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sábado, 20 de junio de 2020

Verano vírico

Ya está asomando el hocico el solsticio de verano, con su calor y el canto amoroso de los pajarillos, y a uno le entran ganas de lanzarse al monte, como si fuera un maquis. Pero mejor no hablemos de maquis, que la incruenta postguerra dejó de ser. Por fortuna.
Salir al campo, a la Naturaleza, es algo saludable, además de un ejercicio impresionista de gran valor, acaso artístico. Tanto para la mente como para el cuerpo, que todo es uno, porque ya se sabe que mens sana in copore sano (según nos dijera Juvenal). Que los clásicos todo lo sabían. 
Castaño en flor de Renoir

Cada vez que pienso en salir al campo me vienen a la mente esos cuadros llenos de vida y vegetación que pintara por ejemplo Auguste Renoir. 
Así que ahora que llega el verano (la estación más lírica del año, eso siento) necesitamos airearnos, oxigenar nuestras entendederas, salir de nuestro yo para re-ligarnos con otros... yos o yoes, desdoblarnos, abandonar la caverna de Altamira (la cueva de las luces, las sombras y los bisontes, que ejercen como númenes o dioses), volver a la normalidad (aunque ahora nos hablen de la nueva normalidad y cosas así, que vaya usted a saber qué es eso). 

Ah, sí, ahora recuerdo que estamos aún con la pandemia por montera, esta epidemia vírica que ha atacado a todo el orbe. Y nos trae a mal traer por la calle de la Amargura. 
Vaya amargor metióseme na boca. 
Entonces, este será también un verano vírico, con brotes y aun rebrotes en la médula espinal de mis delirios. Así que cuidadín, que si antes no pillamos el bichejo, podríamos pillarlo en la nueva normalidad. 
En realidad, hemos pasado del invierno al verano sin pasar por la primavera, la primavera negra, como el título de una de las novelas de Henry Miller, mi Henry y el Henry de June y Anaïs. 
¿Qué diría el Coloso de Marusi si le hubiera tocado el Gordo del Coronavirus? 
"Lo que no está en plena calle es falso, inventado, es decir, literatura... Nacer en la calle significa vagar toda tu vida, ser libre. Significa accidentes e incidentes fortuitos, drama, movimiento. Significa, sobre todo, ensueño... En la calle, aprendes lo que realmente son los seres humanos; de otro modo, más tarde, uno los inventa...", escribió Miller en su Primavera negra

Por tanto, salgamos a la calle, a las calles (no diré hagamos la calle, o las calles), aunque preferiría salir al campo, a los campos floridos y fermosos, a respirar aires puros (bueno, ahora no sé si serán tan puros). 
Salgamos, después de permanecer encerrados durante tanto tiempo (toda la primavera), aunque sí hayamos podido estirar algo las piernas. 
Salgamos en busca de vida y calor. De calor humano. Esa temperatura afectiva que nos mantiene vivitos y coleando. 
Volvamos a reencontrarnos con nuestros prójimos, que espero no se espanten como si todos fuéramos unos apestados, unos leprosos. 
Nuestra lepra es hoy por hoy este virus, que al parecer se va con agua y jabón. Pero no os vayáis a tomar el agua con jabón, que hace pupa, como dijera el Trump acerca de la lejía. Y luego se carcajeara argumentando que era una broma. Hay bromas que es mejor no gastar a la población. No vaya a ser el demoi. 
Este veranito se perfila atípico, sin romerías ni jolgorios (irreconocible estará nuestra matria/patria). 
En Castilla y León, que de tan extensa casi se nos pierde de vista, dicen que prohíben las fiestas. Y a algunos va a darles un patatús sólo de pensarlo e imaginarse sin ferias ni fiestas a todo dar. 
A uno, la neta, le da igual porque no soy romero ni fiestero. 
A lo sumo, me dará pena que no se monte algún que otro concierto (este año también se ha suspendido el legendario Festival de Ortigueira). 
Ortigueira en tiempos de normalidad

Y lo de viajar por el mundo adelante lo tenemos chungo. No vaya a ser que rebrote la pandemia y nos pille alejados del terruño. Sin posibilidad de retorno. Un viaje sin retorno como el que vive/muere el protagonista de El cielo protector de Bowles, que Bertolucci adaptara al cine.
Así que sólo nos queda el viaje por la provincia interior o por el interior de la provincia. Y, a medida que el tiempo corra y se descorra el velo del virus, aproximarnos a otras provincias y tierras colindantes. O algo tal que así. 
La verdad es que nos pilla a todos o casi todos como desnortados. O con la brújula a la virulé. 
Qué ya no sabemos si vamos o venimos. 
A ver lo que da de sí este verano, en el que aún no hemos entrado. Pero que en nada ya estamos ahí. 
En vez de verano vírico, me hubiera gustado titular esta entrada como verano lírico, qué otro gallo nos cantaría. Por cierto, un gallo está entonando ahorita mismo su melodía. qué hermosos los sonidos animales. Y toda esa respiración de la Naturaleza. Toquemos pues la lira. 
Un canto a la vida, hey. 

