La experiencia del visionado de Sirāt, la película del cineasta gallego nacido en París Óliver Laxe -con su posterior comentario o análisis y coloquio en los Cines La Dehesa de Ponferrada este pasado martes- fue, al menos para uno, una experiencia psicodélica, como cuando escuché por primera vez siendo un rapacín el concierto de Pompeya de Pink Floyd https://cuenya.blogspot.com/2011/01/pink-floyd.html, que me sacudió las entrañas, un choque emocional que me dejó volado, un chute brutal en todo el alma. La propia vida nos sacude cuando estamos adormecidos. Y cuando no lo estamos, también.
Una experiencia extraordinaria, la verdad sea dicha, compartida por las casi trescientas personas que estuvimos en la sala cuatro de los Cines La Dehesa de Ponferrada, algo que también me confirmó Jesús Álvarez, el gerente de estos cines. https://www.cinesladehesa.com/ponferrada
Ahora ya estamos pensando en la próxima proyección, Los domingos, de Ruiz de Azúa, que será el martes 17 de marzo. Qué nadie se despiste. Pero antes, me apetece decir que, después de la introducción de Sirāt que hice el pasado martes, con la referencia sobre todo al título, me entusiasmó volver a ver esta película, eso sí, en pantalla grande, porque nos taladra con sus imágenes y sus sonidos, con su música.
Sirāt es palabra árabe (cabe recordar, como nos dijera el gran Juan Goytisolo en aquel inolvidable encuentro en el café de France de Marrakech, que en nuestra lengua castellana tenemos más de cuatro mil vocablos de origen árabe https://cuenya.blogspot.com/2009/06/encuentro-con-juan-goytisolo-en.html) que significa camino, camino interior, sendero, vía, puente sobre el infierno, y de eso va esta película, del camino de la vida y de la muerte, del descenso al infierno como vía de autoconocimiento, del camino hacia la nada, como vemos a través de la imagen sobrecogedora de un tren que cruza el desierto, de los planos de la vía del tren perdiéndose en el fondo y el fundido a negro. https://ileon.eldiario.es/cultura/juan-goytisolo_1_9433616.html
“Se podría decir que Sirāt es una película sobre la muerte. Pero es, sobre todo, una película sobre la vida, sobre la supervivencia después de haber tocado lo más hondo”, apunta Laxe, que reconoce que durante el proceso constructivo de Sirāt le acompañaron dos frases: "Sólo creería en un dios que supiera bailar", de Nietzsche, y otra del poeta persa Rumi: "Baila como si nadie te estuviera mirando". "Entre ambas se mueve la sensibilidad de la película: la de un ser humano que vive como si estuviera en los últimos días de la humanidad -aclara el director-, alguien que quiere confiar en sí mismo, que tiene herramientas para hacerlo, pero demasiado ego para usarlas bien. Parto de la idea de que todos estamos rotos, y los ravers lo saben; es una comunidad de personas heridas, conscientes de sus propias fracturas... Debemos aprender a mirar al otro con amor y asumir que no tenemos el equilibrio que creemos tener... Sirāt habla de seres humanos imperfectos, incluso mutilados, y de nuevas formas de familia que nacen del deseo de trascender. Asumir la imperfección es fundamental, porque nuestro mayor miedo es engañarnos a nosotros mismos, y vivimos en una época en la que hacerlo es fácil. Por eso me identifico con ese gesto de deserción de la sociedad que aparece en la película: aunque ahora esté dentro del sistema, hay en mí algo salvaje, radical, en el sentido etimológico de la palabra, de raíz. En las sociedades occidentales vivimos como si fuéramos seres equilibrados, alimentando esa ilusión para huir de nosotros mismos, y cuando la vida nos sacude, cuando irrumpe el caos, nos encuentra desprevenidos. Creo que vienen tiempos con más curvas y necesitaremos saber quiénes somos de verdad. Nos falta trabajo interior, toda nuestra educación es hacia fuera", se expresa con lucidez Laxe.
