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jueves, 27 de septiembre de 2018

Relatos de una adoratriz



Hoy jueves 27 a las 19h tendrá lugar, en la casa de la cultura de Ponferrada (Biblioteca Pública), la presentación de Relatos de una adoratriz, cuya autora es Raquel Villanueva (a quien entrevistara para la fragua literaria leonesa en  ileon.com en 2014: https://www.ileon.com/cultura/043729/raquel-villanueva-lo-que-somos-esta-en-lo-que-escribimos-en-lo-que-contamos-y-en-las-personas-que-amamos). Y allí estaremos para arropar el acto, junto con la gente que desee asistir, además del Club Petronio, al que pertenece Raquel. 

He tenido el placer de escribir el prólogo de esta obra, digamos de corte erótico, un género que me late difícil, habida cuenta de que uno debe poner sus cinco sentidos (y aun más) en lo que escribe, para que los lectoras/lectrices saboreen lo que cuenta su autor (autora, en este caso). Y Raquel ha puesto sus sentidos y esa sensualidad marina con que están escritos estos relatos. No es la primera vez que se acerca a la literatura erótica (ahí está también La decisión de Elsa, su ópera prima). Por tanto, está entrenada en este tipo de género. 
Raquel Villanueva
La literatura erótica (no confundir con la porno, aunque las lindes sean difusas y a veces confusas) suele atraer mucho a los seres humanos, porque nada de lo humano nos es ajeno. Eros y Thánatos (Tánatos) son en realidad los grandes pilares (los pilares de la Tierra, del universo) en que se sustentan nuestras vidas/muertes. Eros y Tánatos como cara y cruz de una misma moneda. En realidad, sólo hay tres temas, según Rulfo, el amor, la muerte y la vida. Pues que triunfe el amor, el deseo sobre el Tánatos. Ojalá fuera así. Al menos que esta tarde predomine el Eros. 
La literatura erótica, desde El arte de amar, de Ovidio, o El Satiricón, de Petronio (hagamos homenaje al club ponferradino/berciano), pasando por El Decamerón o los Cuentos de Canterbury (Pasolini hizo versiones fílmicas de las mismas), La lozana andaluza, incluso pasajes de La Celestina y aun El Quijote, hasta llegar al prerrevolucionario divino marqués de Sade, que es filosófico, léase Justine, por ejemplo, y brutalísimo en sus 120 jornadas de Sodoma. No nos olvidemos tampoco de Historia del ojo, de Bataille o Lolita, de Nabokov (con adaptaciones fílmicas incluidas). Y por supuesto la obra de Anaïs Nin (a quien Raquel cita) y Henry Miller. Dos colosos de la literatura con mayúsculas. O bien la más reciente Valérie Tasso con su Diario de una ninfómana, cuyo libro no he leído aunque sí he podido ver la película homónima. 


Estas son sólo algunas pinceladas acerca de lo que ha dado de sí la literatura erótica. 
Lástima que esta presentación coincida en día y hora con la del escritor zamorano, afincado en León desde hace años, Tomás Sánchez Santiago, que será en la sala del Museo de la radio. 
Os dejo el prólogo que tuviera a bien componer para Relatos de una adoratriz, de Raquel Villanueva, a quien felicitamos por atreverse con este género, tan difícil.Y a la vez apasionante cuando resulta creíble. 
https://www.lanuevacronica.com/relatos-de-una-adoratriz-se-bautiza-en-la-biblioteca-de-ponferrada

Introducidos con una cita de la escritora Anaïs Nin, quien por cierto era hija del pianista cubano-español Joaquín Nin, Raquel Villanueva, que ya había hecho su incursión en la literatura erótica con La decisión de Elsa (finalista del VI Premio Hontanar de narrativa breve)nos ofrece ahora estos Relatos de una adoratriz, con el mar de fondo y esas olas que vienen y van, con sensualidad, que nos acarician e hipnotizan, con melódico sentido orgásmico, como en la canción de Serge Gainsbourg, el autor de Je t’aime… moi non plus.
Se nota que Raquel, que es una lectora infatigable, ha leído a Anaïs Nin, la amante de Henry Miller, el coloso literario con quien mantuviera una relación extraordinaria, no sólo desde un punto de vista amoroso sino intelectual, legándonos ambos su maravillosa correspondencia, sus cartas, convertidas en pura literatura, porque tanto Anaïs como Henry devolvieron vida a la literatura y aun hicieron de sus vidas un sustancioso y gran libro.
Raquel ha bebido en sus páginas, con avidez, con gozo, y se ha quedado impregnada de erotismo, que ella, con imaginación desbordante, logra plasmar en sus relatos.
La imaginación, ay, como personaje invisible y siempre activo, del que nos hablara el Nobel mexicano Octavio Paz, a quien también cita la creadora de este volumen ilustrado con sugerentes imágenes.
A través de la figura de una adoratriz (precioso nombre y fascinante figura), Raquel nos introduce en un universo sensorial (con sabores, olores, sonidos, sensaciones táctiles, visuales, por supuesto), que, como lectores, amerita de ser apreciado, catado como un buen vino del Bierzo, un universo húmedo, azul marino, en el que nos sentimos a gusto.
Incluso sentimos a sus personajes, perfilados con la textura de lo verosímil, con la belleza de lo comestible, porque la belleza será comestible o no será, como nos dijera el genio Dalí, cuya prosa, al igual que su pintura, se me antoja nutricia y convulsa.
Aparte de la relación literaria entre Anaïs Nin y Henry Miller, en esta obra podemos acercarnos a la relación entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós en su relato A la espera. O bien a la relación digamos tormentosa (o de amistad peligrosa, por decirlo a lo Choderlos de Laclos) que mantuvieran Diego (en clara referencia al pintor mexicano Diego Rivera) y Frida (en evidente alusión a la pintora azteca Kahlo), que son los protagonistas de dos estupendos relatos titulados De elefantes y palomas El entomólogo.
En un mundo donde el Thánatos preside todo, como un dios malvado y perverso, se agradece que una autora, en este caso natural de Ponferrada, o sea, berciana, apueste por el dios Eros, el sexo. Y nos deleite con la lectura de estos relatos que nos invitan, dicho sea de paso, a sumergirnos, al menos durante un tiempecito, en el océano del que brotan no sólo monstruos marinos y seres fabulosos sino personajes con deseos y sueños. 
Leer a Raquel Villanueva es, en su opinión, como acercarse al ojo de la cerradura para observar lo que hay detrás de la puerta, cual si estuviéramos asistiendo al visionado de No amarás, del cineasta polaco Kieślowski, donde vemos al joven Tomek espiando, mediante un telescopio, la vida sexual de la adulta Magda. Adentrarnos en esa intimidad, en ese espacio privado, es lo que torna atractivos estos relatos.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La fragua literaria leonesa: Fernando García Lobo

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Fernando García Lobo: "Escribir no me da de comer, pero me provoca hambre"

El narrador Fernando García Lobo, autor de 'El silencio de los justos' sobre la Guerra Civil y la posguerra, ambientado en el Bierzo, Asturias y Barcelona, además de la promoción de su reciente novela, que presentara a principios de septiembre en Ponferrada, tiene ahora acabada una novela corta.

