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martes, 16 de marzo de 2010

La nueva Edad Media





Resulta apasionante y estremecedor al mismo tiempo volver a releer “La nueva Edad Media”, sobre todo ahora que las veladas, fiestas y espectáculos varios se resuelven o intentan resolverse por el cauce viciado del Medioevo, bajo los harapos sagrados de lo antiguo, aun a sabiendas de que no siempre el tiempo pasado fue mejor, ni tiene por qué serlo, pues agua pasada, según el refranero español, no mueve molino.

Estamos mostrando una especial inclinación por el pasado más añejo, cuya peste negra parece embriagar nuestros sentimientos más puros, mientras que, por otra parte, tendemos a olvidarnos de nuestro pasado más reciente, ese pasado hecho de miseria y de sangre, ese tiempo de guerras inciviles, holocaustos, catástrofes mundiales. Es como si tuviéramos amnesia para con los acontecimientos más cercanos, y nos fuera la marcha con lo que nos queda más lejos en el tiempo. Puesto que el pasado más lejano no nos afecta y hasta nos resulta exótico, nos gusta recrearnos en él.
Nuestro pasado más próximo, en cambio, nos asusta y nos produce monstruos insuperables de conciencia, huellas aterradoras en las lagunas de nuestro subconsciente. Tratamos por todos los medios de falsear o pasar por alto nuestra conciencia como si no fuera con nosotros. Asunto peliagudo, que convendría revisar. Es necesario repensar la realidad, analizarla, aplicar la dialéctica, progresar y a la vez regresar para dar cuenta del lugar en que estamos “parados”, que diría cualquier hispano-americano. Pues, parémonos a pensar, a reflexionar, qué está fallando para que todo dios -mandatarios, el pueblo, todos-, sienta esa necesidad por montar saraos medievales. No sería mejor que nos diera por el humanismo, el Renacimiento, la Grecia esplendorosa, la filosofía…
Es sabido que quien desconoce la historia está condenado, cuando menos, a repetirla. La historia de la infamia se repite. Somos animales de costumbres y por ende repetitivos. Nada que ocultar bajo las bóvedas celestiales. Y así por los siglos de los siglos. Hasta el final de los tiempos. Que algún día habrán de llegar… casi seguro. El Apocalipsis tocando la trompeta, acaso como en El nombre de la rosa, el tan-tan berebere, el muecín resonando en el orbe de las religiones confusas
Hace tiempo que venimos asistiendo y/o presenciando ceremonias y teatros medievales por todos los rincones de nuestra sacrosanta provincia leonina, excuso decir leonesa. Se están poniendo de moda las justas y los mercados medievales, aquí y acullá, tanto en el Bierzo y la Maragatería como en el Páramo y Tierra de Campos.

Pero si queréis adentraros de lleno y por la puerta grande en la Edad Media sólo tenéis que abrir, por ejemplo Bab Boujloud, y caminar cuesta abajo por Talaa-Al-Kébira hasta alcanzar el meollo del cogollo de Fez-el Bali. Allí, inmersos en un laberinto de sorpresas, en el Gran Bazar de las emociones olorosas, que os devolverán a vuestros ancestros, os encontraréis con el Medioevo en toda su salsa.
La Medina de Fès o Fez, en Marruecos, os acogerá con los brazos abiertos. Sólo tenéis que dejaros encantar por los olores, colores y sabores, que acabarán impregnando de tal modo vuestra presencia, que os creeréis trasladados a la tan ansiada época medieval. O bien daros un paseo literario por El Perfume, de Süskind, para embriagaros con los aromas y feromonas que se desprenden de un París nauseabundo como un tubo de escape y un rebaño de letrinas en Auschwitz-Birkenau.
La nueva Edad Media es, por lo demás, un magnífico ensayo de los años setenta, cuyos autores, entre otros, Umberto Eco y Giuseppe Sacco, sostienen la tesis de que caminamos hacia una nueva Edad Media. Al parecer, ya estamos morando en ella.
“Surgirán psicosis parecidas a las que se habían producido en el pasado... y se consolidará un nuevo maccartismo mucho más cruento que el primero”.

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