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miércoles, 17 de octubre de 2012

Houellebecq

Recupero, tocado y retocado, este texto, dedicado a Monsieur Houellebecq, el enfant terrible de la literatura francesa. 

Hace unos días veía a la estrella mediática de la nueva literatura francesa en La2 de televisión. Le hacían una entrevista con motivo de la reciente publicación de su poesía (cuatro poemarios). 

http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-2-entrevista-michael-houellebecq/1552088/


El literato gabacho tiene pinta de oligofrénico (con todos mis respetos hacia los discapacitados intelectuales). Está como "pallá". Incluso él mismo reconoce que es algo desagradable, insoportable tal vez, y hasta alcohólico. Vaya especimen. 


Aunque sé de su existencia y de su literatura, no me había asomado a su obra hasta hace relativamente poco, unos tres o cuatro años, nomás. 


Considerado por algunos críticos como el Henry Miller francés (casi nada), con la influencia Céline, otro fenómeno de las letras, Houellebecq también entronca con el Dostoievski de Memorias del Subsuelo, o el Camus de El Extranjero. Palabras mayores, tanto el autor de El jugador como el de El mito de Sísifo. 


Houellebecq estuvo hace ya algún tiempo en León, de la mano de Fernando Arrabal y los chicos del animado Club Leteo (presidido por Rafa Saravia), el cual tuvo el coraje y la amabilidad de alojarlo en su casa. Ya me contarás, amigo Rafa, cómo se portó el tipito de marras, aunque algo me dijiste en su día. 

Bueno, el Arrabal-primopoeta también se las trae. 

La prosa de este enfant terrible de la literatura contemporánea, tan deudora de Sade, se acerca también a Miller en esa su narración erotomaníaca en la que, por lo demás, incluye pasajes reflexivos gloriosos. 



Tuvo problemas en Francia, y después de vivir en Irlanda, decidió ubicarse por algún tiempo en el Cabo de Gata de Almería (hermoso lugar), alejado del mundanal ruido. Aunque ha debido volver a Gabachilandia, supongo que a París, aunque no tengo ni idea, la verdad. Andará recluido, supongo, porque en su día se le tachó de antiislámico (y ser antimusulmán de un modo abierto se paga caro, bien lo sabe el escritor Salman Rushdie desde que escribiera aquellos Versos satánicos). 

Por su parte, Houellebecq también se ha enfangado, al menos en términos literarios, con la prostitución en el Tercer Mundo, porque al parecer (lo entresaco de sus novelas) a él le entusiasma o entusiasmaba viajar (acaso para hacer turismo sexual) a Tailanda y a Cuba.

La narración de Plataforma, en primera persona del singular, nos acerca su figura hasta el punto de que nos creemos sus historias, cual si fuéramos nosotros quienes las protagonizáramos. En realidad, lo que nos cuenta es, en apariencia, su propia vida, aunque por momentos parezca ficción. Él, no obstante, suele encargarse de desmentirlo, porque a la mayor parte de autores o autoras les da pudor reconocerse en sus personajes. 

Toda novela es autobiográfica, y toda autobiografía es una novela, asegura Llamazares en Escenas de Cine mudo, y creo que no le falta razón, aunque es cierto que algunos escritores, léase por ejemplo a Bioy Casares y su Invención de Morel, trascienden tanto la realidad que la convierten en puro delirio o alucinación elevados a la enésima potencia. Siempre en busca de libertad y amor  (y aun de la inmortalidad, al menos espiritual). O eso podemos extraer de esta fantástica novela. 

"Una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta", se atrevió a escribir Borges sobre la misma. 
Por cierto, La invención de Morel fue adaptada al cine, de un modo libérrimo, por uno de los maestros de la Nouvelle Vague, Alain Resnais, bajo el título de El año pasado en Marienbad. 

Houellebecq es el chico malo/maldito, aunque con un éxito arrollador, de la literatura francesa y también de la literatura del mundo occidental, al que  atiza buenos palos. No deja títere con cabeza. 


Es probable que tanto sexo y placer en sus novelas encubra enormes carencias afectivas, incluso, me atrevo a decir, su propia incapacidad para amar y ser amado (lo más grande que le puede ocurrir a un ser humano). Me está entrando la vena romántica. Si es que en el fondo, a todos (o casi todos) nos gusta amar y ser amados. 


