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viernes, 13 de febrero de 2026

Sonata de otoño, de Bergman

 “Es probablemente el artista cinematográfico más grande”, llegó a decir Woody Allen del cineasta sueco Bergman, que es todo un referente en la cinematografía mundial, incluso en directores como el mexicano Guillermo del Toro, al que le resulta hipnótico su cine. Y es que las películas de Bergman, incluso las consideradas como menores, acaso Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978), te dejan pegado a las imágenes, hechizado. 


Aunque pudiera tratarse de una película menor en la filmografía de Bergman, Sonata de otoño fue galardonada con el Globo de Oro a la mejor película extranjera, y nominada con dos premios Óscar, uno a la mejor actriz protagonista (Ingrid Bergman) y otro al mejor guion original, con la foto de su habitual colaborador Nykvist, cuya iluminación recrea la atmósfera psicológica que viven los personajes, con frecuentes claroscuros que acompañan los desencuentros emocionales entre una madre y su hija, con una luz que destaca los rostros de estos personajes y escasos momentos con luz plena asociada a conversaciones tranquilas sobre actividades cotidianas. Asimismo, una cierta penumbra se posa sobre cada uno de los flashbacks con los que el pasado se hace presente de un modo doloroso. 

Además de Guillermo del Toro, ahora en boca de todo el mundo por su versión de Frankenstein https://cuenya.blogspot.com/2010/01/versiones-cinematograficas-de.html, basada en el novela homónima de Mary Shelley de 1818 https://cuenya.blogspot.com/2022/12/frankenstein-de-branagh.html, directores como Haneke, Tarkovski (quien, con parte del equipo de su admirado Bergman dirigió Sacrificio -1986-, su obra póstuma, que terminó ya enfermo de cáncer) o Kieślowski han reivindicado su cine. 

https://cuenya.blogspot.com/2010/01/frankenstein.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/azul-de-kieslowski.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/blanco-de-kieslowski.html

https://cuenya.blogspot.com/2025/02/rojo-de-kieslowski.html

"Es uno de los pocos cineastas –quizá el único en el mundo–  capaz de decir tanto sobre la naturaleza humana como Dostoievski o Camus", se atrevió a decir el cineasta polaco Kieślowski. 


Sí, ver las películas de Bergman es como adentrarse en los subsuelos de Dostoievski o en el existencialismo filosófico, habida cuenta de que su obra es autobiográfica (en este sentido Fanny y Alexander tal vez sea su gran obra maestra https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html). 

"Mi trabajo es autobiográfico, y lo es de la misma manera que un sueño transforma la experiencia y las emociones constantemente", expresó el creador de El manantial de la doncella, otra de sus grandes películas.

Sonata de otoño (el propio Valle Inclán tiene una novela con ese título, que narra la historia de unos personajes envueltos en pasiones y engaños) aborda la relación entre una madre (Charlotte, encarnada por la estrella Ingrid Bergman, que dicho sea de paso no tenía ningún parentesco con el director, quien confesó que no había quedado satisfecho con la interpretación de Ingrid) y su hija (Eva, interpretada por Liv Ullmann, musa y en tiempos mujer del director sueco), durante un corto espacio de tiempo, después de estar siete años separadas, para contarnos que si alguna vez hubo un vínculo afectivo, este se rompió entre la madre y la hija. Una madre (pianista profesional) que abandonó a su hija Eva y también a su otra hija discapacitada Helena (Lena Nyman) para triunfar en el mundo de la música. Una vez más, Bergman hurga en la psique y en las complejas relaciones humanas. 


Eva, que perdió a su hijo Erik en un accidente por ahogamiento, vive con el vicario Viktor (encarnado por el actor Halvar Björk), una vida insignificante. 

Es el propio Viktor quien nos presenta a su mujer Eva (Liv Ullmann), que está sentada escribiendo sobre una mesa. En un inicio nos lo cuenta en voz en off: "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. La primera vez que entró en esa habitación dijo: 'Está muy bien, quiero estar aquí. Nos habíamos conocido unos días antes'". En un mismo plano se nos sigue mostrando a la mujer y a su marido, que está mirando a cámara, para seguir relatándonos su historia sólo con su voz en off, al tiempo que vemos un plano de su mujer con la foto de un niño. "Le hablé de la vicaría... Le pregunté si quería casarse conmigo. No contestó. Pero cuando entramos en la habitación se giró hacia mí y dijo: Está bien, quiero estar aquí'". En un primer plano se nos muestra al marido diciendo que han vivido una buena vida en la vicaría.  A continuación un primer plano del rostro de ella, mientras el marido sigue contando en voz en off que Eva estaba prometida con un médico y vivió con él unos años. Escribió dos libros... Rompió el compromiso". 

