Páginas vistas en total

lunes, 21 de diciembre de 2009

Valle-Inclán en Pontevedra y Cambados

















Cada vino reclama su sacramento. Rueda blanco, propio para acompañar una tortilla de chorizos. Espadeiro de Salnés, bueno para refrescar en el monte… Rivero de Avia, para las empanadas de lamprea y las magras de Lugo.
Valle Inclán, Cara de Plata.

El recorrido puede comenzarse en Pontevedra, donde nuestro Valle de retórica blasfematoria, calzado con las pezuñas del íncubo, como diría Umbral, estudió el Bachillerato. Esta ciudad, cuyo casco histórico tiene una gran envergadura, sólo superado por el de Santiago de Compostela en Galicia, cuenta con un buen número de casas señoriales, pazos y plazas con encanto, como la Plaza de la Leña; la Plaza de las cinco calles, donde vivió el autor de Romance de lobos, como reza en una placa situada en la esquina izquierda de la casa, o bien la plaza de Méndez Núñez, donde hay una imagen, acaso lírica, del mago y visionario de La pipa de kif: Yo anuncio la era argentina/de socialismo y cocaína.
Con sus poemas sinestésicos, aromatizados por la marihuana y el hachís, este bohemio genial y cosmopolita, se anticipa a los surrealistas, entre otros Artaud, que viajaron a México en busca del dios-peyote. Y hasta se convierte en precursor del Teatro de la crueldad porque el teatro de Valle es excesivo, como el de Sade o Shakespeare, incluso cinematográfico, “escrito con lo profundo de la voz, como hablan en escena los buenos actores”, donde la muerte se vuelve arte, belleza negra, quizá porque “todo nuestro arte nace de saber que un día pasaremos”, como afirma don Estrafalario, uno de sus personajes o alter ego.
Esta urbe, Ponte Veteris, que es capital de provincia y punto de partida para recorrer las Rías Baixas, en busca del duende de Valle, le sirvió como inspiración para escribir Femeninas, que es como la obra germinal de otros de sus libros posteriores. Antes de abandonar Pontevedra, conviene darse una vuelta por las románticas ruinas de Santo Domingo, que en cierto modo me hacen recordar el Monasterio de Carracedo, en el Bierzo, y el poemario Memorial de las piedras, de nuestro amigo Fermín López Costero.
Después de dejar Pontevedra, tomo rumbo hacia Cambados, villa declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C) debido a su patrimonio histórico-artístico, lo que no sorprende al viajero, habida cuenta de sus numerosos pazos y casas blasonadas, como el conocido Pazo de Fefiñans, del que nos habló el maestro Pereira, uno de nuestros más grandes cuentistas, en una de sus obras, o el Pazo de Bazán, que en la actualidad es Parador Nacional.
Valle decidió trasladarse, con su mujer y sus cuatro hijos, a esta próspera villa a mediados de 1912 porque se le había ocurrido dedicarse a la agricultura como buen bohemio y hippy, acaso según sus ideales contraculturales, tal y como era entendida la cultura en esa época, supongo. Se fue a vivir a la Rúa Real, en una casa que hoy luce rosa, si bien se conserva una placa en la que figura que vivió aquí. Mientras me detengo a contemplar la casa, una oriunda se me acerca para contarme, sobre la marcha, que el perro de Valle se mató al tirarse desde la azotea por un gato que pasaba por la calle. Curioso esperpento.

Continúo la visita de la villa hasta el Museo Etnográfico y del vino, donde una amable señorita, al preguntarle por Valle, me dice que al lado se hallan las Ruinas de Santa Mariña do Dozo, donde está enterrado un hijo del escritor. En realidad, descubro una tumba en la que figura la actriz Josefina Blanco, esto es, la mujer del autor de las Comedias bárbaras. Puede que también en esa tumba, situada a la entrada, en la esquina izquierda de este impresionante y cautivador cementerio, esté uno de sus hijos. Luego de visitar el lugar, me dirijo al mirador de La Pastora, desde donde se tienen espléndidas vistas de Cambados.
La capital del Albariño, como se le conoce a Cambados, cuenta con numerosas bodegas DO Rías Baixas. Buen yantar y beber en una villa que tiene otros atractivos como el antiguo molino de mareas “A seca”, en la punta de Tragove, el pintoresco barrio de pescadores de San Tomé, una roca que recuerda el hermanamiento de las ciudades bretonas con Cambados y la casi derruida Torre de San Sadurniño, antigua fortaleza medieval, en un enclave de película. Como complemento literario, esta es también la tierra natal del poeta Ramón Cabanillas, que dispone de una estatua y cuya casa puede visitarse.
Continuará por Vilanova, Vilagarcía y A Pobra do Caramiñal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario