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miércoles, 19 de agosto de 2026

La sonoridad de Miño

 


Ponferrada y O Barco de Valdeorras miran hacia Miño como quien mirara hacia su playa. Y, en cierto modo, lo es. Algo parecido parece insinuarle al visitante la sonriente muchacha de la oficina de turismo cuando descubre que viene del Bierzo, tierra hermana, tan próxima y, a la vez, separada por una frontera invisible. 

La sonoridad de la palabra Miño hace pensar inevitablemente en ese gran río del noroeste peninsular que atraviesa Galicia y que, en su tramo final, forma frontera entre España y Portugal antes de desembocar en el Atlántico. Es el río que recibe las aguas del Sil y alimenta el conocido dicho: «El Sil lleva el agua y el Miño la fama».

Pero Miño es también una localidad coruñesa, en la comarca de Betanzos, tierra de tortilla de patata y de una costa que abre el paisaje hacia el mar. Y la verdad es que la tortilla de patata está exquisita.

Allí, entre el puerto y el horizonte marino, con los pescadores afanados en su tarea, el nombre parece ensancharse y adquirir otro significado.
El puerto y la playa de A Ribeira se muestran como una bendición. El mar abre el paisaje y, al mismo tiempo, parece invitar a demorarse.

Miño es, además, uno de los lugares por los que discurre el Camino Inglés, esa ruta de peregrinación singular que cuenta con dos ramales: uno parte del puerto de Coruña y otro del de Ferrol.

La misma rapaza de la oficina de turismo —así, con ese hermoso galleguismo que también empleamos en el Bierzo y que parece llegar cargado de cercanía— recomienda al visitante recorrer la Senda de los Sentidos.

Qué bello nombre.

Un panel de madera señala la ruta. Una invitación más que un simple paseo: caminar a la espera de que, en algún momento, se enciendan todos los sentidos. Vivir y también escribir con todos los sentidos, como a menudo recomienda el viajero a su alumnado de escritura.

La Senda de los Sentidos conecta la playa de A Ribeira con el paseo de la Alameda. Se adentra entre una estupenda arboleda, paralela a las vías del tren, y serpentea junto a la línea de la costa. Aparecen varios miradores hacia la ría de Betanzos y el canto de las aves acompaña el camino. Los aromas de la vegetación y el olor a mar impregnan el ambiente.

Incluida en la Red Natura 2000, la senda tiene algo de tránsito y de permanencia. Los árboles, el mar, los raíles y los pasos del caminante parecen discurrir en la misma dirección, como si el paisaje quisiera conducirlo hacia alguna revelación.

El camino va a dar al Ponte do Porco, un rincón especial, de rica vegetación y pequeñas embarcaciones de madera. El puente, tendido sobre el río Lambre, da nombre a este lugar del Camino Inglés hacia Santiago. 


—Qué curioso —le digo—. El Puente del Puerco.

Ella vuelve a sonreír y cuenta que en el Ponte do Porco se sitúa la leyenda de Roxín Roxal y su amada Tareixa.

Al final del camino, en el centro de la plaza del Ponte do Porco, espera un cruceiro. Y, como una última y desconcertante ocurrencia del paisaje, el cruceiro se asienta sobre el lomo de un porco de piedra.

Entonces todo encaja.

El nombre ya no es solo un nombre. El puente tiene su animal, la senda sus sentidos y el paisaje sus señales.

Quizá viajar consista precisamente en eso: avanzar sin saber muy bien qué se busca y dejar que, de pronto, algo tan sencillo como una palabra, una sonrisa o un cerdo de piedra consiga encender todos los sentidos.

lunes, 17 de agosto de 2026

Encuentro literario en el útero de Gistredo, decimoséptima edición

Mónica, Camino, Cuenya, Nidia e Isabel. Foto: Ed

Volvemos, un año más, a celebrar el encuentro literario en el útero de Gistredo, qué bien suena. El útero de Gistredo acaso sea un territorio mítico a la vez que real, como Macondo, Celama, Comala o Región.
Y ya van diecisiete ediciones, lo que es indicativo de que el tiempo corre que vuela y, a la vez, una maravilla, porque significa que seguimos en la senda, celebrándolo por todo lo alto, con ilusión. Ay, la ilusión, eso último que se pierde. Sin ella, nos sentiríamos apagados. https://cuenya.blogspot.com/2013/11/los-muertos-de-celama.html

https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html


Cuenya, Mónica, Isabel, Carlos. Foto: Victoria 

Me alegra, como organizador de este encuentro desde que lo pusiera en marcha allá por 2010, comprobar que las personas invitadas acuden gustosas y que, incluso, algunas me dicen que les gustaría participar aunque no figuren en el cartel. 
El cartel, al fin y al cabo, es un mero formalismo. El encuentro literario es, y debe seguir siendo, algo vivo, dinámico, abierto a quienes quieran leer, recitar o aportar su particular visión literaria del mundo y de sí mismos. Tanto es así que, de entre el público, se levantó Charo Leyva para leernos algo de su libro 108 poemas, que tuvo a bien obsequiarme. 

