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jueves, 9 de julio de 2020

Novecento

El fallecimiento de Morricone me ha hecho recordar la película Novecento, de Bertolucci (el controvertido director italiano de El último tango en París).
Novecento es una de las grandes películas de la Historia del cine, que me dejó huella la primera vez que la vi, hace ya un montón de años. Y que he vuelto a ver en algunas ocasiones más. 

El genio Morricone le pone banda sonora a este fresco histórico, a esta épica, poética y colosal película, tanto en metraje como en la calidad narrativa, pues ver esta cinta es acaso como leerse un manual de historia, que nos contara, que nos cuenta en verdad la lucha de clases entre el campesinado y la aristocracia-burguesía de principios de siglo XX en una Italia donde comienza a proliferar el terrible fantasma del fascismo, representado en el brutal y vomitivo Attila (que interpreta de un modo magistral el actor Sutherland). 
La película, aun siendo coral (en la que intervienen grandes estrellas, secundarios y figurantes) está básicamente sustentada en dos grandes pilares actorales como son De Niro (Alfredo, que simboliza al patrón, el terrateniente, el hacendado) y Depardieu (Olmo, que representa a los campesinos). Dos fenómenos de la interpretación, que nos cautivan con su presencia escénica. Dos polos opuestos que nacen y crecen juntos como amigos. Una pena que sus antagónicas clases sociales los lleven por los derroteros de una lucha encarnizada. 
Así somos por lo demás los seres humanos, qué terrible. 
Aparte de las secuencias costumbristas, digamos de faena campestre, como por ejemplo la siega, el ordeño de las vacas o la matanza del cerdo (impactante el contraste de la sangre en la nieve), entre otras (lo que me devuelve a cuadros naturalistas extraordinarios. Y por supuesto nos remite a otra obra maestra del cine como El árbol de los zuecos, de Olmi) sigo impresionado, cada vez que la veo, por dos secuencias demoledoras, a saber, una en la que vemos a Olmo y Alfredo compartiendo una prostituta epiléptica. Sobrecogedora. Y otra, aún más terrible, que logra producir un choque emocional en el espectador cuando "el camisa negra" Attila y su mujer Regina (Laura Betti) dan captura a un niño, con el que acaban de un modo monstruoso. Una escena que resulta vomitiva pero que nos avisa de los horrores, de los límites, sobrepasados de largo, a los que puede llegar el ser humano, al menos algunos seres-alimañas. 
Soberbias las interpretaciones, no sólo de los protagonistas/antagonistas De Niro y Depardieu, sino de todo el elenco actoral, en el que sobresalen grandes como Dominique Sanda, Stefanía Sandrelli, Burt Lancaster o el propio Sutherland, con su mirada desafiante y desquiciada.  
En cuanto a las localizaciones, aparte de Cinecittà (donde tanto le entusiasmara filmar al maestro Fellini), la mayor parte de secuencias están rodadas en la región de Emilia-Romagna, de donde era originario el director de El cielo protector (basada en la novela homónima de Bowles).
Me entusiasma la estética de la imagen de Novecento, con una iluminación/fotografía concebida en función de las diferentes estaciones del año. No en vano, es el maestro Storaro (uno de los mejores directores de fotografía del mundo) quien se encarga de esta labor. 
Aunque tenga una larga duración, la película no pierde interés en ningún momento, si bien su director se quejara de que el montaje final para exhibirse en salas de cine no acabara de convencerle. 
 

miércoles, 8 de julio de 2020

En tres tiempos

El pasado es la memoria que nos ayuda a vivir,  a saber quiénes somos y quizá hacia dónde vamos. 
En este mundo a la deriva. 
Lleno de miedos e incertidumbres.
Esclavizado a la ignorancia y el poder.
Sometido al dinero-basura. 

El futuro es la ilusión que nos permite seguir viviendo. 
En este mundo trastornado.
Lleno de angustias y depresiones.
Esclavizado a las clases sociales.
Sometido al imperio de la sin razón.
El presente es lo único que nos mantiene ligados y aun religados a la realidad, que es la que deberíamos vivir y sentir en cada instante, con fuerza, con entusiasmo, con amor, a pesar de las adversidades y contratiempos. 
En este mundo falsario.
Que revienta por la cañería de sus poros.
Esclavizado al tener. 
Sometido a la estupidez.
El presente es lo único que tenemos. Y nos hace ser. Como si cada instante fuera eterno. En una eternidad ficticia, suspendida en el aire. 
Nuestro presente es nuestra única razón de ser.
La vida es bella a pesar de los pesares. 

Cinema Paradiso

Se tu fossi nei miei occhi per un giorno 
Vedresti la bellezza che piena d'allegria 
Io trovo dentro gli occhi tuoi 
E nearo se magia o lealta

Ayer escribía una entrada sobre Morricone, el cine y la música, haciendo referencia a la banda sonora de la película Cinema Paradiso, que es todo un canto a la nostalgia, a la ternura, a la belleza mediterránea. Y también ayer mismo volvía a ver en la tele esa película de Tornatore que en su día nos dejara la emoción en la mirada y por ende lágrimas en los ojos. 

