Me hacía especial ilusión dedicarle estas palabras a mi querido amigo Rafa Giner en las páginas de la revista Losada, una publicación editada por Xuasús González, primo suyo.
Ya tuve ocasión de dedicarle un texto en su día, pero he querido volver sobre aquellas palabras y reescribirlas con motivo de su publicación en esta revista, nacida en el pueblo de Losada, perteneciente al Ayuntamiento de Bembibre.
No podía encontrar un lugar más apropiado para recordar a Rafa. Losada fue para él un rincón querido, un lugar en el que disfrutaba de la vida sencilla, de los buenos momentos y, sobre todo, de la compañía de su familia y de sus amigos. Allí dejó recuerdos, afectos y momentos compartidos que permanecen en la memoria de quienes tuvimos la suerte de conocerlo.
Por eso, estas palabras son también una pequeña forma de mantener vivo su recuerdo, de traerlo de nuevo a estas páginas y de compartir con quienes lo quisimos la persona que fue y de todo lo que significó para nosotros.
https://www.heraldodeleon.es/comarcas/provincia-leon/losada-2026/20260827144654105959.html
Escribo estas palabras desde el monasterio de Cóbreces, en Cantabria, donde está el monje Leoncio González, “el tío Leoncio”, como le llamamos en la familia, que es tío del amigo Rafa, Rafael Giner Sola, el cual nos dejó en el mes de marzo de este año, y eso me entristeció, porque conocía a Rafa desde hacía años gracias a mi hermana Cini y mi cuñado Paulino, que son familiares suyos, porque Rafa era el marido de Sara, prima carnal de mi cuñado y por tanto sobrina carnal de Leoncio, que es un hombre entrañable, con quien acabo de tener una conversación harto interesante a propósito de los varios monjes del Bierzo Alto que estuvieron en el monasterio cisterciense de Viaceli (él sigue por fortuna, con noventa y dos años en este remanso de paz y espiritualidad) y el recuerdo para el amigo Rafa, al que siempre recordaré, siempre recordaremos, por ser una buena persona, que sin duda ha dejado huella emocional en quienes tuvimos el gran placer de conocerlo, de tratarlo, porque Rafa siempre tenía buenas palabras y buenos gestos. Era afable, culto, con sentido del humor, algo que se agradece mucho, mucho, sobre todo en estos tiempos de barbarie. Así lo recuerda también el tío Leoncio, que tuvo mucho y buen trato con él, incluso llegaron a visitar juntos el pueblo de Pechón, en Cantabria, adonde solían viajar los padres de Rafa, según me cuenta el tío Leoncio. O eso he creído entenderle. Pues sí, Rafa era un paisano hospitalario, cercano.
Recuerdo
aquel mi viaje a Barcelona hace ya años en compañía de mi hermana y mi cuñado.
Daba gusto estar, conversar y pasear con él por la ciudad condal, donde
vivía. Recuerdo que visitamos lugares tan emblemáticos como el parque
Güell, de Gaudí, entre otros sitios de interés.
Con su saber estar y esa forma
suya de ser Rafa te hacía sentir muy a gusto. Se le veía disfrutar mucho con lo
que hacía, y se notaba que también disfrutaba mucho del Bierzo, de Losada -su
pueblo en el Bierzo Alto-, donde solía pasar el verano, salvo en los últimos
tiempos, que ya no andaba del todo bien de salud, aunque ahora, que parecía que
había superado los obstáculos, va y le arrea un trombo o algo por el estilo y
lo deja literalmente fuera de juego. Si es que la vida es un suspiro de
nada, aunque no acabemos de integrarlo, tal vez porque nos autoengañamos
pensando en que la muerte -la única certeza- no va con nosotros, sino con los
demás, porque, cuando llegue, ya no estaremos para dar cuenta de la misma. Algo
así decía el filósofo Epicuro: “No tenemos por qué temer a la muerte, pues, de hecho, no nos
encontramos nunca con ella. Cuando todavía estamos aquí, ella aún no está. Y
cuando ella está, nosotros ya no estamos… Así pues, la muerte no es real ni
para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando
se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya”. Qué
cabrona, en todo caso, se revela y rebela a veces la vida, la otra cara de la
moneda. Eros y Thánatos en permanente lucha por ver quien gana la batalla. Al
final, por más que intentemos esquivar a la dama de la guadaña, ella se alzará
con la victoria, como vemos asimismo en la partida de ajedrez de El séptimo
sello, la película del director sueco Ingmar Bergman. Cabe señalar que la
partida ajedrez simboliza la lucha entre la vida y la muerte. La victoria de la
muerte es un reflejo de su inevitabilidad y la búsqueda del sentido de la vida.
.
Qué tristeza que este verano ya
no podamos vernos y echarnos unas risas.
Te extrañaremos, querido amigo
Rafa, pero te seguiremos llevando con nosotros, siempre en nuestro corazón, en
nuestra alma.
https://ahoraleon.com/numero-24-revista-losada/
https://www.enredando.info/en-la-calle-el-numero-24-de-la-revista-losada/
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