Vistas de página en total

sábado, 14 de febrero de 2026

El diario de Noah (The notebook), de Nick Cassavetes

 Confieso, como buen feligrés, acaso del templo del cine, que no había visto El diario de Noah (The Notebook), de 2004, hasta que Victoria, que es una excelente amiga, me la recomendó hace un tiempo. 

Confieso (hoy me siento en confesión, delante del confesionario, nomás) que, durante la proyección de esta película, se me saltaron las lágrimas. Y me vinieron a la mente muchas cosas acerca de la vida, de la vida y del amor, los grandes temas universales, junto con la muerte, como nos dijera el escritor mexicano Rulfo, al que sigo leyendo encantado https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html

A lo mejor es que uno es un sensiblero y romanticón, que también puede ser. En todo caso, me encantó esta película, que no había visto antes porque quizá el título en español me hacía pensar que podría tratarse de una bobadina. 

El diario de Noah (adaptada de una novela cuyo autor es un tal Sparks) está dirigida por Nick Cassavetes, el hijo del actor y director John Cassavetes (inolvidable su papel en La semilla del diablo-Rosemary's baby, de Polanski, que he vuelto a ver recientemente https://cuenya.blogspot.com/2014/12/polanski-y-su-lunas-de-hiel.html) y la gran actriz Gena Rowlands, actriz fetiche en las películas dirigidas por John Cassavetes (véanse por ejemplo Gloria o Una mujer bajo influencia), que en esta cinta encarna al personaje de Allie, una anciana afectada de Alzheimer, puta enfermedad que tanto nos castiga y nos deja sin memoria, sin identidad. 


Hoy, día de San Valentín, me parece un buen día para reseñar este clásico del cine romántico del siglo XXI que aborda precisamente el amor, la memoria y la identidad. Desafortunadamente, la pérdida de memoria, aparte de impedirnos reconocer a los demás, nos impide reconocernos a nosotros mismos. Sin memoria no somos nadie. 

A la mente me viene asimismo otra película de culto titulada Memento, de Nolan, la cual he vuelto a ver hace poco, que nos habla de la memoria o más bien de la desmemoria (la llamada amnesia anterógrada, que impide almacenar nuevos recuerdos), la identidad, el tiempo, los recuerdos inconexos... Y lo hace con una singular estructura, a través de dos líneas temporales, a saber, una línea temporal en color contada mediante constantes saltos temporales hacia atrás y hacia adelante mostrando las causas de lo ya visto, y otra línea temporal en blanco y negro, que progresa en orden cronológico, con escenas intercaladas en la historia; al final ambas líneas temporales se unen, aunque asistimos a un giro de guion.  Dicho lo cual, retomo El diario de Noah, que se cuenta desde el presente en una residencia de ancianos, donde Noah (interpretado por James Garner) le lee a una mujer llamada Allie afectada de Alzheimer (encarnada por la actriz Gena Rowlands) una historia de amor en su cuaderno de notas (The notebook), en realidad su propia historia de amor, que nos traslada, en un flashback, a las vivencias de dos adolescentes Noah Calhoun (interpretado por el actor y músico canadiense Ryan Gosling) y Allie Hamilton (encarnada por la actriz canadiense Rachel McAdams, recordada también por su papel en Midnight in Paris-Medianoche en París, de Woody Allen https://cuenya.blogspot.com/2010/02/woody-allen.html), que, a pesar de vivir en dos ambientes socio-económicos diferentes -ambos se enfrentan a obstáculos sociales y familiares-, se enamoran y pasan juntos un verano inolvidable en la Carolina del Sur de los años 40, antes de ser separados por las circunstancias y fundamentalmente por la desaprobación de la familia de Allie. 

Me gusta la química que se da entre estas dos estrellas de la interpretación, cuyas actuaciones resultan conmovedoras, tanto que acabarían convirtiéndose en pareja amorosa en la vida real durante un tiempo, después de finalizado el rodaje de El diario de Noah. 