viernes, 19 de junio de 2020

Fassbinder y el Ramadán

Recupero este texto publicado en Diario de León, que me ha venido a la mente después de re-visitar a Almodóvar y su película Volver. Qué cosas escribía uno en los años 2000. 
https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/fassbinder-y-el-ramadan/20021113000000629975.html


Fassbinder, que fue un director fetiche del nuevo cine alemán, tenía como cierta obsesión con el mundo musulmán. 
Fasbinder y Schygulla

Recientemente hemos tenido la oportunidad de ver algunas de sus películas en la Filmoteca de Caja España de Ponferrada, en las que nos muestra este gusto por lo islámico, aunque mejor sería decir por los "magrebíes". Fassbinder nos revela con toda naturalidad sus gustos homosexuales, su debilidad por la carne marroquí. 
De ahí que en su tiempo, allá por la década de los setenta, su cine se considerara como transgresor. 
Hoy su cine nos parece bastante normal, aunque en ocasiones nos sorprenda con sus puestas en escena, y nos invite a amar profundamente a esa bella y magnética afrodita llamada Hanna Schygulla. 
Almodóvar, en la década de los ochenta, también nos llegó a parecer innovador y un tanto libertino. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/almodovar-y-volver.html
En la última época, sin embargo, su cine, aún siendo provocador, nos dejó de interesar un poco, salvo esa delirante y preciosa película que es "Hable con ella" o "Folle con ella". 
Al parecer el mundo musulmán, y en concreto la ciudad de Marrakech, es un paraíso para los homosexuales. El propio Juan Goytisolo, que es uno de nuestros mejores escritores, vive tan ricamente en Marrakech. 
La plaza de Djemaá-el-Fná y sus alrededores se convierten en un paraíso no sólo para los homosexuales sino para aquellos a los que les gustaría ganarse un harén con el sudor de su... frente o su espíritu de católicos descreídos. 
El mundo musulmán encierra en sus interiores, casi siempre alfombrados y placenteros, misterios que uno suele ignorar. El mundo musulmán se nos antoja apasionante. Es como si uno entrara en "Las mil y una noches" y se despertara en un oasis de fantasías eróticas. Pura erección del pensamiento. Un cuento para ser vivido más que para ser soñado en la distancia. 

Uno sueña a menudo con aquello que le resulta difícil conseguir. Es entonces cuando se enciende nuestra imaginación y nos da por realizar un vuelo, acaso psicodélico, tal vez orgásmico, hacia las elipses de los paraísos artificiales. Como aquellos paraísos que imaginara Baudelaire, dandy de la modernidad. 
Embriáguense de vino, de amor o de poesía. A su antojo. Pero embriáguense. 
Como cada año, y desde el pasado miércoles, los musulmanes están celebrando El Ramadán, que es mes de ayuno y sacrificio durante las horas solares, y una bacanal bestial y deliciosa -suponemos- durante las noches lunares y estrelladas. 
El Ramadán es otro cuento inventado para sumergirse en el magma espiritual de las cálidas y orgiásticas noches islámicas. 
A Fassbinder, a buen seguro, le encantaba el Ramadán. 

miércoles, 17 de junio de 2020

La fragua literaria leonesa: Reyes Liébana Blanco

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Reyes Liébana Blanco: “Escribo sobre mi vida, y León forma parte de ella”

La joven poeta Reyes Liébana Blanco, autora de 'Balas en el corazón', tiene un segundo poemario titulado 'Volvamos a matarnos', a la espera de que la editorial Eolas realice su publicación. 

