Ayer martes volvía a ver por segunda vez La voz de Hind en Cines la Dehesa de Ponferrada y me he quedado aún más sobrecogido que la primera vez. La magia de la gran pantalla, que potencia la imagen y los sonidos. El público asistente, en torno a unas 150 personas, lo que está muy bien, también se quedó con un nudo en la garganta, después de ver esta película necesaria, como dijera una amiga, Raque, imprescindible en los tiempos que vivimos. Entre el público asistente, además de buenas amigas como Raque y Victoria, estuvo el amigo cineasta Gabriel Folgado, autor de obras como Paisajes interiores https://cuenya.blogspot.com/2009/10/paisajes-interiores.html (sobre la minería) o Ancestral delicatessen https://cuenya.blogspot.com/2012/09/ancestral-delicatessen.html(sobre el mundo de las castañas), al que agradezco su presencia y su intervención en el coloquio.
Cine comprometido, arriesgado, valiente, que mete el dedo en la llaga y nos invita a una profunda reflexión acerca del mundo que hemos construido con manos asesinas, del mundo que estamos construyendo, antes diría destruyendo, atentando contra la población civil, contra la infancia, que es la vida en estado puro, como vemos en esta película, como sabemos que ocurre en Gaza.
Sobrecoge no sólo ver sino escuchar La voz de Hind, la voz real, desgarradora, de una niña palestina de seis años, Hind (Hannoud) Rajab, que permanece atrapada en un coche entre tanques en la franja de Gaza en compañía de los cadáveres de sus familiares, de sus tíos y sus primos, que el ejército israelí se ha encargado de asesinar, porque esta cinta está construida con las grabaciones reales de la llamada de socorro de esta niña gazatí, que nos deja sin aliento, nos escalofría el alma, el corazón. Supongo que, a quienes la vean, si sienten compasión por el ser humano, por una criatura, se les helará la sangre.
Sobrecoge que ella aún sobreviva, envuelta en sangre, al atentado, rodeada de disparos y apuntada por un taque, con miedo a lo que pueda ocurrirle, con miedo a la oscuridad. El miedo, siempre el miedo, que nos paraliza.
Hind nos muestra su desesperación, su llanto, su dolor, necesita que alguien la salve del infierno. Pero, por más que lo intenta el personal de la Media Luna Roja, todo resulta en vano. La película transcurre en las oficinas que tiene la organización de Media Luna Roja, que sería equivalente a la Cruz Roja española.
En la actualidad, son miles los niños y niñas que han sido masacrados en Palestina a manos del Estado genocida de Israel, con ese psicópata llamado Netanyahu, que encima amenaza a España. Estuve en Israel en el año de 2017 https://cuenya.blogspot.com/2017/07/aproximacion-israel.htmly ya entonces percibí extrañas vibraciones en ese país, donde los integristas judíos me miraban mal y me hacían la peineta si intentaba hacerles fotos. No quiero con esto demonizar a los judíos, que han sufrido mucho a lo largo de la historia, también han sido masacrados, pero sorprende, que ahora sean ellos los verdugos en vez de las víctimas.
La voz de Hind, que estremeció a los espectadores en la pasada Mostra de Venecia (donde obtuvo el León de Plata, el Gran Premio del Jurado), es una película audaz, una obra esencial en este mundo bestial en que vivimos, que nos mantiene en vilo desde el inicio hasta el fin aunque sepamos de antemano lo que va a ocurrir, porque se trata de una crónica de un asesinato anunciado, que se basa en un hecho real, una tensión que se sostiene en lo que no vemos, en el angustioso fuera de campo. Resulta más poderoso lo que no se ve que lo que se muestra, salvo al final, que se nos enseña el desastre, la barbarie. Además de Hind y sus familiares, también el médico y el conductor de la ambulancia que acudieron en su ayuda, en un rescate agónico que tan sólo estaba ocho minutos de ella, fueron víctimas del ejército israelí.
Casi toda la acción transcurre en un espacio cerrado, con un soberbio manejo del mismo, con una puesta en escena que juega con cristales que nos permiten contemplar a varios personajes a la vez, incluso ver reflejados a los que están fuera de campo. Es una experiencia conmovedora hasta hacernos saltar las lágrimas. Un modo de filmar, cámara en mano, en constante movimiento, que genera inestabilidad visual, como si nos introdujéramos en una situación desequilibrada, que nos produce angustia, desasosiego, con primeros y primerísimos planos, que dejan al margen el contexto y centran nuestra mirada en el rostro de los personajes, en sus emociones de tensión, miedo e impotencia, en un espacio cerrado, asfixiante (el centro de llamadas), que refuerza la sensación de encierro, de impotencia, con ausencia de imágenes explícitas de violencia, porque el horror se construye fundamentalmente a través de la llamada real de Hannoud/Hind, de los sonidos ambientales, de los ruidos. La dirección de fotografía, emocionalmente opresiva entre mamparas de cristal, está al servicio del sonido. Emplea colores neutros y fríos, para que sintamos el realismo, la crudeza, la sensación de encierro, de una realidad documental, con encuadres cerrados y espacios que transmiten angustia. La imágenes (incluso se nos muestran imágenes ensoñadoras, poéticas del mar, que tanto adoraba la niña) se subordinan a la voz real de Hind.