Volvemos a ver en primer plano el rostro del vicario contando a cámara -en realidad contándonos a los espectadores, rompiendo la cuarta pared- que Eva se mudó de Oslo a una pequeña ciudad del sur Noruega donde empezó a trabajar como periodista. Vemos al vicario coger un libro de su mujer de una estantería. Y en el siguiente plano lo vemos a él (y al fondo, difuminada, a la mujer en la habitación), leyendo el libro de ella: "Uno debe aprender a vivir, yo practico cada día. El mayor obstáculo es que no sé quién soy... Si alguien me quisiera por lo que soy podría, por fin, estudiarme a mí misma". Siempre el amor como gran tema en Bergman, pero en general en todos los grandes autores y autoras de la Humanidad. Solo hay tres grandes temas, según el escritor mexicano Rulfo, el amor, la vida y la muerte.

El vicario se dirige de nuevo a cámara para hacernos una confesión: "Si pudiera decirle una vez que es amada... Pero no puedo decirlo de manera que me crea". Entonces, el vicario se retira a su despacho, y vemos a su mujer en su búsqueda, llevándole la carta que acaba de escribir, porque quiere que lea. 

"Me gustaría oír tu carta", le dice él, al que vemos en todo momento como alguien resignado (él sí parece sentir amor por ella), que acepta la relación con su mujer tal y como es. Entonces, ella se dispone a leerla, es una carta para su madre, en la que la invita a pasar unos días o semanas con ellos. 

"Tenemos un gran piano para que practiques", le dice en la carta. De este modo nos enteramos de que su madre es pianista. Ya había adelantado que Haneke reconoce la influencia de Bergman en su cine. Y La pianista es deudora de Sonata de otoño. https://cuenya.blogspot.com/2014/11/la-pianista-de-haneke.html 


"Hace mucho tiempo que no nos vemos. En octubre hará siete años", continúa leyendo la carta. El vicario le da su aprobación. Un plano general nos muestra un coche circulando por un bello paisaje montañoso, a orillas del mar. Acto seguido, vemos a la madre de Eva llegando a la casa de campo de su hija. Fundamentalmente, la película se desarrolla en un periodo de tiempo breve y en un espacio reducido, la casa de Eva y su entorno, con lo cual Bergman logra la unidad de espacio, tiempo y acción de la que nos hablara Aristóteles: un único espacio/decorado, un tiempo máximo de un día y un único conflicto. Con una puesta en escena teatral que está al servicio de las intérpretes, filmadas en primeros y primerísimos planos para que los espectadores/as nos concentremos en sus rostros, en sus miradas, también en sus silencios.

El recibimiento por parte de ésta es afectuoso. La madre, Charlotte, le cuenta a Eva que se siente triste por el fallecimiento de su amigo italiano Leonardo (Georg Løkkeberg), que el dolor que sufría su amigo le procuraba náuseas. Unos breves flashbacks nos devuelven a Charlotte con Leonardo en un hospital. "Me siento vacía", se expresa Charlotte en primer plano. 

Eva le cuenta a su madre que se siente feliz y que toca música en la iglesia. Y la madre le responde que tendrá que tocar para ella. 

El conflicto entre ellas surge cuando Eva le dice a la madre que cuida de su hermana Helena. "No puedo soportar verla", responde Charlotte. "Mamá, Helena es una persona maravillosa", precisa Eva. Charlotte comienza a mostrarse despótica con su hija Eva, la cual se queda con rostro desconsolado. Los primeros planos de estas actrices son sobrecogedores, hablan por sí mismos, sin necesidad de palabras. 

Charlotte se muestra inquieta y falsa con su hija Helena (gran papel también el que hace esta actriz, Lena Nyman, ya fallecida). 

Charlotte verbaliza en un soliloquio su sentimiento de culpa, está atormentada, algo habitual en el cine de Bergman. 

Una escena portentosa es cuando Charlotte observa, escucha a su hija Eva tocar el piano, en concreto una pieza de Chopin. Eva le pide a su madre, como profesional de la música, su opinión acerca de cómo ha tocado a Chopin. Y entonces la madre se sienta a su lado y la cuestiona diciéndole: "Chopin era emotivo, Eva, no sentimental. Hay un abismo entre emoción y sentimentalismo. El preludio que has tocado habla de emociones contenidas, no de ensueños. Tienes que ser calmada, clara y austera. Toma las primeras teclas. Duele, pero no lo demuestra. Entonces, un breve alivio. Pero enseguida desaparece y el dolor sigue... Una moderación constante... Chopin era orgulloso, sarcástico, impetuoso, atormentado y muy masculino. No era una mujer vieja y sentimental. Este preludio debe tocarse de forma casi fea. No debe seducir... Te lo enseñaré". En ese momento, mientras vemos tocar a Charlotte, también se nos muestra en el mismo plano el rostro triste de Eva. El rostro de Eva expresa no sólo tristeza sino frustración, incluso una rabia contenida. "De niña te admiraba mucho. Después me harté de ti", le espeta Eva a su madre. No sólo la música de Chopin, sino la J. S. Bach y de Händel, contribuye al dramatismo, incluso sirve como complemento visual y aun como contrapunto. A menudo siento una película, o una pieza teatral, musicalmente, dijo Bergman. 