Un viaje al pasado, el del protagonista Totó, rememorando desde el presente con tristeza en la mirada toda su infancia y juventud en una aldea siciliana (película filmada en gran parte en escenarios naturales sicilianos, entre otros Cefalú y Palazzo Adriano, que se hace pasar por el inventado pueblo de Giancaldo). Me fascina Sicilia. Y ahora más que nunca me apetecería volver a esa isla. 
Cinema Paradiso e un viaje contado en tres partes: infancia, juventud y época adulta de Totó. 
Es lo que tiene en ocasiones el cine, que nos identificamos tanto con los personajes, que acabamos creyéndonos todo aquello que nos cuentan, aunque sepamos de antemano que se trata de una ficción, una ficción que podría haber sido real como la vida misma, en todo caso (es probable que el director Tornatore nos esté contando su propia autobiografía, aunque esté ficcionada). Porque el cine es una apariencia de realidad, una imagen más o menos fidedigna de la realidad. Una sucesión de imágenes en movimiento que nos dan la sensación de realidad, de estar viviendo un presente, que nos seduce y nos atrapa, como es el caso de Cinema Paradiso, película que cuenta con los ingredientes suficientes para paladearla, degustarla, como si fuera el mejor manjar, que lo es, porque la belleza, como nos dijera el surrealista Dalí, será comestible o no será. Y esta película es una belleza comestible, que nos habla del cine, del poder del cine, de su magia, de la capacidad que tiene también como medio de masas, de concentrar en torno a su luz a toda la población de una aldea. Y por tanto, la capacidad del cine para mostrarnos la vida, al menos una suerte de vida, para meternos de lleno en la pantalla y sentirnos, al menos por un tiempo, parte de lo que se nos está contando. 
Cinema paradiso, como su propio título indica, nos introduce en el mundo de las películas clásicas, en blanco y negro, en historias de amor, acaso románticas, como la propia historia de Totó adolescente con su amada Elena, un amor imposible, o mejor dicho, un amor finito, como todo en la vida. Porque también la vida es finita. 

Y por supuesto nos muestra todo un microcosmos a través de una galería de personajes que parecieran salidos de una película de Fellini (alguna escena me hace recordar a Amarcord, como alguna de los adolescentes excitados en el cine o bien alguna en la escuela, como cuando una feroz maestra interroga a uno de sus pupilos: ¿5x5?, pregunta la seño, a lo que el rapaz aturullado acaba respondiendo, con la inestimable ayuda de Totó, Navidad. Simplemente genial). 
También el cura censor, el loco de la plaza, las prostis en el camerino de la sala de cine... refuerzan esa idea de película fellinesca. 
Cinema Paradiso (que me traslada también al Cinema Paz de Bembibre) me hace recordar al cine del fallero Berlanga. 
Me conmueve sobre todo esa historia de amistad, de amor también, entre el veterano proyeccionista Alfredo (interpretado magistralmente por el actor francés Noiret) y el niño aprendiz Totó, que está divino. 

Una historia verdaderamente entrañable la que se estable entre ambos, pues el niño busca en Alfredo la figura de un padre que no ha tenido y Alfredo por su parte encuentra en Totó el hijo ansiado (me sobrecoge la secuencia de Alfredo y Totó en la bicicleta). 
Un padre que desea lo mejor de verdad para su hijo, que lo impulsa a salir de la caverna, que lo impulsa en definitiva a volar, a crecer. Que lo ama de verdad, sin ataduras, sin posesión, con auténtica libertad. Porque el amor puro es eso. Lo demás es algo tóxico. 
Por eso le dice, cuando es un adolescente, que se vaya del pueblecito donde viven (aldea ficticia en la maravillosa Sicilia) a Roma, la ciudad eterna, donde podrá labrarse un futuro provechoso. "¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas… No me busques... Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina del Cinema Paradiso. Desde hoy, ya no quiero oírte hablar; ahora, quiero oír hablar de ti…", le dice contundente Alfredo a su amigo/hijo Totó. 
Memorable esta cinta de Tornatore. 

martes, 7 de julio de 2020

A Morricone

Se nos ha ido el genio Morricone, que tantas buenas bandas sonoras nos ha dejado, pero su espíritu, precisamente en forma de música, siempre nos quedará. Siempre nos quedarán sus maravillosas bandas sonoras.
Morricone. Wikipedia
Siempre nos quedará su música para películas inolvidables como Cinema paradiso, de Tornatore, que es precisamente un homenaje al cine, al cine como magia. Por eso el arte es tan importante, porque se queda con nosotros para que sigamos soñando. Y emocionándonos. Para que sigamos viviendo.
El poder de la música (también de la imagen) nos llegan por vía directa a las entrañas, calan hondo en nosotros. Y nos procuran emociones intensas, despiertan en nosotros vivencias, sensaciones... que nos ayudan a seguir viviendo acaso con ilusión. 
¿Qué sería de nosotros sin el cine y sin la música?
"El cine es fundamentalmente ritmo -asegura Bergman-.  A menudo siento una película, o una pieza de teatro, musicalmente", nos cuenta el director sueco. "Cine como sueño, cine como música", añade el autor de Fresas salvajes en la Linterna Mágica (su fascinante libro de memorias).
Cinema Paradiso
El cine es ritmo. Por eso Morricone, al igual que hiciera su paisano Nino Rota, compuso extraordinarias bandas sonoras para películas como La misión, que se ha quedado grabada en la retina de nuestra memoria afectiva. O bien la trilogía del dólar de Sergio Leone. Con un joven actor llamado Clint Eastwood que a la larga se revelería como uno de los grandes directores del cine mundial, con películas como Los puentes de Madison, Gran Torino o Million Dollar Baby (cada vez que veo esta película se me parte el corazón). 
Ayer volvíamos a ver en la tele El bueno, el malo y el feo, perteneciente a esa trilogía del dólar, que nos hizo engancharnos al western, en concreto el spaghetti western, películas todas ellas rodadas en Almería, tierra en la que tuve la ocasión de vivir durante algún tiempo. Y que he visitado en algunas ocasiones. El Minihollywood, enclavado en el desierto de Taberna, como icono y espacio cinematográfico. 
Tabernas
Almería es por lo demás provincia que ha servido como plató cinematográfico para varias películas, incluso para rodar secuencias de Indiana Jones y la última cruzada, de Spielberg. Por tanto, Morricone, quien introdujo el silbido en sus bandas sonoras para los western antes mencionados, bien se merece un homenaje en tierra almeriense. Cabe recordar que quien pone el silbo a las conocidas melodías de Morricone es/era un silbador profesional de Jaén llamado Savoy. 
Salta a la vista que el tándem Morricone-Leone salta a la vista (no olvidemos Érase una vez en América) pero no quiero olvidarme de la banda sonora de una de mis películas preferidas, me refiero a la monumental Novecento, de Bertolucci, quien dijera de Morricone que compuso uno de los más bellos himnos de la historia del cine. Una cinta, la de Bertolucci, que requeriría de otra entrada en este blog. 

