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miércoles, 28 de julio de 2021

A través de los Ancares

 Viajar a través de los Ancares es como viajar a través del tiempo, de los tiempos, adentrándose quizá en otra suerte de dimensión, recorriendo espacios olvidados y bosques poblados por meigas y trasgos que ponen en marcha, a toda mecha, los cinco sentidos. Un placer inmenso. 

Corredoira

A Tumbiadoira

El viajero y la viajera se despiden con morriña de A Fonsagrada, que les ha obsequiado con todo tipo de bondades, tanto paisajísticas como desde el punto de vista del paisanaje, que al final es lo que más cautiva al viajero. Inolvidable la hospitalidad entrañable de Bolaño, que es todo un personaje, según me cuenta el propio Julio Llamazares. Y por supuesto Adrián, el hijo de José Lombardía, alias Bolaño, que se porta muy bien. Creo que les hace ilusión formar (conformar) parte de Mapas afectivos. Adrián Lombardía conserva incluso una foto de este libro en su portada de Facebook, lo que se me hace magnífico. 

A Fonsagrada -me lo recuerda la amiga Elsa, originaria de Noceda y casi gallega, pues vive en Coruña desde hace tiempo, y después Jovino- está hermanada con el Bierzo mediante el botillo, que en tierra galega es el butelo, "y en Tineo el chosco", precisa el taramundés y berciano de Bembibre Jovino Andina, que conoce la feria del botelo o butelo que se celebra en A Fonsagrada.  

Desde A Tumbiadoira

A decir verdad. las conexiones entre Galicia y el Bierzo son diversas, "sin olvidar el proyecto de ferrocarril que hubo en su momento -añade Jovino- para unir Villafranca del Bierzo y Ribadeo. De ahí que en Villafranca del Bierzo la calle del Agua, donde está la casa natal de Gil, se llame también calle Ribadeo. Y en Ribadeo exista una calle llamada Villafranca del Bierzo", añade Jovino. Algo de lo que puedo dar fe pues estuve recientemente en Ribadeo (escribiré sobre este lugar, que ya adelantara en el Facebook) y pude fotografiar la placa donde figura la localidad donde naciera, entre otros, el gran fabulador y excelente persona Antonio Pereira.

Antes de abandonar definitivamente la comarca de A Fonsagrada, el viajero y la viajera se trepan, es un decir, por lugares encantados cual si fueran Quijote y Sancho. "A la aventura, Beni", con un guiño a la viajera, que le hará a buen seguro gracieta. 

A Roxoa, mesón restaurante en A Tumbiadoira

En realidad, la genuina aventura será la que les espera en el cruce de sierras y montañas hasta alcanzar la cima del puerto de Ancares, que resulta sobrecogedora, al igual que lo es todo el camino de vuelta en dirección al Bierzo, atravesando aldeas remotas bajo la sensación verde clorofila de arcos floridos de corredoiras sin fin. Vaya, cómo me quedó plasmado esto último. No sé si algo repipi con cierto aire valleinclanesco, que quizá es lo que lo salve. Por cierto, Valle era otro que le daba al realismo mágico como si se estuviera fumando la pipa de kif en clave lírica. 

Los Ancares

Antes de allegarse a la aldea que les recomendara el bueno de Paco, alias Ceregido, se topan con la fantasmagórica aldea de Vilarino de Pontón sumida entre una abundante vegetación. Queda poco para alcanzar A Tumbiadoira, en concreto el restaurante A Roxoa, que es el sitio que les recomienda Paco para echarse una buena zampa. Y allí que se van, derechitos al cielo de la gastronomía en forma de carne vacuna a la brasa. Quizá con esto se curen de todos los males víricos que pudieran haber contraído a lo largo del viaje. Lo digo por lo de la vacuna. Conviene hacer algo de humor en tiempos de tanto miedo, el cual nos lo sirven hasta en las ensaladas de lechuga. Madre santa, ahorita me da por combinar o mezclar la velocidad con el tocino, tal vez aquel tocino que vendía otrora en el útero de Gistredo el tío Chirito, Benito, que llegó al siglo, tal vez jamando tocino, que ahora dicen las lenguas que sube de lo lindo el colesterol. 

Los Ancares


Navia de Suarna

A Tumbiadoira, que es una aldea con cuatro casas alzadas en medio de una naturaleza esplendorosa, entre ellas el mesón en el que primero tomamos unas birras y luego nos dejan comer, incluso sin reserva previa -lo cual es todo un logro-, no defrauda. Aunque acabado el dolce yantar, Paco nos sugiere ir a otro sitio para manducar, en Casa Marta, Sena de Ibias, ya en Asturias. Qué humor se gasta. Pero la panza ya  farta. Y aún queda Navia de Suarna, que visitara hace años, con su puente -diz que romano, porque ahora todo ye romano, que viste y luce mucho de cara a la galería, aunque está guapín, ye la verdad, de buenas a primeras, neno, contagióseme l'acento astur- y su castillo. Y sobre todo ese río que fluye como fluyen nuestras miradas y nuestros sentimientos. Un cigarrín de liar a la orilla del río sabe a gloria bendita, inclusive, que dicen los hispanoamericanos, sin ser fumador. 

