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miércoles, 18 de marzo de 2015

Porrúa, el legendario editor


https://www.lanuevacronica.com/opinion/porrua-el-legendario-editor_3378_102.html (Hoy, en páginas de Cultura de la Nueva Crónica, un homenaje al editor Paco Porrúa)

Paco Porrúa, el legendario editor de obras imprescindibles y originales como lo son ‘Rayuela’, de Cortázar, o ‘Cien años de soledad’, de García Márquez, entre otras muchas e interesantes, nos dijo adiós en Barcelona, su lugar de residencia, a finales del pasado año. Y hoy, ahora, me apetece dedicarle un espacio en este periódico. 
         Hijo de emigrantes gallegos, procedentes de la provincia de A Coruña,  Porrúa llegó con su familia, siendo bien pequeño, a la Patagonia argentina, espacio fascinante donde se funden el mar y el desierto como ideal o símbolo de libertad. Y creció leyendo a Julio Verne y H.G. Welles, autores que, con el paso del tiempo, forjarían su carácter apasionado por la literatura fantástica y la ciencia ficción. Una historia que nos hace soñar incluso despiertos. 
Con dieciocho años, se trasladó a Buenos Aires para estudiar Filosofía y Letras. Y en ese período, después de trabajar como traductor, fundó a mediados de los cincuenta la editorial Minotauro, especializada en obras de ciencia ficción como ‘Crónicas marcianas’, de Ray Bradbury, que Porrúa tradujo al castellano con prólogo de Borges, o bien la exitosa trilogía de ‘El señor de los anillos’, de Tolkien, que le reportaría grandes beneficios. Este hecho (y acaso la situación convulsa de la Argentina de mediados de los setenta) llevaron al editor gallego-argentino a retirarse en la ciudad de Barcelona, donde se dedicaría sobre todo a la lectura durante sus últimos años de vida.    
Gran parte de la sustanciosa literatura del siglo XX, que anticipa la modernidad del siglo XXI, pasó por las manos del talento Porrúa, al que podríamos calificar como el padre del boom latinoamericano, porque, además de los escritores ya mencionados, editó la obra de Manuel Puig o Alejandra Pizarnik y rescató del olvido a un autor proscrito como fuera Leopoldo Marechal, cuya novela ‘Adán Buenosayres’ se me antoja extraordinaria. Como curiosidad, cabe señalar que Porrúa descubrió a Bradbury -“el poeta de la ciencia ficción” y autor de la conocida novela  Fahrenheit 451’, que Truffaut adaptaría al cine-, leyendo un artículo del filósofo Sartre incluido en la revista ‘Les Temps Modernes’.
Contaba el escritor y periodista argentino-berciano Eduardo Keudell que el Premio Nobel García Márquez y su mujer Mercedes Barcha enviaron por correo, acaso por confusión o porque no tenían suficiente dinero para mandar la obra completa, la segunda parte de ‘Cien años de soledad’ a la editorial Sudamericana, que dirigía Porrúa, quien supo ver al instante que estaba ante una novela monumental, el Génesis de la época actual. “Hasta tuvieron que vender una plancha para poder mandarle la primera parte a Porrúa”, agregaba Keudell en la charla que impartiera el pasado mes de febrero en Bembibre con motivo de una nueva edición de Tardes Literarias. 
De nuestra hermana ‘miña terra’ hasta Buenos Aires, que es como una prolongación o provincia de Galicia, con Barcelona como punto de destino final, Porrúa acabó encontrando su lugar en el mundo y quedará grabado en nuestra memoria colectiva como uno de los más importantes editores del siglo XX.




martes, 17 de marzo de 2015

La fragua literaria leonesa: José del Río

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La Fragua Literatia Leonesa

José del Río: "Creo en la necesaria conexión entre la cultura humanística y la cultura científica"

Manuel Cuenya | 17/03/2015

El narrador, poeta y profesor astorgano José del Río, autor de 'Cuando tu paraíso no está en Google' trata ahora de escribir un ensayo sobre algunas afinidades entre el arte, la literatura y la ciencia.

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José del Río. Foto: Antonio Varas.
Oriundo de la bimilenaria Astorga, el narrador, poeta y profesor José del Río considera que la ciudad de las mantecadas y capital del chocolate ha sido y es un caldo de cultivo extraordinario para poetas y narradores en general. Influido por el poeta Leopoldo Panero y guiado por los buenos profesores, que tuvo en el instituto, al autor de 'Cuando tu paraíso no está en Google' se le despertó el interés por la literatura, primero como lector y enseguida como escritor. De manera que su ciudad representa el primer estímulo y el primer alimento de su actividad literaria, y, por supuesto, una referencia imborrable en su memoria y en su imaginación. En este sentido, está convencido de que la provincia leonesa ha dado y sigue dando buenos narradores y poetas gracias a la tradición, que lleva muchos siglos recibiendo las aguas de muchos autores importantes. "Yo creo que este es un proceso que se retroalimenta a sí mismo: la imitación, la competencia,  la influencia y la complicidad entre los escritores hace que, a medida que pasa el tiempo, crezca el caudal de la producción literaria", según José, cuya labor como profesor de Matemáticas en Salamanca le ha permitido una tranquilidad económica y una gran autonomía  a la hora de escribir, aunque también es consciente de que, por otra parte, la enseñanza quita mucho tiempo a la escritura, lo que "a veces es bueno, porque, sabiendo que es escaso, lo aprovechas con mucha intensidad".
Puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace: 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Umbral, leonés