La música de Morricone siempre nos acompañará. 

lunes, 6 de julio de 2020

De San Andrés de Teixido a San Andrés de Mixquic en México

La cuna del realismo mágico, como he apuntado en más de una ocasión, es Galicia, miña terra, nuestra hermana de alma y corpo, nuestro universo de meigas, meigallos, trasgos y pantasmas, espacio alumbrado por el candil de los sueños y las pesadillas donde los vivos hablan con los muertos con genuina naturalidad, sin aspavientos, sin artificios ni retóricas vanas, porque vida y muerte forman parte de una misma moneda de cambio. 

Vida y muerte son lesbianas, según el cantante y poeta Javier Corcobado, al que tuviera la ocasión de ver/escuchar en concierto en una ocasión en el Albéitar de León, tal y como queda reflejado en este mismo blog. https://cuenya.blogspot.com/2011/01/es-la-muerte-el-frio-mas-profundo-hasta.html
Quizá decir esto no resulta políticamente correcto, o sí (ahora que todo es política y socialmente incorrecto, acaso porque hemos creado una sociedad estúpida, incapaz de pensar y discernir con claridad), pero como creo que Corcobado es contrario a toda corrección, pues él lo dice y se queda tan ancho. Algo que me parece magnífico. 
Si sale cara, sigues en la senda, mas si sale cruz, te vas al hoyo (el vivo al bollo y el muerto al hoyo), que ya llegó tu hora, la hora fatídica del más allá en este más acá de polvo eres, polvo haces (a veces, nomás) y en polvo te tornarás. Ese dicho bíblico que tiene continuidad en estos versos de Quevedo de su poema Amor constante, más allá de la muerte, que dicen así: serán ceniza, más tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado. 

Todo lo que de la tierra surge a la tierra volverá, porque tú/yo no eres más que materia que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma en energía, por eso los espíritus, que son puritita energía, perviven con nosotros, entre nosotros. Y por eso podemos hablar con los muertos de tú a tú o de yo a yo, tuteando o yoyeando, que sería como decir chocheando. Por eso pululan por doquier los adivinos, mentalistas, espiritistas... y demás fenómenos, que se encargan de hacer vuelos astrales y leernos nuestro futuro mortal y rosa por las estepas desoladoras del ostracismo. O tal que así. 

Valga este preámbulo para situarnos en el origen del realismo mágico, que bien podría ser la aldea de San Andrés de Teixido, que, como bien reza el refrán, "a San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo". Así que, antes de espicharla, vayamos a este pueblo que se mira en los acantilados espejos del ultramar/ultramundo devolviéndonos una imagen de quienes fuimos, quienes somos y quienes seremos. Los muertos que seremos algún día. 

Pasado, presente y futuro en un mismo plano de realidad o surrealidad brotada de una leyenda revivida a través de la Santa Compaña o la procesión de ánimas, de ánimas en pena... como Fiz de Cotovelo (la hueste o güeste, que decimos en León, memorable la que viví el pasado año en Villalfeide). 
https://cuenya.blogspot.com/2019/10/noche-de-animas-en-villalfeide.html
Tiene uno la impresión, al visitar San Andrés de Teixido, como si de repente se hubiera uno desplazado, acaso en algún viaje astral, a México, tal vez a San Andrés Míxquic, donde se celebra el Día de muertos por todo lo alto, con toda la parafernalia de ofrendas a la memoria de los difuntos, entre las que se hallan las famosas calaveras de azúcar y los panes de muerto, que tendrían su equivalente en los sanandresiños o figuras hechas con miga de pan. https://cuenya.blogspot.com/2011/11/culto-los-muertitos-en-mexico.html
El culto a los muertos en México resulta sobrecogedor. De Galicia a México el viaje a través de los tiempos se me antoja realmente estimulante. 

El propio Gabo, que se sumó al llamado Realismo Mágico (junto a sus colegas Rulfo o Carlos Fuentes, entre otros) reconoció su deuda con Galicia. 
"Mis abuelos eran descendientes de gallegos, y muchas de las cosas sobrenaturales que me contaban provenían de Galicia", recordó el creador de Cien años de soledad, novela que publicó gracias al gallego coruñés Francisco Porrúa, nacionalizado argentino, https://cuenya.blogspot.com/2009/11/francisco-porrua.html 
https://www.lanuevacronica.com/porrua-el-legendario-editor en la que el premio Nobel cuenta historias extraordinarias, mágicas, como si fuera algo cotidiano que formara parte de la vida ordinaria. 
Como esas historias que le contara su "abuela gallega" Tranquilina Iguarán.  

domingo, 5 de julio de 2020

Hayedo poético en Busmayor


Busmayor o el Busmayedo, como diría la poeta bembibrense Pilar Blanco, es uno de esos espacios para perderse a gusto y gana. 
Aldea remota en los confines del Bierzo, de ese Bierzo que raya con la Galicia lucense y ancestral. 

Bercianos y galegos somos primos hermanos. O hermanos, directamente. Nos une la gastronomía, el paisaje y un modo de hablar común, similar. Pero esto daría para mucha tela.
El Bierzo como la quinta provincia galega
Aunque sabemos que hay algunas partes de esta comarca leonesa, sobre todo el Bierzo Alto, la ribera alta del Sil y la ribera alta del Boeza, que se vuelven astures, astur-leoneses, también en su habla. Y de esto sabía mucho el ilustre Menéndez Pidal. 
Busmayor es asimismo el topónimo que eligiera Carmen, la poeta, para firmar sus libros. Creo que fue el bueno de Pereira (qué grande, che) quien la impulsó para que empleara Busmayor como apellido artístico. Todo un acierto por parte del maestro villafranquino, universal de la lengua, tanto oral como escrita. Uno de nuestros mayores y mejores cuentistas. Al que volvemos de vez en cuando acaso en busca de inspiración (en una de las fotos podemos ver a la entrañable Úrsula, su compañera del alma, fallecida en pasado año). 
Carmen Busmayor es por lo demás la creadora e impulsora de los Versos que se celebran en el susodicho hayedo desde 2009, fecha inolvidable porque Carmen me invitó, junto a otros poetas (entre ellos el ya fallecido Fermín López Costero o Rafa Saravia, Raquel Lanseros, Curiel...), a leer ese año, el primero, lo cual le agradezco, que pensara en mí, todo un placer para este humilde trovador. O cantor de musarañas. 
Foto: Diario de León (Primeros Versos en Busmayor)