Navia de Suarna

De repente, la felicidad, o el instante de plenitud, se logra a través de una estampa de este calibre. Y en verdad que no hacen falta grandes cosas, ni tanta épica para disfrutar. La poética de una sonrisa cómplice basta para religarse con el Otro. Y comprender, en la brevedad de la vida, que en un simple gesto de belleza puede contenerse la eternidad. La eternidad y un día. Como las mil y una noche al amor del Otro. Qué importante para el ser humano es la empatía. Navia de Suarna sabe a agua que fluye y a cigarro de liar, embelesando a los viajeros, que se sienten en paz, dispuestos a recorrer los Ancares, los lucenses y los leoneses, a través del tiempo, adentrándose acaso en otra suerte de dimensión. Y hasta podría ser que, en su ensueño, lograran sobrevolarlos como pájaros con el pico afilado de la libertad, ese bien tan preciado para un ser humano. Salud, amor y libertad (en recuerdo a la igualdad, fraternidad y libertad que se promulgara en la Revolución Francesa). 

Balouta

El viaje desde Navia de Suarna hasta Balouta se me antoja una auténtica preciosidad. Dejamos la provincia de Lugo y entramos en Castilla y León, o sea, en el Bierzo. Y el asfalto parece haberse perdido o detenido, también en el tiempo, como si de un camino carretal se tratara. El Bierzo, ay, León, ay, cómo duele. Lo que no es motivo, en absoluto, para que los viajeros pierdan la alegría y la ilusión. 

Balouta está a pocos kilómetros y ya se atisba en lontananza. El paisaje es similar al galego. El mismo ecosistema. Todo sabe a familiaridad. En el restaurante Miravalles, donde estuviéramos comiendo hace un año, nos hidratamos. Y despedimos esta tierra, otrora de pallozas, no sin antes fumar la pipa de los afectos. Continuamos rumbo a Vega de Espinareda hasta coronar el Puerto de Ancares, a más de mil seiscientos metros de altura (fascinante mirador al mundo, al Bierzo en todo caso, con un viento gélido) atravesando las poblaciones de Tejedo de Ancares (donde parece estar un grupo de personas de romería, con sus trajes de folclor, en el campo de una ermita), Pereda de Ancares, Candín. Y un poco más adelante, en un desvío a la izquierda, la señal de Lumeras, el pueblo del entrañable amigo Daniel Higinio, que hace unos meses nos invitara él y su mujer Conchi a pasar un día increíble en su casa (sobre esto podría escribir en otra ocasión).  

Puerto de Ancares

Se hace tarde  -qué cosa, el tiempo, siempre el tiempo- y Vega de Espinareda nos saluda a través de su monasterio, que en otra época, no tan lejana, acogiera como centro educativo a muchos guajes del Bierzo en sus aulas, entre otros a algunos amigos de infancia. Y hasta le sirve a uno para ambientar un relato incluido en Trasmundo (regresamos por arte de magia a Taramundi), aunque uno nunca llegara a pisar sus clases, quiero decir, sus aulas. Era por no repetirme. Ni repetir curso. 

De Vega al barrio de Vega del útero de Gistredo se me antoja un suspiro nomás. Con un camino, que se hace al andar, por las poblaciones de Berlanga, los Tombríos (Arriba y Abajo) y Toreno (con su Torenillo), Villar de las Traviesas, Berciego y Robledo de las Traviesas. De repente, creo que he situado a todos en el mapa... también de los afectos. 

martes, 27 de julio de 2021

Taramundi y Los Oscos

El viaje continúa por el legendario pueblo de Taramundi, de donde es originario el amigo Jovino Andina, y discurre por la comarca de los Oscos, donde Asturias y Galicia se fusionan, se confunden incluso, porque todo se parece, tanto el paisaje como el paisanaje. Y las lindes obedecen a una cuestión política, burocrática, puramente artificial, pues todo este mapa mundi (por seguir con Taramundi) es el mismo.

Taramundi

Tal vez por eso uno no acaba de entender las fronteras, los límites impuestos, porque además me gustaría ser y sentirme nómada, gaucho, arriero maragato, viajero más allá de la noche, más cerca de las esencias que saben a Naturaleza, a tiempo inmemorial, a belleza eterna, habida cuenta de que existe eternidad en la belleza, como nos dijera el laberíntico Borges. Lo bello es gozo para siempre, según el poeta Keats, que yace en el cementerio protestante de la eterna Roma. Por eso esta ciudad es tan bella y carnalmente atractiva. Y por eso debemos moralmente estar en una búsqueda permanente de la belleza, que es verdad y bondad, lo único que realmente merece la pena en este mundo de trapicheos y mamoneos miles. 

No es la primera vez que me adentro en Taramundi. Recuerdo que la primera vez que visité este pueblo fue de la mano de Jovino Andina, que es un extraordinario conocedor de su tierra. Algo que me está dejando bien claro a través de los mensajes que me envía. Lástima, como ya había señalado en anterior entrada, que no estuviera para pasar un rato agradable con él. 


