incendiarios ocurridos en Portugal, Galicia, Asturias y la provincia de León, así como con el intento de separatismo de una Cataluña gobernada hasta hace nada por fanáticos nacionalistas. Y bien sabemos que los nacionalismos son absurdos, terribles, sobre todo en este mundo globalizado, en el que además aspiramos a derribar muros y fronteras. Los nacionalismos (al igual que las religiones, en manos de fanáticos) siempre nos han llevado a la barbarie, a la hecatombe. Qué nadie/naide se crea diferente por hablar otra lengua, por practicar otra religión, por creerse de un bando o de otro. Y por supuesto dejemos de odiar, de rencores. Y tendámonos la mano. Para cuatro días que vivimos. Mejor vivamos en paz, en armonía, con amor.
Los seres humanos (en esencia animales) somos más iguales de lo que a priori podríamos creer. Aunque es evidente que algunos y algunas gocen de unos privilegios que ya quisiéramos los ciudadanos de a pie, la ciudadanía que, con su sudor y sus lágrimas, mueve el mundo (a la vez que ésta es movida y en ocasiones, demasiadas, zarandeada, manipulada, vuelta del revés). 

Este octubre, incluso sin nieblas (tan características en tiempos en la ciudad de Ponferrada) se ha vuelto nebuloso, a resultas de lo ocurrido acá y allá, en el Oeste y el Este. Creo que ahora tampoco cabría decir aquello que cantara el gurú Morrison: "The west is the best". O tal vez sí. Quien no se consuela es porque no quiere. O no le dejan, que es peor. 
Octubre comienza ya a estirar la pata como gocho de San Martino. Y las castañas no se ven por ningún lado, al menos en el útero de Gistredo, espacio mítico y frondoso de castaños y nogales. Esto no lo recuerdan ni los más viejos del lugar. Nunca se vio tal carestía castañera. Y es que el cambio climático (real como un gran templo), con su helada negra en el pasado mes de mayo y la brutal sequía veraniega y otoñal han contribuido a que nos quedemos sin castañas. Casi casi ni la prueba. Este finde salía, en compañía de familiares, a dar un paseo por el pueblo. Y el suelo de los castaños o 'castañales' (que dicen los lugareños/as) ni siquiera estaba lleno de erizos. Y estos con una miseria de castañas. Ni para un magostín habrá. Qué pena. 
Recuerdo cuando la época de castañas era todo un festival. Y todo el pueblo se volvía castañero 'apañando' por doquier. Mucho esfuerzo de riñón doblado y manos espinadas para que, luego, los compradores foráneos se rieran (poco menos) de los recolectores o apañadores de castañas, porque el precio que pagaban por el kilo era realmente ridículo. Y es que en este país (así sigue siendo) quien trabaja no es quien gana, sino quien trapichea. Y quien tranza, como dicen en México. "Quien tranza, avanza". 
Este octubre también me perdí el Festival Eñe de Literatura en Madrid. La verdad, creía que era en noviembre, como en años anteriores. Y me pilló fuera de juego. Me enteré a toro pasado (fue nomás este pasado finde). Aunque este año me hubiera gustado estar. 
Conservo, por lo demás, un grato recuerdo del gran Juan Goytisolo a su paso por este festival en 2015, así como del bueno de Julio Llamazares y Manuel Rivas, entre algunos otros. 
Octubre comienza a despedirse anunciándose la fiesta de los muertos, o los santos, que este año me sabrá a luna de hiel, porque mi padre (pobrecito, qué extraordinario ser humano) está enterrado en el cementerio del útero de Gistredo. Y esto me sobrecoge. Me da una inmensa tristeza. La vida, qué breve y efímera, qué pasajera. Qué pesadilla, a veces. No lo puedo evitar, octubre y noviembre me han cubierto de ceniza y desolación, de morriña y descreimiento. 

martes, 24 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Tamara Camino

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Tamara Camino: "Navego entre los versos de una musa que me araña"

Manuel Cuenya | 24/10/2017 - 17:16h.

La poeta y bloguera Tamara Camino, autora de 'La musa que araña', ha participado recientemente en una antología de relatos y poesía, 'O. Anatomías del Antiguo', sobre el casco histórico de la capital de Asturias. Y ha comenzado a escribir lo que le gustaría que fuera su segundo poemario en un futuro.