Qué maravillosa es la literatura, la escritura. Y qué haríamos sin ellas. 

Paco, Roberto, Cuenya, Mónica, Isabel, Carlos. Foto: Victoria 

También me alegró encontrarme con tantas personas que siguen fielmente el encuentro, junto a otras que acudían por primera vez. Un gustazo contar con un público tan entregado, incluso diría que emocionado, porque por momentos se percibió la emoción en los ojos de algunas personas, como José Manuel, por ejemplo. Y no era para menos, habida cuenta de que también presentamos el reciente número de verano de la revista La Curuja, cuya portada y páginas interiores rinden homenaje a Pepín el de Olina, aquel hombre hospitalario y entrañable que nos dejó durante la pasada Semana Santa. https://cuenya.blogspot.com/2026/07/la-curuja-con-tributo-pepin-el-de-olina.html 

Foto: Ed

Fue hermoso compartir momentos tan emotivos tanto con quienes intervinieron como con el público. Uno mismo tuvo también el placer de leer algo que compuse con motivo de una estancia literaria, el pasado mes de mayo, en Paredes de Nava, ese bello pueblo palentino donde, según la tradición, nació el gran poeta Jorge Manrique, el autor de las inmortales Coplas a la muerte de su padrehttps://cuenya.blogspot.com/2026/05/del-poeta-jorge-manrique-al-poeta.html 

Encuentro literario en Noceda. Foto: Ed

En esta ocasión nos acompañaron como participantes Camino Pastrana https://cuenya.blogspot.com/2019/10/la-fragua-literaria-leonesa-camino.html, Isabel Llanos https://cuenya.blogspot.com/2019/11/la-fragua-literaria-leonesa-isabel.html, Mónica Balboa https://cuenya.blogspot.com/2024/07/36-encuentro-de-poetas-en-rua-ourense.htmly Carlos Attadía https://cuenya.blogspot.com/2016/11/la-fragua-literaria-leonesa-carlos.html, además de Nidia Beltramo, Roberto Arias Alba https://cuenya.blogspot.com/2018/10/la-fragua-literaria-leonesa-roberto.html y María Encina Rodríguez de Paz. https://cuenya.blogspot.com/2025/08/decimocuarto-encuentro-literario-en.html  https://cuenya.blogspot.com/2024/08/quince-anos-no-es-nada-encuentro.html 

Nidia Beltramo, argentina de origen aunque afincada desde hace algún tiempo en el Bierzo, concretamente en Congosto, la cuna del navegante Álvaro de Mendaña, es una narradora de reconocido recorrido. Tuve el gusto de compartir con ella un recital en O Barco de Valdeorras y también participó, hace dos años, en el encuentro literario de Noceda del Bierzo. 

Encuentro literario. Foto: Ed

Roberto Arias Alba, originario de Valtuille, en el Bierzo, también lo conozco desde hace años. Hemos compartido encuentros literarios y alguna presentación de libros. Es el poeta total, como lo define su primo, el narrador Paco Arias Ferrero, que también estuvo entre el público y que, una vez terminado el encuentro, tuvo el estupendo detalle de obsequiarnos con sus vinos. Se lo agradecemos de corazón.

María Encina Rodríguez de Paz, colaboradora de La Curuja, al igual que Nidia Beltramo, ya había participado en el encuentro del pasado año y quiso repetir en esta edición. Sobre todo, porque le hacía mucha ilusión a su marido, a quien deseamos lo mejor en esta etapa de delicada salud. 

Encina, Mónica, Isabel. Foto: Ed

Encina pertenece a la saga de los Paz, una auténtica saga familiar literaria que, salvando las distancias, me recuerda a los Buendía de los que nos habló el Nobel García Márquez en Cien años de soledad. Varios miembros de la familia Paz nos acompañaron, entre ellos Nanci, Pili, Venancio y Chente, que además nos acompañó después a El Nogal, tras el encuentro y la degustación de los vinos de Paco Arias Ferrero.

Fue una velada realmente deliciosa, al amor de las viandas, la cerveza, el vino, las conversaciones, las risas y las sonrisas. Y con un Chente colosal, un narrador nato, contando historias de su familia, de sus padres, de sus tíos Esteban y Eugenio y de tantas otras vivencias. Momentos así son también literatura, aunque no estén escritos en ningún libro. 