Más allá de esta apasionante, emotiva historia de amor, cuyo amor, pasión (atracción física y emocional) y complicidad perdura a lo largo del tiempo a pesar de los obstáculos (me hace recordar a El hijo de la novia, de Campanella, una película que sacude las entrañas https://cuenya.blogspot.com/2014/10/el-hijo-de-la-novia-en-tardes.html), nos muestra la importancia de disfrutar de cualquier momento, de vivir experiencias juntos, como vemos a los protagonista leyendo leyendo o paseando en bote. También nos ayuda a darnos cuenta de que el amor puede trascender los muros económicos y sociales, porque Noah proviene de una familia humilde mientras que Allie es de una familia acomodada. Y, aunque se separan temporalmente, ambos permanecen leales, fieles a sus sentimientos, y eso también les permite aprender y crecer como seres humanos, dándose asimismo apoyo mutuo. Una gran belleza, cuya banda sonora, de Zigman, nos sumerge en un mundo dulce y tierno. 

Noah en esta película y Nino Belvedere (Héctor Alterio) en El hijo de la novia asumen el papel de sostén emocional. Tanto uno como otro muestran su amor incondicional a su mujer (Allie en El diario de Noah y Norma -también afectada de Alzheimer- en El hijo de la novia), lo que les permite a ambas mujeres, aunque sea de un modo efímero, reconectarse de algún modo con la realidad. 


Tanto uno como otro eligen permanecer al lado de su mujer y cuidar de ella, aunque apenas lo reconozca. El amor, el vínculo afectivo por encima de todo, el amor en forma de lealtad, compañía, apoyo, cuidado, el cual ayuda a sostener la identidad de quienes sufren enfermedades como el Alzheimer.  

El diario de Noah (al igual que El hijo de la novia) como un retrato conmovedor de la condición humana, del amor como un valor esencial en nuestras vidas, habida cuenta de que el amor, que implica compromiso, respeto y conexión con otra persona, va más allá de la atracción o el afecto romántico y nos ayuda a ponernos en el lugar de la otra persona, mejora nuestra autoestima (amar y ser amado refuerza nuestra percepción de valía personal), contribuye al bienestar personal y social y hasta reduce la ansiedad y el estrés (asociado al cortisol, la hormona del estrés). 

Como también me apasiona este tema, en términos neuroquímicos (neurotransmisores, hormonas sexuales y neuropéptidos), podríamos hablar de la importancia que tienen en el amor la testosterona, los estrógenos, la dopamina, la oxitocina y la vasopresina. Pero esto daría para otra entrada en este blog. 

De momento quedémonos con esta bella historia de amor titulada El diario de Noah. Buenas noches, amor mío, eso le dice al final Noah a Allie. 

Philadelphia, de Demme

 Después de tantos años, ya no recordaba Philadelphia, la película dirigida por Demme (autor de la extraordinaria El silencio de los corderos sobre un psicópata, un psiquiatra caníbal y una joven estudiante en prácticas del FBI). 

Philadelphia, filmada precisamente en esta ciudad estadounidense, es una cinta de 1993, justo un año después de la impactante película francesa Las noches salvajes (Les nuits fauves), del francés Collard.

https://cuenya.blogspot.com/2014/10/les-nuits-fauves-las-noches-salvajes.html 

Ambas obras abordan el controvertido tema del Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), que en su momento causó verdaderos estragos entre la población mundial. Varios famosos, entre ellos actores, murieron de esta enfermedad como el actor Rock Hudson, el también actor Anthony Perkins (conocido por su papel de Norman Bates en Psicosis, de Hitchcock), el cantante Freddy Mercury, el filósofo Michel Foucault, o el actor Brad Davis (conocido por su papel protagónico en El expreso de medianoche, peliculón de Alan Parker, con guion de Oliver Stone).

Huelga decir que, vistas las dos películas, sin ánimo de hacer una comparativa, Las noches salvajes se me antoja estremecedora, porque el genio Collard, que estaba afectado e infectado por el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), es el director y el protagonista de esta película. Y eso se transluce en la pantalla. Es tan creíble, tan veraz, que a uno se encoge el corazón. 

En realidad, el VIH sigue ahí, y gracias a los antirretrovirales las personas con VIH pueden llevar, por fortuna, una vida normal. Aunque en muchos países del mundo, por desgracia, muchas personas no tienen acceso a esos medicamentos, que les permitirían convivir con esta enfermedad como algo crónico. El VIH sigue mutando, en todo caso, y no conviene bajar la guardia, porque cada vez actúa con más rapidez sobre el sistema inmunitario. 


