Madrid Ídolo o mi idolatrado Madrid es el título que se me ha ocurrido para este texto, que reescribo ahorita mismo, después de mi viaje semanasantino a la capital de España, como centro desde el que uno acaba viajando a otros lugares, en este caso de Castilla y León, como Segovia, Ávila y Valladolid, de los que también daré fe. Me gusta esto de dar fe, como si la fe moviera montañas, ríos y mares.
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| Goya en Real Academia |
La verdad es que Madrid, los madriles (Galdós empleó este término en sus Episodios Nacionales), nunca se agota, por más veces que uno viaje a la capital. Es sin duda la ciudad en la que más veces he estado, que más veces he visitado, incluso he tenido la ocasión de morar durante un tiempo en la misma, así que podría decir que me siento como si estuviera en casa, que en realidad es la casa de todos. Y siempre encuentra uno un motivo para pasearla o visitar algo, aunque ese algo ya lo haya visitado, porque hay que visitar de nuevo aquello que ya se ha visto, acaso para volver a sentirlo con sentidos renovados. En esta ocasión, en este viaje, visité sitios como el Museo Arqueológico o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre otros.
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| Goya en la Real Academia |
Museo arqueológico Nacional
Hacía años que no entraba en el Museo Arqueológico Nacional, que cuenta con una espectacular colección de piezas de la Península Ibérica, desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna. N obstante, también tiene colecciones procedentes de la Antigua Grecia y del Antiguo Egipto. Creo recordar que la vez anterior que visité este museo fue en los años noventa.
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| Ídolo de Noceda en el Arqueológico |
Como tenía ganas de volver a ver el Ídolo de Noceda del Bierzo, que es una de las piezas arqueológicas más emblemáticas del Bierzo, en concreto del útero de Gistredo, me fui derechito en busca de esta figura relacionada con la fecundidad y con la maestra y poeta Felisa Rodríguez, porque, gracias a ella y su Misión Rescate, que se emitía en Radio Nacional de España, se rescató del olvido, ya que llevaba años en la casa de una niña de Noceda, Carmen Nogaledo, que así se llamaba la niña, quien le mostró el Ídolo, que se utilizaba como pesa de un telar, a su maestra Felisa en la década de los sesenta.
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| Dama de Elche |
Uno de nuestros grandes pintores, Goya, estuvo muy vinculado durante su vida a la Real Academia, que conserva un excepcional conjunto de pinturas representativo de sus distintas etapas. Con dos de sus autorretratos y retratos, en los que el artista fue innovador, como los excelentes retratos de tres figuras destacadas y amigos personales del maestro: Leandro Fernández de Moratín, Juan de Villanueva y José Munárriz, entre otros cuadros.
El genio Goya es el inventor del esperpentismo, según el Valle-Inclán de Luces de bohemia, que es una obra que nos enseña la realidad grotesca, esperpéntica española. Por eso el autor de Los desastres y los disparates, además de las pinturas negras, es precursor del expresionismo.
Deudor de Tiepolo, Velázquez o Rembrandt, entre otros, Goya, que fue rococó, neoclásico y prerromántico, se adelanta a la pintura contemporánea, y nos muestra la crueldad, el horror, el miedo y la locura en sus pinturas, en esos grabados de los desastres y los disparates que pude ver en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la pasada Semana Santa, además de ese cuadro de El entierro de la Sardina, que refleja la tradición carnavalesca y me resulta cautivador.
Asimismo, me llamó la atención El martirio de San Bartolomé (o La matanza de San Bartolomé), una destacada obra de José de Ribera, con su estilo tenebrista, una pintura al óleo que nos muestra el cruel desollamiento del apóstol, al que le rendimos culto en el útero de Gistredo, en concreto en el barrio de Río, con el festejo de la histórica carrera de burros.
La obra de Sorolla también está presente en la Real Academia, a la que le dediqué en su día una reseña con motivo de una exposición en Ponferrada. https://cuenya.blogspot.com/2025/09/expo-dedicada-sorolla-en-ponferrada.html En la Real Academia arrojo la mirada a un cuadro al óleo titulado La comida en la barca (1898), que nos muestra a unos pescadores almorzando bajo una vela en Valencia.
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| La comida en la barca de Sorolla |
Lo pinta con realismo social y estilo impresionista, donde destaca la luz mediterránea y esa convivencia de los marineros.
Sol
A unos trescientos metros de la Real Academia está Sol, donde se encuentra el icónico cartel de Tío Pepe, el sol embotellado de Andalucía, y el kilómetro cero de las carreteras radiales de España. https://cuenya.blogspot.com/2017/12/el-sol-de-madrid-embotellado.html Asimismo, se halla el edificio más antiguo de esta plaza, que es la Real Casa de Correos con su reloj de torre, construido y donado en el siglo XIX por el relojero leonés Rodríguez Losada, que era originario de La Cabrera y amigo del escritor vallisoletano Zorrilla.
También en la Puerta del Sol se hallaba El Café de La Montaña, en la planta baja del Hotel París, que abrió a finales del siglo XIX y permaneció abierto hasta comienzos del XX. Fue el histórico lugar en el que Valle-Inclán, don Ramón María, que era un tipo visceral, además de un escritor colosal, perdió un brazo a causa de una disputa a finales del XIX con el periodista Manuel Bueno. Al parecer, Bueno le propinó un enorme bastonazo con tan mala fortuna que a Valle-Inclán se le clavó un gemelo en su muñeca izquierda causándole una herida que se gangrenó, teniéndole que amputar su brazo tres semanas después.
La intrépida periodista y corresponsal de guerra, la almeriense Carmen de Burgos, menciona este Café y a sus habituales tertulianos, entre otros el escritor bohemio Alejandro Sawa, en quien se supone que se inspiró Valle-Inclán para componer su personaje de Max Estrella. Asimismo, acudían otros escritores tertulianos como Jacinto Benavente, los hermanos Baroja o Julio Romero de Torres.
Se dice que el poeta Verlaine también estuvo en el Café de La Montaña. Cabe recordar que, en un arrebato de ira acaso por embriaguez, el lírico francés Verlaine le disparó al joven poeta Rimbaud, el autor de Una temporada en el infierno, al que el coloso Henry Miller le dedica un estudio en El tiempo de los asesinos.
“La primera noche que entré en el Café Gijón puede que fuese una noche de sábado. Había humo, tertulias, un nudo de gente en pie, entre la barra y las mesas, que no podía moverse en ninguna dirección, y algunas caras vagamente conocidas, famosas, populares, a las que en aquel momento no supe poner nombre… Yo había llegado a Madrid para dar una lectura de cuentos en el aula pequeña del Ateneo, traído por José Hierro, y encontré, no sé cómo, un hueco en uno de los sofás del café. Toda una vida (o eso me parecía) leyendo cosas sobre el Café Gijón, allá en provincias, y ahora estaba yo aquí, y además venía a leer unos cuentos al Ateneo (y con el secreto propósito de quedarme) o sea que era un viaje literario... A José Hierro lo había leído yo, deslumbrado... Era un tipo que me fascinaba y me sigue fascinando… Yo no tenía ninguna prisa por volver a la pensión. José Hierro me había dicho que por la lectura me iban a dar quinientas pesetas con descuentos, que era lo acostumbrado, y esas primeras quinientas pesetas madrileñas me parecía a mí que podían dar para mucho, para siempre, para pagar pensiones, tomar cafés en el Gijón...”. https://cuenya.blogspot.com/2011/10/umbral-sublime-sin-interrupcion.html













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