Vistas de página en total

jueves, 9 de abril de 2026

Rondallas de Sánchez Arévalo en Cines La Dehesa de Ponferrada

Recientemente he podido ver la película Rondallas (2025) y me ha parecido una preciosidad. Una obra, del director madrileño Sánchez Arévalo, que tuvo buena acogida en el pasado Festival de cine de San Sebastián. 

Una película que provoca risas y sonrisas continuas durante su visionado. Esa es la impresión, como espectador, y también como alguien que tuvo el placer de comentar esta cinta el pasado martes en Cines La Dehesa de Ponferrada. 

Risas, sonrisas y también lágrimas, porque Rondallas se mete dentro de uno con una fuerza descomunal, porque es una película filmada con veracidad, con emoción, y eso se transmite, lo transmiten sus personajes, que resultan creíbles, algunos entrañables, cada cual en su papel, pues se trata de una narración coral, donde todos tienen un peso más o menos similar en la trama o tramas (pues nos cuenta varias historias entrelazadas, aunque todas giran en torno a la pérdida de marineros en el naufragio de un barco pesquero en la costa gallega)

Vemos cómo cada uno representa una forma distinta de afrontar esta pérdida, lo que nos hace reflexionar acerca del duelo colectivo, cómo se vive el fallecimiento de unos vecinos -en concreto el marido de Carmen, el personaje interpretado por María Vázquez-, cómo se recompone de un modo emocional cada uno de estos personajes, cómo esta comunidad de vecinos puede gestionar la pérdida mediante el apoyo mutuo, a través del poder sanador de la música (tan importante en esta película, también en la vida), porque estamos ante una historia de pérdida, superación y solidaridad. En cierto modo, Rondallas, título que hace referencia a las agrupaciones musicales populares, me trasladó al festival de Ortigueira, donde la música lo es todo. https://cuenya.blogspot.com/2025/08/ortigueira-festival-2025.html

Música tratada con una sensibilidad exquisita, que marca el ritmo interno de la película, porque en el fondo es una película musical, donde las canciones aparecen como parte de lo cotidiano, con ensayos desordenados, interpretaciones imperfectas, sonidos que a veces se superponen con discusiones triviales. La música como lenguaje narrativo, que sustituye en ocasiones a los diálogos, los cuales se me antojan reveladores, fascinantes, cargados de sentido del humor, ese humor que brota directamente de la cruda realidad (como ocurre en el cine del genio Chaplin https://cuenya.blogspot.com/2011/04/chaplin.html). En este sentido, hay personajes realmente humorísticos, como los que interpretan Tamar Novas (Xoel) y Touriñán (hermanos y guardas rurales en la película), o bien el humor del personaje encarnado por el veterano actor Carlos Blanco (Yayo). 

Cabe recordar que Tamar Novas recibió el Goya al mejor actor revelación por Mar adentro https://cuenya.blogspot.com/2025/11/mar-adentro-de-amenabar.htmly fue nominado al Goya como mejor actor de reparto por esta película. Asimismo, Carlos Blanco encarna a un personaje que representa la memoria colectiva del pueblo. 

El humor es un ingrediente esencial en este drama cómico, un humor sutil que ayuda a aliviar la tensión emocional, hacer creíbles a los personajes y meternos de lleno en la historia o historias de esta película. A veces el humor, en contraste con el duelo, aparece en medio de situaciones tristes o tensas. En ocasiones el humor está en lo que no se dice; en otras brota de conversaciones normales, o bien aparece en situaciones incómodas o absurdas de la vida diaria.  

A través de la música también se expresan emociones que en ocasiones los personajes no logran verbalizar, de modo que la música se convierte en una suerte de expresión, de unión emocional o catarsis, porque muchos personajes, que sienten más de lo que nos dicen (mostrando una incomunicación emocional), evitan expresar de un modo abierto el dolor, lo que nos hace reflexionar acerca de lo difícil que es comunicar lo que sentimos. Además de hacernos reflexionar, nos emociona con los gestos, silencios y miradas de los personajes, que lo hacen, a través de sus intérpretes, de un modo contenido, personajes con los que podemos identificarnos, que nos muestran distintas formas de vivir el duelo, cada cual a su modo.

