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domingo, 3 de enero de 2021

A Guadalupe Grande

 Morirse tan joven siempre es una cabronada. De la hostia bendita. Aunque sepamos de antemano, no conviene hacerse los mensitos, que la muerte nos espera, a veces, casi siempre, antes de lo que quisiéramos. Que casi nunca queremos. 

Desde hace tiempo, la muerte me obsesiona, sobre todo la de los seres queridos, de aquellas personas con quien uno ha tenido algún trato, o ha conocido de algún modo. Y la poeta Guadalupe Grande era aún muy joven para morirse. 

Guadalupe Grande en Tardes literarias en Bembibre

Guadalupe era amiga del Facebook, lo cual no es mucho decir, porque en el Facebook se tienen amigos, amigas, con quienes paradójicamente uno no tiene ningún contacto. Así somos los humanos, al menos estos humanos de la época del Internet, estos seres que nos hemos hecho adultos en época virtual, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que la época virtual nos haya facilitado el tránsito a la madurez. Antes al contrario, nos hemos infantilizado, robotizado, y en cierto sentido deshumanizado. Porque no hay nada como el contacto directo, real, tangible. No obstante, me ha conmocionado el fallecimiento de Guadalupe Grande porque sí tuve la ocasión de verla y charlar con ella hace años, creo que en febrero de 2011, con motivo de las Tardes Literarias en Bembibre. Y luego otra vez durante una visita ese mismo año en verano que hiciera al Bierzo Alto, en concreto a la aldea de Cobrana, donde se celebraba un encuentro literario (el segundo), gracias al empeño de la Asociación el Zofreral.https://cuenya.blogspot.com/2011/08/en-el-zofreral-de-cobrana.html

Guadalupe Grande era, por lo demás, la hija de los buenos poetas Félix (a quien tuve la ocasión de ver/escuchar, hace años, en el certamen de Priego-Cuenca) y Paca Aguirre (a la que no tuve el placer de conocer). 

Cabe recordar que me encantó escuchar a Félix Grande en 2012 en Priego. Un hombre con duende, capaz de camelar al público con su saber, con sus anécdotas, con su decir poético, con su pasión por el flamenco y su balada del abuelo Palancas. 

Félix Grande era heredero de la poesía de Luis Rosales, César Vallejo y Machado. Algo que heredó asimismo su hija Guadalupe, que, junto con otras y otros poetas como Cecilia Quílez, Pilar Blanco, Aarón García Peña o Ricardo Virtanen, apareció en Cobrana de la mano del Premio Nacional de Poesía, el amigo y paisano Juan Carlos Mestre, autor del colosal poema Cavalo morto, que le dedica al poeta brasileiro Lêdo Ivo.

Mestre

No en vano, ambos llegaron a traducir La aldea de la sal, de este magnífico poeta brasileño, a quien también tuve la ocasión de saludar en la ciudad de León en 2011, poco antes de su fallecimiento, con motivo de un premio que le concediera el Club Leteo, de la mano de su responsable el poeta  Rafa Saravia. https://cuenya.blogspot.com/2012/12/a-ledo-ivo.html

Vivir para morir. Eso parece que nos está gritando la realidad actual. Que se está despachando a gusto cercenando vidas. Pues también acaba de fallecer la escritora Elena Santiago, a quien le dediqué una fragua literaria en Diario de León en 2013. Y hace tan solo unos días me enteraba, vía correo electrónico, del fallecimiento del compañero Luis Calzado, el director de la biblioteca del campus de Ponferrada, también joven, con quien compartiera alguna charla, algunos buenos momentos, incluso algunos viajes a León. Sobrecogido me he quedado asimismo con la muerte de Luis. 

Juana, Guadalupe, Cecilia y Sara

Qué pena comenzar a asistir a la muerte de tanta gente querida, conocida, amiga. Qué pena descorchar este 2021 con el corazón encogido. La vida, ya hemos aprendido la lección, es un auténtico milagro. Y no lo digo en términos religiosos. 

Me gustaría que ese vivir para morir se transformara en un vivir para contar. Y pudiéramos seguir contando. Soñando. Viajando. Poetizando o embelleciendo la realidad. 

"Morir a los 55 años es una derrota innecesaria. Odiosa y radicalmente injusta", escribe Manuel Rico en el diario El País a propósito de Guadalupe Grande. 


viernes, 1 de enero de 2021

La fragua literaria leonesa: Janick Le Men

 

FRAGUA LITERARIA LEONESA

Janick Le Men: “León es como mi tierra adoptiva, donde he pasado la mayor parte de mi vida”

La profesora y lexicógrafa franco-leonesa Janick Le Men ,autora de una colosal obra, que incluye seis tomos de Léxico del leonés actual, echa mucho de menos a sus alumnos, tras su jubilación en la enseñanza. Y ahora le gustaría hacer un diccionario de dobletes.