Hoy, en páginas de cultura de la Nueva Crónica, este texto dedicado al maestro Umbral. 

La exposición ‘Francisco Umbral, libro a libro’, promovida por el Área de Actividades culturales de la Universidad de León a través de la Fundación Francisco Umbral, nos muestra, en la flamante biblioteca del Campus de Ponferrada, la vida de Francisco Pérez Martínez –que así se llamaba en realidad el autor de ‘Diario de un noctámbulo’– desde su infancia hasta el momento en que recibiera la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid en 2005 (sin olvidarnos, por supuesto, de su Premio Cervantes). En blanco y negro y en color, vemos al Príncipe de las Letras y el Henry Miller español con sus amigos Delibes, Cela (que en realidad también fueron sus maestros), Vicent, ‘Cándido’, Fernán-Gómez y Ramoncín, entre otros, además del posado con su gata Loewe. 
En este ‘Diario de un noctámbulo’, “un título que a él seguro le hubiese gustado”, según el escritor y académico lacianiego Luis Mateo Díez, se recoge una selección de artículos, publicados recientemente, que escribiera durante su etapa leonesa aquel joven alto y desgarbado, cuya “voz era casi tan grave como su aspecto”.
Umbral, que fue/es sin duda uno de nuestros mejores y más prolíficos prosistas, además de un poeta romántico y rebelde ‘embufandado’, es probable que naciera en Mansilla de las Mulas (en alguna de sus obras habla de sus tías de Mansilla), o bien en Valencia de Don Juan, habida cuenta de que su madre, Ana María Pérez Martínez, era coyantina, aunque en su biografía aparece Madrid como lugar de nacimiento.  Ese Madrid (‘Trilogía de Madrid’, ‘Amar en Madrid’, ‘Madrid XXI’…) que tan bien conociera y nos contara el autor de ‘Mortal y rosa’, acaso su gran obra, por la que siento devoción. No en vano, Umbral, deudor de escritores monumentales como Ramón Gómez de la Serna o Valle-Inclán (a quienes dedica por cierto sendos ensayos) es uno de mis escritores preferidos. 
A decir verdad, me entusiasma que Umbral fuera leonés. Y sobre su etapa profesional en León sí que existen documentos varios, incluso algún libro suyo, como ‘Crónica de las tabernas leonesas’, que son una serie de artículos publicados en la revista de la Casa leonesa en Madrid, en los que su autor nos habla, entre otras, de la histórica Casa Benito, taberna ubicada en la Plaza Mayor, que sigue conservando el aspecto de otrora. No olvidaré que otro escritor, el leonés Julio Llamazares, me la mostró y por supuesto hizo mención a esta obra de Umbral.
A finales de los 50 Umbral vive y trabaja en la ciudad de León, donde compatibiliza su labor en ‘El Norte de Castilla’ (ahí estaba su valedor Delibes, cuya figura supuso para él todo un aprendizaje literario), con la publicación de crónicas en el diario ‘Proa’. Mientras tanto, también practica el periodismo radiofónico como cronista en ‘La voz de León’, donde coincide con Luis del Olmo y María Jesús Álvarez Moro, “la voz más maravillosa de la radio”, según el autor de ‘Las ninfas’. Al parecer, rivaliza con el escritor Victoriano Crémer, que dirigía ‘Luces de la ciudad’ en ‘Radio León’. Conoce a Antonio González de Lama, a César Aller, a Pereira y a Gamoneda. Y se codea con las personalidades del mundo de la cultura que visitan la ciudad “fría y gótica” de León. Incluso modera debates con Leopoldo Panero o Pepe Hierro (uno de sus mentores, por el que Umbral sentía auténtica devoción). En 1960 escribe crónicas y artículos, bajo el epígrafe de ‘La Ciudad y los días’, para ‘Diario de León’. Y en 1965 (Umbral ya vive en Madrid) recibe el Premio Provincia de León por su novela breve ‘Días sin escuela’, que recogiera en Villablino, y se publicara en el número 6 de la revista ‘Tierras de León’ ese mismo año.
Umbral, leonés, madrileño, vallisoletano, universal, en su afán por escribirlo todo, sigue sacudiéndonos las entrañas con su prosa lírica, sublime, casi sin interrupción.