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sábado, 20 de octubre de 2018

La víctima, por José Luis Rodríguez Souto

Narrado desde el punto de vista de una mujer (y basado acaso en un hecho real), el autor, a través de un monólogo interior, logra meterse de lleno en su mente para plasmar un relato sobrecogedor 

Manuel Cuenya


(Taller de composición de relatos de la Universidad de León)


Os dejo aquí este relato de nuestro alumno José Luis Rodríguez Souto, del Campus de Ponferrada.
Enhorabuena José Luis por tu relato La víctima, que nos pone los pelos de punta. 
Mi agradecimiento a La Nueva Crónica (en especial a su director, David Rubio, por publicar esta serie de relatos a lo largo del verano). Este se ha publicado el 2 de septiembre de este año.

En los próximos días iremos publicando en este blog el resto de relatos aparecidos en La Nueva Crónica. Mi gratitud también a mi alumnado. Salud. 

Carta desde nuestro molino

La narradora Mercedes González Rojo, otrora concejala de cultura en Astorga, maragata de nacencia y algo nocedense (recuerdo a sus primas veranear en el útero de Gistredo desde siempre), me invitó a participar en una exposición 'De arte a la palabra' para conmemorar el Día Mundial de la Salud mental en el Conservatorio de León.
Qué curioso, la salud mental, algo con lo que debería estar familiarizado porque hasta llegué a hacer prácticas como becario Erasmus y luego Leonardo Da Vinci en el Hospital psiquiátrico de La Chartreuse, en la ciudad francesa de Dijon, precisamente en arte-terapia. El teatro como soporte terapéutico. 
En cuanto me lo pidió Mercedes -uno que es muy mandadín- me puse manos al lío. Y con la transpiración del autor francés Daudet (el de Tartarín de Tarascón) me dio por componer este texto, 'Carta desde nuestro molino'. 'Cartas desde mi molino', de Alphons Daudet, me ha inspirado como título. Aunque el contenido sea otro. También el Molín de Ampuero (ubicado en el barrio de Vega del útero de Gistredo), que en tiempos me sirviera como encabezamiento de una columna semanal en Diario de León, ha sido otra rueda de inspiración. 
Una entrañable amiga me recuerda también el cuadro del gran Van Gogh, 'El molino de Daudet en Fontevielle'. 
A partir de cuadros concebidos por personas con discapacidad mental (sin llegar a explicitarla) o otras sin discapacidad (elegí uno de una chica/mujer búlgara asentada en la zona de Astorga llamada Iablena Petrova, según me recuerda Mercedes G. Rojo), escribí este texto/carta, que espero os guste. 

Te escribo desde este molino, ese que ves en el dibujo que te envío. ¿Te preguntarás qué hago viviendo en un molino? Pues te lo contaré. Decidí apartarme de la ciudad porque ya estaba cansado de las prisas, de lo artificial. Y me vine aquí, en medio de esta campiña verde y arcillosa, a este molino, que he logrado restaurar con mis propias manos, lo cual me entusiasma. El dibujo, tan colorido, tan llamativo, lo ha hecho Elba, que ya está hecha toda una mocina. Te encantaría verla, tan crecida, tan feliz, ella lo ha pintado, también con sus manos, con su sensibilidad, en eso se parece a ti.  Imagino que te hará ilusión recibirlo, porque ella lo ha hecho con todo su cariño. “Esto es para mamá”, me dijo. Me da mucha ternura que lo haya pintado para ti, para que veas dónde vivimos ahora. Deseo que nuestra hija disfrute de la naturaleza, de todo lo bueno que tenemos, porque ya sabemos que en ocasiones, más de lo que uno quisiera, la vida nos muestra sus garras. Y es entonces cuando comenzamos a replantearnos la existencia, lo efímero que resulta todo… Pero ahora no quiero ponerme trascendental, que bastante hemos sufrido, primero con tu partida. Y luego con su manifestada melancolía. Discúlpame, por favor, que te diga esto. Te echamos mucho en falta, la niña siempre se acuerda de ti. Y me dice que cuándo vendrá mamá. Yo, para tranquilizarla, le digo que vendrás pronto. No sé si ella entiende bien el concepto del tiempo. Al menos como lo entendemos nosotros. En realidad, me gustaría mucho que algún día regresaras, o que al menos nos rindieras una visita, nos alegraríamos mucho. Y te mostraríamos nuestro molino de agua, a orillas de un río, que ahora hemos convertido en nuestro modo de vida, sencillo, como puedes ver o intuir. A lo mejor ella, cuando sea adulta, desea irse a vivir a otro lugar. Y quiere ser artista, como su mamá. En realidad, ya es toda una artista. Mientras, te mandamos un gran beso y te abrazamos con todo el amor del mundo.  “Mamá, te quiero mucho, vente pronto”, me dice Elba al oído.
Sabes que te seguiremos llevando en nuestro corazón. Siempre tuyos.
                                               Elba y Alfonso

jueves, 18 de octubre de 2018

La fragua literaria leonesa: Tomás Sánchez Santiago


LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Tomás Sánchez Santiago: "Siempre me ha parecido torpe, y hasta peligroso, el ensimismamiento y la exaltación excluyente"

Con una extensa y sustanciosa obra Tomás Sánchez Santiago es uno de los grandes narradores, poetas y ensayistas del panorama actual de la geografía española.

