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domingo, 15 de febrero de 2026

La revista La Curuja, dedicada al patrimonio cultural y natural del Bierzo

 

Acaba de editarse el número 34, en su segunda época, de la revista La Curuja, con la imagen en la portada de Campo de Santiago, cuyo autor es Ángel Molinero, que es asimismo el creador de otras fotos que ilustran las páginas de esta edición de invierno. 

Portada de La Curuja. Foto. Ángel Molinero

En esta ocasión, la revista de Noceda del Bierzo, que se edita con el apoyo del Colectivo Cultural La Iguiada y las personas asociadas bajo la coordinación y edición de Manuel Cuenya (quien dedica un texto al Decimosexto encuentro literario en Noceda del Bierzo), cuenta con las colaboraciones de Emilio Arias Vega, que escribe sobre su infancia en Noceda, con un recuerdo especial a sus abuelos maternos; la escritora Raquel Villanueva, que nos habla de la ruta de las fuentes curativas en Noceda; el escritor Goyo Esteban Lobato, que ejerció como minero en el Bierzo Alto y rememora el largo rescate para recuperar el cuerpo del joven minero Andrés Vega en la mina Casilda de Igüeña a finales de los años noventa; el también escritor de Quintana de Fuseros Pepe Álvarez González, que nos alerta de los terribles daños que sufre nuestra naturaleza (nuestra casa madre), nuestro patrimonio natural del Bierzo Alto (del planeta en general), y por tanto estamos obligados a ser guardianes y protectores del mismo, porque no podemos prescindir de éste; Luis Segura (nacido en Quintana de Fuseros, colaborador habitual de la revista y del Encuentro literario en Noceda) nos obsequia con un relato sobre la importancia de aquellos hornos, casi en total desuso, en los que amasaban las abuelas.

Campo de Santiago. Foto. M. Cuenya


“Transcurridos los años ese niño y otros, ya mayores, en un paseo por uno de nuestros pueblos, al pasar por delante de uno de esos hornos, recordarán esos días en que las abuelas amasaban. Y valorarán más esos hornos viejos”, cuenta Luis Segura. 

Y, para finalizar el recorrido por las páginas de esta revista, la escritora de origen nocedense María Encina Rodríguez de Paz nos ofrece, con un recuerdo a la maestra y poeta Felisa Rodríguez, unas bellas pinceladas nocedenses: “… Noceda, belleza y poema de donde parten lenguas e idiomas que sentimos tan cerca…”, escribe María Encina R. de Paz.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

El diario de Noah (The notebook), de Nick Cassavetes

 Confieso, como buen feligrés, acaso del templo del cine, que no había visto El diario de Noah (The Notebook), de 2004, hasta que Victoria, que es una excelente amiga, me la recomendó hace un tiempo. 

Confieso (hoy me siento en confesión, delante del confesionario, nomás) que, durante la proyección de esta película, se me saltaron las lágrimas. Y me vinieron a la mente muchas cosas acerca de la vida, de la vida y del amor, los grandes temas universales, junto con la muerte, como nos dijera el escritor mexicano Rulfo, al que sigo leyendo encantado https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html

A lo mejor es que uno es un sensiblero y romanticón, que también puede ser. En todo caso, me encantó esta película, que no había visto antes porque quizá el título en español me hacía pensar que podría tratarse de una bobadina. 

El diario de Noah (adaptada de una novela cuyo autor es un tal Sparks) está dirigida por Nick Cassavetes, el hijo del actor y director John Cassavetes (inolvidable su papel en La semilla del diablo-Rosemary's baby, de Polanski, que he vuelto a ver recientemente https://cuenya.blogspot.com/2014/12/polanski-y-su-lunas-de-hiel.html) y la gran actriz Gena Rowlands, actriz fetiche en las películas dirigidas por John Cassavetes (véanse por ejemplo Gloria o Una mujer bajo influencia), que en esta cinta encarna al personaje de Allie, una anciana afectada de Alzheimer, puta enfermedad que tanto nos castiga y nos deja sin memoria, sin identidad. 


