Vistas de página en total

domingo, 9 de julio de 2017

Oliegos 2017

Este año no he participado en Versos a Oliegos. No se puede estar en todo. Uno no es dios. Necesitaría mil vidas para hacer lo que quisiera. Y aun así siempre serían insuficientes. De todos modos, una vida cuasi eterna acaso sería una tortura, y en todo caso resulta inconcebible. Nacemos para morir. Eso oía decir antaño. Y es una verdad como un templo. 

A decir verdad, la mayor parte de las veces la vida es demasiado breve, harto efímera. Y cuando uno quiere darse cuenta ya se ha pasado más de la mitad de la vida, eso en el mejor de los casos, claro está. Podría seguir por esta senda, mas lo que concierne ahora es hablar de Oliegos, de ese certamen que viene haciéndose desde hace añares con motivo de la desaparición de este pueblo de la Cepeda con la consiguiente construcción del embalse de Villameca. Otrora los embalses eran como el padre nuestro de cada día. Al dictador le encantaban los pantanos. La pena no es que haya pantanos, que siempre vienen bien para almacenar agua, sobre todo en este país, cada día más seco. El asunto es que fueron muchos los pueblos que quedaron sepultados. Y eso se me antoja terrible para quienes habitaban esos lugares, que encima tuvieron que irse a otras tierras, con una mano delante y otra detrás, en la mayoría de los casos.  
San Feliz de las Lavanderas-otoñal

La Cepeda, esa tierra cantada por el gran Tomás Álvarez, que fue quien me invitó a participar en este certamen, tanto el pasado año como éste. La Cepeda, como territorio que figura en el libro de viaje, 'La ruta del Tuerto', del poeta y narrador Abel Aparicio, que suele colaborar con este certamen, y a quien acompañé gustoso en la presentación de su obra en el Museo de la Radio de Ponferrada recientemente.  El sepultado Oliegos recibe las aguas del Tuerto, además del río Valdesamario. 
El propio Abel Aparicio nos cuenta, en su libro de viaje, la historia de cómo tuvieron que abandonar Oliegos sus oriundos. Una historia terrible, sin duda. Y un libro ameno, el de Abel, que nos ayuda a viajar por el río de su infancia, por el río de su memoria afectiva. 
Este año, como dije, no participé en el certamen a Oliegos, que se hizo hoy mismo. Pero el pasado año (aunque me pillara en Coruña, ciudad maravillosa) sí tuve a bien escribir algo, que se recogiera en un librito titulado 'Astorga, también Cepeda. Versos a Oliegos 2016'. Gracias, Sonia, por el obsequio. 

Pues en este volumen, en el que participan diversos autores y autoras, entre ellos y ellas, Tomás Álvarez, Abel Aparicio, Manuela Bodas, Rogelio Blanco, Isabel Cantón, Xuasús González, Manuela Vidal (agradezco tu amistad), Mercedes G. Rojo, Ramón Núñez, Nuria Antón o Victorina Alonso. uno tuvo también la ocasión de colaborar con este texto poemático:

 Un día soñé con Oliegos


Un día soñé con Oliegos
Con sus ojos acariciadores y su sonrisa primaveral
Con su brisa verde y su aroma a resina de pino
Derretido en medio del lodo
Un día soñé que me hundía en la oscuridad
En una espiral infinita
Hasta que todo acabó esfumándose

Vi cómo un pueblo se ahogaba
En mitad de la nada y el hedor
Y las casas se hacían añicos
El tiempo reventó
Y Oliegos comenzó a navegar a la deriva

Con sus gentes a la intemperie
Arrancadas de la tierra
Como se arrancan las ilusiones
Hasta que un grito acabó sembrando el pánico

Entre la nostalgia y la desolación
Desaparecieron las lágrimas
Sólo quedó la incertidumbre viajando en un vagón de segunda
Salpicando los raíles de la desesperación

Entre la rabia y el agua
Desaparecieron las fuerzas
De unas gentes a la intemperie
Arrancadas de la tierra
Como se arrancan las ilusiones
Sólo quedó el eco retumbando en el subconsciente
Y una herida surcando el corazón
Manando
Sólo unas palabras y unos molinos floreciendo del fondo de un pantano
Que un día arrasó la esperanza de una población

Me derrumbé bajo el barro de un tiempo anegado
Sentí cómo brotaba, del fondo, un dolor sangrante
Que inundó el espacio
Para siempre

Un día soñé con Oliegos
Un día en que dios, hecho a imagen y semejanza humana, enfermara
Un día en que la memoria se ahogó
Y ahora sólo queda un sueño hecho trizas
Un pueblo sepultado
Bajo el remolino donde habitan los fantasmas
Y la herrumbre
Con gusanos en la boca
Ahora ni siquiera podré ya soñar

Ecos del pasado, de Carla López

Me alegra que la Nueva Crónica comience a publicar hoy domingo 'Ecos del pasado', de mi alumna Carla López.  
A lo largo del verano, cada domingo, podremos leer los mejores relatos (al menos algunos de los mejores) de mi alumnado de escritura creativa. 
Enhorabuena, Carla. 