Tomás Sánchez Santiago. Foto: Manuel Cuenya
Tomás Sánchez Santiago en Ponferrada. Foto. Manuel Cuenya
Manuel Cuenya | 18/10/2018 - 11:07h.
"... Así era por aquellos días la calle Feria, una pequeña república de dependientes embravecidos, de épicos viajantes de palabra ya abaratada por la repetición y el cansancio del oficio, de mirones que rendían sus últimos años a la observación silenciosa y al consejo comercial de última hora cuando se trataba de convencer a algún cliente indeciso. Pero por encima de todo ello, la calle era una pajarería de palabras sin orden que iban y venían en todas direcciones. Palabras de reclamo  y  de regateo, palabras de oficio, palabras secretas como contraseñas que encerraban la clave industrial por la que se gobernaban los precios de cada establecimiento, palabras empedernidas en cualquier conversación mercantil y palabras llenas de una exótica salud extraña («plexiglás», «vulcollán», «uralita», «formica»), que llegaban de pronto a la calle como una novedad fuera de tono a la que había que acomodarse para no perder el compás del oficio. Y era en esos juegos de palabras donde los niños aprendíamos un abecedario decimal y lleno de relámpagos que ya nos acompañaría para siempre, nos estañaba la boca con la saliva dulce de nombres que jamás se oían en otros espacios de la ciudad, la ciudad gobernada por el gemido indigesto propio de un país con olor a orín envejecido, encelado en conservar en hielo negro, amortecida y triste, la canción de la vida..."
(Tomás Sánchez Santiago, 'Calle Feria')
Con una extensa y sustanciosa obra, tanto en prosa como en verso, Tomás Sánchez Santiago es uno de los grandes narradores, poetas y ensayistas del panorama actual de la geografía española.
Natural de Zamora, lleva veinticinco años viviendo en la ciudad de León, donde dice sentirse cómodo. Y donde ha ejercido como docente en Enseñanza Secundaria. A este respecto, señala que ya sólo es un honrado pensionista, que pidió la jubilación hace un par de años, cuando cayó en la cuenta de que el ejercicio de la enseñanza se estaba convirtiendo en una actividad puramente administrativa. No obstante, sigue ligado de alguna manera a la docencia a través de la Universidad de la Experiencia.
"A mí me derrotaron los papeles y la falta de compromiso de la Administración con una educación basada en la equidad, en la libertad, en la responsabilidad que yo no veía ya ni por asomo. Todo se ha convertido en carne para las estadísticas. Así que me fui", se expresa con rotundidad y conocimiento de causa Sánchez Santiago, a quien la provincia leonesa le resulta bellísima, aún la sigue descubriendo –aclara–, pero en realidad no se siente especialmente de ningún sitio. "Siempre me ha parecido torpe, y hasta peligroso, el ensimismamiento y la exaltación excluyente", señala con lucidez Sánchez Santiago, quien, por lo demás, reconoce que la tierra natal de toda persona provoca adherencias íntimas difíciles de definir, "sobre todo en todo lo que concierne al mundo emocional de la niñez", porque esas sensaciones están muy vivas en su persona, aunque tienen que convivir irremediablemente –subraya– con una visión crítica de esa misma tierra donde uno nació. "Eso deja una sensación agridulce en el ánimo".
"A mí me derrotaron los papeles y la falta de compromiso de la Administración con una educación basada en la equidad, en la libertad, en la responsabilidad que yo no veía ya ni por asomo"
Conviene ser crítico no sólo con la propia tierra (pues nunca es oro todo lo que reluce), sino con uno mismo, si al menos el deseo es mejorar, crecer, saber dónde está uno parado, que diría algún hispanoamericano.
En cualquier caso, como zamorano, como leonés o ciudadano del mundo, sí cree que existe mucha literatura del Poniente –al menos puede percibirse ese aliento– "donde lo ancestral, lo popular, lo insólito se revelan con facilidad en obras de narradores y poetas. Ese rastro llega hasta el mundo galaico", ese Noroeste del que también nos hablara el maestro Antonio Pereira, uno de nuestros mejores narradores, un cuentista excepcional, tanto por escrito como de modo oral, quienes tuvimos la ocasión de conocerlo y tratarlo así lo sentimos.
Y en este sentido, de la abundante literatura del Poniente, Sánchez Santiago afirma que hay latido literario en León, que hay vida, que él sigue como puede aunque no salga demasiado de su escondite, "quizás debiera hacerlo más a menudo", precisa a la vez que añade que "en León se ha sabido tomar con alegría el relevo que las instituciones, sobre todo a partir de esta última crisis, provocaron. Una ojeada al panorama lo demuestra con facilidad: lecturas en cafés, clubs lectores que persisten en esa existencia a media voz, aventuras editoriales de todo pelaje que casi se cortan el paso...", editoriales entre las que se halla Eolas, el sello que ha editado su reciente obra, 'Años de mayor cuantía', que presentara a finales de septiembre de este año en el Museo de la Radio de Ponferrada.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Ayanta Sánchez Barilli

