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sábado, 2 de julio de 2022

De Molenbeek a Madrid

 El viajero, después de arribar a la ciudad de Madrid, en la que se siente como en casa, está convencido de que desde el barrio magrebí de Molenbeek Saint Jean en Bruselas al barrio multiculti de Lavapiés en  la capital del Reino hay un pasito, suave, suavecito. Incluso podría decirse que ambos barrios están hermanados. 

Aeropuerto de Bruselas

Es más, magrebíes y españoles somos hermanos de sangre, sin embargo, los muros fronterizos nos separan y nos enfrentan. Una pena. Tanta valla, tanta frontera, tanto desatino, acaban estremeciendo. Si los seres humanos tendríamos que venir al mundo a vivir lo mejor posible, a amarnos los unos con los otros (¿no lo dice el catolicismo?), que ya las circunstancias vitales nos van poniendo a cada uno en su sitio. Demasiadas distinciones, demasiadas diferencias, demasiadas zanjas y trincheras se establecen entre los seres humanos, como si unos fueran más humanos que otros. 

Lavapiés

El viajero, que se conmueve ante el dolor del mundo, es consciente de su desconsuelo por lo ocurrido recientemente en Nador, Nador dream, como alguna vez señalara, luego de viajar allí. El sueño de Nador se ha convertido en una pesadilla. El sueño de la sinrazón produce monstruos. Vivimos en un mundo podrido hasta la médula. 

El viajero no puede dejar de reflexionar acerca de la condición humana, de la crueldad, de la enfermedad y de la muerte. Ayer mismo el viajero se enteraba de la muerte de Antonio, que era oriundo del útero de Gistredo, vecino, buena gente, el tío carnal de buenos amigos, el cual vivía desde hace muchos años en Cantabria, en Torrelavega. Hoy es su funeral allí. 

El viajero no puede dejar de reflexionar sobre la invasión de Rusia a Ucrania, que es la guerra de Oriente a Occidente, y aun de otras muchas guerras que en el mundo son. 

El viajero, ahora en su patria chica, tiene tiempo de reflexionar y darle vueltas a asuntos varios, además de rememorar su reciente viaje a Bélgica y Países Bajos, o bien su breve estancia en Madrid al regreso. Pues Madrid siempre resulta estimulante, incluso con un calor bestial. Como me ocurriera. La verdad es que también tendemos a quejarnos si hace frío, si hace calor. 

Palacio de Oriente

El viajero prefiere el calorcito. Lo que lleva mal es el aire acondicionado. Por eso el Bierzo, sobre todo el Alto, y en concreto el útero de Gistredo, donde asoman su hocico los osos amorosos, es un lugar ideal para pasar el verano. Pero, como al viajero le gusta danzar, acaso la danza del oso, nomás por seguir oseando, a buen seguro querrá darse algún viaje. 

Castillo de Villaviciosa de Odón

En este aún reciente viaje al corazón magrebí de Europa y aun a otros espacios, como la arábiga, española y cosmopolita ciudad de Madrid, el viajero ha disfrutado de sus recorridos. Y en Madrid se ha encontrado muy a gusto visitando lugares de siempre como la plaza Mayor, para tomarse un bocadillo de calamares, plaza Jacinto Benavente, Sol.., o la plaza de Oriente, entre otros. Y viendo a Babel, gran amiga, que le mostró Villaviciosa de Odón, ella que vive allí, con su urbanización en medio de un bosque de pinos, el castillo y el palacio de Godoy. Gracias, Babel, por tu hospitalidad y tu cariño. O bien la comida en Lavapiés en un restaurante indio con su paisana y amiga Reveca (con uve). Gracias. Un bonito recuerdo. Incluso saludar brevemente a Eliza/Elisabeth en la Puerta de Alcalá. 

Villaviciosa de Odón-urbanización Babel

Al viajero le entusiasman todas estas vivencias, que ya forman parte del recuerdo. Y también le encantó toparse con el hombre que en tiempos regentara, con su mujer María, creo que así se llama, el hostal en que tantas veces se alojara el viajero en los años dos mil, pues viajaba con frecuencia a la capital del Reino, pues, entre otras razones, trabajaba en la Escuela de Cine de Ponferrada. Otros tiempos. El viajero se alojó justo enfrente  del hostal que llevara este buen hombre, que lo dejó fundamentalmente debido a la pandemia.