Carlos. Foto: Ed

En cuanto a los participantes que figuraban en el cartel, Carlos Attadía, porteño de nacimiento aunque lleva ya más de treinta años en el Bierzo, puso la música y amenizó el encuentro con sus canciones y su poesía musicalizada. A Carlos lo conocí hace años, creo recordar que a través del músico Carlos Huerta. Y gracias a aquellos caminos de la música también pude conocer a otro fenómeno, Ángel Petisme. 

Cuenya. Foto: Ed

Attadía, con sus sonidos y sus versos, nos llevó en cierto modo hasta Buenos Aires, esa ciudad que me dejó maravillado cuando la visité hace ya más de veinte años. El tiempo, siempre el tiempo, que no deja de correr.

Mónica Balboa, narradora y cinéfila berciana, autora de una página web dedicada al cine, nos leyó un relato hermoso que, quizá, con su beneplácito, podamos incluir en algún número de La Curuja. Sería un placer. 

Isabel. Foto: Ed

Por su parte, la polifacética Isabel Llanos, que por cuarta vez se acerca al útero de Gistredo para participar en el encuentro, nos habló de su reciente libro de poemas y nos leyó algunos de ellos con el arte que la caracteriza. Porque Isabel, además de poeta y narradora, es actriz. Leonesa que vive en la diáspora, como tantos y tantas leonesas, en su caso en la Ciudad Condal.

Y para finalizar este recorrido literario nos acompañó, por tercera vez, la gran Camino Pastrana. Qué grande eres, Camino. Un ser de luz, una mujer de increíble inteligencia emocional, excelente comunicadora y periodista, maravillosa narradora leonesa y, sobre todo, un amor de persona. Nos leyó un cuento lleno de ternura dedicado a su pequeña Gracia, que nos dejó con la emoción a flor de piel.

Foto: Ed

A todas y a todos les agradezco que nos tocaran con sus palabras, que compartieran su sensibilidad, sus historias, sus versos, sus músicas. 

Mónica. Foto: Ed

Y a todas las personas que asistieron, me gustaría mencionarlas a todas, pero a buen seguro se me olvidaría alguien. No obstante, me apetece hacer una mención especial a los expertos fotógrafos Jesús Madero y José Baillo, ambos de La Mancha, que se ocuparon de hacer fotografías del acto, aunque todavía no me las han pasado. También a Ed, el compañero de Nidia Beltramo, que sí hizo fotografías y me las ha pasado; y, por supuesto, a Victoria, que también tiró algunas instantáneas, que me ha pasado y cuya presencia siempre es motivo de inspiración. 
Y agradecerle especialmente a Camino Pastrana que viajara con su chico desde Madrid, justo después de salir ella de trabajar, para llegar unos minutos antes de que diera comienzo el encuentro literario. Vaya mérito el suyo, lo cual es muy de agradecer.

Camino. Foto: Ed

Así que, un año más, el útero de Gistredo volvió a llenarse de literatura, de música, de memoria, de afectos y de palabras. Y mientras haya ilusión, mientras haya personas dispuestas a compartir lo que escriben y otras dispuestas a escuchar, seguiremos celebrando este encuentro. Porque la literatura, como la vida, necesita de quienes la mantengan viva.

Y qué maravilla poder seguir aquí, diecisiete ediciones después, celebrándolo juntos.

*Gracias a ileon (elbierzo.eldiario.es) por publicar este texto. https://elbierzo.eldiario.es/cultura-y-ocio/utero-gistredo-vuelve-llenarse-literatura-musica-memoria-afectos_129_13452501.html


sábado, 15 de agosto de 2026

Fernando Rey y la memoria de Coruña

Hay encuentros que hacen feliz a cualquier amante del cine. Para el viajero, uno de ellos puede ser descubrir en Coruña una placa que recuerda a Fernando Rey, uno de los actores más elegantes, cultos y universales que ha dado el cine español.

Nacido en esta ciudad el 20 de septiembre de 1917, Fernando Rey llevó el nombre de Galicia mucho más allá de sus fronteras. Su carrera, extensa y extraordinaria, terminó convirtiéndolo en uno de los intérpretes españoles de mayor proyección internacional.

Resulta imposible encontrarse con su nombre sin pensar inmediatamente en Luis Buñuel https://cuenya.blogspot.com/2010/03/luis-bunuel-don-luis-un-suspiro-de.html

https://cuenya.blogspot.com/2018/12/el-angel-exterminador-de-bunuel.html

Viridiana, Tristana, El discreto encanto de la burguesía y Ese oscuro objeto del deseo forman parte de una de las colaboraciones más memorables de la historia del cine español. En aquellas películas, Rey aportó mucho más que talento interpretativo. Su elegancia, su ironía, su mirada y aquella manera tan personal de decir las cosas hicieron de él una presencia difícil de olvidar. 