La primera vez fue una excursión que organizara el IEB (Instituto de Estudios Bercianos) con Mar Palacio como presidenta y Jovino como cicerone. Hace ya años. Luego, transcurrido algún tiempo, regresé a aquellas tierras astures con aires galegos. Y hasta al menos en tres ocasiones he tenido las ganas de adentrarme en estos bosques milenarios poblados por molinos de agua -el agua como principio vital-, cabazos y/o hórreos, batanes (archiconocidos son esos de los que nos habla Cervantes en su monumental novela El Quijote, etc. en el conjunto etnográfico de Teixois: https://osteixois.es/), aparte de sus famosas navajinas (con su museo de la cuchillería) y sus deliciosos quesos. En esta reciente visita tuve la oportunidad de probar varios quesos y estaban para rechuparse los dedos. Me encantaron todos pero en especial el de nueces y avellanas: https://quesosdetaramundi.com/

Teixois

"La ruta del agua", me recuerda Jovino, te llevará hasta la ruta de las fuentes medicinales de Noceda del Bierzo. Y es que en esencia estamos hermanados. Y paisaje y paisanaje, tanto de Taramundi como de la comarca de los Oscos, me devuelve a mi útero de Gistredo. La relación es tanta que incluso el habla se parece. "La franja entre el Eo y el Navia, 'a fala' se prolonga de norte a sur, por el Bierzo, Zamora...", apostilla Jovino, que es además un estudioso. Y hasta me recuerda que el monasterio de Villanueva de Oscos, que tengo la ocasión de visitar por primera vez, es filial del monasterio de Carracedo. 

"En A Pontenova están las minas de hierro que comenzó a explotar Julio Lazúrtegui antes de venir al Bierzo", me comenta asimismo Jovino, que me hace montones de recomendaciones y sugerencias, lo que daría para otro viaje. Te agradezco todo lo que me dices, como ya hicieras en aquel primer viaje a tu útero, cuando me recordaste que Taramundi, cuyo nombre me invita a fantasear y me traslada a mi Trasmundo, hace referencia a Trasmundi o Taramundus.

Villanueva de Oscos

Y me hablaras de Mariví Lorido, la mujer del actor, director y productor cubano Andy García, que desciende de Taramundi, al igual que el cineasta argentino Campanella, el director de la magistral El hijo de la novia, entre otras. El tema de la emigración española a América resulta fascinante. 

En algún momento llegué a escribir (ahora lo recupero) que Taramundi sería como el Finis Terrae, límite entre lo conocido y lo desconocido, entre la belleza palpable y lo sublime, que es belleza extrema, lo bello grandioso, tan puro y tan bello que procuran éxtasis en quien lo percibe. Como le ocurriera a Stendhal con Florencia ante tal acumulación de belleza artística, contenida y condensada en esta ciudad italiana, cuyo centro histórico es un museo al aire libre. Taramundi es sublime como un viajero sobre un mar de nubes, en medio de un océano infinito. Algo así como un cuadro de Caspar David Friedrich. Cuando pienso en Taramundi tengo en mente Trasmundo, ese barrio de Robledo de las Traviesas que se mece en el regazo de la Sierra de Gistredo. También esta sierra debería haberse declarado, hace tiempo, reserva de la biosfera, al igual que ha sido declarado este paisaje astur, casi gallego en el deje de su habla, en el límite con la Galicia lucense. Reserva de la Biosfera que impediría que en estos momentos algunas empresas se plantearan coser nuestro Gistredo con molinos eólicos, con el consiguiente destrozo de nuestro patrimonio natural. 

Este concejo astur, pionero en turismo rural en España, nos enseña a los bercianos cómo se puede potenciar este tipo de turismo verde y sostenible en base a los recursos naturales. 

Santa Eufemia

"Un personaje fundamental para impulsar el turismo rural en Taramundi fue el entonces alcalde Lalo Lastra, junto al presidente del Principado Pedro Silva. Sin ellos nada hubiera sido igual. Tuvieron una gran visión de futuro... Apostaron y ha resultado un verdadero éxito... Venancio Bote Gómez, profesor de Geografía aplicada del CSIC (al que tuve la ocasión de conocer) hizo el estudio previo sobre el fenómeno emergente del turismo rural, que sirvió para fundamentar el proyecto", me cuenta Jovino. 











También en el Bierzo contamos con recursos naturales, sin embargo, no hemos sido capaces de aprovecharlos, sobre todo en el Bierzo Alto, que está abandonado por nuestros gestores y también por los propios vecinos. 

Es probable que el Principado de Asturias tenga una visión del mundo rural que aún no ha llegado al Bierzo, aunque también éste cuente con belleza artesanal: molinos de agua, lagares y fraguas. Véanse la Herrería de Compludo o el lagar del Alvarico en Noceda. Por poner sólo un par de ejemplos. Pero en Taramundi le saben sacar partido a través de visitas guiadas, y han descubierto que esta suerte de turismo es una fuente de ingresos para un pueblo que en mi reciente visita estaba atestado de comensales en los restaurantes que existen. Aunque una rica sidra, al amor de una compañía inmejorable, nunca debe faltar, sobre todo para quienes estamos convencidos de que la sidra escanciada es una bebida divina... de la vida. 