Sirāt es un recorrido arriesgado, atrevido, una odisea explosiva a través de un camino lleno de obstáculos por el desierto, que es no sólo físico sino existencial, durante el cual los personajes sufren todo tipo de peripecias, incluida una transformación interior, lo que me hace recordar el viaje que realiza asimismo Travis, el protagonista de la película París, Texas, de Wenders https://cuenya.blogspot.com/2013/11/paris-texas.html, a través del desierto en busca de su familia, o bien al protagonista de Centauros del desierto, de John Ford, también en busca de su sobrina. La búsqueda como trama maestra. La búsqueda de la hija de Luis (Sergi López), cuya ausencia se acaba revelando como una presencia fantasmal. Como ocurre con el personaje de Rebeca de Hitchcock https://cuenya.blogspot.com/2011/01/al-genio-hitchcock.html, que es un personaje ausente físicamente pero presente psicológica y simbólicamente, cuya influencia crea una sensación casi fantasmal durante toda la película. Por tanto, Sirāt es deudora de estas y otras películas de carretera, como Easy rider, de Dennis Hopper https://cuenya.blogspot.com/2012/06/dennis-hopper.html, incluso podríamos encontrar reminiscencias en la bajada al infierno de la guerra y la locura de Apocalypse Now, de Coppola (inspirada en El corazón de las tinieblas de Conrad) o El salario del miedo en esa travesía hacia el horror. En Sirāt también se apunta la idea de un escenario apocalíptico de Tercera Guerra Mundial y fin del mundo.
https://cuenya.blogspot.com/2025/09/sirat-de-laxe.html
https://cuenya.blogspot.com/2020/03/el-horror-el-horror.html
El horror que viven los personajes ravers o raveros de Sirât a través del desierto, filmado de un modo estremecedor, en esta road movie, en este viaje físico y metafísico, que se revela introspectivo a la vez que hipnótico, alucinógeno, lisérgico, sinestésico (vemos, olemos, paladeamos, sentimos el desierto a través del poder de sus sonidos, de los sonidos asimismo de la música electrónica, de la rave music), un viaje multisensorial, donde el miedo nos paraliza y el azar parece presidir nuestras vidas. Asistimos a una danza tribal, acaso una experiencia de muerte que nos permite sentir la vida con más intensidad, como diría Laxe. Al inicio, el tempo de la rave se plantea como algo metafísico. El viaje que nos enseña Sirāt nos habla, según Laxe, de que todos somos migrantes. "Y el mundo hacia el que nos dirigimos va a ser un lugar donde la vida nos empuja cada vez más hacia una frontera... Vivimos muy apegados a nuestros deseos, a nuestros sueños y anhelos, y muchas veces lo que la vida nos pide es otra cosa. Es duro. A veces rasca, sacude, incomoda".
Después del visionado de esta película, quise poner el acento (esto me ha quedado en plan, como dice la rapacería, en modo Lola Flores) en las categorías en las que Sirāt ganó premios Goya, que fueron en dirección de producción, dirección de fotografía, dirección artística, sonido, música original y montaje.
La dirección de producción (producción ejecutiva) se ocupa de toda la logística, la infraestructura, desde la preproducción hasta el rodaje y la post-producción, porque se encarga de los recursos técnicos y tecnológicos, los recursos humanos (equipo técnico y artístico) y también los financieros para lograr que la película llegue a buen puerto. Entre los productores de esta película está el propio Óliver Laxe (que es también el director y co-guionista) y los hermanos Almodóvar, Pedro y Agustín, con la productora El Deseo, que tomaron las decisiones estratégicas sobre el calendario de rodaje, la selección de las localizaciones y la coordinación entre departamentos artísticos y técnicos, y por supuesto financiaron el proyecto inicial. Incluso gestionaron acuerdos con plataformas como Movistar Plus+ (participante en la producción) y otros aliados internacionales. El rodaje se hizo tanto en España (paisajes áridos de la Rambla de Barrachina, también conocida como Cañón del Colorado español en Teruel -un paisaje de tonos ocres con chimeneas de hadas, donde se rodó la rave- y la zona desértica del sureste de Marruecos (en concreto Er-Rachidia, cerca de las dunas de Merzouga, donde estuve en la pasada Navidad). https://cuenya.blogspot.com/2025/12/el-poniente-marroqui.html
| Merzouga. Foto: Cuenya |
Filmar en espacios exteriores, en este caso en el desierto, no resulta nada fácil, debido a su difícil acceso para trasladar el equipo técnico, las condiciones climáticas, con temperaturas extremas, viento y polvo constantes, la necesidad de adaptarse a la luz natural (de uso predominante en la película). Pero el rodaje de Sirāt en el desierto no fue sólo una decisión estética, sino también narrativa, porque el paisaje funciona en este caso como un personaje más entre el elenco actoral, con Sergi López y el niño Bruno Núñez como actores profesionales, porque el resto de los intérpretes no son actores profesionales sino ravers o raveros, que aportan autenticidad al relato fílmico, personajes que viven como una tribu nómada, al margen de la sociedad, curtidos por la vida, los cuales muestran heridas, a uno le falta una pierna; a otro, una mano. Personajes que se muestran hospitalarios con Luis y su hijo Esteban, que interpretan respectivamente Sergi López y el niño Bruno Núñez. En este sentido, Laxe también buscaba la naturalidad, como hizo con la luz natural, lo que entronca con la dirección de fotografía, que es el arte y la técnica de construir la estética visual de la película con el sabio manejo de la luz, el color, la composición y los movimientos de cámara para contar la historia.
