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viernes, 31 de mayo de 2019

María de Miguel, luz y sonrisa

María es luz y sonrisa; ojalá en la vida siempre estuviéramos impregnados de luz y sonrisa, entonces el mundo sería otro.
María es salmantina y berciana. En realidad, ya casi es del Bierzo, una tierra que ama y siente como propia. Y eso se nota en sus entrevistas. Con su sonrisa grande y su verbo fácil. Con su habilidad comunicativa. 
María es corazón y alma. Con su rostro de chica buena y su mirada transparente tras la que se esconde una sensibilidad para la belleza-verdad-bondad. 
María es una periodista que podría llegar muy lejos en su carrera profesional, que llegará, a buen seguro, eso le deseo, a la que le gusta la palabra, también la palabra escrita, esa que no se la lleva el viento. 
Y disfruta mucho haciendo su trabajo. Y eso se le nota en lo que hace. 
María de Miguel es una chavala a la que conozco desde hace ya un tiempo (el tiempo vuela, asusta su vertiginosidad).
El pasado miércoles en el plató de la 8Bierzo, con María de Miguel
Y con quien me siento muy a gusto cada vez que me invita a la televisión de Ponferrada, la  8Bierzo, a su magazine, que es un programa magnífico, una plataforma extraordinaria para que podamos conocer al paisanaje del Bierzo, con su gastronomía, su cultura, su ámbito universitario, su forma de vida actual, en definitiva. Y eso merece mucho la pena. Gracias a María de Miguel, que siempre está pendiente de los aconteceres diarios. Y por supuesto siempre está atenta a lo que uno hace, tanto en la Universidad de la Experiencia como en el apartado más personal, en lo tocante claro está a asuntos profesionales, como podría ser la difusión de un libro (en la foto aparecemos en el plató televisivo con
Del agua y del tiempo, que, como ya sabéis, presentaré en Ponferrada el jueves 6 y en León el miércoles 19 de junio). Por cierto, mi agradecimiento también a Miguel, el cámara, que es un gran profesional y un buen tipo. 
Me encanta la buena gente, lo confieso (hace mil años que no me confieso ante el cura, pero ahora lo hago en este espacio). Y cada día intento alejarme, en la medida de lo posible, de la gente contaminante, de la gente que hace montañas de un simple grano-granero. De esa gente que, en vez de sumar, resta. 
Al final, de lo que se trata es de vivir en paz, lo primero con uno mismo, con la serenidad o ataraxia que predicaban (estos, la verdad, no predicaban, sino filosofaban) los pensadores estoicos. 
El estoicismo como camino hacia la felicidad. O al menos la tranquilidad. 
Pues eso, María, busquemos la serenidad. Y la belleza. Y la verdad. Y la bondad. Con tu luz y tu sonrisa angelical. 

miércoles, 29 de mayo de 2019

La fragua literaria leonesa: Jesús Álvarez Courel

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Jesús Álvarez Courel: "La cultura es la que mueve el mundo, la que nos singulariza"

El polifacético Jesús Álvarez Courel, coautor de 'El tiempo de la Minero' (Piélago del Moro ediciones, 2018), entre otros libros acerca del patrimonio cultural del Bierzo, gestiona en la actualidad la Biblioteca Municipal de Ponferrada. Que está modernizando, con la incorporación de nuevos proyectos culturales.

