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miércoles, 30 de diciembre de 2009

A propósito de Match Point y el azar

Match point, quizá una de las mejores películas de Woody Allen, nos sirve para reflexionar acerca del azar, como motor de vida, la realidad y la ficción. Desde que se inventara el cine como fábrica de sueños, y luego la telepantalla controladora y retorcida, vivimos y creemos más en la ficción que en la realidad, deseamos la representación de la realidad y no la realidad misma (de ahí que estemos enganchados a lo virtual), lo que nos vuelve trastornados, aunque la cruda realidad supere cualquier ficción. Si aceptamos el juego de que el cine es ficción, sueño artificial o pesadilla, que trastoca los marcos del tiempo y el espacio, al menos una gran parte del cine, esta peli cuenta con todos los ingredientes ficticios para embelesar al espectador. Y aun logra, lo cual resulta escalofriante, que el espectador se identifique con el tenista-trepa-asesino, que encima es un pusilánime. Si bien acaban encajando todas las piezas en su guión-rompecabezas, incluido el juego del azar con que se inicia la peli, este se me antoja puro artificio. Y aunque Allen logra sorprender al espectador con ese giro de guión casi al final -uno no se espera esa reacción del prota-, parece como sacado de su diván en un arrebato de neurosis. En realidad, Allen nos cuenta la historia de unos personajes sombríos y estúpidos, reflejo de la sociedad involucionada en que vivimos, donde el azar, que juega un papel definitivo, como en la vida misma, triunfa sobre el talento. Por azar vemos cómo se salva el asesino de las garras de la policía, lo que podría ser engañoso. Aunque en nuestra sociedad basura a menudo es el azar y no el talento quien decide nuestras posiciones en la vida. Tras una apariencia de santo varón, se esconde un hijoputa, que no sólo engaña a su mujer y la familia de su mujer, sino que acaba cargándose a su amante. Lamento deshilachar la trama. El final se me antoja perverso porque consigue que nos identifiquemos con el asesino, y ya sabemos el poder hipnótico que ejerce el cine sobre las masas que gustan de imitar conductas cinematográficas. Por lo demás, es la suya una película pesimista y transgresora cuya idea de partida la podemos intuir en “Crimen y Castigo” del genial Dostoievski y en el cine negro, con una bella y sensual Scarlett Johansson en el papel de mujer fatal, que está para degustarla toda ella, aunque tampoco sea trigo limpio, aparte de esa reflexión final nihilista tomada de Sófocles, que nos remite a las puestas en escena tan del gusto de Bergman, en las que hacen acto de presencia los espectros humanos. Allen, sin quererlo o queriéndolo, acaba haciendo el cine que tanto gusta al público.

El azar

Dije que haría referencia al azar, y aquí va.
Que el azar forma parte de nuestras vidas comienza a estar claro, incluso de un modo científico, a partir de las nuevas teorías sobre sistemas caóticos y la mecánica cuántica. Se admite que aun en experimentos controlados hasta sus más mínimos detalles siempre hay un grado de aleatoriedad en el resultado. Uno no es sólo su voluntad sino también sus circunstancias, que pueden jugar a favor o en contra. Hace ya tiempo, mientras paseaba por una de las avenidas lisboetas, en concreto la Almirante Reis, tuve la mala suerte de toparme con un tipo que, tras avisarme de que estaba en zona peligrosa, y que él acababa de salir del trullo, me invitó a que le diera unas monedas. Ante mi rechazo, incluso ante mi sonrisa, el tipo en cuestión me dejó libre un instante, que aprovechó un negro de aspecto espantoso, larguirucho como un palitroque, y marcado con una cicatriz en el rostro, para abalanzarse sobre mí como un terremoto. No me dio tiempo a reaccionar. De lo contrario, habría salido de estampida. El negro, que me “emburrió” por la espalda, se agarró a mi mochilita, tiró de ella con mala leche, y me tambaleó, hasta que caí al suelo, donde fui vapuleado durante algunos segundos, tal vez un minuto, por este fillo de puta y una rapaza, los cuales no lograron, a pesar de su empeño, quitarme la cartera, en la que llevaba dinero, tarjetas, etc, porque entre otras asuntos, llegó la poli, que me alivió del susto y de las agresiones. El azar quiso que sólo me llevaran la mochila, en la cual estaba una cámara fotográfica, un cuaderno de notas y un libro sobre Lisboa. Luego de la agresión sólo pensaba en recuperar el cuaderno de notas, en el que tengo escrito algunos apuntes sobre viajes, y notas de Lisboa. Pero el azar, que se puso de mi parte una vez más, volvió a querer que al final los agresores fueran a parar a manos de la poli, y el material robado volviera a mí, algo que no ocurre con frecuencia. Tras formalizar no sé cuántos trámites burocráticos, conmocionado por el suceso, volví a recuperar la normalidad. Siempre agradeceré el trato que me prestara la policía, en concreto una jovencita y jovencito policías secretas, que además de dar caza a los asaltadores, me llevaron al hospital, y luego me atendieron con cariño. Son los portugueses gente por la que siento gran afecto, y a partir de ahora, a pesar de esta agresión, creeré aún más en el azar y en la policía portuguesa, que por cierto es habilidosa y maneja lenguas extranjeras con una facilidad envidiable. Lisboa seguirá siendo una ciudad inolvidable y familiar, “misteriosa y exótica”, como me dijera Patricia Sousa, una chica adorable y melancólica a quien tampoco olvidaré.

A Emilio Gancedo

Quiero agradecer a nuestro paisano Emilio Gancedo, que también estaba en el acto dedicado el pasado lunes a Paul Auster, que siempre me haya/nos haya tratado bien en la prensa, tanto en lo referente a libros como acerca de la revista la Curuja.

http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=245981
http://tierraalantre.nireblog.com/post/2009/04/01/las-palabras-tapicas-se-pierden-al-irse-muriendo-quienes-las-usan
http://www.une.es/media/Ou1/File/Items/dossierjunio08/DIARIODELEON240608.pdf

La Nochevieja de 2009: delirio filosófico


Se acaba un año, aunque hoy es 30 de diciembre, que a uno se le antoja movidito, alegre y triste. Resulta difícil hacer un balance en toda regla, porque la memoria tiende a olvidar, incluso los malos momentos, como la muerte de un ser querido, que me impresionó, aunque conviene levantarse, porque la vida sigue, al menos por ahora. Movida, crisis y confusión. Desconcierto e incertidumbre. Libros publicados. Días hermosos en Cuenca, con los poetas. Día inolvidable en Busmayor, en un agosto de hayedos y nieblas "inspiratrices". Todos los años llegan a su fin. Ha habido olla, cebolla y sardinas en escabeche. Empanada y penas compartidas. Cine y sardina. Poesía y farra. Lírica y pulpo a feira. Viajes a Galicia, en busca de literatura y mar, música céltica y diversión. Tiempo de esperanza. Sangre de neón. Cuchillos carnívoros. Puñaladas traperas. Política de gestora. Socialismo y marisco para algunos. Casi siempre los mismos. Crisis para los pobres. Bacalao o bakalao y merluza para los caníbales y reyes. Es bueno ser rey, y príncipe, incluso infante de corte menor. Dicen los tiburones que hay dios -recuerda mi padre, a quien le mando muchos cariños, porque anda pachuchín, él que tanto trabajó y dio a sus hijos-, no hay dios, no, dios es el dinero, que todo lo puede, como nos recordó Valle en Luces de Bohemia, Luces de la ciudad, el año de las luces apagadas. Visitas al centro de la tierra. Volcanes en erupción. “Bailemos los vivos en el borde del cráter, una última danza agónica” (H. Miller). Alakranas y piratas del Caribe. Corsarios en ayuntamientos varios. Viaje al Canadá mítico, en el Oeste dorado. Encuentros en la tercera fase con sirenitas y musas atropínicas. Campanadas a media tarde. Canales por los que fluye cerveza, ginebra y whisky. Cada día menos alcohol y casi ninguna fumeta. “Amo todo lo que fluye”, dijo el gran Milton. “Amo todo lo que fluye, todo lo que contiene el tiempo y el porvenir, que nos devuelve al comienzo donde nunca hay fin” (Trópico de Cáncer). Viajes a baixas rías y playas. Viajes al final de la noche. Noches salvajes. Las mil y una noches en el horizonte circular y sagrado del desierto. Visiones alucinantes. Cielos protectores. Cielo sobre Berlín. Cielo de plata que se desvanece. Noche cielo luna, encarnada, color del antojo. Las alas del deseo. La vuelta al día en ochenta mundos. Amores imposibles. Amores perros. Historias extraordinarias. Músicas posibles. Acordeones líricos. Alguna película conmovedora, quizá, tal vez. Lugares comunes. Diálogos excitantes, pasionales, platónicos. Para aprender hay que ser humilde. No lo olvides, estimado lector. Situaciones esperpénticas. Teatro de marionetas. Momentos inolvidables. Emociones perfumadas. El olor de la fruta cremosa. Aires corrompidos y aun viciosos. Basura por un tubo. El tubo catódico de la memez. Verbos carnositos. Como para degustarlos al amor de la lumbre. En la hoguera de las convulsiones. Magosto entrañable. A la luz del tambor caldeado por las brasas de la infancia. Un año puede dar mucho de sí, aunque a uno le resulte imposible recuperar todas esas imágenes que se nos presentan en la pantalla de la vida. Ahora sólo nos queda pendiente la Nochevieja, que no es ningún ángel caído/azul ni ninguna Madonna, sino la madre de los dioses -según Hesíodo- y las diosas. La caída de los dioses y las diosas en una noche de blanco satén. Nieve en lo alto de Gistredo y la Sierra de la Guiana. Fantasmas o pantamas asomando el hocico en lo alto de Gistreo. Ojalá se evaporen. Noche de copas en alto. Chín-Chín. Salud. Noche en blanco paloma y escarchado para aquellos que aún aspiran a redescubrir los amaneceres fluido rosa. Música psicodélica. Siempre Pink Floyd y el muro caído de la libertad, correteando por las serranías de Urdiales y los Montes. Subida al pico Catoute por el valle de Salentinos. Tardes de cine. Tardes de Autor en la villa del Benevívere. Amanece que no es poco. Mientras amanezca seguiremos estirando el espacio-tiempo. Qué poético se torna el verbo cuando la lengua acaricia otras lenguas coloridas y musicales. No te arrincones más a delirar, te susurra la voz de la conciencia. Seguiremos releyendo el Ulises de Joyce, en espera de encontrar la verdad o un universo en expansión, volveremos al ruido y la furia de Faulkner, y nos atreveremos a contar una historia cual si fuéramos retrasados mentales, que a lo mejor lo somos, y no nos hemos enterado; volveremos a Larra y al teatro de la muerte de Valle y Kantor, al teatro de la crueldad de Shakespeare y Artaud. Al teatro de la universidad de la experiencia, a las clases de la Uned, en la Bañeza... la bañera en la que hidratar mi piel y mis poros intraanímicos. Hasta siempre.

