Páginas vistas en total

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Céfiro, de Lidia Fos

A veces los sueños, como los años, se cumplen. Y este es el sueño hecho realidad palpable, tangible, de Lidia Fos, autora leonesa a quien entrevistaba recientemente para la fragua literaria leonesa, sección que vengo haciendo desde hace años para ileon.com, y en un inicio para Diario de León, bajo la dirección de Pablo Lago. 

https://www.ileon.com/cultura/111677/lidia-fos-la-literatura-debe-servir-para-expresar-desde-las-mas-profundas-reflexiones-filosoficas-hasta-los-mas-intimos-sentimientos

La verdad es que la fragua literaria me ha dado, me está dando  muchas satisfacciones, y esperamos continuarla. Ya son muchos autores, muchas autoras, quienes han aparecido en la misma. Y es que León, su alfoz, su provincia, es una fuente inagotable de creación/recreación literaria. 


Y Lidia Fernández Osuna (Lidia Fos) forma parte de este explosión creativa, publicando, bajo el sello editorial Lápizcero, su poemario Céfiro, que es en verdad, como ella misma reconoce, un diario de emociones. Pero también de reflexiones. De miradas acerca del mundo, de su propio mundo y por ende de la condición humana, del amor/desamor, de la vida en su estado puro, con todas sus impurezas y ponzoñas.  

Lidia es poeta y narradora. Y en estos momentos está cultivando su blog y escribiendo relatos, que a buen seguro formarán parte de su próximo libro. 


Me alegra haber conocido a Lidia. Y haber podido compartir con ella momentos inolvidables, como la reciente presentación de Céfiro en la ciudad de León, el pasado sábado, en compañía del narrador y presidente de la Asociación cultural Promusicantes Lorenzo Martínez, que condujo la presentación, cual buen entrevistador radiofónico, de un modo magistral, cautivando, creo, al público presente, que se mostró atento, entregado, a pesar de que la tarde comenzó a ponerse fresquita, ya que la presentación era al aire libre, en un entorno realmente artístico como lo es la plaza de los magnolios del café Bellas Artes, en pleno corazón del casco histórico leonés.


Un espacio de gran belleza, como bellas fueron asimismo las palabras que pronunciara Lidia Fos, emocionada como estaba con el evento, con su presentación. Como emocionantes hasta hacernos saltar las lágrimas fueron los textos poéticos que les dedicara a sus hijos Lorenzo y Raquel. 

Allí estuvieron gentes del mundo de la cultura (incluida Érika, la diseñadora de la estupenda cubierta de Céfiro), personas cercanas a la autora (magníficas lecturas las de Ana y Carmen), que arroparon con su afecto el encuentro.


Y entre esas personas reseñables cabría destacar al todoterreno Ramiro Pinto, promotor del Ágora de poesía e impulsor de este proyecto, hecho realidad, de publicar a varios autores/as de León, entre ellos a Lidia Fos, que escribe con sensibilidad, con dulzura, con emoción, en definitiva, como es ella, porque la escritura es un fiel reflejo de como es uno. 

Una presentación cuyo formato resultó ser original (en la medida en que algo puede ser original, tan difícil), o al menos algo que enganchó al público, numeroso para los tiempos que corremos, donde todos son miedos, el miedo al contagio de un virus que nos está trastocando. Mas no debemos dejarnos, dejar que este maldito virus (creado por el mismo demonio) acabe con nuestras esperanzas y empañe o literalmente anule nuestros horizontes, nuestras ilusiones. Al menos la ilusión de continuar en la senda de la vida con proyectos, con sueños, como este hermoso sueño de Lidia Fos llamado Céfiro, ese viento cálido que nos arrulla y nos colma de felicidad. 

Mucha felicidad, mucha salud para ti, querida Lidia. 

Larga y emocionante vida. 

martes, 29 de septiembre de 2020

En la Fundación Merayo

 Conozco a la artista Ángela Merayo desde hace tiempo. Creo que fue el bueno de Jovino Andina quien me la presentó en Bembibre, de donde ella es originaria, creo recordar, aunque naciera en la capital del Bierzo.

Desde aquel entonces establecimos contacto, aunque no nos hayamos visto en tantas ocasiones, algunas de las cuales han tenido lugar en el campus de Ponferrada, con motivo de algunas exposiciones. Mas es evidente que hubo conexión desde el inicio. Y ella siempre se ha mostrado hospitalaria, generosa conmigo, lo cual le agradezco. Pues es Ángela una mujer cercana. Y una pintora y escultora reconocida, que tuvo la genial (y atrevida idea, por qué no decirlo) de crear una fundación, fundación que lleva su nombre, o su apellido, en la localidad leonesa de Santibáñez de Porma, a orillas del río Porma, en la calle del Molino, en plena naturaleza.