La película de Demme, encarnada por Tom Hanks (que está magnífico, ganador del premio Óscar al mejor actor), y Denzel Washington (que también hace un buen papel), se basa en hechos reales. Y nos muestra la historia de un abogado homosexual contagiado de Sida (encarnado por Hanks) que recurre a otro abogado (interpretado por Washington) para que éste pueda demandar al prestigioso bufete de abogados para el que trabaja y llevar el caso a los tribunales porque al personaje interpretado por Hanks lo despiden por ser homosexual contagiado por el VIH. Una cinta donde son abundantes los primeros planos que nos muestran las emociones de los personajes. 

Incluso en la actualidad sigue siendo un estigma que alguien esté contagiado de Sida (hasta nos dimos cuenta, sobre todo en época de pandemia coronavírica, de que eras un apestado si estabas contagiado de coronavirus). 

Ni que decir tiene que en la mayoría de los países tampoco está bien vista la homosexualidad, con lo cual se agradece que haya películas como Philadelphia y Las noches salvajes que nos inviten a reflexionar y tratar de entender el mundo en que vivimos, que sigue siendo un mundo salvaje, homofóbico, sin duda, a pesar de que algo hemos avanzado, al menos en algunas sociedades, en algunos asuntos. Aunque no todo el monte sea orégano. 

El propio abogado Miller (encarnado por el actor Washington) se nos presenta en un inicio como alguien homofóbico, aunque luego (lo que no resulta del todo creíble, o sí) acabe ayudando a su cliente Beckett (Hanks). Digo que el inicial prejuicio que Miller muestra ante Beckett podría convertirse en un acercamiento, si creemos en la posibilidad de cambio, en la empatía (la capacidad de comprender las emociones y sentimientos del otro). Qué difícil es ser empáticos, sobre todo en este mundo caníbal, qué difícil es dejar de mirarse al ombligo y centrarse en el otro desde el corazón, desde el alma. 

En el reparto, como novio de Beckett, vemos al actor Antonio Banderas (Miguel), cuyo papel, la verdad (he visto la película en versión original subtitulada), no resulta del todo convincente, aunque Banderas haya hecho papeles interesantes a lo largo de su carrera como el de Ricky en Átame (1989), de Almodóvar, entre otros.

El final de Philadelphia se me hace conmovedor, sobre todo por la interpretación de Hanks -memorable su actuación en Forrest Gump-, y la música de Neil Young, que refleja la tristeza, el dolor del protagonista. Philadelphia, de Neil Young, se ha convertido en un himno de la lucha contra el Sida y en una pieza emotiva. https://www.youtube.com/watch?v=hT-qoe0744k 


También me fascina el inicio de la película con las imágenes de la ciudad de Philadelphia, y la canción
 titulada Streets of Philadelphia, de Springsteen, el cual recibió un Óscar a la mejor canción original, que me parece una preciosidad. 

https://www.youtube.com/watch?v=QeIOtaydCyo

Estaba herido y agotado, y no podía decir lo que sentía (I was bruised and battered, I couldn't tell what I felt). Ya no me reconocía a mí mismo (I was unrecognizable to myself). Vi mi reflejo en una ventana y no reconocí mi propia cara (Saw my reflection in a window and didn't know my own face). Oh, hermano, ¿me vas a dejar consumirme (Oh, brother, are you gonna leave me wastin' away). En las calles de Filadelfia? (On the streets of Philadelphia?)... 

El músico estadounidense Bruce Springsteen ha vuelto a sonar con fuerza -nunca ha dejado de hacerlo- con la canción Streets of Minneapolis en protesta por la violencia de los agentes federales de inmigración en esta ciudad gringa, que durante el pasado mes de enero nos dejó el asesinato de los estadounidenses Alex Pretti y Renee Good. https://www.youtube.com/watch?v=GDaPdpwA4Iw

El propio compositor y cantante Springsteen grabó y lanzó esta canción como respuesta al terror estatal que se ha vivido en la ciudad de Mineápolis, que se halla a ambas orillas del río Misisipi, al norte de su confluencia con el río Minesota. 

Asimismo, en la película Philadelphia cabría destacar La mamma morta, un aria de la ópera Andrea Chénier, de Giordano, cantada por María Callas (considerada la cantante de ópera más eminente del siglo XX), que refuerza el tono melancólico de la película. https://www.youtube.com/watch?v=7dLa9oERUDc

Philadelphia podría considerarse una película de culto sobre el ser humano frente a la enfermedad y la injusticia, que toca la fibra sensible del espectador


viernes, 13 de febrero de 2026

Sonata de otoño, de Bergman

 “Es probablemente el artista cinematográfico más grande”, llegó a decir Woody Allen del cineasta sueco Bergman, que es todo un referente en la cinematografía mundial, incluso en directores como el mexicano Guillermo del Toro, al que le resulta hipnótico su cine. Y es que las películas de Bergman, incluso las consideradas como menores, acaso Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978), te dejan pegado a las imágenes, hechizado. 