Aquel primer encuentro en el hayedo de Busmayor me encantó. En medio de un bosque de las delicias, con la luz de media tarde filtrada, aire puro y agua que susurra amorosidades, me embriagué de poesía y música, que son artes sublimes. 
Arropado por la gente del entorno y mucha otra llegada de fuera incluso del Bierzo, me sentí como en una nube. Fue un motivo magnífico para reencontramos algunos cuates bajo la batuta del maestro de ceremonias Tomás Néstor y la anfitriona de la fiesta, Carmen Busmayor, que se mostró amable y hospitalaria en todo momento. Y encima, el alcalde del Ayuntamiento de Barjas (al que pertenece Busmayor), nos hizo un obsequio y nos brindó una cena en toda regla, con pulpo, empanada y churrasco. Una maravilla. 
La noche, mientras bailábamos, se volvió mágica por momentos. Un placer para los sentidos y una levitación espiritual. 
Úrsula y Mar Palacio


El asunto es que su encuentro al pie de la piedra de los poetas, enclavada en medio de una naturaleza esplendorosa, despertó en mí la curiosidad por lanzarme la aventura. Y de este modo puse en marcha el Encuentro Literario al siguiente año, 2010, en Noceda del Bierzo, al que bautizara como útero de Gistredo. 

Dicho lo cual, hasta me atrevería a decir que la singular y bella ruta del hayedo de Busmayor, con sus cascadas (fervencias o fervenzas) como la do Beiro, me hace recordar la ruta de las fuentes curativas en Noceda del Bierzo, las fuentes del Nilo-Noceda (hasta suena bien).
Ojalá Carmen se anime y nos ofrezca este año otro de sus encuentros poéticos. Pues uno tiene intención de llevar a buen puerto el suyo en Noceda del Bierzo el 14 de agosto, siempre que la situación vírica nos lo permita.
Además de aquel primer año de 2009, recuerdo que Carmen me volvió a invitar a leer en 2014, en compañía de otros y otras poetas como Reme Álvarez, Ángeles Fernángomez, Julia Conejo, Saravia, Cano García... Y en alguna otra ocasión me dejé caer por allí como espectador. Algún año, tal vez el 2010, en compañía de la poeta Pilar Blanco (quien también llegó a estar en Noceda en el primer Encuentro). Con lo cual he sido un privilegiado, con la suerte de disfrutar de ese bucólico paraje que, en estos tiempos de virus, despierta aún más mi curiosidad por rendirle una nueva visita. 

Confieso que me gusta volver una y otra vez a aquellos lugares que me han dejado huella emocional, que me han encendido la lámpara de los sueños.
Quienes no hayáis tenido la ocasión de acercaros al hayedo de Busmayor (aldea incluida, por supuesto), no lo dudéis ni un instante, porque allí la poesía brota como el agua de entre la tierra. Y las hayas os protegerán con su sombra de los malos espíritus. 
La umbría os hará creer que os hayáis en un cuento. El cuento mágico de un bosque centenario. A salvo de virus y enfermedades. Con la salud rebosando por los colores que pueblan, según la estación, esta naturaleza envolvente.
Volveremos al Busmayedo por la senda do Faxeiral. 


sábado, 4 de julio de 2020

El greguerístico Ramón Gómez de la Serna o de la Sorna

Ramón no es un maldito porque es un genio del bien, y le lleva la contraria a Gide, demostrando que con buenos sentimientos se puede hacer, si no buenas novelas, sí buena literatura. Ramón no es un maldito, pero escribirá mucho sobre Baudelaire, Lautréamont, Cocteau, Poe, Oscar Wilde, etc. 
(Umbral, Ramón y las vanguardias) 

Siento admiración por la figura y la obra de Ramón Gómez de la Serna, don Ramón, el greguerístico, el humorístico (reconocido incluso por la Academia Francesa del humor) a quien gustaba dar charlas, que eran auténticos espectáculos, sentado en un trapecio o trepado a un elefante en el circo, a él que le apasionaba el circo. 

Es un escritor al que me hubiera gustado conocerlo, charlar con él, pero murió antes de que me nacieran. Y nació, todo sea dicho, a principios de julio, tal día como ayer, según nos consta en su biografía. 
Leer y aun releer a don Ramón es divertido y a la vez instructivo, cosa que no ocurre con tantos escritores o llamados escritores, que resultan soporíferos. 
Además, Gómez de la Serna era breve e intenso, porque lo bueno si breve dos veces bueno (Gracián), él que nos legó una extensa obra, porque era, aparte de buen escritor, en toda la amplitud del término, muy prolífico. Y hasta podríamos decir que se anticipa, él que también era un vanguardista, un adelantado a su tiempo, a lo que ahora llamamos twits o tweets. 