La escritura como catarsis

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/miller-escritura-como-catarsis_176840.html (Diario de León, 17/01/2005)


“Un niño no necesita escribir, es inocente. Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vivir falsa”, escribe Hanry Miller en Sexus. De vez en cuando uno vuelve a la literatura de Miller para alimentar su espíritu en esta época materialista y dopada. Ya hace tiempo que estamos drogados por nuestras distracciones y por quienes nos las eligen. Vivimos una especie de Mundo feliz. Qué razón tenía Huxley.

Da la impresión de que nuestra sociedad sólo estuviera interesada en el entretenimiento estúpido y en la propaganda insidiosa. Y Miller es importante porque todavía posese la capacidad de despertarnos. Lo que quiere en el fondo es conducirnos a las estrellas. “Intento llegar hasta la estructura íntima de los hechos” (El mundo del sexo). 

Escribir es, por tanto, una manera de recuperar nuestra inocencia. Una forma de inventarnos una vida acaso diferente para deshacernos de la ponzoña. Escribir es, en cualquier caso, una liberación, una catarsis, acaso una limpieza de chimenea. Uno descarga frustraciones y recuerdos, sentimientos y falsas conciencias. Aunque Miller muriera sin ser reconocido por los que se autoproclaman árbitros de la “cultura”, es uno de los grandes escritores del siglo XX. Es tal su fuerza vital que resulta único. “Ir más allá de uno mismo. Lanzarse al espacio, aferrarse a una escalera volante, subir por ella, elevarse, coger el mundo del pelo y levantarlo, despertar a los ángeles acurrucados en sus etéreas guaridas, ahogarse en las profundidades estelares, colgarse de la estela de los cometas”. Podría decirse incluso que inventó un nuevo estilo de escritura, tan revolucionario como Joyce o Hemingway.

Si Rimbaud devolvió la literatura a la vida, Miller logró devolver la vida a la literatura. A menudo los escritores, y aun los periodistas, olvidan que su objetivo debe ser contar verdades. Y el personal lee novelines de misterio, de amor y de intriga para anestesiarse y no para despabilar el alma. La mayor parte de los libros nos esclavizan en lugar de liberarrnos. Adormecen nuestros sentidos. “Si todos los hombres y mujeres dijeran sí a la vida, menuda explosión supondría para los políticos y belicistas. ¿Qué harían esos malditos bastardos? Se acabaría la esclavitud. El dinero no serviría para nada. ¡Creación! ¡Deseo! ¡Ilustración!”. Miller, como Jesucristo, nació en Navidad. Y esta es buena ocasión para hacerle un homenaje a este místico que algunos críticos han calificado de pornógrafo.

martes, 29 de diciembre de 2009

Paul Auster en el Musac de León



Un lujo tener al escritor y cineasta neoyorkino en León, gracias al empeño de Club Leteo http://www.clubleteo.com
, y en concreto al amigo y poeta Rafa Saravia (al que vemos en una foto al lado de la traductora y Auster). Saravia fue el encargado de presentar el evento en el Hall del Musac, abarrotado de un público deseoso de escuchar a su ídolo: Paul Auster, que estuvo ayer lunes en este vanguardista museo leonés para atender preguntas de sus aficionados y recibir, cómo no, un simbólico premio Leteo 2009.
Un gran acierto, sin duda, que los dinámicos chicos del Club Leteo hayan pensado en este fenómeno de las letras y las imágenes, si bien en otras ocasiones también lo hayan hecho, con sabio criterio, en otros grandes como Arrabal o su amigo, el enfant terrible de la literatura francesa contemporánea, Michel Houellebecq, entre otros.
Confieso que desconozco la literatura, incluso la cinematografía de Auster, qué pena, aunque mi sobrino Pablo, músico él, me hablara de este tipo hace tiempo. Aparte de su Trilogía de Nueva York, quizá sea más conocido por sus pelis, Smoke y Lulú on the bridge, donde el azar es el tema esencial, al igual que en el resto de su obra, dicen los entendidos. Es el azar algo que gobierna nuestra existencia, y un asunto que requiere la debida atención. Véanse, por ejemplo, Babel de Iñárritu o Match Point de Allen.


Hace tiempo, a propósito de un contratiempo que sufrí en Lisboa, me ayudó a reflexionar acerca del azar, y escribí algo para Diario de León, que luego reproduciré aquí, con algún retoque quizá. Lo dejaré para otro momento, no obstante, porque antes quiero reseñar lo que nos dijo el escritor americano en el Musac y las preguntas que le hicieron algunos de sus fans, ya que Auster no dio ninguna conferencia, sólo atendió preguntas. 
Sorprende que gran parte de las preguntas hechas por sus seguidores versaron sobre política, en concreto la americana, Bush, Obama, etc., antes que sobre asuntos estrictamente literarios o sobre su narrativa en particular. Y es que la política está por encima de todo, como un dios omnipresente y devorador. Incluso algún graciosillo de entre el público, antes de formular la pregunta, dijo que la haría en castellano porque su inglés no era bueno, o algo así, y además él había estudiado francés, apostilló, a lo cual, el siempre atento y despierto Rafa Saravia, le respondió: "Auster habla muy bien francés". No en vano, este escritor y cineasta tradujo durante un tiempo la obra de autores franceses como Mallarmé o Sartre. De ahí su pasión por París, ciudad a la que irá, antes de regresar a Nueva York, después de pasar por nuestra ciudad de León. Como anácdota cabedecir que Auster no pudo ingresar en el IDHEC, la escuela de cine de la capital francesa, hoy conocida como al Femis. Como le ocurrió asimismo al cineasta alemán Wenders. Pero esto no le influyó en su cariño por París.
En cuanto a las preguntas que le formularon, ni que decir tiene que no era necesario preguntar en inglés porque había una traductora para hacernos entender, aunque también hubo algunos, entre ellos algún americano y alguna estudiante o profesora de inglés, que se atrevieron a preguntarle en su idioma.


Por lo demás, Auter reivindicó a algunos escritores hispanoamericanos, si bien confesó no sentirse influido por ninguno, como Fuentes, Borges, Cortázar o García Márquez, y a otros españoles como Cervantes o algún contemporáneo como Vila Matas, con quien coincidió en unas jornadas literarias en Nueva York. Alguno o alguna le preguntó por el hecho de ser de origen judío: si se sentía influido por la literatura judía, o el mundo judío en general, si sus personajes eran autobiográficos, si la idea y tramas de las novelas las tenía en la cabeza o las iba desarrollando a medida que escribía, y así en este plan.


A partir de ahora espero entrar de lleno en su literatura y en sus películas. Gracias al Club Leteo, gracias Rafa, para esta velada con Auster.