A continuación Eva se va al cuarto de su hijo Erik, de cuatro años, que murió ahogado, y conversa con su madre acerca del niño, de lo mal que lo ha pasado Viktor y que ella aún siente que el niño está vivo. Qué difícil es superar la muerte de un hijo. Ahí está Mortal y rosa https://cuenya.blogspot.com/2009/07/mortal-y-rosa.html, ese libro poético, desgarrador, que Umbral le dedica a su hijo fallecido de cáncer. 

Charlotte le dice a Viktor que ve a su hija Eva infeliz y él le responde que, cuando se casaron, ella no lo quería, lo cual resulta esclarecedor. 

"Nunca ha querido a nadie, apostilla Viktor, porque es incapaz de amar". Otra vez más, al igual que ocurre en Gritos y susurros https://cuenya.blogspot.com/2026/02/gritos-y-susurros-de-bergman.html, la imposibilidad de amar. Ni la hija ni la madre saben y/o pueden amar.

"La poca fe que existe es gracias a ella", le aclara Viktor a Charlotte. Da la impresión de que Viktor, después de la muerte de su hijo, se hubiera quedado descreído, muerto... muerto en vida. 

Comienzan a percibirse con claridad las desavenencias entre la madre y su hija porque Charlotte le dice a Eva que no quiere a su marido, que se lo ha dicho él mismo. Y Eva le dice que por qué no se lo ha preguntado a ella.

"Ahora, con la muerte de Leonardo, me siento muy sola", le cuenta también la madre a su hija. 

"Quiero mimarte", le expresa la hija. Pero, en todo caso, se masca la tensión entre ambas. Charlotte tiene una pesadilla. Y Eva se sincera de un modo brutal con su madre. "No sé qué era peor, tú jugando a ser esposa y madre o estando de gira. La vida fue un infierno para papá y para mí...", le recuerda Eva, haciendo hincapié en que engañaba a su papá con otro. "Yo consolaba a papá. Tenía que decirle que aún lo querías... Leíamos tus cartas dos o tres veces... y pensábamos que eras la mujer más maravillosa del mundo". Conmovedor. 

"Eva, me odias", le dice su madre. 

"Estoy muy confundida", replica Eva. 

Helena se sobresalta y llama la atención de su hermana Eva, que la consuela. 

Eva sigue reprochándole a su madre que fuera infiel y sus comportamientos de frialdad emocional hacia ella. A través de un flashback se nos muestra a la niña Eva (interpretada por Linn Ullmann, la hija del director Bergman y la actriz Ullmann) en una relación en que la madre se muestra distante, fría con su hija. "Querría estar sola. ¿Por qué no sales a jugar?", le dice la madre a su niña. 


Eva se siente acomplejada, pues deseaba ser elegante y guapa como su madre, eso le cuenta. Los breves flashbacks se suceden mostrándonos a la niña Eva suplicando que su madre no la abandone mientras escuchamos su voz en off. "Lloraba encima de papá", dice Eva al tiempo que se nos muestra en otro flashback la imagen del padre (interpretado por el actor Erland Josepshon, que hace papelón en Secretos de un matrimonio https://cuenya.blogspot.com/2026/01/secretos-de-un-matrimonio-de-bergman.htmlcon su hija. 

Eva se abre en canal ante su madre, se desnuda emocionalmente, que la escucha con lágrimas en los ojos. Eva le dice que es falsa. Y la madre, por su parte, procura justificarse. "Siempre me sentí culpable por no estar en casa", expresa. 