Fernando García Lobo. Foto: Cuenya
Fernando García Calvo


Manuel Cuenya | 26/09/2018 - 12:31h.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Ya no puedo más, por Paco Pacios

Impactante resulta este relato cuyo autor, a través de un narrador omnisciente, y también mediante las voces de los protagonistas de la historia, nos introduce en una sociedad desquiciada, donde la realidad no siempre es la que se nos muestra a primera vista

Manuel Cuenya



(Taller de composición de relatos de la Universidad de León)



Os dejo aquí este relato de nuestro alumno Paco Pacios. 
Enhorabuena Paco por tu relato atrevido, en verdad arriesgado.
Te esperamos en el próximo curso que esperamos dar comienzo en noviembre. 
Mi agradecimiento a La Nueva Crónica (en especial a su director, David Rubio, por publicar esta serie de relatos a lo largo del verano). Este se ha publicado el 9 de septiembre. 

En los próximos días iremos publicando en este blog el resto de relatos aparecidos en La Nueva Crónica. Mi gratitud también a mi alumnado. Salud. 

sábado, 22 de septiembre de 2018

Málaga, la cuna de Picasso

Viajé por primera vez -en realidad, única hasta ahora- a Málaga a finales del 2016 (un año que, a partir del 21 de abril, se me quedó atragantado a raíz del fallecimiento de mi padre). 

Viajé a Málaga (Malaqa o Malaq, una de las ciudades más antiguas de Europa) en mis vacaciones de Navidad. Para ser más preciso. Y me llevé una agradable sorpresa, al encontrarme con una ciudad atrayente y sensualmente arábiga (Andalucía entera nos muestra su lado árabe. Y eso me entusiasma, porque uno también lleva sangre árabe en sus venas. Casi seguro). 
Panorámica de la ciudad

La fenicia Málaga se alza moruna en su alcazaba (con su Generalife de estilo granadino) y exótica en su vegetación. Y por supuesto marina. 
A medida que uno crece descubre, con satisfacción, que aún siendo de montaña, de la sierra del Alto Bierzo (me nacieron en el útero de Gistredo, un uno de agosto del 67), me apasiona el mar. O mejor dicho, me hipnotiza el mar, acaso porque mi padre también viajó al Brasil en los cincuenta del pasado siglo enrolado en un barco durante casi un mes, que duró la travesía desde el puerto de Vigo (quizá por eso también me apasiona la ciudad donde surgieran grupos musicales como Siniestro Total o Golpes Bajos). 
Picasso

Entonces, los viajes eran auténticos. Y viajar en barco era toda una aventura. La primera vez que me asomé al mar era aún chiquito. Y no fue al mar gallego ni astur sino al vasco. Eso creo recordar. Porque allí vivían dos de mis hermanas, las mayores: Merce y Marisa. Suerte que tiene uno. "Suertudo", me decían en México durante mi estancia en el país azteca. Algo que me recuerda una amiga extraordinaria. A lo mejor es cierto, que soy un rapaz con suerte. Lo de rapaz lo digo con afán de quitarme años de encima, quede clarín clarete. Cómo me enrollo, madonna mía. 
Alcazaba

A lo que iba, que el mar es algo que me apasiona. No en vano, Holanda es, de lo que conozco, uno de mis países preferidos, tal vez porque está ganado al mar. Es puro mar. Y la verde y morada Málaga sabe a alga marina. 
Viajar es algo esencial -lo he llegado a decir por activa y por pasiva-. Y lo es porque de este modo se conocen los lugares. Por mucho que te cuenten, que te digan, que veas incluso a través de la televisión, del cine, incluso vía Internet, nada es comparable a viajar in situ, al meollo del cogollo, recorrer con tus sentidos, siempre abiertos, los sitios, asomarse a los acantilados de la hiperrealidad (me encanta el hiperrealismo de Antonio López). 
El Cenachero

Es entonces cuando sientes verdaderamente, cuando logras captar olores y aromas, incluso hedores. Y de paso puedes sumergirte en los fondos, también marinos, tocando realidad, tocando pelo, como dicen en el argot taurino (estupenda la plaza de toros malagueña, estampa que recuerdo haber visto en algún libro siendo un chavalín, que me quedó grabada en la retina de la memoria), al menos una suerte de realidad, escuchando el vaivén de las olas (que vienen y van, como en la canción de Serge Gainsbourg) y el acento peculiar de los malagueños (y las malagueñas), que siempre te alegran el oído. 
Andersen

No me imaginaba una ciudad con tanto encanto, sobre todo por su magnífico clima, que en diciembre se agradece. Y mucho. Para quien vive en las brumas del Bierzo aún más. No obstante, las noches decembrinas son algo frescas. Conviene abrigarse. 
En verdad, si he de ser sincero al cien por cien, Málaga me cautivó por ser la cuna del genio Picasso, aunque este colosal artista fuera un ciudadano universal, que viviera y desarrollara su infinita creatividad en otros lugares, como en A Coruña (sobre esto volveré) y por supuesto en Barcelona y París. También en Madrid. Como sabe muy bien la artista/fotógrafa Cecilia Orueta, que acaba de publicar un libro (ganas de ojearlo y leerlo, Cecilia) titulado Los paisajes españoles de Picasso. Con textos, entre otros, del gran Julio Llamazares, su compañero.  
Teatro romano, al fondo la Alcazaba

Al final, Málaga me devuelve, de un modo cuasi inevitable, al exotismo de A Coruña, pues ésta es también una ciudad llena de singularidad palmeral y de mar, exotismo en sus jardines como Méndez Núñez o el de San Carlos. Y mar que la rodea cual si fuera casi una isla, en realidad una península.  
En tiempos remotos, A Coruña estaba conformada por dos islas. Una ciudad que no sólo mira el mar, sino que es mar toda ella. Mar que nos lleva a otro mundo, el Nuevo Mundo. 
Coruña también podría ser una ciudad hispanoamericana, en el fondo lo es.
Puerto de Málaga
Como una prolongación natural de Buenos Aires, con el charco de por medio, claro está. 

Y Málaga despertó en mí este sentir. Norte y sur unidos por la magia de Picasso, que vivió en la capital gallega cuando era un niño. Llegó con diez años. Y estuvo allí desde 1891 hasta 1895. Un periodo de cuatro años, corto pero fructífero. Pues el creador de El Guernica (que viera por primera vez en el Casón del Buen Retiro de Madrid, siendo un adolescente) se formó en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad gallega. 
Calle Larios
Quienes así lo deseen pueden visitar su casa-museo en A Coruña, que si mal no recuerdo se halla enfrente de la franquicia Prada A Tope. 