En el centro u ombligo del lago de la luna

Con el permiso de mi amiga Tere Caballero, que es buena conocedora de su país, daré cuenta de las hipótesis que se barajan, cual naipes de tute subastado o subasta, acerca del posible significado de México. Vayan "eiquí", que diría cualquier paisanín de mi tierra. 
Lo que es seguro es que se trata de un vocablo de origen náhuatl, con el que los mexicas designaban la capital de su Estado. La propuesta más aceptada, de común auerdo, señala que el nombre del país proviene de los vocablos mētztli= luna, xictli= ombligo o centro, y -co= sufijo de lugar. De esta forma, el nombre de México significa Lugar en el centro de la luna, o más precisamente, en el centro (ombligo)del lago de la luna, que era uno de los nombres con que los mexicas conocieron el lago de Texcoco. 
La toponimia náhuatl, además de describir algunas características de los lugares geográficos, estaba cargada de sentido esotérico, conocido sólo por algunos iniciados, como señala Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España. En su interpretación mística, el nombre concedido a México puede significar Centro del mundo, y de esta manera es representada la capital mexica en varios códices, como el lugar en donde concluyen todas las corrientes de agua que atraviesan el Anáhuac (que en náhuatl significa el mundo, o Tierra rodeada por los mares).
Otra hipótesis es la que relaciona el nombre del país con el del dios Mexi (pronunciado en náhuatl ['me∫i]), dado por los mexicas a su dios tutelar Huitzilopochtli, el colibrí siniestro. De esta forma, México es el lugar donde habita Huitzilopochtli. 
Según cuentan las crónicas mexicas, Huitzilopochtli sacó a esta tribu de Aztlán (un sitio mítico, que algunos creen localizado en Nayarit, lugar conocido como tierra de la Mexicanidad) con el propósito de llevarlos a una tierra donde serían los señores. Para llegar a ese lugar, la tribu debió peregrinar durante doscientos años. Al encontrar en el islote de Mexihco la señal dada por su dios -Tenochtitlan, en recuerdo de su dios y de su principal sacerdote, llamado Ténoch.
Pues esto es lo que sabemos sobre la palabra México, lo que nos reafirma en nuestro ombligo lunar, qué poético, caminando sobre el ombligo de la luna a ritmo de quebradita mientras nos echamos unos entres entre los cuates y carnalitas en la pulquería de al lado. Sírveme otra, guey, y no te me "apendejes" que te madreo y compadreo en un delirio alucinatorio.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Henry Miller, Artaud y otros (confesiones de un Diario)

Leer cuatro páginas de Trópico de Cáncer sí es leer literatura, aunque si me apuran, Trópico de Capricornio aún es más redondo. Miller se hubiera consagrado como escritor con sólo escribir un Trópico. Pero escribió mucho y rico, que dicen los hispanos. http://lumpen00.blogspot.com/2009/12/la-provocacion-de-henry-miller.html
Lamentablemente, el panorama que se dice literario es castizo a más no poder en esta España nuestra. Mientras tanto, seguiré comprometiéndome con la literatura, como siempre quiso el noble y existencialista Sartre. La literatura será compromiso y muerte. O no será. Sí, la literatura tiene que ser muerte, como quería Unamuno. Uno no puede escribir desde el optimismo, dijo Juan Manuel de Prada en una entrevista para La Mandrágora hace años. De Prada comenzó con buen temple pero luego se torció en el camino. Uno sólo puede escribir desde la desesperanza y el tormento, como lo hicieran Kafka, Sábato, Artaud... A este último lo recluyeron en un psiquiátrico por considerarlo loco, por decir verdades como templos, pero es que en esta muy pulcra sociedad no se acepta a quien pretende destruir mitos y religiones, y Artaud fue muy lejos en su hacer literario, teatral, histriónico. Tuvo que pagarlo. Son la esquizofrenia y el capitalismo quienes nos conducen y nos llevan de la mano al precipicio. Leed, por favor, el Antiedipo de Deleuze y Guattari. Hay que ser adaptativamente productivo para formar parte de la sociedad normal, demasiado normal. Uno sólo puede construir una gran obra cuando sufre y se conoce la crueldad humana, la crueldad del teatro, estamos en un gran teatro, un teatro como el que nos muestra Bergman en Fanny y Alexander, o como el que nos han mostrado tantos otros, el teatro al mejor estilo de Grotowski y Kantor. El teatro como única salvación. La escritura como catarsis. Juan Manuel de Prada también aseguró que dedicarse a la literatura era como practicar un sacerdocio, aunque se abstuviera de hacer votos de castidad, de pobreza, entre otros, aunque ahora se manfieste contra el aborto, y así, en este plan, roucovareliano. En verdad, el escritor necesita encerrarse para escribir, no hay otra forma de hacerlo. Sin embargo, es fundamental entregarse a la vida, viajar, conocer... como hiciera Rimbaud, aunque bien es cierto que éste dejó de escribir para vivir. A mí me parece más interesante la figura de Miller, un vividor, que comenzó a escribir con la misma pasión y avidez con que había vivido. Miller es único en su hacer literario y vital. Tuvo la gran suerte de codearse, mejor sería decir excitarse, con Anaïs Nin, otra musa brillante y cautivadora. Las memorias de Anaïs son delicias que ya las quisiéramos muchos, pero es que la Nin no era ninguna moralista y hacía lo que le venía en gana. Follaba con su marido, con Miller, con June... “me dejaría acariciar por cualquiera”, escribe en un pasaje de Incesto. Anais disfrutaba de los instantes, de la vida, del sexo, y no era remilgada y estúpida como muchas otras. Una mujer bonita no tiene que preocuparse más que por follar, decía el brutal marqués de Sade, que tenía una imaginación desbordante, prueba de ello son sus eyaculaciones libertarias, filosóficas. A Sade hay que leerlo, y no prejuzgarlo por los sambenitos que se le han asignado. Todos lo condenan pero muy pocos parecen haberlo leído. A las gentes se les juzga a menudo por lo que se dice de ellas y no por sus conductas. La conducta verbal de Sade es muy de agradecer. Se procesa a gente por el mero hecho de estar. Es un absurdo. Kafka era un tipo atormentado y muy lúcido en su escritura. Uno sólo puede escribir sobre lo que sabe y siente. La mejor manera de escribir es sentir, es sentirlo todo y de todas las maneras posibles, porque esta vida no es más que una alucinación, un delirio esquizofrénico, un delirio extraordinariamente nítido. Yo seguiré viajando y leyendo, visitando guetos y barrios chinos, adentrándome en bajos fondos, como se ve en la película Trainspotting, intentando rejonear a la mierda en forma de cornamenta, tocando pelo y pluma, ejecutando verónicas, punzando la médula espinal, cerca del meollo epistolar, metido de lleno en el sagrario bendito, mientras las bestias copulan en los atardeceres rojos de algún subconsciente, hay que devorar literatura maldita, bonita, literatura que diga algo y no sea un aséptico amontonamiento de palabras, una literatura que sea al menos ensalada verbal, aderezo sabroso, adobo picante. Seguiré leyendo a Sade desde mi castillo de encierro y desazón, y me perderé en Justine -qué gustito- y la filosofía en el tocador, y si me dejan en alguna cama de Ámsterdam, con una madona que me lo ponga caldosito y bien servido, con una güerota salida y amorosa, empapándome en lenguas políglotas, orgásmicas, y caminaré durante 120 días y aun más por el desierto de Tabernas, el desierto de Sonora, el desierto del Sáhara... y no me cansaré de caminar empolvado, seguiré explorando mundos de la perversión, oasis cinematográficos, bucearé en las charcas de Pasolini y Proust, siempre en busca de tiempo, como factor dorado y ensoñador. Y luego de mis andanzas cortesanas y mis correrías suicidas regresaré a Miller y a Bukowski. Miller fue una revelación, una bendición, un bautizo, algún día quizá consiga escribir mi Trópico de Capricornio: “Todos los que me rodeaban eran unos fracasados, o si no, ridículos. Sobre todo, los que habían tenido éxito. Éstos me aburrían hasta hacerme llorar.” Los que tienen éxito, dice Miller, aunque yo diría los que apegan sus infamias al sistema, ese devorador de ilusiones e ingenuidades, esa ponzoña que se mete en tu sangre y te hace gritar de dolor. Verlaine y Gainsbourg me susurran una canción de otoño, un poema saturnino: me recuerdo de los días pasados y lloro, y me dejo llevar por el viento malvado, más allá, más acá, como si fuera una hoja muerta. Yo también lloro como un niño desconsolado, aún no he aprendido que el hombre es un lobo para el hombre, y sigo ignorando que hay demasiada mala fe. Verlaine y Rimbaud estuvieron durante una temporada en el infierno, pero fue la suya una temporada de iluminación, a puerta cerrada, huis clos, como cuando Sartre rechazó el Nobel. Sartre vomitaba inmundicia y podredumbre, quería ser espiritual, le gustaba sentarse en el café De Flore y luego en Deux Magots, sitos en Saint-Germain-des-Près, acompañado por la grandiosa y amantísima Simone de Beauvoir. Apasionante la vida de Rimbaud, poeta maldito de exquisitez sobrehumana. Rimbaud viajó en un barco ebrio, un barco hecho de sol y de carne a lo largo y ancho de la Tierra, borracho de poesía, como Baudelaire, como Poe. Hay que emborracharse para no sentir el peso aplastante del tiempo. Hay que emborracharse, ya sea a base de vino, de poesía, de belleza.... baudeleriana. Hay que embriagarse, nomás. Hay que sentir la belleza bajo un colocón de opio como Thomas de Quincey, hay que sestear en las adormideras, y entregarse al amor y a las palabras casi con reverencia. Hay que ser diabólico como Barbey D’Aurevilly, cocainómano y muy sexual como Freud, que dio en el clavo del Eros y el Tánatos, pulsiones que nos mueven, motores que nos impulsan a seguir batallando. Me gusta psicoanalizar mis obsesiones, dormir en los brazos de la paranoia, vivir en una perpetua y constante psicopatología, trastorno cotidiano, enfermedad congénita, demasiado humana-animal, familiar. La antipsiquiatría condena a la familia y a la sociedad, pero es que todos somos sociedad y familia, y harto neurotiquines, por cierto, aunque yo no quiera ser hermano, ni primo de algunos seres. Me sigue entusiasmando Antonin Artaud y su teatro de la crueldad, me apasiona el Artaud que se fue a México en busca quizá de la quinta esencia y acabó por encontrarla en las danzas tarahumaras y el peyote, dios que le transporta a uno a mundos menos contaminados, el peyote al que eran tan aficionados Jim Morrison y los Beatles, amén de otros. El Artaud revolucionario tiene mucho que decirnos aún hoy. Confío en los mensajes de Artaud y en Bataille y en casi todo el surrealismo. El surrealismo es Dalí, el surrealismo es Buñuel y Breton y Crevel... Me gusta la literatura y el mal que se transforma en bien de algunos. Los que hemos podido leer a Lewis Carroll, a Switf, la obra poética de Cirlot, la antología poética de Whitman y la de Pessoa sabemos que la belleza es comestible. Breton y Dalí también sabían que la única belleza verdadera era comestible. Necesito respirar el surrealismo por todos los poros, ansío empaparme con Van Gogh y sus cartas a Teo, con Van Gogh y sus pinturas, mientras los cuervos sobrevuelan Auvers-sur-Oise. Artaud y el suicida de la sociedad está más vivo que nunca. Yo logré acabar con el juicio de Dios leyendo a Pavese y a Nerval, al tiempo que me dejo arrullar por Apollinaire y sus once mil vergas. Me divertí sobremanera, me reí a mandíbula batiente con Rebelais y su Pantagruel y Gargantúa, Kundera me ha hecho llorar de emoción. Nadie puede quedar indiferente luego de haber leído a Kafka y su Metamorfosis y su Castillo y sus cartas al Padre y su absurdo e impresionante Proceso, que luego llevaría al cine Orson Welles. Muy pocos parecen conocer a Genet, buen amigo de Juan Goytisolo y Monique Lange. Juan Goytisolo se me apareció en el barrio de La Chanca y luego en Níjar y más tarde en Marraquech. Goytisolo me enganchó con sus marroquinerías. Makbara, Juan sin Tierra y La Reivindicación del Conde Don Julian me parecieron extraordinarios. Goytisolo se divierte paseando en compañía de su amigo marroquí por la universal plaza Djemáa el Fna. Goytisolo frecuentaba un tugurio llamado El Kabir o Kebir, ya desaparecido, y ahora se deja ver en el café de France, en la famosa plaza de Marraquech. Goytisolo siempre ha sido un incomprendido en España. Genet y su Diario de un ladrón, que no es un ladrón de bicicletas, como lo fuera aquella conmovedora película de Vittorio de Sica, es bastante desconocido entre la población de lectores y escritores españoles. Genet se descojona de todo. Genet se ríe hasta del lector, escribe Bataille. El surrealismo aún palpita: “Swift es surrealista en la maldad. Sade es surrealista en el sadismo. Chateaubriand es surrealista en el exotismo. Poe es surrealista en la aventura. Baudelaire es surrealista en la moral. Rimbaud es surrealista en la forma de vivir y demás. Reverdy es surrealista en su casa...”, asegura Breton en su Manifiesto Surrealista. Jarry, Mallarmé, Éluard, Aragon, incluso el propio Byron, vuelven con el mal a casa, Breton me besa en la mirada y me da las buenas noches. Ah, el absurdo me toca un brazo, el izquierdo, el derecho lo tengo ocupado y dormido. Beckett me espera en un bareto de mala chingada en Pigalle, mientras juega una partida de dados. Ionesco prefiere cantar -le gusta la ópera- y darme una lección de anatomía. Nerval me tiende su mano encantada, hay una insoportable levedad del ser que no para de excitar mis neuronas. Soy un joven tribulante, un estudiante que disfruta de una Erasmus en Viena. Soy como Törless, un hombre sin atributos, despellejado por el destino que se torna incoloro y duermevela. Musil sabe que en una mirada se puede encontrar la esencia, la verdad. Me encanta ligar con la mirada, me gusta callejear por los barrios encendidos. Balzac no creía en el matrimonio. El matrimonio es contrato. El matrimonio es fisiología. Stendhal estaba enamorado de Roma. Fellini era un surrealista. Rayuela me conmovió. Cortázar no ha levantado cabeza desde que lo lapidaron en Montparnasse, qué putada. El Monte de Parnaso no está en París, sino en Delfos.