Anabel Robles, quien fuera excelente compañera en la Escuela de Cine de Ponferrada, me comunica que Ayanta Sánchez Barilli ha quedado finalista del Premio Planeta, el más sustancioso, en lo tocante a guita, que existe en España. Y uno se alegra de que Ayanta (rapaza de trato agradable) lo haya ganado, aunque no haya leído su novela, Un mar violeta oscuro, porque tuve la ocasión de conocerla (incluso compartir mesa y mantel en más de una ocasión con ella) allá por la década de los dos mil, cuando la ya fenecida Escuela de Cine estaba en pleno funcionamiento. 
Una escuela que en realidad era un título propio de la Universidad de León, hasta que dejó de serlo. No resulta nada fácil mantener una Escuela de Cine. Y al final se fue al traste. Pero este sería otro cantar de los cantares. 
Ayanta, en primer término a la derecha con Gonzalo Suárez, en el Campus de Ponferrada (a la izquierda, en la primera fila Eduardo Keudell, y al fondo a la izquierda, José Luis Carretero, otrora gerente del campus)

Y ahora nuestra protagonista es Ayanta, la hija de Fernando Sánchez Dragó, a quien todo el mundo identifica por sus libros, sus programas como El mundo por montera: http://www.rtve.es/alacarta/videos/personajes-en-el-archivo-de-rtve/milenarismo-fernando-arrabal-mundo-montera-1989/2135585/ (memorable el de Fernando Arrabal y el milenarismo, y por supuesto los dedicados al colosal filósofo Gustavo Bueno, magnífico profesor, puedo dar fe de ello) y a veces sus salidas de madre. 
Cabe recordar incluso, como él mismo dijera, que llegó a conocer el Bierzo de primera mano, pasando algún verano de su infancia en Albares de la Ribera (fabulación o realidad, Sánchez Dragó llegó a decir algo así). O a lo mejor uno lo ha soñado.
Albares de la Ribera, dicho sea de paso, es la cuna de dos grandes cineastas, a saber, Chema Sarmiento y Gabriel Folgado (Beli), quien fuera alumno de la Escuela de Cine. Y ahora imparte clases de cine en la Universidad de la Experiencia en el Campus de Ponferrada. También en Albares nació mi abuelo, Antonio Robles (El Chulo, el sastre). Habría que preguntarle de nuevo al autor de La España mágica por Albares.
Daniel Goldstein
En todo caso, el padre de Ayanta también ha estado en el Bierzo, eso seguro. Y la propia hija solía venir al Bierzo, con motivo de la Escuela de Cine, de la mano de nuestro director honorífico (y honorario) Gonzalo Suárez, cineasta por el que sentía devoción, sobre después de ver
Remando al viento, donde revisita el mito literario de Frankenstein inventado por Mary Shelley. Una película, en mi opinión, bella y cautivadora. Con la música de Vaughan Williams, la Fantasía de Thomas Tallis, incluida en su banda sonora (el sonido es de dos grandes, Daniel Goldstein, ya fallecido, y Ricardo Steinberg, con quienes mantuve bastante trato, sobre todo con Steinberg, a quien también invitara a las Tardes de Cine en Bembibre). Y la dirección artística de Remando al viento corresponde a Wolfgang (Chinín para los conocidos y amigos) Burmann, de la conocida saga alemana de artistas (su hermano es director de foto de cine). Un tipo realmente entrañable, Chinín, muy lúcido, quien me contara, entre otros muchos asuntos, cómo es/era Almodóvar, con quien trabajara por ejemplo en La flor de mi secreto. 
Gonzalo Suárez (a la izquierda Mapi Galán y Ayanta Barilli)
Si bien Gonzalo Suárez, a quien no veo y saludo desde hace años, es autor de otras películas singulares como Don Juan en los infiernos (en la que figura Ayanta Barilli), El portero o El detective y la muerte (basada en un cuento de Hans Christian Andersen, con la intervención de la ponferradina Mapi Galán, que también estuvo en la Escuela de Cine de Ponferrada y en Tardes de cine en la villa del Benevivere). 
Gonzalo Suárez también es literato y autor de libros como Ciudadano Sade, que él mismo me obsequiara. 
Al final, Ayanta es un buen pretexto para hablar de otra mucha gente del mundo del cine, del arte. 
Pues eso, que Ayanta, la directora de casting de Oviedo Express (otra peli de Gonzalo Suárez), en la que también interviene el leonés Carmelo Gómez (actor fetiche del cineasta o cineostia, como él mismo diría, ovetense), solía venir a  Ponferrada. Y hasta recuerdo alguna cena/velada con ella, Gonzalo Suárez y este humilde servidor de ustedes (esto de servidor suena a sirvienta o sirviente, no me hace gracia, así que podría eliminarlo). 
Con Gonzalo Suárez en Campus de Ponferrada
Debo confesar (parezco todo un seminarista) que, si bien conocía la faceta de Ayanta (que toma su nombre de una localidad de la India, país que apasiona a su padre) como actriz, a las órdenes del propio Gonzalo Suárez (apasionado de la figura y la obra del cineasta Sam Peckinpah) y Emilio Martínez Lázaro, entre otros, o colaboradora en programas de tele o radio, por ejemplo, no recordaba que escribiera, que publicara libros. Pero bueno, será mi amnesia que no me permite recordar como debiera. 
Chinín Burmann
Y en todo caso, ya lo anunciaba en mi anterior post en este mismo blog, una cosa es la literatura con mayúsculas, la pura literatura, y otra bien distinta es la literatura industrial. A lo mejor me estoy metiendo en camisas de once varas. Y resulta que Ayanta es una excelente narradora, una estupenda novelista. Habría que leer en todo caso su libro. 
A quien sí recuerdo (ahora me ha vuelto la memoria, aunque no sea la memoria de Funes, el personaje borgiano) es a la extraordinaria habanera Zoé Valdés como flamante finalista del Premio Planeta con una obra melodramática titulada Te di la vida entera. Una narradora solvente, sólida, la Valdés, que siempre me ha entusiasmado. Así que ahora nos queda leer a Ayanta Barilli, aunque nuestro amigo periodista, escritor y gran radiofonista José Luis Moreno-Ruiz, en tiempos conductor del programa Rosa de Sanatorio en Radio 3 (auténtica escuela de aprendizaje en lo musical y lo poético/narrativo), se encargue de arrear estopa (no sin razón, quede clarín clarete) escribiendo -casi descojonándose-, que una hija de Sánchez Dragó es finalista del Planeta. "¡Más basura, esto es la guerra!", añade Moreno-Ruiz. http://www.periodicoelbuscador.com/jose-luis-moreno-ruiz-sera-encargado-cerrar-esta-edicion-tardes-literarias-bembibre
http://cuenya.blogspot.com/2010/01/jose-luis-moreno-ruiz-y-su-rosa-de.html
Llegué a conocer a Ayanta, le digo a Moreno-Ruiz. Y entonces me contesta que "es posible que haya escrito un buen libro, no lo rechazo. Pero parece evidente una vez más, en este país, el peso del apellido a la hora de repartir los dineros. Oligarquía cultural". Sin duda, la oligarquía cultural, y aun otras desgracias de oligarquías, están bien instaurados en nuestro país de paisitos. 