Eva hace su catarsis como si estuviera en una sesión psicoanalítica: "decía lo que querías oír, hacía tus gestos... No podía odiarte, así que mi odio se transformó en ansiedad... creía que estaba volviéndome loca... eres una lisiada emocional... Nos odias a Helena y a mí. Pensabas que era un fracaso, sin talento... Me heriste para toda la vida, igual que tú estás herida. Intentabas ahogar todas las cosas vivas... Tu odio no era menos fuerte que el mío... Deberías estar encerrada para ser inofensiva. Una madre y su hija, una combinación terrible de emociones y confusión y destrucción... La hija heredará las heridas de la madre... La infelicidad de la madre será la infelicidad de la hija... como si el cordón umbilical no se hubiese roto. ¿Es mi dolor tu placer secreto?". Resulta demoledor lo que expresa Eva, que mantiene una relación patológica con su madre. Charlotte le cuenta a su hija que ella tampoco recibió cariño de sus padres, "sólo la música me dio la oportunidad de revelar mis emociones". Charlotte también le expresa su imposibilidad de amar. Un conflicto no resuelto de generaciones precedentes. Un círculo vicioso. Aquí es donde podría intervenir la psicología, la terapia, cómo sanar emociones que se acaban manifestando en enfermedades físicas. 

 Eva, que está marcada por la ausencia y la falta de amor de su madre, la herida de su hijo muerto y su hermana enferma, culpa a su madre de la enfermedad de Helena porque, en su opinión, la abandonó, como también la abandonó a ella. "No hay perdón", le dice Eva a su madre. "Ayúdame, no puedo soportarlo... Tu odio es espantoso. He sido egoísta e infantil. Por favor, abrázame... ayúdame", le responde Charlotte con lágrimas en los ojos, en el rostro. 

Vemos a Helena, tirada en el suelo, reclamando a su madre. Eva se queda en silencio, con mirada fría. Vemos a Charlotte viajando en tren. Se ha ido de casa de Eva. A continuación, se nos muestra a Eva paseando, recordando a través de un monólogo interior a su madre, en un cementerio, a orillas del mar. 

"Me da miedo suicidarme", pronuncia Eva. Se alternan los planos de Eva en el cementerio y de su madre en el tren. Eva habla con Erik, su hijo fallecido. Helena sufre una crisis, se supone que por la partida de su madre. Estremecedora la actuación de Lena Nyman (Helena). 

La película, que hace aflorar aquello que habitualmente dejamos en los sótanos del subconsciente, se cierra al igual que empieza. Vemos a Eva en la habitación escribiendo sobre una mesa. "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. Está atormentada, sobre todo desde que se fue Charlotte. Dice que echó a su madre y no puede perdonarse", se escucha una voz en off, que es la de Viktor. Luego vemos a Eva darle una carta a su marido, una carta que le ha escrito a su madre, para que él la lea. 


"Querida madre, ahora me doy cuenta de que te traté mal. Me acerqué a ti con exigencias en lugar de afecto. Te atormenté con un odio rancio, que ya no existe... Te pido que me perdones", lee Viktor. "No sé si te llegará esta carta, si la leerás... Puede que sea demasiado tarde... Nunca más te dejaré desaparecer de mi vida", pronuncia Eva con la mirada triste en primer plano. "No creo que sea demasiado tarde... No puede ser demasiado tarde", agrega, al tiempo que vemos también en primer plano el rostro de tristeza de su madre. La tristeza nos invade. ¿Será posible la reconciliación? ¿Lograrán quererse como madre e hija, sin rencor? ¿Le llegará la tarde a la madre?

Un último plano nos muestra a Viktor introduciendo la carta en un sobre. Un primer visionado no ha sido suficiente, así que he vuelto a ver esta Sonata de otoño para poder, también, escribir este texto en el que aparecen diálogos de la película. El segundo visionado me ha dejado aún más trastocado que el primero. 

Bergman arroja luz sobre las sombras, sobre el ser humano, que en ocasiones, acaso demasiadas, muestra su lado más oscuro. 


domingo, 8 de febrero de 2026

Rafael Álvarez El Brujo en Ponferrada

R  Recuerdo que me quedé fascinado con la forma de interpretar de El Brujo cuando lo vi por primera vez, con su característica prosodia, con su magnetismo. A decir verdad a Rafael Álvarez, El Brujo, le va como anillo al dedo el papel de pícaro (ahí está el El pícaro, aventuras y desventuras de Lucas Maraña, de Fernán-Gómez), y El Lazarillo lo borda, ese Lazarillo que adaptara tanto al cine como al teatro el polifacético Fernán-Gómez, otro fenómeno de las artes escénicas y cinematográficas. Acabo de ver la película Lázaro de Tormes, del 2001, dirigida por Fernán-Gómez y García Sánchez, que retomó la dirección tras la enfermedad del primero, cuyo papel estelar como Lázaro lo hace de un modo magistral El Brujo. 

Rafael Álvarez, El Brujo. Foto: Cuenya

A    Aparte de El Brujo y Paco Rabal (el ciego), me sorprendió la interpretación de la actriz astur Beatriz Rico como Teresa (su mujer en la película). 

