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viernes, 27 de noviembre de 2020

A nuestra querida paisana berciano-porteña Isolina

El fallecimiento de nuestra querida paisana berciano-porteña Isolina. En mi pueblo siempre oí decirle I(r)solina. Con esa erre en medio le da como más sonoridad al nombre. Sea como fuere, Isolina se nos ha ido, acaso a tocar el arpa con el arcángel San Gabriel, que así dicen en México lindo y querido, pero ella se habrá ido a algún cielo argentino, al bonaerense, nomás, que allí/allá es donde vivía desde hace muchas décadas, tal vez más de sesenta años. 

El fallecimiento de nuestra vecina (casi familiar) de la calle de la Parada en Noceda del Bierzo coincide casi casi con la muerte del astro del fútbol, Diego Armando Maradona, al que todo el mundo quiere velar, darle un último adiós, antes de ser sepultado. Así que la Argentina está de riguroso luto por uno de los más grandes futbolistas de la historia, acaso el más grande, el pibe, el fenómeno que ganó el solito un Mundial de Fútbol. Y elevó al Nápoles italiano a las cotas más altas. Dejé de ser futbolero hace tiempo (el fútbol aporta entretenimiento, nada más, el opio del pueblo), pero reconozco que Maradona era una estrella en este deporte. Y siempre me han gustado ver los Mundiales, las Eurocopas, los grandes encuentros entre selecciones, incluso en la actualidad. Otra cosa, quede claro, es la vida privada de El Pelusa, que ahí ni entro ni salgo, porque, cada quien, vive como puede y le dejan. Que somos muy dados al cotilleo, a los chismes, a meternos donde nadie nos llama ni nos da bola, ni manija, ni siquiera vela de entierro. 

https://cuenya.blogspot.com/2009/11/argentina-un-sueno-de-infancia.html

Qué tristes, los entierros. Y qué pena, tanto la muerte de Maradona como la de nuestra paisana (casi familiar) Isolina, la hija de Marcelino y Teresa, y la hermana de Josefa, Sindo (ya fallecidos también) y Fines, que aún vive por fortuna en el útero de Gistredo. Mi gratitud a su sobrio carnal Javi por enviarme una fotina suya. 

La última última vez que Isolina visitó su pueblo natal de Noceda del Bierzo aún vivían Josefa y Sindo, incluido mi padre, hace ya varios años. No recuerdo exactamente cuántos. Espero, en todo caso, que se haya quedado con buen recuerdo de la tierra que la vio nacer. Isolina fue una de tantas emigrantes/migrantes que diera Noceda del Bierzo a las Américas. 

Siempre he sentido afecto por la Argentina, tal vez porque idealizaba, siendo un rapacín, aquel país lejano, al que iban a hacer las Américas los nocedenses. O al menos emigraban en busca de un futuro dorado que su tierra les negaba.  

El mítico Tortoni en Buenos Aires. Foto: Cuenya

En la Argentina -donde tuve la ocasión de viajar hace años-, aún siguen viviendo algunos descendientes de Noceda como es el caso de José Antonio González Rodríguez, quien además ha colaborado con la revista La Curuja. Y en la Argentina también vive Abel Cuenya -a quien tuve la ocasión de conocer en el Bierzo-, el gran Américo Vázquez Vuelta, entrañable persona, escritor, médico, que de guajín estuvo en casa del hacendado Felipe (Felipote) como criado. 

https://cuenya.blogspot.com/2015/03/la-fragua-literaria-leonesa-americo.html

Y en ese país exótico, donde los asados son una delicia gastronómica (asimismo se comen pizzas exquisitas, tan buenas o más que en Italia), también vivían los doctores Jorge Benozzi y Alejandro Vernero, a quienes se tragó el mar/la mar en una desafortunada travesía desde Buenos Aires a Río de Janeiro. Un recuerdo cariñoso para ellos, que me trataron con hospitalidad durante mi estancia allá. Del lado de allá. 

Jorge en Buenos Aires y Alejandro en su estancia de la provincia de Entre Ríos. 

http://cuenya.blogspot.com/2014/12/naufragio.html

Jorge y Alejandro eran grandes amigos del amigo y colega Eduardo Keudell, periodista y escritor argentino, ya berciano, con quien tantas aventuras compartiera en la ex Escuela de cine de Ponferrada. 

El fallecimiento de nuestra querida paisana (casi familiar) Isolina me ha hecho rememorar tantas cosas. 

Da la impresión de que, a partir de una edad, ya todos fueran recuerdos. 

jueves, 26 de noviembre de 2020

La fragua literaria leonesa: Ángeles Basanta

 

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Ángeles Basanta: "La poesía es de los pocos lugares íntimos que quedan donde la inteligencia puede aún manifestarse"

La periodista, filóloga y poeta bembibrense Ángeles Basanta, autora de poemarios como 'Tan solo un gesto' o 'Arde la zarza', está escribiendo ahora un libro de relatos de ficción y también en un poemario.

Ángeles Basanta
Ángeles Basanta. Foto: Manuel Cuenya
Manuel Cuenya | 26/11/2020 - 13:31h.

