Vistas de página en total

sábado, 6 de junio de 2026

Astorga arriera, chocolatera, poética y neogótica

Entre Astorga y el monte Teleno, que es todo un icono de la zona, se halla la Maragatería en el sureste de la provincia leonesa. 


Astorga, la ciudad de los curas, los militares y las mantecadas, como me dijera un profesor en la Universidad de Oviedo, es tierra familiar, que merecería una visita sólo por Gaudí y la familia Panero, sobre todo para quienes amamos tanto la obra del genial arquitecto catalán como la literatura y las andanzas de los Panero. Además, me apasiona la historia de los muleros o arrieros maragatos, por quienes siento fascinación desde que soy consciente, los cuales transportaban mercancías desde el mar gallego a la capital de España. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/gaudi-en-el-bierzo-en-astorga-en-leon.html

Algunos historiadores creen que los maragatos descienden de musulmanes asentados en la zona, algo que resulta discutible, y que el apelativo maragato deriva del latín mericator o mercator, lo sería en todo caso una hipótesis sobre la que no existe consenso definitivo.  Otros, acaso más chistositos, aseguran que el nombre surgió porque transportaban pescado y marisco desde Galicia hasta Madrid, conocida como la ciudad de los gatos. "Casi todo el comercio de una mitad de España está en manos de los maragatos”, llegó a escribir George Borrow (Jorgito el Inglés) en La Biblia en España (1837). 


Por su parte, la escritora cántabra Concha Espina, en su novela La esfinge maragata (1914), nos habla de cómo vivían las mujeres maragatas, que eran unas auténticas luchadoras mientras que sus maridos, exentos del pago de algunos impuestos, incluso obsequiados con títulos de hidalguía, viajaban ayudados de carros tirados por mulas para transportar mercancías. Esta hidalguía queda reflejada en las antiguas casas de piedra, con escudos y pocas ventanas, patios interiores similares a las corralas madrileñas y puertas para la entrada de carros. 

La escritora Concha Espina cuenta con un busto-relieve en la localidad de Castrillo de los Polvazares, que queda a unos seis kilómetros al oeste de Astorga, un enclave extraordinario de arquitectura popular. En sus calles empedradas se alinean casas agrícolas y arrieras, con sus grandes puertas carretales y patios interiores donde se ubicaban los almacenes, cuadras y viviendas de los propietarios. Hoy, Castrillo es una cita ineludible por la gastronomía, pues existe un buen número de restaurantes, entre ellos Cuca La Vaina o Casa Maruja, donde el cocido maragato es la estrella. https://cuenya.blogspot.com/2024/12/casa-maruja-el-templo-del-cocido.html 

Castrillo de los Polvazares

Los arrieros maragatos participaron de forma destacada en la colonización y desarrollo de Carmen de Patagones en Argentina, así como de otras poblaciones de la Patagonia cuyos habitantes reciben el gentilicio de maragatos. De hecho, existe un hermanamiento histórico y cultural entre Astorga y Carmen de Patagones precisamente por esa herencia maragata. https://cuenya.blogspot.com/2016/05/desde-astorga-buenos-aires-violeta.html

En cuanto a la vestimenta, existen paralelismos llamativos entre los arrieros maragatos y los gauchos con el uso de prendas amplias, cinturones anchos, botas o polainas adaptadas al trabajo a caballo, ponchos o capas de abrigo y una fuerte cultura ecuestre. Parecidos que se deben también en parte a que ambos grupos desarrollaron formas de vida ganaderas y de transporte terrestre en espacios abiertos. Además, muchos colonos españoles, incluidos los maragatos, participaron en la formación de esta sociedad patagónica.


Maragatos y gauchos encarnan un mismo ideal de viajero que recorre vastos espaciosExiste una novela gauchesca titulada Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, cuyo protagonista puede recordar al viejo arriero maragato, y cuya forma de hablar puede evocar, salvando las distancias, ciertos arcaísmos y giros rurales que también pervivieron durante largo tiempo en el habla tradicional maragata. https://cuenya.blogspot.com/2015/12/me-fui-como-quien-se-desangra.html

Recientemente he tenido la ocasión, y las ganas -todo hay que decirlo-, de darme una vuelta por Asturica Augusta, cuyo nombre hace referencia tanto al pueblo prerromano que habitaba gran parte del noroeste de la península ibérica (Asturica) como al título honorífico asociado al emperador Augusto (Augusta), una ciudad nacida como campamento militar romano, que se convirtió en un importante centro administrativo de las explotaciones auríferas del noroeste hispano, especialmente las de Las Médulas, en el Bierzo.