A Picasso se le antojaba que el faro-símbolo por excelencia de Coruña era la Torre de Caramelo (Torre de Hércules). Una chuche para comérsela. Porque la belleza será comestible o no será. Como dijera otro genio, en este caso Dalí. 
En Málaga también es posible visitar el museo casa natal de Picasso (monumento histórico artístico de interés nacional). Y una estatua suya, en la plaza de la Merced, donde se ubica asimismo su casa natal.  
Málaga, incluso sus restaurantes, llevan el sello estampado de su figura. 
Nazareno en calle Larios

Aparte de Picasso, me chocó encontrarme con una estatua de Hans Christian Andersen, sentado en un banco bajo una palmera, en la Alameda de la ciudad. El danés Andersen es el autor de cuentos tan famosos como La sirenita, emblema por lo demás de la bellísima ciudad de Copenhague (sobre la que podría hablar en otro momento, habida cuenta de que he podido visitarla en dos ocasiones. Me flipó, todo hay que decirlo, el barrio bohemio, alternativo, de Christianía). 
El viajero Andersen ("viajar es vivir", decía) relata, en su Viaje por España a mediados del siglo XIX, que se quedó prendado de la ciudad de Málaga, donde se sintió muy feliz, deslumbrado por su luz (la luz mediterránea es puritita inspiración artística), su mar y sus gentes, sobre todo las mujeres, que le parecieron bonitas -no era tonto el pibe, aunque a este intrépido viajero y contador de cuentos de hadas también le chiflaban al parecer los hombres-, "con llameantes ojos... agitando con gracia innata los relumbrantes abanicos de lentejuelas".
El Pimpi
Un topicazo tal vez, que en esa época no lo era tanto. O no lo era, en absoluto. Y menos para un danés que se asomaba a un país, mitad europeo, mitad africano. ¿Cómo sería Dinamarca en ese tiempo?
Otra escultura curiosa, que acapara la atención del visitante, es El Cenachero o vendedor callejero de pescado. El pescaíto frito como plato típico de la Costa del Sol, de Andalucía al completo. 
Y por supuesto me gustó visitar su Teatro romano y pasearme por sus calles, curiosa y ornamentada en Navidad, con sus estrellitas, la Marqués de Larios. Y hasta pudiera creerse que estábamos en Semana Santa, habida cuenta de algún tipo que se paseara por allí con la cruz al hombro como un nazareno. Y llamativo el museo Pompidou (cual si estuviéramos en París), un cubo multicolor con obras en su interior de Frida Khalo, Max Ernst, De Chirico, Marc Chagall o Miró. 
Pompidou en Málaga

Treparme al castillo de Gibralfaro (la fortaleza más inexpugnable de la Península Ibérica) fue una caminata saludable, estimulante. Y visitar la alcazaba -me encantan las kasbahs (Aït Ben Haddou me tiene literalmente enamorado)- fue toda una experiencia religiosa, mística, espiritual. También recomiendo subirse a la terraza del hotel Málaga Palacio, cuyas vistas son magníficas. En esencia, la espiritualidad brotó en la altura (o por la altura), con las encefalinas y endorfinas subidas a la azotea del firmamento, oteando el horizonte, quedándome mirando, en un estado de entontecida felicidad, el azul celeste, el azul de su bahía (la bahía del Pajariel, como diría Suárez-Roca, respecto a Ponferrada), la vegetación exuberante y naranjil. Y el color blanco que tiñe la ciudad.  
Panorámica desde Alcazaba

Agradezco a Olga (gran amiga de una de mis hermanas, Marisa) que, con su hospitalidad, me acercara más y mejor la ciudad. Y disfrutara con ella de un momento único e irrepetible, tomándonos algún cafecito (en la Taberna del Obispo) y aun algún finito en bodegas el Pimpi (personaje popular que se encargaba de ayudar a los pasajeros que llegaban al puerto de la ciudad), que cuenta con retratos de Picasso y Lorca. Por ejemplo. Pues por esta bodega, con una gran solera, han pasado personajes ilustres del arte, la política... entre otros, la Duquesa de Alba, la familia Picasso, Carmen Thyssen (en la ciudad también hay un museo con su nombre) o el actor y director de cine Antonio Banderas, que es originario de la capital.
"El Pimpi es la capilla Sixtina de Málaga", según el oriundo poeta, narrador y columnista Manuel Alcántara, a quien leía con entusiasmo hace años. Un excelente columnista, del que todos deberíamos aprender. ¿Qué será de él? Tendré que volver a Málaga para informarme. Olga, ¿estás dispuesta a hacer de cicerone. Y descubrirme lo que de judía tiene la ciudad de Málaga?
Esta entrada me dará pie para volver, en otro momento, sobre Coruña, Vigo, Barcelona, Madrid, Copenhague, París incluso, y hasta Buenos Aires, ciudades que he podido visitar (algunas en más de una ocasión). Y aun vivir en la capital del Reino y la capital francesa. 

viernes, 21 de septiembre de 2018

La añoranza como manantial creativo

La nostalgia, la morriña, la saudade, la añoranza (que podrían ser términos cuasi similares en su significado, aunque con matices) no me abandona, ni a sol ni a sombra. Es una constante en mi persona. Eso creo. Una constante que me nutre, que alimenta mis neuronas. Y me ayuda, paradójicamente, a sobrevivir, a soportar el absurdo de la vida, la farsa de la vida.  La vida es una farsa. ¿Lo sabéis, verdad? Pero es la única que tenemos. Por eso debemos aprovecharla, exprimirla acaso en el lagar de los aromáticos caldos. Qué buenos recuerdos, el lagar de Teresín, que era el abuelo de grandes cuates. Me está entrando, ay, también la vena existencialista, sartreana. Ese absurdo que tan bien plasmara Camus en El extranjero. O el propio estrábico Sartre en La náusea. Con la náusea siempre al hombro. 

Por cierto, que el TAC con contraste que me hicieran recientemente en el hospi (para mi asunto de linfocitosis, vaya palabrejo) no me produjo náuseas. Por fortuna. 
De modo excepcional un TAC (átate bien los machos) podría producir hasta un paro cardíaco. Joder, si es que vivimos de milagro. La vida es un milagro (un milagro gracias al azar cuántico). 
Panorámica de Noceda del Bierzo. Foto Cuenya
Sólo sentí un ligero mareo, que se prolongó durante unas horas. Disculpad que muestre mis debilidades. O mis miserias. Quizá esto debería ocultarlo. Que en esta sociedad/suciedad lo que se lleva es el guay del Paraguay. Y afanar lo que se puede. Trajeado y encorbatado, para lucir mejor. Incluso plagiando a troche y moche. Inventándose títulos académicos, másteres... y todas esas ridiculeces. ¿Acaso el CV no es un ridículum vitale, RV, o sea? Pues para el personal de a pie el CV (se me hace el water o váter closet del revés) no sirve más que limpiarse el sudor... de la frente. O lo que se tercie. Ya puestos a limpiar jugos y líquidos. Por más méritos que uno ponga en el mismo, el ridículum se queda en una cosa ridícula, inútil, ñaque. Pero bueno, hoy me permito esa licencia, estas licencias, que para eso uno es ya mayorcito. 
Qué maravilla ser jovencito, saludable, fortachón. A veces me da por soñar (despierto) que sigo siendo un joven con las ilusiones aún intactas, con todo el mundo por delante. Pero se trata sólo de un sueño. Una ilusión. Un espejismo. O una mera ingenuidad. 
Ahora sé -en realidad ya lo sabía- que no ha sido sólo la nostalgia post-vacacional la que se ha apoderado de mi ser, cual si se tratara de un Horla a lo Maupassant, sino la nostalgia del paso inexorable del tiempo (qué alguien lo detenga, por favor), el paso asesino del tiempo, que corre veloz, con velocidad supersónica, por los montes y los valles de mi mundo entorno. O algo tal que así. 

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
  contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
  tan callando;
  cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
  da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
  fue mejor.


(Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre)

Hoy precisamente he dado un paseo vespinero por algunas de las sendas que recorriera en mi infancia y juventud en Noceda del Bierzo. Y me ha erizado los huesitos de la nostalgia. De repente, quisiera regresar a aquel tiempo feliz, a aquella época dorada (que quizá no fuera tal, o sí, pero que recuerdo con mucho cariño, por entonces no me sentía huérfano, porque mi padre estaba en su plenitud. Por fortuna, mi madre aún vive. Y deseo que viva muchos años).
Fuente del Azufre (Noceda). Foto: Cuenya

Uno se siente impotente ante el tiempo, su paso despiadado. Imposible detenerlo. Ni adelantarlo ni atrasarlo. Salvo cuando nos imponen, desde las esferas europeas, adelantar o retrasar nuestros relojes artificiales. Qué esto sí que es un artificio. ¿También este año nos obligarán a retrasar el reloj en octubre? Qué lástima que se nos haya ido el verano. Me gustaría vivir siempre en verano, la estación sin duda más lírica y creativa del año. En vez de creativa diré constructiva, que queda más terrenal y auténtica. Y ahora se nos viene el otoño, con sus catarros y su halitosis griposa. Y esas neblinas descorazonadoras. Y ese día de muertitos y ánimas en pena (pero no adelantemos acontecimientos), que nos recuerda nuestra existencia mortal. Mortal y rosa, como quisiera Umbral, para transformar su inmenso dolor, por el fallecimiento de su hijo Pincho, en literatura en estado puro, en estado de gloria. El arte como un modo amable de encarar este mundo grosero. Sublimar el dolor, el sufrimiento en poética, en belleza. 
Me gusta el verano, ya lo había dicho. Se nota, ¿verdad? Y también me gusta la primavera, sobre todo en el bosque berciano. La explosión de vida. De colores. De aromas. De sonidos. Por su parte, me desanima el otoño. Aunque el otoño en el Bierzo tenga el color de las manzanas. La manzana de la gravitación universal. El impresionismo pictórico de lo bello. El color y el aroma de los pimientos asados en la chapa de la cocina.
Panorámica de Noceda, con el castro de Valdequiso en término medio a la derecha. Foto Cuenya
La textura de los tomates. Las castañas y las nueces como símbolos emblemáticos de la tierra. El recuerdo delicioso de la vendimia. Cuando en el Bierzo Alto, en concreto en el útero de Gistredo, vendimiábamos en La Solana y en la (H)idrera. Ya a comienzos de octubre. Pues en esta parte alta y serrana del Bierzo la uva tardaba en madurar. 

La nostalgia me lleva, de un modo inevitable, a recordar. A empaparme de recuerdos. Pero hoy no quiero lagrimear. Sólo sonreír, por seguir en la vida, por haber vivido tantas cosas buenas, también, por haber podido conocer a personas maravillosas. Te apareciste un buen día en la senda de la vida como un milagro. Para ti, que eres vida y sonrisa, sensibilidad y cariño. Por sentirme aún con ganas. Dispuesto a continuar el Camino. Hasta abrazar incluso al Apóstol Santiago. 
Apóstol Santiago. Foto: Cuenya
Al invierno prefiero no asomar el hocico aún. Ya llegará, antes de lo que deseemos, con sus nieves (hermosas en los picos, sí) y sus días faltos de luminosidad. Y sus frías/congeladas temperaturas. 
El tiempo, en este caso cíclico, nos preside y domina. Nos tiene literalmente agarrados. ¿Acaso siempre ha habido/hubo tiempo? ¿Y vida? Lo que me preocupa, cada día más, es la finitud, lo efímero que resulta un ser humano, en un universo inconcebible para ninguna mente humana, por muy científica que esta sea. ¿Un universo? ¿Varios? ¿Miles? ¿Millones? Qué importa. Si uno, ya pasado el ecuador -qué cursilón me ha quedado, qué Ecuador ni qué ocho cuartos-, se da cuenta de lo poco que es la vida (no dejo de pensar en Jorge Manrique y las coplas a la muerte de su padre). Uno, atravesada ya la raya de la cincuentena, se da cuenta (no quiero hacerme el menso ni el pelotudo, no más de lo habitual, al menos), que la vida se escurre, se nos va por los cauces que van a dar a la mar, que es la muerte, con su rostro cadavérico, guadaña en ristre. Los muertos que seremos. La muerte no perdona ni a ricos ni a pobres. Por fortuna para los pobres. Algún día puede que los ricos dejen de morirse. Y entonces será el circo máximo. ¿Os imagináis este escenario?  
Algún día la vida se nos irá y ya no volverá, ni si quiera como oscura golondrina su nido a colgar. Por cierto, en mi época infantil veía muchas golondrinas. Y muchos nidos de golondrinas. Ahora ya no. Hasta las golondrinas están desapareciendo de la faz de la tierra. O de mi tierra. 
Bécquer era un romántico, de rimas y leyendas, y uno también es un romántico. Y un nostálgico. Ya sé que no resulta del todo conveniente vivir en el pasado, porque el pasado pasado está, pasado es (perdón, por tanto pleonasmo), mientras que el futuro resulta incierto, y aun inexistente para quien no llega a él. El futuro, incluso el inmediato, se nos escurre también.
Hacia las cumbres de Gistredo. Foto Cuenya
Y el presente se esfuma. Quiero apresarlo, vivirlo con intensidad. Cómo lograrlo. Cómo conseguir vivirlo en plenitud. Cómo gestionar el tiempo, los costes del tiempo. 
Cómo gestionar las emociones. 
A determinada edad (ya estoy en ella) uno se da cuenta (no quiero hacerme el güey, no más de lo habitual), uno es consciente (con la consciencia que da la edad, o la vida, o lo que sea) de la brevedad de la vida, por más años que uno viva. Además, no se trata de vivir mucho, que siempre es poco, sino de vivir bien (qué es vivir bien), con calidad, con lucidez, en plena forma. ¿Vivir bien es vivir en paz, en armonía con tus semejantes? ¿Vivir bien es disfrutar a tope (eso diría Prada) de los placeres de la vida? ¿Y cuáles son los placeres? Cada cual a su bola. Vivir bien podría ser, al menos, vivir en forma, física y psíquica. Esto requeriría de todo un ensayo. 
En todo caso, de qué sirviría vivir postrado, ido, atontonado, fuera del mundo (aunque éste no sea ningún mundo de color rosa, antes al contrario, no hay dios por donde cogerlo).
Por ahora, seguiremos viviendo (eso deseamos) con la nostalgia como guía, como faro capaz de conducirnos en la niebla, en medio de un mar de espejismos. Qué continúe la vida mientras redoblamos el tambor de las ilusiones.  

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Sandías estimulantes, por Fernando Fernández Sánchez


Con humor pereiriano, a través de diferentes puntos de vista sobre un mismo hecho, Fernando Fernández Sánchez compone este relato que, por otra parte, nos hace pensar en algunos de los mejores cuentos del gran cuentista Horacio Quiroga. Su autor nos adentra en el eterno juego de la seducción, donde acaba triunfando la inteligencia del más dotado.

Manuel Cuenya


(Taller de composición de relatos de la Universidad de León) 



Os dejo aquí este relato de nuestro alumno Fernando Fernández Sánchez. Enhorabuena Fernando. Y a continuar dándole a la escritura creativa. Te esperamos en el próximo curso que esperamos dar comienzo en noviembre. 
Mi agradecimiento a La Nueva Crónica (en especial a su director, David Rubio, por publicar esta serie de relatos a lo largo del verano). Este se ha publicado el 16 de septiembre. 
En los próximos días iremos publicando en este blog el resto de relatos aparecidos en La Nueva Crónica. Mi gratitud también a mi alumnado. Salud. 

La fragua literaria leonesa: Felicitas Rebaque

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Felicitas Rebaque: "La Literatura me ha dado grandes satisfacciones"

La narradora Felicitas Rebaque, autora de 'El latido del agua', entre otros, está ahora con la promoción de su reciente novela, 'Violeta... mara...mara... maravilla', que presentará este jueves, 20 de septiembre, a las 19:30 horas en la biblioteca Padre Isla de la ciudad de León.