Me entusiasma el tono melancólico, humorístico, humanista de Rondallas, que también nos hace saltar, en algunos momentos, las lágrimas. 

La relación de amistad y/o de amor entre Andrea (interpretada por la actriz Judith Fernández) y Elías (encarnado por el actor Fer Fraga) se me hace muy bella, a la vez que dolorosa. Están en estado de gloria, sobre todo Fer Fraga, que hace un papel estremecedor. 

Judith Fernández interpreta un personaje introvertido y observador, que vive la pérdida de su padre (ausente/omnipresente en la película, como hace Hitchcock con Rebeca) de un modo confuso; se debate incluso entre quedarse en el pueblo o irse al colegio de música de Berklee, en Estados Unidos, donde ha estado su amigo/novio Elías (Fer Fraga). En todo caso, a Andrea le sirve la rondalla como vía para reconectarse con su identidad y con su padre. Por su parte, el actor Fer Fraga encarna un personaje emotivo (enamorado del personaje interpretado por Judith Fernández), que se ocupa de reactivar la rondalla y devolverle vida al pueblo. 

Además de los personajes mencionados, está Luis, el impulsor de la rondalla con el fin de recuperar el ánimo colectivo, encarnado por Javier Gutiérrez, que es un coloso de la interpretación (inolvidable en personajes como el que interpreta en Un franco, 14 pesetas, La isla mínima, o bien en Campeones, entre otros). Este gran actor, nacido en Asturias aunque criado en Ferrol, borda su personaje. Sólo con su mirada nos cautiva. Como compañera sentimental de Luis vemos a la estupenda actriz gallega María Vázquez, que interpreta con emoción contenida a la madre de Andrea y la pequeña Noa (Lola López), la madre que ha perdido a su marido en un naufragio que marca a todo el pueblo. 

Me ilusiona ver al intrépido periodista y presentador pontevedrés Xabier Fortes, al que suelo seguir en La noche en 24 horas en RTVE. Un fenómeno, que además es hermano de la escritora Susana Fortes. 

https://cuenya.blogspot.com/2011/04/susana-fortes.html

La película sobresale por su guion, sobre todo por sus diálogos (con ese singular acento gallego, que procura verosimilitud a las interpretaciones), sus personajes/intérpretes (gallegos) y el empleo de la música como elemento estructural, simbólico, como eje técnico y narrativo, porque, a través de las rondallas (integradas en la acción de un modo diegético), se estructuran escenas y ritmo, generando un contraste, un choque emocional, entre lo festivo (música) y lo trágico (duelo). 

En Rondallas aparecen grupos musicales reales (con muchos intérpretes a la vez, donde los intérpretes actúan y participan en la ejecución musical), lo que requiere de sincronización entre sonido directo, figuración y cámara, gestión de ensayos previos y tiempos de rodaje largos. Todo ello filmado con un estilo naturalista, como si por momentos estuviéramos inmersos en un documental, rodado en localizaciones reales de Galicia (Tui, Baiona, Vigo y A Guarda, como epicentro, bien reconocible), donde el paisaje y la atmósfera acompañan el estado emocional de los personajes. https://cuenya.blogspot.com/2023/09/montes-y-castros-gallegos.html

https://cuenya.blogspot.com/2021/10/dos-ciudades-dos-paises.html

https://cuenya.blogspot.com/2021/09/vigo-ciudad-literaria-con-rumbo-las.html

La dirección de fotografía capta el paisaje como reflejo emocional del duelo colectivo. La cámara está al servicio de los personajes para captar los gestos mínimos, pero no resulta invasiva, lo que refuerza el tono humano y cotidiano de esta película, cuyo montaje y guion distribuyen el peso dramático entre varias historias, que nos resultan conmovedoras.


martes, 24 de marzo de 2026

Literatura y cine: Imágenes y sonidos en Sirāt

 

                                    Los ojos hablan,

                                    las palabras miran,

                                    las miradas piensan.

                                             Octavio Paz

                                    Escucho sin mirar y así veo.

                                             Pessoa

Me hace tremenda ilusión, que diría un hispanoamericano, poder hablar este martes en Bembibre sobre literatura y cine, centrando mi charla en la película Sirāt, de Laxe, aunque también haré referencia a la literatura (palabra escrita) y el cine (imagen) como lenguajes complementarios, porque el cine es heredero directo del teatro y de la novela. 