La dirección de fotografía, que se ocupa de supervisar los equipos de cámara (operadores) y de iluminación, trabaja en contacto con el director y la dirección artística, para plasmar la visión artística de la película.
En Sirãt, la fotografía, sincronizada con la hipnótica música trance, corresponde a Mauro Herce -colaborador habitual de Óliver Laxe-, el cual construye una dimensión sensorial y trascendental a través del uso expresivo del desierto y los espacios abiertos no sólo como fondo, sino como materia narrativa. Llamativas resultan las imágenes a la luz de focos de coches y líneas de carretera que nos trasladan a un estado de trance hipnótico.
En cuanto a la iluminación, Herce cuenta que trabajó jugando con la orientación del sol, porque casi todo el rodaje se hizo en exterior día y espacios donde el sol era vertical durante la mayor parte del tiempo, aunque en alguna ocasión el sol estaba en una posición que les permitió conseguir algo más de tridimensionalidad. Planificaron las escenas en función del sol y del decorado, y en los exteriores noche usaron HMI y LED. Respecto a la gama de tonalidades, el director de foto cuenta que trabajó con tonalidades de ocres, amarillos y naranjas, aunque también con algún verde y gris.
Cabe recordar que la dirección de foto participa en la preproducción (storyboard, pruebas de cámara), producción (rodaje) y postproducción (etalonaje o corrección de color). Y cada decisión técnica (luz dura/suave, tipo de lente) busca enfatizar emociones y guiar la mirada de los espectadores.
En Sirāt, la cámara resalta la inmensidad del desierto y el aislamiento de los personajes mediante encuadres amplios y horizontes dominantes. La luz natural protagoniza los amaneceres, los atardeceres y los duros contrastes del sol. La variación lumínica marca los estados emocionales y ritmos internos. Las imágenes visuales del viento, del calor... se nos muestran como imágenes táctiles, esto es, como imágenes sinestésicas, lo que refuerza la sensación física del viaje. Y mediante planos largos y tomas de conjunto (planos generales) contextualiza la acción y muestra la relación entre los personajes y su entorno, subrayando la pequeñez del ser humano frente a la inmensidad del desierto. Vemos asimismo un contraste entre lo natural y lo artificial, porque en las escenas de la rave, la fotografía integra luces electrónicas y colores intensos dentro de un entorno árido, creando una tensión visual entre lo ancestral y lo contemporáneo. La fotografía, que dialoga con el sonido y el montaje para generar una experiencia inmersiva, refuerza la idea de travesía y transformación interior. Una propuesta visual que es coherente con este cine contemplativo a la vez que sensorial.
La dirección de arte (diseño de producción), que trabaja codo con codo con la dirección de foto y el diseño de sonido, define la estética visual y la atmósfera de la película, traduciendo el guion en escenarios, colores y texturas concretas, reales en este caso, con escenarios naturales extremos, polvo que cubre piel y ropa, precariedad material a través de objetos gastados, que refuerzan la idea de travesía, frontera y búsqueda en un mundo desolado.
La dirección de arte supervisa por tanto la escenografía, la utilería, el vestuario y la ambientación para asegurar la coherencia estética. Sirãt nos muestra una estética sensorial y simbólica, con espacios reales, diseñada para que el entorno y los objetos (mochilas, bidones, coches deteriorados, tiendas de campaña, altavoces, ropa desgastada) transmitan tanto significado como los personajes. Para que transmitan sensación de movimiento constante y supervivencia. Paisaje (como escenario emocional), cuerpos, polvo, sonido funcionan como elementos dramáticos. El uso del paisaje árido (desiertos, montañas rocosas, zonas fronterizas) como territorio liminal, apocalíptico, con tonos terrosos y desaturados: ocres, marrones, grises, polvo, que procuran desolación y tránsito. La dirección artística refuerza la idea del título Sirãt, de camino peligroso. Otro elemento clave es el contraste entre espacios naturales hostiles (la inmensidad del desierto, lo primigenio) y rituales humanos improvisados (fiestas, reuniones, música electrónica). Se funden las imágenes visuales y auditivas en una experiencia sinestésica -como ocurre en las escenas de rave con luces portátiles, neones improvisados, altavoces... integradas con el paisaje natural de polvo, arena- potenciando lo sensorial con lo emocional. Incluso el vestuario (ropa polvorienta, usada) se integra en el paisaje, lo que ayuda a que los personajes formen parte del territorio. Con una estética rave, nómada.