En realidad, a través de esta forma de filmar, apoyada en la duración real de la espera y el sufrimiento, en esta inmersión sensorial (como ocurre con Sirāt, de Laxe, al que pudimos ver recientemente en la Térmica cultural de Ponferrada https://cuenya.blogspot.com/2026/03/sirat-en-cines-la-dehesa-de-ponferrada.html) escuchamos y sentimos el horror.
Su directora, la tunecina Kaouther Ben Hania, nos mete de lleno en una atmósfera claustrofóbica, que nos deja sin resuello, en una pesadilla. Se trata de una coproducción entre Francia y Túnez -nominada al Óscar a Mejor Película Internacional- en la que también se implicaron como productores ejecutivos actores de la talla humana y artística de Brad Pitt (conocido por películas como Thelma y Louise, o Babel, entre otras muchas) Joaquín Phoenix (inolvidables sus interpretaciones en películas como Gladiator, Irrational man o Joker) o el director mexicano Alfonso Cuarón (autor de películas como Roma o Y tu mamá también https://cuenya.blogspot.com/2014/08/y-tu-mama-tambien.html), lo cual me resulta magnífico.
La voz de Hind reconstruye, como si se tratara de un documental dramático -pues integra las grabaciones reales de las llamadas de Hind- la voz desesperada de esta niña palestina atrapada en el holocausto de Gaza, mientras cuatro cooperantes angustiados de la Media Luna Roja -Rana (Saja Kilani), Omar (Motaz Malhees), Mahdi (Amer Hlehel) y Nisreen (Clara Khoury)- intentan salvarla sorteando protocolos, burocracia y fuego cruzado en un rescate imposible. Son ellos (intérpretes profesionales) quienes nos muestran sus puntos de vista. Y es que esta película se mueve entre la cruda realidad y la representación de esa realidad a través de poderosos intérpretes.
La interpretación de Saja Kilani, formada en la Escuela de cine de Toronto (Canadá) es esencial para el impacto emocional de esta película. Con el efecto inolvidable de escuchar la voz de Hind mientras le habla en su papel de Rana, que se me antoja una actriz portentosa. Saja Kilani, actriz y poeta canadiense-jordana de ascendencia palestina, dijo en una entrevista que la voz real de Hind fue "la columna vertebral de toda la película y un recordatorio constante de que no se trata de una recreación... Espero que Hind Rajab sea una de esas voces que nos recuerden lo parecidos que somos todos... ". Nada de lo humano ni animal nos es ajeno y todos deberíamos estar sensibilizados con esta barbarie. "Escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie", llegó a decirnos el filósofo Adorno, porque después del holocausto, la confianza en la cultura, en el arte, ha quedado herida, pero creo que quizá sea ahora, con el genocidio en Gaza, cuando sea más necesario que nunca escribir poesía y hacer películas tan necesarias como La voz de Hind.
Asimismo, podría destacarse la interpretación del actor palestino Motaz Malhees, afincado en Londres, que construye un personaje creíble, triste, tenso, impotente, un Omar profundamente humano que se apoya en el lenguaje no verbal, en miradas y silencios. O bien la destacada actriz israelí-palestina Clara Khoury, que encarna el papel de Nisreen, la hermana de Rana, un personaje que aporta cierta estabilidad dentro de la gran tensión que viven todos. Por su parte, el actor y dramaturgo palestino Amer Hlehel compone el personaje de Mahdi, el coordinador de la Media Luna Roja, que procura mantener la calma en medio de la incertidumbre y la gran tensión -alto voltaje se produce en sus discusiones con Omar-, y también acaba derrumbándose ante la tensión acumulada y la imposibilidad de rescatar con vida a la niña Hind.
La voz de Hind nos habla del horror, de la angustia, del dolor, de la impotencia, de la desesperación, de la vulnerabilidad del ser humano, en especial de los niños, de las niñas, frente a la violencia y la burocracia, en medio de un genocidio.

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