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Tamara Camino en su Instagram @t.camino
Nadie enmudece
unos labios viperinos
que hablan en femenino
y saben qué se cuece.
Nada más me enfurece
que nos traten de acallar,
si usted me lo permite
yo no soy Liza Doolittle
ni una Rita que educar:
yo no me pienso callar.
Te confundes, no soy musa
yo soy una poeta más,
que soy ser mientras estás
intentando, por ciencia infusa,
convertir mi voz en reclusa.
Sé que aún no lo has entendido.
Aún no sabes que es imposible
atrapar nunca a un alma libre
que rompe con lo establecido
llámalo, si quieres, subversivo.
Aún no sabes que araño,
que ataco con versos al rebaño.
(Tamara Camino, 'Hablando en femenino', poema incluido en 'La musa que araña', Ediciones Camelot, 2017)
"Navego entre los versos de una musa que me araña", escribe la joven poeta Tamara Camino en su blog en el que podemos asomarnos a su obra.
El pasado verano publicó su ópera prima, 'La musa que araña', de la mano de la editorial Camelot, "un sueño hecho realidad", según ella, "una noche inolvidable" cuando su editor, Pablo, le comunicó que editaría su libro. "Yo siempre digo que no soy musa, que soy poeta. 'La musa que araña' es una poeta que utiliza la poesía social para exponer temas como el desahucio, racismo, desigualdades sociales o el bullying", precisa.
"La musa que araña, como la vida misma, ha sido una montaña rusa de sentimientos y emociones", que incluye un apartado, '(Re)contando historia(s)', dedicado a los artistas que más le han influido, que han sido su fuente de inspiración, como John Lennon, Dalí, Frida Kahlo, Grace Kelly o Marylin.
Aunque nacida en Oviedo, gran parte de su familia reside en León. Y recuerda, con cariño, que ha pasado la mayor parte de sus veranos con sus primos jugando en el parque La Granja, además de las fiestas navideñas y otro tipo de celebraciones. Por tanto, aun habiendo nacido en Asturias, ella misma afirma que una parte de su vida está cruzando el Negrón. Con lo cual podríamos decir que Tamara es una autora asturleonesa, con raíces y afectos tanto de un lado como de otro.
Y es que las fronteras suelen ser, con relativa frecuencia, no sólo las que aparecen en los mapas, sino las que uno se marca o se impone. Da la impresión (por decirlo de un modo suave) de que cuantas menos fronteras hubiera, todo iría mejor en el mundo.
Cree la propia Tamara que, al menos en el campo de la poesía, que es el que ella conoce realmente, existen movimientos similares entre León y Asturias. "Existe un movimiento underground similar a las Jams de poesía que en Gijón lleva Laura Fjäder y dónde empecé a recitar: espacios de sinergia dónde se comparte poesía con la única idea de sacarla de los sótanos", señala esta dinámica poeta, quien considera, además, que León es una de las ciudades que más mima la poesía y a sus poetas, "algo que se respira en locales como el Belmondo o el Ret Marut, en este último tuve el placer de presentar mi libro el pasado mes de julio".
"Yo siempre digo que no soy musa, que soy poeta. 'La musa que araña' es una poeta que utiliza la poesía social para exponer temas como el desahucio, racismo, desigualdades sociales o el bullying"
Cuenta que, a través de la poeta leonesa Marina Díez (a quien le hemos dedicado un espacio en este diario digital entró en contacto con las jóvenes promesas del panorama literario leonés en la actualidad, como la propia Marina, que le habló de la existencia de '#Plataforma' y el fanzine literario 'Cezine', entre otros proyectos. Y se quedó  gratamente sorprendida por todo el movimiento poético que existe en León.
"Lo que más despertó mi interés fue la iniciativa de las 'Tapas Literarias' que ayuda a promulgar la poesía a través de algo tan leonés como son las tapas", apostilla Tamara, cuya vocación por la escritura creativa le surge desde pequeña. Pues ya en esa época le gustaba escribir pequeñas historias o poemas.
"Mi tía Marisa, que vive en León, siempre escuchaba mis historias por teléfono y me pedía que siguiera escribiendo. Solía llevarle de regalo siempre escritos por navidades o en su cumpleaños. Poco a poco, fui decantándome más por el verso que por la prosa aunque, hasta 2016, no me decido a compartir mis versos públicamente a través de un blog e instagram", recuerda Tamara, quien también puso en marcha un proyecto '#mypoetrychallenge' como una manera de fomentar su creatividad, "alimentándome de cinco palabras que dejaban en un comentario cada persona que quería participar en instagram –aclara-, y que debía incluir en un poema. Fueron más de cincuenta poemas y sobre todo una bonita forma de interactuar con personas que tienen las mismas inquietudes y aficiones que yo. Aún se pueden visitar en mi cuenta de instagram @t.camino".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com:

martes, 17 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Armando Murias Ibias

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Armando Murias: "Haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo, y también de la escritura"

Manuel Cuenya | 17/10/2017 - 13:55h.

El narrador, investigador y profesor Armando Murias Ibias, autor de 'Nómadas', entre otros libros, dirige en la actualidad la revista 'Literarias', perteneciente a la Asociación de Escritores de Asturias. Y mantiene en activo blog cuyo título es 'El gamusino (Literatura y Natura)'.

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Armando Murias Ibias
Lacianiego de Caboalles y con alma asturleonesa, Armando Murias Ibias es narrador, doctor en Filología Hispánica, investigador y profesor.
Cuenta que su lugar de nacimiento era un sitio remoto, que quedaba aislado en invierno por las nevadas. Ni siquiera tenía ni biblioteca ni librería, con lo cual la transmisión oral era muy importante. Y fue en ese mundo arcaico, ese universo de leyendas y cuentos al amor del fuego de los 'calechos', donde se forjó su pasión por las palabras, por las palabras escritas. Esa literatura, donde se mezcla la realidad imaginaria y la vivida, esa literatura surgida al calor de las palabras, es, en su opinión, la que más le gusta y la que trata de transmitir.
En este sentido, León –tierra de 'calechos' y 'filandones'- es, a su juicio, la provincia con más densidad de escritores de enorme valía. "Todos tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras (Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc.). Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria". La memoria como fuente literaria de primera magnitud.
Respecto a los lazos entre Laciana y su vecina Asturias (mapas afectivos en los que se mueve Armando) siempre han sido familiares. Y, a lo largo del siglo XX, "la minería en Laciana fue incrementando su importancia", recuerda él, de tal modo que esta comarca leonesa necesitaba abundante mano de obra foránea, "porque los lacianiegos se negaron a proletarizarse en las minas", matiza el coautor de 'Mina de palabras', volumen en el que también participa, con dos poemas, el Premio Cervantes Antonio Gamoneda.
"Llegaron gentes, entre ellos mis padres, venidos de los concejos aledaños, sobre todo de los asturianos, por lo que en los años setenta los emigrantes asturianos son la mayoría. Por tanto, la relación es muy estrecha. Más tarde llegaron otras oleadas migratorias, portugueses y caboverdianos, que también dejaron su marca en el valle".
"Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc. tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras. Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria".
En lo referente a la minería, cree que ha sido una actividad muy breve, porque en la actualidad, en todas las cuencas mineras, ha venido el vacío, el abandono, la soledad. "De momento todavía están las jubilaciones sujetando el entramado social, pero el mañana no lo veo nada halagüeño", muestra con realismo este autor, que, entre sus variados trabajos a lo largo de la vida, cabe resaltar que llegó a ser minero, 'rampleru', un trabajo que le ha dejado una profunda huella, el que más, de todos los que ha ejercido, según él, tanto es así que hizo su tesis doctoral sobre la minería y escribió 'Nómadas', un volumen de carácter autobiográfico, en gran medida, cuyos personajes principales son un universitario (acaso su álter ego) y un inmigrante caboverdiano. "una historia minera que se aparta del canon marcado por 'Germinal' (huelgas, represión, accidentes, muertes, hambre, etc.)".
Una vida aventurera como preámbulo para la creación literaria
Aparte de minero fue comercial, mecánico, camarero, marino, lector de español en Viena, incluso monaguillo. Una vida apasionante, aventurera, lo que sin duda ha estimulado su labor de creación porque "haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo –apostilla-, y también de la escritura porque no cabe duda de que se puede hablar con más exactitud de lo que se conoce que de lo ignorado".
Tal vez por eso, Armando es devoto de "tres tullidos geniales de la literatura española: Cervantes, Quevedo y Valle-Inclán", grandes escritores que "salieron de la torre de marfil de los artistas y se embarraron de realidad, conocieron de primera mano cómo es el mundo".
Una vida interesante no lo convierte a uno en creador per se pero sí sirve como nutriente para poder elaborar una obra, acaso más consistente, porque la realidad suele superar cualquier ficción.
Después de desempeñar estos diversos trabajos por el mundo adelante, en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en el Instituto Alfonso II de Oviedo. Y está convencido de que la creación literaria en las aulas es muy importante "porque estimula las habilidades artísticas para sacar a la luz el genio que todos llevamos dentro. Además, fomenta claramente la lectura... Y la escritura creativa se fundamenta en la lectura".
No obstante, también es consciente de que a menudo la tarea de los profesores de Literatura consiste en transmitir la historia de la Literatura, sin adentrarse en la creación. "Prueba de esto es que en la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación", señala Armando, que estuvo de presidente de esta Asociación de Escritores de Asturias durante dos años.