El problema es que en el mundo actual, movido por un capitalismo desbocado, todo se vende y se compra, incluso las personas, y eso da una dimensión terrible de la realidad en la que vivimos. Y no digamos en el llamado Tercer Mundo, donde los tiburones (y aun los turistas con guita) hacen y deshacen a su antojo. El dinero, que es poder, todo lo manda. El propio Valle-Inclán, con su lucidez envidiable, lo dice en Luces de Bohemia. El dinero todo lo pudre, hasta las relaciones, supuestamente basadas en el amor y la amistad. Pero, en el fondo, este autor francés también nos está abriendo los ojos cuando nos cuenta en el mundo en que vivimos. Creo que convendría leerlo y aun releerlo para entender de verdad su obra. 


El comienzo y final de Plataforma resultan extraordinarios. Como debe ser siempre. También he leído La Posibilidad de una isla, si bien es interesante, se me antoja menos amena y divertida que Plataforma, aunque mantenga asimismo buenas dosis de crítica. 


En el fondo, Plataforma (su tercera novela, y tal vez la que lo lanzó a la fama) cuenta su vida, o la de su propio álter ego, un cuarentón parisino, también llamado Michel, que está harto de su vida mediocre y rutinaria (lo que asume con ironía). La muerte por asesinato de su padre, que por otro lado no le produce ninguna tristeza, es el detonante que acaba dando un giro a su existencia, porque recibe una sustanciosa herencia, la cual emplea para largarse de vacaciones a Tailandia, país que critica por la abusiva prostitución, pero que a la vez asume porque al prota le encanta practicar sexo con las orientales. A la vez que descalifica a sus compañeros y compañeras franceses de viaje, eso sí con buenas dosis de humor, tildándolos de putas y borrachos, él mismo se convierte en uno de ellos, y acaba  enganchándose a una joven francesa, Valerie. La novela, aparte de relatarnos, este viaje "iniciático" a Tailandia, también nos adentra en Cuba y creo recordar que en Egipto. Y la cierra con otro viaje a Tailandia. 


Conviene recordar y aclarar que otro personaje de su exitosa novela Las partículas elementales, que fue llevada al cine en 2006 por el alemán Roehler, es también un cuarentón obsesionado con el sexo, pornógrafo, misógino y racista (otro supuesto alter ego del propio autor franchute). 

Y en su última novela, El mapa y el territorio, que recibió el premio Goncourt, aparece el propio Houellebecq como personaje.  Al parecer -no la he leído- se trata de una bomba de relojería contra el arte moderno y la cultura contemporánea. 


Y para finalizar este breve recorrido por la obra de este controvertido autor, deciros que me resulta harto parecido el arranque de Plataforma y El extranjero, de Camus (ya había anunciado que Houellebecq bebe en manantiales existenciales). 


Mi padre murió hace un año. No creo en esa teoría según la cual nos convertimos en verdaderos adultos cuando mueren nuestros padres; nadie llega a ser nunca un verdadero adulto (Plataforma, Houellebecq).

Os dejo aquí algunas de sus reflexiones y frases con miga y aroma camusiano (al menos las primeras).

 *Tengo cuarenta años, y ya he visto algunos cadáveres; ahora prefiero evitarlo. Por eso nunca he comprado un animal doméstico.


*Tampoco me he casado. He tenido la oportunidad, varias veces; pero siempre he rehusado. Sin embargo, me gustan las mujeres. Me arrepiento un poco del celibato de mi vida. Me molesta en vacaciones, sobre todo. 


*La gente desconfía de los hombres que a partir de cierta edad se van solos de vacaciones; creen que son muy egoístas y probablemente un poco viciosos.


*Todo llega a su fin, incluida la noche.


*No tenía ni una pareja sexual regular ni un amigo realmente íntimo. 

*Las mujeres... se mueven con dificultad en un universo desprovisto de toda relación afectiva. 


*En cuanto tienen unos días de libertad, los habitantes de la Europa occidental se precipitan al otro confín del mundo, cruzan medio planeta en avión, se comportan literalmente como si acabaran de fugarse de la cárcel”. 


*Como todos los habitantes de la Europa occidental, quiero viajar. 


*En el fondo lo que quiero es hacer turismo. 


*Cada cual tiene los sueños de los que es capaz, y mi sueño es encadenar al infinito los circuitos de la Pasión, las Vacaciones en color y los Placeres a la carta. 


*Coger un avión actualmente... equivale a que a uno lo traten como a una mierda... estrés tan intenso que algunos pasajeros han muerto por culpa de una crisis cardíaca durante vuelos de larga duración.... Nos vemos privados de cigarrillos y de lectura, y cada vez con más frecuencia de alcohol... A las muy cerdas -se refiere a las azafatas- aún no les ha dado por el registro personal. 

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