Jesús Álvarez Courel
Manuel Cuenya | 29/05/2019 - 11:33h.
Especialista en Historia del Arte, con un Máster en Museología, Jesús Álvarez Courel es uno de los dinamizadores culturales del Bierzo. Una persona ilustrada, que ha ejercido diversos cargos, entre ellos el de Director de museos de Ponferrada, que en la actualidad ocupa el historiador del arte y profesor Javier García Bueso.
O bien el de Jefe de Servicio de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta en León, del que guarda buenos recuerdos, "en especial de algunos compañeros, por su honestidad, eficacia y afecto, ya que las dificultades y presiones diarias en ese puesto son a veces excesivas".
Como conocedor de la Junta, está convencido de que la centralización, cada vez mayor de dineros y servicios en Valladolid, es negativa para las provincias y genera desconfianza hacia la administración autonómica. "Aunque nosotros seamos de la tierra y luchemos por ella, la Junta se ve como algo negativo. Y en algunos casos, muy a pesar nuestro, lo es. El mejor ejemplo son Las Medulas, donde se proyectan actuaciones desde los servicios centrales en Valladolid sin conocer el mundo rural, ni contar con los que viven en el territorio.
Como Gerente del Espacio Cultural siento que mi proyecto de Gestión Unificada no se llevará a cabo y que el director general de Patrimonio lo tirará a la papelera, sin ofrecer otra alternativa. Por el patrimonio industrial tampoco se ha hecho nada... En la administración (para la que llevo trabajando 25 años) siempre me tocan obras faraónicas".
En la actualidad, gestiona, como Archivero-Bibliotecario, la Biblioteca Municipal de Ponferrada, cuyo trabajo –en el que dice sentirse feliz, porque además está con buenos compañeros, "competentes y con gran vocación de servicio público"- se centra en modernizar sus instalaciones y servicios.
Cuenta que ya han empezado con mejoras en el edificio y a desarrollar proyectos culturales, cine en versión original y exposiciones. Y han incorporado a los importantes fondos, de los que disponía esta biblioteca, los 9.000 volúmenes de la biblioteca de Valentín García Yebra. Asimismo, él y su equipo están preparando una Comicteca y un bar de Libros; han abierto una nueva sala de exposiciones: un proyecto general de modernización de la Biblioteca Municipal que, en sus propias palabras, espera terminarlo para ofrecérselo a la nueva corporación, "con la misma ilusión que hace 35 años cuando rodé mi primer cortometraje en Súper 8", señala Jesús A. Courel, quien, después de acabar su carrera, le dijo a su padre que quería estudiar cine en Madrid. Y con su consentimiento se fue al T.A.I (Taller de Artes Imaginarias), hoy desaparecido, donde se formó como guionista y realizador. Y donde trabajó en distintos proyectos hasta que, en 1988, RTVE  le aprobó, a él y a su colega José Luis M. Carneiro, un proyecto de una serie documental sobre la frontera entre España y Portugal, cuyo título era 'La Raya/a Raia'.
"Entre localización, rodaje y montaje, estuvimos trabajando desde 1987 a 1990. Al final sus 12 capítulos se emitieron por La 2 en el verano de 1992 y se han pasado en distintas épocas por el Canal de Historia y el Canal Internacional de Televisión Española. Después trabajé como realizador en Canal 9, la televisión autonómica valenciana. He escrito guiones y dirigido muchos vídeos publicitarios y documentales sobre arte e historia del Bierzo para la empresa ponferradina Video Master y, en 1986, organicé la Videoteca Municipal de Ponferrada, con más de 20 horas editadas y sonorizadas sobre el patrimonio artístico del Bierzo, desde las pallozas de Ancares al castillo de Sarracín, del monasterio de Carracedo a la arquitectura palaciega de Villar de los Barrios. Una obra monumental que solo se puede hacer cuando eres joven y que aún se conserva en la Casa de la Cultura donde ahora trabajo".
Recuerda, siendo él un niño de cinco años, que su padre lo llevaba al cine Sil a ver películas del Oeste. "El cine de la conquista le transportaba de la claustrofóbica oficina donde trabajaba a la libertad de las grandes praderas norteamericanas", apostilla.
(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com: https://www.ileon.com/cultura/098042/jesus-alvarez-courel-la-cultura-es-la-que-mueve-el-mundo-la-que-nos-singulariza)

miércoles, 22 de mayo de 2019

La fragua literaria leonesa: Demetrio Fernández González


LA FRAGUA LITERARIA LEONESA


Demetrio Fernández González: "Un escritor es lo que lee, porque desde ahí crea y reproduce, reproduce y crea”

El Catedrático de Lengua y Literatura y narrador Demetrio Fernández González, autor de 'Sinfonía de Praga', está en estos momentos con un proyecto extraordinariamente ambicioso acerca del filósofo alemán Walter Benjamin.