El sonido está formado principalmente por diálogos, música y efectos sonoros (construidos en postproducción) para contar una historia, transmitir emociones y crear una atmósfera, intensificar una experiencia auditiva. Los diálogos son las palabras que dicen los personajes para explicar la historia o la situación, para mostrar la personalidad y emociones de los personajes, para hacer avanzar la narración; la música (que puede ser diegética cuando los personajes también la oyen -como ocurre con la rave- o extradiegética, cuando sólo la escuchamos los espectadores) es la banda sonora que acompaña las imágenes para crear una atmósfera emocional (tristeza, tensión, alegría...), para anticipar lo que va a ocurrir, dar ritmo a las escenas; y los efectos sonoros son todos los sonidos que no son diálogos ni música, como pasos, viento, motores... como escuchamos y vemos en Sirãt, que hacen la escena más realista, crean ambiente y resaltan acciones importantes.
En Sirãt el sonido (nominado al Óscar) se me hace envolvente a través del viento, los pasos sobre arena, el motor de los vehículos, las respiraciones de los personajes, o los ecos del paisaje (sonido directo extremo), logrando texturas orgánicas que unen el paisaje con los sonidos. Es una experiencia sensorial e inmersiva centrada en el tecno y los paisajes sonoros orgánicos (la experiencia rave como viaje trascendental), diseñada para verse el sonido y oírse la imagen, esto es, una experiencia sinestésica en difíciles condiciones de arena, viento, alto volumen. Existen pocos diálogos. Y los largos silencios narrativos generan tensión, introspección, atmósfera de trance, reforzando la experiencia sensorial. El desierto y los espacios abiertos los sentimos como si nos estuvieran hablando, también a través del sonido como hilo conductor, narrativo, que vibra y nos hace vibrar.
La música original, la banda sonora original, debida al músico y productor francés Kangding Ray, es uno de los elementos más importantes de la película. Evoluciona de lo terrenal a algo más trascendental, buscando que la música conduzca la narrativa, alternando la intensidad musical con los silencios narrativos, permitiendo que respiremos y nos reconectemos con los personajes.
“La música empieza con la melodía y un beat rabioso, muy terrenal, y poco a poco llegamos a un sonido electrónico primigenio, más trascendental y celestial”, dice Kangding Ray.
Predomina la música diegética, que forma parte de la historia narrada, porque la música proviene en este caso de la rave que escuchan los personajes, la música electrónica, el techno potente, repetitivo como un mantra hipnótico y experimental, además de los sonidos atmosféricos, que crean una experiencia inmersiva.
La música, por tanto, se integra orgánicamente en la experiencia sensorial de la película. Está pensada para que la sintamos físicamente a través de ritmos repetitivos, envolventes, sonidos densos y ásperos, con sintetizadores. La música como ritual o trance colectivo o catarsis. La banda sonora transmite ese trance (la película lleva el subtítulo de trance en el desierto), además de misterio y peligro.El montaje es el proceso de postproducción donde se seleccionan, ordenan y ensamblan las tomas filmadas para crear la narrativa final. Es la unión ordenada de planos, secuencias, el proceso de "escritura" que dota de ritmo y estructura a la narración. La sintaxis fílmica organiza los elementos visuales y auditivos para estructurar un relato cinematográfico, equivalente a la sintaxis en el lenguaje. El montaje convierte el material grabado en una historia coherente.