Un espacio inspirador, que me cautivó nada más poner los pies en el mismo. Pues recientemente (el pasado viernes, nomás, que diría un hispano) pude presentar mi libro Del agua y del tiempo en su fundación. 

En realidad, el libro fue un pretexto, un motivo (que queda mejor) para hablar de literatura, de lo que uno entiende en realidad acerca de la escritura, de la escritura creativa. Y de paso hacer referencia a lo que contiene el libro, que a uno le gustaría que fuera vida, porque la literatura debe ser vida, de lo contrario se queda en algo meramente artificial.

La literatura (dejémoslo en escritura) como algo vivo y una prolongación natural de la vida. Escribir para expulsar la bilis, el veneno que llevamos debido a nuestro estilo de vida falso, decía el coloso Henry Miller, al que recuerdo a menudo como una voz poderosa, única. Escribir con la tinta de la sangre, con el fluir de la corriente sanguínea. Fluyendo como esos ríos que van a dar a la mar, que es el morir. Vida y muerte como caras, o cara y cruz de una misma moneda... de cambio.

Eros y Tánatos en fusión. Después de todo, sólo existen tres grandes temas: el amor, la vida y la muerte, como dijera el genio Rulfo. Porque la escritura es estilo, es forma, antes que contenido. Belleza formal, aunque esta debería tocar o meter el dedo en la llaga. Hurgar en el subconsciente humano/animal. Abrirse paso a través de las entrañas. 

Nada más llegar a la Fundación (en entrañable compañía), sentí como la visión de haber aterrizado en algún lugar de Hispanoamérica, porque la Fundación me hizo recordar a una hacienda o una estancia. Y eso me invitó a volar. A soñar. Siempre tras los sueños. Y los vuelos. Los vuelos, como esas cigüeñas que asoman sus picos en los nidos colgados de los campanarios de las ermitas o los castaños, incluso de algún poste de la luz. 

Ángela y Jesús nos esperaban con amabilidad, como buenos anfitriones, para mostrarnos, por fuera y por dentro, su hacienda, su casa, para enseñarnos su mundo artístico, para adentrarnos en su capilla, que fue el lugar elegido para presentar Del agua y del tiempo, para charlar sobre las palabras, que a uno le gustaría que engendraran amor, afectos. 


Jesús nos contó historias acerca de esta hacienda, que llegó a ser seminario, una casona o casa señorial, solariega, perteneciente a la familia Arriola, que aparece (aunque no recuerdo este dato, debería releer esta obra) en Luna de lobos, del gran Llamazares, que el camarada Sánchez Valdés (nuestro profe en la ex Escuela de cine de Ponferrada) llevara al cine.

Y nos mostró sus exteriores naturales, incluido su molino (o lo que queda del mismo). Unos exteriores naturales que se me antojan cinematográficos. Para el rodaje de alguna peli. 

Y Ángela, por su parte, nos mostró una parte de obra y la de otros artistas (entre ellos el ex profesor de la Facultad de Educación de la ULE, Esteban Tranche). Y nos obsequió con unas uvas de su parra. Todo un lujo. 


Ricardo Magaz

Ante un auditorio no muy numeroso, pero sí enteramente entregado y entendido en la materia, en la materia de las palabras versus las imágenes (me atrevería a subrayar, pues por allí estaban escritores de la talla de Ricardo Magaz, gracias Ricardo, o bien la amiga pintora Cristina Masa, gracias Cristina), me sentí muy a gusto. 
Lástima la lumbalgia. Los achaques propios de un tipo que ya supera la cincuentena. Algo habrá que hacer para estar más en forma. Ejercitar más la musculatura, no sólo la cerebral. 

Agradezco también a Rosa que me presentara ante el público, una presentación con palabras entrañables acerca del libro. Y que todo fluyera a pesar de que la tarde-noche se presentó fresquita. Bueno, en la capilla, donde hicimos la charla, no pasamos frío. Estábamos bien arropados.

Algún día volveré, volveremos, a esta hacienda con sabor hispanoamericano situada a orillas del río Porma. 


miércoles, 23 de septiembre de 2020

La fragua literaria leonesa: Juan Álvarez Iglesias

 

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Juan Álvarez Iglesias: “No sería capaz de vivir sin leer porque es lo que me anima en los malos y buenos momentos”

El joven poeta Juan Álvarez Iglesias, autor de 'El diccionario apócrifo', desea que su próximo libro verse sobre una experiencia real. Un libro escrito con sangre. Que sea estéticamente bello y la vez invite al lector a una reflexión profunda.