Demetrio Fernández González
Manuel Cuenya | 22/05/2019 - 11:45h.
"1944. Alusión, elusión y elisión: Dificultad para escribir, para encontrar la palabra precisa, cabal y adecuada. Cuando las realidades son nuevas, desconocidas, sorprendentes y nunca vistas ni oídas –aunque se palpen, se huelan y se malsaboreen-, es difícil describirlas, enumerarlas o contarlas (topos de lo inefable).
El lenguaje –la palabra- como vehículo de transmisión, como sustituto o suplente de la realidad -¿acaso como suplantador de la realidad?-, como intermediario entre una realidad ajena y un ser humano que ve, oye, describe o narra, pero que intenta sentir y no comprende..."
(Demetrio Fernández González, 'Sinfonía de Praga')
Autor de la monumental 'Sinfonía de Praga' (monumental por sus muchas páginas y también por la cantidad de referencias literarias, musicales... culturales que existen en la misma), Demetrio Fernández González es Catedrático de Lengua y Literatura.  Y eso se nota en su academicismo, a la hora de componer con las palabras, pero también en su faceta creadora, en sus múltiples lecturas, entre las que están desde Cervantes hasta Flaubert o Tolstói pasando por Proust, Joyce, Faulkner, Kafka (por supuesto) y tantos otros que, a su juicio,  han asentado el canon de la novela moderna, "sin olvidar a Juan y a Luis Goytisolo, a Javier Marías, a Paul Auster, a Enrique Vila-Matas o a Javier Cercas... Un escritor es lo que lee, porque desde ahí crea y reproduce, reproduce y crea; no hay otro sistema posible ('ex nihilo nihil fit', que dijo el filósofo)".
En cualquier caso, reconoce que la literatura siempre ha estado dentro de él, siempre le ha acompañado, en el desempeño de su actividad en España como docente y aun como Inspector de Educación durante más de tres décadas, y también cuando le ha tocado trabajar en diversos lugares del mundo, entre otros en Praga, de ahí que conozca bien su geografía, incluso la sentimental, de la ciudad en la que viviera el genial y atormentado Kafka. Pues tanto Praga, la milenaria, mágica y judía "ciudad de las mil torres" (escenario de la novela, por eso el título de la misma) como Kafka están muy presentes en la misma. Kafka (casquivano y esquivo) y su amigo Max Brod (narrador, compositor y crítico judío), que salvó de la quema y/o destrucción los manuscritos del autor de 'El proceso' y 'La metamorfosis', por fortuna, para nuestra gloria.
Con respecto a Kafka, Demetrio Fernández cita incluso al corresponsal de 'Público' en Israel, Eugenio García Gascón, quien llegara  a publicar un artículo titulado 'Más sombras sobre el legado de Kafka'.
Me resulta curiosa esta referencia a García Gascón, porque uno tuvo la ocasión de conocerlo en un viaje a Jerusalén. "Entrar en Israel impresiona, adentrarse en esas tierras milenarias no deja frío a nadie", escribe Demetrio Fernández al inicio del capítulo 10 de su 'Sinfonía de Praga'.
"La literatura estaba en mí ya desde aquel niño desarrapado de Villahibiera que se pasaba las horas leyendo todo lo que encontraba -en aquel sistema de vida eran muy pocos los libros que había en nuestra casa de pueblo-, aunque fui afortunado porque mi tía Celerina, que 'servía' en León en una casa bien, nos traía los libros que sobraban en la casa donde trabajaba", recuerda Demetrio.
Resulta curioso lo de su tía Celerina. El propio Rulfo decía que su tío Celerino le platicaba las historias que, transcurrido el tiempo, el publicaría bajo los nombres de 'El llano en llamas' y 'Pedro Páramo'.
"Recuerdo cómo, cuando contaba con diez años, tras operarme de apendicitis en el Hospital Nuestra Señora de Regla, mis padres, generosos ellos, que se quitaban el pan de la boca para dárselo a sus hijos, me compraron mi primer libro, y les pedí 'Viaje a la Alcarria', de Cela, de la colección Austral. Y luego me compraron 'Industrias y andanzas de Alfanhui', del recientemente fallecido Sánchez Ferlosio", agrega Demetrio, quien, en su etapa de madurez, sin abandonar sus actividades profesionales, puede dedicarse a la creación literaria y a la literatura casi en cuerpo entero, lo que le ha llevado asimismo a mostrarse crítico (constructivo, por supuesto) con todo eso que se ha dado en llamar poesía, "que en este momento difunden tantos jóvenes y no tan jóvenes en las redes sociales: Poesía es algo más que contar que iba yo por un camino y me encontré con un espino; es mucho más que los efluvios líricos y sentimentales al uso".
En todo caso, está convencido de que la poesía puede escribirse en la juventud (Rimbaud es un buen ejemplo), "pero para escribir novela, entendida esta como obra literaria, es imprescindible la madurez que da la vida".
"Recuerdo cómo, cuando contaba con diez años, tras operarme de apendicitis, mis padres, generosos ellos, que se quitaban el pan de la boca para dárselo a sus hijos, me compraron mi primer libro, y les pedí 'Viaje a la Alcarria', de Cela, de la colección Austral"
En esta misma línea, cabría diferenciar, como apunta él, lo que sería la literatura con mayúsculas, o simplemente literatura, de aquello que no es literatura y se vende como tal. Algo que ocurre, por desgracia, como demasiada frecuencia en este mundo.
"En la literatura, como en cualquier ámbito de la vida, también es legítimo y necesario incorporar el criterio de 'valor', que no todo lo que se vende -y se vende, a veces mucho, y muy bien- como literatura lo es", reflexiona este villahibierense, que no deja de ser ni quiere dejar de ser el que fue y el que es, "nature más que nurture, sin renunciar a sus ancestros y a la tierra que le vio nacer y en la que dio sus primeros pasos", si bien confiesa que es y quiere ser ciudadano "de este mundo redondo y transitable, de un mundo sin fronteras, de un mundo integrado y solidario".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com: https://www.ileon.com/cultura/097804/demetrio-fernandez-gonzalez-un-escritor-es-lo-que-lee-porque-desde-ahi-crea-y-reproduce-reproduce-y-crea)