lunes, 16 de octubre de 2017

Entre nacionalismos y fuegos

Entre nacionalismos y fuegos, estamos literalmente achicharrados. Tal pareciera que fuera a llegar el fin del mundo, al menos de esta Tierra, que, a este paso, acabará reventando, sin duda. Y nosotros con ella. Nosotros, o quienes aún permanezcan en pie, que hacen falta arrestos para permanecer en pie.
Una tragedia, la cantidad de fuegos que nos han metido en el cuerpo en un abrir y cerrar de ojos. Qué barbaridad. 
Hoy creía que Ponferrada nunca amanecería, cubierta como estaba por el humo, espesa como nunca la había visto en mi vida, ni cuando aquellas nieblas y neblinas que hacían temblar al misterio. Pues hoy ha sido aún peor. Un rostro apocalíptico, que nos hace estremecernos, de pena, tristeza. Un panorama que me ha hecho recordar el monstruoso atentado de las Torres Gemelas neoyorkinas, cuando se vinieron abajo después de los impactos sufridos. 
Realmente, se le caen a uno los ánimos al suelo. Y se desmorona el latir vital. 
¿Cuándo acabarán, de una vez, con la quema de la naturaleza, de nuestros bosques, de nuestro hábitat natural? ¿Cuándo? No saben que, cuando arde la naturaleza, nosotros ardemos con ella, se nos va la vida, nos quitan oxígeno, nos calcinan las ilusiones. 
Nuestro noroeste verde y hermoso, nuestro espacio afectivo, se torra por doquier. Dan ganas de llorar. Ojalá pudiéramos llorar como lluvia que apagara todos los fuegos. Llorar como un gran río que, con sus aguas, aplacara tan desatino incendiario. Ojalá pudiéramos llorar como una amplia y nutriente lluvia para poder sentir el mundo con ilusión. 
Y qué me decís de los nacionalismos, que nos vuelven ensimismados, egocéntricos, como si nos creyéramos diferentes al resto de nuestros semejantes, humanos, demasiado bestiales, en muchas ocasiones, a lo largo de una historia, que tiende a repetirse bajo las mismas barrabasadas. 
Hoy me siento cabizbajo, con ánimo abatido, con la sonrisa congelada. Y mañana, quién sabe. Seguiremos entre nacionalismos absurdos y fuegos matarifes, que nada bueno nos depararán. 
El mundo se ha vuelto loco. 

martes, 10 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: José García Alonso

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

José García Alonso: "Me gusta el trato con las palabras, es una relación tensa, que va de la angustia a la satisfacción y viceversa"

Manuel Cuenya | 10/10/2017 - 13:22h.

El poeta y prosista José García Alonso, autor de 'Formas de seguir abrazando', continúa trabajando en sus poemas e intentando rematar un libro de cuentos.