No en vano, 
de la Astorga romana se conservan buena parte de las murallas y la Ergástula —galería abovedada y uno de los restos monumentales del foro— que alberga el Museo Romano. En el subsuelo de esta pequeña ciudad, de poco más de 10.000 habitantes, se hallan restos de termas, basílicas, incluido el foro... Hasta conserva las cloacas romanas (ahora que tanto se habla en política de cloacas... santo dios).

Astorga es por lo demás tierra de peregrinos -con un monumento al peregrino cargado con su equipaje y en posición de marcha, situado delante del albergue público-, un cruce de caminos y la etapa final de la Vía de la Plata, una de las rutas del Camino de Santiago más antiguas y con mayor riqueza histórica, que une el sur y el norte de España.

Monumento al peregrino

De su pasado y/o presente clerical -es una de las diócesis más extensas y antiguas de España-, se conserva el edificio del Seminario -donde estudiaron, entre otros, el arzobispo Antolín López Peláez, que era originario vía paterna de Noceda del Bierzo, donde vivió de niño, el europarlamentario Pepe Álvarez de Paz https://cuenya.blogspot.com/2018/07/la-fragua-literaria-leonesa-pepe.html, que también era de Noceda del Bierzo y el gran Javier R. Sotuela-. El propio Sotuela, que era buen amigo de Pepe Álvarez de Paz https://cuenya.blogspot.com/2019/02/la-curuja-homenaje-pepe-alvarez-de-paz.html, me cuenta que el seminario era horrible, con una mentalidad chivata. https://cuenya.blogspot.com/2016/01/javier-rodriguez-sotuela.html

Del pasado y/o presente militar queda el cuartel de Santocildes.

 En cuanto a la gastronomía, siguen siendo las mantecadas un dulce típico, a las que habría que sumar los merles, los hojaldres de miel y el chocolate, que siempre vienen de maravilla para abrir boca. Sí, Astorga también es conocida por el chocolate, además de otros productos como el famoso cocido (donde el primer plato son las carnes y el último la sopa, bueno, el postre de natillas), o el congrio al ajo arriero, sin olvidarnos de la cecina de vacuno, que es una delicia. 

Se dice que El restaurante La peseta, donde hace añares el plato costaba precisamente una peseta, así como la Casa Maragata o Las termas son restaurantes donde se yanta buen cocido maragato.  


La leyenda también asegura, aunque resulte difícil de documentar desde un punto de vista histórico, que el chocolate, originario de México lindo, llegó a Astorga porque una hija de Hernán Cortés se prometió con el marqués de Astorga. Según el catastro del marqués de la Ensenada, en el siglo XVIII Astorga ya tenía ocho artesanos chocolateros. En los inicios del siglo XX hubo cerca de 50 fábricas de chocolate. Hoy quedan cinco en Astorga y La comarca. El chocolate Santocildes es muy apreciado. La ciudad posee asimismo un Museo del Chocolate albergado en un palacete modernista que, por su colorido, podría confundirse, al decir de algunos, con La casita de chocolate de Hansel y Gretel. Asimismo, la confitería Alonso, que se halla en la plaza de Santocildes, próxima a la Plaza Mayor, al ayuntamiento y al Palacio episcopal de Gaudíestá especializada en chocolates y dulces típicos de la zona. 

