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miércoles, 21 de octubre de 2009

Canadá, país de montañas, bosques y lagos legendarios

En cuanto uno oye la palabra Canadá, se aparece un país inmenso, tanto que por extensión es el segundo, después de Rusia, o sea, unas veinte veces España. Lo que nos produce vértigo y a la vez curiosidad por conocerlo. ¿Quién no ha oído hablar de las Montañas Rocosas, el parque Nacional de Banff y los Grandes Lagos? Canadá, además de un país rebosante de naturaleza, incluso salvaje e inabarcable, es una tierra hospitalaria, quizá porque es de todos, porque son muchos los inmigrantes que han ido a parar a este lejano Oeste en busca de aventura y una vida de porvenir. Aquellos que decidieron viajar en pos de la quimera del oro. Como fue el caso del escritor y aventurero Jack London, que sintió “la llamada de lo salvaje”, y otros, entre ellos algunos bercianos, incluso de Noceda, que en algún momento visitaron una parte de este extenso territorio, cuya población, unos treinta y tres millones de habitantes, no es mucho mayor que la que se concentra en el área metropolitana de Tokyo.

Canadá es asimismo el territorio de una Navidad de cuento, nevada y luminosa, con sus trineos y leñadores, caribús y osos, no del todo amorosos, sus glaciares y extensos parques con abetos de Douglas y gigantescos y milenarios cedros rojos, sus hojas de arce y castores como símbolos nacionales. Todo esto es Canadá y mucho más. Pasen y vean.

Vancouver, ciudad Olímpica en 2010

Este verano tuve la ocasión de viajar al Oeste canadiense, en concreto a Vancouver y la Isla de Vancouver, lugares que recomiendo a los lectores, y sobre todo a quienes aman los deportes y la naturaleza en todo su esplendor. 


La ciudad de Vancouver será la anfitriona de los próximos Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno, en febrero de 2010. Así que, aquellos que dispongan de vacaciones, ya pueden ir preparando equipaje. La cita será en el monumental BC Place Stadium. Sólo por su situación geográfica, entre el Océano Pacífico y las montañas, ya merece una visita. Y aparte de sus encantos naturales, como los parques y/o bosques -integrados a la perfección en la ciudad-, sus playas y montañas costeras, cuenta con numerosos atractivos.

Encantos naturales


Sus parques naturales le ponen los dientes largos a cualquier visitante. Conviene recordar que en Canadá existen unos cuarenta parques Nacionales y un buen número de parques provinciales, que no se ven adulterados con puterías varias, como está ocurriendo con nuestros paisajes bercianos. Algunos políticos y empresarios españoles, de raigambre carpetovetónica, deberían darse una vuelta por este país modélico en tantas cosas. 


El amor de los canadienses por su naturaleza y los animales es algo extraordinario. “Sorry”, le dice el dueño a su perro, al pisarlo. “Sorry” es una palabra muy en boca de los canadienses, tal vez su preferida, como me dijera Karen, una nativa que me dio buenas lecciones, y me ayudó a descubrir Vancouver. Gracias también al padre de Karen, el señor Rusk, que me acogió en su casa con vistas al mar, y me paseó en su porsche rojo por la ciudad de Victoria, la capital de la Columbia Británica.

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