He de confesar que me entusiasma la literatura picaresca (acaso porque nos caracteriza como españoles, en la actualidad vemos la picaresca elevada a la enésima potencia), desde el Lazarillo de Tormes hasta el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, pasando por La vida del Buscón, de Quevedo, o bien El diablo cojuelo, de Vélez de Guevara o La pícara Justina, de López de Úbeda, ambientada por cierto en León y su alfoz. 

Huelga decir que El Lazarillo de Tormes se me antoja una obra divertida, que nos muestra de un modo autobiográfico y epistolar las dichas y desdichas de Lázaro de Tormes, “hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca”, cuyo nacimiento, como él mismo relata, “fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomole el parto y pariome allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”, un hijo del río, el Tormes, al que siempre he mirado con cariño, hipnotizado por el fluir de sus aguas, desde que pusiera los pies (acaso también el alma) en la ciudad de Salamanca, donde también estuve durante algún tiempo como estudiante de su universidad. https://cuenya.blogspot.com/2017/09/salamanca-de-cielo-azul-y-luz-dorada.html

https://cuenya.blogspot.com/2024/11/el-fin-de-semana-en-salamanca-del.html

https://cuenya.blogspot.com/2011/09/orillas-del-tormes.html

https://cuenya.blogspot.com/2020/04/lunes-de-aguas.html

Al Brujo -actor y dramaturgo andaluz- lo recuerdo hace años en el teatro Bergidum de Ponferrada con el Lazarillo de Tormes, obra que lleva poniendo en escena desde hace cuarenta años, como él mismo dijo el pasado jueves, de nuevo en el teatro Bergidum, con una puesta en escena minimalista, según recordó el gran actor Rafael Álvarez, con una actuación que me late memorable, porque, después de tantos años sobre las tablas, sobre el escenario, da la impresión de que El Brujo se riera de todo, por supuesto también de él mismo, algo que me parece lúcido, inteligente. Se nota que él se divierte con lo que hace ("jamás abandonaré al Lazarillo"). Y por eso El Lazarillo (con el hambre como motor que mueve al mundo) ha ido evolucionando también a lo largo de los años y se ha convertido ahora en una obra contemporánea, porque el Brujo resulta sorpresivo y sorprendente haciendo constantes guiños a la actualidad, al mundo en que vivimos ahora ("una mirada de una enorme singularidad", dice de él Albert Boadella, quien fuera director de Els Joglars), lo que provoca sonrisas y risas, incluso las carcajadas del público, un público por lo demás entregado a su representación. 

Además, tuve la fortuna de verlo y escucharlo el martes de esta misma semana -semana que El Brujo ha tenido a bien estar en Ponferrada, gracias sin duda a Miguel Varela, el director del teatro Bergidum- en la sala Río Selmo con la proyección de La taberna fantástica, obra de teatro de Alfonso Sastre (uno de los más grandes dramaturgos españoles de la segunda mitad del siglo XX), bajo la dirección de Gerardo Malla y protagonizada por Rafael Álvarez en el papel de Rogelio el Rojo, que nos muestra el mundo marginal de los quinquis, con el lenguaje cheli propio de los mismos. Un papel de borracho, el que hace El Brujo, que dio a conocer a este magnífico actor al gran público en los años ochenta, como reconoció el mismo. En esta obra de teatro de Sastre, El Brujo se mueve como si fuera una marioneta, como si estuviera poseído por algún espíritu (él confesó que algo así le había ocurrido), logrando una interpretación esperpéntica inolvidable, cual si fuera un personaje valleinclanesco. Lo cierto es que el final de La taberna fantástica recuerda a Luces de Bohemia, de Valle (otro de sus referentes, según dijera él mismo, al que le dedica la obra El alma de Valle Inclán). 

https://cuenya.blogspot.com/2017/06/luces-de-bohemia-en-ponferrada.html

https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html

https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html

Además de los grandes místicos españoles como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz (La luz oscura de la fe) o Santa Teresa de Jesús (Teresa o el sol por dentro), a quienes ha dado vida en el escenario, o pícaros como El Lazarillo, El Brujo reconoció que uno de sus maestros es el Nobel de Literatura italiano Dario Fo (no en vano, interpretó de un modo especial a San Francisco de Asís tomando como inspiración a Fo para representar a el juglar de Dios). A este respecto cabe recordar que también existe una película de Rossellini, coescrita por Fellini, con este título: Francisco, juglar de Dios (1950). 

