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viernes, 5 de junio de 2020

Lo esencial

Después de este largo confinamiento de meses, en el que seguimos en cierta medida, creo que soy capaz de discernir el grano o el trigo de la paja (como se decía antaño en mi pueblo), creo que soy capaz de discernir lo esencial de lo superfluo. 
A decir verdad, la mayoría de las cosas son superfluas, son cosas, nada más, y las cosas como tales no nutren nuestro espíritu. 

No hablo obviamente de los libros, que también son cosas (cosas impregnadas de espíritu), pues los libros sí nos nutren y nos ayudan a crecer, aunque también haya libros que sólo sirvan para adornar o como contrapeso. Cada día más. Qué terrible. Porque se publican realmente cosas infumables. O cosas que se venden como algo original, novedoso. Y no son más que malos refritos. Cosas sin sustancia, sin chicha. Plagios descarados. 
Cada vez me interesan menos (casi nada) los novelines o novelones, la llamada literatura comercial, que no es literatura ni nada. 
Necesito, más que nunca, escritura para reflexionar, ensayos, filosofía, psicología... escritos que me hagan pensar y me inviten a entender este mundo de mierda que nos ha tocado vivir, que nosotros mismos, como humanos, hemos construido, enfangándolo, porque somos los seres humanos, con nuestras locuras, quienes jodemos todo. 
La Naturaleza en sí misma es bella. El mar, con sus olas hipnóticas, las altas montañas con sus neveros sempiternos, el sol con sus amanecidas y sus puestas. La luna, con sus miradas lunáticas, los animales, con su fuerza y adaptación a los diversos ecosistemas. Los árboles con su soplo vital. Las plantas, con sus sonrisa clorofílica. 
Pero nosotros, que nos creemos dioses, la castigamos, la arrasamos. Con nuestros modos de vida saqueadores, criminales. Arrasamos todo aquello que se nos pone a tiro de buen cubero. 
La vida es tan tan breve que uno no puede perder el tiempo en gilipolleces, ni siquiera en la lectura de un libro que no nos merece la pena, que nada nos aporta. 
Las cosas como tales no nos dan la felicidad, al menos la felicidad tal como uno la entiende, las cosas son sólo eso, cosas, que en determinados momentos pueden hacernos creer que nos sirven, que nos alimentan. 
Uno necesita ser, ser para con los otros, y por supuesto para con uno mismo. Ser en este mundo del tener, porque si no tienes, no vales; tanto tienes, tanto vales en este mundo de cosas, donde todo se mide y se pesa en dinero. Mundo horrible el que hemos creado los humanos. 
Ser o no ser, estar o no estar, tener o no tener. 
Durante este confinamiento uno se ha dado cuenta de que tampoco necesitamos casi nada para sobrevivir, sólo el afecto de unos pocos seres humanos, sólo eso, y la mayoría de las personas que uno conoce ni siquiera están, cada cual en su caverna, en su mundo de ficción. 
Durante este confinamiento uno ha re-aprendido que sólo se puede contar de verdad con unas pocas personas. Y no lo digo precisamente porque haya notado que la gente conocida o que creía amiga me haya dado la espalda, que tampoco es así, pero uno percibe quién está realmente y quién no. Es una sutil percepción.
Y al final, incluso teniendo afectos, uno debe sobrevivir en medio de la adversidad, de la realidad/irrealidad con su existencialismo a cuestas, porque nadie puede vivir la vida por nosotros. 
Después de este confinamiento es probable que salgamos más fuertes, más reforzados en nuestras convicciones, aunque también saldremos más tocados, sabedores de quiénes somos y a qué nos enfrentamos, conocedores de lo que realmente nos importa, quién nos merece la pena, quiénes son nuestros amigos y amigas, con qué personas podemos contar. 

No conviene auto-engañarse (lo escribí hace unos días en este mismo blog), aunque el auto-engaño pudiera servir como mecanismo defensivo y por ende adaptativo. 
No quiero autoengañarme. La vida es demasiado breve, efímera, para andar con rodeos. No quiero rodeos, a la llana y sin rodeos (como el título del discurso de Juan Goytisolo cuando recibiera el Premio Cervantes) ni retorcimientos. 
Al pan pan y al vino vino. 
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2017/06/04/5934327bca4741cd298b45b0.html
"Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa por justa que sea sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino".
Dejémonos de idioteces. Intentemos ser directos. No nos engañemos ni engañemos a la gente. Las cosas claras. 
No hemos venido a este mundo para comulgar con ruedas de molino. 
Despertemos de una vez del letargo, de este letargo invernal en el que hemos hibernado como osos y osas. 
Vivamos con claridad. 
Seamos nosotros, hagamos que fluya nuestro pensamiento, que hable con naturalidad, sin aspavientos, sin dobles fondos. 
La doblez, qué mierda es esa, la hipocresía, qué pendejada es esa. No nos hagamos los pendejos. No busquemos pretextos. 
No nos engañemos. Que todo pasa como un suspiro, aun antes de que queramos darnos cuenta. 

Os recuerdo, me recuerdo, que la vida es lo que nos sucede, como nos dijera John Lennon, mientras estamos ocupados haciendo otras cosas. Siempre las cosas a relucir. 
Después de este confinamiento y de esta desescalada espero salir reforzado, ojalá mejor persona, pero también más iluminado, con más luz, eso deseo, con la claridad suficiente para saber distinguir el grano de la paja, para saber realmente con quien puedo contar de verdad, quienes están o siguen estando ahí. Y quienes no. Quizá nunca lo estuvieron de veras. 
Después de esta desescalada, espero ser (siempre el ser) capaz de diferenciar el trigo de la paja. 
Ojalá. 

3 comentarios:

  1. Estupendas reflexiones, cada cual a lo suyo, pero, ciertamente, diferenciando "el trigo de la paja". Hay demasiada paja estos días, la ponen a propósito.

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  2. Buenas metaforas reflesionar, Manuel. La paja hay que separarla del grano para poder molerlo y hacer una buena hogaza con la que podamos disfrutar degustando su sabor, y para todo este proceso es muy importante, antes, criar el cereal y cuidarlo apartamento las hierbas malas que no le dejan crecer dañandolo. Así es todo en la vida, desde el principio uno tiene que elegir si no quiere terminar siendo paja (o hierba dañina) en lugar de grano y un buen pan de hogaza para disfrutar.

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  3. Profunda reflexión sobre el ser, el tener... Y el vivir. Gracias por hacernos pensar.

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