Casa de Granell

En mi recorrido por esta Astorga chocolatera me llamó la atención la casa de Granell, construida por un arquitecto influenciado por Gaudí y perteneciente a José Granell, un importante chocolatero de la época. Su maravilloso torreón modernista me hace pensar en la obra de Gaudí, que dejó su impronta en el palacio episcopal, un edificio neogótico singular que da la impresión de que fuera al mismo tiempo un castillo, una residencia señorial y un templo, que alberga el museo de los caminos. De un modo inevitable, me viene a la mente Aproximaciones a Gaudí en Capadocia, del escritor y Premio Cervantes Juan Goytisolo, que sostiene la tesis de que Gaudí pudo inspirarse en la Capadocia (Turquía) y en las rocas fungiformes y chimeneas de hadas de esta zona -el valle de Göreme- para su arquitectura, utilizando formas orgánicas y estructuras que imitan patrones naturales. https://cuenya.blogspot.com/2009/11/juan-goytisolo-exiliado-de-aqui-y-de.html

Tanto Gaudí en lo arquitectónico como los Panero en lo literario representan dos de los grandes polos culturales de Astorga. Cercana al palacio de Gaudí (y por supuesto a la catedral) se encuentra la casa Panero, donde tuve la ocasión de presentar mi libro Del agua y del tiempo, de la mano del periodista y escritor Tomás Álvarez. 


https://cuenya.blogspot.com/2020/02/del-agua-y-del-tiempo-en-astorga-por.html Un espacio emblemático, la casa familiar del poeta Leopoldo Panero, su mujer Felicidad Blanc y sus hijos Juan Luis, Leopoldo María y Michi. https://cuenya.blogspot.com/2021/04/astorga-desde-las-entranas.html

Me sobrecoge ver El desencanto (1976), un documental de Chávarri sobre esta familia desestructurada, "maldita", como algunos han señalado, con un padre cuya figura aparece asociada en los testimonios familiares al alcoholismo y al maltrato (Leopoldo Panero) y una madre sufridora, víctima de los abusos (Felicidad Blanc), a la que su hijo Leopoldo María le reprocha que a él no lo protegiera como es debido. Este documental muestra los testimonios de la familia tras la muerte de Leopoldo Panero. https://cuenya.blogspot.com/2013/02/el-desencanto.html

Felicidad Blanc, escritora y traductora, llegó a publicar una autobiografía titulada Espejo de sombras; por su parte, Juan Luis también publicó, entre otras, La memoria y la muerte, donde se recoge su obra poética. 


Respecto a 
Leopoldo María, sobre el que he escrito https://cuenya.blogspot.com/2011/05/a-leopoldo-maria-panero.html, fue un poeta importante incluido entre los Novísimos. 

Por último, Michi no publicó nada en vida pero en 2017 Javier Mendoza, hijo de la exmujer de Michi, editó una obra con relatos inéditos sobre el hijo pequeño de la familia Panero. 

Casi veinte años después de El desencanto (1976), tras la muerte de Felicidad Blanc, el cineasta Ricardo Franco filmó Después de tantos años (1994), donde reúne de nuevo a Juan Luis, Leopoldo María y Michi

Cabe recordar asimismo que los hermanos Panero, Juan, que falleció muy joven a resultas de un accidente de tráfico, y Leopoldo, además de Ricardo Gullón, Luis Alonso Luengo, incluso Eugenio de Nora, figuran como integrantes de la Escuela de Astorga, denominación propuesta por el poeta Gerardo Diego, perteneciente a la Generación del 27. https://cuenya.blogspot.com/2014/03/palabras-para-astorga.html

En esta visita a Astorga me encuentro con la casa Panero cerrada a cal y canto, pero me recreo en su jardín, en su fachada, fantaseando con un espacio habitado por la familia, donde incluso puedo platicar con Felicidad Blanc, cuya reflexión sobre su propia vida me hace repensar el mundo en que vivimos en la actualidad. 

Mientras abandono la ciudad, pienso que quizá Astorga siga siendo, como en tiempos de los viejos arrieros, con la montaña sagrada del Teleno vigilante, una tierra de caminos, tanto reales como imaginarios.

miércoles, 3 de junio de 2026

Maspalomas

Ayer martes veíamos, en cines La Dehesa de Ponferrada, Maspalomas (2025), una película escrita por el cineasta vasco José Mari Goenaga y codirigida junto a Aitor Arregi, que parte de una realidad dolorosa y escasamente representada en el cine: la de un hombre homosexual de 76 años que, después de haber vivido durante décadas con libertad su identidad sexual, se ve obligado a ocultarla al ingresar en una residencia de ancianos. 