viernes, 25 de diciembre de 2009

A Solís Fernández, el taxidermista de Matarrosa del Sil

Por fin, a Solís Fernández le han dedicado un museo en Carracedelo, que han no he podido visitar. Ya iba siendo hora que a este taxidermista le hicieran un museo, ¿verdad, amigo Luis? Hace años le hicimos un reportaje en su casa, que se publicó en Diario de León, además de un artículo... de costumbre... Da esto da cuenta Luis Nogaledo en su blog: Gistredo: http://gistredo.blogspot.com/2009/12/muestra-natural-del-bierzo-y-solis.html
HACE unos días tuve la ocasión de conocer a un singular taxidermista en su casa de Matarrosa del Sil. El amigo Luis Nogaledo, que es uno de los principales artífices de la web de Noceda del Bierzo, me había hablado de un tal Solís. «Tenemos que visitarlo -me dijo-, creo que es un fenómeno». Vive a la puerta de casa, como quien dice, y me da la impresión de que no hay mucha gente que conozca su trabajo. En el Bierzo, en general, somos poco dados a valorar el trabajo de nuestros paisanos. Nadie es profeta en su tierra. Otra cosa es que alguien venga de fuera. Sin embargo, Solís, que es un hombre agradecido, nos dice que el Instituto de Estudios Bercianos le hizo un homenaje por todo lo alto. Que haya en el Bierzo una persona como él se me antoja extraordinario. Es un artesano o artista único, genial, digno de ser conocido y reseñado, alejado del mundanal ruido de los saraos. Además, es un hombre amable, con gran sentido del humor y mucha vitalidad, que disfruta con su trabajo, y enseñándolo a quien esté dispuesto a conocerlo. Por fortuna, el Instituto de Estudios Bercianos lo nombró Socio de Honor en el 2003, y el Ayuntamiento de Toreno le concedió la Picota de plata ese mismo año. Diplomas éstos que están en su sala-despacho de trabajo. Y de los que se siente orgulloso. Tiene un museo impresionante de bichos disecados: tejones, jinetas, gatos monteses, etc, y la colección entera y documentada de anfibios y reptiles que hay en nuestro país. Pero «los que más me gustan -nos confiesa-, son los mamíferos». «Y en el Bierzo tenemos la mayor variedad de mamíferos de toda Europa», aclara. Es un conocedor del urogallo, tanto que colaboró en un trabajo de investigación sobre este hermoso animal. Estar a su lado nos devuelve a la naturaleza, y nos contagia su amor por la fauna. «Debemos recuperar la vida silvestre». Su vida, en los inicios, no fue fácil, porque «aprendí en la Universidad de las Urces», señala, sin embargo logró su objetivo, dedicarse a lo que de verdad le gusta, algo impagable. Mientras nos muestra sus animales, dibujos, fotos, esculturas, trabajos de investigación, artículos científicos, etc, nos cuenta sus andanzas por Venezuela, sus visitas a diferentes museos del mundo, sus colaboraciones en tesis doctorales, y las propuestas que ha recibido por parte de universidades y para que se haga un museo a partir de su colección. «No me quiero ir del Bierzo», asegura, tal vez porque encontró su lugar en el mundo: Matarrosa. Es maravilloso.

Una Navidad de cuento

Llega la Navidad subida a hombros de Papá Noel cual torero engalanado y satisfecho luego de haberle cortado el rabo y las orejas al torito de las lunas crecientes. El toro cubista de la rebelión. 

La Navidad, al igual que otros toreros, también se viste de luces, y nos deslumbra con sus capotazos. Olé tus verónicas. Llega la Navidad, un año más, a este puerto de nieves y de glorias en el que los osos bailan una danza ancestral a ritmo zíngaro. Quizá los osos de los páramos y los gistredos canten villancicos a las musarañas, si los dejan cantar en paz. Mientras tanto, Papá Noel sigue apareciéndosele sólo a los niños ricos y pijos de este mundo hecho sólo para quienes atesoran capital en las arcas de los colosos bancos y bancas. Este señor Noel, padre de algunos angelitos, no es como esos santos que sólo se le aparecen a los niños pobres, ávidos de ilusiones y llenos de esperanzas, pobres que buscan consuelo en lo sobrenatural. Como es lógico. Los niños pobres, haciendo corazón y pulmón de tripas retorcidas, se quedan de pie, al sereno, en el balcón de los recuerdos, esperando que a algún Noel despistadillo se le caiga un regalito de las alforjas de su odre repleto de aguinaldos. Los pobres, como siempre, se pasan la noche en vela, al amor del frío, intentando acariciar las estrellas que lucen firmes en este universo de estrellados. A la mañana siguiente, el niño pobre, al fin, logra acariciar el “cagajón” de un asno. ¡Pero qué mierda es ésta! ¿Por qué Papá Noel siempre se fija en los mismos?, se pregunta, con gesto aturdido y desconsolado, ese niño pobre al que la fortuna no le ha sonreido, y seguramente nunca le sonreirá. Qué triste es la Navidad en el país de las mareas negras y los oleajes convulsos, corral donde sólo luce el sol para los mismos y gallinero en el que triunfan los frikis y los tiburones. Como en la mayor parte de los sitios. 