Hoy, día de San Valentín, me parece un buen día para reseñar este clásico del cine romántico del siglo XXI que aborda precisamente el amor, la memoria y la identidad. Desafortunadamente, la pérdida de memoria, aparte de impedirnos reconocer a los demás, nos impide reconocernos a nosotros mismos. Sin memoria no somos nadie. 

A la mente me viene asimismo otra película de culto titulada Memento, de Nolan, la cual he vuelto a ver hace poco, que nos habla de la memoria o más bien de la desmemoria (la llamada amnesia anterógrada, que impide almacenar nuevos recuerdos), la identidad, el tiempo, los recuerdos inconexos... Y lo hace con una singular estructura, a través de dos líneas temporales, a saber, una línea temporal en color contada mediante constantes saltos temporales hacia atrás y hacia adelante mostrando las causas de lo ya visto, y otra línea temporal en blanco y negro, que progresa en orden cronológico, con escenas intercaladas en la historia; al final ambas líneas temporales se unen, aunque asistimos a un giro de guion.  Dicho lo cual, retomo El diario de Noah, que se cuenta desde el presente en una residencia de ancianos, donde Noah (interpretado por James Garner) le lee a una mujer llamada Allie afectada de Alzheimer (encarnada por la actriz Gena Rowlands) una historia de amor en su cuaderno de notas (The notebook), en realidad su propia historia de amor, que nos traslada, en un flashback, a las vivencias de estos mismos personajes cuando eran dos adolescentes: Noah Calhoun (interpretado por el actor y músico canadiense Ryan Gosling) y Allie Hamilton (encarnada por la actriz canadiense Rachel McAdams, recordada también por su papel en Midnight in Paris-Medianoche en París, de Woody Allen https://cuenya.blogspot.com/2010/02/woody-allen.html), que, a pesar de vivir en dos ambientes socio-económicos diferentes -ambos se enfrentan a obstáculos sociales y familiares-, se enamoran y pasan juntos un verano inolvidable en la Carolina del Sur de los años 40, antes de ser separados por las circunstancias y fundamentalmente por la desaprobación de la familia de Allie. 

Me gusta la química que se da entre estas dos estrellas de la interpretación, cuyas actuaciones resultan conmovedoras, tanto que acabarían convirtiéndose en pareja amorosa en la vida real durante un tiempo, después de finalizado el rodaje de El diario de Noah. 

Más allá de esta apasionante, emotiva historia de amor, cuyo amor, pasión (atracción física y emocional) y complicidad perdura a lo largo del tiempo a pesar de los obstáculos (me hace recordar a El hijo de la novia, de Campanella, una película que sacude las entrañas https://cuenya.blogspot.com/2014/10/el-hijo-de-la-novia-en-tardes.html), nos muestra la importancia de disfrutar de cualquier momento, de vivir experiencias juntos, como vemos a los protagonista leyendo o paseando en bote. El diario de Noah nos ayuda asimismo a darnos cuenta de que el amor puede trascender los muros económicos y sociales, porque Noah proviene de una familia humilde mientras que Allie es de una familia acomodada. Y, aunque se separan temporalmente, ambos permanecen leales, fieles a sus sentimientos, y eso también les permite aprender y crecer como seres humanos, dándose asimismo apoyo mutuo. Una gran belleza, cuya banda sonora, de Zigman, nos sumerge en un mundo dulce y tierno. 

Noah en esta película y Nino Belvedere (Héctor Alterio) en El hijo de la novia asumen el papel de sostén emocional. Tanto uno como otro muestran su amor incondicional a su mujer (Allie en El diario de Noah y Norma -también afectada de Alzheimer- en El hijo de la novia), lo que les permite a ambas mujeres, aunque sea de un modo efímero, reconectarse de algún modo con la realidad. 


