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viernes, 18 de abril de 2014

A matar judíos

Como mi colega en tiempos de insti, Eugenia Merayo, ha recuperado este artículo en facebook, le daré vuelo aquí, también. 

Diario de León, 07/04/2004


SANTÍSIMA, dramática, espeluznante. Así se resuelve para algunos la Semana de las cruces, el vía crucis de los papones y los papanatas, los chupacandiles y «llambriones». Hay mucho espantajo deambulando por los senderos retorcidos de vida. Y mucha espina clavada en el subconsciente de algunos. En el Bierzo seguimos papando a los judíos en forma y cuerpo de sangría, limonada de Cristo, pasión de sangre. Y por supuesto seguimos escuchando aquella expresión tan infame que reza: «A matar judíos», como si esto fuera algo normal. Como si matar judíos entrara en cualquier lógica del pensamiento civilizado, cristiano y occidental. En Oriente Próximo matar judíos no está fuera de la sinrazón y la barbarie. A los judíos nunca se les ha visto con buenos ojos, acaso porque son una raza de seres inteligentes y trabajadores, capaces de convertir un desierto en un oasis. Cierto es que alguna gente lo dice como si estuviera cantando un villancico o rezando el padre nuestro. Mas la expresión de marras resulta aberrante. 

No están los tiempos, ahora menos que nunca, para andar matando judíos. Ni judíos ni nada. El verbo matar ya se nos atraganta. Y los judíos, al menos los que he conocido, no son tan malos como los pintan. Habida cuenta que el lenguaje es pensamiento, no cabe duda que esta forma de expresarse, aunque en un principio pareciera ingenua, en modo alguno lo es. No se le ocurre a uno decir esto aunque tratáramos de gastar una bromita al vecino de enfrente. Es una broma, en todo caso, de muy mal gusto. Pero como el mal gusto es algo que domina la escena nacional, no habría por qué alarmarse ante tamaña majadería. Sí, decir: vamos a matar judíos, aunque estemos en la semana de las santas y los «papirotes», no tiene mucha gracia. Y es una majadería. Podría tener chiste. Pero no lo tiene. Ni todos los judíos ni todos los musulmanes son tan capullos como nos los han dicho a lo largo de los siglos, empezando por Isabel la Católica, que era una frígida imbécil, hasta llegar a nuestros fascistas más gloriosos e insoportables. La xenofobia es como el pan nuestro de cada día. No aguantamos a nuestros vecinos, ni a los del barrio, como íbamos a entender al otro, a quien vemos como a nuestro enemigo. Hace falta darse muchas vueltas por el mundo para no caer en esa suerte de paletismo regional en el que a menudo caen quienes siguen creyendo que son los mejores, que su tierra es la más hermosa, y su raza es la más divina, o sea, no, la más superguay de la muerte.


jueves, 17 de abril de 2014

Santísima

Nuestra Marca España, hecha con cornetín y ‘tamborreo’, a golpe de saeta, sigue vendiendo esa imagen de país alegre y chistoso. Pero este país de paisitos se vuelve dramático o tragicómico en cuanto se nos abalanza la Santísima Semana, atizándonos hostias consagradas de muerte en el esqueleto de nuestras esperanzas, la ilusión de que esta España, con eñe de coña, deje de estar algún día en crisis, pues, desde que tengo uso de razón, siempre la recuerdo en bancarrota. Mientras, la Santísima nos convida, un año más, a recrearnos en esa corporeidad mortal y morada, donde el amor, en forma de Eros disparando flechas al corazón, inventa su infinito curvado a su paso por las calles de la provincia leonesa. Todos en procesión o desfile marcial y fúnebre saboreando el sentimiento trágico de la vida, el vértigo de la angustia existencial. No olvidemos que vivimos en un valle de lágrimas –ahora en el valle del desempleo, el desahucio y la corrupción al por mayor– y nuestro destino es la podredumbre. “No percibimos aún el olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se descomponen!”, nos dijo Nietzsche. No creas, estimado prójimo, que algún día resucitarás de entre los muertos. Nada de eso. Si el ser humano es un animal mortal, según tesis zoológica, y Cristo fue hombre, ¿cómo se puede admitir que Cristo resucitara? Que cada cual crea lo que quiera. Además, los muertitos y las muertitas ya han dejado de creer en dios. “¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado!” Haz de tu valle jardín de las delicias, huerto de amistad y amor, y sumérgete en las cálidas aguas de un ‘hammam’. Vive el instante cual si fuera una eternidad de placer. Y no te flageles antes de que suenen las trompetas del juicio final.

