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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Magosto en Noceda











Pues sí, el pasado sábado novembrino nos dimos cita algunos paisanos en Noceda, ahora capital de los magostos, para arrimarnos (arimaros, decimos en el terruño) al fuego, en busca de calor y amistad, en torno a una pregancia y un tambor, como en los viejos tiempos, y darle "estoupos" a las castañas y hablar de lo humano y lo divino, especialmente de la belleza natural, del entorno maravilloso que nos protege, espacio de osos y urogallos, cual si estuviéramos en algún parque o bosque canadiense. El lugar elegido para el magosto fue, sin duda, el mejor entre los mejores, el Horno de Las Matildes, situado en el barrio de San Pedro, al lado de la iglesia parroquial de la localidad, donde es habitual que, durante el mes de agosto, se haga pan de leña y pastas con harina de castañas, deliciosas. Todo comenzó cuando al amigo Valentín Carrera se le ocurrió la noble idea de hacer un magosto a la antigua usanza, motivo más que suficiente para reunirnos un buen puñado de amigos, paisanos y familiares en torno a la lumbre sagrada que alienta espíritus y espanta bruxas y demonios o "demois". "Sos la metá de un demoi, guajín, deja de enredar con el llumbre que aluego todos son lamentos", podría haber dicho cualquier rapacín de la zona, al que le hubiera dado por "achismar" o "achisbar", acaso intentando asar alguna castaña, pero no fue el caso, porque no asistió ningún chavalín ni rapacina, ni siquiera Sandra y Alicia, las niñas de Valentín. Otra vez será.
Hacía veinte años que Valentín Carrera no visitaba Noceda, desde que recorrió los valles y montes de Gistredo, con su amigo, el fotógrafo Anxo Cabada, para luego dar fe de su viaje a lomos de caballos por el Alto Bierzo en aquel libro memorable que fue y sigue siendo El Viaje del Vierzo. "No olvides que tenemos que hacerle una visita a Furi", me recordó Valentín antes de arribar a Noceda. Por supuesto. Furi o Furil, esto es Pepe, había tenido la generosidad de dar cobijo y viandas a los caballeros andantes, a saber Carrera y Cabada, en su casa. Y esto le quedó grabado a Valentín, que tuvo asimismo la gentileza y la caballerosidad de obsequiar a la familia Furil, a Pepe y a su mujer Faustina, con su último libro y largometraje documental por la "provincia del Bierzo". Extraordinario regalo.

Después de la visita a los Furiles, familia aún por parte de mi madre, algo que nos recordó Pepe durante nuestra breve aunque sustanciosa parada en su casa, dimos una vuelta por el pueblo hasta que nos encontramos, primero con Tomás, el presidente de la Junta Vecinal, que vive al lado del horno en que hicimos el asado de castañas, con quien Valentín intercambió algunas palabras acerca de su procedencia de Noceda, por vía paterna, y luego con Luis Nogaledo, con quien fuimos directos al restaurante y hotel rural conocido como Las Fontaninas, donde nos vimos casi toda la tropa asistente al magosto: Toño Campillo, Javi y Toño (los hermanos Vega) y Laura, creo recordar. "Mi bisabuelo era Juan Cubero, de Noceda", le había dicho Valentín a Tomás, y éste se puso a cavilar hasta dar con algunos ancestros de Carrera.

Echamos unos "vaixines" en Las Fontaninas y nos encaminamos hacia el horno. Allí estaban ya algunos de mis familiares, con los preparativos, dando fuego al castañamen. A partir de ese momento, comenzó la velada, a la que se fueron incorporando algunos amigos como Ester Folgueral, Carmen (Rula) y su marido, Jaime, y alguno más, como Constantino, que nos echó una mano en la intendencia. Asamos castañas y peras carujas, riquísimas, tomamos chocolate, gracias a Laura, Javi y Toño (hermanos Vega), y tomamos vino, pastas y un pundín de pan que este menda había tenido a bien hacer en horno materno. Compartimos memoria y amistad en una velada, alumbrada, cómo no, por las brasas de la leña paterna, y nos divertimos hablando y riendo. Hasta la próxima.

2 comentarios:

  1. La verdad es que fue una fiesta entrañable y, además, combatiba, responsable: la tertulia puso a escaldar en la lumbre las agresiones ecológicas que sufren El Bierzo en general y la sierra de Gistredo en especial. ¡Ahí estamos! ¡No pasarán!

    Valentín.

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  2. Solo comentar que me ha encantado el artículo y que para mi, es una de las tradiciones más entrañables que puedan existir. Muy bonitas las fotografías.
    Un saludo.

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