La estructura dramática de la película se articula en torno a dos momentos contrapuestos. En la primera parte, Vicente disfruta de la libertad que encuentra en Maspalomas, en el sur de Gran Canaria https://cuenya.blogspot.com/2024/07/una-isla-cautivadora-gran-canaria.html, un espacio donde puede ser plenamente él mismo. Tras sufrir un ictus que lo deja gravemente afectado, regresa a San Sebastián, la ciudad que abandonó años atrás, e ingresa en una residencia. Allí deberá enfrentarse no sólo a las secuelas físicas de la enfermedad, sino también al temor de perder la identidad que tanto le costó construir. La película culmina con un proceso de reconciliación con su hija Nerea (interpretada por la actriz vasca Nagore Aranburu), con su pasado y consigo mismo. Y cierra con un aliento de esperanza, regresando al punto de partida. El último plano se me hace de una gran belleza al ritmo de La stagione dell'amore, del gurú Franco Battiato. Este último plano, al regresar simbólicamente al punto de partida, transmite una sensación de libertad recuperada y de reconciliación consigo mismo. 

La película plantea, en el contexto del comienzo de la pandemia coronavírica en 2020, una reflexión más o menos crítica sobre las residencias de ancianos (digo más o menos porque trata el tema con elegancia), instituciones que con frecuencia tienden a diluir la individualidad de quienes las habitan y que, en muchos casos, invisibilizan tanto la diversidad sexual como la propia sexualidad de las personas mayores. Resulta chocante, simpático también, el momento (en realidad en dos ocasiones) que una mujer y un hombre internos intentan satisfacer sus deseos sexuales delante de todo el mundo en la residencia. Más allá de la comicidad o la ternura que puedan despertar estos residentes, sirve para recordar algo que la sociedad suele ignorar, que las personas de edad avanzada siguen teniendo deseos, afectos y necesidades emocionales y sexuales.

Vicente está interpretado de manera extraordinaria por José Ramón Soroiz, galardonado con la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y con el Goya al mejor actor protagonista. Su personaje es un hombre que ha encontrado en Maspalomas un espacio de libertad, deseo y plenitud vital. Sin embargo, el ictus lo obliga a regresar a un entorno del que había huido décadas atrás. 

Maspalomas. Foto: Cuenya

El reencuentro con su hija Nerea, interpretada con enorme sensibilidad por Nagore Aranburu, constituye uno de los núcleos emocionales de la película. La relación entre ambos quedó marcada por la ruptura que provocó la confesión de la homosexualidad de Vicente en un contexto profundamente conservador. A partir de ese reencuentro, la película explora las heridas del pasado y las dificultades de reconstruir los vínculos familiares.

Maspalomas comparte ciertos elementos temáticos con La trinchera infinita, también codirigida por Goenaga y Arregi. Ambas obras abordan distintas formas de encierro, en la primera, el confinamiento físico derivado de la Guerra Civil; en la segunda, un confinamiento psicológico y emocional que obliga al protagonista a esconder nuevamente quién es.

La dirección apuesta por un estilo sobrio y humanista, centrado en los personajes y sus conflictos emocionales. Los silencios, las miradas y los pequeños gestos cotidianos adquieren una importancia fundamental, sobre todo en la figura de Vicente. La cámara acompaña a los personajes mediante encuadres estables, movimientos discretos y una observación cercana de los rostros, construyendo un relato de gran intimidad emocional.

Las interpretaciones constituyen uno de los mayores logros de esta película, que está narrada fundamentalmente desde el punto de vista de Vicente, el cual aparece en casi todas las escenas y atraviesa un amplio arco emocional, de la libertad y el deseo a la enfermedad, la vergüenza, la dependencia y la reconciliación. Soroiz compone un personaje complejo, vulnerable y contradictorio, cuya lucha interior se convierte en el eje de toda la narración.

Por su parte, Nagore Aranburu ofrece un retrato lleno de matices de una hija herida por el pasado, capaz de expresar simultáneamente enfado, afecto y necesidad de reconciliación. Muchas de las escenas más intensas de la película surgen precisamente de la interacción contenida entre ambos intérpretes. Cabe recordar que la portentosa actriz Nagore Aranburu también sobresale en la miniserie de televisión Querer y en la película Los domingos (Goya a la mejor actriz de reparto), ambas dirigidas por la excelente Alauda Ruiz de Azúahttps://cuenya.blogspot.com/2026/03/los-domingos-de-ruiz-de-azua-en-cines.html

Asimismo, el actor vasco Kandido Uranga, en el papel de Xanti y compañero de habitación de Vicente en la residencia, compone un personaje vitalista, extravertido y profundamente humano, que aporta calidez y una forma distinta de afrontar la vejez. Frente a la tendencia de Vicente al aislamiento, Xanti encarna la sociabilidad, el humor y la capacidad de establecer vínculos dentro de la residencia. La amistad fraternal que surge entre ambos constituye uno de los grandes aciertos emocionales de la película. 