Cine narrativo de Griffith, heredero de la prosa de Dickens

Heredero de la prosa decimonónica de Dickens, que se traslada al cine prosa o narrativo de Griffith, el inventor del cine clásico americano, con una narración lineal, un respeto por la escala de planos, y líneas argumentales paralelas (montaje alterno). 

Séptimo arte, a partir de las Bellas Artes

No en vano, el cine es conocido como el Séptimo arte (además de ars es techné) porque bebe de los manantiales de las anteriores seis Bellas Artes (así conocidas en la Grecia clásica): Poesía-literatura, danza-teatro, pintura, arquitectura, escultura y música. 

Habida cuenta de que el cine toma la trama o tramas, personajes, sintaxis, elipsis, introspección (monólogo-voz en off), acciones paralelas, saltos en el tiempo, escenarios, detalles (primeros planos), punto de vista, etc., de la literatura;  el argumento, personajes, situaciones, caracteres, elenco actoral, interpretación y puesta en escena (ambiente, escenografía, vestuario, iluminación, movimientos) del teatro; y la evocación, sugerencia de emociones, estética, ritmo, metáforas, de la poesía. 

El cine incorpora además la arquitectura y la escultura (dirección artística), la pintura (la dirección de fotografía) y la música (tan importante en Sirāt, esa música electrónica, hipnótica, que nos introduce de lleno en una experiencia de trance, trance en el desierto). 

Lenguaje poético y cinematográfico, afines

Aparte del cine prosa (narrativo) está el cine poético (si nos atenemos a lo que nos dijera el cineasta y poeta Pasolini). A este respecto, cabría señalar que, sólo con imágenes se hace una película, pero no necesariamente un relato fílmico. Y sólo con palabras se escribe un texto, que no tiene por qué ser literario. En este sentido también podemos decir que el lenguaje poético y el cinematográfico están emparentados porque un guion de cine nos procura sobre todo información gráfica, metáforas sensoriales, símbolos visuales. Y en este cine poético podríamos situar la película Sirāt.

El cine español de Víctor Erice (El espíritu de la colmena o El sur) y Mercedes Álvarez (El cielo gira), por ejemplo, estarían en esta senda poética donde la imagen trasciende la función narrativa para convertirse en espacio de contemplación y memoria. En sus obras fílmicas, el tiempo se dilata, el silencio adquiere protagonismo y lo cotidiano se carga de una dimensión simbólica, dando lugar a un cine que no busca tanto contar una historia como explorar la experiencia y la huella del pasado. https://cuenya.blogspot.com/2022/12/el-espiritu-de-la-colmena-de-erice.html

https://cuenya.blogspot.com/2017/02/de-salamanca-el-cielo-gira.html

Incluso podría incluirse en este cine poético el documental de Felipe Vega, Elogio de la distancia, sobre A Fonsagrada (Lugo), donde la observación y la distancia se convierten en herramientas expresivas fundamentales. A través de un ritmo pausado, el uso del silencio y una mirada contemplativa, la película transforma lo cotidiano en experiencia estética, alejándose del relato convencional para situarse en un territorio cercano a la reflexión y la evocación.

https://cuenya.blogspot.com/2009/11/elogio-de-la-distancia-en-el-albeitar.html

Si bien el cine es heredero del teatro y la novela, el cineasta sueco Bergman nos dice que “el cine no tiene nada que ver con la literatura... Mientras que la palabra escrita se lee y asimila por un contacto consciente de la voluntad en unión con el intelecto, y poco a poco afecta la imaginación y las emociones, con el cine el proceso es distinto”. Algo parecido nos cuenta Tarkovski en Esculpir en el tiempo. Y el director de Sirāt reivindica al cineasta soviético Tarkovski porque comparte con él una forma especial de entender el cine, a través de planos largos y ritmo lento, no como simple narración, sino como una experiencia espiritual, sensorial y contemplativaEl cine como búsqueda del sentido de la vida. ESirāt hay silencios y escenas que invitan a sentir más que a entender, donde, como espectadores, tenemos que interpretar y completar el sentido. En el cine de Tarkovski, los paisajes (agua, fuego, ruinas, bosques) tienen una fuerza casi mística. La naturaleza como espacio simbólico. Por su parte, Laxe también utiliza el entorno, árido, desolado, como un espejo del estado interior de los personajes. Ambos directores plantean preguntas.

