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martes, 28 de julio de 2026

Deep Purple en Vigo, entre la memoria y el asombro

Cuando era un rapacín escuchaba a Deep Purple con verdadera devoción. Lo hacía, a menudo, en compañía de buenos amigos de mi pueblo, en el útero de Gistredo, como me gusta llamarlo. Amigos que, por fortuna, siguen siéndolo hoy, porque la amistad es un bien preciado, una rosa que florece espléndida en algún huerto o jardín epicúreo. 

Puerto de Vigo

¿Quién me iba a decir que, transcurridos tantos años, casi una vida entera, tendría la oportunidad de ver y escuchar en directo a esta mítica banda de rock? La vida, en ocasiones, reserva agradables sorpresas.

En cuanto supe que Deep Purple actuaba en el auditorio de Castrelos, en Vigo —donde años atrás asistí a un inolvidable concierto del genial Leonard Cohen—, no dudé en acudir. Además, tras el concierto me esperaba el Encontro de Poetas de O Barco de Valdeorras, al que ya me he referido en este mismo blog. 

Auditorio de Castrelos

Vigo es una ciudad que siempre me ha fascinado, incluso antes de conocerla. Mi padre embarcó allí rumbo a Brasil en la década de los cincuenta del siglo pasado y, años después, en los ochenta, la ciudad vio nacer grupos musicales tan emblemáticos como Siniestro Total o Golpes Bajos.


El concierto de Deep Purple, celebrado el pasado 2 de julio en el emblemático auditorio al aire libre de Castrelos, coincidía con un partido de España del Mundial de fútbol. Pudimos seguirlo en una gran pantalla hasta que dio comienzo la actuación, presentada por el siempre carismático alcalde de Vigo, Abel Caballero, todo un fenómeno. 

Deep Purple en Castrelos


El concierto me entusiasmó. Nunca es tarde si la dicha es buena. Escuchar en directo clásicos como Smoke on the Water o Highway Star fue un auténtico privilegio. Mientras sonaban, no pude evitar regresar mentalmente a aquellas noches en el útero de Gistredo, cuando, junto a mis amigos, escuchábamos también Child in Time mientras contemplábamos, extasiados, la infinitud del firmamento bajo noches de blanco satén. Aún hoy, ese recuerdo conserva intacta su intensidad.

La actuación de Deep Purple me llevó también a recorrer algunos de los lugares de Vigo que han dejado huella en mí, especialmente su puerto. Desde niño —cuando era un guajín, como decimos en mi tierra; en México, curiosamente, guaje puede emplearse para referirse a alguien ingenuo o algo tontorrón— sentía una profunda fascinación por las aventuras, los viajes y las grandes novelas de Julio Verne, que alimentaban mis sueños. Esa fascinación permanece viva. 

Julio Verne

En Vigo, Verne se me aparece, al menos simbólicamente, en la escultura que la ciudad le dedica frente al Club Náutico. El escritor francés, sentado sobre el lomo de un pulpo, parece seguir invitándonos a viajar con la imaginación. Resulta inevitable evocar Veinte mil leguas de viaje submarino, el Nautilus del capitán Nemo y la ría de Vigo, donde ficción y realidad terminan fundiéndose en un abrazo casi mistérico. No es casual que la ciudad le rinda este homenaje habida cuenta de que Verne la visitó en dos ocasiones a bordo de su yate. 

Desde el monte O Castro

Otro de mis lugares predilectos es el monte O Castro. Desde allí tengo la impresión de que el mundo se revela en toda su esencia. La mirada abarca la plenitud de la ría, mientras el cielo y el mar parecen confundirse en un mismo horizonte. Frente a mí, las islas Cíes emergen como un jardín edénico, un espacio donde la naturaleza parece conservar intacta su condición primigenia. Contemplar ese paisaje produce la sensación de que, por un instante, el mundo se manifiesta con toda la intensidad de su belleza y de su misterio. 

Plaza da Pedra

Al margen de estas experiencias casi místicas —o, si se prefiere, psicodélicas—, quiero agradecer a Teresa su hospitalidad en el Hostal da Pedra, situado en la plaza da Pedra, en pleno casco histórico de Vigo, así como el buen yantar de La Codorniz, ubicado a escasos metros del hostal.

Hay conciertos que terminan con el último acorde. Otros, en cambio, prolongan su eco durante años porque despiertan la memoria, reavivan los sueños de la juventud y nos recuerdan que algunas músicas forman ya parte inseparable de nuestra propia biografía. Así fue, para mí, este encuentro con Deep Purple.

martes, 7 de julio de 2026

La Curuja, con tributo a Pepín el de Olina

 Con la llegada del verano ve nuevamente la luz La Curuja, fiel a su cita semestral desde su nacimiento en el útero de Gistredo (Noceda del Bierzo). La revista, que publica un número estival y otro invernal, alcanza en esta ocasión su número 35 de la segunda época, reafirmando su compromiso con la historia, el patrimonio y la memoria de El Bierzo. 


El periodista y escritor ponferradino Toño Criado abre sus páginas con un evocador recorrido por Noceda del Bierzo, villa que durante las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo llegó a ser conocida como «la Suiza berciana», un apelativo que reflejaba el esplendor paisajístico de la localidad.

La nocedense Nanci de Paz invita al lector a recorrer el Camino de Santiago a su paso por El Bierzo. En esta primera entrega recupera, con la mirada puesta en 1976, el trazado jacobeo y las vivencias que marcaron aquella época.