Un excelente twittero o twitter sería hoy en día don Ramón. 
Escribió miles de greguerías (más de diez mil, se dice), algarabías, griterías impregnadas de metáforas y humor. 
Como esta que dice: "Carterista: caballero de la mano en el pecho... de otro". O bien esta otra: "La B es el ama de cría del alfabeto". Y aun estas: "El termómetro es la pluma estilográfica de la fiebre", "La morcilla es un chorizo lúgubre", "El 8 es el reloj de arena de los números"...
"Greguería es el griterío de los cerditos cuando van detrás de su mamá". Lo que gritan las cosas y los seres desde su inconsciencia. 
Las greguerías son cabriolas irónicas, sutiles y divertidas provocadas por cualquier detalle insignificante. Son asimismo imágenes líricas, fotos sin trucaje, instantáneas fundamentadas en asociaciones ingeniosas de ideas, que a veces nos remite a una metáfora y otras a un concepto, asociaciones visuales de imágenes, asociaciones libres de conceptos. Y ahí es donde entra en escena el surrealismo. 
Las greguerías son disparadas, humorísticas, que expresan de forma aguda pensamientos filosóficos y/o líricos, frente a los aforismos (léase al genial Karl Kraus, Contra periodistas y otros contras, por ejemplo), que resultan enfáticos y dictaminadores. 
Lhardy

Las greguerías están emparentadas con otros microgéneros como los haikus, que son rocíos de greguería, según don Ramón. Y también están emparentadas con los membretes de Oliverio Girondo: "La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz, en una boca entreabierta de mujer".
Muchas de ellas escritas en cafés, que a Ramón le entusiasmaban las cafeterías o botillerías de la época, como los madrileños Lhardy (aún en pie a fecha actual) o el café Pombo, que se hallaba en el número 4 de la céntrica calle Carretas, que va a desembocar a la Puerta del Sol. Dicho sea de paso, me encanta pasear por esta y otras calles de ese Madrid histórico, con tanta solera y espíritu literario. Su amigo el escritor y pintor Gutiérrez-Solana lo llegaría a inmortalizar en una de aquellas tertulias del café Pombo.
Greguerías ingeniosas, chistosísimas, prestosísimas, tras las cuales se esconde un pensamiento profundo, un fino análisis de la realidad, del hombre/mujer y las cosas. Las palabras y las cosas. Por citar asimismo el filósofo Faucault. 
tertulia del café Pombo

Greguerías que escribió a lo largo de su vida con la inspiración/transpiración de su propio yo y el amadrinamiento (al menos en París) de la todoterreno almeriense Carmen de Burgos, que fuera su mujer/amante durante algún periodo de su vida. Aunque alguna vez he hecho referencia a Carmen de Burgos (Colombine), quiero reseñar que está considerada como la primera periodista profesional en España  así como la primera corresponsal de guerra. Casi nada. Y una defensora de las mujeres, aunque no le gustara nada el término feminismo. 
Puñal de claveles es quizá una de sus novelas más conocidas, acerca de un crimen cometido en Níjar, que le sirvió de inspiración al genio Lorca para componer sus Bodas de sangre
Reconoce el propio Ramón que, aun siendo el inventor o re-descubridor de las greguerías como tales, éstas tienen antecedentes en autores varios: Shakespeare, Quevedo, Góngora, Víctor Hugo, entre otros. Incluso antecedentes en el refranero o saber popular. Como este que dice: "Si la gallina supiera lo que es una tortilla, no dejaría ni un huevo sano". O bien esta sentencia que promulgara un vecino del útero: "Si supiera el día en que iba a morir, invertiría todo el capital en cristales, y cuando fuera a estirar la pata, le pegaba una patada para romperlos todos, que no quedara uno vivo" (Él lo decía con acento asturleonés). 
También encontramos greguerías en algunos versos de escritores como Lorca: "la luna tiene un sueño de grandes abanicos", Gerardo Diego: "La guitarra es un pozo con viento en vez de agua", Apollinaire: "Los recuerdos son cuernos de caza, cuyos sonidos mueren en el viento", Huidobro: "los ascensores suben como el mercurio de los termómetros", Jardiel Poncela: "Suicidarse en subirse en marcha en un coche fúnebre", o el inolvidable José Luis Coll con su desternillante Diccionario: "Verborrea: enfermedad venérea de la elocuencia" o "Zueco: Andaluz nacido en Suecia". Por poner sólo un par de ejemplos.
Greguerías también tienen su equivalente en las Criailleries francesas y las Schiamazzi italianas. 

Recuerdo con devoción un libro de Ramón dedicado a la capital española, su lugar de nacimiento, titulado Nostalgias de Madrid, que está lleno de fascinantes observaciones y reflexiones acerca de los madriles. Es como la continuación de su monumental Automoribundia, sus memorias, que también leí con deleite (me gusta este término, de la leche, aunque en este caso resulte cacofónico o así, leí con deleite). No en vano, don Ramón fue cronista de Madrid y el primer hipster del barrio madrileño de Malasaña, según algunos. 
Porque don Ramón no se agota en sus memorias ni en sus greguerías, aun siendo estas sustanciosas, enjundiosas, sino que también escribió algunos ensayos como Ensayo sobre lo cursi, que reeditara el bueno de José Luis Moreno-Ruiz en su editorial Moreno-Ávila, o bien Senos, que le serviría de inspiración a Juan Manuel de Prada para escribir Coños (cuando aún era posible leer a de Prada). 
También el surrealista Ramón escribió libros inolvidables como El rastro, dedicado al zoco madrileño, El circo, Gollerías o Cinelandia, que es una crónica novela sobre el cine de Hollywood, entre otros muchos. 
Tal era su devoción por el cine que hasta llegó a escribir un guión El mundo por diez céntimos, que el genial cineasta de Calanda, don Luis Buñuel, estuvo a punto de filmar. 
La influencia de Gómez de la Serna en Buñuel es decisiva. 
Esto cuenta Buñuel: "Durante los años que pasé en la Residencia, Gómez de la Serna era un gran personaje, acaso la figura más famosa de las letras españolas. Era autor de numerosas obras y escribía en todas las revistas.
Todos los sábados, de nueve de la noche a una de la madrugada, Gómez de la Serna reunía a su cenáculo en el Café Pombo, a dos pasos de la Puerta del Sol. Yo no faltaba a ninguna de aquellas reuniones, en las que encontraba a la mayoría de mis amigos y a otros".
Es sin duda Ramón Gómez de la Serna (de la Sorna) uno de nuestros grandes humoristas y pensadores. Del que pocos parecen acordarse. Y hasta creo que se estudia poco y mal en institutos y universidades. Así que deberíamos volver a él y a la lectura de su obra. 
Olvidaba decir que el propio Ramón dedicó algunos ensayos a escritores como Azorín o Valle Inclán (adoración que siento por este fenómeno). Y por supuesto me quedo con el ensayo que le dedica el siempre brillante Umbral a Gómez de la Serna titulado Ramón y las vanguardias, que acostumbro a utilizar como manual cuando me da por impartir alguna clase sobre este grandísimo autor que fuera y sigue siendo Don Ramón, el cual tuvo, por lo demás, la ocasión de viajar por el mundo: París (que le dejó huella), Nápoles (otra de sus residencias), Lisboa, Londres... O Buenos Aires, donde acabaría exiliándose. file:///C:/Users/Propietario/Downloads/Ramon%20y%20las%20vanguardias.pdf
Me contaba el gran Bergara Leumman (ya fallecido) en mi primer y único viaje hasta ahora a Buenos Aires que daba gusto ver a Gómez de la Serna pasear con su esposa Luisa (Luisita) Sofovich por las calles de la ciudad porteña.
"Eran los suyos unos paseos rituales, amorosos, inspiradores... España tiene aún muchas deudas pendientes con la musa de Gómez de la Serna”, llegó a decirme el  polifacético Leumman  con tristeza. 
Por cierto, Leumman, el creador de La botica del Ángel, amerita de un texto. http://boticadelangel.usal.edu.ar/
Mientras, seguiremos tras las huellas de Gómez de la Serna. Con ganas de acercarme al cementerio de San Justo, donde está enterrado junto a Larra (otro escritor por quien siento devoción). 