sábado, 18 de mayo de 2019

A Úrsula Rodríguez Hesles, compañera del alma de Antonio Pereira

Úrsula era una mujer inteligente, afectuosa. Buena conversadora. Siempre amable y sonriente. Siempre elegante. 
Úrsula era la compañera del alma de Antonio Pereira. Y Antonio era también un escritor inteligente, con una gran retranca berciano-galaica. Con un sentido del humor extraordinario. Y una prosa insuperable. Toda ella impregnada de un suave erotismo. 
Convertía cualquier anécdota en oro narrativo. También en oro poético. Y hablaba igual que escribía. Como un ángel. 
Ambos, Úrsula y Antonio, eran magníficos. 
Y siempre guardaré su recuerdo, su afecto, en mi corazón. Y en mi alma. 
Ahora, a estas alturas, Úrsula ya estará conversando con su compañero del alma. 
Así, de repente, como suele ocurrir con la dama de la guadaña, Úrsula se nos ha ido a otra dimensión. Y ya no tendremos, ya no tendré la ocasión de reencontrarme con ella, al menos en esta dimensión, y saludarla. Y charlar con ella. Ahora sólo me quedará su recuerdo, su bella imagen. Y todas esas palabras que me dijera. Algunas de las cuales conservo en algunos correos, que ella, con su generosidad, me enviara. 
Qué pena, que así, tan de repente (no sabía que estuviera enferma), se nos fuera, se nos haya ido. 
Te agradezco, Pilar, amiga y poeta, que me haya enterado por ti. Y luego Miguel Varela haya publicado un post en el facebook. 
Conservo al menos esta foto suya, en compañía de su querido amigo poeta Mestre, que llegara/llegué a enviarle porque se enteró de que yo la había publicado en alguna ocasión. Y ella, al enterarse, me escribió lo siguiente: 

"Querido Manuel Cuenya: Aparece en facebook una foto tuya en la que aparezco con Mestre, deliciosa foto. A saber qué barbaridad estaría diciendo Mestre para reir yo con tantas ganas. No la tengo. Por favor, envíamela que te lo agradeceré mucho.
   Gracias anticipadas, artista. Un beso,

                                                                    Úrsula"
.................................................................................................