Santa Eulalia, Villanueva (incluida santa Eufemia) de Oscos son lugares como de otra época, sobre todo Santa Eufemia, donde se halla el museo del pan, que tanto me hace recordar a pueblos del Bierzo Alto como Primout o Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (Colinas para los lugareños). 

Los Oscos es comarca de ferreiros (me apasiona la figura del ferreiro, no en vano uno de mis libros se titula la fragua de Furil en honor al ferrón o ferreiro Álvaro, de Noceda, o la propia fragua literaria). También en esta ocasión Jovino Andina me recuerda que por esta zona está la casa natal-museo del marqués de Sargadelos, un ilustrado que creó la famosa fábrica de cerámica de Sargadelos en la mariña lucense. Pues para festejarlo seguiremos recorriendo espacios y tiempos por esta zona del poniente peninsular, mientras escanciamos sidra y yantamos queso artesanal. 

lunes, 26 de julio de 2021

A Fonsagrada, directa al alma

Acabo de darme un voltio por A Fonsagrada, que es mapa afectivo desde que visitara por primera vez este territorio hace ya varios años y me encontrara con los buenos de Adrián y su padre, el genial Bolaño, quienes regentan el restaurante Cantábrico, todo un templo de la gastronomía gallega. Y es que Adrián y Bolaño son gente hospitalaria, entrañable, que tratan al viajero con todo afecto (al viajero y a su compañera del alma, por supuesto), con lo cual A Fonsagrada penetra directamente en el alma y en el corazón del viajero, que se siente como en una nube. Es por lo demás una tierra familiar en la que uno se encuentra como en su casa. 

Con Bolaño y Adrián en restaurante Cantábrico. 

¿Qué tendrá el Noroeste español que engancha tanto? Que tanto  engancha, en todo caso, a quien esto está contando. 

Con el transcurso del tiempo, uno acaba descubriendo, incluso redescubriendo, que la tierra de uno está donde moran sus afectos. Y aquí están mis afectos. 

León en su conjunto, Asturias y Galicia son mis tierras queridas y ensoñadas, una y otra vez, y cuanto más las visito más me doy cuenta de ello. 

El restaurante Cantábrico y también el hostal Cantábrico (gracias amigo Yuma por tus gestiones) son los lugares que hacen que esta reciente estancia en A Fonsagrada resulte de lo más placentera. Así que, desde este espacio, recomiendo encarecidamente ambos sitios a quienes decidáis acercaros a esta tierra galega, que raya con la Asturias profunda. De hecho, en cuanto uno se pone a viajar por el entorno, se comienza a entrar y salir de una y otra tierras, a saber, Galicia y Asturias, como si de juego de magia se tratara. 

Restaurante Cantábrico de Bolaño

El propio Bolaño, con su retranca galaica y su aspecto de filósofo Lenin, tiene un hotel cercano a Grandas de Salime, que ya es Asturias, bueno, un hotel que queda al lado de San Emiliano, el pueblo de la abuela de la viajera, que ya visitáramos el pasado verano. Y sobre el que escribiera entonces: https://cuenya.blogspot.com/2020/08/asturias-directa-las-entranas.html

Un lugar que es puro realismo mágico, como aquel que fabulara Cunqueiro en Merlín y familia o Torrente Ballester con su Castroforte del Baralla, como una nube lejana, en La saga/fuga de J.B. Es sabida la gran influencia gallega que tuviera el Nobel Gabo a la hora de componer su magna Cien años de soledad. 

Conversar con Bolaño, al amor de unas ricas viandas y buen vino gallego, es un placer, porque tiene un sentido del humor extraordinario. Y cuenta historias que entroncan con ese realismo mágico del que antes hablaba. No en vano, Galicia es tierra de supersticiones, de meigas y meigallos, de santas compañas, de leyendas de aparecidos..., que tan familiares nos resultan a los habitantes tanto del Bierzo Alto como del Bajo. Y aun de otros puntos de la geografía leonesa.  

La Fuente sagrada de A Fonsagrada

Inevitable resulta hablar con Bolaño acerca del director de cine Felipe Vega, que estuviera como profesor en la Escuela de cine de Ponferrada. Gran persona y magnífico profesional, con películas estupendas como Nubes de verano (interpretada, entre otros, por el famoso actor de Fabero Roberto Enríquez), Mujeres en el parque o el legendario documental sobre A Fonsagrada titulado Elogio de la distancia, en el que colaboró el amigo común y excelente escritor Julio Llamazares. Con cariño recuerda Bolaño tanto a Felipe como a Julio. Y por supuesto a Julito, el hijo de Llamazares, y a su mujer, la fotógrafa Cecilia Orueta. Entre ellos también está, cómo no, el intrépido Yuma, que también participó en Elogio de la distancia. Simpáticos él y Bolaño recogiendo setas en el bosque: https://cuenya.blogspot.com/2009/11/elogio-de-la-distancia-en-el-albeitar.html 

Panorámica desde el gran mirador que es A Fonsagrada

Elevada como una nube, como dijera Torrente Ballester de su Castroforte, se muestra antes de coronarla A Fonsagrada, que da nombre a una extensa comarca lucense, que ofrece desde cascadas espectaculares como la de Vilagocende hasta rutas boscosas de cuento de hadas, con sus corredoiras, que comunican las aldeas más remotas de un remoto mundo rural de fantasía. 