Aunque pudiera tratarse de una película menor en la filmografía de Bergman, Sonata de otoño fue galardonada con el Globo de Oro a la mejor película extranjera, y nominada con dos premios Óscar, uno a la mejor actriz protagonista (Ingrid Bergman) y otro al mejor guion original, con la foto de su habitual colaborador Nykvist, cuya iluminación recrea la atmósfera psicológica que viven los personajes, con frecuentes claroscuros que acompañan los desencuentros emocionales entre una madre y su hija, con una luz que destaca los rostros de estos personajes y escasos momentos con luz plena asociada a conversaciones tranquilas sobre actividades cotidianas. Asimismo, una cierta penumbra se posa sobre cada uno de los flashbacks con los que el pasado se hace presente de un modo doloroso. 

Además de Guillermo del Toro, ahora en boca de todo el mundo por su versión de Frankenstein https://cuenya.blogspot.com/2010/01/versiones-cinematograficas-de.html, basada en el novela homónima de Mary Shelley de 1818 https://cuenya.blogspot.com/2022/12/frankenstein-de-branagh.html, directores como Haneke, Tarkovski (quien, con parte del equipo de su admirado Bergman dirigió Sacrificio -1986-, su obra póstuma, que terminó ya enfermo de cáncer) o Kieślowski han reivindicado su cine. 

https://cuenya.blogspot.com/2010/01/frankenstein.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/azul-de-kieslowski.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/blanco-de-kieslowski.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/rojo-de-kieslowski.html

"Es uno de los pocos cineastas –quizá el único en el mundo–  capaz de decir tanto sobre la naturaleza humana como Dostoievski o Camus", se atrevió a decir el cineasta polaco Kieślowski. 


Sí, ver las películas de Bergman es como adentrarse en los subsuelos de Dostoievski o en el existencialismo filosófico, habida cuenta de que su obra es autobiográfica (en este sentido Fanny y Alexander tal vez sea su gran obra maestra https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html). 

"Mi trabajo es autobiográfico, y lo es de la misma manera que un sueño transforma la experiencia y las emociones constantemente", expresó el creador de El manantial de la doncella, otra de sus grandes películas.

Sonata de otoño (el propio Valle Inclán tiene una novela con ese título, que narra la historia de unos personajes envueltos en pasiones y engaños) aborda la relación entre una madre (Charlotte, encarnada por la estrella Ingrid Bergman, que dicho sea de paso no tenía ningún parentesco con el director, quien confesó que no había quedado satisfecho con la interpretación de Ingrid) y su hija (Eva, interpretada por Liv Ullmann, musa y en tiempos mujer del director sueco), durante un corto espacio de tiempo, después de estar siete años separadas, para contarnos que si alguna vez hubo un vínculo afectivo, este se rompió entre la madre y la hija. Una madre (pianista profesional) que abandonó a su hija Eva y también a su otra hija discapacitada Helena (Lena Nyman) para triunfar en el mundo de la música. Una vez más, Bergman hurga en la psique y en las complejas relaciones humanas. 


Eva, que perdió a su hijo Erik en un accidente por ahogamiento, vive con el vicario Viktor (encarnado por el actor Halvar Björk), una vida insignificante. 

Es el propio Viktor quien nos presenta a su mujer Eva (Liv Ullmann), que está sentada escribiendo sobre una mesa. En un inicio nos lo cuenta en voz en off: "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. La primera vez que entró en esa habitación dijo: 'Está muy bien, quiero estar aquí. Nos habíamos conocido unos días antes'". En un mismo plano se nos sigue mostrando a la mujer y a su marido, que está mirando a cámara, para seguir relatándonos su historia sólo con su voz en off, al tiempo que vemos un plano de su mujer con la foto de un niño. "Le hablé de la vicaría... Le pregunté si quería casarse conmigo. No contestó. Pero cuando entramos en la habitación se giró hacia mí y dijo: Está bien, quiero estar aquí'". En un primer plano se nos muestra al marido diciendo que han vivido una buena vida en la vicaría.  A continuación un primer plano del rostro de ella, mientras el marido sigue contando en voz en off que Eva estaba prometida con un médico y vivió con él unos años. Escribió dos libros... Rompió el compromiso". 