La Navidad, en todo caso, debería servir para alimentar a todos esos seres que no tienen un cacho de pan que llevarse a la boca. Pero el cuento de la Navidad, queréis que os cuente el cueto del allo capón... sigue funcionando en nuestro mundo consumista, que revienta su sentido de la vida por todos los poros del alma. Me gustaría que la Navidad -esta Navidad en concreto- me ayudara a creer en los Reyes Magos de Oriente, y aun en otros reyes que en el mundo son. Pero como uno es de natural descreído, algo nihilista y ateo, no resulta nada fácil. Quisiera creer, mas no me llegan las creencias por la vía de la fe. Ni siquiera por otras autovías de conocimiento. Visto el panorama de basuramen que nos envuelve, hasta hace unos días asomaba la basura por los contenedores de Pons Ferrata, no hay quien se crea un carajo. La vida es más sencilla cuando uno cree en algo o en alguien. Y la Navidad se torna más poética y más alegre cuando uno la vive de espaldas al sarao insoportable que nos venden los gerifaltes de este capitalismo salvaje, caníbal, demoníaco, sacado de un esperpento valleinclanesco. Uno acaba empachado de estupidez y ponzoña, aunque debemos seguir... Que corra la farsa.

A mi cuata Celeste Ramírez

Quiero agraderle a Celeste Ramírez, periodista y escritora mexicana de talento y sublime sensibilidad, que me haya dedicado tan lindas palabras desde su espacio digital, La plaza de los mártires. Se está acabando este año, y quiero acordarme de aquello que me ha hecho feliz, y tú, divina Celeste, me has elevado a las esferas. Qué Méjico te siga protegiendo e inspirando. 
Algún día volveremos a reencontrarnos.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

En el ombligo de la luna


Título que se me hace o me late, que diría un mexica, lírico hasta hacerme saltar las lágrimas del gran lago que fue lo que hoy es México D.F. El verbo de los poetas, como el de los santos -escribe Valle Inclán en la Lámpara maravillosa, que en verdad es un tratado de estética y pura reflexión a prueba de bomba, no requiere descifrarse por gramática para mover las almas. Su esencia es el milagro musical.

Como Valle-Inclán, que estaba fascinado con México, uno también viajó a este país porque se escribe con equis, esa letra exótica y sensual (o sexual) que nos hace tener pulsiones ensoñadoras. Tras esa equis se esconde todo un mundo: el ombligo de la luna, que decían los aztecas. Hay quienes aseguran que México es una palabra que proviene del náhuatl y cuyo significado en español deriva de los vocablos meztli, que significa ombligo, kalli, luna y co, lugar. Si no fuera así, queda lindo, no obstante. Pues que sirva la licencia poética.
Inspirador nombre para un país, que es a su vez una gran ciudad, México, Distrito Federal, acaso la ciudad más grande del mundo, o una de las más grandes, junto con Tokyo, y sin duda una de las más contaminadas del orbe, construida en zona lacustre, sobre el lago de Texcoco. Aún hoy se conserva Xochimilco, lugar de recreo, adonde van a parar los turistas en busca tal vez de la memoria perdida. Y de ahí que algunas partes de la ciudad, sin ir más lejos el Zócalo, estén sufriendo hundimientos. Si a ello sumamos que la capital está asentada en zona sísmica, el panorama se me antoja desolador. México atrae mucho al personal, entre otros a artistas varios, y en su día acogió a un buen número de españolitos, que buscaban su América, y muchos otros huidos del régimen fascista. A los surrealistas les entusiasmaba, quizá porque es un sitio surrealista, donde todo es posible. Desde Artaud a Buñuel, sin olvidar a Breton, varios han sido los que encontraron inspiración en este país de contrastes, que te puede ofrecer su mejor y peor rostro. Viví en Méjico lindo y querido, excitante y chingado, durante dos años, de 1994 a 1995, una época en la que gobernaba un corrupto y macabro llamado Salinas de Gortari, que desvalijó este país cuya riqueza nunca se agota. Dos años en este país fueron suficientes para quedar marcado de por vida. Tanto es así que al día de hoy sigo teniendo la impresión de haber vivido más durante estos dos años allí que el resto de mi vida, la anterior a esta época, y la posterior también, lo cual no deja de ser una impresión subjetiva, acaso una boutade, con cierto fundamento, eso sí. La literatura de Paz, Fuentes, Rulfo, entre otros, y las músicas, con sus quebraditas, narcocorridos y cafés tacubas, me están devolviendo a México, donde viví situaciones insólitas, conocí a gente extraordinaria, y descubrí un mundo fascinante, un roce casi continuo con la muerte, lo que estimula aún más la vida, una realidad en ocasiones bestial. En este país uno aprende que la vida no vale nada, y que pueden hacerte desaparecer en menos que una gata se calza a un regimiento de gatos. Lo mejor es aprovechar cada instante como si fuera el último. La vida misma. Uno vive a toda prisa, y como gachupín quise probar y saborear casi todo, sus esencias al completo. Se vive más (no necesariamente mejor) en un año o dos en este país que cien años en el Bierzo. Casi ná.

Folgoso de la Ribera




Folgoso de la Ribera es un pueblo hermoso, al que uno siempre le ha tenido gran cariño. Hay pueblos por los que uno siente un afecto inexplicable a priori, aunque si indagamos en el subconsciente acabamos encontrando el sentido. Uno tiende a identificarse con su paisaje, y este paisaje es como nuestra memoria. Folgoso es uno de esos lugares evocadores que invitan a soñar, incluso despierto. Es probable que el encanto de este pueblo resida no sólo en su entorno paisajístico, espléndido por lo demás, situado en la Ribera del Boeza, en el Alto Bierzo, sino en su Nacimiento artesanal, Bien de Interés cultural, conocido dentro y fuera del Bierzo. Aunque no visite este Belén todos los años, conservo un buen recuerdo en mi memoria afectiva. No obstante, este año sí he vuelto a verlo. Cuando era un chavalín gustaba de armar un Belén en toda regla en época navideña. Entonces disfrutaba mucho montando nacimientos con el musgo y la tierra que iba a buscar al campo. En el fondo, me entusiasmaba hacer algo artesano. Laborar con las manos resulta más gratificante que intentar trabajar con el intelecto. Confieso que sentía devoción por la Navidad y los Reyes Magos de Oriente. Con el paso de los años uno se convierte en un ser descreído, a resultas del mundo pervertido y materialista en que vivimos, y deja de lado todo aquello que le apasionaba. No obstante, las creencias o no creencias no tienen por qué estar reñidas con el arte y la artesanía. Y el Nacimiento de Folgoso es un arte maravilloso, que en un momento dado le puede ayudar a uno a viajar a otros mundos, esos mundos de infancia en los que tenían cabida los Reyes Magos de Oriente, ese Oriente una y mil vez imaginado como un cuento de Sherezade, bajo un firmamento estrellado, colorido y arrullador, teñido con los sones arábigos de la sensualidad. “Desde luego que sí que te has ido a buscar a los Reyes Magos”, me dijo mi estimado Juan Manuel Gabarrón, luego de contarle que la pasada Navidad, incluso la anterior, las pasé en Marruecos, ese país seductor cuyas miradas, hechas de tacto, te taladran las entrañas. Cuando era un rapacín soñaba con algo parecido al valle del Ourika. 
Setti Fatma (Valle de Ourika)
Hacia Setti Fatma


Es como el Belén real que uno siempre imaginó. A veces los sueños se vuelven realidad. El Atlas nevado, los camellos reposando a orillas del río Ourika, y las ovejitas cruzando el camino retorcido que conduce hasta el último pueblo, Setti Fatma, entorno salvaje y encantador, donde hay unos nogales centenarios y unas cascadas que me hacen recordar el paisaje que se encuentra en la ruta de las fuentes de Noceda del Bierzo. Al final, uno acaba identificándose con su paisaje, que es memoria.

Valle-Inclán en Vilanova, A Pobra, etc.


























Estos días he vuelto a La Puebla del Caramiñal y a Santiago para tener cerca y presente a Valle.

