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miércoles, 29 de julio de 2009

Umbral, poesía desgarradora y bestialmente hermosa

O bien esta reflexión, cargada de lirismo, que se me antoja definitiva: “He conocido la única verdad posible: la vida y la muerte… de mi hijo, y sin embargo he optado o estoy optando por el engaño, por el autoengaño... No os creáis nada de lo que diga, nada de lo que escriba. Soy un farsante. El solo hecho de seguir vivos nos constituye en farsantes”. En otro pasaje escribe: “Lo que nos aterra de la calavera es descubrir que es también una máscara” “Llevamos la verdad por fuera, la carne, y la máscara por dentro”.

Umbral, a través de un conmovedor monólogo y una lírica sazonada de muerte, nos sumerge en el mundo de los sentidos: “el tacto es ciego, el olfato es galopante. La boca es frenética. El oído es torpe. Sólo el ojo alcanza la totalidad”. Y sobre todo nos adentra en el vertiginoso mundo de los olores, que impregnan la literatura y la pintura, en el olor acre y selvático de los libros, y el perfume fresco y denso de la pintura, porque el olfato es, según el autor, la mirada del alma. El hombre empieza siendo un perfume. La vida se inicia como aroma. También nos invita a darnos un paseo por las estaciones del año. “Escribo este libro en verano… el único trasunto posible del paraíso perdido”, “Abril, pozo verde lleno de doncellas ahogadas que tejen el lino de las profundidades y suspiran a la luna en las noches de coito”. “La primavera es una corona de novia”. “Otoño. Astenia. Un cielo vacío, enteluces y entremuertes”. “Ahora me veo condenado a vivir para siempre en el frío ferroviario de las estaciones”. Con estas pinceladas de pintor impresionista, Umbral siente el mundo, “la farsa del vivir, duplicada siempre por la farsa escribir” en un tiempo que “es un caballo que llora como una máquina sentimental”, como él llora por su hijo, “que es el interior dulce y pajaril de la vida”, su única verdad. “A la mierda con todo”, porque “tan pueril es vivir de sueños como vivir de silogismos”, aunque Umbral parece preferir la lucidez mediocre al delirio, y cree más en la lírica que en la psicología. El tiempo como herida y sangre del escritor. El éxito como algo agresivo, la gloria como homicidio, la fama como violencia, la popularidad como agresión, porque la verdadera historia está en el cuerpo de un obrero. Ellos han movido el mundo, aunque ya sabemos que todo se ha fundado sobre un engaño, sobre una falsedad, porque el mundo descansa en el explotado o avanza sobre cadáveres. Y Umbral se reclama como el único cadáver que ha escrito un libro en la historia de todos los tiempos, aunque lo más directo –asegura él- sería no escribir, “porque escribir es una cosa pasiva, receptiva..., así como leer es algo activo, creativo voluntarista. No obstante, escribir es algo que no puede dejar de hacer porque Umbral vivió por y para la literatura: “Jamás he salido del ámbito mágico de la literatura… He vivido el mundo intensamente, pero literariamente”.


Umbral compone un diario, un diario íntimo que nos trastoca por momentos, sublimes sin duda, y nos hace mirarnos tanto al interior como al exterior, un libro de cabecera, al que uno regresa en momentos de insomnio, en busca quizá de alguna quintaesencia. Al final, “tanto fruto de muerte ha dado una flor de sueño: la imaginación”, la poesía desgarradora y bestialmente hermosa de un escritor de talla enorme, que algunos dicen que nació en la provincia leonesa, acaso en Valencia de Don Juan, tal vez en Mansilla de las Mulas.
El próximo martes, ya en agosto, en Radio Bierzo, la Ser, hablaremos sobre todo esto.

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