Cine como ritmo visual

El cine puro -liberado del teatro y de la novela-, es ritmo visual, como la música, porque música y cine son disciplinas afines. Música y cine afectan nuestras emociones directamente, no por vía del intelecto. Como vemos y escuchamos por ejemplo en el cine de Fellini, Kusturica o en Sirāt (a través de imágenes rítmicas -el ritmo como significante por sí mismo-, impresiones visuales como emoción).

https://cuenya.blogspot.com/2010/06/fellini-quien-llore-cuando-se-murio.html

https://cuenya.blogspot.com/2013/11/amarcord.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/01/emir-kusturica-y-el-tiempo-de-los.html

“El cine es fundamentalmente ritmo -según I. Bergman-. A menudo siento una película, o una pieza de teatro, musicalmente. Por esta diferencia entre el cine y la literatura, se debería evitar hacer películas extraídas de libros. La dimensión de una obra literaria es a menudo imposible de traducir en términos visuales, y a su vez esto destruye la especial dimensión irracional de la película”.

https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html

Dificultad de adaptar obras literarias

Curiosamente, gran parte de las películas son adaptaciones de novelas y/o de relatos, aunque algunas obras literarias de Faulkner (El ruido y la furia) y Joyce (Ulises), presentan grandes dificultades para su adaptación cinematográfica, ya que su complejidad formal y su apuesta por el monólogo interior, la fragmentación y la experimentación lingüística desbordan los recursos narrativos tradicionales del cine. En Ulises, gran parte del sentido está en el monólogo interior, en pensamientos simultáneos, asociaciones libres, lenguaje cambiante. Y al cine le resulta complicado mostrar directamente el pensamiento con esa riqueza verbal. Y en El ruido y la furia existen múltiples narradores, saltos temporales radicales, percepción subjetiva del tiempo, lo que exige recursos complejos para mostrarlos en el cine, que, como ya hemos visto, trabaja más con imágenes y sonidos que con lenguaje puro.

En cambio, otras novelas como Las uvas de la ira, de Steinbeck, o Manhattan Transfer, de John Dos Passos, incorporan procedimientos propios del lenguaje cinematográfico en su escritura. A través del montaje, la fragmentación y la alternancia de escenas, ambas obras construyen una narrativa dinámica y visual, en la que la realidad se presenta como una sucesión de imágenes y perspectivas, más que como un relato lineal tradicional. Utilizan técnicas comparables a las del cine en cuanto montaje: En Manhattan Transfer aparecen fragmentos breves, escenas que se encadenan, y en Las uvas de la ira, se alterna la historia individual de los Joad y capítulos corales, como si hubiera un choque entre primeros planos (detalles físicos) y planos generales (espacios). Tenemos la sensación de leer descripciones "encuadradas", de ver escenas en vez de leerlas. En cuanto al ritmo, notamos cambios en la velocidad narrativa, de rápido a lento, secuencias que funcionan como escenas autónomas, incluso tenemos la sensación, en Dos Passos, de "collage" urbano. Se podría decir que estas obras no imitan el cine de un modo literal sino que en este caso la literatura y el cine están evolucionando en paralelo. 

Sirāt, guion original

Sirāt, por su parte, es un guion original, un viaje psicodélico a través del desierto, que acaba siendo un personaje más en la película, una experiencia sensorial construida a través del ritmo audiovisual: la música electrónica impulsa el movimiento, el montaje alterna trance y quietud; los sonidos generan una sensación física de desplazamiento. Y nosotros, como espectadores, sentimos esta experiencia a través de imágenes y sonidos, porque Sirāt se asemeja a la escritura poética, es cine poesía (emanación intensa de la vida, según el Premio Cervantes Gamoneda), la poesía como revelación, capaz de nombrar lo innombrable a través de palabras que trascienden la palabra informativa. En el caso de Sirāt se revela lo esencial a través de lo sensorial, de imágenes y sonidos. Toda poesía es símbolo, y el símbolo poético es realidad que simboliza algo que se desconoce o se simboliza a sí mismo.