Mi pensamiento rejuvenece hoy recordando la inmensa extensión destellante de ese Golfo Mexicano, que no he vuelto a cruzar.
Valle-Inclán, Sonata de estío

Prosigo ruta, siempre tras las huellas de Valle, hacia Vilanova de Arousa, cuna valleinclanesca aunque no del todo aclarada, porque él mismo, gran fabulador y fablista de España, cuenta con socarronería que nació en una lanchina de vela en la ría, entre Vilanova y A Pobra do Caramiñal (La Puebla del Caramiñal). Y hace tan sólo unos años, algunos valleinclanistas aseguraron que nació en O Barbanza, en la orilla norte de la ría de Arousa. No se extraña uno, porque también Valle se inventó, en cierto sentido, su nombre para darle sonoridad, exotismo y distinción. En realidad, nació como Ramón José Simón del Valle Peña, en la Casa del Cuadrante, declarada Monumento Histórico Nacional, según la oficialidad, en la que su criada Micaela la Galana, filandera ella, le contaba historias llenas de misterio pobladas por ánimas en pena, santos, meigas y trasgos o trasnos, aunque la chica del Museo del Vino de Cambados me aseguró que Valle, el alter ego del marqués de Bradomín, Max Estrella y el caballero Montenegro, nació en la Casa de Cantillo, conocida como la casa de los tres balcones, en Vilanova.
En cualquier caso, el viajero puede visitar esta casa-museo del Cuadrante, en cuyo exterior figura un escudo de origen noble, y una estatua del propio escritor, y en cuyo interior, en la planta baja, hay una exposición permanente que recorre su vida y su obra, y en la planta principal se puede visitar su vivienda. El entorno frutal y arbóreo resulta refrescante y tranquilizador, como para echarse una siestecita, mientras evoco “sueños azules… entre odaliscas”.
Vilanova, de extraordinaria belleza marina, cuenta con varias estatuas dedicadas al propio escritor así como a algunos de sus personajes literarios: Max y Don Latino, Mari Gaila, Lucero, el marqués de Bradomín, etc. Vilanova de Arousa se aparece como una gran cuna literaria porque es asimismo la patria chica de los hermanos Camba, de la que conserva su casa-museo, así como un monumento dedicado al escritor y excelente articulista Julio Camba.
El itinerario continúa por la vecina Vilagarcía de Arousa, y en concreto por el burgo marinero de Vilaxoán, donde Valle iba varios días por semana desde Vilanova, por entre un bosque de pinos, a sus clases de latín “bajo la férula de un clérigo aldeano”, según recuerda en La lámpara maravillosa.
Vilagarcía, aunque es ahora una ciudad moderna y mestiza, conserva varios pazos y casas señoriales, como el Pazo de Rubiáns, con un frondoso y secular jardín.
Antes de finalizar este recorrido, en Santiago de Compostela, donde Valle se matriculó -al decir de algunos por imposición familiar-, en su prestigiosa Universidad para cursar Derecho, me encamino hacia A Pobra do Caramiñal, otra de las cunas o matrias de Valle, reinventada como Viana del Prior.
En A Pobra también hay un museo consagrado a este escritor, situado en la Torre Bermúdez, declarada Monumento Histórico Artístico de Interés Nacional, una estatua del mismo en la Plaza Cantón da Leña, así como unas placas que nos recuerdan sus andanzas por América, y en concreto por México, país inspirador, al que viajó porque se escribe con equis, y donde se dice que el señor del Caramiñal hizo sus pinitos en el mundo periodístico, algo que lo entrenó en el sabio manejo de las letras. “Debo, pues, a México… mi carrera literaria”, reza al comienzo de una de estas placas.
Sigo su rastro por la rúa da Paz donde se halla una antigua farmacia, la botica Tato, donde Valle practicaba la tertulia, según figura en otra hoja de metal.
La Puebla del Caramiñal está toda sellada con el espíritu de Valle, incluso sus jardines o Alameda, donde también puede verse otra representación suya, además de una placa en la que aparece que la Puebla del Caramiñal y del Deán constituyen la Viana del Prior de este grande de las letras y precursor del llamado teatro de la muerte, que luego continuaría el polaco Tadeusz Kantor, su creador.
En esta localidad se celebra, en septiembre, la llamada procesión de las mortajas, un canto sobrecogedor a la muerte, adornada con cirios y ataúdes. Otro esperpento valleinclanesco.
En Santiago de Compostela también se puede visitar, en la Alameda, una estatua suya, al que vemos sentado en actitud contemplativa, mirando para la catedral. Santiago, bajo la lluvia y la luz amarillenta de los soportales y las saudades, se aparece como el escenario valleinclanesco perfecto, donde nuestro genio sintió el escalofrío de la muerte, a resultas de un cáncer de vejiga. Se encuentra enterrado, bajo un árbol, en el cementerio de Boisaca, a las afueras de la ciudad compostelana. Aquí finaliza este recorrido, en espera de reencontrarnos un día con su alma.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Valle-Inclán en Pontevedra y Cambados

















Cada vino reclama su sacramento. Rueda blanco, propio para acompañar una tortilla de chorizos. Espadeiro de Salnés, bueno para refrescar en el monte… Rivero de Avia, para las empanadas de lamprea y las magras de Lugo.
Valle Inclán, Cara de Plata.

El recorrido puede comenzarse en Pontevedra, donde nuestro Valle de retórica blasfematoria, calzado con las pezuñas del íncubo, como diría Umbral, estudió el Bachillerato. Esta ciudad, cuyo casco histórico tiene una gran envergadura, sólo superado por el de Santiago de Compostela en Galicia, cuenta con un buen número de casas señoriales, pazos y plazas con encanto, como la Plaza de la Leña; la Plaza de las cinco calles, donde vivió el autor de Romance de lobos, como reza en una placa situada en la esquina izquierda de la casa, o bien la plaza de Méndez Núñez, donde hay una imagen, acaso lírica, del mago y visionario de La pipa de kif: Yo anuncio la era argentina/de socialismo y cocaína.
Con sus poemas sinestésicos, aromatizados por la marihuana y el hachís, este bohemio genial y cosmopolita, se anticipa a los surrealistas, entre otros Artaud, que viajaron a México en busca del dios-peyote. Y hasta se convierte en precursor del Teatro de la crueldad porque el teatro de Valle es excesivo, como el de Sade o Shakespeare, incluso cinematográfico, “escrito con lo profundo de la voz, como hablan en escena los buenos actores”, donde la muerte se vuelve arte, belleza negra, quizá porque “todo nuestro arte nace de saber que un día pasaremos”, como afirma don Estrafalario, uno de sus personajes o alter ego.
Esta urbe, Ponte Veteris, que es capital de provincia y punto de partida para recorrer las Rías Baixas, en busca del duende de Valle, le sirvió como inspiración para escribir Femeninas, que es como la obra germinal de otros de sus libros posteriores. Antes de abandonar Pontevedra, conviene darse una vuelta por las románticas ruinas de Santo Domingo, que en cierto modo me hacen recordar el Monasterio de Carracedo, en el Bierzo, y el poemario Memorial de las piedras, de nuestro amigo Fermín López Costero.
Después de dejar Pontevedra, tomo rumbo hacia Cambados, villa declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C) debido a su patrimonio histórico-artístico, lo que no sorprende al viajero, habida cuenta de sus numerosos pazos y casas blasonadas, como el conocido Pazo de Fefiñans, del que nos habló el maestro Pereira, uno de nuestros más grandes cuentistas, en una de sus obras, o el Pazo de Bazán, que en la actualidad es Parador Nacional.
Valle decidió trasladarse, con su mujer y sus cuatro hijos, a esta próspera villa a mediados de 1912 porque se le había ocurrido dedicarse a la agricultura como buen bohemio y hippy, acaso según sus ideales contraculturales, tal y como era entendida la cultura en esa época, supongo. Se fue a vivir a la Rúa Real, en una casa que hoy luce rosa, si bien se conserva una placa en la que figura que vivió aquí. Mientras me detengo a contemplar la casa, una oriunda se me acerca para contarme, sobre la marcha, que el perro de Valle se mató al tirarse desde la azotea por un gato que pasaba por la calle. Curioso esperpento.

Continúo la visita de la villa hasta el Museo Etnográfico y del vino, donde una amable señorita, al preguntarle por Valle, me dice que al lado se hallan las Ruinas de Santa Mariña do Dozo, donde está enterrado un hijo del escritor. En realidad, descubro una tumba en la que figura la actriz Josefina Blanco, esto es, la mujer del autor de las Comedias bárbaras. Puede que también en esa tumba, situada a la entrada, en la esquina izquierda de este impresionante y cautivador cementerio, esté uno de sus hijos. Luego de visitar el lugar, me dirijo al mirador de La Pastora, desde donde se tienen espléndidas vistas de Cambados.
La capital del Albariño, como se le conoce a Cambados, cuenta con numerosas bodegas DO Rías Baixas. Buen yantar y beber en una villa que tiene otros atractivos como el antiguo molino de mareas “A seca”, en la punta de Tragove, el pintoresco barrio de pescadores de San Tomé, una roca que recuerda el hermanamiento de las ciudades bretonas con Cambados y la casi derruida Torre de San Sadurniño, antigua fortaleza medieval, en un enclave de película. Como complemento literario, esta es también la tierra natal del poeta Ramón Cabanillas, que dispone de una estatua y cuya casa puede visitarse.
Continuará por Vilanova, Vilagarcía y A Pobra do Caramiñal.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Tras las huellas literarias de Valle Inclán por Galicia



Mi pasión tanto por Valle Inclán como por miña terra galega me han llevado, en varias ocasiones, a recorrer esos espacios verdes, marinos e inspiradores. De aquí surgen, como una imperiosa necesidad, estas palabras.
Estatua de Valle en Pontevedra



Cubista, futurista y estridente,

por el caos febril de la modorra

vuela la sensación, que al fin se borra,

verde mosca, zumbándome en la frente.