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"El ataúd de mi abuelo estaba en mitad de un pequeño saloncito. Aunque eran las doce, y el sol gritaba en la calle, la luz allí era escasa, mortecina, como si alguien hubiese querido adelantar el reloj en busca del crepúsculo para darle a la mañana la apariencia de la tarde que expira. Las ventanas estaban cerradas, semiocultas tras la transparencia de unos visillos festoneados y blancos, y olía a una mezcla de sudor y llanto y también a almendras y café. Una foto del abuelo miraba a la concurrencia desde los pies del ataúd y sonreía. Cuando entramos en la habitación sólo había mujeres y silencio. Mi abuela ocupaba un sillón tapizado de escay. Era de cuerpo rollizo y mofletuda y tenía unos ojos que parecían estar siempre escupiendo. Al mirarme sentí que me manchaba y me eché a temblar. Ya era hora, le dijo mi madre, y se agitó en el sillón. Las carnes de la cara se le movieron durante unos segundos como si hubiera relinchado. Mi madre puso su mano en mi cabeza y, con ademán cariñoso, me alborotó el pelo. Ve fuera, me ordenó.
Yo salí hasta la puerta de la casa, con la cabeza gacha, para encontrarme de bruces con el sol.
Lo miré fijamente un instante, porque me gustaba sentir la sensación de ceguera que provoca su visión directa, y la esperé allí, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de piedra, apuntando en mi libreta la palabra bayo, porque entonces tenía afición a buscar palabras en el diccionario Everest, y ya me duraba el gusanillo desde las últimas navidades"
(José García Alonso, 'Libro de familia (4)', incluido en su libro 'Formas de seguir abrazando')
Poeta y prosista, nacido en La Cabrera, José García Alonso se crió, como tantos hijos de la emigración de los años sesenta y setenta, según él, en Valladolid. Luego vivió durante algunos años en Extremadura y otros tantos en la cuenca minera de Laciana, en concreto en Villablino. Y ahora, desde hace apenas tres años, vive en Ponferrada, aunque reconoce que siempre ha estado, de una u otra manera, cerca del Bierzo, sobre todo por vínculos familiares y afectivos.
"Me gustan las ciudades pequeñas para vivir. Ponferrada es una pequeña ciudad, pero también lo es, por más que pueda ser varias veces más grande que Ponferrada, Valladolid; no encuentro demasiada diferencia entre una y otra, las hay, pero en el día a día no se notan demasiado. Hay un excelente poema, 'Ciudad de ceniza', del poeta Álvaro Valverde, que arranca con un precioso verso que dice 'Una ciudad es todas las ciudades'. Comulgo plenamente con ese verso, con ese poema, que creo recordar que está incluido en su libro, que recomiendo, 'Mecánica terrestre'", aclara José García Alonso, que ha recibido algunos premios literarios, aunque cree que  no han tenido ninguna trascendencia sobre lo que escribe. Y tampoco les da más importancia de la que tienen, "los míos muy poca... Pero en este oficio solitario, además de las opiniones y críticas de amigos y amigas que también se dedican a esto, a veces sientes la necesidad de que te midan la fiebre personas desconocidas. Los premios, en mi caso, han funcionado como pequeños termómetros".
De este modo se ha ido configurando su modo de ser y estar en el mundo, a través de su mirada poética. "A todos esos sitios les debo parte de lo que soy, me palpo en ellos, de todos tengo algo, todos son un poco parte de mí", afirma José, que siente un especial cariño por su tierra natal, Pombriego, porque para él es memoria, "que no de otra cosa estamos construidos", apostilla, esa memoria que siempre estuvo presente en la cocina de su casa, en las comidas familiares, "en las que tantas historias y vidas se han repasado y repetido. La memoria que uno rastrea para encontrarse con sus orígenes, con una geografía que se impone y marca lo que fuimos y lo que somos, una memoria llena de dignidad ante la injusticia, una memoria, en cierto sentido, de la pobreza", rememora el autor de 'Formas de seguir abrazando', su ópera prima, libro conformado por textos en prosa y en verso, aunque los textos en prosa, a su juicio, tengan también una carga poética importante, "de ahí que el libro se haya publicado en la colección de poesía de Alcancía", matiza, consciente de que, para este volumen, hizo una selección de lo que él consideraba firme, poemas y textos que surgieron en momentos y circunstancias diversas, "algunos muy alejados ya en el tiempo".
En todo caso, en este libro aparecen todos aquellos temas que siempre le han interesado, sobre los que siempre ha escrito, a saber, la memoria, el dolor y la pérdida, la dificultad que entraña crear. Todos ellos aunados por un nexo o decir común.