lunes, 15 de octubre de 2018

Lectura y escritura, esenciales

Muchas gracias, Mar Iglesias, por esta estupenda entrevista en La Nueva Crónica acerca de los cursos/talleres de escritura creativa que vengo impartiendo, como bien señalas, desde hace casi 20 años, en un principio en la Escuela de Cine de Ponferrada, como materia para el alumnado de la especialidad de Guion Cinematográfico. Y posteriormente como cursos/talleres de extensión universitaria en la ULE. 
Veinte años, ay, son muchos años en la vida de una persona, Y uno se da cuenta del paso del tiempo cuando ya ha alcanzado el medio siglo, incluso antes de llegar a esta etapa. La vida vuela. Pero esto daría para mucha reflexión, incluso para un ensayo. El tiempo es oro, la sangre de quien escribe, también.
En efecto, la escritura creativa, aparte de un arte, se aprende con la práctica, con entrenamiento, leyendo y escribiendo sin parar. Y escribir requiere de todo el tiempo del mundo, incluso cuando uno está paseando (cual filósofo peripatético), o cuando nos ponemos a fregar los cacharros. Aunque mejor sería que dijéramos: "lavando los cacharros", porque en México el término fregar es otra cosa.  
Qué rica es nuestra lengua en sus diversas modulaciones por el mundo adelante. 
Hispanoamérica como manantial lingüístico riquísimo, tierra fértil en la que poder cultivar no sólo frijoles y maíz, sino palabras a esgalla. Tal vez por eso Valle-Inclán, por ejemplo, quiso darle un repaso, en el buen sentido del término, a la lengua española, desde Norteamérica a Sudamérica, en esa obra titulada Tirano Banderas (Novela de tierra caliente)
La escritura creativa amerita de muchas lecturas. La lectura como algo esencial, insustituible. La lectura como algo activo, creativo (mejor dicho, constructivo). Algo así llegó a decirnos otro grande, un magnífico inventor de lenguaje, Umbral, a quien nunca llegaron a admitir en la Real Academia de la Lengua. Manda cullons. Cómo está el patio. Los beneficios de la lectura y la escritura (siempre interrelacionadas) son muchos y muy saludables. La escritura, como sabemos, también cumple una función terapéutica, curativa. Nos ayuda a mantenernos en activo. 
Quizá sea necesario un don, un talento, para escribir. Pero lo mejor es que la escritura nos pille trabajando, leyendo, porque unas palabras, unas frases nos llevan a otras. Y así, en este plan. El lenguaje es pensamiento. No lo olvidemos. En definitiva, que la escritura tiene que fluir, tal vez como un río que va a dar a la mar. Pero para que eso ocurra hay que dedicarle miles de horas, todas las que podamos. O sea, que, como todo lo valioso, la escritura cuesta. Y mucho. Cuesta y vale, aunque la literatura en estado puro no llegue a cotizar en el mercado (alguna como la que produjera Rulfo, Gabo o Cortázar, tres pesos pesados, sí llegó y ha llegado a cotizarse). Y sólo lo haga la mediática, la que fabrican las macro-editoriales con claros intereses de venta al por mayor. Porque una cosa es la literatura en mayúsculas y otra la literatura industrial. 
 Cualquiera podría atreverse a contar una historia. Todos tenemos historias que contar. Pero lo importante es cómo las vamos a contar para que interesen a los lectores/as. Lo esencial, aun antes que el contenido, es el continente, la forma, el estilo. Por eso hay que practicar. Hacer ejercicios de estilo. Narrar incluso la misma historia desde diferentes puntos de vista, con diversos narradores, con varios tonos y registros lingüísticos. 