"Muchas gracias, querido Manuel. La guardaré con verdadero cariño".

O este otro correo: 

"Hoy me reenvía José Mª Hidalgo, un artículo tuyo publicado en diciembre 2016, dedicado a Antonio Pereira.
   ¡Qué delicia de artículo y que satisfacción volverlo a leer! ¿Cómo no voy a quererte, Manolillo? Vas en la línea de lo que yo entiendo es amor puro y duro por la magia de la literatura.
   Que el 2017 te sea propicio y escribas mucho. Y yo que lo lea.
   Besos, Ursula"

Precisamente, este pasado jueves, en una clase de escritura en León con mi alumnado (un grupo excelente, la verdad), hablábamos, a propósito de la literatura leonesa (con El Filandón como telón de fondo) del maestro Pereira. De sus cuentos tocados por el humor y el erotismo (diocesano). Y por ende salió a relucir, como no podía ser de otro modo, la gran Úrsula, la patrona de la Fundación Antonio Pereira. Y ahora me topo con esta triste noticia. 
Me enternecen estas palabras tuyas, querida Úrsula, al releerlas: 

"Querido Manuel Cuenya:
Gracias por tu libro que me ha encantado. Yo tengo también el gusanillo de querer verlo todo, enterarme de todo y disfrutar de todo.
Me asombra pensar lo mucho que he viajado y conocido. Qué dinero más bien gastado. Sigo viajando, pero ya no tengo el mismo fuelle que antes y sobre todo, me falta el compañero de viaje tan extraordinario que ha sido Antonio. Tu libro me hace recordar tantos paisajes y sensaciones vividos que no sabes la alegría que me da el volver a recordar cosas casi olvidadas.
Te agradezco también el recuerdo de Antonio en tus andanzas.
Gracias de nuevo. Te deseo una  FELIZ NAVIDAD y lo mejor para el Año 2017 y que sigas por ese camino que yo te seguiré con entusiasmo.
   Besos 
                     Ursula R.H. de Pereira"

Hasta siempre, Úrsula. Descansa en paz. 

viernes, 17 de mayo de 2019

Ilusión, vivencia y recuerdo de Túnez

(Recupero estos textos sobre Túnez, escritos en el face, y retocados ahora). 

Ahora, que esta a punto de acabar mi viaje por tierras tunecinas (me refiero al 23 de abril, día del libro en España. Y fiesta de la Comunidad de Castilla y León), siento cierta nostalgia (uno es de natural nostálgico, como me dijera una alumna de la Universidad de la Experiencia después de leer mi reciente obra, Del agua y del tiempo), porque es cuando tengo la impresión de empezar a conocer algo. Y esa impresión es buena en líneas generales. Esto de las líneas generales me ha quedado harto militar. Qué cosas me salen.

 
Sido Bou
Ahora, que el viaje está a punto de finiquitar, me entero de la muerte de Quico Porrón, nocedense que vivía en Bilbao, un hombre bueno, siempre con buen humor, quinto de mi madre, padre de Elena y Pili,
 tío de grandes amigos como Javi y Jose y Nina. 


Siento pena por no poder asistir a su entierro en Noceda. Y arropar a sus familiares. Y a vez siento nostalgia por dejar Túnez, donde me he sentido muy a gusto durante estos días de cirio pascual y nazarenismo, que se me han pasado volando.
Paz y amor en Sidi Bou


El tiempo vuela. Y eso me da vértigo. Como si me asomara a un acantilado, el acantilado del lago salado de El Jerid o Djerid. O a algún cañón sagrado como el de Midès. 

El vértigo de la belleza, como la que atesora el pueblo de Sidi Bou Saïd, con todo ese exotismo palmeral y marino, con sus casas blancas y el azul de sus puertas y ventanas. Una belleza comestible, una vez más, como un gran pastel tunecino.

