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martes, 2 de febrero de 2010

Colinas versus Llanfair

Hay algunos pueblos que tienen nombres simpáticos, incluso cachondísimos. También haylos con nombres horribles, dejémolos en que son poco agraciados, que queda mejor, como el de Cacabelos o Calamocos, en el Bierzo. Por citar algunos. 
Que me disculpen -Fermín, Ester, Alfredo, el Kojo- quienes viven o sean originarios de estos pueblos bercianos. Por otra parte, están aquellos que se nos muestran larguísimos como un día sin pan o una noche blanca en brazos de una damisela poco o nada apetecible. Nombres que parecieran interminables en su afán por extenderse más allá de lo convencional, de lo cotidiano vulgar. 
Entre estos últimos figura Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, que es el nombre de un pueblecín hermoso y perdido en el Alto Bierzo, en el seno del Pico Catoute, el más alto hasta hace poco del Bierzo.
A buen seguro sea Colinas del Campo, que así es como le se dice de forma abreviada, uno de los nombres más largos que se conocen, no sólo del Bierzo, sino de todos o casi todos los pueblos que existen en la geografía española.
¿Conoce alguien un nombre más largo? Si es así, bienvenido será. Uno, al menos, no tiene constancia de que haya nombres de pueblos más largos que éste, al que nos referimos. Tuve la ocasión de visitar, hace ya unos años -cuando aún vivía el amigo Abel por allá-, algunos pueblos en el País de Gales, y para mi sorpresa descubrí que hay un pueblo que tiene un nombrecito espectacular, muy pero que "mu" largo. Como para quitérsele a uno el hipo. Como para quedarse con la lengua arrebujada o “enrrebujada” en el intento de su pronunciación. Es tan largo el nombre de marras que dudo, incluso, de la capacidad de los galeses para pronunciar de corrido y sin pausa un “silabario” de tal envergadura, salvo que se haga a la alemana, con la consiguiente separación de las palabras que componen tal retahíla.
El nombre en cuestión, más que nada por si a alguien le gustan los trabalenguas, se escribe así: LlanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrbwllllantysiliogogogochEspero haberlo escrito bien. Pues no resulta fácil. No os creáis que esto es un corre que te vas linguístico con un cascabel atrás. Es sólo el nombre de un pueblo del noroeste de Gales, situado a pocos kilómetros de Bangor, en el camino de Holyhead. 
Holyhead es, dicho sea de paso, la ciudad portuaria en la que uno se embarca o puede hacerlo para ir a Dublín. Yo, al menos, recuerdo haber viajado en ferry desde Holyhead a Dublín, aunque la vuelta, desde Dublín a Bruselas o a Londres (no recuerdo ahora el lugar exacto) fuera en avión.
Se cuenta que al nombre primitivo de Llanfairpwll, un cantero, chistosito él, añadió, en el siglo XIX, la fruslería de 46 letras que vienen a significar lo siguiente:
Santa-María-en-el-Estanque-del-Nogal-Blanco-cerca-del-Torbellino-Rápido-de-la-Gruta-Roja-de-San Tysilio. Ahí queda eso.