Volvemos a ver en primer plano el rostro del vicario contando a cámara -en realidad contándonos a los espectadores, rompiendo la cuarta pared- que Eva se mudó de Oslo a una pequeña ciudad del sur Noruega donde empezó a trabajar como periodista. Vemos al vicario coger un libro de su mujer de una estantería. Y en el siguiente plano lo vemos a él (y al fondo, difuminada, a la mujer en la habitación), leyendo el libro de ella: "Uno debe aprender a vivir, yo practico cada día. El mayor obstáculo es que no sé quién soy... Si alguien me quisiera por lo que soy podría, por fin, estudiarme a mí misma". Siempre el amor como gran tema en Bergman, pero en general en todos los grandes autores y autoras de la Humanidad. Solo hay tres grandes temas, según el escritor mexicano Rulfo, el amor, la vida y la muerte.

El vicario se dirige de nuevo a cámara para hacernos una confesión: "Si pudiera decirle una vez que es amada... Pero no puedo decirlo de manera que me crea". Entonces, el vicario se retira a su despacho, y vemos a su mujer en su búsqueda, llevándole la carta que acaba de escribir, porque quiere que lea. 

"Me gustaría oír tu carta", le dice él, al que vemos en todo momento como alguien resignado (él sí parece sentir amor por ella), que acepta la relación con su mujer tal y como es. Entonces, ella se dispone a leerla, es una carta para su madre, en la que la invita a pasar unos días o semanas con ellos. 

"Tenemos un gran piano para que practiques", le dice en la carta. De este modo nos enteramos de que su madre es pianista. Ya había adelantado que Haneke reconoce la influencia de Bergman en su cine. Y La pianista es deudora de Sonata de otoño. https://cuenya.blogspot.com/2014/11/la-pianista-de-haneke.html 


"Hace mucho tiempo que no nos vemos. En octubre hará siete años", continúa leyendo la carta. El vicario le da su aprobación. Un plano general nos muestra un coche circulando por un bello paisaje montañoso, a orillas del mar. Acto seguido, vemos a la madre de Eva llegando a la casa de campo de su hija. Fundamentalmente, la película se desarrolla en un periodo de tiempo breve y en un espacio reducido, la casa de Eva y su entorno, con lo cual Bergman logra la unidad de espacio, tiempo y acción de la que nos hablara Aristóteles: un único espacio/decorado, un tiempo máximo de un día y un único conflicto. Con una puesta en escena teatral que está al servicio de las intérpretes, filmadas en primeros y primerísimos planos para que los espectadores/as nos concentremos en sus rostros, en sus miradas, también en sus silencios.

El recibimiento por parte de ésta es afectuoso. La madre, Charlotte, le cuenta a Eva que se siente triste por el fallecimiento de su amigo italiano Leonardo (Georg Løkkeberg), que el dolor que sufría su amigo le procuraba náuseas. Unos breves flashbacks nos devuelven a Charlotte con Leonardo en un hospital. "Me siento vacía", se expresa Charlotte en primer plano. 

Eva le cuenta a su madre que se siente feliz y que toca música en la iglesia. Y la madre le responde que tendrá que tocar para ella. 

El conflicto entre ellas surge cuando Eva le dice a la madre que cuida de su hermana Helena. "No puedo soportar verla", responde Charlotte. "Mamá, Helena es una persona maravillosa", precisa Eva. Charlotte comienza a mostrarse despótica con su hija Eva, la cual se queda con rostro desconsolado. Los primeros planos de estas actrices son sobrecogedores, hablan por sí mismos, sin necesidad de palabras. 

Charlotte se muestra inquieta y falsa con su hija Helena (gran papel también el que hace esta actriz, Lena Nyman, ya fallecida). 

Charlotte verbaliza en un soliloquio su sentimiento de culpa, está atormentada, algo habitual en el cine de Bergman. 