Subiremos al monte de la mirra,
Llegaremos al monte de la mirra
y el incienso, plantaremos cedros
y acacias, olivos y mirtos,
En vez de ortigas, cortaremos
las malas hierbas, y recogeremos
casias, corandros, mandrágoras,
la flor del áloe, por el sendero.
Después de atravesar la encrucijada,
Vencido el basilisco y el erizo,
Lanzados los carbones
Sobre la cabeza del enemigo,
dulcificado el ajenjo de sus palabras,
el azufre y sus tormentos del Averno,
muerto el áspid, tomaremos el bedelio,
y nuestras almizcleñas manos
de sahumerios, incienso y mirra
rociarán las casas de los nuestros,
las casas de nuestros antepasados,
las siete letras de nuestros nombres...

(Ángeles Basanta, de su poemario 'Tan sólo un gesto')

Licenciada en Periodismo, Ángeles Basanta ha cursado también un doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de León y ejerce como profesora impartiendo clases de Lengua y Literatura.

Es autora de varios libros de poesía, entre ellos 'Arde la zarza', que es una vuelta a sus raíces, en concreto a la capital del Bierzo Alto, donde nació y creció durante los primeros años de su vida, que sin duda configuran nuestro ser.

'Arde la zarza' es un poemario singular en el que podemos rastrear la huella del poeta T.S. Eliot, que es sin duda uno de los grandes referentes de Ángeles Basanta. Pero también están presentes los espíritus literarios de Emily Dickinson, Ginsberg o el propio Borges.

'Arde la zarza' es precisamente un libro que le dedica a su padre Santiago, ya fallecido, quien fuera alcalde de Bembibre entre los años de 1965 y 1970. Cabe destacar que tanto su padre como su tío Ediberto, que es un prestigioso científico, según ella, cuentan con sendas calles en la villa del Boeza.

"De Bembibre tengo unos recuerdos imborrables del colegio francés al que iba con mis dos hermanas mayores. Del Bierzo tengo grabados los colores del otoño, los cambios de estación y el olor a castañas asadas en invierno", rememora Ángeles, cuya infancia ha podido plasmar de alguna manera en algunos de sus poemas. De Bembibre recuerda también con cariño a su tía Maru, que regentaba la librería Cobos. La infancia es algo que, de un modo inevitable, nos marca. Y nos configura como personas. "En la infancia se vive, luego sólo se sobrevive", llegó a decirnos el poeta Leopoldo María Panero. Aunque por desgracia en el mundo, algunos niños, algunas niñas, ni siquiera pueden vivir la infancia como sería deseable.

Sin edad,/ el caballero,/ al crepúsculo damasceno dormía/ en un jardín de las tierras de Balmia./ Dedo índice aplastado en tinta/ eco humilde de un judío/ machacado en el mortero./ Tal vez, confiado,/ vivo al fin/ en alfa o beta./ De la letra a/ hasta la zeta/ arde la zarza.

(Ángeles Basanta, de su poemario 'Arde la zarza')

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com, en este enlace:

https://www.ileon.com/cultura/113793/angeles-basanta-la-poesia-es-de-los-pocos-lugares-intimos-que-quedan-donde-la-inteligencia-puede-aun-manifestarse)





martes, 24 de noviembre de 2020

Colinas del Campo en el mapa de los sueños

Tras las colinas se intuye un mundo fabuloso, poblado por duendes y trasgos, sierpes y hechiceras capaces de leer el pasado como se leen los recuerdos en los posos de un café.  


Tras las colinas, perfiladas con la textura de la miel de brezo, se percibe un mapa pintado de sueños. 

En este mundo de fábula, los duendes y los trasgos, cual habilidosos artistas, pueden pintar los sueños con lápices de colores. Incluso pueden escribirlos con la tinta de la sangre. La sangre milenaria de los robles, los negrillos y los castaños. 


Tras las colinas, aromatizadas con la savia de los sauces, se avistan urogallos, que lucen vistosos prestos para una gala, como novios enamorados. 

Tras las colinas, con regusto a zumo de arándano, corre la sangre-vida por el río Boeza, que se abre como un acordeón en una danza sensual. Bailemos pues en este espacio tejido en la rueca de los afectos. 


Después de este baile-festín, nos dejamos arrullar por el agua, que discurre como un verbo bíblico por su cauce. De repente, sentimos el mundo bajo un firmamento tachonado de estrellas, cuyos guiños luminosos nos acarician la mirada. 

Trepamos las colinas en busca de la campa de Santiago de donde brota la lírica del río Boeza. La campa o campo de Santiago, con su ermita, nos hipnotiza, inyectándonos la historia en vena. En estos instantes, se despliega una panorámica glacial. Una belleza redonda. 


La sonoridad de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, un nombre con solera primigenia, nos lleva de la mano por entre un bosque tupido hacia un 
Bierzo alto, remoto, agreste, donde los osos también danzan a ritmo de flauta y tamboril como fantasmas de un tiempo que fue. 

Colinas, con sus casas antiguas, con sus tejados y chimeneas de pizarra, con sus calles empedradas, nos devuelve a una infancia de cuento. Y la belleza de su entorno nos eleva hasta el pico Catoute, que se revela como un singular balcón a la comarca del Bierzo.