Felicitas Rebaque
Felicitas Rebaque
Manuel Cuenya | 19/09/2018 - 14:10h.
Originaria de Tudela de Duero, donde están concentrados los olores y los colores de su niñez y su adolescencia –durante muchos años disfrutó de todas las vacaciones escolares y fines de semana en la casa familiar de sus abuelos-, la narradora Felicitas Rebaque  llegó a Sena de Luna por casualidad hace  diecisiete años, buscando unos días de soledad y sosiego, en una época en la que necesitaba –asegura ella– dar un  giro nuevo a su vida.
Cuenta que recorrió las comarcas de Babia y Luna y se quedó atrapada en su paisaje, en sus montañas, en sus gentes. "Fue algo curioso porque, de alguna manera, sentí que pertenecía a esos lugares. Fue algo atávico", afirma. De modo que ahora mismo su corazón está ligado a León –el inicio de una nueva etapa– porque en esta tierra decidió desarrollar su faceta como escritora, dando un paso más adelante, haciendo de su pasión por la literatura algo más que un afición. Y en este sentido los parajes leoneses son fuente de inspiración para algunas de sus novelas y relatos. Además, la mayoría de sus libros han sido publicados por editoriales leonesas.
"Sería un gran honor para mí que se me considerase una escritora leonesa", especifica la creadora de la recientísima novela 'Violeta mara...mara... maravilla', que presentará el próximo jueves día 20 de septiembre, a las 19h30, en la biblioteca pública Padre Isla de la ciudad de León.
"Una novela arriesgada y comprometida", según ella, que, a través de sus dos protagonistas, nos muestra dos problemáticas: "la que sufren, en algunos casos, los adolescentes ante la separación de sus padres, y la soledad e incluso marginación que padecen los niños con síndromes de Down, al llegar a la adolescencia, sobre todo en el medio rural. 'Ese  ser especial' les imposibilita hacer las mismas cosas que los otros chicos de su edad, a pesar de que tiene los mismos anhelos y necesidades", explica Felicitas, convencida de que la provincia de León siempre ha sido literaria, "pero en la actualidad está viviendo una época extraordinaria". Por una parte, está la semilla que han ido dejando los grandes escritores leoneses, como Mateo Díez, Aparicio, Gamoneda, Llamazares, por citar algunos –agrega–, que ha germinado y está dando poetas y narradores de un gran nivel, entre los que podríamos incluir a Mónica Rodríguez,  "otra gran escritora", que, aunque nacida en Asturias, tiene orígenes bercianos (también le hemos dedicado una fragua en este mismo diario digital).
Felicitas Rebaque recuerda que conoció a la narradora Mónica  Rodríguez, "la última Premio Cervantes Chico" a través del escritor valenciano, residente en Asturias, Gonzalo Moure, cuando comenzaba a dar sus primeros pasos literarios, y le pronosticó que sería un referente en la literatura infantil y Juvenil,  como así ha sido. "Gonzalo y Mónica me han enseñado muchísimo y nos une una gran amistad".
Por otro lado, proliferan los encuentros literarios, presentaciones de libros, clubes de lectura y tertulias literarias en León, eventos a los que asiste encantada porque son enriquecedores. Y permiten –en su opinión–escuchar, debatir, aprender y alimentarse.
"La actividad que desarrollan grupos culturales como El Ágora de la Poesía, Cuento Cuentos Contigo, L'Ékole Poetique, por nombrar algunos de estos grupos, es muy prolífica. Me llama la atención el gran número de escritores que se dedican a escribir poesía. La actividad literaria poética en León es sorprendente. Yo no soy poeta, es un género que no domino. Se puede versificar pero no escribir buena poesía. Creo que el poeta nace, no se hace".
"Me llama la atención el gran número de escritores que se dedican a escribir poesía. La actividad literaria poética en León es sorprendente"
Su afición por la lectura comenzó desde muy niña, con lo cual siempre le ha gustado leer. Comenzó leyendo cuentos de hadas, que en aquel tiempo su tía se los compraba semanalmente en los quioscos. Leía todo lo que caía en sus manos, incluso aquellas novelitas del Oeste de Estefanía que a su abuela le encantaban. Con el transcurso de los años, descubriría 'El Principito', 'Alicia en el País de las Maravillas', 'David Copperfield', así como obras de la época clásica griega y romana. Y, como suele ser habitual, le lectura la condujo a la escritura creativa, con la redacción de textos escolares y la narración de historias que guardaba en una carpeta azul. En su adolescencia llegó a escribir una novelita de amor juvenil que le leía, por capítulos, a una de sus compañeras de colegio.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com, donde se  ha publicado inicialmente: https://www.ileon.com/cultura/089746/felicitas-rebaque-la-literatura-me-ha-dado-grandes-satisfacciones)

lunes, 17 de septiembre de 2018

Juanma G. Colinas, gran plumilla berciano

Conozco a Juanma G. Colinas desde hace algunos años. Al menos desde el año de 2010, puesto que fue invitado a participar en el Primer Encuentro Literario que celebramos en Noceda del Bierzo.
Juanma G. Colinas en Casa de las culturas de Bembibre. Foto: Cuenya

Y también ha colaborado en algún número de la revista la Curuja, lo cual que le agradezco mucho. 
https://www.plumillaberciano.com/
Ahora Juanma, "el Plumilla berciano", celebra el décimo aniversario de la apertura de su blog (un 16 de septiembre fue su primera entrada bloguera), toda una década dándonos a conocer nuestro Bierzo, nuestra comarca fermosa y alicaída, ya desde hace años, desde que la minería se fuera al carajo. Y con ella un montón de puestos de trabajo. A sabiendas de que la mina es buena para el amo, y no para el obrero. Qué sería del mundo sin los obreros, que son quienes lo mueven, qué sería de esta Tierra sin la mano de obra, siempre barata o tirada, para que los peces gordos engorden cada día más. El mundo está hecho un asquito, se mire por donde se quiera. Pero no he venido a este mundo (al menos ahora) a daros al matraca con mi rollete, sino a darle la enhorabuena a nuestro amigo Juanma, el aún joven periodista y bloguero toreniense (viva Toreno), que sigue haciendo Bierzo por donde quiera que va. Pues él es además gran viajero. Y desde Madrid (los madriles), donde tiene su base, "su campamento", sigue escribiendo y contándonos cosas siempre interesantes. 
En la capital del Reino (¡anda, si somos Reino!) Juanma ha ejercido asimismo de presentador de algunos de mis libros, al menos de La fragua de Furil y Mapas afectivos en la casa leonesa que existe en esa ciudad de ciudades. 
A menudo alguien que vive fuera (como es su caso) suele tener un punto de vista mejor y más acertado sobre la realidad que vivimos quienes estamos inmersos en el terruño. Por eso hay que salir, viajar, salir incluso de uno mismo, para poder otear el entorno con más claridad. Subirse a las alturas para poder mirar y ver mejor. Como hiciera el romántico y viajero escritor Gil y Carrasco. 
Tomar la distancia pertinente para poder configurarse una visión global. Y a la vez poder penetrar, candil en ristre, por los vericuetos de las profundidades. Como un minero dispuesto a arrancarle arpegios a las capas carboníferas, que aún son abundantes en el Bierzo. 
Plumilla Berciano 10 aniversarioJuanma G. Colinas, que en la actualidad ejerce como consultor de Comunicación Digital, especializado en Medios Sociales, nos ha ofrecido críticas de libros, reseñas..., incluso un pregón en su pueblo natal, con motivo de las fiestas patronales de San Juan (qué fiestas aquellas, donde llegamos a escuchar/ver a grupos como Burning o Ilegales, y aun a Melendi en una época algo más reciente). 
Como buen berciano, berciano de pura cepa, Juanma siente morriña por su tierra, aunque acostumbra a viajar con frecuencia a su matria chica para espantarla. En todo caso, la morriña es manantial de creatividad. Y fuente de vida. Y Juanma sabe sacarle buen partido. 
La Ciberbotillada, que cada año por enero organiza en La Moncloa de San Lázaro de Cacabelos, su sección de Bercianos x el mundo, el Premio Lambrión Chupacandiles (que el pasado año recibiera el humorista Leo Harlem, originario de Matarrosa del Sil) y ahora el Primer Congreso de Bercianos x el mundo (previsto para el sábado 6 de octubre en Toreno) son algunas de las actividades que nuestro querido "Plumilla berciano" se ha empeñado en sacar adelante. Con excelentes resultados. Así que te felicitamos por tu gran labor. Y te deseamos, de todo corazón, una larga vida en prosperidad. 