Una escena portentosa es cuando Charlotte observa, escucha a su hija Eva tocar el piano, en concreto una pieza de Chopin. Eva le pide a su madre, como profesional de la música, su opinión acerca de cómo ha tocado a Chopin. Y entonces la madre se sienta a su lado y la cuestiona diciéndole: "Chopin era emotivo, Eva, no sentimental. Hay un abismo entre emoción y sentimentalismo. El preludio que has tocado habla de emociones contenidas, no de ensueños. Tienes que ser calmada, clara y austera. Toma las primeras teclas. Duele, pero no lo demuestra. Entonces, un breve alivio. Pero enseguida desaparece y el dolor sigue... Una moderación constante... Chopin era orgulloso, sarcástico, impetuoso, atormentado y muy masculino. No era una mujer vieja y sentimental. Este preludio debe tocarse de forma casi fea. No debe seducir... Te lo enseñaré". En ese momento, mientras vemos tocar a Charlotte, también se nos muestra en el mismo plano el rostro triste de Eva. El rostro de Eva expresa no sólo tristeza sino frustración, incluso una rabia contenida. "De niña te admiraba mucho. Después me harté de ti", le espeta Eva a su madre. No sólo la música de Chopin, sino la J. S. Bach y de Händel, contribuye al dramatismo, incluso sirve como complemento visual y aun como contrapunto. A menudo siento una película, o una pieza teatral, musicalmente, dijo Bergman. 

A continuación Eva se va al cuarto de su hijo Erik, de cuatro años, que murió ahogado, y conversa con su madre acerca del niño, de lo mal que lo ha pasado Viktor y que ella aún siente que el niño está vivo. Qué difícil es superar la muerte de un hijo. Ahí está Mortal y rosa https://cuenya.blogspot.com/2009/07/mortal-y-rosa.html, ese libro poético, desgarrador, que Umbral le dedica a su hijo fallecido de cáncer. 

Charlotte le dice a Viktor que ve a su hija Eva infeliz y él le responde que, cuando se casaron, ella no lo quería, lo cual resulta esclarecedor. 

"Nunca ha querido a nadie, apostilla Viktor, porque es incapaz de amar". Otra vez más, al igual que ocurre en Gritos y susurros https://cuenya.blogspot.com/2026/02/gritos-y-susurros-de-bergman.html, la imposibilidad de amar. Ni la hija ni la madre saben y/o pueden amar.

"La poca fe que existe es gracias a ella", le aclara Viktor a Charlotte. Da la impresión de que Viktor, después de la muerte de su hijo, se hubiera quedado descreído, muerto... muerto en vida. 

Comienzan a percibirse con claridad las desavenencias entre la madre y su hija porque Charlotte le dice a Eva que no quiere a su marido, que se lo ha dicho él mismo. Y Eva le dice que por qué no se lo ha preguntado a ella.

"Ahora, con la muerte de Leonardo, me siento muy sola", le cuenta también la madre a su hija. 

"Quiero mimarte", le expresa la hija. Pero, en todo caso, se masca la tensión entre ambas. Charlotte tiene una pesadilla. Y Eva se sincera de un modo brutal con su madre. "No sé qué era peor, tú jugando a ser esposa y madre o estando de gira. La vida fue un infierno para papá y para mí...", le recuerda Eva, haciendo hincapié en que engañaba a su papá con otro. "Yo consolaba a papá. Tenía que decirle que aún lo querías... Leíamos tus cartas dos o tres veces... y pensábamos que eras la mujer más maravillosa del mundo". Conmovedor. 

"Eva, me odias", le dice su madre. 

"Estoy muy confundida", replica Eva. 

Helena se sobresalta y llama la atención de su hermana Eva, que la consuela. 

Eva sigue reprochándole a su madre que fuera infiel y sus comportamientos de frialdad emocional hacia ella. A través de un flashback se nos muestra a la niña Eva (interpretada por Linn Ullmann, la hija del director Bergman y la actriz Ullmann) en una relación en que la madre se muestra distante, fría con su hija. "Querría estar sola. ¿Por qué no sales a jugar?", le dice la madre a su niña. 


Eva se siente acomplejada, pues deseaba ser elegante y guapa como su madre, eso le cuenta. Los breves flashbacks se suceden mostrándonos a la niña Eva suplicando que su madre no la abandone mientras escuchamos su voz en off. "Lloraba encima de papá", dice Eva al tiempo que se nos muestra en otro flashback la imagen del padre (interpretado por el actor Erland Josepshon, que hace papelón en Secretos de un matrimonio https://cuenya.blogspot.com/2026/01/secretos-de-un-matrimonio-de-bergman.htmlcon su hija. 

