“Es probablemente el artista cinematográfico más grande”, llegó a decir Woody Allen del cineasta sueco Bergman, que es todo un referente en la cinematografía mundial, incluso en directores como el mexicano Guillermo del Toro, al que le resulta hipnótico su cine. Y es que las películas de Bergman, incluso las consideradas como menores, acaso Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978), te dejan pegado a las imágenes, hechizado.
Aunque pudiera tratarse de una película menor en la filmografía de Bergman, Sonata
de otoño fue galardonada con el Globo de Oro a la mejor película
extranjera, y nominada con dos premios Óscar, uno a la mejor actriz protagonista
(Ingrid Bergman) y otro al mejor guion original, con la foto de su
habitual colaborador Nykvist, cuya iluminación recrea la atmósfera
psicológica que viven los personajes, con frecuentes claroscuros que acompañan
los desencuentros emocionales entre una madre y su hija, con una luz que
destaca los rostros de estos personajes y escasos momentos con luz plena
asociada a conversaciones tranquilas sobre actividades cotidianas. Asimismo, una
cierta penumbra se posa sobre cada uno de los flashbacks con los que el
pasado se hace presente de un modo doloroso.
Además de Guillermo del Toro, ahora en boca de todo el
mundo por su versión de Frankenstein https://cuenya.blogspot.com/2010/01/versiones-cinematograficas-de.html, basada en el novela homónima
de Mary Shelley de 1818 https://cuenya.blogspot.com/2022/12/frankenstein-de-branagh.html, directores como Haneke, Tarkovski (quien, con parte
del equipo de su admirado Bergman dirigió Sacrificio -1986-, su obra
póstuma, que terminó ya enfermo de cáncer) o Kieślowski han
reivindicado su cine.
https://cuenya.blogspot.com/2010/01/frankenstein.html
https://cuenya.blogspot.com/2025/02/azul-de-kieslowski.html
https://cuenya.blogspot.com/2025/02/blanco-de-kieslowski.html
https://cuenya.blogspot.com/2025/02/rojo-de-kieslowski.html
"Es uno de los pocos cineastas –quizá el único en el mundo– capaz de decir tanto sobre la naturaleza humana como Dostoievski o Camus", se atrevió a decir el cineasta polaco Kieślowski.
Sí, ver las películas de Bergman es como adentrarse en los subsuelos de Dostoievski o en el existencialismo filosófico, habida cuenta de que su obra es autobiográfica (en este sentido Fanny y Alexander tal vez sea su gran obra maestra https://cuenya.blogspot.com/2023/03/fanny-y-alexander-de-bergman.html).
"Mi trabajo es autobiográfico, y lo es de la
misma manera que un sueño transforma la experiencia y las emociones
constantemente", expresó el creador de El manantial de la
doncella, otra de sus grandes películas.
Sonata de otoño (el propio Valle Inclán tiene una novela con ese título, que narra la historia de unos personajes envueltos en pasiones y engaños) aborda la relación entre una madre (Charlotte, encarnada por la estrella Ingrid Bergman, que dicho sea de paso no tenía ningún parentesco con el director, quien confesó que no había quedado satisfecho con la interpretación de Ingrid) y su hija (Eva, interpretada por Liv Ullmann, musa y en tiempos mujer del director sueco), durante un corto espacio de tiempo, después de estar siete años separadas, para contarnos que si alguna vez hubo un vínculo afectivo, este se rompió entre la madre y la hija. Una madre (pianista profesional) que abandonó a su hija Eva y también a su otra hija discapacitada Helena (Lena Nyman) para triunfar en el mundo de la música. Una vez más, Bergman hurga en la psique y en las complejas relaciones humanas.
Eva, que perdió a su hijo Erik en un accidente por ahogamiento, vive con el vicario Viktor (encarnado por el actor Halvar Björk), una vida insignificante.
Es el propio Viktor quien nos presenta a su mujer Eva (Liv Ullmann), que está sentada escribiendo sobre una mesa. En un inicio nos lo cuenta en voz en off: "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. La primera vez que entró en esa habitación dijo: 'Está muy bien, quiero estar aquí. Nos habíamos conocido unos días antes'". En un mismo plano se nos sigue mostrando a la mujer y a su marido, que está mirando a cámara, para seguir relatándonos su historia sólo con su voz en off, al tiempo que vemos un plano de su mujer con la foto de un niño. "Le hablé de la vicaría... Le pregunté si quería casarse conmigo. No contestó. Pero cuando entramos en la habitación se giró hacia mí y dijo: Está bien, quiero estar aquí'". En un primer plano se nos muestra al marido diciendo que han vivido una buena vida en la vicaría. A continuación un primer plano del rostro de ella, mientras el marido sigue contando en voz en off que Eva estaba prometida con un médico y vivió con él unos años. Escribió dos libros... Rompió el compromiso".
