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martes, 24 de mayo de 2011

Candilejas

Clausuramos el ciclo de Chaplin el próximo viernes con Candilejas, en espera de que estos ciclos de cine tengan continuidad en un futuro en la capital del Bierzo Alto.

Candilejas (cuyo título original es Limelight, “luz de calcio” para iluminar a los actores/actrices en el escenario)  se nos revela como la síntesis sonora de todo el cine de Chaplin. Estamos, pues, ante una obra donde imagen y sonido, comedia y drama, se funden magistralmente. 
Un melodrama genial dirigido a las fibras más sensibles del espectador -esa que ilumina a los grandes artistas-, con una luz especial, "el sueño de la fama hecho luz", que nos hace vibrar de emoción y nos eriza todos los huesitos del alma. 

Una obra autobiográfica, ambientada en su Londres natal, reconstruido en estudio, el de los music-halls, donde se forma como artista y donde sueña con la gloria, poniendo lo mejor de sí mismo. 


Una historia imposible de amor entre un cómico decadente y alcohólico (interpretado por Chaplin, acaso en homenaje a su padre) y una joven bailarina que alcanza el éxito luego de un intento de suicidio (tal vez en homenaje a la madre del cineasta). 
También se ha llegado a decir que la relación entre su protagonista Calvero (Chaplin) y Thereza o Terry (Claire Bloom) está basada en la que mantuvo Chaplin en la vida real con Oona O'Neill, que era hija del dramaturgo Eugene O'Neill, ganador del Premio Nobel, y de la escritora Agnes Boulton.
Cabe recordar asimismo que Claire Bloom es una diva legendaria, una leyenda viva de la época dorada de Hollywood, que interpretó el personaje de Blanche en Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, e hizo el papeles en Delitos y faltasPoderosa Afrodita, de Woody Allen. 

Una reflexión sobre la vejez, la soledad y el fracaso, que nos llega a las entrañas, con un final No feliz, el único ciertamente posible. Un homenaje, en definitiva, al mundo del espectáculo. "La verdad es lo último que me queda, y quizá un poco de dignidad", le dice Calvero a la espléndida Terry antes de desaparecer, porque “la vida es deseo y no significación”. Se trata de su última gran película rodada en Estados Unidos -precedida por el fracaso económico y prohibición de su anterior cinta, la comedia negra Monsieur Verdoux (1947), que cuenta la historia de un tipo (interpretado por Chaplin), el cual, tras ser despedido de un banco, se dedica a hacer negocio asesinando a viudas ricas-, lo que le obliga a abandonar el país gringo para instalarse en Europa, en concreto en Suiza. 

Candilejas, realizada en 1952 cuando Chaplin contaba con sesenta y tres años, es su confesión, sus memorias y en cierto modo su despedida del cine. Todo está en esta obra impregnada de saber. 

Filmada en un blanco y negro extraordinario, como siempre quiso Chaplin que fuera el cine, Candilejas (que se refiere a candiles, lámparas, o bien a la fila de luces en el proscenio de un teatro), está planificada para que los intérpretes se luzcan. Salvo algunos movimientos de cámara, insólitos en sus anteriores pelis y algunos primeros planos dotados de extraordinaria intensidad, las tomas son largas y abiertas, esto es teatrales: su característico modo de filmar. 


El director de foto es en este caso un mago de la luz, Karl Struss, quien también pusiera imagen a El Gran dictador y Amanecer, de Murnau. 
Por otra parte, Candilejas nos muestra juntos, en un mismo escenario para interpretar una parodia musical, a los más grandes del cine mudo, Buster Keaton y el propio Chaplin (quien nunca abandonó del todo su condición de vagabundo solitario) en un número antológico. 

Candilejas se estrena a nivel mundial en Londres ante diez mil espectadores -entre los que se encuentra la princesa Margaret y la aristocracia inglesa- y unos dos mil críticos procedentes de todo el mundo. El éxito es arrollador. En 1972 obtiene un Óscar por la música original de esta legendaria película, considerada, al menos su banda sonora, como una de las mejores de la historia del cine, cuyo compositor es el propio Chaplin con los arreglos de Ray Rasch y Larry Russell. En este caso el cine no es sólo imagen y música sino vida en estado puro. 

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