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domingo, 21 de junio de 2020

Casares de Arbás y otras tierras

A decir verdad, a lo largo y ancho de este confinamiento y proceso de desescalada (me gusta el término, aunque no sea el más adecuado, y es que a uno le gusta el lenguaje, las palabrinas y palabrinos), tampoco he vivido tan mal. 
Si es que no se consuela el que no quiere.
Embalse de Casares de Arbás
Y quejarse no sirve de nada, antes al contrario, produce malestar, que acaba traduciéndose en todo tipo de trastornos. 

Lo he llevado razonablemente bien, con altibajos, como la mayoría de seres humanos, aunque procuro mantener la templanza estoica. Y vivir el momento. En realidad, lo único que tenemos es un pasado y un presente, que el futuro se hace camino al andar. 
Casares de Arbás

Dicho lo cual, durante este proceso de enclaustramiento monacal, eremítico, y de reflexión (ha habido mucha reflexión, además de lecturas o re-lecturas varias) he podido también salir a estirar las piernas y oxigenar las neuronas, tanto por mi útero, como fuera del mismo, respetando eso sí las normas que se han marcado. Qué nadie se vaya a creer lo contrario. Creo, además, que en un pueblo como el mío no hubiera sido necesario un estricto encierro porque aquí no hay ni gente. Y en épocas no estivales no se ve ni a un alma por la aldea. Lo mismo digo para otros muchos pueblos y aldeas de la provincia de León y aun del resto de España. 

Sea como fuere, he tenido la ocasión, en buena compañía, de visitar algún sitio que no conocía, como es el caso de Casares de Arbás, la tierra de Mario el rabelista, con quien he tenido la ocasión de compartir algunos buenos momentos tanto en mi pueblo de Noceda, como en Bembibre, Ponferrada o bien La Robla, donde vive habitualmente Mario, aunque en esta última ocasión, recientemente, no pudimos coincidir al final, aunque llegáramos a hablar por móvil mientras estábamos en su tierra de origen, Casares de Arbás. 
https://cuenya.blogspot.com/2015/12/mario-el-rabelista-de-arbas.html
Bello pueblo y bello entorno, donde León se vuelve Asturias, que sobresale por su naturaleza, por sus montañas y un embalse que resulta atrayente, cuasi hipnótico. Aunque quizá a los oriundos no les haga tanta gracia el embalse. 
¿Qué tendrá el agua, que tanto nos atrae? Confieso mi devoción por ríos, lagos, embalses y mares. El agua es vida. El agua es como la escritura, que fluye o debería fluir incluso contracorriente. 
De pasado minero y ganadero, trashumante, Casares, como su nombre indica, llegó a ser un poblado prerromano de tipo castreño. 
No en vano, el término Casar podría hacer referencia a castrum o castro como poblado fortificado, tanto de época prerromana como romana. Y de eso sabemos algo porque en mi pueblo hay varios (me fascina el castro de Valdequiso, incluso como lugar de inspiración).  
Inolvidable se me antoja asimismo el libro de la maestra y poeta Felisa Rodríguez, Soñando tesoros por los castros de Noceda. La gran Felisa, que fue la impulsora de Misión Rescate. Y gracias a la cual el Ídolo de Noceda figura en el Museo Antropológico nacional (Madrid), con réplicas en el museo de Noceda y en el museo del Bierzo (Ponferrada). 
Sólo el término Casares, que sería como un conjunto de casas, me invita a fantasear. Y me lleva, de un modo inevitable (se nota que hay ganas de viajar), al mundo árabe. Al norte de África.
Aït Ben Haddou
Y es que 
Ksar, Ksour o Ksur son términos que se emplean en Marruecos para designar una ciudad fortificada, un fuerte. Maravilloso el Ksar de AÏt Ben Haddou, donde por cierto se han filmado secuencias de películas conocidas como Gladiador, Alejandro Magno o La última tentación de Cristo, entre otras. 
El término casar también está emparentado con la palabra Qasr, que se emplea en países como Jordania con el significado de castillo o palacio. 
En la capital del Bierzo Alto, Bembibre, al castillo situado en la Villavieja, al que hace referencia Gil y Carrasco en su Señor de Bembibre, se le conoce como el Palacio. Lástima que, salvo una muralla y poco más, no se conserve este palacio o castillo, en el que otrora se celebraba el mercado de ganado. 

El pueblo de Mario el rabelista me ha hecho religarme, casi sin quererlo ni pretenderlo, con la cultura árabe. Y aun con otras culturas. 
Como buen cicerone, Mario nos recomienda la visita de algunos lugares de interés turístico, como la ermita y el viejo molino, y de paso nos encamina a un lugar estupendo, enhechizador en Poladura de la Tercia. Este sitio se llama El embrujo, que dispone de una terraza-jardín cual si fuera un huerto epicúreo en el que aún es posible disfrutar de la amistad y los afectos. al amor de unas sidrinas y algunas tapas. 
Casa Ezequiel-Villamanín

Y para rematar la faena nos espera el templo de la gastronomía, casa Ezequiel, en Villamanín, donde saludamos a Pedro Trapiello y a Susana Martín (quizá esto fue en anterior ocasión). 
Gracias, Lidia, por tu maravillosa compañía. Y por tan buenos momentos compartidos, porque la belleza será comestible, como nos dijera el divino Dalí, o no será. 
Y Casares de Arbás (del latín Arvum, o sea, campos o tierras de cultivo), aldea situada en el municipio de Villamanín, es una belleza comestible.  

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