miércoles, 1 de julio de 2020

En Babia

Estar en Babia es expresión que se usa a menudo para señalar que uno está en la inopia, en el limbo, en algún lugar no lugar, en una dimensión acaso desconocida. 

Estar en Babia es como decir estar en Las Batuecas, que es lugar exótico en medio del secarral charro. Vergel divino cercano a la medieval La Alberca (perteneciente en el siglo XIII a la corona leonesa). Pero esto merecería otra entrada. 
Babia y Las Batuecas son lugares recogidos, entre otros, por el escritor Julio Llamazares en su Atlas de la España imaginaria. 
"Babia, la lejana y bellísima comarca leonesa que baña el río Luna y preside la solemne Peña Ubiña desde su soledad geológica y lejana, ofrecía aún en aquel tiempo múltiples alicientes para la actividad y el ejercicio cinegéticos y, como todavía ahora, óptimas condiciones para el entrenamiento y la cría de caballos (Babieca, por ejemplo, era, según la leyenda, originario de sus montañas) y no es extraño que los reyes leoneses, que allí tenían entonces sus picaderos reales —cabe pensar sin duda que en el sentido más amplio de la palabra— prodigasen sus visitas a la zona y alargasen en ella con frecuencia sus estancias, dando origen de ese modo a una expresión que, contra la opinión vulgar, no alude en modo alguno a un estado de inopia o de ignorancia, sino, por el contrario, al humano deseo de los reyes leoneses de permanecer alejados de las luchas e intrigas cortesanas", escribe Llamazares en su libro En Babia.

Son varias las hipótesis o teorías que se barajan acerca de esta expresión: Estar en Babia. 
Que si los reyes leoneses que se ausentaban en este idílico lugar, apartado del mundanal ruido. Que si la trashumancia. Y la morriña y el ensimismamiento de los pastores que se iban durante meses a Extremadura. 
En cualquier caso, Babia existe en el mapa, y también en el mapa de los afectos. Y es un espacio, una comarca con mucho encanto verde, con sus lagunas y sus elevadas montañas calizas, que me hacen recordar las dolomitas. 
Las Ubiñas
Como un sueño impresionista se alzan las ubiñas, con esa Peña Ubiña mirador al mundo, a toda Babia y aun a la Asturias verde de montes y negra de minerales. 
La subida desde San Emiliano al puerto Ventana, que delimita Babia del Principado, es todo un chute de adrenalina. Tanto a un lado como al otro del puerto las estampas paisajísticas son auténticos cuadros pictóricos poblados por rebaños de vacas y unos mastines que parecen dormir una siesta eterna. Me ha fascinado visitar Babia el pasado fin de semana, adentrarme en sus entrañas, lo que me ha devuelto a mi mocedad y aquellos viajes desde mi útero a Oviedo atravesando esta tierra donde campan a sus anchas los caballos (mi gratitud a ti, Lidia, por este memorable recorrido). Caballerosidad de brañas y aldeas que invitan al sosiego. Como Truébano, donde veranean tan ricamente los amigos Jose y Ludi. 
O Villasicino, con su atractiva ermita o sus casas solariegas o de indianos. Resulta magnífico tomarse algo en el prao-terraza del bar del pueblo. 
El hostal Collada de Aralla, enclavado en la Reserva de la Biosfera Omaña-Luna, en el Parque natural Babia-Luna, es un sitio excelente para pernoctar. Y degustar unas torrijas con café de puchero, entre otros nutrientes. 
Desde este hostal rural, situado a más de 1300 metros sobre el nivel del mar, las vistas son estupendas. Al fondo se intuye el embalse de Luna. 
El puerto de Aralla es buen punto de partida para recorrer Luna, Babia y aun el valle de Arbás (hace un tiempo recorría y escribía sobre Casares de Arbás y el restaurante el Embrujo, en Poladura de Tercia, donde merece la pena tomarse un respiro al amor de una sidrina). 
Vistas desde Branillín
Desde Aralla -haciendo parada técnica y oficial en el Ezequiel de Villamanín- me hace ilusión acercarme a Busdongo (vamos a parar en Busdongo, recuerdo que se decía en aquel tren en el que viajaba en tiempos de juventud a la ciudad vetustense, Busdongo es la matria del empresario Amancio Ortega y el profesor y escritor Suárez-Roca). La ruta continúa por Arbás del Puerto-Alto Pajares-Brañillín. Y desde ahí la aldea de Pajares está al ladito. A estas alturas, León y Asturias se tocan por todos los costados. 
Desde aldea de Pajares
Un paseo por la aldea de Pajares, cuyas vistas serraniles se me antojan puro hechizo, me hace topar, por azar, con una placa en la que se menciona al filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal (así se llama también el colegio público de Bembibre). Allí se halla la casa paterna, donde el ilustre folclorista veraneaba en su infancia. 
Cuenta don Ramón que en la aldea de Pajares se formó física y espiritualmente, despertándose sus aficiones intelectuales. 
Casa paterna de Menéndez Pidal en Pajares
"Aquellos prados eran mi libertad, las huertas, el edén paradisíaco", escribió el autor de Dialecto leonés, una obra de obligada lectura para quienes sentimos la llamada de la palabra.
http://www.fundacionramonmenendezpidal.org/wp-content/uploads/2018/07/ELDialectoLeones.pdf
Estar en Babia es no sólo una frase hecha y un lugar real (además de un espacio legendario como la Comala de Rulfo, el Macondo de Gabo o Región de Benet) sino un estado de arrobamiento que nos permite seguir contemplando el mundo con ojos de asombro. 