Celda 211

He visto Celda 211, por recomendación expresa de un cinéfilo y escritor (a quien le agradezco la sugerencia), y me he quedado literalmente flipado. 
Todo funciona y encaja en este maravilloso guión, sin fisuras, aunque con algún toque apantallador, efectista, dirigido por Daniel Monzón, y cuyos intérpretes, sobre todo el genio Tosar, resultan bien creíbles y certeros. 
A Tosar le teníamos echado el ojo desde hace tiempo por su impresionante labor actoral en películas como Te doy mis ojos y Flores de otro mundo, de Bollaín, o Los lunes al sol, entre otras, pero ahora está que se sale, el tío, en su papel de preso sin esperanza, bestial y a la vez con un punto de ternura, que lo convierte, a pesar de ejercer de líder Malamadre, en un ser entrañable, que despierta emociones controvertidas en el espectador, pero que al final se me hace conmovedor hasta hacernos casi llorar. 
Es un fenómeno, el gallego Luis Tosar, y sin duda uno de nuestros mejores actores, quizá el mejor (con los respetos que se merece otro monstruo del cine, Javier Bardem). 
A Luis Tosar le concedieron hace algún tiempo el premio Xarmenta en Ponferrada, y ahora me encantaría poder contactar con él para que viniera a Tardes de Cine en Bembibre, algo complicado, habida cuenta de su éxito arrollador, aunque quienes lo conocen dicen de él que es un tipo cercano, muy arraigado a su tierra lucense.
Celda 211 nos muestra cómo la crueldad, la falta de escrúpulos, está no sólo en los presos, sino en sus carceleros, que por momentos, al menos algunos, se me hacen mucho peores, mucho más hijos de puta, sin duda, y cómo un azar o una jodida casualidad nos puede joder la vida entera. Siempre el azar gobernando a su antojo nuestras vidas. Te metes en el sitio inadecuado, en el momento menos indicado, como le ocurre al joven funcionario, que irremediablemente acaba haciéndose pasar por preso -pues, no le queda de otra-, y ya está armada. Ya tienes el marronazo encima, sin posibilidad de escapatoria, a puerta cerrada. Todo acaba yendo a peor hasta llegar a un desenlace trágico. Sin posible vuelta atrás, aunque la peli nos muestre algunos saltos atrás en el tiempo (flashbacks), como si reviviéramos pequeños instantes de felicidad.
Si es que la felicidad, cuando llega, se desvanece casi como un suspiro. Todo lo que se consigue con esfuerzo en mucho tiempo, se puede ir a la mierda en un instante maldito. Esta es una reflexión demoledora, que aparece en la película. Y cuando uno ya nada tiene que perder, porque se le ha ido lo que más quería (mujer, y además embarazada), puede convertirse en un desalmado, un asesino (a sangre caliente), un monstruo, como cualquier otro preso.
Celda 211 nos ayuda a abrir los ojos ante un mundo retorcido, del lado de acá y al otro lado del muro. Tanto unos como otros son igualmente cabrones. Y la vida de un solo individuo, por muy respetable y digno que éste sea, no vale una mierda -la vida no vale nada, ni en León Guanajuato, ni en ninguna prisión, ni en casi ningún lugar del mundo-, cuando están en juego los intereses de una institución, de un sistema... caníbal, etc. 
Qué terrible es la realidad, que se impone, una vez más, como una apisonadora, aquí y allá.

lunes, 1 de febrero de 2010

Reflexiones sobre nuestro carpetovetonismo o endogamia perversa

España, país de países, nación de naciones, una y plural, una y trina, como el Espíritu Santo: Vascos, catalanes y galegos, el resto conquistados, tendidos bocabajo al sol poniente. 

España cañí, con eñe de coño, y eñe de ceño fruncido, apártate pa' allá, calamidad, que este es mi huerto, "arímate" pal otro lado, que aquí campo yo, Alicia y sus animalitos azul turquesa en el país de las desmaravillas, corrupción a todo dar, salarios estratosféricos para gentes de mando y ordeno, miserias para los "probines", alejados del pesebre, siempre el mismo cantar... de los cantares. 
En este país para triunfar hay que ser analfabeto, cubista y feo (con perdón de Picasso y Rosy de Palma), no se puede pedir más. 
En este país, para triunfar, hay que encerrarse cual gorila bajo la espesa niebla de los corrimientos, en algún caserón, o entrarle al plato, o sea, el plató plateado, ser hijo, hermano, nieto, o primo de algún Primo, codearse con los gordos hechos a base de comida rápida, estar enchufado a la corriente voltaica y oportunista del momento, apegarse a algún partido político, militar en las filas sindicalistas, lamer el culo a Cristo y a su madre (pobriña virgencita María), tragar lo que te echen en la pila, dejarse dar por el culo, ser amanerado y tener familia superproductiva, esquizofrénicamente productiva, empresarial, mear en el pilón vecinal, comunitario, y hacerle la rosca y el roncón de huevo y mantequilla a quien se digne tenderte una mano. 