 Sirāt, película sensorial, poética, sinestésica

Sirāt nos muestra, a través de una fusión de imágenes y sonidos, un lenguaje poético, sensorial y sinestésico*, en el sentido de que podemos escuchar las imágenes y ver los sonidos en una experiencia inmersiva, incluso logra transmitirnos sensaciones táctiles, olfativas, incluso gustativas, aparte de las visuales y auditivas. Aunque el cineasta Greenaway, cuyo cine también se me antoja extraordinario, sobre todo en su estética de la imagen, dijera que en el cine no hay tacto, ni olor, ni temperatura. https://cuenya.blogspot.com/2024/02/el-cocinero-el-ladron-su-mujer-y-su.html

Sinestesias

*Según el materialismo filosófico, la escritura (con palabras o imágenes) es sensorial, parte de lo concreto, involucra nuestros sentidos para hacernos experimentar, sentir la realidad de manera inmediata, aunque también puede transfigurar la experiencia inmediata para revelar relaciones materiales más profundas. 

https://cuenya.blogspot.com/2026/03/el-arte-de-narrar.html

En la escritura sensorial (Sirāt es un buen ejemplo) hablamos de los recursos expresivos llamados sinestesias, consistentes en mezclar sensaciones de distintos sentidos en una misma expresión, como el amarillo olor del yodoformo del soneto Rosa de sanatorio de Valle-Inclán (inolvidable programa de Radio 3, presentado por José Luis Moreno-Ruiz https://cuenya.blogspot.com/2012/03/domingo-18-de-marzo-de-2012-de-mis.html) o El verde aroma del Noroeste https://cuenya.blogspot.com/2023/09/viajar-nos-abre-otros-horizontes.htmlsinestesias que también parten de lo concreto y lo transfiguran para enseñarnos algo vital, para construir imágenes evocadoras, emocionales, que se convierten en imágenes-símbolo, en poesía, como hace, entre otros,  Lorca en el Romancero gitano. https://cuenya.blogspot.com/2018/08/almeria-lorquiana.html

Imagen y palabra

Podría asegurarse que la imagen se muestra más eficaz que la palabra a la hora de suscitar emociones y afectos, porque las imágenes y sentimientos se encuentran en una misma frecuencia de onda. En todo caso, la asociación entre palabra e imagen se efectúa automáticamente, evocando toda palabra a la imagen, y toda imagen a la palabra por una especie de reflejo condicionado.

A este respecto cabe plantearse, como hace el cineasta Wenders (cine poético), que las imágenes son más susceptibles de ser manipuladas que las palabras. Pero también podría decirse que las imágenes con carga emocional pueden hablarnos más directamente que las palabras. En el cine de Wenders, véase por ejemplo París, Texas, tanto las imágenes como la palabra son complementarias, imprescindibles. Podemos considerar a París, Texas como un referente temático y estético para Sirāthttps://cuenya.blogspot.com/2013/11/paris-texas.html

¿Una imagen vale más que mil palabras?

A menudo nos planteamos si una imagen (entre el ser o realidad y el parecer o apariencias) vale más que mil palabras. Depende de quien sean las imágenes y las palabras. Normalmente, para describir una imagen se requiere de muchas palabras. Y el cine clásico suele plantearse qué hay detrás de la imagen. Por su parte, el cine moderno se pregunta qué hemos de ver en la imagen, y el cine posmoderno asegura que detrás de una imagen hay siempre otra imagen; en este sentido el cineasta Antonioni nos dijo lo siguiente a propósito de su película Blow-up: “Sabemos que, bajo la imagen revelada, existe otra imagen más fiel a la realidad, y bajo esta otra aún, y que detrás de esta última puede aparecer de nuevo otra imagen. Hasta llegar a la imagen verdadera de dicha realidad absoluta, misteriosa, que nadie verá jamás”.

Imágenes-símbolo

El lenguaje poético de Sirāt -como ocurre con otros cines de este estilo- se nos muestra a través de imágenes-símbolo, imágenes sugerentes a través de las cuales se expresan sensaciones, ideas y/o emociones en una experiencia sensorial, donde se da mucha importancia al ritmo, como si fuera un poema, a las metáforas visuales, dejando espacio nuestra interpretación.  

