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martes, 7 de julio de 2026

La Curuja, con tributo a Pepín el de Olina

 Con la llegada del verano ve nuevamente la luz La Curuja, fiel a su cita semestral desde su nacimiento en el útero de Gistredo (Noceda del Bierzo). La revista, que publica un número estival y otro invernal, alcanza en esta ocasión su número 35 de la segunda época, reafirmando su compromiso con la historia, el patrimonio y la memoria de El Bierzo. 


El periodista y escritor ponferradino Toño Criado abre sus páginas con un evocador recorrido por Noceda del Bierzo, villa que durante las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo llegó a ser conocida como «la Suiza berciana», un apelativo que reflejaba el esplendor paisajístico de la localidad.

La nocedense Nanci de Paz invita al lector a recorrer el Camino de Santiago a su paso por El Bierzo. En esta primera entrega recupera, con la mirada puesta en 1976, el trazado jacobeo y las vivencias que marcaron aquella época.

Por su parte, el catedrático de la Universidad de León Alfonso Fernández-Manso nos conduce hasta Labaniego, localidad del municipio de Bembibre, para descubrir su riqueza toponímica, su paisaje y la memoria que atesora. El propio autor acompaña su trabajo con una cuidada selección de acuarelas que enriquecen este singular viaje por el Bierzo Alto.

La revista incorpora asimismo un sugerente recorrido por las cuencas altas de los ríos Boeza y Tremor, de la mano del ingeniero, periodista y politólogo Pedro Costa Morata, vinculado desde su infancia a la provincia de León, donde cursó sus primeros estudios. En este itinerario visita Igüeña y su entorno, donde fuera alcalde Laudino García, acompañado por Ismael el Rubio, en un viaje que combina la observación del paisaje con la evocación de la memoria de estas tierras. 


El número se cierra con un homenaje especialmente sentido que, como editor de La Curuja, he querido dedicar, a través de la portada y de unas páginas de la revista, a la memoria de Pepín el de Olina, querido paisano y amigo recientemente fallecido. Es un tributo nacido del afecto y del agradecimiento a quien dejó una huella imborrable entre los suyos, y que pone el broche final a una edición en la que, una vez más, La Curuja reivindica la memoria berciana como un legado vivo, compartido y esencial para comprender quiénes somos.

domingo, 5 de julio de 2026

O Barco de Valdeorras, espacio de saludables vibraciones


O Barco de Valdeorras, cuyo nombre nos embarca —nunca mejor dicho— en una nueva aventura poética, acogió ayer a un grupo de amantes de la lectura y la escritura —diz que devotos del verbo encarnado, de la literatura— con los brazos abiertos en la Casa Grande de Viloira, un espacio que irradia saludables vibraciones y que, además de poseer una magnífica solera, destaca por su extraordinaria belleza. Tanto su interior como el entorno que la rodea, de una naturaleza espléndida y refrescante, invitan al sosiego, especialmente ahora que aprieta el calor. https://cuenya.blogspot.com/2025/08/encontro-de-poetas-en-viloira-o-barco.html

La villa recibió a un grupo de poetas y narradores para recitar sus textos por segundo año consecutivo —las anteriores ediciones, al menos hasta donde uno recuerda, tuvieron lugar en la vecina A Rúa— gracias a la organización de los poetas Carmen Gago y Emilio Vega, que llevan años impulsando este Encontro Internacional de Poetas con el respaldo del Instituto de Estudios Valdeorreses. 

Participantes. Foto: cortesía de Ed

Fue un placer reencontrarme con amigos y conocidos y regresar a una tierra hermana. Ya lo he dicho en alguna ocasión: Valdeorras y El Bierzo comparten profundas similitudes, tanto por su paisaje como por su paisanaje, unidos además por un Sil dorado y poético que los atraviesa. Un río que fluye también por nuestras venas con su sangre ancestral. 


Más allá del recital, resulta maravilloso conversar con las poetas y los poetas al amor de unas viandas regadas con los excelentes vinos de la comarca, en la plaza donde se alza la solariega Casa Grande de Viloira, un rincón con encanto en el corazón mismo de O Barco de Valdeorras. 

Foto: cortesía de Ed

Allí estuvieron colegas del Bierzo y de Galicia como Marisa, Mayela, Manoli, Ana, Ana María, Elfa, Mari Carmen, Elba, Edith, Nidia, Roberto, Ruy, Amador, Manuel Ángel y Manuel, entre otros. La música de la rondalla Sones del Cúa, de Cacabelos, puso la banda sonora del encuentro y me recordó, cómo no, al amigo escritor Fermín López Costero https://cuenya.blogspot.com/2018/08/la-luz-magica-de-fermin-lopez-costero.html, natural de esta localidad berciana, que continúa presente en la memoria de quienes lo conocimos pese a su fallecimiento hace ya algunos años.