Volvemos a ver en primer plano el rostro del vicario contando a cámara -en realidad contándonos a los espectadores, rompiendo la cuarta pared- que Eva se mudó de Oslo a una pequeña ciudad del sur Noruega donde empezó a trabajar como periodista. Vemos al vicario coger un libro de su mujer de una estantería. Y en el siguiente plano lo vemos a él (y al fondo, difuminada, a la mujer en la habitación), leyendo el libro de ella: "Uno debe aprender a vivir, yo practico cada día. El mayor obstáculo es que no sé quién soy... Si alguien me quisiera por lo que soy podría, por fin, estudiarme a mí misma". Siempre el amor como gran tema en Bergman, pero en general en todos los grandes autores y autoras de la Humanidad. Solo hay tres grandes temas, según el escritor mexicano Rulfo, el amor, la vida y la muerte.
El vicario se dirige de nuevo a cámara para hacernos una confesión: "Si pudiera decirle una vez que es amada... Pero no puedo decirlo de manera que me crea". Entonces, el vicario se retira a su despacho, y vemos a su mujer en su búsqueda, llevándole la carta que acaba de escribir, porque quiere que lea.
"Me gustaría oír tu carta", le dice él, al que vemos en todo momento como alguien resignado (él sí parece sentir amor por ella), que acepta la relación con su mujer tal y como es. Entonces, ella se dispone a leerla, es una carta para su madre, en la que la invita a pasar unos días o semanas con ellos.
"Tenemos un gran piano para que practiques", le dice en la carta. De este modo nos enteramos de que su madre es pianista. Ya había adelantado que Haneke reconoce la influencia de Bergman en su cine. Y La pianista es deudora de Sonata de otoño. https://cuenya.blogspot.com/2014/11/la-pianista-de-haneke.html
"Hace mucho tiempo que no nos vemos. En octubre hará siete años", continúa leyendo la carta. El vicario le da su aprobación. Un plano general nos muestra un coche circulando por un bello paisaje montañoso, a orillas del mar. Acto seguido, vemos a la madre de Eva llegando a la casa de campo de su hija. Fundamentalmente, la película se desarrolla en un periodo de tiempo breve y en un espacio reducido, la casa de Eva y su entorno, con lo cual Bergman logra la unidad de espacio, tiempo y acción de la que nos hablara Aristóteles: un único espacio/decorado, un tiempo máximo de un día y un único conflicto. Con una puesta en escena teatral que está al servicio de las intérpretes, filmadas en primeros y primerísimos planos para que los espectadores/as nos concentremos en sus rostros, en sus miradas, también en sus silencios.
El recibimiento por parte
de ésta es afectuoso. La madre, Charlotte, le cuenta a Eva que se siente triste
por el fallecimiento de su amigo italiano Leonardo (Georg
Løkkeberg), que el dolor que sufría su amigo le procuraba náuseas. Unos breves flashbacks nos devuelven a Charlotte con Leonardo en un hospital.
"Me siento vacía", se expresa Charlotte en primer plano.
Eva le cuenta a su madre que se siente feliz y que toca música en la iglesia. Y la madre le responde que tendrá que tocar para ella.
El conflicto entre ellas surge cuando Eva le dice a la madre que cuida de su hermana Helena. "No puedo soportar verla", responde Charlotte. "Mamá, Helena es una persona maravillosa", precisa Eva. Charlotte comienza a mostrarse despótica con su hija Eva, la cual se queda con rostro desconsolado. Los primeros planos de estas actrices son sobrecogedores, hablan por sí mismos, sin necesidad de palabras.
Charlotte se muestra inquieta y falsa con su hija Helena (gran papel también el que hace esta actriz, Lena Nyman, ya fallecida).
Charlotte verbaliza en un soliloquio su sentimiento de
culpa, está atormentada, algo habitual en el cine de Bergman.