Valle Inclán, Rosa de sanatorio

Nunca olvidaré a aquel maestro rural, fascista él, que solía pronunciar, supongo que con retintín, el nombre de uno de los más grandes escritores en lengua española que ha dado la literatura. “Don Ramón María del Valle Inclán”, le oí decir en varias ocasiones. Mas no recuerdo que nos mencionara ninguna de sus obras, qué curioso, ni nos leyera ninguno de sus pasajes. En cambio, aquellas palabras fetiche o milagreras, aquellas divinas palabras, en definitiva, calaron hondo y acabaron enganchándome, porque pasado el tiempo surgió la imperiosa necesidad de acercarme a este don Ramón de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, viejo dios, altanero y esquivo, como lo retratara Rubén Darío, con botines blancos o grises de piqué y gafitas y melena de hippy. Sólo su aspecto físico me llamaba la atención, como si fuera él mismo pura literatura, auténtico personaje de cuento, como un señor que conocí, siendo un rapacín, en mi pueblo, a quien le decían Benito el Chirito. Siempre trajeado, con una rosa en el ojal de la chaqueta, lucía sombrero de copa y bastón. Un señorito de bien, como Valle, que fue un adelantado para su época, un tipo lúcido y blasfemo, inventor de lenguaje y danzarín, dandi y poeta maldito -según nos cuenta Umbral en un magnífico ensayo-, capaz de mostrarnos la crueldad de nuestra España negra, goyesca, ese Madrid absurdo, brillante y hambriento y esa Galicia profunda y sublimada, hecha con Santas Compañas, flores de santidad, rosas de sanatorio y aromas de leyendas ancestrales bajo una sensación de cloroformo hipnótica y embriagadora.
Me gusta todo Valle, lo confieso abiertamente, incluso el modernista de las Sonatas, sobre todo la Sonata de Estío, con esa Niña Chole, belleza bronceada exótica y arrebatadora, y ese autor expresionista, desgarrador, punzante y atrevido, que nos adentra en los espejos deformantes de la realidad y nos ayuda a explorar nuestra trastienda putrefaccionada, con hedor a muerto ultratúmbico. Ese Valle de Luces de Bohemia, Divinas palabras o Retablo de la lujuria, la avaricia y la muerte. Mi devoción por este todoterreno de las letras, con alma de gallego y gachupín universal -no olvidemos su fascinación con y por México- me ha llevado tras sus huellas galaicas –aunque también convendría rastrear las madrileñas-, por los diferentes espacios que le sirvieron de inspiración, y aun en los que nació y vivió.

Galicia por sí misma ya merecería no una sino múltiples visitas. Si además lo hacemos, guiados por la mano espiritual de Valle, aquella que salvó para la gloria de la literatura universal tras el combate con Manuel Bueno, nuestra terra hermana se nos ofrece como un bocado exquisito de vieira. Esto es para abrir boca, porque en una próxima entrega daré comienzo y forma a este viaje valleinclanesco.

Para Idoia Arbillaga

Quiero agradecerle a mi amiga Idoia Arbillaga sus obsequios, digamos navideños, a saber, una revista de poesía, Piedra del Molino, así como su libro, Estética y Teoría del libro de viaje.

Su poema, incluido en esta prestigiosa revista, se titula Tao, y dice así:


El cielo está ladrando latidos de gaviota

mientras el viento ondea

-gemido sinuoso-

un elástico flagelo de telaraña gris

Un pentagrama dulce de sonidos

ha derretido márgenes,

el centro de mi carne se ha vuelto dispersión.

La paz ensancha límites del foso a las alturas,

el amor ha borrado los contornos del mundo;

el ruido luminoso de la vida

deshace las figras harapientas

que el fango fue escribiendo en el camino.


No soy nadie y soy todo, nota en un diapasón

soy tu boca y mis labios,

soy el beso encendido que rodó por mi alma,

soy la forma del mundo

que soñaba en mis venas.


Me quedo, querida Idoia, con ese comienzo lírico y ese cierre definitivo, esencial, que nos remite a la vida en su estado puro. Por lo demás, en este número 11 figuran poemas de Lostalé, que estuvo recientemente en Bembibre, en Tardes de Autor, y de nuestra paisana Ana Isabel Conejo, entre otros. Resulta curioso que en el Consejo asesor también está Valentín García Yebra, un berciano ilustre de Lombillo y académico de la Lengua.


En cuanto a tu libro, que ya tuve la ocasión de ojear/hojear en Cuenca, qué días aquellos, tan poéticos y entrañables, ¿verdad?, me parece realmente muy instructivo y nutricio, sobre todo para quienes amamos el viaje y la literatura de viajes por encima de todo. Todos esos viajes por Italia, país por el que siento adoración, y que me llega al alma como si fuera mi propio país: Che bello.

Mientras, seguiremos dándole a las letras y viajando por el mundo "alante" en busca de emociones intensas y aventuras sin par. Tus regalos me han hecho feliz. Besitos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Sobre Blanca Riestra y su Madrid Blues



http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/ahondar-en-los-bajos-fondos-en-los-subterraneos-de-realidad_521658.html (18/04/2010)

Ahondar en los bajos fondos,en los subterráneos de la realidad

Madrid Blues
Blanca Riestra. Alianza Editorial, Madrid, 2008. 240 pp. 

Si hace años, Blanca Riestra nos deslumbró con su novela, La canción de las cerezas, ahora lo hace con Madrid Blues. Si su segunda novela estaba ambientada en el París de los 90, un París-vertedero, más que un París-fiesta (por decirlo a lo Hemingway), adonde van a parar jovénes estudiantes, como Erasmus y otros, en busca de gloria o un futuro profesional, quizá vital, ahora Blanca nos sitúa en nuestra capi, ese Madrid actual de Lavapiés y el barrio del Pilar, la calle Montera y la plaza Jacinto Benavente, Antón Martín y Atocha, que cada día se parece más a París en su paisanaje y ese modo de vida tan apresurado e impersonal, ese Madrid "miserable" en el que se está fraguando el atentado del 11-M, ese Madrid "hueco, recorrido por alcantarillas donde navegan ratas, por túneles donde mendigos juegan al mus", ese Madrid plagado de personajes frustrados, de emigrantes sin papeles en busca de autor y una salida a como de lugar, véase ese curioso marrakchí, Jusef Ahmed, que pretende salvar el mundo dinamitándolo, nomás, ese Madrid de gente hacinada, cuyos tipos sienten el tormento del peso existencial, tal vez el desarraigo, de una vida cruel y sin concesiones, que en cierto sentido me recuerda La Colmena de Cela, aunque revisitada por el tiempo presente. No sé si nuestra querida Blanca se habrá inspirado en esta novela conductual del maestro Cela.
Si en La canción de las cerezas aparecían personajes marginales, solitarios y morriñosos, niñas pija o fresita y emigrantes de toda condición en la Babel parisina, en Madrid Blues ocurre algo parecido. Se nota que a Banca Riestra le gusta ahondar en los bajos fondos, en los subterráneos de esta realidad, en ocasiones pútrida, en esta suciedad/sociedad humana de las grandes y cada día más deshumanizadas, incluso "incivilizadas", ciudades europeas, como lo son París y Madrid. No hay más que descender, como lo hiciera poéticamente Rimbaud, a los infiernos del metro, tanto en una ciudad como en otra. Da como escalofríos. Aunque creo que París es aún una ciudad más jodida, en la que late la agresividad y la violencia, que Madrid. Si es que en el fondo, qué terrible, todas las ciudades acaban pareciéndose, acaso debido a esta globalización de la miseria, que no del buen gusto y las sanas formas de vida. "Las ciudades son un poco así, cuerpos vivos que duelen -escribe Riestra-, que se expanden como galaxias". París ha dejado de ser un mito literario, habitado por poetas románticos y artistas bohemios, para convertirse en un lugar lleno de neurosis y aun otras patologías. Y Madrid, Mayrit, tampoco es ya aquel poblachón manchego, castizo y "aserenado", ni siquiera aquel Madrid de la movida, aunque sí siga siendo absurdo y hambriento, como nos dijo Valle Inclán en Luces de bohemia, y sobre todo, el de ahora, es un Madrid obtuso, como diría la propia autora, un Madrid-Aleph (lo que nos remite a aquel magnífico cuento de Borges), en el que la narradora es la propia autora, en este caso Riestra, "una ciudad tan sucia y tan caliente, habitada por seres callados para muchas cosas y habladores para otras, enamorados del fútbol, del cerdo, del amor, acomplejados y malhumorados, envidiosos, pero también románticos y un poco heroicos, a veces". Una descripción atrevida y certera, creo, que Blanca remata del siguiente modo: "Bajos y morenos, y altos y pálidos, con aquel exacerbado sentido del ridículo que era un poco árabe y un poco judío, un poco godo. Y sus mujeres gruesas, longevas y habladoras, y chicas jóvenes, descastadas, impertinentes, tan empeñadas en hacer justicia en todas partes, en vocear causas perdidas". Vaya análisis psico-sociológico haces, Blanca. Se ve a la legua que conoces nuestro perfil. No en vano has vivido en varios lugares que te permiten hilar fino acerca de los caracteres humanos. Pues así se nos aparece Madrid Blues, cuyo título es un homenaje a Tom Waits, y que se basa en hechos reales, según Blanca, para deformarlos con la única finalidad de hacer literatura.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

En Colinas del Campo


El puente de la Constitución dio mucho de sí. El sábado nos reunimos algunos amigos en Colinas del Campo, y el lunes me fui a Galicia, en busca, una vez más, de las huellas literarias de Valle Inclán: Pontevedra y Cambados, de lo que daré cuenta en otro momento.