Dicen las lenguas cristianas, cuya punta se perfila con el dulce aroma de las catacumbas, que llevamos la cruz a cuestas. Vaya cruz. Si ésta no es más que un madero sin vida, acaso un castaño con chancro, quizá chamuscado. Sin embargo, hay quienes creen en la cruz como escalera al cielo por el que los espíritus buenos treparan a los cielos. La cruz de los siete peldaños. Uno por cada día de la semana, incluido el día de Resurrección. Un clavito en la palma de la mano derecha, una tachuelina en el juanete del pie izquierdo. ¡Mi pie izquierdo, ay! Y aun una tercera en el escroto. Aquí no, por favor.
La Santísima se nos revela como una semana en la que los papones entregan su alma al maderamen de la cruz. Y el común de los mortales sigue estrujando a los judíos en limonada. “A matar judíos”, se dice por estos lares, qué terrible.  


miércoles, 16 de abril de 2014

Tarde/velada literaria con Julio Llamazares y Cecilia Orueta

Un placer volver a encontrarme con Julio Llamazares y Cecilia Orueta en Bembibre, después de esa tarde-noche de fin de año en León, en casa Benito, la más antigua de la capital provincial. Además de gran escritor, él, y estupenda fotógrafa, ella, son excelentes personas, y eso me entusiasma. Y espero que haya entusiasmado al público bembibrense, que esta vez, sí, llenó la sala de la Casa de las culturas de la villa del Benevivere. 
Con Julio y Miguel 
Llamazares, habituado y entrenado en el manejo de la palabra, nos enganchó, desde principio a fin, con su charla, que comenzó leyendo un breve ensayo sobre lo que él entiende por literatura de viaje, y continuó contestando a algunas preguntas que le hiciera a propósito de los viajes y la literatura, en concreto la suya, como 'El río del olvido', un viaje contracorriente por el río Curueño, o bien Trás-os-Montes, un recorrido por esta singular comarca portuguesa, siguiendo los pasos de otro coloso de las letras, Miguel Torga. Y es que Julio siente devoción por Portugal, por eso hizo este viaje-libro. En realidad, el escritor nacido en Vegamián escribe sobre aquello que le apasiona, por eso logra que los lectores y lectoras nos apasionemos. 'Tanta pasión para nada'. Sí, para algo. Y lo hace con precisión, con todo lujo de detalles, tanto en la descripción de paisajes como del paisanaje, escribiendo con los cinco sentidos, con sonidos, aromas, sabores..., con sensorialidad, con ritmo, con agilidad y con maestría. 
En la charla salieron a relucir, cómo no podía ser de otro modo, las diferencias entre un turista y un viajero, en una época en la que todos acabamos siendo turistas (véase por ejemplo el teledirigido Camino de Santiago, entre otros caminos preprogramados), aunque por fortuna contamos con escritores-viajeros de la talla de Julio, que ha podido viajar por todo el mundo, con la mirada de un viajero que emociona y nos invita a reflexionar acerca del mundo en que vivimos. En realidad, no hace falta viajar a sitios lejanos para hacer literatura de viajes. Basta abrazar con los sentidos tu mundo entorno y devolvérselo a los lectores cargado de vida. La literatura de viajes como esencia o madre de toda la literatura, que cuenta lo visto y vivido en otras tierras a quien no las conoce. Vivir y contar, vivir para contarla, como también y tan bien hace García Márquez, otro grande de la literatura, que se nos está yendo, por desgracia, aunque los grandes nunca se mueren. 
Con Julio, Beli y Cano

Una cosa es contar historias, dijo Julio, y otra es hacer literatura. Una cosa es entretener y otra es emocionar, y el autor de 'Luna de lobos' siempre logra emocionarnos con sus historias, con su prosa poética, llena de vida, despojada de toda retórica y artificio, porque la literatura con mayúsculas es y debe ser vida, pura emoción, algo que sacuda las vísceras al posible lector o lectora. Lo importante, una vez más, no es si hay vida después de la muerte, sino antes, como se plantea en 'Escenas de cine mudo' (que por cierto podría haber situado en Bembibre en vez de en Olleros de Sabero, nos guiñó su autor). Lo importante es que la literatura, sea autobiográfica o no, porque toda novela es autobiográfica y toda autobiografía es ficción, esté impregnada de vida. La vida/muerte, el amor, como grandes temas, según Rulfo, que tanto ha influido en Llamazares. La vida/muerte, el tiempo, la soledad, el vacío, tan presentes en la obra del autor de 'La lluvia amarilla', novela en estado de gloria, que su creador considera como una más entre sus creaciones. 

Un placer, digo, la presencia de Julio Llamazares en Bembibre, con un público entregado, inquieto, devoto, que hizo varias preguntas (incluso reflexiones) después de la charla, a la que Cecilia Orueta, la mujer de Julio, puso el broche de oro con sus sobrecogedoras imágenes, 'Pájaro triste', de la Cabrera, un homenaje en cierto sentido a Ramón Carnicer y sus hurdes cabreiresas. 

Cecilia es una magnífica fotógrafa. Ahí está también su 'Elogio de la distancia', que recoge instantáneas de A Fonsagrada, esa tierra lucense, poco conocida, convertida en un poético documental bajo la dirección de Felipe Vega y el guión de Llamazares. Y ahí está su proyecto sobre Picasso, que ya ha comenzado a darle vuelo. 

Por su parte, Ramón Carnicer, mencionado y reivindicado por el autor de 'El entierro de Genarín', es otro de los grandes de la literatura de viajes, al igual que lo fuera Cela, al que Julio llegó a entrevistar en Mallorca. 

Después de la charla en la Casa de las culturas, continuamos conversación al amor de unos vinos y unas viandas. Una tarde-velada inolvidable. El río de la memoria, el Boeza, fluyendo por nuestras venas. Hasta la próxima, con el tío Ful el 13 de mayo en la "casa de las tres culturas". Hasta siempre, Julio y Cecilia.