Como un poema sereno y monumental, como un poema en prosa, como un libro en piedra y en carne, se alza en una imponente ubicación esta ciudad sobre un frondoso roquedo que flanquean los ríos Eresma y Clamores.
Acariciada por una naturaleza esplendorosa, bajo las cumbres nevadas, cuyo resplandor ilumina el horizonte, Segovia se aparece con una luz, “más reverberante y fina que la de las otras ciudades españolas”, según Azorín, una ciudad donde la luz y el tiempo construyen una atmósfera de espiritualidad y belleza.
La ciudad, Patrimonio de la Humanidad, surge ante la mirada del viajero como si estuviera suspendida en el tiempo, acaso detenida en una dimensión fantástica, en un territorio mítico, como Macondo o Castroforte de Baralla, donde se funden la historia y la leyenda, una dimensión donde se recorta, hipnótica, la silueta romana del acueducto (obra colosal de la ingeniería romana, diseñada para conducir el agua a la ciudad desde manantiales de la serranía), se eleva el perfil colosal de la dama de las catedrales, se extiende la muralla medieval en piedra dorada, que es memoria, y se muestra la imagen de cuento de hadas del alcázar -una fortaleza hispano-árabe que también fuera residencia de reyes-, como un castillo brotado de un sueño.
Se cree que Walt Disney, que al parecer, según alguna leyenda, era de origen español (en concreto de la almeriense Mojácar), se inspiró en el alcázar de Segovia, con sus torres puntiagudas y su perfil inconfundible, para el castillo de Blancanieves, que se convertiría en un emblema de su factoría, donde trabajé durante un tiempo, en concreto en Disneyland París, allá por los años noventa.
El viajero, que no es la primera vez que se aproxima a esta tierra (en una ocasión estuvo con una amiga y en otra con los cuates Agustín y Abel, con quienes también compartiera vivencias estudiantiles en Salamanca) siente que ha llegado a un espacio-tiempo de emocionante belleza, luminoso, poblado por casas nobles, palacios, iglesias románicas, mesones (atestados de turistas, en busca de lechazo y cochinillo), plazas (Azoguejo, a la que Cervantes se refiere en El Quijote, o la Reina Victoria Eugenia como antesala del alcázar, entre otras) y miradores (mirador del alcázar y los dos valles; de la Canaleja, o del Postigo del Consuelo...) a la ciudad y a las cumbres de la sierra.
Paseo bajo una luz primaveral
El poeta me dijo que llevaba ya varios años en Segovia, donde ha logrado escribir una buena parte de su obra, incluso ha creado a su personaje Juan de Mairena y ha conocido a su musa Guiomar, con quien suele reunirse los fines de semana en Madrid, que queda a tiro de piedra de Segovia.
| Casa de Antonio Machado |
El gran Antonio Machado se siente satisfecho como profesor de francés y con la fundación de la Universidad Popular Segoviana, una experiencia gratificante, que aspira a acercar la cultura al pueblo. Al poeta le gusta la Plaza Mayor de Segovia, con la catedral en una esquina y el ayuntamiento en el centro, con sus soportales, un teatro, un templete para orquesta y muchos cafés y restaurantes con mesas en el exterior.
Al poeta caminante le entusiasma callejear por la ciudad, y parece dirigirse hacia su casa, que se ubica en el número 5 de la calle Desamparados, en pleno centro de la ciudad.
En mi paseo por Segovia también me encuentro con un hombre que viste capa blanca. Es de tez oscura, con avanzada calvicie y camina con rapidez. Una oriunda me dice que se trata de un místico y poeta, uno de los más grandes, asegura, quien fuera amigo además de Santa Teresa de Ávila, la fundadora de la orden de los carmelitas descalzos. Al parecer, ambos llegaron juntos a Segovia. El gran místico y poeta escribió entre otras obras La noche oscura y Cántico espiritual. Se llama San Juan de la Cruz.
Existe una placa conmemorativa dedicada a este pícaro, que se halla en un punto estratégico, en el interior del Arco de San Andrés o Arco del Socorro. Es una de las tres puertas que se conservan en la muralla de la ciudad, en las inmediaciones del barrio judío.
"Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa...
Estuvo casado con Aldonza de San Pedro. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria".
Estuvo casado con Aldonza de San Pedro. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria".
En El Buscón, el propio don Pablos en primera persona nos cuenta sus peripecias vitales, desde su infancia a la proyectada fuga a Indias con que termina la obra. Don Pablos fracasa constantemente en su búsqueda de estabilidad económica y social, cuyos fingimientos de nobleza son desenmascarados sin cesar. Sólo conoce, en el mundo cruel en que vive, la humillación, el hambre, las penalidades.
Vemos cómo se inicia en los menesteres de la picaresca estudiantil.
El viajero sigue caminando por la ciudad, como lo hace el poeta Antonio Machado, tal vez en busca de sus pasos, de sus huellas, entonces decide acercarse a la Loba, porque en Segovia los oriundos acostumbran a quedar en esta escultura, que está al lado del Acueducto, el cual atraviesa la ciudad y también el corazón del viajero, en esta réplica de la famosa escultura romana que representa a La Loba amamantando a Rómulo y Remo, los fundadores legendarios de la ciudad eterna, que le regaló a la ciudad de Segovia con motivo del bi-milenario del Acueducto, que es Patrimonio de la Humanidad y emblema por excelencia de Segovia.
El viajero recuerda, después de su visita a la ciudad extremeña de Mérida (y también a Roma), que La loba de Segovia y la de Mérida son casi idénticas porque ambas son réplicas de la original, la loba capitolina de Roma. https://cuenya.blogspot.com/2025/01/sevilla-me-lleva-hasta-merida-que-es.html Ambas esculturas son de bronce y fueron regaladas por Roma para simbolizar su unión histórica y su pasado romano.
La de Mérida se sitúa en una rotonda cerca del puente romano. https://cuenya.blogspot.com/2018/08/roma-capitolina.html
El viajero se despide de Segovia, mientras contempla, aún extasiado, la silueta del alcázar, que parece que brotar de un sueño.
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