Entre Gloria Fuertes y Lorca (entrevista a Marta Muñiz)



Proyectos hechos realidad son los que nos ofrecerán, en el Espacio Vías de la capital leonesa, cuatro artistas, a saber, Marta Muñiz (pianista, poeta y narradora), Ángeles Rodríguez (actriz), Ulises Solís (músico) y Martín Castaño (director técnico).
Se trata de Gloria y los más fuertes, en claro homenaje a una de las grandes poetas españolas de la Generación de los 50, la escritora Gloria Fuertes. Y Lorqueando ando, dedicado al genio Lorca, uno de los más grandes del siglo XX. Ambas son obras de teatro musical para un público infantil, “pero para niños de todas las edades”, aclara la poeta, narradora y compositora musical Marta Muñiz Rueda.
Gloria y los más fuertes se representará el próximo 30 de septiembre, mientras que Lorqueando ando podrá verse el 7 de octubre.
Cuenta Marta Muñiz –quien se ha pasado todo el invierno componiendo y escribiendo, y en verano ensayando– que han invertido muchas horas y energía en estos trabajos, que esperamos tengan una gran aceptación por parte del público.
Marta Muñiz y Ángeles Rodríguez. Foto: Alejandro Nemonio Aller
“Surgieron como proyectos porque ambas familias mantenemos sólidos vínculos de amistad. Nos unen muchas cosas, Ángeles y Ulises son mexicanos, los niños tienen edades similares y sentimos idéntica pasión por el arte y la cultura. Por ello decidimos que sería bonito trabajar juntos. Primero surgió la apuesta por Lorca. Y después, al ver que nos encantaba trabajar juntos y que el tipo de formato (teatro musical) era atractivo, surgió Gloria. Todo de forma espontánea, en cenas familiares. Y así la idea original fue creciendo y creciendo”, apostilla Marta, que se muestra muy ilusionada. También con el hecho de que intervengan sus hijos y el de la pareja formada por Ángeles Rodríguez y Martín Castaño.
“Alex y Marcos saldrán a escena en una canción como un pato y un mono chinos. Y Carmen recogerá las entradas de Gloria. Nos gusta que se involucren y que se sientan parte de esta pequeña compañía que está naciendo”, nos explica la autora de Tiempo de cerezas, que pronto espera publicar nuevo poemario.
En Gloria y los más fuertes, que es un espectáculo concebido sobre todo para niños/as de entre 3 y 12 años (una obra perfecta para disfrutar en familia), podremos escuchar diversas canciones, cada cual, representando el ritmo de un país, desde un tango argentino pasando por un vals, ranchera, un chachachá cubano, samba, canción oriental o pasodoble español, entre otros, con el objetivo de que este espectáculo resulte de interés desde la diversidad cultural. Una diversidad que nos enriquece a todos. Y para ello el músico mexicano Ulises Solís (pareja de Marta Muñiz) contribuyó de un modo decisivo, con su aportación, los ritmos populares universales, habida cuenta de que ésta es su especialidad.
La puesta en escena se acompaña con marionetas y diferentes recursos, estableciendo un diálogo entre Gloria Fuertes y sus personajes (que están enfermos, si bien la enfermedad se presenta como una circunstancia natural en la vida), con el fin de captar la atención del público infantil. 
Esta obra, además, aborda otros temas transversales de suma importancia en el mundo infantil, etapa en la que se forjan los principios fundamentales de los seres humanos. La música como hilo conductor, universal y emocionante. “La obra es muy cómica y la dirección técnica la lleva Martín Castaño, que es genial creando atmósferas… Por su parte, la actriz Ángeles Rodríguez busca el acercamiento y participación del público, la interactuación, de tal manera que los más pequeños se sientan atrapados en todo momento por la historia que les estamos contando”, apunta Marta.
 En cuanto a Lorqueando ando, estamos ante un proyecto arriesgado a la vez que mágico, porque su creadora ha puesto música a siete poemas de Lorca para niños/as, entre ellos El lagarto está llorando, que a Marta le resulta emocionante. Incluso ha añadido un fragmento del Romancero gitano (Verde que te quiero verde), que en su día ya había ideado para Noceda del Bierzo, sólo que ahora –matiza– es más largo, tiene piano, introducciones, intermedios... “y un poema del Cante Jondo lo recita la actriz Ángeles Rodríguez con la guitarra de Ulises de fondo… Todo se centra en un sueño del poeta, con escenas de cuando era niño hasta una pesadilla incluida”, concluye la poeta, narradora y compositora Marta Muñiz Rueda. 

 - ¿Cómo surgió el proyecto de Gloria y los más fuertes. Y qué importancia tiene la escritora Gloria Fuertes en la vida y obra de Marta Muñiz?

-Recuerdo perfectamente el momento en que nació Gloria. Estábamos cenando en nuestra casa Ángeles, Martín, Ulises y yo. Era una noche oscura de diciembre y era Navidad. Afuera nevaba. El proyecto de Lorca iba avanzando y pensamos de pronto que podríamos hacer uno más para niños. Yo este año quería dedicar mi espacio creativo a los niños, porque veo crecer a mis hijos muy rápido y me gustaría que disfrutasen algo que ha hecho su madre antes de que la niñez y sus tesoros abandonen nuestra casa. Por eso yo creo que nacieron estos proyectos y un cuento de Navidad que escribí en su día para Carmen y que se publicará también en breve. Quería dedicar parte de mi labor a los niños. Y nadie ha escrito mejor para los más pequeños que Gloria Fuertes. Miles de adultos hemos crecido leyendo sus poemas, su obra la llevamos en nuestro “maletero emocional”. Gloria para mí es uno de los grandes referentes en poesía femenina del siglo XX. Fue una gran poeta social y actualmente se está divulgando mucho su obra para adultos, que leo y admiro. Sin embargo, escribir literatura infantil de calidad es muy difícil y también es un acto muy generoso. Pocos autores reconocidos han dedicado obras al público infantil, como si la categoría infantil no tuviese el mismo prestigio o renombre que la literatura adulta. Caer en este tipo de prejuicios es un grave error. Creo que es enormemente difícil llegar al corazón de un niño. Los niños son auténticos, no fingen. Y también muy exigentes. Creo que Gloria Fuertes se merece como nadie este y mil homenajes. Su poesía infantil tiene una gracia y una espontaneidad difícilmente superables. Es un patrimonio inmortal del que debemos sentirnos muy orgullosos.