"Dario Fo fue uno de los autores de mis primeros años... Viéndole actuar a él solo en el escenario descubrí lo que yo mismo quería hacer en el teatro: autosuficiencia. Poder ser el actor y la obra al mismo tiempo. ¡Ser un juglar! A él le oí utilizar esta palabra por primera vez con un significado especial y nuevo para mí", cuenta El Brujo, que se siente en su salsa haciendo de "rotito", de pordiosero, de mendigo... de vagabundo (como vemos en la película Pajarico, de Saura) "porque esos personajes me han elegido a mí", señala El Brujo.  https://elbrujo.es/trayectoria-teatral-el-brujo/

A propósito de Darío Fo (sobre todo para quienes deseen escribir monólogos) recomiendo la lectura de Ochos monólogos de este excepcional escritor italiano. 

Cuenta Alonso de Santos, autor de exitosas obras teatrales como La estanquera de Vallecas y Bajarse al moro (existen también versiones cinematográficas de las mismas) y uno de los dramaturgos con los que ha trabajado El Brujo, que este comediante ha inventado un género, que tiene algo de monólogo, de espectáculo, de crear espacios mágicos, porque conecta con la magia, con el ritual, con los tempos especiales, con la dimensión filosófica, porque creo que El Brujo es eso, un mago, un filósofo, capaz de ofrecernos asimismo espectáculos como Iconos o la exploración del destino, el destino a través de la tragedia griega, cuyo leitmotiv es el absurdo de la existencia (aquí entronca con el existencialismo filosófico de Kierkegaard, Heidegger, Camus, Simone de Beauvoir y Sartre). 

Miguel Varela y El Brujo. Foto: Cuenya

Se trata de un monólogo humorístico y reflexivo que aborda el destino trágico que gobierna a figuras representativas de la mitología clásica como Medea, Edipo ("uno de los grandes perdedores o antihéroes, junto con El Quijote (Misterios del Quijote, donde El Brujo le rinde tributo a Cervantes) o El Lazarillo, entre otros", según El Brujo) o Antígona. Frente a este designio inexorable contrapone la visión del karma (energía, además de espíritu de justicia y/o equilibrio) como camino de libertad y responsabilidad personal. 

Iconos o la exploración del destino podría entenderse como parte de la trilogía que conforman Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia y Los dioses y Dios, que también han sido reinterpretados por este hechicero de la escena, el cual ha representado obras como El Evangelio de San Juan (una ceremonia mágica con el humor, la vitalidad y el ritmo propios de la comedia, según El Brujo) o El asno de oro, de Apuleyo (una obra greco-romana antigua que prefigura la novela picaresca, en la que un joven está obsesionado con la magia, que le procuró a Rafael Álvarez un gran éxito en el Festival del Teatro clásico de Mérida https://cuenya.blogspot.com/2025/01/sevilla-me-lleva-hasta-merida-que-es.html). Y que nos ha cautivado con su presencia, con su buen decir y hacer, con la magia de sus espectáculos en el capital del Bierzo. 

lunes, 2 de febrero de 2026

Gritos y susurros, de Bergman

Gritos y susurros (1972) de Bergman es otra de sus deslumbrantes y memorables películas, un éxito comercial y de crítica. Con cinco nominaciones a los premios Óscar, entre ellos a la mejor película. El conocido productor y director Roger Corman la distribuyó en Estados Unidos. 


Se trata de una obra maestra sobre la incomunicación (cada personaje está en su propia soledad), la incapacidad de amar (mujeres incapaces de amar o ser amadas, susurrando sus afectos reprimidos, su frialdad emocional, sus miedos), el sufrimiento (los gritos) y la muerte (también el sentido de la vida). Con una puesta en escena aparentemente teatral que está al servicio de sus intérpretes, de sus actrices, que son las protagonistas, porque a Bergman le entusiasmaba trabajar con mujeres, tal vez porque dan más juego fílmico, dramático, que los hombres. 

La propia Liv Ullmann, compañera sentimental en tiempos del cineasta de Uppsala y una actriz que se desnuda emocionalmente en cada actuación, llegó a decir que el gran director sueco, que sentía fascinación por las mujeres, comprendía mejor el mundo de éstas que de los hombres. No en vano, ha dedicado varias de sus películas, entre ellas Persona, Sonata de otoño o Gritos y susurros, a tratar de entender el mundo de las mujeres. 


Decía que estamos ante una puesta en escena aparentemente teatral porque hay muchos y veloces movimientos de cámara panorámicos, además de zooms agresivos, eso sí, siempre al servicio del elenco actoral, además de los abundantes y habituales primeros o primerísimos planos iluminados por luz roja, logrando así una planificación visual singular (que también procura en el espectador un choque emocional) para contarnos esta historia de alto voltaje fílmico. 