También disfruté de un paseo por el Malecón, a orillas del Sil. Su nombre me lleva inevitablemente a pensar en el Malecón de La Habana https://cuenya.blogspot.com/2023/07/habana-habanita-por-ti-me-muero.html; qué curiosos vericuetos recorre la imaginación. Y, por supuesto, me encantó volver a la singular plaza Mayor, de planta triangular, presidida por la llamativa casa roja del casino y unida a la iglesia de San Mauro. Es, además, el centro neurálgico del casco antiguo de la villa y un lugar emblemático del Camino de Invierno. 


Volveremos, como las golondrinas becquerianas, si la vida nos lo permite. Porque la vida, bien lo sabemos, amiga Nidia, constituye un milagro en términos filosóficos. Mientras tanto, seguiremos fluyendo como lo hace el Sil desde sus fuentes, en La Cueta, el pueblo más alto del Parque Natural de Babia y Luna, en la provincia de León, hasta su desembocadura en Os Peares, en la provincia de Ourense, donde se abraza con el Miño para ensanchar su caudal de vida.

Plaza Mayor de O Barco

Esa confluencia, de una belleza sobrecogedora, nos recuerda que también nosotros somos el resultado de los encuentros. https://cuenya.blogspot.com/2011/01/valdeorras.html

El ser y el paisaje fundidos en un mismo amor. Y la poesía, como seguramente diría Antonio Gamoneda, solo es verdadera cuando contiene vida.

miércoles, 24 de junio de 2026

La villa de Comillas envuelta en una luz de acuario


Universidad Pontificia












Desde el mirador de la Corneja alcanzo a ver un trozo del antiguo edificio de la Universidad Pontificia de Comillas. Apenas una parte, y sin embargo la distancia parece abolirse. Como ocurre en ciertos sueños, tengo la extraña impresión de encontrarme frente a su fachada, a escasos metros de ella. La sensación es irreal y, al mismo tiempo, insólitamente placentera. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/del-mirador-de-la-corneja-comillas-y-el.html  

Al fondo el palacio de Sobrellano

Transcurrido un tiempo que no logro descifrar, la antigua construcción de ladrillo rojo se alza sobre una colina. Finalmente decido subir. Antes, sin embargo, pido permiso al guarda que parece custodiar la entrada. Conviene pedir permiso; nunca se sabe qué presencias habitan ciertos lugares. Permiso concedido. Eso sí, no hay que pisar el césped, sino seguir la vereda marcada, según me señala un hombre encargado del cuidado de los jardines. Prosigo por el camino señalado porque me apetece recrearme de cerca en la arquitectura de la susodicha universidad, con su imponente estilo neogótico-mudéjar y su rica ornamentación modernista catalana. 

Al fondo el cabo de Oyambre

Desde la colina, impregnada de un aroma a eucalipto mentolado, las vistas resultan formidables al mar Cantábrico así como al mirador de la Corneja y al cabo de Oyambre. Asimismo, el visitante puede gozar de panorámicas a la villa, con el palacio de Sobrellano enmarcado en un verdor exótico. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/san-vicente-de-la-barquera-una-estampa.html 

Comillas, como San Vicente de la Barquera, Cóbreces o Santillana del Mar, pertenece desde hace tiempo a mi geografía sentimental. Se quedó grabada en mí desde aquella primera visita y, desde entonces, forma parte de mis afectos. Hay lugares a los que uno regresa porque sabe que nunca serán exactamente los mismos. El viajero vuelve para contemplarlos bajo otras estaciones, otras luces, otras sombras; vuelve porque desea comprobar cómo el tiempo modifica aquello que parecía inmutable y cómo él mismo ha cambiado mientras tanto. 

Palacio de Sobrellano


https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html
 Esta vez Comillas me aguarda envuelta en una claridad fragante, en una luz de acuario que transforma jardines y fachadas en materia de ensueño. Pienso entonces en los versos de Rosa de Sanatorio, de Valle-Inclán, que permanecen alojados en algún rincón de mi memoria gracias a la voz radiofónica de José Luis Moreno-Ruiz, cántabro de origen y amigo inolvidable. Tal vez por eso la villa adquiere una cualidad hipnótica, como si flotara entre la realidad y el recuerdo. https://cuenya.blogspot.com/2010/01/jose-luis-moreno-ruiz-y-su-rosa-de.html 

El Capricho

Paseo por el entorno del palacio de Sobrellano, con su elegancia neogótica, y por los jardines donde se halla el Capricho de Gaudí. Sus formas me transportan, de manera inesperada, a las chimeneas de las hadas del valle de Göreme, en Capadocia, que contemplé tiempo atrás. Entonces podía visitarse sin dificultad el Capricho. Ahora incluso se forman colas para entrar. O directamente la entrada es para otro momento del día. El viaje está hecho de estas misteriosas correspondencias, en el sentido de que un rincón del Cantábrico puede abrir una puerta hacia Anatolia; y una torre puede despertar el eco de una montaña remota. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/gaudi-en-el-bierzo-en-astorga-en-leon.html 

Después me interno en el casco histórico y me detengo junto a la fuente de los Tres Caños, obra de Domènech i Montaner. Su estructura recuerda un candelabro barroco cubierto de motivos vegetales, una presencia luminosa que parece surgir del corazón mismo de la villa. La huella de Domènech i Montaner aparece en numerosos rincones de Comillas: en la ampliación del cementerio, en el monumento al marqués y en la segunda fase del proyecto de la antigua Universidad Pontificia. 