Deliciosos los pasteles tunecinos, con su miel. Y la textura de su pasta. Me encanta su comida. Sus tayines, que no son como los guisos marroquíes, sino como tortillas de patata a la española. Tortillas rellenas de verduras, trozos de carne, patatas y queso. Exquisitas. Y los brik, que es como una empanadilla frita en aceite de oliva, hecha con masa hojaldrada. O la kamounia, que es como un gulash a la tunecina. Incluso las ensaladas, la meshuiya se me hace sabrosísima, hecha con tomates, pimientos, cebollas y ajo fritos, mezclado todo con atún, alcaparras, aceite de oliva. Y rociado con limón. Picantita. Exquisita. Para rechuparse los dedos.

Ahora, que se esta acabando el viaje, me siento como desinflado (hoy 17 de mayo, que vuelvo a retomar estos escritos, publicados inicialmente en el face, y retocados ahora para la ocasión, me entero de otro fallecimiento, el de Tino, el padre de Jorge y Olivia, y tío de mis amigos Javi, Jose y Nina. Joder, la muerte se ensaña de lo lindo). 

Tino era aún un hombre joven. Lo recordaré siempre con cariño. 

Hoy (pego un salto a atrás, es 23 de abril) he vuelto a la medina de la capital tunecina. Y también al M'rabet, que es un bar restaurante con varias terrazas, en el que uno encuentra paz al amor de un té a la menta. Por ejemplo. Se cuenta que la planta baja es una antigua zaouia o cofradía sufí del siglo XVI. 

Y me he trepado, como diría la mexicana Alejandra [con quien coincidiera en el viaje en tren de Túnez capital a Sidi Bou Saïd] a una terraza-restaurante, Panorama Medina café, enclavado en la Medina tunecina, desde donde la ciudad se despliega en un horizonte de blancura, con sus llamativos minaretes.
Desde terraza del Panorama Medina Cafè de Túnez Capital

Nostalgia, tristeza y también felicidad he sentido en el día de hoy. Con lo cual estoy como metido en una bomba emocional, que espero no estalle. Y mejor 
no hablemos de bombas, aunque sea en sentido metafórico, que estamos en un país situado a su vez entre dos países de armas tomar como Argelia (al oeste) y Libia (al sudeste). Ya parezco todo un lindero (quien marca las lindes, no me refería a lo guapo, a lo chido). 

Túnez, hoy he podido comprobarlo, es tal vez el país más liberal de todos los que pueblan el mundo árabe. Gracias Nermin por enseñarme tantas cosas de tu tierra, a la que espero regresar algún día, en algún momento. Aún no me he ido, pero ya casi me estoy yendo. 
Mañana todavía tendré tiempo de darme un garbeo y despedirme de la ciudad. Como se merece. O me merezco. Aunque las despedidas me enternecen. No llevo nada bien las despedidas. 

Ya de vuelta, en casa, después de varios días de danzarín, noto ese contraste de clima, de temperatura ambiental, entre Túnez y el Bierzo. En realidad, no nos separa tanta distancia, o sí, pero la diferencia en lo referente a lo meteorológico es notable. A uno le entusiasma el buen clima. Pero por fortuna en el Bierzo, en el útero, uno encuentra el calor humano, la temperatura afectiva adecuada. Y eso vale millones. Millones de dinares, pongamos por caso. 
En todo caso, tarda uno en volver a la realidad, la realidad cotidiana, aunque no debería quejarme, habida cuenta de que estos días aún serán de relax. 
Si es que uno es, en el fondo, un suertudo. Como me dijeran en los años noventa en México lindo y querido, durante mi estancia en el país azteca. Así que ahora rememoraré, con gusto, mis 'vacas' (arreando el ganado, es broma) por Túnez. Y eso me seguirá estimulando, nutriendo. Nutriendo espiritualmente. Por supuesto. 



Antes del viaje (con la ilusión del descubrimiento), durante el viaje (con la vivencia del momento presente) y después del viaje (con el recuerdo de los momentos vividos). Tres en uno. 

Pasado y presente hilvanados por la sonrisa de la memoria, de la memoria afectiva, que despierta y pone en funcionamiento todos los sentidos. Y el futuro, qué es del futuro. Ni los pitonisos ni adivinas son capaces de vislumbrar el futuro (aunque a algunos se les dé bien jugar con los futuribles como si fueran naipes trucados). 