Juan Álvarez Iglesias poeta escritor La Fragua Literaria Leonesa
Juan Álvarez Iglesias.
Manuel Cuenya | 23/09/2020 - 10:21h.

Se alegra uno cuando descubre a un joven talento como es el caso del leonés Juan Álvarez Iglesias, apasionado de la literatura clásica, que acaba de comenzar la carrera de Filología en la Universidad de León esperando formarse en lengua y literatura con el fin de aplicar sus conocimientos adquiridos a su modo de encarar la poesía, la literatura en general. No en vano, ya ha editado su ópera prima, 'El diccionario apócrifo' a través de Mariposa Ediciones, que es asimismo una joven editorial que nace con la idea de dar cabida a nuevas voces y está liderada por la poeta y dinamizadora cultural Marina Díez: https://www.ileon.com/cultura/071870/marina-diez-es-liberador-para-una-persona-tan-pasional-en-todo-lo-que-hace-como-yo-el-poder-desahogarse-en-papel.

'El diccionario apócrifo', cuyo título hace referencia a lo oculto, en ocasiones a lo prohibido, es un libro vital en el sentido de lo que su creador entiende qué es la vida con sus diferentes etapas. "Cuando oigo la palabra 'apócrifo' no puedo dejar de pensar en los evangelios apócrifos, en las variantes que presentan sobre la figura de Cristo o del pueblo de Israel".

Acerca de Mariposa Ediciones, el poeta Juan Álvarez, que ha participado en recitales como Coronio o en el festival del Ollagoru, se siente agradecido por darle la oportunidad de publicar su ópera prima. Y sobre Marina Díez dice que en el trato personal es muy cercana y una editora muy activa, siempre dinámica, que siempre tiene muchos proyectos en mente.

"Creo que ella es la mejor valedora y que sus versos hablan por sí mismos; es emocional y trabajadora; admiro mucho cómo es capaz de cuidar de su familia mientras dirige con diligencia Plataforma a la vez que lo hace con la editorial".

Se alegra uno de que existan jóvenes poetas como Juan y editoriales como Mariposa que pongan en valor la cultura leonesa, tan importante, ahora más que nunca, en estos tiempos convulsos que estamos viviendo a resultas de esta crisis vírica, que lo es en todos los ámbitos, desde el sanitario hasta el económico, pasando por lo social, psicológico, político... Y por supuesto el ámbito educativo y cultural.

A este respecto, cree Juan Álvarez (colaborador de antologías como 'Poetas en León') que estamos asistiendo al fin de una era, lo que supone un trauma colectivo. "Europa y América, tal vez el mundo entero, vivíamos una época de relativa paz, sin grandes conflictos como las guerras mundiales, creo que perdimos la perspectiva y nos creímos ese cuento... pues bien parece ser que no. Esta pandemia está afectando a la gente directamente desde el punto de vista económico, político, afectivo, pero está afectando también de forma casi imperceptible al tejido mismo de nuestros valores", señala, consciente de que desde 2008 (allí ya se apuntaba la crisis financiera, la debacle económica) hemos visto que las nuevas generaciones cada vez estaban más descontentas con el sistema –apunta–, "un sistema que se ha probado nefasto en tiempos de necesidad, tal vez en un futuro esta catástrofe (que en griego tiene un significado tan acertado) sea el punto de inflexión en la historia del sistema. También me interesa el cómo esta pandemia y el confinamiento están haciendo aflorar esa crisis de valores que veníamos arrastrando desde hace tiempo, así como algunas contradicciones en la democracia liberal. No me gusta aventurarme en el futuro, pero sospecho que sí traerá consecuencias, cuáles, solo el tiempo lo dirá... Tampoco podemos saber si nos va a llevar a unos 'happy twenties', a un Renacimiento, a una Edad Media o a algo totalmente distinto", expone con humor este miembro del grupo Plataforma y asiduo al Ágora de poesía.

