| Universidad Pontificia |
Desde el mirador de la Corneja alcanzo a ver un trozo del antiguo edificio de la Universidad Pontificia de Comillas. Apenas una parte, y sin embargo la distancia parece abolirse. Como ocurre en ciertos sueños, tengo la extraña impresión de encontrarme frente a su fachada, a escasos metros de ella. La sensación es irreal y, al mismo tiempo, insólitamente placentera. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/del-mirador-de-la-corneja-comillas-y-el.html
| Al fondo el palacio de Sobrellano |
Transcurrido un tiempo que no logro descifrar, la antigua construcción de ladrillo rojo se alza sobre una colina. Finalmente decido subir. Antes, sin embargo, pido permiso al guarda que parece custodiar la entrada. Conviene pedir permiso; nunca se sabe qué presencias habitan ciertos lugares. Permiso concedido. Eso sí, no hay que pisar el césped, sino seguir la vereda marcada, según me señala un hombre encargado del cuidado de los jardines. Prosigo por el camino señalado porque me apetece recrearme de cerca en la arquitectura de la susodicha universidad, con su imponente estilo neogótico-mudéjar y su rica ornamentación modernista catalana.
| Al fondo el cabo de Oyambre |
Desde la colina, impregnada de un aroma a eucalipto mentolado, las vistas resultan formidables al mar Cantábrico así como al mirador de la Corneja y al cabo de Oyambre. Asimismo, el visitante puede gozar de panorámicas a la villa, con el palacio de Sobrellano enmarcado en un verdor exótico. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/san-vicente-de-la-barquera-una-estampa.html
Comillas, como San Vicente de la Barquera, Cóbreces o Santillana del Mar, pertenece desde hace tiempo a mi geografía sentimental. Se quedó grabada en mí desde aquella primera visita y, desde entonces, forma parte de mis afectos. Hay lugares a los que uno regresa porque sabe que nunca serán exactamente los mismos. El viajero vuelve para contemplarlos bajo otras estaciones, otras luces, otras sombras; vuelve porque desea comprobar cómo el tiempo modifica aquello que parecía inmutable y cómo él mismo ha cambiado mientras tanto.
| Palacio de Sobrellano |
https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html Esta vez Comillas me aguarda envuelta en una claridad fragante, en una luz de acuario que transforma jardines y fachadas en materia de ensueño. Pienso entonces en los versos de Rosa de Sanatorio, de Valle-Inclán, que permanecen alojados en algún rincón de mi memoria gracias a la voz radiofónica de José Luis Moreno-Ruiz, cántabro de origen y amigo inolvidable. Tal vez por eso la villa adquiere una cualidad hipnótica, como si flotara entre la realidad y el recuerdo. https://cuenya.blogspot.com/2010/01/jose-luis-moreno-ruiz-y-su-rosa-de.html
| El Capricho |
Paseo por el entorno del palacio de Sobrellano, con su elegancia neogótica, y por los jardines donde se halla el Capricho de Gaudí. Sus formas me transportan, de manera inesperada, a las chimeneas de las hadas del valle de Göreme, en Capadocia, que contemplé tiempo atrás. Entonces podía visitarse sin dificultad el Capricho. Ahora incluso se forman colas para entrar. O directamente la entrada es para otro momento del día. El viaje está hecho de estas misteriosas correspondencias, en el sentido de que un rincón del Cantábrico puede abrir una puerta hacia Anatolia; y una torre puede despertar el eco de una montaña remota. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/gaudi-en-el-bierzo-en-astorga-en-leon.html
Después me interno en el casco histórico y me detengo junto a la fuente de los Tres Caños, obra de Domènech i Montaner. Su estructura recuerda un candelabro barroco cubierto de motivos vegetales, una presencia luminosa que parece surgir del corazón mismo de la villa. La huella de Domènech i Montaner aparece en numerosos rincones de Comillas: en la ampliación del cementerio, en el monumento al marqués y en la segunda fase del proyecto de la antigua Universidad Pontificia.
Continúo el recorrido por esta villa y, en la distancia, se me aparece, es un decir, el marqués de Comillas, cuyo monumento, elevado sobre una loma, nos muestra a este mecenas avistando el mar, como si esperase un barco. Fue emigrante, cruzó el océano rumbo a Cuba y regresó convertido en uno de los hombres más ricos de España.
Su fortuna quedó inscrita en la piedra de la villa, en sus palacios, monumentos e instituciones, como el antiguo edificio de la Universidad de Comillas, entre otros. Pero más allá de la piedra permanece la historia humana, la del hombre que partió y regresó transformado.
| Fuente Tres Caños |
El Cantábrico se extiende ante mí con esa mezcla de serenidad y amenaza que siempre lo caracteriza. Disfruto del puerto. A continuación, me dirijo hacia el viejo cementerio gótico. En la senda encuentro el faro y las grandes letras que anuncian el nombre de la villa. Más allá, el Cantábrico abre su horizonte de espuma. Por fin, llego al lugar de reposo. Allí, dominándolo todo desde lo alto, el Ángel Exterminador se eleva en un perpetuo éxtasis de piedra frente al horizonte marino. Contemplo su silueta recortada contra el cielo y no puedo evitar el recuerdo de la película de Buñuel https://cuenya.blogspot.com/2018/12/el-angel-exterminador-de-bunuel.html, que nos habla de un encierro, y por supuesto rememoro la canción de Jorge Martínez, el líder de la banda Ilegales. A Jorge Martínez https://cuenya.blogspot.com/2010/10/ilegales-en-la-sala-la-vaca-de.html le dedico estas líneas, como quien arroja una botella al mar de la memoria.
Hay cementerios que parecen haber sido construidos para conversar con el mar, como si en ellos los muertos siguieran hablándoles a los vivos, al modo de los personajes del escritor mexicano Rulfo https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html
| Cementerio de Comillas |
El camposanto de Comillas es uno de ellos. En este viaje me ocurre algo parecido a lo que ya me sucedió en otra ocasión. No porque vuelva a encontrarme por azar con la actriz Aitana Sánchez-Gijón en esta villa cántabra, sino porque, una vez más, me detengo a contemplar las tumbas. La muerte siempre está ahí. Y esa contemplación me traslada al cementerio de Luarca, suspendido como el de Comillas también sobre el mar, donde reposan el Nobel Severo Ochoa y el oscarizado Gil Parrondo. https://cuenya.blogspot.com/2019/07/de-tapia-luarca.html Y junto a esos recuerdos aparece otro nombre, el de José Luis Moreno-Ruiz. Pienso en Moreno-Ruiz con afecto, al igual que lo hago con el director artístico Gil Parrondo y sus visitas ya remotas a la Escuela de Cine de Ponferrada, en una época que ahora me parece lejana y radiante, como si perteneciera a otra vida.
También en esta ocasión, como me sucediera en otro tiempo, el cementerio de Comillas me conduce inevitablemente al de Santa Mariña de Cambados https://cuenya.blogspot.com/2009/12/cada-vino-reclama-su-sacramento.html, donde descansan la actriz leonesa Josefina Blanco Tejerina, la mujer de Valle-Inclán, y uno de los hijos de ambos. https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html
Los lugares se enlazan unos con otros mediante hilos invisibles. Un paisaje convoca a otro; un pasado despierta otro pasado.




