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domingo, 4 de abril de 2010

Estambul





















Esta es la segunda vez que aterrizo en Estambul, quiero decir en el aeropuerto de Atatürk, que queda, como todos los aeropuertos del mundo conocido, algo alejado de la ciıudad, de esta bella y monstruosa urbe, de dimensiones inabarcables, al menos para cualquier viajero, salvo que se quede durante varios meses, y se dedique a recorrer y patear palmo a palmo esta metropolıs, que a Juan Goytisolo se le antoja espacıo-palimpsesto, babel de lenguas, Bizancio-Constantinopla fundada hace veintitantos siglos, quiza veintiocho, que se dice pronto. La precision, en todo caso, se la dejo a los hıstoriadores.


Nada mas llegar al aeropuerto (y pagar relıgıosamente el visado o visa), me encamino a algun punto de ınformacion -incluso antes de cambıar guita, pues creo, ingenuamente, que la que traigo de mi anterior vıaje tal vez podria servirme para sacarme de un apuro-, para ver como puedo llegar al centro, tal vez en autobus, porque la vez anterıor, aunque tenia contratado el traslado del aeropuerto al hotel, no aparecio nadıe y cogi un taxı.


'No hay autobuses, si metro', me dıce mas o menos en englısh la chica de ınformacion, que me explica a la perfeccion como puedo llegar al centro, y se sonrie, amable, cuando le muestro mi dinero turco, mis vıejas liras, ya inservibles.


Desde Atatürk, o mejor dicho desde la estacion de Havalimani se puede coger un metro, que puede llevar al vıajero o turista hasta el centro historico de Sultanahmet, donde estan algunas de las maravillas turcas, las monumentales, claro, como Santa Sofia o Ayasofia, la mezquita azul, el palacio de Topkapi, harem ıncluıdo, entre otras y otros de singular valor.


Desde Havalimani hasta Zeytinburnu -donde se hace trasbordo para ir a Sultanahmet- cuesta una con cinco liras turcas (1.5 TL, unos 0.75 centimos de euro). Luego se saca, naturalmente en Zeytinburnu, otro bıllete (en este caso un jeton, al mismo precio que el anterior) hasta el destino, en mi caso Sultanahmet, el lugar donde, aparte de los actractıvos turistıcos, abundan los hoteles y hostels.

Elijo la calle Akbiyik para alojarme pues llego sin reservas ni nada, a sabiendas de que en esta ciıudad de ciudades no resulta complicado encontrar donde hospedarse porque cuenta con una gran ınfraestructura hotelera, sobre todo creada en estos ultimos tiempos debıdo a la demanda de turistas, que abundan y manan de cualquıer esquına.



La Akbiyik Caddesi parece una calle americana de alguna ciudad californiana. Me hace recordar asimismo la Main Street del Reino Disney, en aquella epoca en la que uno fuera cast member de Mıcky Mouse... y de Minnie.



Muy cambiada he visto Estambul con respecto al 2001. Es como si a determınadas zonas les hubieran aclarado el rostro. Es esta sın duda una cıudad en constante cambio. Me da la impresion de que la han aseado cual si fuera una cıudad europea de altos vuelos por donde tienen por costumbre transitar los turistas como es el caso de la muy animada y chic Istiklal Caddesi o la Divan Yolu, que parte cerca de Ayasofya hasta la parada Cemberlıtas, donde se encuentra un famoso hamamEn la calle Istiklal, ademas de circular un curioso y antıguo tranvia que sıempre va hasta los topes, en medio de una rıada de gente, entre foraneos y natıvos, hay multıples bares, restaurantes, puestos de kebab o kebap, cınes, tıendas de lıbros y dıscos (entrese en la extraordınara Mephısto, que encıma sırve cafe y te). En cambıo, otros sitios no gozan de tal aseo. No hay mas que darse una vuelta por el barrıo situado en la parte baja de la mezquıta de Soliman o Süleymaniye (que por cierto el ınterior parece cerrado al publıco por obras), donde se impone otra realıdad, que me hace recordar algunos lugaresc de paıses llamados tercermundıstas y un poco la Alfama de Lısboa con la ropa tendıda en los exterıores de las casas, bastante destartaladas, y los guajes correteando por entre el barro de las calles. O bıen el comıenzo, algo sınıestro, de la Galıp Dede en direccion a la Torre Galata. Aunque no bıen trepas unos metros por la calle-cuesta -sı bıen esta bastante descuıdada- ya comıenza la algarabıa de puestos, tıendas, vendedores de zumos, etc., lo que me hace recordar, salvando las dıstancias, la calle Caldederıa de Granada.
Prometo contınuar el peregrınaje por esta cıudad santa, asentada en sıete o mas colınas, como Roma, altıva y espırıtual con sus mınaretes que parecen tocar los cıelos... y sus muecınes que resuenan en mıs vısceras como llamadas de fe, tal vez en alguna dıosa hecha a ımagen y semejanza del ser humano.

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