Hay que prostituir el alma, el ano, la respiración para lograr sobrevivir contra viento y soplón. Si quieren les sirvo un Palo Cortado y una ración de mejillones. Marchando. Si quieren les lamo los zapatos por el mismo precio, IVA incluido. Marchando. Si quieren me arrodillo ante ustedes, sus señorías, para que se sientan aún más crecidos. Marchando. Qué ruede el vino peleón y la sonrisa imbécil, bola de pendejos. Qué ruede lo que tenga que rodar, penitentes. 

Se creen que estoy dispuesto a bajarme los pantalones para chuparles el sagrario. Qué ruede lo que tenga que rodar, ya lo había dicho, que ya va siendo hora de que este país se culturice y se deje de idioteces y de imbéciles crecidos como si fueran pensadores a lo Rodin. 

En este país están ocurriendo las mayores atrocidades nunca vistas. Nada que nos pille de sorpresa. Siempre la misma historia, que si el paro disparado, que los inmigrantes sin cabida, que la hostia puta... España, o lo que queda de ella, vive y respira como un país tercermundista, bueno, El Bierzo pertenece al Quinto Mundo, que ya es chingarse. Aquí la cultura está en el bar, y la opinión sesuda se gesta en el restaurante, en las comidas de trabajo, que son puro cachondeo. Pena le da a uno cuando no ve más que miserias espirituales. 
¿Adónde está nuestra espiritualidad? ¿Qué queda de aquella, otrora reserva espiritual de Europa? Para qué amargarse, si no somos capaces de ver más allá de nuestro narizón, aunque la verdad tampoco nos dejamos cultivar, ni instruir, mientras seguimos atopando, que dicen nuestros hermanos gallegos, en las mismas tierras yermas, yermos de tanto saquearnos. 


El país que tenemos es, en definitiva, el que nos merecemos, y no le busquemos tres pies a la gata, aunque no todos estemos conformes ni seamos idiotas perdidos, quede bien clarito. A unos les va bien en la burra y tiran para adelante; a otros les va de puta pena en la mula y tiran para adelante, porque tampoco saben que existen otros mundos, ignoran que hay mundos espirituales (cada día menos), mundos de sueño y verdad que podemos construir; sí, aún quedan lugares habitables, qué optimista me siento, aún es posible respirar, porque que a uno lo dejen respirar es ya todo un logro, no se vayan a creer, por fortuna, aún me queda el consuelo de construir mi propia realidad.

No estoy por la labor de que nos enculen y se meen encima de nuestras calaveras, que siga el Tiburón meneando su culito y el "fijodalgo" de turno le meta mano a la administración pública, que se corrompe y nos invade con su esquelética y estúpida castración, que el meneíto nos siga jodiendo con sus ruidos e infamias, que el bakalao nos pesque a todos confesados y con el escapulario colgado de los cojones, y a ellas de las perolas, no, señoras y señores míos, hoy no me siento con fuerzas para adaptarme al sistema, comme il faut, hoy también me he tomado unos cuantos tripis y benzodiacepinas (es sólo una pose ante la barbarie), que me tienen motorolo y guasón, porque uno también tiene derecho a rendirse a la pos-modernidad. Acaso yo también soy vulnerable y caprichoso y quiero mi luna de plástico, mi luna volcánica y eruptiva, mi látex de literatura y condón, hechos a bote pronto y sin muchas ganas. A decir verdad, la vida de algunos destila ambrosía barata por doquier.