jueves, 25 de junio de 2020

La rebelión de las masas

Todo en el mundo es extraño y es maravilloso para unas pupilas bien abiertas. Esto, maravillarse, es la delicia vedada al futbolista, y que, en cambio, lleva al intelectual por el mundo en perpetua embriaguez de visionario. Su atributo son los ojos en pasmo. Por eso los antiguos dieron a Minerva la lechuza, el pájaro con los ojos siempre deslumbrados. 

(Ortega, La rebelión de las masas)

"Se ha abusado de la palabra y por eso ha caído en desprestigio... se ha creído que hablar era hablar urbi et orbe ; es decir a todo el mundo y a nadie. Yo detesto esta manera de hablar y sufro cuando no sé muy concretamente a quién hablo... La lengua, que no nos sirve para decir suficientemente lo que cada uno quisiéramos decir, revela en cambio y grita, sin que lo queramos, la condición más arcana de la sociedad que la habla ", escribe Ortega en el prólogo para los franceses, incluido en su rebelión de las masas. 

Tal vez se ha abusado de la palabra, que acaba gastándose, por eso convendría revitalizarla, darle un nuevo uso, un nuevo sentido, acaso filosófico, a sabiendas de que a través del lenguaje podemos articular el pensamiento. Tampoco se trata de hablar por hablar. Conviene saber a quién se habla, porque a menudo hay gentes con quienes no se puede establecer ninguna suerte de diálogo. Y eso es terrible. 

Si bien ya tenía previsto escribir sobre La rebelión de las masas, de Ortega, el escritor berciano Eduardo Frá me lo sugiere. Y, como uno es la mar de obediente, me dispongo a ello en espera de que pueda salir bien parado, habida cuenta de que la empresa no es fácil, porque, como todo o casi todo, requiere o amerita de una lectura-re-lectura analítica que entronque con la realidad actual. Y es que La rebelión de las masas es tal vez la obra maestra del creador de ¿Qué es la filosofía? o de La España invertebrada, ensayo sobre el que escribiera recientemente en este mismo blog. 
https://cuenya.blogspot.com/2020/06/la-espana-invertebrada.html
Ortega, que tuvo implicación en la política activa, quedó desencantado de la misma. Y se dedicó de lleno a la filosofía, legándonos su amor al saber con una escritura sencilla y a la vez profunda, literaria y filosófica a partes iguales. 
Nos advierte en el prólogo para franceses de que ni su libro ni él mismo son políticos. Y su trabajo "es oscura labor subterránea de minero... La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, confundirlas más de lo que estaban".
Contundente se muestra Ortega al decirnos que "ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral... hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías”. 
Algo que también escribiera el escritor y viajero payés Pla en su Cuaderno gris: “Lo que más se parece a un hombre de izquierdas en este país es un hombre de derechas. Son iguales, intercambiables, han mamado la misma leche".
    Ortega es un valor seguro, hay que volver a su obra de vez en cuando para que nos ilumine la senda de la vida con sus sabias reflexiones. Un hombre ilustrado, cosmopolita, que tuvo la ocasión de viajar por diferentes países dando conferencias en diversos lugares del mundo. 
"La vida tiene que ser culta, pero la cultura ha de ser vital", señaló. Pues, desde su vitalismo, entendió que la vida está por encima de todo. “Vivir es caminar hacia una meta". ¿De qué sirve vivir cien años si no se sabe el por qué y para qué se vive?  
"La auténtica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada. Ya decía Cervantes que 'el camino es siempre mejor que la posada'".
La rebelión de las masas, como tantos libros, tuvo su origen en el diario El Sol, porque en este periódico comenzó el filósofo publicando su obra en forma de artículos. Gran parte de la buena literatura y el pensamiento en España se ha publicado en periódicos. 
La rebelión de las masas, como su título parece indicarnos, hace referencia a la aparición a principios del siglo XX del llamado hombre-masa en Europa. Conviene aclarar que el hombre masa al que se refiere el filósofo se encuentra en todos los ámbitos, en todas las profesiones. Y se trata de un bárbaro, que ha perdido toda capacidad de conocimiento, que tiene dentro una política exorbitada, fuera de sí, que se apresura a apagar las luces para que todos los gatos resulten pardos. El hombre-masa es alguien de alma vulgar, mostrenco social, que para más recochineo se cree la mamá de los pollitos, como diría un cuate azteca. El hombre-masa sería como la antítesis del hombre (mujer) excelso, superior (incluso en el sentido que le da el filósofo Nietzsche, con capacidad de pensar por sí mismo e ir más allá). 
El selecto, el hombre grande sería aquel que goza de una larga memoria. Pues bien sabemos que quien desconoce la historia, tiende a repetirla, a cometer los mismos errores. Y negar el pasado es absurdo, ilusorio. 
"Masa es el hombre medio... que no se diferencia de otros hombres... todo aquel que se siente como todo el mundo, y, sin embargo, no se angustia... La masa no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella... sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera... arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado”, lo cual atenta contra toda suerte de libertades, imponiendo la dictadura de su encefalograma plano.