Un viaje que me ha entusiasmado, la verdad. Y me ha dejado un regusto dulce y hermoso. Con el re-descubrimiento (no se cansa uno de descubrir y de sorprenderse) de un país generoso y tranquilo (aunque el turisteo andante y sonante tenga miedo a posibles atentados después de la revolución tunecina), con gentes amables, aunque siempre cabe la posibilidad, como en cualquier país del mundo, de toparte con algún capullo. Y cuando eso ocurre, no hay nada como largarse el farol de que uno vive desde hace un tiempo en Túnez (Tunis), como ya apuntara en otro post, dependiendo de la situación, del contexto, para que resulte creíble, lo que espanta, de un modo extraordinario, a posibles moscones. 


Cuando uno viaja, hay que andarse al quite, con mil ojos (sobre todo si uno es miope y astigmático, como es mi caso). 



Viajar, una vez más, te ayuda a confrontarte con realidades a priori diversas a tu propia realidad. 
Viajar te espabila y te orea el alma. 
Viajar, sobre todo cuando uno no se ampara en ninguna tropa ni rebaño, te hace salir de tu zona de confort. 


En realidad, salir al exterior, como Don Quijote en su recorrido por la España de la picaresca, los molinos, las posadas, las cuevas, praderas, montañas e ínsulas baratarias, te hace adentrarte asimismo en tu interior (en un proceso dialéctico de regressus y progressus, que diría el filósofo Gustavo Bueno, a quien siempre recordaré como un maestro, un profe extraordinario). 


Y de este modo, el viaje acaba siendo un viaje hacia uno mismo, hacia el interior, que siempre será exterior para quien sepa y pueda observarlo, microscopio en ristre, con la consiguiente transformación que uno experimenta. 
Una transformación en la que, casi de un modo inevitable, uno aprende y/o desaprende múltiples cosas. 
Sólo hay que abrirse al mundo. Poner en marcha todo el aparataje sensorial. Sentir, percibir. 
Y, como cualquier viaje, daría para escribir largo y tendido. 

De momento, me queda el azul marino de Sidi Bou Saïd, Sidi Bou, que paladeo con re-gusto. Y ese paseo por sus calles, por sus casas de blanco inmaculado (símbolo de pureza) y las ventanas y puertas de estas casas de color azul (símbolo marino), por sus cafés con vistas, como el archifamoso des Nattes. O bien el café Sidi Chabaane (café des délices), ambos con vistas hacia el azul comestible del mar, como sus bambalouni, que son como nuestras porras, bueno, las porras madrileñas.   



Sidi Bou, aunque está repleto de turistas y viandantes, me late un lugar realmente bello, con su vegetación exuberante de palmeras y buganvillas, que ha atraído a diversos artistas. Y sigue atrayendo a propios y extraños.
Sidi Bou tiene un algo del Chaouen o Essaouira marroquíes. O de las islas griegas. O de los pueblos blancos andaluces. 
Antiguo puerto de Cartago (del que sólo se conservan sus ruinas) por su proximidad. Y cercano de Túnez capital, a unos 20 Kilómetros. 
Se llega en nada y menos desde la estación de tren TGM, y cuesta una miseria. 
Un privilegio al alcance de cualquiera, que viva en la capital tunecina. 
Un auténtico paraíso, con un clima maravilloso. 
Hasta el siguiente... destino. 

jueves, 16 de mayo de 2019

La fragua literaria leonesa: Juanjo González


LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Juanjo González: "El tiempo nos trasciende a todos, a los mediocres y a los sabios"

El narrador Juanjo González Martínez, autor de 'Y vos, ¿qué pensás?', entre otros, está en estos momentos viviendo un periodo confuso, aunque de gran actividad mental.