Tanto uno como otro eligen permanecer al lado de su mujer y cuidar de ella, aunque ella apenas lo reconozca. El amor, el vínculo afectivo por encima de todo, el amor en forma de lealtad, compañía, apoyo, cuidado, el cual ayuda a sostener la identidad de quienes sufren enfermedades como el Alzheimer.  

El diario de Noah (al igual que El hijo de la novia) como un retrato conmovedor de la condición humana, del amor como un valor esencial en nuestras vidas, habida cuenta de que el amor, que implica compromiso, respeto y conexión con otra persona, va más allá de la atracción o el cariño romántico y nos ayuda a ponernos en el lugar de la otra persona, mejora nuestra autoestima (amar y ser amado refuerza nuestra percepción de valía personal), contribuye al bienestar personal y social y hasta reduce la ansiedad y el estrés (asociado al cortisol, que es precisamente la hormona del estrés). 

Como también me apasiona este tema, en términos neuroquímicos (neurotransmisores, hormonas sexuales y neuropéptidos), podríamos hablar de la importancia que tienen en el amor la testosterona, los estrógenos, la dopamina, la oxitocina y la vasopresina. Pero esto daría para otra entrada en este blog. 

De momento quedémonos con esta bella historia de amor titulada El diario de Noah. Buenas noches, amor mío, eso le dice al final Noah a su amada Allie. 

Philadelphia, de Demme

 Después de tantos años, ya no recordaba Philadelphia, la película dirigida por Demme (autor de la extraordinaria El silencio de los corderos sobre un psicópata, un psiquiatra caníbal y una joven estudiante en prácticas del FBI). 

Philadelphia, filmada precisamente en esta ciudad estadounidense, es una cinta de 1993, justo un año después de la impactante película francesa Las noches salvajes (Les nuits fauves), del francés Collard.

https://cuenya.blogspot.com/2014/10/les-nuits-fauves-las-noches-salvajes.html 

Ambas obras abordan el controvertido tema del Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), que en su momento causó verdaderos estragos entre la población mundial. Varios famosos, entre ellos actores, murieron de esta enfermedad como el actor Rock Hudson, el también actor Anthony Perkins (conocido por su papel de Norman Bates en Psicosis, de Hitchcock), el cantante Freddy Mercury, el filósofo Michel Foucault, o el actor Brad Davis (conocido por su papel protagónico en El expreso de medianoche, peliculón de Alan Parker, con guion de Oliver Stone).

Huelga decir que, vistas las dos películas, sin ánimo de hacer una comparativa, Las noches salvajes se me antoja estremecedora, porque el genio Collard, que estaba afectado e infectado por el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), es el director y el protagonista de esta película. Y eso se transluce en la pantalla. Es tan creíble, tan veraz, que a uno se encoge el corazón. 

En realidad, el VIH sigue ahí, y gracias a los antirretrovirales las personas con VIH pueden llevar, por fortuna, una vida normal. Aunque en muchos países del mundo, por desgracia, muchas personas no tienen acceso a esos medicamentos, que les permitirían convivir con esta enfermedad como algo crónico. El VIH sigue mutando, en todo caso, y no conviene bajar la guardia, porque cada vez actúa con más rapidez sobre el sistema inmunitario. 


La película de Demme, encarnada por Tom Hanks (que está magnífico, ganador del premio Óscar al mejor actor), y Denzel Washington (que también hace un buen papel), se basa en hechos reales. Y nos muestra la historia de un abogado homosexual contagiado de Sida (encarnado por Hanks) que recurre a otro abogado (interpretado por Washington) para que éste pueda demandar al prestigioso bufete de abogados para el que trabaja y llevar el caso a los tribunales porque al personaje interpretado por Hanks lo despiden por ser homosexual contagiado por el VIH. Una cinta donde son abundantes los primeros planos que nos muestran las emociones de los personajes. 

Incluso en la actualidad sigue siendo un estigma que alguien esté contagiado de Sida (hasta nos dimos cuenta, sobre todo en época de pandemia coronavírica, de que eras un apestado si estabas contagiado de coronavirus). 

Ni que decir tiene que en la mayoría de los países tampoco está bien vista la homosexualidad, con lo cual se agradece que haya películas como Philadelphia y Las noches salvajes que nos inviten a reflexionar y tratar de entender el mundo en que vivimos, que sigue siendo un mundo salvaje, homofóbico, sin duda, a pesar de que algo hemos avanzado, al menos en algunas sociedades, en algunos asuntos. Aunque no todo el monte sea orégano. 

El propio abogado Miller (encarnado por el actor Washington) se nos presenta en un inicio como alguien homofóbico, aunque luego (lo que no resulta del todo creíble, o sí) acabe ayudando a su cliente Beckett (Hanks). Digo que el inicial prejuicio que Miller muestra ante Beckett podría convertirse en un acercamiento, si creemos en la posibilidad de cambio, en la empatía (la capacidad de comprender las emociones y sentimientos del otro). Qué difícil es ser empáticos, sobre todo en este mundo caníbal, qué difícil es dejar de mirarse al ombligo y centrarse en el otro desde el corazón, desde el alma. 

En el reparto, como novio de Beckett, vemos al actor Antonio Banderas (Miguel), cuyo papel, la verdad (he visto la película en versión original subtitulada), no resulta del todo convincente, aunque Banderas haya hecho papeles interesantes a lo largo de su carrera como el de Ricky en Átame (1989), de Almodóvar, entre otros.

El final de Philadelphia se me hace conmovedor, sobre todo por la interpretación de Hanks -memorable su actuación en Forrest Gump-, y la música de Neil Young, que refleja la tristeza, el dolor del protagonista. Philadelphia, de Neil Young, se ha convertido en un himno de la lucha contra el Sida y en una pieza emotiva. https://www.youtube.com/watch?v=hT-qoe0744k 


También me fascina el inicio de la película con las imágenes de la ciudad de Philadelphia, y la canción
 titulada Streets of Philadelphia, de Springsteen, el cual recibió un Óscar a la mejor canción original, que me parece una preciosidad. 

https://www.youtube.com/watch?v=QeIOtaydCyo

Estaba herido y agotado, y no podía decir lo que sentía (I was bruised and battered, I couldn't tell what I felt). Ya no me reconocía a mí mismo (I was unrecognizable to myself). Vi mi reflejo en una ventana y no reconocí mi propia cara (Saw my reflection in a window and didn't know my own face). Oh, hermano, ¿me vas a dejar consumirme (Oh, brother, are you gonna leave me wastin' away). En las calles de Filadelfia? (On the streets of Philadelphia?)... 

El músico estadounidense Bruce Springsteen ha vuelto a sonar con fuerza -nunca ha dejado de hacerlo- con la canción Streets of Minneapolis en protesta por la violencia de los agentes federales de inmigración en esta ciudad gringa, que durante el pasado mes de enero nos dejó el asesinato de los estadounidenses Alex Pretti y Renee Good. https://www.youtube.com/watch?v=GDaPdpwA4Iw

El propio compositor y cantante Springsteen grabó y lanzó esta canción como respuesta al terror estatal que se ha vivido en la ciudad de Mineápolis, que se halla a ambas orillas del río Misisipi, al norte de su confluencia con el río Minesota. 

Asimismo, en la película Philadelphia cabría destacar La mamma morta, un aria de la ópera Andrea Chénier, de Giordano, cantada por María Callas (considerada la cantante de ópera más eminente del siglo XX), que refuerza el tono melancólico de la película. https://www.youtube.com/watch?v=7dLa9oERUDc

Philadelphia podría considerarse una película de culto sobre el ser humano frente a la enfermedad y la injusticia, que toca la fibra sensible del espectador