El pueblo de A Fonsagrada (la fuente sagrada, no olvidemos que es punto importante en el Camino primitivo de Santiago) es en sí mismo un extraordinario mirador y un punto de partida hacia la comarca de los Oscos, ya en Asturias, y la mítica Taramundi, la tierra en que naciera el amigo Jovino Andina, que sabe un motón de cosas de esta su matria. Lástima que en este viaje no coincidiera con él, pues me contaba, vía whats, que acababa de estar allí. 

Taramundi al fondo

La comarca de los Oscos, que es Reserva de la Biosfera, con Santa Eulalia, Villanueva (incluida Santa Eufemia) y por supuesto la mítica Taramundi es todo un referente de la etnografía y la artesanía en nuestro país. A Taramundi habría que dedicarle todo un apartado. 

Cabe recordar que la Comarca de los Oscos Eo, en el poniente astur, también engloba los pueblos de Castropol (que visitara el pasado verano: https://cuenya.blogspot.com/2020/09/de-tapia-ribadeo.html) y Figueras, además de Vegadeo que está hermanada con su vecina Ribadeo a través de un bellísimo estuario, la ría del Eo (también acabo de visitar Ribadeo).  

Santa Eulalia de Oscos

Los Oscos es pionera del tan cantado turismo rural, lo cual tiene mucho mérito, habida cuenta de que a los políticos de España, por lo general, no les interesa lo más mínimo poner en valor sus pueblos y aldeas, tal es así que la España vacía y vaciada no interesa. "La España vacía políticamente no interesa porque da muchos problemas y cuesta mucho llevar infraestructuras y servicios y a la vez no tiene una rentabilidad política", escribe el propio Julio Llamazares al respecto, quien ya pronosticara en los ochenta del pasado siglo este vaciado rural en su colosal novela poética La lluvia amarilla, contada a través de los cinco sentidos del último habitante de Ainielle. 

En un próximo post daré cuenta de esta visita a los Oscos y Taramundi. Y tal vez podría dedicarle una entrada más al regreso desde A Fonsagrada a la matria del Bierzo cruzando los Ancares gallegos y leoneses. Toda una aventura. 


jueves, 22 de julio de 2021

Lastres de cine y Tazones invadido por el turismo

El paraíso astur, que seguramente fue el edén bíblico de Adán y Eva, no deja de sorprenderme por más veces que me adentre en sus mapas, ya afectivos. 
Desde la capital carbayona uno se acercó a Xixón (me gusta esta grafía y fonética) para desde ahí quedar, azares del destino, con mi hermana Feli y una amiga suya. 
Tazones

Xixón es ciudad que he visitado en varias ocasiones, quizá no tantas, sobre la que ya he escrito en este mismo blog. Mi reciente viaje a esta tierra coincidió con la famosa Semana Negra, en la que, a decir verdad, no puse los pies. Es como si uno, una vez acabado el curso, deseara religarse sólo con la Naturaleza, prefiriendo lanzarme al ruedo en busca de otras sensaciones. Y ahí que surgió el viaje hacia Villaviciosa, donde, curiosamente, no recuerdo haber estado en ninguna otra ocasión. 
Dicho sea de paso, la capital de los llagares, los manzanos y la sidra (archiconocida es El Gaitero) no ofreció nada realmente sorprendente, tal vez porque uno estaba algo adormilado y con ganas de un buen café acompañado por algún dulce casero. Que me sentó de perlas en una céntrica cafetería, al lado del mercado, de cuyo nombre no me acuerdo, porque tendría que haberlo anotado en mi libretina. Soy de la antigua usanza y acostumbro a anotar cosinas, aunque no tantas.  Y cada vez parece que anoto menos. Da la impresión de que anduviera con legañas en los ojos. 
Tazones