Otro personaje destacable, interpretado por el actor vasco Kepa Errasti, es Iñaki, el auxiliar o enfermero de la residencia que cuida a Vicente. Más que un simple cuidador, Iñaki influye directamente en la evolución emocional de Vicente, porque lo ayuda a cuestionar sus propios prejuicios, le ofrece apoyo emocional y contribuye a que reflexione sobre si merece la pena seguir escondiendo su homosexualidad en la última etapa de su vida. La presencia cercana, empática y abierta de Iñaki también aporta calidez y esperanza. Dentro de la historia funciona como un contrapunto al miedo y la represión que siente Vicente al volver a ocultar su homosexualidad. Mientras Vicente se encierra en sí mismo, Iñaki representa la posibilidad de vivir con autenticidad y naturalidad. 

Entre los personajes secundarios también destacaría a Ramón, interpretado por el actor vasco Zorion Eguileor (conocido por series como Cuéntame cómo pasó y La que se avecina), que se me antoja significativo en la trama como amigo de Vicente en Maspalomas, así como la psicóloga de la residencia (encarnada por la actriz vasca Miren Gaztañaga), quien, aunque aparece en un par de ocasiones, creo recordar, cumple una función importante. Actúa con empatía, realismo y reflexión acerca de la homosexualidad de Vicente, que él mismo le confiesa. La psicóloga, como mediadora y representante de la residencia, nos invita a reflexionar acerca de cómo la libertad personal también se enfrenta a los límites sociales y a las dinámicas propias de la residencia. La libertad, en todo caso, está condicionada por el entorno en que vivimos. 

El diseño de producción, a cargo de Mikel Serrano, construye visualmente dos mundos contrapuestos. La primera parte, ambientada en Maspalomas, se caracteriza por una luz natural intensa, tonos cálidos y espacios abiertos: playas, dunas, terrazas y piscinas que evocan libertad, deseo y plenitud. Tras el ictus, la película se traslada a San Sebastián y a la residencia, donde predominan los interiores cerrados, pasillos largos, habitaciones pequeñas y una paleta de colores fríos y neutros. La residencia simboliza la uniformización y la pérdida de individualidad. Sin embargo, se evita convertir esta oposición en una caricatura y se muestran matices en ambos mundos. La película consigue que la oposición entre ambos espacios no sea una simple confrontación entre libertad y encierro, sino una reflexión más compleja sobre cómo la identidad personal depende también de los lugares, las miradas y las relaciones que nos rodean. En ese sentido, Maspalomas habla tanto de la homosexualidad y la vejez como de la necesidad universal de ser reconocido y aceptado tal como uno es.

La fotografía de Javier Agirre Erauso refuerza esta oposición visual. La luminosidad de Maspalomas contrasta con una atmósfera más fría de la residencia, traduciendo en imágenes el conflicto interior de Vicente. De este modo, la tensión entre libertad y ocultamiento se convierte también en una tensión visual.

La banda sonora está compuesta por Aránzazu Calleja. Durante la primera media hora asistimos a música diegética, ambiental, que nos ubica en un espacio realista. Y  a partir de ese momento interviene la compositora, que nos traslada con su música a un espacio emocional. La música acompaña el estado interior de Vicente, que está ligada a sus emociones, como si se tratara de una voz interior que acompaña el conflicto del protagonista entre mostrarse como es o volver a ocultarse. También en la banda sonora, al igual que ocurre con la fotografía, se percibe un contraste entre dos mundos, el de Maspalomas, con la música de los locales y de los ambientes, frente a la residencia, donde la música nos muestra la desubicación de Vicente, incluso amplifica su desconcierto vital. Además, la película termina con la canción La stagione dell'amore, de gurú Franco Battiatopor cuya música siento devoción. https://cuenya.blogspot.com/2011/09/battiato-guru-de-la-musica.html Una canción que fue elegida por Maialen Sarasua, la montadora de la película, aunque a la compositora de la banda sonora también le pareció significativa para el cierre de la historia porque aporta un tono emotivo y reflexivo. Y es que, más allá de una decisión técnica, esta canción encaja con la temática fílmica. 