Una escena portentosa es cuando Charlotte observa, escucha a su hija Eva tocar el piano, en concreto una pieza de Chopin. Eva le pide a su madre, como profesional de la música, su opinión acerca de cómo ha tocado a Chopin. Y entonces la madre se sienta a su lado y la cuestiona diciéndole: "Chopin era emotivo, Eva, no sentimental. Hay un abismo entre emoción y sentimentalismo. El preludio que has tocado habla de emociones contenidas, no de ensueños. Tienes que ser calmada, clara y austera. Toma las primeras teclas. Duele, pero no lo demuestra. Entonces, un breve alivio. Pero enseguida desaparece y el dolor sigue... Una moderación constante... Chopin era orgulloso, sarcástico, impetuoso, atormentado y muy masculino. No era una mujer vieja y sentimental. Este preludio debe tocarse de forma casi fea. No debe seducir... Te lo enseñaré". En ese momento, mientras vemos tocar a Charlotte, también se nos muestra en el mismo plano el rostro triste de Eva. El rostro de Eva expresa no sólo tristeza sino frustración, incluso una rabia contenida. "De niña te admiraba mucho. Después me harté de ti", le espeta Eva a su madre. No sólo la música de Chopin, sino la J. S. Bach y de Händel, contribuye al dramatismo, incluso sirve como complemento visual y aun como contrapunto. A menudo siento una película, o una pieza teatral, musicalmente, dijo Bergman.
A
continuación Eva se va al cuarto de su hijo Erik, de cuatro años, que murió
ahogado, y conversa con su madre acerca del niño, de lo mal que lo ha pasado
Viktor y que ella aún siente que el niño está vivo. Qué difícil es superar la muerte de
un hijo. Ahí está Mortal y rosa https://cuenya.blogspot.com/2009/07/mortal-y-rosa.html, ese libro poético, desgarrador,
que Umbral le dedica a su hijo fallecido de cáncer.
Charlotte le dice a Viktor que ve a su hija Eva infeliz y él le responde que, cuando se casaron, ella no lo quería, lo cual resulta esclarecedor.
"Nunca ha querido a nadie, apostilla Viktor, porque es incapaz de amar". Otra vez más, al igual que ocurre en Gritos y susurros https://cuenya.blogspot.com/2026/02/gritos-y-susurros-de-bergman.html, la imposibilidad de amar. Ni la hija ni la madre saben y/o pueden amar.
"La poca fe que existe es gracias a ella", le aclara Viktor a Charlotte. Da la impresión de que Viktor, después de la muerte de su hijo, se hubiera quedado descreído, muerto... muerto en vida.
Comienzan a percibirse con claridad las desavenencias entre la madre y su hija porque Charlotte le dice a Eva que no quiere a su marido, que se lo ha dicho él mismo. Y Eva le dice que por qué no se lo ha preguntado a ella.
"Ahora, con la muerte de Leonardo, me siento muy sola", le cuenta también la madre a su hija.
"Quiero mimarte", le expresa la hija. Pero, en todo caso, se masca la tensión entre ambas. Charlotte tiene una pesadilla. Y Eva se sincera de un modo brutal con su madre. "No sé qué era peor, tú jugando a ser esposa y madre o estando de gira. La vida fue un infierno para papá y para mí...", le recuerda Eva, haciendo hincapié en que engañaba a su papá con otro. "Yo consolaba a papá. Tenía que decirle que aún lo querías... Leíamos tus cartas dos o tres veces... y pensábamos que eras la mujer más maravillosa del mundo". Conmovedor.
"Eva, me odias", le dice su madre.
"Estoy muy confundida", replica Eva.
Helena se sobresalta y llama la atención de su hermana Eva, que la consuela.
Eva sigue reprochándole a su madre que fuera infiel y sus comportamientos de frialdad emocional hacia ella. A través de un flashback se nos muestra a la niña Eva (interpretada por Linn Ullmann, la hija del director Bergman y la actriz Ullmann) en una relación en que la madre se muestra distante, fría con su hija. "Querría estar sola. ¿Por qué no sales a jugar?", le dice la madre a su niña.
Eva se siente acomplejada, pues deseaba ser elegante y guapa como su madre, eso le cuenta. Los breves flashbacks se suceden mostrándonos a la niña Eva suplicando que su madre no la abandone mientras escuchamos su voz en off. "Lloraba encima de papá", dice Eva al tiempo que se nos muestra en otro flashback la imagen del padre (interpretado por el actor Erland Josepshon, que hace papelón en Secretos de un matrimonio https://cuenya.blogspot.com/2026/01/secretos-de-un-matrimonio-de-bergman.html) con su hija.