Sin embargo, los alrededores de Villaviciosa, que pertenecen a su concejo, sí ofrecen belleza costera a los ojos del visitante. Y uno de estos singulares pueblos es Tazones, cuya primera visita, hace ya años, me deslumbró, con sus puestas y amanecidas, con su colorido y su ambiente de pueblo tranquilo, como un huerto de las delicias con mar incluido. Un sitio realmente bello en el que se cuenta que desembarcó con su corte el emperador Carlos V con su corte, cuando aún era un joven príncipe de Habsburgo en el siglo XVI. 
Pero, en esta reciente visita, este Tazones ha quedado, en mi humilde opinión, desacralizado a resultas del mucho turisteo como allí llega, cual si se tratara de una romería atestada de gente en busca tan sólo de alimentos.
Deberíamos saber que el ser humano no sólo vive de pan, sino de otros nutrientes espirituales. De repente, me ha entrado una vena espiritualista. No tengáis muy en cuenta mis desvaríos. Pues a uno le encanta la zampa, por supuesto. Pero Tazones, como digo, se ha convertido en un hervidero de turistas en busca de manduca. Claro, era un domingo, y los domingos está plagado de domingueros. Huelga decir que se necesita hacer reserva con antelación para comer. Y encima, qué me disculpen, meten unas hostias como panes por la comida. O sea, que Tazones ha perdido el encanto que tuviera otrora. Y han convertido un pueblo al que hace treinta años, pongamos por caso, no iba casi nadie, por un sitio repleto hasta las trancas. Empieza a ser por lo demás la tónica general (no me refería a la tónica Schweppes) en la mayoría de los sitios lo de hacer reservas y colas para todo y por todo si no quieres quedarte a verlas venir al sol de otros tiempos. Y así, a este menda lerenda se le quitan las ganas de moverse y de viajar. Pues se queda uno tan ricamente en su útero y sanseacabó. No obstante, procuraré seguir buscando lugares que no estén masificados, en los que aún se pueda encontrar sosiego y belleza. 
Lastres

Aparte de Tazones, uno se acerca a Lastres (Llastres), que también se ha puesto de moda en los últimos tiempos a resultas del cine, por haberse filmado allí alguna serie y/o películas, que en verdad no sé ni cuáles ni cuántas son. Sin duda, es un entorno natural de gran belleza. Y un pueblo escalonado y colorido que entra por los ojos en un primer vistazo. Esta era la segunda vez que ponía los pies en esta población de cine, que sí me dejó un buen sabor de boca.  

miércoles, 21 de julio de 2021

Oviedo, exótica y familiar

Recupero estos posts introductorios, que escribiera en Facebook el 10 y el 12 de este mes de julio, hallándome en la ciudad de Oviedo. 

La Vetusta de Clarín me recibe con sus campanadas decimonónicas y el incienso aromatizante de un verano aún pandémico. Con la mascarilla como antifaz del antiguerrero. Prefiero la lírica aunque este sazonada con el condumio de una fabada. Ahora se me fue el santo a los cielos astures.


La estatua de Allen también me da la bienvenida en la ciudad carbayona, lo cual agradezco. Tantos recuerdos tengo de esta ciudad. El cine de este tipo me sigue pareciendo divertido y a la vez con una potente carga filosófica. Y Oviedo tal vez sea ese lugar exótico como un cuento de hadas y princesas. Por eso le dicen el Principado a esta tierra. ¿Verdad?

Oviedo es una ciudad familiar, en la que pasé algunos años de mi mocedad, siendo estudiante en su Universidad, cuando tan sólo era un rapaz con las ilusiones intactas y todo un futuro por delante, con lo cual los recuerdos siempre son buenos. 

Oviedo es una ciudad a la que he vuelto en diversas ocasiones después de cursar mis cinco cursos en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación  desde mediados de los ochenta hasta el noventa del pasado siglo... Cuántos recuerdos y qué veloz transcurre el tiempo. Si parece que fuera ayer mismo. 

En aquel tiempo, ya lo he contado en alguna ocasión, escuchaba con entusiasmo un programa de radio, en Radio 3, RNE, conocido como el poema homónimo de Valle-Inclán, Rosa de Sanatorio, que conducía con arrojo, inteligencia y talento el periodista y escritor José Luis Moreno-Ruiz, que tan buenos consejos me diera siendo un jovencito. Y hasta premiara alguno de mis textos, digamos poéticos, como Esa señora metafísica, que a decir verdad no he llegado a publicar en este espacio bloguero. En algún momento lo haré, aunque ahora ya no esté en cuerpo el gran Moreno-Ruiz, al que nunca olvidaré, porque, además, llegó a presentar mis Mapas afectivos en la casa leonesa de Madrid. 


Decíamos ayer... y ya han transcurrido más de treinta años, que se dice pronto pero no se entama tan bien. Me asalta la nostalgia, siempre la morriña, tal vez porque uno es berciano-leonés y galaico y astur. Qué lástima que la gente válida se muera. Qué triste que todo acabe desapareciendo. Si es que la vida es un suspiro, sobre todo cuando uno goza de una vida amable. Y en este sentido, al menos hasta la época presente, no debo quejarme. 


Echando la vista atrás, en realidad los sentidos al completo (algo que no resulta del todo fácil) creo que en Oviedo pasé unos años/cursos preciosos, porque entonces todo era vida y dulzura, esperanza nuestra (parece que me aflora un catolicismo recalcitrante). Y en verdad que en Oviedo perdí la poca fe que ya albergara siendo un adolescente, porque en la Facultad me encontré con el maestro Gustavo Bueno, que caló hondo en mi espíritu, ya para siempre. Y algún que otro profesor, como ya he señalado en algún momento (véanse Manuel Fernández Lorenzo o el propio Marino Pérez). 


