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lunes, 25 de enero de 2010

Tu silencio me hace fantasear

Tu silencio me hace fantasear
con el final de una historia,
quizá nunca hubo historia,
tal vez sólo fue un instante
en una eternidad de ausencia y deseo,
próximo capítulo de una nueva novela,

a lo mejor
porque la vida es eso: un novelón
acaso un culebrón hispano-americano

o latinoché, chachachá
donde los personajes,
en busca nomás de sentido y de autor,
sufren los sinsabores
de una vida hecha de pasiones y amores no correspondidos,
el amor, qué palabra tan sonora y sabrosona,
el eros disparando flechas a la diana de tu corazón,

que ahora me late
bombeando un: I love you, te amo, cariño,
mientras te dejas arrullar en la noche fluida de los espejos
tiempo condensado de una mirada
be careful, it’s my heart, cuidado, mi amor, no te das cuenta

este nomás es mi corazón,
no tu reloj sonando las horas muertas de una irrealidad

teñida con los espasmos rojizos de la menstruación
bueno, no hagamos dramón, chavalina,
“chiquitín,” me decías tú, con vocecita dulce y enternecedora,
¿lo recuerdas?
pero eso fue hace millones de años,
cuando los antediluvianos mataban dinosaurios con tirachinas,
qué tontería,
chiquitina -me has leído el pensamiento o yo te lo leí a ti-,
te dice la voz de la subconsciencia,
“chiquitina”, así te susurré, aquella vez primera
bajo el acantilado de alguna belleza convulsa

que nos hizo levitar y decepcionar a partes iguales,
y al final todo se derritió en la marejada
esto también ocurrió en el pasado siglo,
en algún espacio mítico
soplado con la cornamusa de los sonidos hipnóticos

agua pasada no mueve “molín” en el jardín de los placeres
ni siquiera la erección de mi pensamiento
(disculpa la obscenidad),
porque uno dejó de pensar… de que

Hace miles de años
cual retrasado mental, con perdón
más que con la picha enhiesta como los cipreses empalmados

de la sinrazón
Sientes una vez más el patinaje artístico-neuronal

en las aortas entrecortadas del tiempo-sangre
y en la blasfemia hecha con palabras-visagra

atrevidas
esenciales quizá
bajo una insoportable levedad del ser,

Como aquella historia soñada
lo importante sigue siendo
que un buen día nos conocimos,
y tú me sonreíste,
y me dijiste no sé qué,
que me enganchó,
y me hizo fijarme en ti,
en tu sonrisa de mediodía,
en tu mirada acariciadora,
grabada a fuego en la retina de las entrañas,
porque nunca es drama
donde sólo hubo encuentro,
amistoso,
amoroso,
o al menos eso creí, sentí,
tu deseo se hizo realidad, ¿no?,
me conociste, nos re-unimos, nos juntamos
y “arrejuntamos”,
bajo el calor de unas velas
que nunca quemamos
y una cena
que jamás tuvimos,
y luego llegó la reconciliación
con aquel ser,
porque tú te debes a los tuyos,
en cambio, mi bohemia y ese sentido o sinsentido del nomadeo
me devuelven al paraíso de la libertad,
a una tierra de nadie,
como las golondrinas
que nunca volverán su nido a colgar

en los balcones ficticios de una casa-fantasma
bajo los tejados plateados del hogar, dulce hogar,
al que uno suele volver,
a pesar del vagabundeo,
porque ya no soy golondrina poética
sino animal de costumbres,
el costumbrismo como terrible consejero,
insistes en “aserte sigüeña”
y sentir el aire vibrar
bajo unas alas de divino deseo,
volar en busca de calor,
ahora que el resfriado te moquea

y el sudor, acaso febril, a lo mejor amoroso,
te hace soñar contigo,
bailando quebraditas –salsa con unas gotas de orujo-,
en la cantina de al lado,
o sorbiendo café en mi casa -que queda más real-,
o en la tuya –que queda más lejos-.
O en el bar de la esquina,
¿Fantaseamos echándonos unos “entres”…
amiguita?
Y que siga el baile,
meneito y sabrosura,
chachachá.

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