Bajo la inspiración de H. P. Lovecraft, la autora compone esta narración envolvente, que nos introduce en un pueblo fantasmagórico, con reminiscencias rulfianas. Su final resulta escalofriante.




viernes, 7 de julio de 2017

XXXI Encuentro poético en A Rúa-Petín

Un año más, y ya llevo cuatro consecutivos, asisto al Encuentro poético en A Rúa, A Rúa de Valdeorras, A Rúa-Petín (a sabiendas de que A Rúa es un municipio y Petín es otro). Dicho sea de paso y a la buena fe, me gusta el nombre de A Rúa y sobre todo me apasiona el de Petín, que me hace recordar a Petite, como se le conocía a un paisano de Noceda, abuelo de un buen amigo mío. Petite es, como sabéis, pequeña en lengua gala. 
Foto de grupo. Cortesía de Carmen Gago

Hecho este preámbulo, me apetece contaros mis impresiones de este Encuentro poético, en el que siempre se intercambian pareceres, opiniones, gustos y recuerdos, aparte de poemas o textos que, en ocasiones, nos despiertan de nuestra realidad. "Cuando se despertó, la realidad aún seguía allí", podría decir al estilo de Tito Monterroso, quien conocía sin duda ese comienzo engatusador y lúcido de Kafka: "Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto".
Azarías y Nuria Antón

Siempre es grato reencontrarse con amigos, amigas, gente conocida. Y en esta ocasión me alegra que los leoneses Azarías DLeyre y Nuria Antón (quienes recitaron hermosos poemas) hayan acudido a la cita a través del poeta berciano Emilio Vega, que es cicerone y organizador del acto junto con la polifacética Carmen Gago, quien también actuó con el grupo musical Amancay, al que pertenece. 
Carmen Gago

Me gustó escuchar recitar en galego, una lengua que me encanta, acaso porque uno siente y respira como gallego, gallego del Bierzo Alto, gallego devoto del expresionismo de Valle-Inclán, del realismo mágico de Cunqueiro y Torrente Ballester, de la poesía de Rosalía de Castro, de la escritura camaleónica del Nobel Cela, de la prosa de Blanca Riestra...Me gustó volver a ver y saludar al humorístico Antonio Esteban y por supuesto me gustó descubrir a una gran poeta, Marisa Lozano Fuego, quien por cierto tiene orígenes bercianos. Mucho talento y chispa tiene esta joven poeta de Pontevedra, a la que le deseo gran proyección.
Allí estuvieron, estuvimos varios recitadores en armonía, la armonía que procuran las palabras, que son manantial de pensamiento, que pueden llegar a curar heridas, aunque también podrían abrirlas, producirlas, en un momento dado, porque la palabra, bien usada, puede y tiene poder, tal vez por eso a los gobernantes y mandatarios que en el mundo son les incomoda a menudo el poder de la poesía, de las letras, de la filosofía, que podría poner y pone en cuestionamiento el sistema establecido
Marisa Lozano Fuego
, ese redil en el que estamos todos y todas, aunque no nos guste pasar por el aro, aunque no queramos permanecer en manada, ni en rebaño borreguil, como nos avisara Nietzsche, aquel filósofo, aquel librepensador que deseaba, con todas sus fuerzas, escribir con su propia sangre, con su alma, y que el ser humano fuera grande y libre, alejado de gregarismos y rebaños, capaz de pensar por sí mismo, que es tarea harto complicada, habida cuenta de que vivimos en un mundo controlador, mediatizado, en el que  nuestros gustos y pensamientos son decididos por el Gran Hermano que nos vigila día y noche, las 24 horas, aún cuando dormimos dulces y húmedos sueños. 
Emilio Vega y Azarías

Este año me sentí muy a gusto, quizá más que nunca. Y la velada posterior, en compañía de Roberto, Encina (qué bueno, que seas la hermana de Enrique López Manzano) y Sandra, como colegas cercanos, me resultó verdaderamente agradable. 
Lo único que lamento es que no pudiera hablar con Félix, el compañero de Carmen Gago, porque es un hombre con un verbo magnífico, que también llegó a conocer al maestro Gustavo Bueno, entre otros ilustres e ilustrados.