Se nota que voy haciéndome viejo, que ya me repito como un reloj de los de antaño, "reloj de repetición", se decía otrora. "Reloj de repetición", decía mi padre, que también tendía a la repetición, si es que cada día me parezco más a él. Qué cosas causa la genética (habida cuenta de que los cacharros acaban pareciéndose a las ollas). Y también la educación. Pues uno acaba imitando patrones de comportamiento. Y eso lo sabe bien la psicología conductual. No en balde, algo estudié al respecto. 

Ahora me doy cuenta de que uno empieza a ser algo pesadín. Disculpadme. Es la edad. Y aunque sé o siento, ahora más que nunca, que en Oviedo viví años magníficos, en aquel momento -en el que estaba descubriendo el mundo, la condición humana-, sentía deseos de ir más allá, aunque fuera en el más acá (del lado de acá, de allá y también de otros lados, con un guiño a Cortázar), de conocer otros mundos, otras culturas. Ya en esa época mi pasión por viajar se había desatado. Y deseaba ver más allá de mis napias, volar, acariciar otros horizontes, acaso de ensueño. 


Ahora pienso, también, que aquella podría haber sido una buena época para conocer más y mejor las Asturies de los míos amores. Pero uno estaba enfrascado en sus estudios, que no era poca tarea, porque había que aprobar, a como diera lugar, la carrera en los cinco cursos establecidos. Ni uno más. Y tampoco se planteaba uno mucho más que recorrer la ciudad vetustense, que tampoco era mala idea. Bueno, alguna escapada a Gijón sí que llegué a hacer. Y luego en verano a Arriondas o Ribadesella, por ejemplo. De Arriondas tenía algunos compis de piso estudiantil como Celestino y Víctor (Vito), qué será de estos cuates. 

Celestino estudiaba Filología Hispánica y su padre era de un pueblo de la Tierra de Campos leonesa, aunque él presumía de ser muy astur. Y León le parecía una cosa menor. No obstante, a pesar de sus rarezas, Celestino era un buen guaje. Y Vito, que estudiaba Química(s), también era un chaval estudioso y simpático. Buena gente. 

Tampoco me olvido, mientras habitaba la capital asturiana, de aquellos mis viajes al País Vasco, donde vivieran mis hermanas mayores, sobre todo a Bilbao, en cuyo trayecto siempre me topaba con Llanes, la bella población de indianos y playas fantásticas, con cierto exotismo, como si uno se transportara a otro mundo. "Vamos a parar en Llanes", eso recuerdo como si fuera hoy mismo. Un exotismo que, por lo demás, nunca llegué a percibir en la urbe carbayona, como dijera el genio Woody Allen en su visita a la ciudad a principio de los dos mil, cuando uno ya estaba enrolado en la aventura de la Escuela de Cine de Ponferrada. Por cierto, en expedición fuimos a visitar Oviedo y por supuesto a saludar al autor de películas tan singulares como Manhattan o Annie Hall. Y ahí que llegamos a darle la mano al señor Allen en el Hotel Reconquista, que parecía tan asustadizo, con su hija al cuello, como si estuviera interpretando alguno de sus neuróticos papeles. 


Woody Allen, a quien también he tenido la ocasión de ver y escuchar en concierto en lugares como Madrid, Coruña o Nueva York (en concreto en el Michael's Pub de Manhattan), llegó a decir, en su visita a Oviedo, que se trataba de una ciudad exótica. No se extraña uno de que un tipo que vive en Nueva York pueda decir algo así. "Una ciudad exótica... como un cuento de hadas... con príncipe incluido", llegó a declarar Woody Allen, que goza de una estatua en esta ciudad. Hoy habría que decir con princesa incluida. 

En mi reciente y hasta ahora última visita a Oviedo (espero que no sea la última, que uno siempre espera algo más, que el presente se haga futuro al caminar) me he sentido como en casa. Y he notado esa familiaridad, esa cercanía en sus gentes, como si uno fuera mismamente astur, que lo soy. A este respecto, cabe señalar que próxima a la ciudad de Oviedo existe una aldea llamada Cuenya, topónimo que da nombre a mi apellido. Así que me declaro astur sin más. En esta mi visita recorrí lugares de siempre, como la  emblemática calle Uría, donde hasta una chica, a la altura del parque de San Francisco, me saludó, así de pasada. Creo que me confundió con alguien. Pero eso ya da muy buenas vibras, como se dice ahora. 


Recorrí lugares como el entorno de la catedral, que me devolvió a Clarín y su Regenta, el Fontán (está muy bello este sitio), la gastronómica y atestada calle Gascona, donde se escancia sidra como si fuera agua del manantial, incluso llegué a yantar fabada (eso no puede faltar en una visita a Asturias) enfrente de la Academia de la Llingua Astur...  Y  me allegué al Campillín, aunque intencionadamente no me acerqué a la calle donde viviera durante una gran parte de mi estancia estudiantil en Oviedo. Creo que sentí melancolía. Y es que uno es de carácter melancólico, morriñoso, que diríamos/decimos en el Bierzo. 