Para que nuestros escritos tengan enganche, chispa (aparte de aderezarlos con humor, con fuerza, con fluidez, con sencillez incluso, no exenta de lirismo) deberíamos narrarlos como si volviéramos a contarlos de nuevo, como si fuera la primera vez que los contáramos a alguien. Que nuestros lectores/as tengan al menos esa impresión. Ahí reside parte de la magia. O del misterio. Eso creo. 
Escribir con lenguaje sencillo, como lo hiciera Delibes (léanse por ejemplo Las ratas, El Camino o Los santos inocentes), puntuando de un modo adecuado, correcto, para que no nos asfixiemos, ni ahoguemos a los lectores.  Por eso, deberíamos insistir en la corrección no sólo orto-tipográfica sino de estilo. Y para eso hay que leer y leer, escribir y escribir. Además de tener la inquietud por aprender, por mejorar, siempre. Sólo con humildad y mucha inquietud lograremos nuestro propósito. Pero hay que quererlo de veras.
Si bien en la época actual se lee más que nunca, también es cierto que se leen cosas harto insustanciales, o que ya están redichas, que no aportan nada, o poca cosa. Uno se pregunta a menudo para qué se escriben tochos de más de 500 páginas, cuando uno podría decir eso mismo (o mejor, qué pretencioso) en 50 o 60 páginas. Si escribes bien 50 páginas, recuerdo que llegó a decir Umbral (que escribió muchísimo y bueno), ya podrías consagrarte. Siempre que esas páginas tengan chica. Mortal y rosa, del genio Umbral, es sublime en 200 páginas. Y La lluvia amarilla (en 140 páginas)de Julio Llamazares, por poner otro ejemplo, es conmovedora, de principio a fin, pura poesía, pura literatura. 
El propio Rulfo no llegó a las 500 páginas publicadas en toda su vida. Y está considerado como uno de los más grandes escritores de la Historia de la Literatura. 
Ahora, desde hace unos años, se lee más que nunca y se escribe más que nunca. Pero eso no quiere decir que seamos más listos (hay evolución y también involución) y leamos y escribamos mejor que en otros tiempos. 
Resulta en todo caso harto complicado la proeza conseguida por Cervantes con su Quijote. O lo que lograra Shakespeare con sus obras teatrales. Y para finalizar me atrevería a decir (a riesgo de meter la pata donde no procede) que hoy interesa más escribir que nunca, acaso porque la escritura podría llegar a reportar beneficios económicos (la lectura, que sepa, no los reporta de momento). Beneficios económicos para las grandes editoriales. Y para quienes gozan del privilegio de estar enchufados el sistema, que conectan con el público ofreciéndole buenas raciones de dopaje escritural. Vivimos en un mundo hipercapitalizado. Mercantilista. Y todo se mide, se cuantifica en dinero.
El dinero como significante que pudre cualquier significado. 
Se tiene una idea equivocada de la inspiración, a mi juicio, porque para escribir, aparte de estar tocado por las musas y/o musos (muso se le dice al gato en mi pueblo, el gato, ay, que es guardián de libros), para escribir medianamente bien hay que quemarse las pestañas leyendo día y noche, escribiendo, también día y noche, revisando y corrigiendo lo que uno escribe, pulirlo, depurarlo (la economía narrativa y la precisión son fundamentales, de esto sabía mucho el maestro Antonio Pereira) hasta el punto de que la escritura funcione, se entienda. Y si emociona y ayuda a reflexionar, entonces estamos ante una escritura artística, una prosa tocada por lo poético.
Por otra parte, creo que deberíamos ser humildes, trabajadores, porque, con humildad, se puede aprender. Deberíamos dejarnos guiar, seguir modelos de escritura, descubrir diferentes escritores y escritoras, hasta encontrar nuestro modo de contar. Trabajar sin parar hasta lograr nuestros objetivos. Aunque los caminos de la lectura y la escritura creativas son inagotables, infinitos, como el propio universo. 