Janick Le Men. Foto: Diario de León (Gancedo)

Manuel Cuenya | 31/12/2020 - 10:37h.

"Un trabajo riguroso y exhaustivo de rastreo, de vaciado de libros sobre el vocabulario de las comarcas leonesas, de disección filológica, de contraste con todo tipo de diccionarios de las lenguas peninsulares, y de comparación con el léxico de provincias colindantes y de otros territorios más alejados (Extremadura, Andalucía, Canarias...), donde quedan restos del leonés que se llevaron los segadores, pastores y emigrantes", escribe la periodista y escritora leonesa Eloísa Otero a propósito de Janick, a quien considera la María Moliner de nuestra tierra. No en vano, Le Men siente la influencia de los grandes lexicógrafos, entre ellos, "la gran María Moliner". Y al tiempo cree –como dijera el lexicógrafo inglés Johnson, al que ella recuerda–, que su oficio en la literatura es más bien el de un azacán, "aquel que hace las tareas más humildes y penosas". Nos esperan –se lamenta– todos los castigos y ninguna gloria.

En realidad, el título de sus seis volúmenes debería haber sido 'Diccionario del Leonés' porque la mayoría de palabras que figuran en su magna obra ya no las utilizamos. O se han quedado como mera reliquia. Más o menos.

"Durante años, recogí los vocablos de numerosísimos léxicos de todos los rincones de León. Para cada entrada, estudié la etimología, los significados, su localización exacta y, a continuación, los comparé con los vocabularios de las provincias colindantes para saber si una palabra se usaba solo en León o en otros lugares", rememora esta lexicógrafa francesa, en concreto bretona, que dice haber conocido León por azar. Tan importante el azar en nuestras vidas. Y posteriormente se quedó en nuestra tierra por amor, ya que conoció al pintor Alejandro Vargas, con quien se casó y tuvo una hija, que a su vez matrimonio con el profesor y narrador Manu Velasco, a quien agradezco que me pusiera en contacto con su suegra: https://www.ileon.com/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/109366/manu-velasco-escribiendo-sonando-personas-he-encontrado-mi-voz-he-descubierto-mi-verdad

(Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace de ileon: https://www.ileon.com/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/114758/janick-le-men-leon-es-como-mi-tierra-adoptiva-donde-he-pasado-la-mayor-parte-de-mi-vida)

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Un sueño escarchado

 Como en un sueño escarchado, me adentro en la Somoza berciana, en un afán por visitar y aun re-descubrir mi tierra, que uno no acaba de conocer al completo, por más que lo intente. Por eso, sigue causándome hilaridad cada vez que oigo o leo que en tres días puede conocerse el Bierzo. Ni en tres ni en diez días. Ni siquiera en años. Ni el Bierzo ni ninguna otra comarca.  Que no nos engañen. Y por supuesto no nos engañemos. 

Villar de Acero

No es la primera vez que me asomo a la Somoza del Bierzo, pues recuerdo que hace tiempo estuve por la zona. Y visité Villar de Acero y su campano, castaño centenario, casi milenario, que atrae por su historia, por su belleza longeva. Ahora Villar de Acero se nos muestra bajo la escarcha. Con las aguas heladoras de su río. 

Antes de alcanzar Veguellina (qué curioso) y Villar de Acero, se abre una panorámica de postal. Al fondo se divisan unas Médulas o Medulillas (otra curiosidad en el camino) que, tirando de Google, descubrimos que corresponden a La Leitosa, una antigua explotación minera de oro de época romana, que se sitúa en las inmediaciones de las localidades de Paradiña y Paradaseca.  

Mas nuestro destino, sobre todo nuestro deseo, es la aldea de Tejeira/Teixeira, en concreto su cantina, que regenta el bueno de Gaztelu, quien en otros tiempos fuera fotógrafo del periódico La Crónica. Tiempos dorados, sobre todo cuando uno los rememora, en los que uno andaba en la Escuela de Cine de Ponferrada, que para eso fui cofundador de la misma. 

La Leitosa al fondo

El asunto es que hacía tiempo que deseaba acercarme a su cantina. Y por fin llegó la hora. A veces se cumplen las horas y también los sueños. Y este se me ha antojado un sueño escarchado porque el clima nos ha dejado en estos últimos días navideños un ambiente propicio, tal y como lo fantaseamos. Porque la Navidad que soñamos (influenciados supongo por la cultura estadounidense) a menudo es la que se asemeja al Polo Norte, a la Laponia finlandesa, con sus auroras boreales y su Papá Nöel y sus trineos tirados por renos deslizándose por la nieve. Y eso es lo que me encontré atravesando la Somoza en busca de Teixeira, que es aldea remota enclavada en pleno corazón de los Ancares, colindante con la provincia galega. 