"Europa y América, tal vez el mundo entero, vivíamos una época de relativa paz, sin grandes conflictos como las guerras mundiales, creo que perdimos la perspectiva y nos creímos ese cuento... pues bien parece ser que no. Esta pandemia está afectando a la gente directamente desde el punto de vista económico, político, afectivo, pero está afectando también de forma casi imperceptible al tejido mismo de nuestros valores"

En la tierra de los dioses,/ en la morada de los monstruos,/ yo habito en su nombre,/ soy el pasado de los vientos./ El yeso cubría mi cara, ensangrentada, /cuando el caos se abalanzó sobre mí, /y su muerte me rodeó, mas no me llevó/ al lado de la caprichosa dama pálida./En esa tierra la arena era verde,/ las hojas de color púrpura,/ hay seres de formas extrañas/ que moldean las pesadillas./ No hay casas, ni nada más,/ solo un bosque de color ocre/ donde se escriben nombres/ que las nubes susurran de noche./ En la tierra de los dioses,/ en la morada de los monstruos,/ yo soy un ermitaño,/ un ser casi humano./ Las huellas de mis zapatos se borran,/ el sol da una luz parda,/ las nubes cubren casi todo el cielo,/ su alma es tan oscura como la mía./ No hay cuevas ni nada que explorar,/ la ceniza natural cubre el mundo,/ está todo desolado, sin vida,/ el agua es una visión psicodélica./ Se puede andar y caminar/ sin encontrar nada más que soledad,/ aunque si mirara al suelo/ encontraría el agua que anhelo./ En la tierra de los dioses,/ en la morada de los monstruos, /yo tengo un trono/ hecho de recuerdos.

(Juan Álvarez Iglesias, 'La tierra de los dioses y monstruos', poema incluido en 'El diccionario apócrifo')

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon.com: https://www.ileon.com/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/111877/juan-alvarez-iglesias-no-seria-capaz-de-vivir-sin-leer-porque-es-lo-que-me-anima-en-los-malos-y-buenos-momentos)

viernes, 18 de septiembre de 2020

Poetización de pasos de cebra en Ponferrada

 Quiero agradecer expresamente al amigo escritor Ruy Vega que tuviera la magnífica idea de poetizar algunos pasos de cebra de la ciudad de Ponferrada. Con la ayuda por supuesto del Ayuntamiento de la capital del Bierzo, en concreto de la Concejalía de Cultura liderada por Conchi, a quien recuerdo como profesora de Francés de la Escuela de Idiomas. Y también de varios autores y autoras de la tierra. 

A veces las ideas se quedan sólo en eso, en ideas, pero en otras ocasiones las ideas se materializan, como ha ocurrido esta vez. Y siente uno satisfacción de verse plasmado en uno de los pasos de cebra, justito enfrente de la antigua Sindical (Instituto Virgen de la Encina). Vaya aquí mi colaboración. 


Así que necesitamos a más gente como Ruy Vega, que además escribe con gran sensibilidad. Magníficas las cartas a su padre. Magnífico Ruy. Es probable que la sensibilidad, aparte de estar emparentada con el arte, lo esté con la bondad. Con la hospitalidad. 

Y Ruy Vega es un hombre bueno y sensible. No lo perdáis de vista. 

Como autor de ciencia ficción comienza a cosechar sus frutos. 

Y creo que pronto podremos leer un poemario suyo. 

Tiempo al tiempo.  



jueves, 17 de septiembre de 2020

La fragua literaria leonesa: Lidia Fernández Osuna (Lidia Fos)


LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Lidia Fos: "La literatura debe servir para expresar desde las más profundas reflexiones filosóficas hasta los más íntimos sentimientos"

La poeta y narradora Lidia Fos, autora de 'Céfiro', continúa con su blog  y está trabajando sobre un libro de relatos. La presentación de 'Céfiro' en la ciudad de León está prevista para el sábado 26 de septiembre junto al narrador Lorenzo Martínez y Manuel Cuenya como prologuista.

Lidia Fos
Lidia Fos. Foto: Manuel Cuenya
Manuel Cuenya | 17/09/2020 - 09:31h.

Autora del reciente poemario 'Céfiro', Lidia Fernández Osuna, más conocida en el mundo literario como Lidia Fos, es una poeta con una estupenda vena narrativa. Y una narradora con una magnífica vena poética. Con gran sensibilidad. Y una fina percepción de la realidad. Eso es lo que nos muestra no sólo en su ópera prima sino en todo lo que escribe, como es su blog personal.

Leonesa con orígenes bercianos, por vía materna, Lidia Fos es una enamorada de su ciudad natal, a la que califica como su fuerza, su ciudad-pueblo, donde ha crecido, en su opinión, al amor del frío y del carácter aguerrido de los leoneses. En la 'Capital del Invierno', como define la poeta Marga Merino a la capital leonesa. Tal vez el frío haya sido un factor decisivo a la hora de que se forje un carácter fabulador en el alma leonesa. Quizá por esto (y aun por otros motivos) se inventó el filandón al amor del brasero en noches invernales.