Por su parte, el catedrático de la Universidad de León Alfonso Fernández-Manso nos conduce hasta Labaniego, localidad del municipio de Bembibre, para descubrir su riqueza toponímica, su paisaje y la memoria que atesora. El propio autor acompaña su trabajo con una cuidada selección de acuarelas que enriquecen este singular viaje por el Bierzo Alto.

La revista incorpora asimismo un sugerente recorrido por las cuencas altas de los ríos Boeza y Tremor, de la mano del ingeniero, periodista y politólogo Pedro Costa Morata, vinculado desde su infancia a la provincia de León, donde cursó sus primeros estudios. En este itinerario visita Igüeña y su entorno, donde fuera alcalde Laudino García, acompañado por Ismael el Rubio, en un viaje que combina la observación del paisaje con la evocación de la memoria de estas tierras. 


El número se cierra con un homenaje especialmente sentido que, como editor de La Curuja, he querido dedicar, a través de la portada y de unas páginas de la revista, a la memoria de Pepín el de Olina, querido paisano y amigo recientemente fallecido. Es un tributo nacido del afecto y del agradecimiento a quien dejó una huella imborrable entre los suyos, y que pone el broche final a una edición en la que, una vez más, La Curuja reivindica la memoria berciana como un legado vivo, compartido y esencial para comprender quiénes somos.

domingo, 5 de julio de 2026

O Barco de Valdeorras, espacio de saludables vibraciones


O Barco de Valdeorras, cuyo nombre nos embarca —nunca mejor dicho— en una nueva aventura poética, acogió ayer a un grupo de amantes de la lectura y la escritura —diz que devotos del verbo encarnado, de la literatura— con los brazos abiertos en la Casa Grande de Viloira, un espacio que irradia saludables vibraciones y que, además de poseer una magnífica solera, destaca por su extraordinaria belleza. Tanto su interior como el entorno que la rodea, de una naturaleza espléndida y refrescante, invitan al sosiego, especialmente ahora que aprieta el calor. https://cuenya.blogspot.com/2025/08/encontro-de-poetas-en-viloira-o-barco.html

La villa recibió a un grupo de poetas y narradores para recitar sus textos por segundo año consecutivo —las anteriores ediciones, al menos hasta donde uno recuerda, tuvieron lugar en la vecina A Rúa— gracias a la organización de los poetas Carmen Gago y Emilio Vega, que llevan años impulsando este Encontro Internacional de Poetas con el respaldo del Instituto de Estudios Valdeorreses. 

Participantes. Foto: cortesía de Ed

Fue un placer reencontrarme con amigos y conocidos y regresar a una tierra hermana. Ya lo he dicho en alguna ocasión: Valdeorras y El Bierzo comparten profundas similitudes, tanto por su paisaje como por su paisanaje, unidos además por un Sil dorado y poético que los atraviesa. Un río que fluye también por nuestras venas con su sangre ancestral. 


Más allá del recital, resulta maravilloso conversar con las poetas y los poetas al amor de unas viandas regadas con los excelentes vinos de la comarca, en la plaza donde se alza la solariega Casa Grande de Viloira, un rincón con encanto en el corazón mismo de O Barco de Valdeorras. 

Foto: cortesía de Ed

Allí estuvieron colegas del Bierzo y de Galicia como Marisa, Mayela, Manoli, Ana, Ana María, Elfa, Mari Carmen, Elba, Edith, Nidia, Roberto, Ruy, Amador, Manuel Ángel y Manuel, entre otros. La música de la rondalla Sones del Cúa, de Cacabelos, puso la banda sonora del encuentro y me recordó, cómo no, al amigo escritor Fermín López Costero https://cuenya.blogspot.com/2018/08/la-luz-magica-de-fermin-lopez-costero.html, natural de esta localidad berciana, que continúa presente en la memoria de quienes lo conocimos pese a su fallecimiento hace ya algunos años.

También disfruté de un paseo por el Malecón, a orillas del Sil. Su nombre me lleva inevitablemente a pensar en el Malecón de La Habana https://cuenya.blogspot.com/2023/07/habana-habanita-por-ti-me-muero.html; qué curiosos vericuetos recorre la imaginación. Y, por supuesto, me encantó volver a la singular plaza Mayor, de planta triangular, presidida por la llamativa casa roja del casino y unida a la iglesia de San Mauro. Es, además, el centro neurálgico del casco antiguo de la villa y un lugar emblemático del Camino de Invierno. 


Volveremos, como las golondrinas becquerianas, si la vida nos lo permite. Porque la vida, bien lo sabemos, amiga Nidia, constituye un milagro en términos filosóficos. Mientras tanto, seguiremos fluyendo como lo hace el Sil desde sus fuentes, en La Cueta, el pueblo más alto del Parque Natural de Babia y Luna, en la provincia de León, hasta su desembocadura en Os Peares, en la provincia de Ourense, donde se abraza con el Miño para ensanchar su caudal de vida.

Plaza Mayor de O Barco

Esa confluencia, de una belleza sobrecogedora, nos recuerda que también nosotros somos el resultado de los encuentros. https://cuenya.blogspot.com/2011/01/valdeorras.html

El ser y el paisaje fundidos en un mismo amor. Y la poesía, como seguramente diría Antonio Gamoneda, solo es verdadera cuando contiene vida.