Cantina de Teixeira

 
"Este es el culo de España", nos dice un señor en su lengua galaico-berciana nada más poner los pies en la aldea, mientras prosigue con su discurso echando pestes contra su ayuntamiento, explicando que los tiene completamente desatendidos, como si no existieran. Cabe recordar que Tejeira corresponde al Ayuntamiento de Villafranca del Bierzo. Y aunque le queda algo alejada, en realidad son tan sólo unos veintiséis kilómetros los que separan una población de la otra. Eso sí, por una carretera estrecha y curvada, que no da ni un respiro. 

Panorámica de Villafranca

La nieve corona los Ancares creando una estampa pictórica. Y la aldea se muestra acogedora al viajero, que se siente feliz en la dulce y amorosa compañía de la viajera. Los gatines, que son fantásticos, nos dan la bienvenida con sus saludables vibraciones. Y un señorín, con la sonrisa dibujada en su rostro de buena persona, nos indica por donde debemos dirigirnos a la cantina, que queda casi al ladito de la iglesia/ermita del pueblo. Por fin, voy a volver a ver, después de tantos años, a Gaztelu. Y su cantina. Además, agradecemos entrar en calor porque en el exterior el clima es realmente frío. Es lo que tiene el invierno en el Noroeste. Nada más cruzar la puerta de la cantina, sentimos el calor que procura el fuego de una estufa bien arroxada. Y saludamos a Gaztelu, que está sentado en una mesa a la entrada. 

Cantina de Teixeira

"¡Cuenya!", me dice, después de escucharme pronunciar su apellido. Ambos nos conocemos por nuestro apellido antes que por nuestro nombre de pila. 

"Si no es por la voz, no te hubiera reconocido", apostilla Gaztelu. No me extraña, ataviado como voy con gorro y mascarilla. Que parezco, embutido en tanto ropaje, con barba de días y cámara en ristre, todo un Papá Noël trans-moderno. 

Me llama la atención, por lo demás, que a menudo me reconozca la gente por la voz. Como en otra ocasión me ocurriera en la ciudad de León con Rodri, el del grupo de música Tarna (en este caso, habida cuenta de que se trata de un músico, se hace formidable que su fino oído le permita reconocer a la gente antes por su voz que por la vista). 

Teixeira

Gaztelu nos hace sentir como en casa. Nos tomamos unas cervezas y unos vinos y al final acabamos degustando la comida casera que nos ofrece con amabilidad. Qué más se puede pedir. Charlamos amistosamente. Y quedamos en volver. A partir de ahora estaremos en contacto. Tal vez podamos perfilar algún proyectico. La primavera será, espero, un buen momento para regresar a Teixeira y poder disfrutar de su naturaleza, de sus fuentes, que al decir de la gente son medicinales, como las de mi pueblo de Noceda. Y sobre todo disfrutar de la compañía de nuestro anfitrión. 

Teixeira

Lástima que el recorrido de regreso a casa no pueda ser por otra parte, porque la idea (algo que Gaztelu nos desaconseja de plano porque para ello necesitaríamos un todoterreno, y aun así en invierno, debido a las condicionen climatológicas, no resultaría evidente) era volver por Aira da Pedra. Y desde ahí alcanzar Burbia.

Aira da Pedra (es asimismo el nombre de un grupo de música, que tuve la ocasión de visitar hace años), Burbia (donde he estado en más de una ocasión, fue el lugar de rodaje de la película El Filandón, en concreto del cuento El desertor, de Merino, adaptado por Chema Sarmiento) o Campo del Agua, que sigo conservando en la retina de la memoria como un poblado prehistórico. 

Teixeira

Tan sólo unos cinco kilómetros separan Aira da Pedra de Burbia. Pero nadie ha logrado comunicar a través de una pista o carretera en forma estas aldeas de los Ancares. La desidia, la negligencia hacen mella. Ni siquiera el Regionalista Berciano Tarsicio Carballo, al que nadie tiene en cuenta, lo ha logrado, por más peticiones que haya hecho a la Diputación y al Consejo Comarcal. Una lástima. Por eso, el Bierzo, aun siendo bello, no es un destino que elijan los forasteros. Con respecto a las no indicaciones, ya ni hablamos. Están dejadas a su libre valer. No obstante, continuaremos recorriendo el Bierzo, porque es nuestra tierra. Y la amamos como tal. 

Nos vemos pronto, amigo Gaztelu. Y gracias por tu hospitalidad y el obsequio del libro.