"Siendo niña gustaba mucho de ir a la Catedral de León para admirar su grandeza, sumirme en el misticismo y dejar volar la imaginación hasta la Edad Media y sus gentes, a las que no visualizaba tan distintas de mis paisanos", precisa Lidia, a quien la provincia leonesa le resulta fascinante, "llena de contrastes".

En especial siente admiración por el Bierzo, esa comarca singular donde tiene sus raíces, ese "vergel que bebe de las vecinas Galicia y Asturias haciendo de él un auténtico espacio mágico". Aunque también está fascinada con todos los lugares que ha podido recorrer de su provincia.

Una provincia, la leonesa, que estaba viviendo, según ella, una época dorada, antes de que llegara la pandemia del Covid, con el lanzamiento de autores noveles, "que, a través de diferentes espacios, habían ido encontrando su lugar".

En este sentido, le entusiasman las diferentes formas de expresarse de cada autor, tanto en verso libre como en prosa poética. Y destaca algunos encuentros literarios como 'Cuento cuentos contigo', que organiza el  poeta y fotógrafo argentino afincado en León Marcelo OBT. O bien L'Ékole Poetique, que coordina P. J. Chelmick, "poeta transgresor y muy activo en la vida cultural de la ciudad". Y por supuesto reseña la labor que realiza el todoterreno del Arte y de las Letras Ramiro Pinto, que fue el promotor del Ágora de la poesía, evento consolidado en el que Lidia Fos se inició públicamente como poeta.

"El Ágora es el escenario perfecto para acercarse a la poesía tanto como oyente entregado como para compartir versos y letras propias. Ha sido mi puerta para adentrarme en la vida cultural de la ciudad"

"El Ágora es el escenario perfecto para acercarse a la poesía tanto como oyente entregado como para compartir versos y letras propias. Ha sido mi puerta para adentrarme en la vida cultural de la ciudad de la mano de la poeta Carmen González Pinillas. En el Ágora he encontrado el lugar donde poder compartir mis emociones y conocer a autores fascinantes consagrados y noveles", señala Lidia, que estuvo el pasado mes de agosto en el Encuentro Literario de Noceda del Bierzo.

Cuenta que escribe desde que tiene memoria componiendo un diario con sus emociones y sentimientos. Que la lectura de 'Mujercitas', de May Alcott, fue reveladora para ella. Pues se identificaba con la protagonista "de una historia familiar entrañable en el marco de una guerra absurda, como lo son todas". No obstante, escribir/publicar un libro le parecía un sueño imposible, que ha logrado realizar. A veces los sueños se cumplen. Y este, por fortuna, se ha cumplido.

Apasionada de la lectura (imprescindible para poder escribir de un modo creativo/constructivo), le parece que leer es un ejercicio íntimo, infranqueable, que debe llegar al alma y provocar reacciones del tipo que sea, a saber, amor, odio, deseo, entre otras emociones. "Si no logra causar esas reacciones, son letras vacías... porque la literatura es el compendio de esas emociones. Y debe servir para expresar desde las más profundas reflexiones filosóficas hasta los más íntimos sentimientos".

Así entiende Lidia la literatura, entusiasta de poetas clásicos como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, cuya poesía le atrae por su sencillez y a la vez profundidad. O bien Lorca, que era, a su juicio, absolutamente excepcional en todo lo que escribía, ya fuera poesía, teatro, narración, "un genio que se movía entre la ternura y la crudeza con una escritura extraordinaria".

Cree Lidia que la poesía se encuentra en la vida más cotidiana, expresada con emoción. "Es la belleza de lo cotidiano convertido en palabras. Debe ser comprensible, crear imágenes y emocionar", resalta la poeta y narradora leonesa, a quien le gusta el estilo sobrio y directo de la escritora estadounidense Pearl S. Buck así como el estilo, también directo, además de expresivo e intenso, de Gabriel García Márquez.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon.com: 

https://www.ileon.com/cultura/111677/lidia-fos-la-literatura-debe-servir-para-expresar-desde-las-mas-profundas-reflexiones-filosoficas-hasta-los-mas-intimos-sentimientos)

sábado, 12 de septiembre de 2020

Érase una vez un personaje de cuento: Somiedo

Érase una vez una tierra hermosa, muy hermosa, como un personaje de cuento, un cuento que durmiera con serenidad a la sombra de un bosque prehistórico, con sus altas y frondosas montañas, sus hórreos y sus paneras, sus brañas y sus lagos. Y por supuesto con sus osos pardos, del color del techo (teito) de sus casas. 