Oviedo me dejó tan buen sabor de boca, que volveré. Eso espero y deseo. Hasta la próxima parada. 


martes, 6 de julio de 2021

A Manuel Fernández Lorenzo

Me alegra descubrir que mi profe de Filosofía Contemporánea en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de Oviedo me haya incluido en su página web:  https://actiweb.one/manuelflorenzo/ Un placer enorme. Una gran satisfacción. 

Manuel Fernández Lorenzo

A Manuel Fernández Lorenzo, aventajado discípulo del maestro Gustavo Bueno, lo recuerdo en verdad con cariño, porque era un profesor especial en su forma de enseñar la filosofía. Y además era un hombre amable, atento, lo que valoro mucho, sobre todo ahora, con el transcurso del tiempo. 

Con estatuta de Spinoza en Rijnsburg

Confieso (como creyente en el poder de la Naturaleza) que me gustaba mucho asistir a sus clases mañaneras allá por los ochenta y muchos. Entonces uno era un pipiolín, con ganas de descubrir el mundo. Y por supuesto de adentrarme en los entresijos de la condición humana. Qué importante es el saber, aunque éste también produzca dolor (y mucho), porque nos ayuda a darnos cuenta de quiénes somos y dónde estamos parados, que dicen en Hispanoamérica, nuestra querida tierra, que es, dicho sea de corrido, todo un filón lingüístico/literario.

La creencia en la Naturaleza me lleva de un modo inevitable a la figura del filósofo Spinoza, que también creía en esta fuerza creadora. También el colosal científico Einstein creía en el Dios de Spinoza. Por cierto, este filósofo racionalista y padre del pensamiento moderno, según el pensador Schelling (al que Fernández Lorenzo le dedica un libro) era de origen sefardí, en concreto hispano-portugués.

Lo dicho, que le agradezco a mi tocayo Fernández Lorenzo la mención que me hace en su web. Con mis mejores deseos para él.  Vayan aquí estos recuerdos: https://actiweb.one/manuelflorenzo/

 

"... en esta vida solo es real y verdadero lo que se puede

 tocar con las manos". F.W. J. Schelling

 

Recuerdos de un antiguo alumno:
 
         

Algunos recuerdos ovetenses

 
Durante los cinco cursos que permanecí en la Universidad de Oviedo, disfruté con la enseñanza de tres profesores, nomás. O eso creo recordar. A veces los recuerdos se difuminan, se trastocan, pero uno intenta darles vuelo de la mejor manera posible. ¿O no? Quién sabe.
 
Gustavo Bueno, sobre el que alguna vez he escrito algo, era mi maestro, incluso mi ídolo. Su oratoria, aderezada con un pensamiento lúcido y humorístico, me encantaba. "¿No saben quién fue Mariana Pineda?", creo recordar que nos soltó en una de sus primeras clases. "¿No me digan que no han leído Mariana Pineda?", debió insistir sin respuesta alguna. Allí, en la clase, estábamos una serie de pardillos a verlas venir. Entonces, no conocíamos de verdad la obra de Lorca, ni nada. En el fondo, éramos jóvenes e ignorantes. Y no me da ningún pudor confesarlo. Qué se le va a hacer.

Manuel Fernández Lorenzo, mi tocayo, y Marino Pérez fueron mis otros maestros o profes en la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Así se llamaba. Manuel, o Manolo, como quería que le dijéramos, era un discípulo muy posmoderno del señor Bueno. Manolo daba clases de Filosofía Contemporánea en tercer curso, y yo asistía a sus clases con legañas en los ojos (solían ser a las nueve) pero casi con reverencia. Este tipo tenía la gran cualidad de emparentar la filosofía con el cine de Buñuel, Visconti, Bergman y otros grandes, además nos hablaba del marqués de Sade, para muchos, quizá para todos a tenor de lo visto y vivido, desconocido. Nos hablaba con devoción de muchos grandes personajes de las artes y las letras. Manolo nos enseñaba filosofía clásica (a Kant por ejemplo) visto a través de una óptica más cercana a nosotros, pobres cuitadines, incluso más literaria y vivalavirgen. Este docente estaba muy interesado en el cine, incluso decía haber rodado algunos cortometrajes. Nos explicaba la filosofía de Kant a través de Thomas de Quincey, un autor calificado como maldito pero de una exquisita sensibilidad literaria, vital. No hay más que leer Confesiones de un Opiómano, El Asesinato, considerado como una de las Bellas Artes, o bien Los últimos días de Kant, para darse cuenta del talento de De Quincey. Manolo es uno de esos señores que te hace amar la filosofía aunque te resistas. ¿Qué será de él? ¿Seguirá impartiendo clases en la Facultad?
Me descubrió el buen cine, la buena literatura... y eso es muy de agradecer. Aquel hombre, de trato afable, era calvo, alto, siempre iba elegantemente vestido y lucía unas pequeñas y redondas gafitas. Parecía un dandy, provisto de su paraguas en los siempre orvayantes días vetustenses.
Recuerdo que incluso nos habló de una película magnífica de aquellos años, La leyenda del santo bebedor, de Olmi.

       

Blog de Manuel Cuenya (25-02-2010)