Manuel Cuenya | 17/06/2020 - 10:44h.
Acabo de abrir
la despensa de mis encajes
y he descubierto
los afectos caducados
que arrastro desde ti.
Los he tirado todos
a riesgo de acabar
con intoxicación emocional.
Mañana voy a la compra
y pasaré de largo las ofertas.
(Reyes Liébana, 'El carro lleno, por favor', incluido en 'Volvamos a matarnos')

Cuenta la joven poeta Reyes Liébana Blanco que su vocación por la literatura surge a través de su madre, Marta Blanco, que le inculcó el hábito por la lectura, pues su madre es una gran lectora, según Reyes.
"Desde pequeñita me transmitió esa pasión por los libros. Luego, cuando fui creciendo, esos sentimientos encontrados en los años locos de adolescencia salen a veces por sitios inesperados. En mi caso, la mezcla de los libros y el rap, hizo que acabara escribiendo poesía. Qué cosas...", afirma Reyes, que comenzó con la poesía como forma de evasión.
"A veces hay poemas que salen solos, pero es imprescindible seguir leyendo, o releyendo. Sin lectura no creo que sea posible escribir buena poesía. Y pensándolo bien, si los propios autores no leemos poesía, entonces, ¿quién lo hará?... No sería nada sin mis libros. Hay que mimarlos, entenderlos, incluso a veces estudiarlos", detalla la creadora de 'Balas en el corazón', su ópera prima, que ya tiene preparado su segundo poemario, titulado 'Volvamos a matarnos', aunque de momento permanece inédito, a la espera de que Eolas Ediciones se lo publique.
En ambos poemarios sobrevuela el tema de la muerte, uno de los grandes temas, sin duda. Recordemos aquello que dijera el maestro mexicano Rulfo: Sólo hay tres temas: la vida, el amor y la muerte. O, si me apuran, podríamos resumirlos en dos grandes temáticas: el eros y el thánatos.
'Balas en el corazón' es, a su juicio, un poemario muy especial. "Es mitad poesía, mitad fotografía. Y transcurre en un año en el que viví en Budapest. Una ciudad que siempre tendré en mi corazón... de ahí el título", rememora Reyes, cuyo segundo poemario cree que es un libro más duro, más maduro, "con mucho cambio interior y crecimiento. También dolor y amor".
En cuanto a la muerte, es un tema que no le asusta, antes al contrario es algo que le atrae, "porque es dolor, esperanza, misterio... Y creo que el misterio mueve el mundo... ¿no?", precisa esta titulada en Arquitectura, que vive en la actualidad y desde hace unos años en Madrid.
"Estudiar arquitectura te abre muchos mundos abstractos, y te cambia la manera de pensar en el mundo. Además de enseñarte todo tipo de expresiones de arte, por tanto tu mente está en continuo desarrollo y eso también te hace escribir", apostilla Reyes, para quien la arquitectura ha sido muy dura a la vez que una disciplina que le ha procurado felicidad.
"Estudiar arquitectura te abre muchos mundos abstractos, y te cambia la manera de pensar en el mundo. Además de enseñarte todo tipo de expresiones de arte, por tanto tu mente está en continuo desarrollo y eso también te hace escribir"
Si bien vive en la capital de España, Reyes Liébana Blanco lleva a León, su ciudad, en las venas, marcando por supuesto su infancia, su carácter, quién es ella, y aportándole una extraña sensación de estar con los pies en la tierra. "Al final se escribe en base a eso, por lo tanto León también ha marcado mi forma de escribir, de una u otra forma. Porque escribo sobre mi vida, y León forma parte de ella", matiza Reyes, convencida de que León está llevando a buen término algunas iniciativas que nos demuestran que la literatura aún no ha muerto, y que seguimos con ganas de avanzar, haciendo especial hincapié en el Ágora, que, en su opinión, es una iniciativa maravillosa, que le ha sorprendido muy gratamente.
Lo decrépito, como el mayor de los perjuicios y privilegios, nos hizo eternos.
La noche, sin embargo, como castigo por poseerla, nos mudó fugaces.
Derrotada la expectación, te espero a partir de las
12.
(Reyes Liébana, 'Puede que ya no', incluido en 'Volvamos a matarnos')

La poesía no compite, se comparte
"No sólo eres libre para expresarte, bien hayas escrito un libro, o no, sino que también es una forma de relacionarte y conocer a gente muy interesante. Como se dice en el Ágora: 'la poesía no compite, se comparte'. ¡Larga vida a el Ágora!", apunta esta apasionada no sólo de la poesía sino del arte en general.
"En poesía mi escritor preferido desde hace años es Peru Saizprez (Tanto que llevo en la espalda tatuado un poema suyo...). Es su fuerza al escribir y los mensajes bomba que te dejan: Peru Saizprez. También Karmelo Iribarren me ha dejado mucha huella en la poesía. Me gusta su cotidianidad y la forma extraña en la que transmite la añoranza de los tiempos pasados".
Y en cuanto a pintores, reivindica las figuras de Francis Bacon, Egon Schiele, Lawrence Alma-Tadema... "cada uno por una cosa diferente, supongo. Pero todos tienen ese qué sé yo que no sé nada que me conquista" a la vez que dice gustarle mucho la estética religiosa, porque tiene un extraño poder sobre ella, "un cierto aire sexy...".