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lunes, 12 de marzo de 2012

¿Por qué fragua y Furil?




A mis padres,
que son mi memoria,
y a ti

La belleza será comestible o no será
Dalí

¿Por qué fragua y Furil? Permitidme que os explique cómo se me ocurrió este encabezamiento — que por otra parte da título a este libro— y cuáles fueron las fuentes de inspiración y transpiración. Fragua es nombre mítico y de mucho bombo. Hace referencia a todo aquello que proporciona calor y vida. La fragua está emparentada con el fuego, que representa la energía espiritual y es agente de transformación, pues todas las cosas nacen del fuego y a él regresan. El fuego está asociado a la fecundidad y es, asimismo, emblema de regeneración y demiurgo. Purifica y destruye las fuerzas del mal. Es centro de cualquier cosa. Un fenómeno privilegiado que puede explicarlo todo. 

Atravesarlo simboliza la trascendencia de la condición humana. Algo a lo que, desde siempre, ha aspirado el ser humano. De ahí tal vez proviene el interés por los festivales ígneos: las hogueras de San Juan, las Fallas de Valencia, los fuegos artificiales de cualquier verbena, el árbol iluminado de Navidad, entre otros. Frazer en La Rama dorada recoge muchos ritos en los que las antorchas, hogueras, ascuas provocan el crecimiento de las mieses, y contribuyen al bienestar de hombres, mujeres y animales. El arte de la fragua se ha puesto en relación con la virtud de mantenerse en contacto con las fuerzas del Empíreo. 

El herrero es el señor del fuego, un visionario y un alquimista, que transforma en oro todo cuanto toca, y logra la Piedra Filosofal y el bálsamo de la vida. El herrador está emparentado con el minero. Así lo vio Eliade en Herreros y alquimistas. El arte de la forja se ha vinculado no sólo con la minería y el espiritismo, sino también con el ejercicio de la música, la danza y la poesía. 

En una fragua se forjan sueños e ilusiones, se hacen herraduras, amuletos de la suerte, y se pueden hornear hasta libritos cual si fueran hojaldres. Es taller donde se trocean y moldean materiales; y horno donde se cocinan panes y rosquillas. Es brasero, fogón, tobera. 

La fragua de Vulcano, de Velázquez, que irradia luz y calor por todos los poros de su pintura, también se hizo numen de esta fragua de Furil. Ahora me queda explicaros quién fue y aún es Furil. 

Furil es una estirpe de Noceda del Bierzo: la saga de los furiles, a la que me apunto, aunque el parentesco sea lejano. El primer Furil conocido fue herrero, ferrón o furón, un noble y antiquísimo oficio, que se ha ido transmitiendo de padres a hijos y así sucesivamente. 

Fragua, magia y espectáculo han caminado cogidos de la mano a lo largo de la historia. Esto es lo que quería contaros.

sábado, 3 de marzo de 2012

La fragua de Furil



Después del fuego arrasador en la Sierra de Gistredo, mi útero, me siento en baja forma, y hasta me da miedo darle candela a esta fragua-libro-hojaldre, que se presentó hace ya unos días en la ciudad de León, con la presencia de Pablo Lago, el director del Diario de León, y Pedro Trapiello, escritor y columnista de lujo en el Diario. Os dejo aquí el prólogo, que me dedica el amigo y escritor Eduardo Keudell, que ahora está del lado de allá, en la ciudad de Buenos Aires, y este artículo que me obsequia el escritor y amigo César Gavela, que vive en el Mediterráneo aunque lleva en su espíritu el Bierzo. 

Espero y deseo que, con estos entrantes, os entre el gusto por leer este libro, horneado en la fragua de Furil, de Noceda del Bierzo, cual si fuera un hojaldre, porque la belleza será comestible o no será. 

Que os aproveche. 



Prólogo de Keudell: 
La fragua de Furil, cuyo título hace referencia a la energía espiritual y la fecundidad, es un libro que recoge una selección de artículos publicados durante estos últimos años en el Diario de León. Dividido en dos partes, a saber, Del lado de acá, donde se abordan temas de la provincia leonesa como la minería o el vino; y Del lado de allá, dedicado a otros lugares en el mundo: América, África, Europa
         Cuenya retrata con sensibilidad, humor crítico y una prosa hábil y certera diferentes culturas y paisajes, sueños y fronteras, la memoria y la muerte; la belleza, en definitiva, que engendra afectos, porque el autor es un viajero como hay pocos en estas tierras. Hombre cosmopolita que sabe que nada de lo humano le es ajeno, capaz de participar de un bautizo con el mismo respeto que en un rito yanomami, en un entierro mexicano con la misma compostura que en un funeral maorí, o catar mezcal con idéntico deleite con que se degusta un caldo de mencía.
        Manuel, hombre bueno, cultísimo, ponderado, viaja ligero de equipaje, como sugirió el poeta, y sabe que uno nunca vuelve sino que siempre va, de modo que en persona, o en texto, Manuel Cuenya tiene esos aires de acá y de allá, como de todos los caminos de horizontes fugitivos que Atahualpa Yupanqui poetizó tan bien. Uno se alegra de que se reúnan sus textos en un volumen, porque es como llamar al viajero a un poco de reposo para que nos cuente de los valles, las montañas, los mares y desiertos, de los hombres y mujeres que habitan esos mundos con la secreta esperanza de amar.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Eduardo Keudell, escritor

Otras noticias acerca de La fragua de Furil: 

jueves, 1 de marzo de 2012

Fuego en Gistredo

Los malditos pirómanos vuelven a joder la belleza de una sierra, Gistredo, que entraña flora y fauna de incalculable valor. Hace tiempo que no la hacían arder, pero hoy han decidido que se vuelva escombro, mal de todos, penuria. A este paso acabaremos cargándonos todo. Qué mierda. Y qué insensibilidad ante la vida. Cómo se puede ser tan capullo o descerebrado o hijo de la chingada para darle estopa a un monte así. No hay perdón que valga. Y quien eso hace, debería arder él o ella o ellos y ellas mismos en las llamas. Siento que me lleva la chingada, y dan como ganas de llorar, llorar en un mundo insensible, lleno de tarados y seres-animales capaces de matar la naturaleza, que es en verdad matar la propia vida, la nuestra, y la de quienes vengan después. Qué vamos a dejarles como herencia a nuestros hijos y nietos. Pobrecitos. Desde la hoya no huelo el humo aunque intuyo la desolación, la impotencia de muchos, el descorazonamiento. Cuánto tiempo tardará en regenerar todo. Qué lástima. Me produce náuseas sólo de pensarlo. Primero querían clavarnos eólicos y ahora le dan matarile a nuestra belleza-vida-belleza. Qué cabrones, ni se miden estos pendejos. Sólo me queda escribir con sangre.