https://www.lanuevacronica.com/como-todo-lo-valioso-la-escritura-cuesta-y-mucho



sábado, 13 de octubre de 2018

Sanfroilaneando


Sanfroilaneando. ¿Qué os parece el título? A veces un simple título encierra todo un misterio, incluso lingüístico/lingual. Los títulos, como los nombres propios, pueden decir mucho. O nada. Y hasta pueden ser embrionarios, fecundos. Un título breve se memoriza fácilmente. Un título en gerundio no sé si resulta enrevesadín. No hay que abusar de los gerundios en la escritura. Pero he tratado de transformar un nombre propio, en este caso el de un santo, en verbo.

Capilla de San Froilán
Nuestros hermanos y hermanas de Hispanoamérica lo hacen con frecuencia. ¿Nos vamos a cafetear?

Me gusta sanfroilanear, que es como decir que me gustar ir a festejar al santo Froilán, nacido en Lugo (Lujo) y fallecido en León. Y por ende patrón de esta tierra galega y de la diócesis leonesa. Hermanadas Lugo y León por este santo, al que le rendimos fiesta tanto en uno como en otro sitio. Y qué siga corriendo la farra, aunque el pretexto sea un santín, quien por cierto anduviera, según cuentan las lenguas, de eremita incluso por la Tebaida del Bierzo. 
No es la primera vez que me asomo (o dejo caer unas letras) sobre San Froilán (Está Froilán. No, yo no soy un pailán). Disculpad esta licencia o gracieta, que hasta tiene su base real. 
Heredeiros da Crus

La realidad siempre superando la ficción. Por mucho que los fabuladores se encarguen en decirnos que se inventan realidades, mundos fantásticos. Sí, está bien fabular, fantasear, sobre todo cuando uno imagina sin cortapisas, como quisiera el marqués de Sade, cuando uno le pone salsa y chispa a la vida, en ocasiones rutinaria y gris, porque las palabras, como dijera Borges (y nos recordara el amigo periodista y escritor Eduardo Keudell en un reciente taller literario/filosófico en Bembibre) son inocentes. 
Muralla lucense

La picardía, el ingenio, la garra se la ponemos nosotros como lectores. Y quizá también como escribidores o componedores de palabras. 
El realismo mágico, que en verdad es un invento galego (con Cunqueiro a la cabeza, además de la estela que nos legara Torrente Ballester en su saga/fuga), se vuelve realismo, sin más, en Hispanoamérica, pues lo asombroso, lo mágico, forma parte de la cotidianidad. Algo así nos recordaba hace una semana en Toreno el dramaturgo berciano Carlos García Ruiz, que imparte clases de teatro en la Universidad de Bogotá, en un mágico-realista país como Colombia, la cuna de Gabo (aunque el Nobel hispano, con raíces gallegas) viviera gran parte de su vida en México, otro país mágico-realista o sencillamente surrealista. 
Madonna mía (que diría un siciliano de Palermo), adónde me ha llevado el santito Froilán. 
Pues eso, que, en llegando estas fechas, a uno le da por sanfroilanear. Y este año abrimos boca en León, en el Reino Llionés, con algunos conciertos en la plaza de la catedral. Y cerramos (cerré, que el plural mayestático no queda del todo bien aquí) con otros en Lugo, "Lujo", como dijeran los revulsivos músicos Heredeiros da Crus en la plaza Horta do Seminario de la capital lucense. 
Plaza do Campo-Lugo