- ¿Qué se va a encontrar el público viendo esta obra, sobre todo el público infantil a la que va dirigida?

-Se va a encontrar con una obra divertida, porque la poesía de Gloria lo es, al menos la infantil. Una historia simpática que trata de presentar la enfermedad como algo natural que no nos hace débiles, sino fuertes. El valor, en la vida, no consiste en hacer el viaje sin sobresaltos u obstáculos, sino en saber hacerles frente. Muchos personajes derrotan prejuicios, hay tortugas y caracoles que no son lentos, orangutanas presumidas, arañas que bailan, mosquitos que se enamoran… También creo que es importante destacar el papel fundamental de la música como elemento integrador. Vivimos en una sociedad cada vez más plural y diversa en la que conviven niños cuyos orígenes y culturas son muy diferentes. La música es un lenguaje universal que llega en vena a todos los seres humanos mediante la emoción. Es emoción a flor de piel, como el llanto o la risa. El público va a poder cantar con la actriz y los músicos porque escuchará melodías pegadizas en ritmos que seguro le son familiares. Hay géneros que los llevamos en el ADN, aunque no lo sepamos. Podemos sentir y reconocer fácilmente un chachachá, un vals, una samba, un tango, aunque los más pequeños no sepan ponerle etiqueta. Esa ya se la añadimos nosotros. Y sobre todo se van a encontrar con una Gloria divertida y solidaria, con su maravillosa poesía y su infinita ternura.

- ¿Qué destacarías de esta obra en homenaje a Gloria Fuertes?

-En cuanto al texto de la obra teatral, la escena planteada pretende ser lúdica y es en sí misma un viaje. Desde el minuto uno la actriz va a intentar romper la cuarta pared, el público forma parte del ensueño. De pronto todos habremos viajado a África. En el teatro todo es posible.
La parte musical me resultó especialmente complicada durante el proceso creativo, tal vez porque me impuse a mí misma el reto de escribir cada canción en un ritmo diferente. Quería resaltar esa capacidad integradora de la música como lenguaje universal. Pero claro, partía de un texto que no podía cambiar, porque no es mío, y debía tratarlo con el máximo respeto. Hacer coincidir tempos y ritmos entre los poemas de Gloria y esquemas preestablecidos, como pueden ser la samba o el vals, fue muy complicado. Hay una canción, El caracol herido, que me hizo sudar sangre. Tardé muchas horas y días en lograr el efecto chachachá. Y hacer de La tortuga presumida un tango también fue complejo. Uno lee los poemas de Gloria y al utilizar un lenguaje sencillo, cercano, al tener rima y ser muy musicales, podría parecer fácil ponerles música. Si me hubiese limitado a realizar canciones sencillas en un formato, digamos colegial, como de función escolar, con todos mis respetos a este tipo de canciones, hubiese sido más sencillo. Pero la métrica de Gloria da giros inesperados y de pronto comprendes que es difícil de acomodar a esquemas fijos. Y añádele a esto el hecho de que tiene que tener gracia. El poema es cómico, la música tiene que subrayar esa chispa. Fue tremendamente complicado musicalizar a Gloria. Sin embargo, una vez terminado, estamos disfrutando muchísimo los ensayos, espero que sea un buen presagio y que al público le guste.

 -Lorca, que es pura musicalidad, puro ritmo, pura poesía, ¿cómo crees que será recibido por los más pequeños?

 -Lorqueando ando es una obra completamente distinta a Gloria y los más fuertes. Aunque tratemos de repetir formato, teatro musical para niños, Lorca es tradicionalmente un autor para adultos. Un poeta y dramaturgo oscuro en sus temas, parece perseguirle en toda su obra un destino trágico que efectivamente terminó alcanzándolo. Por este motivo, desde el principio sabía que musicalizar a García Lorca para el público infantil era un reto de primera magnitud. Sin embargo, yo soy muy lorquiana y también muy perseverante. Federico es uno de mis poetas favoritos, mi poeta de cabecera, podría decirse, desde niña. He leído su obra toda mi vida. También he contemplado en varias ocasiones sus dibujos y he tocado su música, porque Lorca componía música para sus obras. He analizado su teatro y su poesía hasta la saciedad en la Universidad, en mis lecturas personales, en trabajos privados… Ya en el colegio era algo sabido por mis compañeras esta pasión lorquiana. Mientras otras adolescentes escribían en pupitres y árboles el nombre del chico que les gustaba yo sólo escribía LORCA y pintaba un corazón. Me miraban como si estuviese loca. Si cuento esta anécdota ahora es para que se entienda hasta qué punto realizar este proyecto para mí es un sueño cumplido.
Desde hace muchísimos años quería poner música a las siete canciones que Lorca dejó escritas para niños, pero no veía el momento de llevar a cabo este proceso hasta que Ángeles Rodríguez apareció en mi camino. Fue un instante revelador, casi evangélico, tipo Saulo. Paralicé todo lo que estaba haciendo en ese momento y me centré absolutamente en las canciones de Federico. Durante meses me absorbió por completo, casi era una obsesión. Cuando toco al piano El lagarto está llorando aún me emociono, y no es plan, porque los que deben llorar son los lagartos. Sé que el peligro máximo es que me supere esta emoción. Pero también sé que posiblemente sea esta la obra en la que más amor he puesto en mi vida. Creo que cuando el público la escuche, niños y adultos, va a advertir eso, que es un acto de amor. Por lo demás, acercar la figura y el universo poético lorquiano a los más pequeños es su principal objetivo. No hay tragedia en este Lorca, solo sueños. Nos vamos a encontrar un Lorca mágico, porque la magia es el puente entre su poesía y la infancia.

- ¿Qué te gustaría reseñar acerca de Lorqueando ando? ¿Por qué este título en gerundio?

 -Este título fue idea de Ángeles Rodríguez y yo acepté su propuesta porque me gustó de inmediato. El gerundio, como forma verbal no personal, que tantas veces va asociada al verbo ser, denota participación, interacción, nos lleva de la mano a un presente compartido, un presente continuo que dura toda la función y es además un juego de palabras que funciona como una puerta lúdica para el público infantil. Queremos que los niños se acerquen a Lorca y Lorqueando ando es una invitación a ese juego onírico y poético en el que les vamos a sumergir.
Transversalmente trata temas que es bueno acercar a los niños, el modo en el que afrontamos los miedos, la importancia de no rendirse, la libertad vista como un tesoro, y me encanta la última pieza de esta suite, en la que se funden la Nana de Yerma (un bosquejo breve que dejó escrito en notas el propio Federico para su obra de teatro) con la Canción tonta  a la que yo he puesto música en sol menor para que ambas se fundiesen, con el propósito de decirnos que el amor de una madre es un bien de incalculable valor para cada ser humano. Cuando vi el resultado final y cómo ambas piezas encajaban con precisión me parecía mentira, es como un milagro. Si tuviese que volverlo a hacer no sé si lo conseguiría.
Si Gloria representa la simpatía y la ternura, Federico será la música y la magia. Lorca era también pianista y muy bueno, además. Llegó a dar algún concierto de piano en su Granada natal. Esa musicalidad vocacional está presente en toda su obra poética. Su poesía es música escrita con palabras. Lorca es puro ritmo. Sin embargo, lograr captar su esencia es una tarea más delicada. Soy consciente de haber asumido un reto muy difícil. En mi defensa solo puedo alegar que, si es un delito, lo cometí por amor.