"La stagione dell'amore viene e va,/ I desideri non invecchiano quasi mai con l'età./ Se penso a come ho speso male il mio tempo/ Che non tornerà, non ritornerà più/ La stagione dell'amore viene e va,/ All'improvviso senza accorgerti, la vivrai, ti sorprenderà...". 

("La estación del amor viene y va/ Los deseos casi nunca envejecen con la edad/ Si pienso en cómo pasé mi tiempo mal/ No volverá, no volverá/ La estación del amor viene y va/ De repente, sin darse cuenta, lo vivirás, te sorprenderá").

La idea de que los deseos no envejecen con la edad constituye, de hecho, una tesis fundamental de la película. El amor, el deseo y la necesidad de ser reconocido siguen formando parte de la identidad humana incluso en la vejez y en la dependencia. Por eso la elección de la canción no es sólo un mero acompañamiento musical, sino una auténtica síntesis poética.

Visualmente atractiva y emocionalmente conmovedora, Maspalomas es una película necesaria porque nos ayuda a reflexionar sobre la identidad, la vejez, la enfermedad, la dependencia y la libertad como uno de los bienes más valiosos del ser humano. Más allá de la historia particular de Vicente, la película nos recuerda que la dignidad y el derecho a ser uno mismo no deberían desaparecer con la edad ni quedar condicionados por la enfermedad, porque, cuando una persona se ve obligada a ocultar quién es, pierde una parte esencial de su propia existencia.

martes, 2 de junio de 2026

La Ribeira sacra

 La Ribeira Sacra, territorio que se extiende por las riberas de los ríos Cabe, Sil y Miño, entre el sur de Lugo y el norte de Ourense, me hace soñar despierto.


Sus impresionantes cañones fluviales y sus viñedos heroicos, suspendidos en pendientes vertiginosas, han modelado una cultura vitivinícola singular amparada por una Denominación de Origen. Sus miradores ofrecen panorámicas de vértigo sobre un paisaje donde naturaleza y espiritualidad se funden. Los eremitas, como ocurriera en la Tebaida berciana https://cuenya.blogspot.com/2020/10/tebaida-del-bierzo.html, que es tierra hermana, buscaron estos parajes apartados y escarpados para la meditación y el retiro espiritual, construyendo iglesias y monasterios románicos escondidos entre bosques, testigos de siglos de vida contemplativa, como el imponente monasterio benedictino de Santo Estevo de Ribas del Sil, del siglo XII, situado precisamente en un entorno boscoso sobre el río Sil, que es ahora un Parador de Turismo. 

Naturaleza y espiritualidad convergen en este espacio mítico. No es la primera vez que lo recorro, por lo que puedo dar cuenta de algunos de sus lugares más emblemáticos, como este singular monasterio, que no he visitado en esta ocasión, pero sí en otra, hace años. La verdad sea dicha, la Ribeira Sacra, como casi todo, amerita no de una sino de varias visitas. Recuerdo asimismo una de mis visitas a esta tierra con alojamiento en el balneario de Augas Santas, ubicado en Ferreira de Pantón. 


Se sabe que los romanos ya cultivaban vid en esta tierra, pero fueron los monjes medievales quienes perfeccionaron las técnicas de cultivo en bancales, en laderas imposibles, que desafían la gravedad y producen vinos excepcionales, como las variedades de Mencía (tinto) y Godello (blanco), reconocidos internacionalmente. El vino de Ribeira Sacra constituye el alma de este territorio, al que he regresado recientemente.

Esta nueva visita me ha permitido, junto al alumnado del programa interuniversitario de la Experiencia del campus de Ponferrada, embarcarme en un catamarán por el río Sil y también subirme a un trenecito de color amarillo para recorrer la zona, convertida hoy en un destacado destino enoturístico, donde la visita a una bodega resulta casi obligada, porque son muchas las bodegas que ofrecen visitas guiadas con cata, no sin antes recorrer los viñedos en bancal.