Como entrante, León nos recibió (qué manía con el plural mayestático, aunque aquí podría tener cabida) con el Festival del Reino de León y unos conciertos fantásticos, fabulosos (utilizo intencionadamente estos adjetivos, ahora también se dice fenomenales, imagino que por contraposición a esenciales, ¿verdad?). En la misma plaza de la bella catedral leonesa pude ver/escuchar a la legendaria banda galega Milladoiro, que en el mes de julio de este mismo año había tenido la ocasión de presenciar en el mítico Festival de Ortigueira (cita ineludible) y a la bretona banda de gaitas Bagad Kemper (a la que también he podido escuchar en vivo y en directo en más de una ocasión en el susodicho Festival Internacional de Música Celta de Ortigueira).
Bagad Kemper en León
¿Alguien me pude explicar qué es la música celta? ¿Acaso la Bagad Kemper no tocaba, aparte de las gaitas, una especie de cornamusas, como me recordara el poeta salmantino-leonés Chema García? ¿Y las cornamusas no son romanas? Qué curioso, Chema, que nos encontráramos viendo este concierto en León. 

La verdad sea dicha me encantó el concierto de la Bagad Kemper, su fuerza musical cuasi sísmica. Qué poderío. Con cerca de cuarenta músicos, creo recordar, sobre el escenario.
Milladoiro en León
Por su parte, también me gustó 
Milladoiro, incluso más que en el pasado festival de Ortigueira, tal vez porque en León (tierra hermana de Galiza, pues perteneció a la Gallaecia, según nos contara el veterano líder de Milladoiro) tocaron algunos temas gloriosos de bandas sonoras como 'La mitad del cielo', del cineasta Gutiérrez Aragón, con quien por lo demás coincidiera en La Habana, de la mano de Alquimia Peña, estupenda mujer, y directora de la Fundación del Nuevo Cine latinoamericano, a la que le he dedicado algún artículo. 
Y el pasado jueves me encaminé a Lugo para asistir a los conciertos de los mencionados Heredeiros da Crus. Y sobre todo de la Fanfare Ciocarlia, que actuaban en la plaza de Santa María (donde se halla la catedral), aun antes de que finalizara el concierto de Heredeiros. Creo que no deberían solaparse eventos, conciertos, al menos en un sitio como la ciudad amurallada de Lugo, que tampoco tiene tanta población. 
A la Fanfare Ciocarlia (la fanfarria u orquesta de instrumentos de viento, la orquesta del ruiseñor, pues eso significa Ciocarlía) la recuerdo acompañando, junto con otras bandas como las Voces Búlgaras o Taraf de Haidouks (otro grupo musical magnífico), a Goran Bregovic en algún concierto hace años. Y hasta participaron, creo recordar, en el banda sonora de Tiempo de gitanos, de Emir Kusturica. 
Y luego tuve la ocasión de ver a la Fanfare en el Festival de Ortigueira a principios de los 2000. Incluso llegaron a actuar en la sala La Vaca no hace tantos años en Ponferrada, lo cual que escribí un artículo para La Nueva Crónica. Y ahora, mañana domingo, vuelven a dar concierto en la capital del Bierzo. O sea, que estamos de enhorabuena, porque se trata de una banda que no deja indiferente a nadie. Y esto pude comprobarlo el pasado jueves en Lugo, ante un público no demasiado numeroso pero entregado en cuerpo y alma a los sonidos balcánicos de esta Fanfare, de estos extraordinarios músicos gitanos, romaníes, provenientes de ese país exótico y lejano de la Europa del Este llamado Rumanía, que he podido visitar en dos ocasiones. 
Me chifla esta música gitana, lo reconozco, que podría llegar a resucitar a un muerto. No en vano, comenzaron actuando en bodas y funerales en su país. Una música apropiada para fiestas de pueblo. Hay algo en su música, en su modo de interpretarla, que me devuelve a mi pueblo, a mi útero, de otro tiempo, de mi época infantil/juvenil, cuando Noceda era un poblado tribal. 
Fanfare Ciocarlia en Lugo
Una maravilla volver a disfrutar de la Fanfare. Qué prosiga el San Froilán y uno pueda continuar sanfroilaneando. 
En Lugo he tenido la oportunidad de presenciar conciertos de los Corizonas (Coronas en fusión con Arizona Baby, dos bandas que me entusiasman), Budiño y Kepa Junkera, Omara Portuondo, Susana Seivane, Berrogüeto, Antón Reixa, Bebe, Santiago Auserón, Rosendo, Amaral, Siniestro Total, Los Tigres del Norte, Los Planetas, María del Mar Bonet, el senegalés Ismaël Lö,  incluso al grupo Dielas, comandado por el actor y músico Luis Tosar, o el propio Goran Bregovic, acompañado de las Voces Búlgaras, que actuara el pasado año. Por poner sólo algunos que recuerde. 
Lástima que este año, ayer mismo, me perdiera a Marky Ramone, que a buen seguro fue un concierto memorable. 
Y como no sólo de nutrientes musicales vive un ser humano, uno puede acercarse, si así lo tiene a bien, al restaurante O Xugo a tomarse una ración de pulpo a feira o bien unos callos con garbanzos, exquisitos, regados con un vino. Cual si regresáramos a nuestra época de tratantes/feriantes de ganado. Si estamos en ferias, habrá que feriar, ¿verdad? Ahora que lo pienso, O Xugo está al lado del parque Rosalía de Castro. Y no puedo evitar volver a la poesía de Rosalía: Negra sombra, que es ritmo, música (con versiones de nuestro paisano Amancio Prada o Luz Casal y Carlos Núñez, entre otros). 



Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

miércoles, 10 de octubre de 2018

La fragua literaria leonesa: David Fernández Villarroel

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

David Fernández Villarroel: "La literatura en general, y la novela en particular, no es más que eso, un engaño consentido"

El narrador, poeta y profesor de Lengua y Literatura David Fernández Villarroel, autor de 'Ver nevar', entre otros libros, está en estos momentos con una novela. Y tiene en el cajón un libro de poemas que algún día, espera, dejará de ser inédito.

David Fernández Villarroel
David Fernández Villarroel. Foto: Miquel González.
Manuel Cuenya | 10/10/2018 - 11:15h.
Catedrático de Lengua y Literatura, narrador, poeta, David Fernández Villarroel es autor de una extraordinaria novela titulada 'Ver nevar', obra que nos devuelve a nuestra infancia, esa época que, como dijera el poeta Rilke (al que recuerda nuestro autor) es la única patria del ser humano, la única matria -me atrevería a decir-, en la que se forjan nuestros sueños e ilusiones. Y aun nuestra memoria afectiva. La memoria como hermoso manantial literario del que brotan mundos fabulosos,  que, en su caso, funciona de un modo estupendo. "El arca de la memoria, que es el arca de la vida", del que su protagonista, "asomado a la ventana del tiempo" extrae su colección de estampas.
Escrita con gran sensibilidad, a través de la mirada de un niño (Miguel), Fernández Villarroel nos adentra en un mundo que nos resulta familiar, cercano, aunque se trate de otra época, de una época adversa, incluso terrible, como lo fuera la Guerra Incivil y la posguerra españolas. Con el campo y la mina como escenarios esenciales.
Estructurada en tres cuadernos (el primero introducido por una cita de Antonio Machado, el segundo por una de Aleixandre y un tercero por una Miguel Hernández), además de un epílogo, 'Ver nevar' es, en su opinión, "la memoria de un tiempo, hoy ya casi antiguo, un tiempo de nieve y campesino", que recoge en parte, y trasplantadas a otra época, las vivencias personales de su infancia y primera adolescencia: la escuela, los primeros libros, los primeros sueños, las primeras impresiones sobre las personas y el mundo que tenía a su alrededor..., "el aprendizaje de la vida, en suma –añade– que tiene lugar en esa edad estremecida de ideales y descubrimientos. Y es también,  en ese sentido, una historia de sentimientos, sin los cuales la literatura no respira, y una historia de amor, triste como todas las buenas historias de amor". Una historia de amor en la que Martina es "la lumbre de los sueños" de Miguel.
'Ver nevar', con la nieve como símbolo del frío (incluso del frío psíquico, tan demoledor) y del color blanco (la vida en blanco y negro, de la que nos habla el narrador y poeta Julio Llamazares en 'Escenas de cine mudo'), es una novela emocionante, de principio a fin, enmarcada especialmente en La Braña, que es, según David F. Villarroel, trasunto de Tejerina, su tierra natal, "con la vida del campo y de los pastores, los largos días del invierno viendo nevar...".
Un novela que bien podría ser autobiográfica, aunque el contexto histórico en que transcurre no se corresponda con el de su autor –los años anteriores a la Guerra Civil y los de la propia contienda–, en la que el protagonista, Miguel, "se ve forzado a participar en ella, primero en un bando y luego, por una serie de circunstancias, en el otro".
En 'Ver nevar', logra dar voz a "unas personas cuyas vidas, humildes y apegadas a la tierra, merecían quedar para siempre contadas en un libro". Y además consigue recuperar el riquísimo vocabulario campesino, "hoy en trance de desaparición".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com: https://www.ileon.com/cultura/090365/david-fernandez-villarroel-la-literatura-en-general-y-la-novela-en-particular-no-es-mas-que-eso-un-engano-consentido)