Su figura quedó ligada también a uno de los personajes más universales de nuestra literatura. En El Quijote, la serie de Televisión Española dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón, Fernando Rey encontró una de las interpretaciones más recordadas de la última etapa de su carrera. Su Alonso Quijano era humano, noble y melancólico; un personaje en el que la grandeza convivía con la fragilidad.

Y estaba, además, su voz. Una voz cálida, elegante e inconfundible, con aquella sonoridad casi radiofónica que parecía capaz de conferir una dignidad especial a cualquier frase. En ¡Bienvenido, Mister Marshall!, de Luis García Berlanga, fue precisamente la voz de Rey la que ejerció como narradora.

Por eso, encontrarse con una placa dedicada a Fernando Rey en una calle de Coruña tiene algo de pequeño descubrimiento y, al mismo tiempo, de homenaje necesario. La placa no necesita grandilocuencia. Basta el nombre. Porque basta leer «Fernando Rey» para que aparezcan, de pronto, Buñuel, don Quijote, Berlanga, el cine español y aquella voz que parecía venir de otro tiempo. 


Quizá ahí resida la verdadera fuerza de los homenajes urbanos: en conseguir que un nombre escrito sobre una placa despierte todo un mundo en la memoria.

Fernando Rey fue un actor excepcional, pero también fue un gallego universal. Un hombre nacido en Coruña que terminó convirtiéndose en uno de los rostros más reconocibles y respetados de nuestra cinematografía.

El viajero continúa su camino, pero antes vuelve la mirada hacia la placa. La ciudad conserva así la memoria de uno de sus grandes actores. Y esa memoria se prolonga en otros muchos nombres que aparecen repartidos por sus calles, plazas y jardines.

La Terraza

Basta acercarse a los jardines de Méndez Núñez para comprobarlo. Situados junto a las instalaciones portuarias, estos jardines fueron concebidos sobre terrenos ganados al mar e inaugurados en 1868. En un principio fueron conocidos como Jardines del Ensanche y, en 1871, recibieron el nombre de Casto Méndez Núñez, en homenaje al célebre marino gallego.  https://cuenya.blogspot.com/2024/06/la-ciudad-milenaria-del-faro-una.html

Allí, entre la vegetación y los paseos, se encuentran monumentos dedicados a algunas de las figuras señeras de la cultura gallega, como Concepción Arenal (poeta, autora dramática y pionera del feminismo español), Emilia Pardo Bazán https://cuenya.blogspot.com/2021/04/los-viajes-de-pardo-bazan.html, Manuel Murguía, Valle-Inclán y Castelao. Y, en una inesperada conexión con la cultura popular del siglo XX, también aparece John Lennon, convertido en todo un icono de la música. 


El viajero vuelve a detenerse, como ya lo hiciera en el camposanto de San Amaro, ante la escultura de Manuel Murguía, marido y compañero de vida de Rosalía de Castro. https://cuenya.blogspot.com/2026/08/la-ciudad-de-dos-faros-dos-epocas-una.html

También se detiene ante las figuras de Valle-Inclán, autor de Luces de bohemia https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html, Emilia Pardo Bazán, autora de Los pazos de Ulloa, y Castelao, una de las personalidades más polifacéticas de la cultura gallega. Las fotografías se suceden mientras el paseo continúa. https://cuenya.blogspot.com/2009/12/tras-las-huellas-literarias-de-valle.html

https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html

https://cuenya.blogspot.com/2017/06/luces-de-bohemia-en-ponferrada.html

Los jardines funcionan así como una singular galería al aire libre. El viajero no tiene que entrar en un museo para encontrarse con la historia cultural de la ciudad. Puede hacerlo mientras pasea, entre árboles, esculturas y edificios tan reconocibles como el Kiosco Alfonso o La Terraza. El modernista Kiosco Alfonso, además, mantiene su condición de espacio cultural y acoge exposiciones. 


Coruña permite que uno se encuentre con sus personajes queridos mientras camina. No hace falta buscarlos demasiado. Están allí, formando parte del paisaje y de la memoria cotidiana de la ciudad.

Quizá por eso la ciudad sorprende incluso cuando uno cree que ya la conoce. A veces basta detenerse ante un nombre para descubrir que detrás de él permanece toda una historia. 

Y frente a la placa de Fernando Rey, durante unos instantes, toda esa historia parece regresar.

El viajero sigue su camino. La ciudad, mientras tanto, continúa guardando la memoria de quienes hicieron de la cultura gallega algo mucho más grande que sus propias fronteras.