Edificio histórico en Vélez de  Guevara

Y coincidió con él en las escaleras del portal. Huelga decirlo, se trata de un edificio histórico, en la calle Luis Vélez de Guevara, calle próxima a Tirso de Molina y También Antón Martín. Por cierto, Vélez de Guevara es el autor de El diablo cojuelo, una obra fascinante. 

Al viajero le hizo mucha ilusión y al hombre, se llama Antonio, también. Es lo que tiene encontrarse con gente hospitalaria como Antonio Doldán, que se paró a charlar con el viajero durante un buen rato. Todo un placer.

Antonio Doldán

Antonio Doldán, que rondará los ochenta años (no resulta del todo fácil acertar con la edad, aunque podría habérsela preguntado), es oriundo de Betanzos, Galicia. Pero le contaba al viajero que vivió en diversos lugares de Hispanoamérica y viajó por varios lugares del mundo. A su mujer, por ejemplo, la conoció en Argentina, aunque ella también  es originaria de Betanzos. De Galicia -también del Bierzo, de León- salieron muchos migrantes en los años 50, 60, 70, incluso los 80 rumbo a América y la llamada Europa desarrollada. 

Puerta de Alcalá

Y Antonio Doldán, que trabajó en muchísimos y variopintos trabajos, es uno de tantos emigrantes que diera la terra galega.  Fascinante la charla con él. Y sobre todo al viajero le gustó mucho encontrarse con este buen hombre, siempre tan atento, cortés y hospitalario. Qué pena que ya no pueda alojarse, le dijo al viajero, que se sintió feliz de haber podido volver a ver a Antonio Doldán, el cual contaba asimismo que en estos últimos ha tenido varios achaques de salud, que él lleva con entereza, vitalidad y buen humor. 


Hasta un próximo viaje. Y nueva visita a los madriles.  

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Lavapiés
Con el calor asfixiante de este Madrid ya metido en verano, siempre da como cierto alivio darse una vuelta por la plaza de Oriente (me encanta el nombre y el sitio). Recuerdo que aquí nos dimos cita con el cineasta Gonzalo Suárez, en el café Oriente, creo recordar, antes de que se incorporara como Director honorífico a la Escuela de Cine de Ponferrada. Otros tiempos, otras brisas.
La plaza de Oriente con su palacio y todas esas estatuas en lugar ajardinado, entre las que se hallan algunas de Reyes leones, que ya sabemos de la importancia que tuviera otrora el Reino Leonés.
Madrid nunca deja indiferente al visitante por más visitas que este realice. Resulta frecuente ver algún bolero mexicano, que así les dicen a los limpiabotas en aquel país de nuestros cuates, en la Gran Vía.
Y gracias a la amiga Babel me he dado un paseo por Villaviciosa de Odón, que cuenta con castillo y el llamado palacio de Godoy.
Villaviciosa está ubicada en una zona boscosa de pinos. Todo un descubrimiento.
Ah, también me hizo ilusión volver a la estación del Norte, ahora Príncipe Pío. Y algunos otros sitios...
De Molenbeek a Lavapiés solo hay un pasito. El mundo está globalizado y, a pesar de todo, se encuentran singularidades en cada lugar.
Molenbeek
Hay que viajar, creo, para darnos cuenta de que nada de lo humano nos es ajeno, acá y allá. Y a la vez hablamos el mismo o parecido lenguaje de las emociones. La comunicación fluye cuando uno lo desea.
Gracias, Reveca, por ese momento compartido. Y una gran ilusión encontrarme con Antonio Doldán, el buen señor que regentara, con su mujer, el hostal en el que tantas veces me alojara en una época, gloriosos años dos mil, en que viajara con frecuencia a Madrid.

A él le dedicaré algún texto, seguro.

Viva el aventurero Don Quijote, símbolo de libertad. Y también de su leal escudero Sancho. Monumental obra la de Cervantes. De la azotea del Riu al cielo de Madrid.