Entre Astorga y el monte Teleno, que es todo un icono de la zona, se halla la Maragatería en el sureste de la provincia leonesa.
Astorga, la ciudad de los curas, los militares y las mantecadas, como me dijera un profesor en la Universidad de Oviedo, es tierra familiar, que merecería una visita sólo por Gaudí y la familia Panero, sobre todo para quienes amamos tanto la obra del genial arquitecto catalán como la literatura y las andanzas de los Panero. Además, me apasiona la historia de los muleros o arrieros maragatos, por quienes siento fascinación desde que soy consciente, los cuales transportaban mercancías desde el mar gallego a la capital de España. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/gaudi-en-el-bierzo-en-astorga-en-leon.html
Algunos historiadores creen que los maragatos descienden de musulmanes asentados en la zona, algo que resulta discutible, y que el apelativo maragato deriva del latín mericator o mercator, lo sería en todo caso una hipótesis sobre la que no existe consenso definitivo. Otros, acaso más chistositos, aseguran que el nombre surgió porque transportaban pescado y marisco desde Galicia hasta Madrid, conocida como la ciudad de los gatos. "Casi todo el comercio de una mitad de España está en manos de los maragatos”, llegó a escribir George Borrow (Jorgito el Inglés) en La Biblia en España (1837).
Por su parte, la escritora cántabra Concha Espina, en su novela La esfinge maragata (1914), nos habla de cómo vivían las mujeres maragatas, que eran unas auténticas luchadoras mientras que sus maridos, exentos del pago de algunos impuestos, incluso obsequiados con títulos de hidalguía, viajaban ayudados de carros tirados por mulas para transportar mercancías. Esta hidalguía queda reflejada en las antiguas casas de piedra, con escudos y pocas ventanas, patios interiores similares a las corralas madrileñas y puertas para la entrada de carros.
La escritora Concha Espina cuenta con un busto-relieve en la localidad de Castrillo de los Polvazares, que queda a unos seis kilómetros al oeste de Astorga, un enclave extraordinario de arquitectura popular. En sus calles empedradas se alinean casas agrícolas y arrieras, con sus grandes puertas carretales y patios interiores donde se ubicaban los almacenes, cuadras y viviendas de los propietarios. Hoy, Castrillo es una cita ineludible por la gastronomía, pues existe un buen número de restaurantes, entre ellos Cuca La Vaina o Casa Maruja, donde el cocido maragato es la estrella. https://cuenya.blogspot.com/2024/12/casa-maruja-el-templo-del-cocido.html
| Castrillo de los Polvazares |
Los arrieros maragatos participaron de forma destacada en la colonización y desarrollo de Carmen de Patagones en Argentina, así como de otras poblaciones de la Patagonia cuyos habitantes reciben el gentilicio de maragatos. De hecho, existe un hermanamiento histórico y cultural entre Astorga y Carmen de Patagones precisamente por esa herencia maragata. https://cuenya.blogspot.com/2016/05/desde-astorga-buenos-aires-violeta.html
Recientemente he tenido la ocasión, y las ganas -todo hay que decirlo-, de darme una vuelta por Asturica Augusta, cuyo nombre hace referencia tanto al pueblo prerromano que habitaba gran parte del noroeste de la península ibérica (Asturica) como al título honorífico asociado al emperador Augusto (Augusta), una ciudad nacida como campamento militar romano, que se convirtió en un importante centro administrativo de las explotaciones auríferas del noroeste hispano, especialmente las de Las Médulas, en el Bierzo.
No en vano, de la Astorga romana se conservan buena parte de las murallas y la Ergástula —galería abovedada y uno de los restos monumentales del foro— que alberga el Museo Romano. En el subsuelo de esta pequeña ciudad, de poco más de 10.000 habitantes, se hallan restos de termas, basílicas, incluido el foro... Hasta conserva las cloacas romanas (ahora que tanto se habla en política de cloacas... santo dios).
Astorga es por lo demás tierra de peregrinos -con un monumento al peregrino cargado con su equipaje y en posición de marcha, situado delante del albergue público-, un cruce de caminos y la etapa final de la Vía de la Plata, una de las rutas del Camino de Santiago más antiguas y con mayor riqueza histórica, que une el sur y el norte de España.
| Monumento al peregrino |
De su pasado y/o presente clerical -es una de las diócesis más extensas y antiguas de España-, se conserva el edificio del Seminario -donde estudiaron, entre otros, el arzobispo Antolín López Peláez, que era originario vía paterna de Noceda del Bierzo, donde vivió de niño, el europarlamentario Pepe Álvarez de Paz https://cuenya.blogspot.com/2018/07/la-fragua-literaria-leonesa-pepe.html, que también era de Noceda del Bierzo y el gran Javier R. Sotuela-. El propio Sotuela, que era buen amigo de Pepe Álvarez de Paz https://cuenya.blogspot.com/2019/02/la-curuja-homenaje-pepe-alvarez-de-paz.html, me cuenta que el seminario era horrible, con una mentalidad chivata. https://cuenya.blogspot.com/2016/01/javier-rodriguez-sotuela.html
Del pasado y/o presente militar queda el cuartel de Santocildes.
En cuanto a la gastronomía, siguen siendo las mantecadas un dulce típico, a las que habría que sumar los merles, los hojaldres de miel y el chocolate, que siempre vienen de maravilla para abrir boca. Sí, Astorga también es conocida por el chocolate, además de otros productos como el famoso cocido (donde el primer plato son las carnes y el último la sopa, bueno, el postre de natillas), o el congrio al ajo arriero, sin olvidarnos de la cecina de vacuno, que es una delicia.