En este jodido país se mira con ojos de ciego, se toca con manos abotargadas, los sentidos están obnubilados, el delirium tremens azota poniente sur, norte de marejada y tromba, los sentidos se atrofian cuando uno se deja llevar por la corriente, río abajo, por la corriente contaminada y vulgar, Ría adentro, por la corriente herrumbrosa, oxidadas las vísceras de tanta obcecación y avaricia, envidia y zorrería elevadas a la categoría de lo sublime pervertido. 
Tomemos nuestra ración diaria de prozac o fluoxetina en espera de un porvenir mejor, más halagüeño. Tomemos prozac para inhibir su serotonina, su 5-HT, que es como inhibir la angustia de vivir, tal vez en espera de no convertirnos en bulímicos nerviosos. 
Vivamos apegados al sistema, aunque no nos llevemos bien con su familia, ese sistema devorador y psicofreniforme. Desde que algunos descubrieron que la literatura es una mina, como la Lucía y su sexo, una mina bien vista, esto es, la literatura ponzoñosa y mal hecha, todo dios se pone manos a la obra a ver si suena la flauta. A veces suena, qué bien, qué bonito, ¿no?, que así, de la noche a la mañana, y en una pasadita, te topes con un premio de algunos quilos en las manos. Da como envidia el dinero (que para eso "semos epañole"), aunque no está bien decirlo.
Lo que más jode es que la guita siempre vaya a parar a las mismas arcas, a los mismos caretos-millón, con pinta de banqueros, constructores, futboleros estrella y estrellas de los "media", y que la mierda inunde a los otros. Si tu eres el otro, date por besado, o sea, trincado.
Después de todo, Lucía y su sexo, por no decir otros muchos y muchas, no sólo se preocupan por orgasmear sus delirios sobre papel, que no es moco de pavo, sino flujos e influjos con ínfulas literarias, no se vayan a creer, y lo demás es cuento, cuento chino, cuento de gallo capón, cuento de vidilla obsoleta, inservible. 
Que cada cual se lama su sexo como mejor pueda, y los demás que lo veamos. El voyeurismo es vicio bien español, por eso gusta tanto el Gran Hermano que nos castiga día y noche (por ahora finiquitado hasta próxima edición), y nos gusta mirar a los otros, porque en el fondo nos sentimos identificados con ellos, uno también es un mono hecho hombre por obra y espíritu de otros macacos; y todos vamos en el mismo barco, aunque algunos consigan flotar, gracias a un iceberg de mierda; haylos, no obstante, que prefieren caca disfrazada, que no huela a tal. En cualquier caso, a todos nos brilla el pelo de tantos líquidos como nos embadurnamos, a este ritmo trepidante el consumismo desbocado y homicida acabará con nosotros, desamparados monos, y ya no habrá más primates dispuestos a comerse el marrón, entonces se inventarán extraños métodos para hacer que aparezcan otros bichos, que flotarán a través de aparatejos cuasi inimaginables; para ese momento algunos estaremos, a buen seguro, contemplando la levedad ontológica dentro de algún agujero negro, en una dimensión ahora desconocida, que abrirá sus puertas, de la percepción, para sentirnos a gusto y protegidos, quizá nos conceda los privilegios que nunca tuvimos la oportunidad de gozar, y hasta puede que reventemos de placer sintiéndonos más poderosos que Jesucristo, que se cubrió de lágrimas el día de su resurrección, acaso porque no podía creerse lo ocurrido, le parecía un sueño dentro de una elocuente pesadilla.
Jesucristo soñaba en vacío y con las manos clavadas aunque mecidas al viento, Jesucristo nos dijo, una vez, que volvería a lamer la realidad con entusiasmo, luego de su resurrección maldita, pero creo que él lo que ansiaba de veras era pudrirse en la tierra, sufrir y sentir la muerte real, la muerte que glorifica al ser humano y hace más inhumano al Dios que se dice omnipotente. 
De todos modos, hay ilusiones para todos los gustos, hay alucinaciones para dar y tomar, y todos estamos anclados en un atolladero sin solución de continuidad. Dios es una alucinación. Y España un circo ambulante, frikis incluidos, en el plató de una charcutería lacrimosa y trasnochada.