- ¿Qué dirías sobre las aportaciones de tus compañeros de trabajo Ángeles Rodríguez, Ulises Solís y Martín Castaño?

 -Las tres son de inestimable valor. Conocer a Ángeles ha sido decisivo en mi vida. A nivel personal creo haber ganado una amiga que es un ángel, una mujer todo corazón y a nivel artístico es una actriz descomunal. Devora el escenario, te secuestra el corazón, hace de tu emoción carne viva. Creo que su interpretación de la Dra. Gloria y de Teresita Guillén (la protagonista de Lorqueando…) no pueden tener mejor encarnación. Disfrutamos muchísimo los ensayos: reímos, lloramos, nos abrazamos… Está siendo muy emocionante.
Ulises me ha ayudado muchísimo con su visión y sus conocimientos de la música popular. Yo soy tremendamente clásica, muy academicista, por trayectoria y experiencias, y acercarse a los ritmos propios de la música popular es difícil cuando tu mente está amueblada musicalmente de otra manera. Gracias a Ulises cada canción pertenece a un subgénero que le encaja como anillo al dedo (creo).  Además, es un crítico muy exigente, tanto en lo literario como en lo musical. Jamás ha sido flexible ni condescendiente conmigo, todo lo contrario. Se lo agradezco mucho. Tiene infinita paciencia porque es el primer crítico y testigo de todo lo que hago. Yo sé que es un lugar difícil.

Y sobre Martín creo acertar si digo que es un hombre que domina muy bien el tiempo y el espacio, sabe crear atmósferas adecuadas, coreografías cuidadas y es muy delicado y puntilloso. También valoro mucho su sensatez, es el más maduro de los cuatro y nos contagia cierta calma que dada la pasión femenina de este clan, les aseguro que es necesaria. No le haremos caso siempre porque la locura debe estar presente, pero le escuchamos y le queremos muchísimo. Los tres son maravillosas personas y con grandes personas no sé si se hacen cosas grandes, pero sí cosas buenas.

- ¿Y qué señalarías acerca de tu aportación?

-Quienes me van conociendo saben que soy una mujer muy apasionada, que se vuelca en todo lo que hace hasta la extenuación. Para bien o para mal soy así. Lo mejor ha sido poder unir mis dos grandes amores: música y poesía. Creo que una parte que había olvidado de mí misma, la Marta niña, ha regresado a mi conciencia en estas dos obras. Cuando empecé a componer las canciones y a escribir los textos me parecía una aventura peligrosa. Todo era nuevo y estaba coqueteando con un mundo desconocido por dentro para mí hasta ahora: el teatro. Aunque pienso que mi sitio está en la poesía primero y en la novela después, escribir y componer estas obras infantiles está resultando una experiencia muy emocionante, inolvidable, sobre todo porque es un proyecto en el que participamos los siete. Es como si dos familias cogiesen un barco y se lanzasen mar adentro con el objetivo de conocer el mundo.
Por lo demás, he tratado de dar, como siempre, lo mejor de mí misma. No sé si he acertado o si he cometido una locura, incluso un delito, como ya he dicho. Eso tendrá que valorarlo el público. Es sin duda una gran lección. Aceptaré el veredicto con humildad, sea cual sea.

- ¿Qué importancia tiene México, habida cuenta de que dos de las personas que intervienen de un modo activo en estos espectáculos son de este país norteamericano?

-Pues, aunque parezca imposible o extraño que México se haya colado en dos obras inspiradas en poetas españoles, tengo que decir que ha sucedido. ¿Cómo no estando ahí Ángeles y Ulises? Toda huella se siente. Por ejemplo, en Gloria y los más fuertes, hay una ranchera que canta Ulises, El gallo despertador. Y El lagarto está llorando es una fusión muy sorprendente musicalmente hablando, porque la melodía es claramente española, con giros que se acercan al flamenco; el otro día una amiga me decía que advertía en algunas partituras de Lorqueando ando el poso de Granados, lo que no sería raro porque es un autor con el que he trabajado mucho, seguramente Beatriz acierta, pero el ritmo de esta canción es de Huapango mexicano. ¡Ojo a la combinación! Los lagartos son españoles, pero cantan en huapango mexicano. Me encanta la fusión de culturas y ese lazo omnipresente entre todo lo latino. Y algo muy conmovedor y a la vez bellísimo es el efecto contrario, como un boomerang, Ángeles Rodríguez en Gloria y los más fuertes es la araña de España. Ángeles, mexicana de “hueso colorao”, con bata de cola, peineta y clavel reventón cantando un pasodoble. Maravilloso.

- ¿Qué es para ti la música, la poesía, el arte… en definitiva?

 -Es mi aliento, mi respiración. No concibo mi vida sin la música y la poesía. No concibo un mundo sin arte, sería un horror. No comprendo que nadie pueda ser feliz sin experimentar esa descarga eléctrica que solo el arte aporta, ya sea como creador o como espectador. El arte es la categoría emocional y ontológica que más enaltece a los seres humanos, siempre y cuando sea efectivamente humano, es decir, no divino, sino hecho a la medida del hombre, por y para él. Aunque el arte acerque al creador a la divinidad, pues es una de las pocas formas en las que un ser humano da vida a algo desde la nada, eso no debe hacernos sentir dioses. Cuando llega la idea de dios a la cabeza del creador, el arte desaparece, porque el arte no es divino, es humano. Debe vivir tocando el suelo, aunque sepa y pueda volar.

- ¿Crees que la cultura debería estar mejor considerada en nuestro país? ¿Y por ende remunerada como se merece?

 -Desde luego. España nunca ha tratado como se merece a sus artistas. Se nos llena la boca hablando de Lorca, de Machado, de Dalí, de Picasso, de Velázquez… Pero si vivieran hoy entre nosotros les dejaríamos morir de hambre. Tenemos o se pretende que así sea, la idea de que la cultura debe ser gratuita. La cultura debe ser universal, es cierto, es un derecho de todo ser humano acceder a ella para crecer como persona, pero eso no significa que no haya que pagar a los artistas. Parece que incluso está mal visto que un autor cobre por sus pinturas, sus canciones, sus libros… No comprendo esto. Pagamos la consulta a un médico, a un abogado, pagamos el pan y la carne en el supermercado. Pagamos la gasolina, el alquiler, pero nos da pereza gastar en libros, cd’s, cuadros, etc. Si se pueden descargar gratis mejor. Y el artista que lo es a tiempo completo vive de su profesión porque ha dedicado su vida a formarse para ser un buen profesional. E invierte tiempo, dinero y mucho esfuerzo en sacar adelante sus obras. Es justo que se valore su trabajo, porque a todos nos gusta escuchar música, leer poesía, ir al cine, pero a muchos músicos se les sigue pagando con copas. Eso no es ético ni moralmente admisible. Los músicos no somos vagabundos vagos y perezosos. Somos profesionales como en cualquier otro sector. Y digo músicos como podría decir pintores, actores o fotógrafos. Hacen falta también más ayudas estatales a proyectos que merezcan la pena. La cultura es nuestro mayor patrimonio y el orgullo de un pueblo, pero si queremos que siga viva tendremos que hacer un esfuerzo.