Se dice que El restaurante La peseta, donde hace añares el plato costaba precisamente una peseta, así como la Casa Maragata o Las termas son restaurantes donde se yanta buen cocido maragato.
La leyenda también asegura, aunque resulte difícil de documentar desde un punto de vista histórico, que el chocolate, originario de México lindo, llegó a Astorga porque una hija de Hernán Cortés se prometió con el marqués de Astorga. Según el catastro del marqués de la Ensenada, en el siglo XVIII Astorga ya tenía ocho artesanos chocolateros. En los inicios del siglo XX hubo cerca de 50 fábricas de chocolate. Hoy quedan cinco en Astorga y La comarca. El chocolate Santocildes es muy apreciado. La ciudad posee asimismo un Museo del Chocolate albergado en un palacete modernista que, por su colorido, podría confundirse, al decir de algunos, con La casita de chocolate de Hansel y Gretel. Asimismo, la confitería Alonso, que se halla en la plaza de Santocildes, próxima a la Plaza Mayor, al ayuntamiento y al Palacio episcopal de Gaudí, está especializada en chocolates y dulces típicos de la zona.
| Casa de Granell |
En mi recorrido por esta Astorga chocolatera me llamó la atención la casa de Granell, construida por un arquitecto influenciado por Gaudí y perteneciente a José Granell, un importante chocolatero de la época. Su maravilloso torreón modernista me hace pensar en la obra de Gaudí, que dejó su impronta en el palacio episcopal, un edificio neogótico singular que da la impresión de que fuera al mismo tiempo un castillo, una residencia señorial y un templo, que alberga el museo de los caminos. De un modo inevitable, me viene a la mente Aproximaciones a Gaudí en Capadocia, del escritor y Premio Cervantes Juan Goytisolo, que sostiene la tesis de que Gaudí pudo inspirarse en la Capadocia (Turquía) y en las rocas fungiformes y chimeneas de hadas de esta zona -el valle de Göreme- para su arquitectura, utilizando formas orgánicas y estructuras que imitan patrones naturales. https://cuenya.blogspot.com/2009/11/juan-goytisolo-exiliado-de-aqui-y-de.html
Tanto Gaudí en lo arquitectónico como los Panero en lo literario representan dos de los grandes polos culturales de Astorga. Cercana al palacio de Gaudí (y por supuesto a la catedral) se encuentra la casa Panero, donde tuve la ocasión de presentar mi libro Del agua y del tiempo, de la mano del periodista y escritor Tomás Álvarez.
https://cuenya.blogspot.com/2020/02/del-agua-y-del-tiempo-en-astorga-por.html Un espacio emblemático, la casa familiar del poeta Leopoldo Panero, su mujer Felicidad Blanc y sus hijos Juan Luis, Leopoldo María y Michi. https://cuenya.blogspot.com/2021/04/astorga-desde-las-entranas.html
Me sobrecoge ver El desencanto (1976), un documental de Chávarri sobre esta familia desestructurada, "maldita", como algunos han señalado, con un padre cuya figura aparece asociada en los testimonios familiares al alcoholismo y al maltrato (Leopoldo Panero) y una madre sufridora, víctima de los abusos (Felicidad Blanc), a la que su hijo Leopoldo María le reprocha que a él no lo protegiera como es debido. Este documental muestra los testimonios de la familia tras la muerte de Leopoldo Panero. https://cuenya.blogspot.com/2013/02/el-desencanto.html
Felicidad Blanc, escritora y traductora, llegó a publicar una autobiografía titulada Espejo de sombras; por su parte, Juan Luis también publicó, entre otras, La memoria y la muerte, donde se recoge su obra poética.
Respecto a Leopoldo María, sobre el que he escrito https://cuenya.blogspot.com/2011/05/a-leopoldo-maria-panero.html, fue un poeta importante incluido entre los Novísimos.
Por último, Michi no publicó nada en vida pero en 2017 Javier Mendoza, hijo de la exmujer de Michi, editó una obra con relatos inéditos sobre el hijo pequeño de la familia Panero.
Casi veinte años después de El desencanto (1976), tras la muerte de Felicidad Blanc, el cineasta Ricardo Franco filmó Después de tantos años (1994), donde reúne de nuevo a Juan Luis, Leopoldo María y Michi.
Cabe recordar asimismo que los hermanos Panero, Juan, que falleció muy joven a resultas de un accidente de tráfico, y Leopoldo, además de Ricardo Gullón, Luis Alonso Luengo, incluso Eugenio de Nora, figuran como integrantes de la Escuela de Astorga, denominación propuesta por el poeta Gerardo Diego, perteneciente a la Generación del 27. https://cuenya.blogspot.com/2014/03/palabras-para-astorga.html
En esta visita a Astorga me encuentro con la casa Panero cerrada a cal y canto, pero me recreo en su jardín, en su fachada, fantaseando con un espacio habitado por la familia, donde incluso puedo platicar con Felicidad Blanc, cuya reflexión sobre su propia vida me hace repensar el mundo en que vivimos en la actualidad.
Mientras abandono la ciudad, pienso que quizá Astorga siga siendo, como en tiempos de los viejos arrieros, con la montaña sagrada del Teleno vigilante, una tierra de caminos, tanto reales como imaginarios.