Eva se abre en canal ante su madre, se desnuda emocionalmente, que la escucha con lágrimas en los ojos. Eva le dice que es falsa. Y la madre, por su parte, procura justificarse. "Siempre me sentí culpable por no estar en casa", expresa.
Eva hace su catarsis como si estuviera en una sesión psicoanalítica: "decía lo que querías oír, hacía tus gestos... No podía odiarte, así que mi odio se transformó en ansiedad... creía que estaba volviéndome loca... eres una lisiada emocional... Nos odias a Helena y a mí. Pensabas que era un fracaso, sin talento... Me heriste para toda la vida, igual que tú estás herida. Intentabas ahogar todas las cosas vivas... Tu odio no era menos fuerte que el mío... Deberías estar encerrada para ser inofensiva. Una madre y su hija, una combinación terrible de emociones y confusión y destrucción... La hija heredará las heridas de la madre... La infelicidad de la madre será la infelicidad de la hija... como si el cordón umbilical no se hubiese roto. ¿Es mi dolor tu placer secreto?". Resulta demoledor lo que expresa Eva, que mantiene una relación patológica con su madre. Charlotte le cuenta a su hija que ella tampoco recibió cariño de sus padres, "sólo la música me dio la oportunidad de revelar mis emociones". Charlotte también le expresa su imposibilidad de amar. Un conflicto no resuelto de generaciones precedentes. Un círculo vicioso. Aquí es donde podría intervenir la psicología, la terapia, cómo sanar emociones que se acaban manifestando en enfermedades físicas.
Eva, que está marcada por la ausencia y la falta de amor de su madre, la herida de su hijo muerto y su hermana enferma, culpa a su madre de la enfermedad de Helena porque, en su opinión, la abandonó, como también la abandonó a ella. "No hay perdón", le dice Eva a su madre. "Ayúdame, no puedo soportarlo... Tu odio es espantoso. He sido egoísta e infantil. Por favor, abrázame... ayúdame", le responde Charlotte con lágrimas en los ojos, en el rostro.
Vemos a Helena, tirada en el suelo, reclamando a su madre. Eva se queda en silencio, con mirada fría. Vemos a Charlotte viajando en tren. Se ha ido de casa de Eva. A continuación, se nos muestra a Eva paseando, recordando a través de un monólogo interior a su madre, en un cementerio, a orillas del mar.
"Me da miedo suicidarme", pronuncia Eva. Se alternan los planos de Eva en el cementerio y de su madre en el tren. Eva habla con Erik, su hijo fallecido. Helena sufre una crisis, se supone que por la partida de su madre. Estremecedora la actuación de Lena Nyman (Helena).
La película, que hace aflorar aquello que habitualmente dejamos en los sótanos del subconsciente, se cierra al igual que empieza. Vemos a Eva en la habitación escribiendo sobre una mesa. "A veces miro a mi mujer sin que se note mi presencia. Está atormentada, sobre todo desde que se fue Charlotte. Dice que echó a su madre y no puede perdonarse", se escucha una voz en off, que es la de Viktor. Luego vemos a Eva darle una carta a su marido, una carta que le ha escrito a su madre, para que él la lea.
"Querida madre, ahora me doy cuenta de que te traté mal. Me acerqué a ti con exigencias en lugar de afecto. Te atormenté con un odio rancio, que ya no existe... Te pido que me perdones", lee Viktor. "No sé si te llegará esta carta, si la leerás... Puede que sea demasiado tarde... Nunca más te dejaré desaparecer de mi vida", pronuncia Eva con la mirada triste en primer plano. "No creo que sea demasiado tarde... No puede ser demasiado tarde", agrega, al tiempo que vemos también en primer plano el rostro de tristeza de su madre. La tristeza nos invade. ¿Será posible la reconciliación? ¿Lograrán quererse como madre e hija, sin rencor? ¿Le llegará la tarde a la madre?
Un último plano nos muestra a Viktor introduciendo la carta en un sobre. Un primer visionado no ha sido suficiente, así que he vuelto a ver esta Sonata de otoño para poder, también, escribir este texto en el que aparecen diálogos de la película. El segundo visionado me ha dejado aún más trastocado que el primero.
Bergman arroja luz sobre las sombras, sobre el ser humano, que en ocasiones, acaso demasiadas, muestra su lado más oscuro.










