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martes, 21 de julio de 2020

Somiedo, belleza montañosa y lacustre

La propia palabra Somiedo me produce como temblor, el temblor mistérico del asombro, tal vez porque incluye el término miedo en su composición. Y el miedo nos paraliza. Pero Somiedo es en realidad una Reserva de la Biosfera y un Parque Natural astur que quita el hipo, que quita el sentío (como dicen los andaluces). Y deja hechizados a sus visitantes por su belleza natural, por su belleza montañosa y lacustre. 
Una maravilla que a los bercianos nos queda casi a la puerta de casa. Desde las comarcas de Laciana y Babia está al ladito mismo. 
Recuerdo que en el año de 2015, cómo pasa el tiempo, me di un garbeo por estas tierras astures. Y me fascinó. Ahora que me da por rememorar aquel viaje, me gustaría volver a recorrer esta zona.
Porque escribir sólo desde la memoria (salvo que esta sea inmediata, sobre todo en lo referente a viajes) no procura la misma emoción que cuando se relata paso a paso, día a día, casi casi durante que uno está viajando y sintiendo porque viajar es sentir, como nos dijera el bueno de Pessoa (colosal su Libro del desasosiego). 
En todo caso, me apetece (ahora que nos ha entrado más ganas de viajar que nunca a resultas de esta situación coronavírica) airear este viaje a Somiedo, sobre el que no llegara a escribir en su momento (algo que lamento). Pero nunca es tarde, se dice, si la dicha es buena. 

Desde el Bierzo, por ejemplo desde el útero, Asturias nos queda a mano. Desde Noceda hay en torno a 90 kilómetros hasta Pola de Somiedo. En realidad, cuando era un rapacín me preguntaba qué habría detrás de la Sierra de Gistredo. Pues detrás de esta sagrada serranía se halla, a muy pocos kilómetros en línea recta, Asturias, aunque antes debemos cruzar el Bierzo más remoto (Laciana o la Omaña) y Babia. Sobrevolar esta zona desde el útero de Gistredo sería un sueño. 
Desde Somiedo bajan los osos hasta Gistredo, eso se dice en mi pueblo. También los osos se acercan a Salientes, que aún les queda más cerca que Noceda del Bierzo desde Somiedo. 
Antonio Robles, que regenta la casa rural Mil madreñas rojas en Salientes (hace tiempo que no contacto con él, espero que le vaya todo bien), ha avistado osos a pocos metros de sí. 
Somiedo es, pues, tierra de osos, de lagos, de altas montañas, de brañas, de hórreos, de teitos (que son como nuestras pallozas de Campo del Agua o Balouta, por ejemplo, casas con techo de paja o escobas, material vegetal en general), de verdor. Con una naturaleza esplendorosa. 
Puente de las Palomas

La primera parada obligatoria, antes de alcanzar Somiedo, se me antoja el Puente de las Palomas, que se sitúa a dos kilómetros antes de arribar a Piedrafita de Babia (el nombre de Piedrafita de Babia también invita a soñar). 
El Puente de las Palomas (sobre el río Sil) es por lo demás el límite entre Laciana y Babia. Se trata de una impactante hoz o garganta profunda, que a los amantes del puenting les encantaría. Qué peligro y qué locura el puenting.  
La ruta continúa, atravesando bellos paisajes en los que pueden apreciarse circos glaciares, hasta llegar a Pola (Puebla) de Somiedo, donde uno puede alojarse.
De hecho, en mi viaje tuve la ocasión de alojarme en esta población, en la que andaba el gran Jesús Calleja, o eso dijeron los lugareños, aunque no llegara a verlo. Una aldea, capital del concejo de Somiedo, situada entre grandes peñas calizas, donde existe la casa del oso.
Desde este punto uno puede acercarse a los lagos de Saliencia, de origen glaciar, que me cautivaron a primera vista. Y me hicieron fantasear con Escocia (siempre echando a volar la imaginación). 
Escocia es país que pude visitar también hace años, cerca de veinte, creo recordar. Y me dejó fascinado. Nunca olvidaré la población de Fort William, con su lago mágico/majico (que diría un maño o maña) lago o loch Linnhe.
Parque natural de Somiedo
En agosto, que fue cuando allí viajé, resulta complicado encontrar alojamiento. A punto estuve de quedarme al sereno, si no fuera por un tipo que acabó alojándome en su hostel (aunque estuviera hasta la bandera) aclarándome, generoso él, que en Escocia no se deja a nadie tirado en la calle. Y menos a un pobre españolito. A buen seguro debió de verme cara de flipadín. 

Al lado de uno de los lagos, creo que era el de la cueva, existe una antigua mina de hierro. La zona es abundante en este mineral. Aún quedan túneles como reliquia. Inolvidable asimismo el Alto de la Farrapona. 

La visita a Somiedo se hubiera quedado coja de no haber visitado Villar de Vildas, la tierra de mi exalumno de la Universidad de la Experiencia y de teatro Manuel, mi tocayo. 
Villar de Vildas, situado en el valle del Pigüeña, es una aldea enclavada en un paraje de un enorme valor paisajístico, donde puede entonarse el cuerpo con un pote o una fabadona (no apta para estómagos frágiles).
Villar de Vildas
Desde Villar de Vildas también puede excursionarse hasta La Pornacal, que tal vez sea la braña más grande que se conserva aún en Somiedo, que es como un oasis abundante en agua y pastos en medio del monte. 

Me sorprendió gratamente el término de Pigüeña, cuyo nombre me hace recordar Igüeña en el Bierzo Alto. A unos treinta kilómetros de Villar de Vildas también existe otra población llamada Noceda (como el nombre de mi pueblo). 
Del Bierzo a las Asturies y de las Asturies al Bierzo. 
Hermanados para siempre.  

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