Gritos y susurros, ambientada en una mansión antigua, narra la historia desgarradora de cuatro mujeres (podría hablarse incluso de cuatro historias), interpretada por tres hermanas, María, Karin y Agnes, y una sirvienta, Anna.  

María (Liv Ullmann, sobresaliente, como siempre, la cual también encarna a la madre de las tres hermanas); Karin (Ingrid Thulin, actriz soberbia, que hace recordar a Isabelle Huppert en La pianista, de Haneke https://cuenya.blogspot.com/2014/11/la-pianista-de-haneke.html, cuando se mutila los genitales con cristales rotos, con sus tendencias suicidas, inolvidable también en su papel en La caída de los dioses, de Visconti), Agnes (Harriet Andersson, conmovedora, magnífica asimismo en Un verano con Mónica de Bergman), que se retuerce de dolor debido a su enfermedad terminal (su agonía provoca angustia en el espectador), y la criada Anna (Kary Sylwan, que se ocupa de la casa y de Agnes, una chica creyente, el único personaje noble y luminoso de esta historia, que siente de verdad amor por Agnes). 


Salvo el inicio y el final de la película (además de una parte de un flashback en voz en off donde Agnes rememora con nostalgia a su madre), todos ellos rodados en exterior, Gritos y susurros está filmada en el interior de una casa burguesa, que fue decorada por el departamento de dirección artística, impregnando todo de color rojo, a saber, las paredes, las alfombras, las cortinas, las muebles... Un color, el carmesí, que nos hiere, que nos produce dolor, como el que siente Agnes (cuyo nombre significa casta o pura, en latín agnus es cordero) en sus últimos momentos de la vida, en su agonía. Asimismo, sorprenden esos fundidos a rojo a lo largo de la película, un color que ya nos invade desde la secuencia donde se nos muestran los títulos de crédito sobre un fondo rojizo, con unos inquietantes sonidos, que hacen recordar campanadas de muerte. 

"Todas mis películas se pueden pensar en blanco y negro, excepto Gritos y susurros... Cuatro mujeres vestidas de blanco en una habitación roja… El color rojo es el color del alma humana".

Para Bergman el rojo, omnipresente en la película y símbolo de lo pasional, era el color del alma humana, pero también de la carne, la sangre, el cuerpo humano, que se contrapone a los vestidos blancos, como símbolo de pureza, de virginidad, incluso de represión sexual, de las mujeres. Podría decirse que el color rojo acrecienta la angustia de esta película perturbadora. 

Aparte de los colores rojo y blanco (al final el color negro como luto por la hermana fallecida), la película se inicia con unas bellas y neblinosas imágenes otoñales de un bosque que rodea la mansión, donde se desarrolla la acción, acompañadas de sonidos de la naturaleza. El otoño como estación donde cae la hoja y por tanto puede ocasionar  muerte. 

La fotografía de la película le corresponde al habitual colaborador de Bergman, Nykvist, que recibió un Óscar por esta obra (también por Fanny y Alexander https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html). 

El final de la película nos devuelve al exterior, al bosque, que en este caso resulta luminoso, dejándonos un buen sabor de boca porque, a través de una voz en off, escuchamos (y vemos) a Agnes en plenitud rodeada de sus hermanas y su sirvienta. En realidad, es Anna quien está leyendo el diario que ha escrito Agnes.  

"Miércoles 3 de septiembre. El aire es frío a medida que se acerca el otoño. Pero el tiempo es suave y agradable. Mis hermanas, Karin y María, han venido a verme. Es muy bonito estar junas otra vez, como en los viejos tiempos. Me siento mucho mejor... Mi dolor desapareció. La gente que más quiero estaba conmigo. Las oía hablar. Sentía la presencia de su cuerpo, la calidez de sus manos, quería que no acabase, y pensé... que esto es la felicidad. No podría desear nada mejor. Durante unos minutos pude sentir la plenitud, y estoy muy agradecida a mi vida, que me da tanto" (Agnes/Harriet Andersson).


Después de ver las primeras imágenes de la película funde a rojo y nos introduce en el interior de la morada para ofrecernos planos detalle de numerosos relojes, el tic tac, el sonido de estos relojes como banda sonora. El inexorable paso del tiempo. 

A continuación se nos muestra un plano donde vemos durmiendo a María en un butacón, y luego un primer plano del rostro triste, de dolor, de Agnes. Nos sobrecoge su dolor. Este drama brutal nos produce dolor como espectadores. Agnes se levanta de la cama, deambula por la habitación, acaso como una zombi(e) (parece que estuviéramos ante un film de terror), y arroja un vistazo al exterior nevado desde la ventana de su cuarto. 