Parque natural de Somiedo

Los osos, acaso amorosos, hibernaban durante los inviernos, algo fascinante, tal vez porque al soñador (se alquila para soñar) de este cuento también le gustaría  hibernar (sobre todo ahora que se nos vienen encima tantos virus, no sólo el Corona del Reino Mayor). Hibernaban para luego salir saludables al monte en busca de alimentos y luz solar, dispuestos como estaban a bailar una danza ancestral. La danza, siempre la danza. La danza es vida y la vida es danza (como ya apuntara el soñador en su pizarra escolar, que en algún momento, por arte de magia, debió de transformarse en tablet)


Hubo una vez un sueño. Y este sueño se cumplió. A veces los sueños, como los años, se cumplen. Hasta que dejan de hacerlo. Pero este sueño se cumplió en forma de Somiedo, en una Asturias remota y salvaje, parque natural y Reserva de la Biosfera, que sigue siendo una tierra hermosa, muy hermosa, como un personaje de cuento revestido de carne, hueso y alma. 

El sueño se cumplió hace años. Y ha vuelto a cumplirse recientemente, en este mes septembrino de cosechas y veranillos de San Miguel. Sin Encinas y sin Cristos. Al menos este año. Que el que viene -ya no será bisiesto-, las diosas y los dioses de los olimpos dirán. Algo tendrán que decir. Mientras, sigamos soñando, para que los sueños, al menos los buenos, se carnalicen. Y tomen espíritu de realidad. Con su sensual textura. Y el perfume embriagador de una naturaleza en estado puro. 

La Peral

 Los sueños, cuando son tan intensos, tan nítidos, a menudo se cumplen. O eso desea creer el soñador, este soñador que no puede dejar de soñar, ni siquiera en momentos de vigilia. 

Desde entonces (cumplido el sueño), los osos del color de los techos/teitos de las casas de este espacio llamado Somiedo asoman sus hocicos entre el verdor aromático de sus montañas, dejándose por instantes filmar o atisbar por unos seres, que, provistos del aparataje pertinente, ansían ver a animales tan bellos, bellos como toda la naturaleza esplendorosa que los rodea y les sirve como hábitat natural. Su gran casa. La Casa de su Ser. Son estos mismos osos quienes se adentran en Babia (llegando a estar en Babia, como los humanos), transitan por la tierra de la Omaña o por la comarca de Laciana y acaban coronando la mítica Sierra de Gistredo (el útero, la matria, nuestro Macondo, nuestra Región). Para bajar, entre otras labores (supone el soñador) a zamparle las colmenas a Senén o bien a Toño (Tónicas).

Pola de Somiedo

Y es que a los osos les encanta el dulzor de la vida. El sabor del brezo, del blanco y del rojo (Blanco, Rojo y Azul, como la trilogía del cineasta polaco Kieslowski). Tal vez la danza de las abejas. Una vez más, se impone la danza como motor vital. 

Son esos mismos osos (o sus parientes, sigue suponiendo el soñador de este cuento plasmado por escrito) quienes se aproximan a las cordilleras de Salientes, en el Bierzo Alto, como le contara al soñador otro personaje de cuento, Antonio Robles, que vive en la cabaña (hotel rural, si lo prefieren los lectores y lectrices) llamada Mil madreñas rojas, cuyo nombre evoca un cuento arábigo. Como las mil y una noches. Teniendo que imaginarse las novecientas noventa y ocho madreñas o galochas restantes, habida cuenta de que sólo nos reciben dos madreñas a la entrada de su casa. ¿O  quizá el cuento haya variado con el transcurrir de los años? 

A Antonio Robles, que es el sobrino nieto de un gran contador de historias, llamado Antoniorrobles, le gusta avistar osos en la tierra de Salientes. "A lo lejos, Salientes se abre como una aldea bereber. Esta es sólo una impresión, tal vez un espejismo en medio de una naturaleza esplendorosa. Atravieso puentes y corredoiras antes de alcanzar esta tierra aromatizada con lo astur-leonés, que mira hacia imponentes picos, y donde los osos pardos campan a sus anchas", escribe el soñador en sus Mapas afectivos"Y es que al soñador, además de soñar, le gusta contar, también por escrito. 

Asegura el paisanaje de la zona de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, uno de los puntos de partida para treparse al legendario pico Catoute, en las estribaciones de la Sierra de Gistredo (el otro punto de partida es Salentinos, otro pueblo de cuento), que también ha llegado a toparse con algún oso pardo cual si estuviera en El Tío Perruca, que es otro cuento escrito (quizá también soñado) cuyas raíces siguen estando en esta tierra conocida como Bierzo Alto, en concreto en el valle de Bubín en Igüeña. 