Imágenes-símbolo, tal como nos muestra el efecto Kulechov o Kuleshov https://www.youtube.com/watch?v=_gGl3LJ7vHc, que es la esencia, con su poder de sugestión, del montaje cinematográfico, un montaje de imágenes que adquiere un significado lingüístico. Como ocurre asimismo con el montaje dialéctico del cineasta ruso Eisenstein, que nos involucra en sus películas jugando también con muestra participación activa a través de la fragmentación espacial y la dilatación temporal (el cine es el arte del espacio y del tiempo, de las imágenes en movimiento)Y como hace por ejemplo el mago del suspense Hitchcock en la secuencia de la ducha de Psicosis (película que podría llegar a entenderse sólo a través de las imágenes)https://cuenya.blogspot.com/2011/01/al-genio-hitchcock.html

El cine de Eisenstein es una síntesis de lo emocional (el cine como arte y emoción porque trabaja precisamente con imágenes) y lo racional o científico. De la imagen al sentimiento y del sentimiento a la idea. De este modo, el cine, al menos el suyo, podría ser un medio de expresión capaz de aunar el lenguaje lírico y el lenguaje de la razón. https://cuenya.blogspot.com/2010/04/que-es-el-cine.html

En Sirāt lo importante es cómo Laxe nos cuenta la historia -singular en su puesta en escena, antes que el argumento en sí-. Sirāt despliega una estética realista y verosímil donde las imágenes, cargadas de densidad simbólica, no funcionan como simples representaciones, sino como experiencia directa. La búsqueda de una hija desaparecida en una rave, emprendida por su padre y su hermano pequeño a través del desierto, se convierte en una travesía de obstáculos donde lo físico y lo emocional se entrelazan, y en la que el propio recorrido es el sentido en sí mismo.

Sirāt, una poética materialista filosófica del siglo XXI

El cine, según el filósofo Pablo Huerga, es una ciencia humana, la poética materialista del siglo XX, como nos cuenta en su libro La ventana indiscreta. Una poética materialista del cine. https://cuenya.blogspot.com/2016/02/la-ventana-indiscreta-de-pablo-huerga.html

Sirāt  -comenzando por el propio título, que significa camino o puente- no se expresa mediante ideas abstractas, sino a través de una experiencia sensorial, que genera emociones y reflexión, a través de los cuerpos de los personajes, el cansancio, el hambre, el paisaje de calor, polvo, viento, sonidos. Los límites físicos y vitales (dolor, pérdida, desgaste) imponen el núcleo del sentido. 

El viaje como estructura narrativa y metáfora existencial: la travesía por el desierto transcurre mientras hay un conflicto o guerra como trasfondo, que impide vivir a los personajes al margen del sistema, donde el sentido se halla en atravesarlo. Por tanto, Sirāt podría verse/leerse como una crítica al sistema o suprasistema, porque nos muestra la supervivencia dentro de unas determinadas condiciones materiales. Pero lo hace de forma poética, sensorial, plástica, antes que discursiva, a través de largas secuencias inmersivas, narración fragmentaria, imágenes que priorizan las sensaciones, las vibraciones, los sonidos electrónicos, el cansancio... que nos arrastran a un estado de trance. Como espectadores experimentamos el mundo de un modo físico, corporal. Sentimos el viaje a través de la fusión del paisaje/paisanaje. El paisaje es memoria, según nos cuenta el escritor Julio Llamazares en El río del olvido, el paisaje como un personaje con memoria (Tarkovski). https://cuenya.blogspot.com/2025/11/el-viaje-de-mi-padre-de-julio-llamazares.html

Cine sensorial, poético, donde las imágenes simbólicas, el ritmo lento, contemplativo (con planos largos, pocos diálogos, tiempo para la reflexión) y el paisaje sonoro nos adentran en la travesía, para sacudirnos las entrañas.  

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/hiroshima-mon-amour-de-resnais.html

Sirāt, emparentada con Hiroshima mon amour, de Resnais (basada en la novela de Marguerite Duras) construye una forma cinematográfica donde la experiencia -inmediata, incluso brutal-, sustituye al relato tradicional (importancia de la palabra como soporte poético). En Sirāt la poesía brota de lo físico, lo sensorial, y la experiencia surge de las imágenes y sonidos; en cambio en Hiroshima mon amour la poesía nace de la palabra y la memoria, y la reflexión de la palabra y la imagen.

