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martes, 27 de abril de 2010

Cocaína a la carta

Hace tiempo que la cocaína es como el pan nuestro de cada día, fariña de hostias mixtificadas, polvo de transubstanciación, dánoslo hoy y mañana, por amor de Dios, santificado sea tu nombre en los altares del narcotráfico. Algo así deben pensar/decir algunos tipos para quienes la droga es sustento diario, economía subterránea, negocio al por mayor. Dichosos “narcos”, que pretenden a toda costa enriquecerse y tocar los cielos nacarados de la estupefacción, aunque para ello tengan que enfangarse en la mierda hasta el cogote, y no se harten de chupar sangre corrupta y caminar por encima de cadáveres. El afán de dinero es lo que contamina al personal y lo hace ser despiadado y cruel con sus semejantes. El afán de riqueza nos vuelve majaras a los humanos, demasiado humanos. Y en ocasiones, ese afán desmedido, te conduce por terrenos fangosos, harto jodidos, porque no todo el monte es coca y orégano, orgasmo y buenos alimentos.

El Bierzo es una comarca en el que anidan muchos pájaros a los que les va el rollito del tráfico de estupefacientes. El Bierzo, quizá por ser fronterizo con Galicia, es un sitio extraordinario para asentarse y enpaquetar drogas por doquier. Donde menos te esperas salta el camello y te vas de cabeza al pozo. 

Al paso que vamos los “restoranes” de lujo -vaya idea- incluirán en sus cartas la cocaína como postre que acompañe a los cafés y las copas de turno. Algún garito nocturno ya debe estar poniéndolo en práctica. Nada sorprendente bajo este universo estrellado. 
“Si así lo desea tenemos a bien afrecerle unas rayitas”, te podría espetar el camarero con gentileza. No tardando la cocaína formará parte de nuestra exquisita cocina. Ojito al dato. 
Freud, que era un cocainómano, inventó el psicoanálisis como terapia a su adicción. ¿Qué terapia nos inventamos para los narcos? No cabe duda de que esta droga es el gran negocio del siglo. Y lo seguirá siendo. A poco que eches un ojito a tu alrededor, ya estás esnifando y saborando harina de otro fardel. Al paso que caminamos hasta los feligreses llegarán a comulgar con rayas y hostiones hechos de coca. Tiempo al tiempo. No resultaría descabellado. 
Los indios Tarahumara utilizan el peyote como alimento espiritual que los ayuda a entrar en trance. El peyote como divinidad en la que creen y confían. Los Beatles y el propio Jim Morrison, que ahora siguen "vivitos y coleando", y aun resurgen como chamanes de la psicodelia posmoderna, gustaban de darle a esta droga alucinógena, tal vez con el fin de atravesar las puertas de la percepción.
Cada cual que haga con su “body” lo que le plazca, y se raye lo que pueda, pero a sabiendas de que no jode al vecinito de enfrente. Por ejemplo

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