El soñador no deja de soñar ni por un instante. Y de repente se ve sumido bajo una niebla espesa, la cual podría cortarse con un cuchillo jamonero (esto queda demasiado prosaico), tal vez con una navajina de Taramundi (que queda más exótico, Taramundi es territorio perteneciente a esa Asturias remota que linda con su hermana Galicia). Una niebla propia de una película de terror (qué exagerado) cual si se hubiera adentrado de lleno en el expresionismo alemán (al soñador no le apetece en este momento comenzar a dar explicaciones de qué es el expresionismo alemán, que se lo imagine nuestro público, por favor). 

Envuelto en una niebla, que no da para ver un burro a tres pasos (es lo que rememora el soñador que se decía en tiempos en su pueblo, cuando bajaba la niebla a las praderas que estaban a orillas del río), el soñador (en compañía de una soñadora) se lanza, palo en ristre, a conquistar (es un decir) los lagos de Saliencia. La niebla puede resultar bella, estéticamente atractiva, pero impide a los soñadores (qué magnética película de Bertolucci) ver más allá, penetrar, sin candil en mano, en las entrañas de las cosas, de los paisajes.


Y eso se les antoja un inconveniente. Los soñadores, tal vez con una imaginación desbordante, intuyen los lagos bajo paisajes en la niebla (como en la película de Angelopoulos). 

En un anterior cuento, el soñador logró descifrar los arcanos de los lagos de Saliencia, con sus contornos bien definidos y sus aguas, cada lago con sus matices, sus tonos y sus aromas (como el lago de la cueva, con su colorido y perfume ferruginosos). 

Y en este cuento, el soñador, que se muestra persistente, incluso cabezón (yendo incluso más allá de sus posibilidades, ya que no estaba del todo católico en lo físico) logró ver por instantes (siempre en compañía de la soñadora) uno de los lagos (tal vez el lago Ness, aunque sin monstruo que lo habitara). 

Fue un visto y no visto, porque aquella niebla, tupida, contundente y veloz (veloce, como dicen en bella Italia), volvió a cubrirlo todo en menos que canta un gallo. 


Aunque el soñador no crea en milagros, se hizo el milagro, permitiendo percibir uno de los lagos (el Calabazosa), brumoso y difuminado, como una estampa irreal cargada de poesía. La auténtica poesía, cree el soñador, debería brotar de las entrañas de la tierra. Y por supuesto de las entrañas de las personas. 

Lo que parece haber olvidado el soñador (ya que este es un cuento reciente) que la ruta por los lagos de Saliencia no es tan sencilla como la recordaba en su anterior cuento, de hace unos ocho años. Qué traidora es a veces la memoria. O qué viejuno se ha vuelto el soñador. Ocho años pesan, en todo caso.

Pola de Somiedo al fondo

Desde Pola de Somiedo los soñadores (qué lindo), después de una carretera en curvas, envueltos en la niebla (la niebla ya sobra) trepan cual ciclistas profesionales hasta el Alto de la Farrapona, que es frontera con la provincia de León. Lástima que para acceder a la Farrapona desde Torrestío (en el valle de San Emiliano, en Babia) se necesite un todoterreno, ya que se trata de una pista de terracería, como dirían en México. 

A decir verdad (eso cree el soñador) la ruta a los lagos de Saliencia es relativamente sencilla, sobre todo si se compara con la subida como las cabras y los chivos a aldea de Bulnes desde Poncebos en un día donde arrecia el calor y la sofoquina es intensa. Los soñadores pueden dar fe de este otro cuento en las Asturies de los Cabrales. 

Pola de Somied

El soñador se entretiene reflexionando (pues, además de soñar, le gusta pensar, incluso en las facturas de la luz y del agua, vulgar que es también, pues no resulta nada fácil ser sublime sin interrupción, como quisiera el poeta Baudelaire, el de las flores malditas) en que la bella Asturias luce tan verdosa acaso por su clima, tan singular y neblinoso, pues al otro lado del Puerto de Somiedo, ya en la Babia leonesa, el clima, al menos en este cuento reciente, se volvió azul y cálido como en un verano idílico. Tal que si el sueño se hubiera trastocado. O vuelto del revés.  

El soñador sigue creyendo que los ecosistemas pueden variar en pocos kilómetros. Donde en uno era todo luz, en el otro se torna todo sombrío. O neblinoso. En cuestión de segundos el clima se resuelve de un modo u otro resultando alucinatorio y aun delirante.

El soñador disfruta en el camping Lagos de Somiedo (con sus teitos o cabañas y su río y su paisaje), que se sitúa al lado de Valle del Lago, desde donde se puede excursionar hasta el lago del Valle. Todo se queda en valle. 