Durante la visita nos muestran el proceso de elaboración y terminamos probando sus vinos acompañados de embutidos locales. 

La guía del trenecito contaba que la Ribeira Sacra es candidata a Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por su parte, el paseo en catamarán por los cañones del Sil es otra experiencia que nadie debería perderseporque permite apreciar la magnitud de estos desfiladeros desde otra perspectiva. 

la guía del trenecito, con camiseta amarilla

En esta ocasión la embarcación salía desde el embarcadero de Doade (Sober), epicentro de la viticultura heroica, donde puede visitarse la famosa bodega Regina Viarum, que era asimismo el lugar previsto para comer.

Durante aproximadamente una hora navegamos entre paredes de roca tapizadas de vegetación, viñedos imposibles y frondosos bosques de ribera, acompañados por un guía de excepción. He de confesar que este paseo en catamarán por el Sil, al hilo de las explicaciones del guía y de la corriente de la historia, me permitió adentrarme en un paisaje de recogimiento casi místico. 

Alfonso, el guía del catamarán conversando con Encarnita

Cabe recordar que el río Sil, que nace en La Cueta (Babia), discurre por la provincia de León y serpentea entre las provincias gallegas de Lugo y Ourense. A un lado, los bosques húmedos y sombríos; al otro, las laderas soleadas donde crecen las viñas en pendientes vertiginosas, donde el río y la vid parecen compartir un mismo destino. El guía de a bordo, Alfonso, dueño de un verbo fluido e hipnótico, iba desgranando, como un libro vivo, historias y anécdotas acerca de este territorio mientras la embarcación avanzaba despacio. Ello me permitió recrearme en este paisaje de agua, bosques y viñas suspendido entre la tierra y el cielo en un día soleado, que fue sin duda una bendición, porque el rumor del agua y el aire húmedo de la ribera acabaron por envolverme en una suerte de ensimismamiento. 

El Escorial gallego

Tras abandonar los cañones del Sil, el viaje nos condujo hasta Monforte de Lemos, considerada la capital histórica de la Ribeira Sacra, donde pudimos dar un garbeo bajo un sol de justicia por su centro histórico, no sin antes echar un vistazo al colegio de los Escolapios, apodado el "Escorial gallego" por sus líneas herrerianas y considerado uno de los grandes símbolos monfortinos y una joya arquitectónica del siglo XVI.

Monforte -nombre que siempre me ha gustado- se asienta en un valle fértil entre los ríos Miño y Sil, lo que hace que a menudo este entorno esté cubierto por una densa niebla. El río Cabe, afluente del Sil, también surca el valle de Lemos y la zona de viñedos de Amandi, donde pueden apreciarse paisajes de gran belleza y biodiversidad. 

Torre del homenaje


A lo lejos se atisba el antiguo monasterio de San Vicente do Pino, un conjunto monumental flanqueado por los restos de la muralla, los cubos defensivos y la torre del homenaje del desaparecido castillo de San Vicente, desde donde se tienen espléndidas vistas al valle de Lemos. El monasterio, unido al palacio condal, forma hoy el Parador Nacional. Allí volvió a sorprenderme Angélica (Sita), la mayor del grupo. Con más de noventa años, trepaba la cuesta con la determinación y la agilidad de una leona, siguiendo las huellas de la antigua judería por la calle Zapatería hasta la colina de San Vicente. Su paso firme parecía desafiar al tiempo mientras ascendía hacia el lugar donde se levanta el Parador.

Me despido de Monforte con morriña, ese sentimiento tan galaico y tan berciano que convierte cada despedida en una promesa de regreso. Porque hay lugares que uno abandona físicamente, pero que continúan acompañándolo mucho después de la partida.

Antes de marcharme, me viene a la memoria una historia que alguna vez ya he contado. Mi padre decía que un vecino del llamado útero de Gistredo solía viajar en bicicleta hasta Monforte de Lemos en tiempos de Maricastaña. No sé cuánto había de realidad y cuánto de leyenda en aquella historia, pero cada vez que regreso a estas tierras vuelvo a escucharla como si me la estuviera contando de nuevo.