En ambas películas hay una ruptura con el relato clásico, una construcción fragmentaria, un tiempo subjetivo, lo visual y lo poético se entrelazan para expresar la descomposición del mundo y de la vida.

Sirāt es ritmo, sueño o pesadilla, poesía. 

“El cine parece haberse inventado para expresar la vida subconsciente, que penetra, por sus raíces, la poesía” (Buñuel).

"Cuando el cine no es documento, es sueño. Por eso Tarkovski es el más grande de todos. Se mueve con una naturalidad absoluta en el espacio de los sueños... Es un visionario... Fellini, Kurosawa y Buñuel se mueven en los mismos barrios que Tarkovski" (Bergman, La linterna mágica). 

“Si el cine no está hecho para traducir los sueños, no existe (Artaud). https://cuenya.blogspot.com/2013/11/artaud-y-su-doble.html

Cabe recordar que Laxe, el director de Sirāt, reivindica a Tarkovski como a uno de sus maestros. 

Camino de la vida y de la muerte -descenso al infierno como vía de autoconocimiento, camino hacia la nada, como vemos a través de la imagen sobrecogedora de un tren que cruza el desierto, de los planos de la vía del tren perdiéndose en el fondo y el fundido a negro-. Aunque Laxe haya afirmado que es una película sobre la supervivencia después de haber tocado lo más hondo.

La búsqueda como trama maestra en esta travesía hacia el horror (recuerda a Centauros del desierto, París, Texas, El salario del miedo o Apocalyse Now) cuyos personajes sufren una transformación. 

Incluso recuerda a Lisboa story, que es un ejercicio sinestésico: ver Lisboa a través de los sonidos que el protagonista registra en su recorrido por las calles de la capital portuguesa, para incorporarlos en una película muda, y su preocupación por filmar imágenes puras.

En Sirāt, donde el miedo nos paraliza y el azar parece presidir nuestras vidas, se apunta, como ya había adelantado, la idea de un escenario apocalíptico de Tercera Guerra Mundial y fin del mundo. 

Le deseamos lo mejor a su director y su equipo en su viaje artístico y vital. 

https://elbierzo.eldiario.es/cultura-y-ocio/manuel-cuenya-ofrece-clase-abierta-pelicula-sirat-martes-bembibre_1_13092366.html

https://www.lanuevacronica.com/el-bierzo/manuel-cuenya-hablara-literatura-cine-en-taller-escritura-martes-literarios_193213_102.html

domingo, 22 de marzo de 2026

Rafa, un paisano hospitalario, una buena persona

 Día triste por el fallecimiento del amigo Rafa, Rafael Giner Sola, al que conocía desde hacía años gracias a mi hermana Cini y mi cuñado Paulino, que eran familiares suyos, porque Rafa era el marido de Sara, prima carnal de mi cuñado. A Rafa siempre lo recordaré, lo recordaremos, por ser una buena persona, que sin duda ha dejado huella emocional en quienes tuvimos el gran placer de conocerlo, de tratarlo, porque Rafa siempre tenía buenas palabras y buenos gestos. Era afable, culto, con sentido del humor. 


Era un paisano hospitalario, cercano. Sigo recordando aquel mi viaje a Barcelona hace ya años en compañía de mi hermana y mi cuñado. Daba gusto estar, conversar y pasear con él por la ciudad condal, donde vivía.  

Con su saber estar y esa forma suya de ser te hacía sentir muy a gusto. Se le veía disfrutar mucho con lo que hacía, y se notaba que también disfrutaba mucho del Bierzo, de Losada -su pueblo en el Bierzo Alto-, donde solía pasar el verano, salvo en los últimos tiempos, que ya no andaba del todo bien de salud, aunque ahora, que parecía que había superado los obstáculos, va y le arrea un trombo o algo por el estilo y lo deja literalmente fuera de juego. 

Qué cabrona se revela y rebela a veces la vida. Y qué tristeza que este verano ya no podamos vernos y echarnos unas risas. 

Te extrañaremos, querido amigo Rafa, pero te seguiremos llevando con nosotros, siempre en nuestro corazón, en nuestra alma.