"Es lunes por la mañana y sufro mucho. Mis hermanas y Anna hacen turnos para cuidarme", escribe Agnes en un diario. Agnes se acuesta (impresionante trabajo el que hace Harriet Andersson) y vemos aparecer en escena a la sirvienta Anna, que le trae el desayuno a María. También aparece Karin, todas ellas vestidas de blanco sobre el el fondo rojo. Señoras de blanco sobre fondo rojo. 

Tanto Karin como María no sienten cariño entre ellas ni por su hermana Agnes, tampoco son felices con sus esposos. María le es infiel a su marido (al que vemos intentando suicidarse) con el doctor que atiende a Agnes (interpretado por el actor fetiche de Bergman, Josephson, protagonista, junto a Liv Ullmann, de Secretos de un matrimonio https://cuenya.blogspot.com/2026/01/secretos-de-un-matrimonio-de-bergman.html). 


"Tu mirada era abierta, directa, sin disfraces... Antes solo eras tierna... Bajo tus ojos arrugas profundas... de aburrimiento", le recuerda el doctor de un modo esclarecedor a María, la cual le replica con lo siguiente: "Nos parecemos mucho, tú y yo". 

"¿Te refieres al egoísmo? ¿A la frialdad? ¿A la indiferencia?", le pregunta el doctor mientras se miran en un espejo. 

"Tus teorías me han aburrido casi siempre", sentencia María. 

Ante la indiferencia y frialdad de María, su marido desea poner fin a su vida. Funde a rojo. 

Anna trata de consolar a Agnes, que yace moribunda en su lecho. La besa, la abraza, la mima, incluso le ofrece sus pechos para que se recueste en los mismos. La escena desprende cierto erotismo incluso en una situación terrible. Funde a rojo. 

Agnes agoniza, resulta realmente turbadora, con su respiración jadeante, con su sufrimiento insoportable. Ni siquiera puede vomitar. Anna la acompaña en su fallecimiento.  

Hacia el final de Gritos y susurros asistimos a una parte de realismo mágico/onírico escalofriante, donde la muerta Agnes le habla a Anna. "¿Tienes miedo de mí ahora?... Estoy muerta. Pero no puedo dormir. No os puedo dejar. Estoy muy cansada. ¿Puede ayudarme alguien?". 

"Sólo es un sueño, Agnes", le contesta Anna. 

"No, no es un sueño. Puede ser un sueño para vosotros pero no para mí. Quiero que venga Karin", aclara la muerta. "¿Puedes calentarme las manos? Todo está vacío a mi alrededor", le pide la muerta a su hermana Karin. 

"Estoy viva y no quiero tener nada que ver con tu muerte. Quizá si te quisiera pero no te quiero. Lo que me pides es repulsivo", le responde Karin contundente, con los ojos incendiados de ira, desorbitados, filmada en un primerísimo plano. 

"Quiero que venga María", le pide la muerta a Anna. 

Entonces, María se dirige hacia la habitación de Agnes, la cual la previene de que no tenga miedo. "Puedes tocarme... Puedes calentarme las manos...", le pide Agnes, postrada en su cama, a María. Por su parte, María le expresa que no la dejará, que siente pena por ella. "¿Recuerdas cuando éramos pequeñas y jugábamos...? Entonces, teníamos mucho miedo", le cuenta María a Agnes. 

"No oigo lo que dices. Tendrás que acercarte. Más cerca. Coge mis manos", habla la muerta, que acaricia el rostro de María e intenta besarla en los labios, lo que provoca que María se espante y comience a gritar desesperada, como si de repente estuviéramos viendo una película de terror. 

"Agnes, me quedaré contigo", le dice Anna a la muerta. "No tengan miedo, la cuidaré", les dice Anna a las hermanas. 

"Tengo que pensar en mi hija, en mi marido", argumenta María. 

"Es asqueroso... se está descomponiendo...", precisa Karin. 

Vemos cómo Anna semidesnuda se abraza a la muerta de un modo que la composición del plano recuerda a La Piedad de Miguel Ángel, con la música de J. S. Bach. Funde a rojo. 

"Ha sido un funeral soportable, sin lloros ni histerismos", señala a continuación el marido de Karin de un modo cínico, mientras toma algo. 

Tras el fallecimiento de Agnes, también resulta imposible la religación de las hermanas Karin y María. Aunque existe cierto acercamiento de ambas a lo largo de la película, queda patente la incapacidad de quererse como hermanas. 

La imposibilidad de amar, el dolor y la muerte nos sacuden las entrañas. Gritos y susurros se clava como un arponazo en nuestro corazón, en nuestra alma.