Colinas acabará convirtiéndose, a este paso, en un lugar de encuentros mágicos. Si en tiempos fue sitio de reunión, donde nos dimos cita algunos representantes del Colectivo cultural La Iguiada, que como algunos sabéis edita la revista La Curuja y cuenta con la web http://www.nocedadelbierzo.com/, el pasado "finde" (qué finolis) volvimos a la carga, en este caso, algunos amigos y colaboradores de la revista, a saber, Fermín, Ester y Francisco. Si en aquella ocasión nos reunimos en La Cantina, ahora el lugar elegido fue El Aguzo, un bar-restaurante regentado por la amable y hospitalaria Lorena. Por cierto, el Aguzo es asimismo una revista que editaba el Ayuntamiento de Igüeña por los 80, incluso 90, donde escribían, entre otros, el hoy director del Teatro Bergidum, nuestro estimado Miguel Ángel Varela, o Benigno Suárez Ramos (que escribió el Tío Perruca), entre otros colaboradores de Quintana de Fuseros, etc. Incluso el Colectivo La Iguiada editó su primer número bajo el nombre de El Aguzo, que se retiró por la antigua existencia de esta revista de Igüeña.


Bajo la lluvia, algunos provistos de paraguas, nos dimos una vuelta por el pueblo de la mano de Ovidio, el pedáneo, que ejerció como buen cicerone. Se nota que este muchacho ha hecho una gran labor en el pueblo, desde que se ocupa del mismo. Ovidio nos mostró varias casas, incluida la suya, algún molino y la antigua fábrica hidroeléctrica, además del taller de artesanía de su hermana Marisol. Curiosamente, las personas más dinámicas del pueblo, o eso parece, son los tres hermanos: Ovidio, Lorena y Marisol.


Colinas del Campo de Martín Moro, que así se llama en verdad este pueblo singular y de nombre tan largo, es un espacio mítico, un sitio en el que, llegado el caso, uno podría practicar la meditación trascendental, y aun otras espiritualidades. Aunque ya sabemos que la espiritualidad, en estos tiempos obscenos en que vivimos, no está bien vista ni tiene cabida en nuestra sociedad.


Colinas, además de un pueblo coqueto, resulta inspirador, esto es, entrañable. Tanto es así que sirve como escenario de una historia que aparece en Trasmundo. Por tanto, uno se siente ligado afectivamente a este pueblo de la alta montaña berciana, bajo la mirada imponente del Catoute. Conversamos, reímos, leímos algunos textos de El Aguzo (que nos procuró el amigo Francisco: http://poesiamovimientoperpetuo.blogspot.com/2009/06/blog-post_30.html), y disfrutamos de la compañía, la amistad y unas tapas excelentes, regadas con cerveza Mahou. Hasta la próxima. Nos vemos en Colinas.

Exposición fotográfica de Manuel Uría

Exposición de fotos de Manuel Uría en la Casa de las Culturas de Bembibre hasta el 11 de enero.

La verdad, estimado tocayo Manuel, tus fotos no sólo han puesto ojos a la gastronomía y paisajes de la comarca berciana, sino que han embellecido los textos, del tal modo que resultan imprescindibles tus imágenes. Aunque no siempre, a veces una imagen sí vale más que mil palabras.
Tus fotos expuestas aún resultan más atractivas que en el libro, claro está. Me entusiasman sobre todo esas que dedicas a los platos y productos de la tierra, aunque también me quedo con la foto de la Catarata de La Gualta, no sólo por proximidad entrañable, sino por ese recorrido que hicimos por las estribciones de Gistredo, en compañía también de tu hermano, en busca del agua como elixir de vida. Hacer una foto no sólo requiere de talento a la hora de iluminar o buscar la luz adecuada, como bien sabes, además de la composición, sino entregarse en cuerpo y alma, encontrar algo sorprendente, a veces en los lugares más recónditos y en ocasiones a la puerta de casa, como suele decirse. Aparte de las fotos sobre la gastronomía, que dan ganas de comérselas -porque la belleza será comestible o no será-, como son la de la manzana reineta, las peras en almíbar, las tapas de pulpo, las cestitas, tan bembibrenses, o la del chorizo acompañado de pan y pimientos (auténtico bodegón pictórico), me resulta extraordinaria esa del tambor en la lumbre (el llumbre, decimos en el Alto), lo que nos devuelve a nuestros ancestros más fraternos. Enhorabuena, querido Manuel, por tu excelente trabajo, y larga vida.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Pilar Ordóñez (Tardes de Cine, el 9 de diciembre 2009)
















Pilar Ordóñez será la próxima invitada a Tardes de Cine, y esto debemos celebrarlo por todo lo alto, viendo/escuchando a esta atractiva actriz que un buen día tuve la suerte de coincidir con ella en un país ciertamente exótico, milenario, como es Egipto. Viajar procura este tipo de encuentros, con gente en ocasiones que comparte gustos y aficiones.
Hace ya algún tiempo me dio por viajar a este país de las pirámides y los nubios, donde el río fluye como un dios, y me quedé hipnotizado por la belleza de sus templos y la vida en su estado puro, sobre todo, en la megalópolis de El Cairo. Ya en Asuán, dispuestos a navegar por el Nilo en barco, hacia Luxor, nos sentamos en una mesa redonda, y comenzamos a entablar conversación. Hubo un momento, quizá fuera ya el segundo día de viaje, de nuevo sentados para comer o cenar, cuando entramos en algunos temas, y ahí se nos mostró Pilar. “Soy actriz”, me dijo. Pues qué bien. No recuerdo si le respondí que también yo me dedicaba a asuntos de la cinematografía, pues en ese momento la Escuela de Cine de Ponferrada aún seguía en activo. Lo que sí hablamos es sobre mis pinitos con el mundo periodístico, a lo que su amigo, Fernando, respondió: “Yo soy periodista”.
Pensé en invitarla a la Escuela, pero no encontré el momento o el pretexto. Pilar también me contó que ella estaba en la organización del Festival del Sáhara, algo que me entusiasmó, incluso le pregunté acerca de la posibilidad de que yo pudiera ir a ese festival. El asunto quedó en el aire. Transcurrió el tiempo, después de nuestro viaje por Egipto, y de nuestro regreso a Madrid, sentados al lado, qué curiosa coincidencia, una vez más, hasta que otro buen día me dio por contactar con ella, porque se me ocurrió que podría venir a Tardes de Cine en Bembibre. Le escribí un correo y rápido obtuve respuesta.
Hace unas semanas estuve con una editora berciana en Madrid, y salieron a relucir las Tardes de Cine, y aun otras actividades culturales emprendidas en nuestra tierra, y nuestra amiga y editora, al ver el cartel de Tardes de Cine, me dijo: “Anda, Pilar Ordóñez, la conozco”. Si es que el mundo es un pañuelo, como suele decirse, y al final, no hay más que conectar algunos hilos, a veces invisibles, para conocernos.
Pilar Ordóñez, como ella me había dicho en aquel viaje, ha hecho muchas películas y obras de teatro, aunque no sea una estrella mediática. No hace falta serlo, para trabajar en cine, me recordó. Pues claro que no. Sin embargo, Pilar ha trabajado con algunos de los mejores directores del cine español, como Fernando Trueba, Berlanga, Saura, Garci o Armendáriz, entre otros, y en Televisión ha hecho series como La que se avecina, Ana y los 7, Hospital Central o Viaje al Sur. También es actriz de teatro, presentadora y bailarina.
www.pilarordonez.com

jueves, 3 de diciembre de 2009

La sonrisa del desierto

La 
La
sacrosanta Universidad de León, a través de su Area de Cooperación al Desarrollo, ha decidido incluir esta foto (y el texto) en su próximo calendario: http://www.acude.unileon.es/ACUDE/Inicio.html

Aquel día, mientras vagaba por el desierto, en pos quizá de la belleza, sentí una gran emoción al contemplar la mirada de un niño, tras la que intuí la quietud temporal, la serenidad, y ese espacio infinito que se oculta tras las dunas. El niño me devolvió la mirada con una sonrisa, que me colmó de felicidad, mientras su hermana se ocupaba en revisar su bicicleta. Entonces, comprendí que basta una sonrisa para que los humanos nos reconozcamos allá donde vamos. Ni siquiera necesitamos palabras. Una mirada risueña, cálida y cercana, fue suficiente.