Eva se abre en canal ante su madre, se desnuda emocionalmente, que la escucha con lágrimas en los ojos. Eva le dice que es falsa. Y la madre, por su parte, procura justificarse. "Siempre me sentí culpable por no estar en casa", expresa. 

Eva hace su catarsis como si estuviera en una sesión psicoanalítica: "decía lo que querías oír, hacía tus gestos... No podía odiarte, así que mi odio se transformó en ansiedad... creía que estaba volviéndome loca... eres una lisiada emocional... Nos odias a Helena y a mí. Pensabas que era un fracaso, sin talento... Me heriste para toda la vida, igual que tú estás herida. Intentabas ahogar todas las cosas vivas... Tu odio no era menos fuerte que el mío... Deberías estar encerrada para ser inofensiva. Una madre y su hija, una combinación terrible de emociones y confusión y destrucción... La hija heredará las heridas de la madre... La infelicidad de la madre será la infelicidad de la hija... como si el cordón umbilical no se hubiese roto. ¿Es mi dolor tu placer secreto?". Resulta demoledor lo que expresa Eva, que mantiene una relación patológica con su madre. Charlotte le cuenta a su hija que ella tampoco recibió cariño de sus padres, "sólo la música me dio la oportunidad de revelar mis emociones". Charlotte también le expresa su imposibilidad de amar. Un conflicto no resuelto de generaciones precedentes. Un círculo vicioso. Aquí es donde podría intervenir la psicología, la terapia, cómo sanar emociones que se acaban manifestando en enfermedades físicas. 

 Eva, que está marcada por la ausencia y la falta de amor de su madre, la herida de su hijo muerto y su hermana enferma, culpa a su madre de la enfermedad de Helena porque, en su opinión, la abandonó, como también la abandonó a ella. "No hay perdón", le dice Eva a su madre. "Ayúdame, no puedo soportarlo... Tu odio es espantoso. He sido egoísta e infantil. Por favor, abrázame... ayúdame", le responde Charlotte con lágrimas en los ojos, en el rostro. 

Vemos a Helena, tirada en el suelo, reclamando a su madre. Eva se queda en silencio, con mirada fría. Vemos a Charlotte viajando en tren. Se ha ido de casa de Eva. A continuación, se nos muestra a Eva paseando, recordando a través de un monólogo interior a su madre, en un cementerio, a orillas del mar. 

"Me da miedo suicidarme", pronuncia Eva. Se alternan los planos de Eva en el cementerio y de su madre en el tren. Eva habla con Erik, su hijo fallecido. Helena sufre una crisis, se supone que por la partida de su madre. Estremecedora la actuación de Lena Nyman (Helena). 

La película, que hace aflorar aquello que habitualmente dejamos en los sótanos del subconsciente, se cierra al igual que empieza. Vemos a Eva en la habitación escribiendo sobre una mesa. "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. Está atormentada, sobre todo desde que se fue Charlotte. Dice que echó a su madre y no puede perdonarse", se escucha una voz en off, que es la de Viktor. Luego vemos a Eva darle una carta a su marido, una carta que le ha escrito a su madre, para que él la lea. 


"Querida madre, ahora me doy cuenta de que te traté mal. Me acerqué a ti con exigencias en lugar de afecto. Te atormenté con un odio rancio, que ya no existe... Te pido que me perdones", lee Viktor. "No sé si te llegará esta carta, si la leerás... Puede que sea demasiado tarde... Nunca más te dejaré desaparecer de mi vida", pronuncia Eva con la mirada triste en primer plano. "No creo que sea demasiado tarde... No puede ser demasiado tarde", agrega, al tiempo que vemos también en primer plano el rostro de tristeza de su madre. La tristeza nos invade. ¿Será posible la reconciliación? ¿Lograrán quererse como madre e hija, sin rencor? ¿Le llegará la tarde a la madre?

Un último plano nos muestra a Viktor introduciendo la carta en un sobre. Un primer visionado no ha sido suficiente, así que he vuelto a ver esta Sonata de otoño para poder, también, escribir este texto en el que aparecen diálogos de la película. El segundo visionado me ha dejado aún más trastocado que el primero. 

Bergman arroja luz sobre las sombras, sobre el ser humano, que en ocasiones, acaso demasiadas, muestra su lado más oscuro.