Aclara Ortega que una sociedad puede tener una masa perfectamente sana. Pero lo funesto ocurre -despeja el filósofo-, cuando esa masa no acata su lugar original, como si los peces quisieran volar y las aves bucear. O los estudiantes quisieran conducir y/o enseñar al profesor, en vez de este a aquellos. Hoy, más que nunca, vemos cómo algunos estudiantes pretenden, amparados a veces en sus padres, pasar por alto, cuando menos, la autoridad moral, académica, de los profesores, que se supone que están entrenados y formados para impartir enseñanza. Invertir los roles puede ser algo demoledor. 
Es habitual en España creer que uno sabe más, incluso como alumno, que quien tiene a bien impartir enseñanza. Lo que no quiere decir, por supuesto, que haya alumnos/as brillantes y profesores horribles. 
Es habitual en España creer que uno sabe más de lo que en realidad sabe, que uno casi nunca sabe nada, por cierto, y el saber requiere de mucho estudio, dedicación, observación, reflexión... Aquí hasta el más tonto hace relojes. Y hasta el más ignorante se cree el más sabio. 
No hay más que echarle un oclayo a los predicadores que aparecen en la tele, ya sean en programillas rosa o bien en tertulias de medio pelo, con un nivel educativo y cultural que brilla por su ausencia. Y encima alzan la voz como si estuvieran en posesión de la verdad. 
El prototipo de hombre masa se encuentra, según Ortega, en el llamado especialista o experto en algo, en alguna parcela del saber, una especie de sabio-ignorante, "un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio”. Qué peligro. 
La ignorancia, encima disfrazada de saber, nos trae a mal traer, porque el hombre masa cree que con lo que sabe ya tiene suficiente, no siente curiosidad por saber más. Desprecia incluso aquello que no se ajusta a su visión del mundo. Sólo se mira a su ombligo, a su bienestar, como un niño mimado. Como un ególatra. 

Por tanto, el hombre masa se caracteriza por su narcisismo, que le impide ver más allá de sus propias narices, creyendo que todo el mundo es como él, piensa y siente como él, y que el mundo es como él cree que es.
"Como el cinematógrafo y la ilustración ponen ante los ojos del hombre medio los lugares más remotos del planeta, los periódicos y las conversaciones le hacen llegar la noticia de estas performances intelectuales, que los aparatos técnicos recién inventados confirman desde los escaparates. Todo ello decanta en su mente la impresión de fabulosa prepotencia".
El hombre masa es quien se cree con derecho a imponer su vulgar veredicto sobre cualquier tema, aunque no conozca nada del mismo, y además se cree que su opinión tiene el mismo grado de valía (o mayor) que la del que se ha tomado la molestia de pensar con detenimiento sobre el asunto. 
Que la masa actúe "por sí misma es, pues, rebelarse contra su destino, y como eso es lo que hace ahora, hablo yo de la rebelión de las masas”, apostilla Ortega. 
En el caso del hombre masa predomina la insinceridad, la broma... la chirigota... el cachondeíto... Y su vida se torna en algo trivial. Puro postureo. Farsa al canto. 
“Casi todas las posiciones que se toman y ostentan son interiormente falsas... Hoy es esto y mañana es aquello otro, aunque no se sepa muy bien por qué. La autoridad y la ley son objeto de escarnio, se le dan más facilidades a los que actúan éticamente mal que a los que hacen lo correcto, desaparece la educación y las buenas maneras en el trato social, cae el respeto a los mayores... Se tiende a hacer propensión central de la vida los deportes, la atención desmedida al propio cuerpo, los coches... el divertirse con el intelectual pero en el fondo no estimarlo, todo esto son signos del imperio de las masas".
https://cuenya.blogspot.com/2010/06/la-unidimensionalidad-de-la-especie.html

En el imperio de las masas se le da más importancia al cuerpo que al espíritu, en realidad, sólo se cultiva el cuerpo serrano, el fútbol como negocio, que resulta bochornoso. 
Ahora, más que nunca (con la situación vírica), hemos podido comprobar qué es lo realmente esencial y qué es lo superfluo. La barbarie campa a su anchas. 
Esa masa (distintas masas) de la que nos hablara asimismo Elías Canetti (Masa y poder) y también el hombre unidimensional al que se refería el filósofo Marcuse, que luego desembocaría en un pensamiento único y ramplón (el pensamiento débil que apadrinara el filósofo italiano Vattimo). Un pensamiento globalizado en la era de la globalización (la globalización de la miseria y de la ignorancia, de los virus y las catástrofes...). Un pensamiento/comportamiento (en manada, aunque cada individuo por sí mismo busque su propio beneficio). Un pensamiento/comportamiento propio de un sistema totalitario y antropófago. 
A menudo (por no decir siempre) los gobernantes mundiales acaban siendo esclavos de los grandes tiburones financieros, de los tecnócratas, quienes también controlan todos los medios de comunicación, cuyos periodistas y comunicadores son soldados rasos, presionados y coaccionados por los poderes para que nos cuenten lo que desean los magnates de marras (convendría leer al gran sociólogo Bourdieu). 

Ortega, en su rebelión de las masas, nos dice que Europa se ha quedado sin moral. Sin moral y sin espíritu, me atrevería a decir. Y el hombre masa aspira a vivir sin supeditarse a moral alguna... "el inmoralismo ha llegado a ser de una baratura extrema y cualquiera alardea de ejercitarlo". 
"Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva. De aquí esa extraña dualidad de prepotencia e inseguridad que anida en el alma contemporánea". 
Con más medios que nunca a nuestro servicio, todo tecnificado, todo bajo el imperio de la tecnología, nos sentimos desnortados, con la incertidumbre y el miedo de ir ciertamente a la deriva. 
"Vivimos bajo el brutal imperio de las masas... el imperio que sobre la vida pública ejerce hoy la vulgaridad intelectual", sentencia el filósofo. 
Definitivamente, se ha impuesto la mediocridad, la vulgaridad, el pensamiento plano, uniformado, en todos los ámbitos.