Juanjo González
Manuel Cuenya | 15/05/2019 - 12:01h.
Conocí Juan José (Juanjo) González Martínez hace años, con motivo de un libro de José Luis Presa Calzado, en el que nos dábamos cita en sus páginas un buen puñado de autores y autoras de la provincia leonesa, entre ellos el propio Juanjo González, además de Juan Carlos Mestre, César Gavela o Fermín López Costero (siempre en nuestro recuerdo), poniendo palabras, textos a las bellísimas fotografías nocturnas de Presa. Aquel libro se titula 'La luz de mi noche'. Y está editado por Lobo Sapiens, bajo la batuta del también escritor José Antonio Martínez Reñones.
A partir de ahí, hemos coincidido en algunos actos, sobre todo en la población berciana de Magaz de Abajo, donde Juanjo González vive desde hace tiempo. Un lugar por el que siente apego porque le ha permitido, según él, un acercamiento a la huerta, "a la madre tierra, al contacto con los animales, con el aire puro del monte", rebelándose en contra del asfalto de las grandes ciudades (él que nació en Madrid).
Juanjo se muestra como un gran defensor de las aldeas del Bierzo, "lugares muy lindos y mágicos" intentando, como puede, combatir la despoblación rural que sufrimos desde hace ya mucho tiempo en esta España vacía y vaciada. Algo de lo que nos hablara, ya en los ochenta del siglo pasado, el escritor Julio Llamazares en su emocionante y reflexiva obra 'La Lluvia amarilla'. Y que ahora Sergio del Molino rescata con su ensayo 'La España vacía'.
El Bierzo, donde lleva viviendo más de veinte años Juanjo, le ha abierto, en su opinión, al paisaje del Norte, a su música, "al devenir de un lugar fronterizo muy peculiar y con mucha vivencia personal. Quizás haya sido mi puerta de entrada al bosque, a las hadas y a la magia. La constatación de que me aceptaban y me daban su cobijo".
En realidad, la comarca berciana es donde más tiempo ha pasado viviendo porque en su Madrid natal sólo estuvo hasta los veintiún años. Y el resto, antes de venirse a vivir al Bierzo, residió en Extremadura.  Con lo cual se siente un autor leonés, "de la fragua leonesa" porque, "a pesar de que la semilla de la creatividad ha estado en mí desde muy pequeño, nunca podré olvidar que mi lado de darme a conocer a los lectores, de publicar, lo realicé sólo cuando estaba aquí en el Bierzo, en la comunidad, y eso te hace sentirte un poco en el conjunto de todos y todas las que estamos luchando por ello. Cada paso adelante de un autor leonés nos debe congratular a todos, porque es una puerta que se abre para la visibilidad", precisa el autor de libros como 'El Grial de los Siete Cristales', convencido de que la literatura en la provincia de León, con nombres como Gamoneda,  Pereira, Llamazares, Raúl Guerra o Mestre, nos ponen en primera línea del panorama cultural y creativo, "no sólo a nivel español, sino europeo, por los temas que abarcan".
"A pesar de que la semilla de la creatividad ha estado en mí desde muy pequeño, nunca podré olvidar que mi lado de darme a conocer a los lectores, de publicar, lo realicé sólo cuando estaba aquí en el Bierzo"
Y ahora tenemos una generación joven y prometedora, entre la que cabe mencionar –señala él– a la reconocida poeta Raquel Lanseros o bien a la narradora Elisa Vázquez, "con la magnitud que están tomando por ejemplo sus publicaciones", lo cual nos hace concebir esperanzas. "Y encima, tanto Raquel como Elisa, son creativas, es decir mujeres, pues mejor que mejor. Seguir esa estela tiene un componente de responsabilidad enorme".
Cuenta que, siendo muy pequeño, cuando tenía que pasar largas horas en cama por su condición de niño enfermizo y reumático, con más frecuencia de la normal, le hizo asomarse al ventanal de la lectura. Y a partir de ahí surgieron la composición de sus primeros poemas, sus primeras canciones y sus cuentos.
"De la lectura a la escritura hay sólo un pasito de distancia", afirma Juanjo, que se lamenta en cierto modo de que, a lo largo de su vida, no haya apostado por ser un  escritor constante, porque, si hubiera seguido este camino, su obra sería mucho más extensa de lo que es, "pero uno es, como decía el recordado Humet, lo que es en sí, y no puede cambiar; y ello se refleja en que actualmente hay un 90% en la cabeza y un 10% escrito aproximadamente. Es triste, pero es así, y hay que ser sinceros, lo primero,  con uno mismo".


(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com: https://www.ileon.com/cultura/097547/juanjo-gonzalez-el-tiempo-nos-trasciende-a-todos-a-los-mediocres-y-a-los-sabios)