Zona de Valle del Lago

Y recuerda asimismo que en Pola de Somiedo (el centro urbano neurálgico de este territorio) también hay un camping y aun otros muchos alojamientos. Y por supuesto excelentes restaurantes donde echarse un bocado y una sidrina. 

"Os recomendamos la Casa Carión", les dicen unos excursionistas a los soñadores, lo que de algún modo acaba compensando el esfuerzo realizado bajo la niebla en la ruta a los lagos. Un cachopo enorme, que es un filetón relleno (de jamón o cecina, queso, entre otros nutrientes) hace las delicias de los soñadores, que se sienten en gloria. 

El sueño (en forma de viaje) continúa por las veredas del Puerto de Somiedo.

La Peral al fondo

A lo lejos, llama poderosamente la atención una aldea. Es La Peral. Los soñadores comienzan a tener apetito (en los sueños también se despierta el apetito). Y va siendo hora de almorzar. Qué mejor sitio que sentarse a los pies de La Peral, en una zona preparada para tal menester. Con mesas y hasta una fuente. Pero lo mejor aún está por llegar. "Hay que recorrer la aldea", se dicen los soñadores, con la idea de que, desde esa altura, La Peral se convertirá en un mirador perfecto. Algo llegan a contemplar. 
Teito en La Peral

Pero de repente la niebla espesa, que los acompaña casi en todo momento, se dispone a engrisar el panorama. Además de la niebla (que ya es todo un personaje del cuento, como el viento de Luvina, el cuento mágico del mexicano Rulfo), se topan con unas vacas, que sestean tumbadas con placidez en el prado. Y aun se encuentran con unas chicas, sonrientes ellas, que se dirigen a los soñadores. Es probable, casi seguro, que ellas sean unas soñadoras. "Está chulísimo", aciertan a decirles a los soñadores, pero cuando estos alcanzan el mirador, un mirador en toda regla, la niebla ya ha cubierto todo.

En La Peral

Sopla un viento casi gélido. Sólo en este punto la niebla, que cala los huesos de los soñadores, es capaz de invadirlo todo. Lo que no es obstáculo para seguir con la visita de la aldea La Peral (La Peralona, así le dicen a un sitio del útero de Gistredo), los soñadores vuelven a encontrarse con las chicas miradoras, que están en la terraza de una casa, ellas y un tipo con barbas, que parece todo un experto montañero. Se saludan (los soñadores con las chicas y el hombre de la barba), entablando una breve pero sustanciosa charla. Ellas han ido desde Avilés a visitarlo a él, que acaba contándoles a los soñadores que conoce el Bierzo. Incluso ha coronado el Catoute.
En La Peral

Ya decía el soñador que este chaval era un conocedor de las montañas y los picos. A los soñadores les hubiera gustado continuar con la plática. Pero deciden proseguir su camino. Y recorrer la aldea de La Peral, que luce como de otra época con sus teitos, sus construcciones ancestrales, que son como las pallozas ancaresas del Bierzo, en las que ya no viven los humanos, como les recuerdan a los soñadores unos paisanos del pueblo, que toman la fresca (es un decir) a la entrada de un teito. Tal vez sean los custodios del mismo (es otro decir). Los soñadores entablan otra breve charleta con los paisanines del pueblo. "¿Pero en este pueblo habrá bar, verdad?", preguntan los soñadores. "Bar y alojamiento", responde alguno de ellos, quizá el más joven de todos. 

Así que los soñadores se dirigen hacia el bar para refrescarse con una sidrina (en esta parte del pueblo no atiza la niebla, quién lo diría, siendo un sitio tan renacuajo). Y desde este punto, más o menos, sale una ruta de senderismo hasta Villar de Vildas, que es aldea remota a la que el soñador viajara hace años, en aquel viaje (cuento) en el que lograra ver con nitidez los lagos de Saliencia. 


Ya va siendo hora de despedirse del bar, del pueblo, y encaminarse hacia Babia, que queda bastante cerca, en espacio y en tiempo. Pero La Peral ha impactado a los soñadores, que deciden, desde ese mismo momento, que volverán a poner los pies en este lugar en cualquier momento. Tal vez ya de cara a la próxima primavera. La eternidad y un día. El tiempo. Siempre el tiempo. Todo es cuestión de tiempo. 

Con las mismas, los soñadores ponen rumbo hacia Babia. Y una vez en esta tierra deciden girar hacia su izquierda en dirección a La Cueta (a las mismísimas fuentes del Sil, las fuentes del Nilo, dice el soñador en un desliz lingüístico, o lingual, que más da). 

Pero esto ya daría para otro sueño. O bien para otro cuento.