Al inicio de Sirāt el montaje es lento, con ritmo pausado, contemplativo, con planos largos en la rave del desierto, lo que nos permite adentrarnos en la atmósfera electrónica. El tiempo se nos muestra dilatado, permitiendo que nos recreemos en el paisaje y las situaciones, de este modo se construye una sensación de viaje interior, donde el ser humano se confronta a la vastedad del desierto. Después el ritmo se acelera a medida que el viaje se vuelve más intenso. La película mezcla planos del desierto, vehículos, personas y música techno. El montaje está sincronizado con el sonido electrónico, creando una experiencia hipnótica. En determinados momentos se hacen cortes bruscos, saltos abruptos entre escenas para generar tensión, desestabilización. A través del montaje se nos muestra la búsqueda (introducida por la rave inicial en el desierto), el movimiento (viaje con el grupo de ravers o raveros en furgonetas), el caos (con la aparición del ejército y conflictos), la supervivencia (el viaje se vuelve cada vez más extremo). El metraje de la película, en su gran parte, se sostiene por tensión emocional y sensorial. Y el montaje nos ofrece una propuesta abierta a la interpretación, que cada cual busque un sentido. "Que la película haga mirar al espectador adentro porque mirar adentro es nuestra única herramienta para ser libres", dice Laxe, para quien Sirãt es una mezcla entre las películas Mad Max, Easy rider y Stalker, porque su deseo es aunar la espiritualidad de Tarkovski con las aventuras cinematográficas iniciáticas.
Sirãt y El salario del miedo
Sirãt tiene cierta similitud temática y estructural con El salario del miedo, la obra maestra del cineasta francés Clouzot. En ambas películas el viaje es la esencia narrativa y se muestra como tensión, que aumenta a medida que avanza el viaje, como peligro en un ambiente hostil (antagonista). En El salario del miedo, un grupo de hombres transporta nitroglicerina por caminos peligrosos. En Sirãt, los personajes atraviesan el desierto en un desplazamiento físico que se vuelve cada vez más arriesgado. En ambas películas el paisaje no es decorado sino una fuerza activa que condiciona las decisiones de los personajes. Ambas exploran, desde el existencialismo, el miedo, la fragilidad humana, la resistencia física y moral. El salario del miedo es un thriller centrado en el suspense y la supervivencia. Sirãt tiene un enfoque más contemplativo, acaso espiritual, centrado en la experiencia interior. El salario del miedo explora el miedo como explosión y suspense, y Sirãt lo hace como transformación, aunque también como explosión y suspense.
Sirãt y Centauros del desierto de John Ford
Sirãt y Centauros del desierto comparten temática y estilo visual. El viaje como eje narrativo. En Centauros del desierto, Ethan Edwards atraviesa el desierto de Texas para rescatar a su sobrina, y gran parte de la película se desarrolla durante el recorrido. En Sirãt, los personajes se desplazan por el desierto, y el trayecto mismo se convierte en experiencia central, porque el viaje es físico y simbólico, donde el paisaje -que influye en las decisiones y emociones de los personajes-, podría verse como un personaje. También cruzan el desierto en busca de la hija de Luis (Sergi López).
En Centauros del desierto se nos muestra Monument Valley, vasto, inhóspito, monumental, como fuerza narrativa. En Sirãt también el desierto nos trasmite desafío, soledad, aislamiento. Ethan Edwards se enfrenta a su soledad moral y emocional en medio de un entorno hostil. En Sirãt, los personajes experimentan introspección, vulnerabilidad y confrontación con la muerte en el desierto. Ambas películas destacan a través de planos amplios, horizontes abiertos y encuadres que muestran la pequeñez humana frente a la naturaleza. En Sirãt, esto se combina con luz natural y silencios narrativos; en Centauros del desierto, con colores saturados y claridad narrativa. Centauros del desierto es western clásico, con trama lineal, conflicto explícito y estructura de héroe. Sirãt es cine sensorial, centrado en experiencia interior más que en la narrativa externa.
Como vemos en Sirãt, vivimos en una tierra sembrada de minas (las guerras nos encogen el corazón y el alma) que debemos sortear cruzando el puente sobre el horror. "Existe un puente llamado Sirãt que une infierno y paraíso. Se advierte al que lo cruza que su paso es más estrecho que la hebra de cabello, más afilado que una espada". https://cuenya.blogspot.com/2020/03/sociedad-orwelliana.html
Nuestro planeta está tal vez al borde del abismo. Pero vivimos chutados, en una danza zombi. Por más que intentemos escapar del sistema, del suprasistema (el Gran Hermano orwelliano que nos vigila https://cuenya.blogspot.com/2011/01/orwell-y-su-1984.html), acabamos sucumbiendo a sus garras. Se impone el horror. ¡El horror! ¡El horror!, pronuncia el coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Conrad.
Le deseamos al talento Laxe y a su equipo artístico y técnico lo mejor en su andadura vital y artística. Ojalá, inshallah, consiga el Óscar a la mejor película y también al sonido. Se lo merece.











-1920w.webp)