Continúo el recorrido por esta villa y, en la distancia, se me aparece, es un decir, el marqués de Comillas, cuyo monumento, elevado sobre una loma, nos muestra a este mecenas avistando el mar, como si esperase un barco. Fue emigrante, cruzó el océano rumbo a Cuba y regresó convertido en uno de los hombres más ricos de España. 

Su fortuna quedó inscrita en la piedra de la villa, en sus palacios, monumentos e instituciones, como el antiguo edificio de la Universidad de Comillas, entre otros. Pero más allá de la piedra permanece la historia humana, la del hombre que partió y regresó transformado. 

Fuente Tres Caños

El Cantábrico se extiende ante mí con esa mezcla de serenidad y amenaza que siempre lo caracteriza. Disfruto del puerto. A continuación, me dirijo hacia el viejo cementerio gótico. En la senda encuentro el faro y las grandes letras que anuncian el nombre de la villa. Más allá, el Cantábrico abre su horizonte de espuma. Por fin, llego al lugar de reposo. Allí, dominándolo todo desde lo alto, el Ángel Exterminador se eleva en un perpetuo éxtasis de piedra frente al horizonte marino. Contemplo su silueta recortada contra el cielo y no puedo evitar el recuerdo de la película de Buñuel https://cuenya.blogspot.com/2018/12/el-angel-exterminador-de-bunuel.html, que nos habla de un encierro, y por supuesto rememoro la canción de Jorge Martínez, el líder de la banda Ilegales. A Jorge Martínez https://cuenya.blogspot.com/2010/10/ilegales-en-la-sala-la-vaca-de.html le dedico estas líneas, como quien arroja una botella al mar de la memoria. 

Hay cementerios que parecen haber sido construidos para conversar con el mar, como si en ellos los muertos siguieran hablándoles a los vivos, al modo de los personajes del escritor mexicano Rulfo https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html 

Cementerio de Comillas

El camposanto de Comillas es uno de ellos. En este viaje me ocurre algo parecido a lo que ya me sucedió en otra ocasión. No porque vuelva a encontrarme por azar con la actriz Aitana Sánchez-Gijón en esta villa cántabra, sino porque, una vez más, me detengo a contemplar las tumbas. La muerte siempre está ahí. Y esa contemplación me traslada al cementerio de Luarca, suspendido como el de Comillas también sobre el mar, donde reposan el Nobel Severo Ochoa y el oscarizado Gil Parrondo. https://cuenya.blogspot.com/2019/07/de-tapia-luarca.html Y junto a esos recuerdos aparece otro nombre, el de José Luis Moreno-Ruiz. Pienso en Moreno-Ruiz con afecto, al igual que lo hago con el director artístico Gil Parrondo y sus visitas ya remotas a la Escuela de Cine de Ponferrada, en una época que ahora me parece lejana y radiante, como si perteneciera a otra vida. 

También en esta ocasión, como me sucediera en otro tiempo, el cementerio de Comillas me conduce inevitablemente al de Santa Mariña de Cambados https://cuenya.blogspot.com/2009/12/cada-vino-reclama-su-sacramento.html, donde descansan la actriz leonesa Josefina Blanco Tejerina, la mujer de Valle-Inclán, y uno de los hijos de ambos. https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html 

Los lugares se enlazan unos con otros mediante hilos invisibles. Un paisaje convoca a otro; un pasado despierta otro pasado. 

Cuando abandono el camposanto, tengo la sensación de haber recorrido mucho más que una villa junto al mar. Dejo atrás Comillas rumbo a San Vicente de la Barquera, donde comenzó esta travesía cántabra, entonces comprendo que el verdadero viaje no ha transcurrido sólo por calles, plazas y miradores, entre otros espacios, sino que ha sucedido en esa región incierta donde conviven la memoria, la literatura y los afectos. Los edificios, los jardines, los cementerios y el mar no han sido más que señales dispersas. El verdadero mapa permanece en otra parte: en esa geografía invisible donde los lugares sobreviven mezclados con los libros, los recuerdos y los nombres de quienes ya no están. Un mapa que nunca termina de dibujarse porque está hecho de tiempo, de tiempo y cariño.