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lunes, 29 de octubre de 2012

El habla berciana II


Después de revisar el Atlas Lingüístico de El Bierzo (ALBI), en sus léxicos I y II, además de hacer indagaciones al respecto del habla berciana, uno llega a la conclusión de que en el fondo no hay sustanciales diferencias en los vocablos que emplea un oriundo de Igüeña y otro de Dragonte, por citar dos pueblos extremos del Bierzo. 
Términos, cuando menos singulares, que uno podría llegar a creer que son propios de un pueblo específico o bien de una zona determinada dentro del Bierzo, resulta que son utilizados en casi toda la comarca:
Véanse algunos vocablos de la flora: devesa (dehesa), humera (aliso), brimbia o brimba  o brima (mimbre), salgueiro (sauce), negrillo (olmo), sabugueiro (sauco), rebolla (roble); gamacho, gamayo o fullaco (roble) se dice en la zona del Sil y en el Alto del Boeza; sardonal (encinar) y abruno (endrino) en casi todo el Bierzo, salvo en Balouta, que se dice ameixa; cruesco o cuesco (hueso de melocotón) se dice sobre todo en el Bierzo Alto, conjo (nuez) y conjal (nogal), tuco, tuérgano, tarabuco, tarugo (tronco), esgazar (desgajar), casca (monda dura de patata), pataca (patata), encelga (acelga) miruéndanos (fresas silvestres), subiao o subiau (zarzal), machao o machau (hacha), rachón (pedazo de tronco), silva (zarza), que es a su vez topónimo frecuente, se emplean en todo el Bierzo.
Términos referentes al tiempo: dispués o despois (después), estiaño (este año), polamañana o polamañá (por la mañana), polanoite (por la noche), templano (temprano), entavía, entovía o untavía (todavía) en casi todo el Bierzo, salvo en la zona limítrofe con Galicia, donde dicen aínda o inda; vrano o vrau (verano), ivierno (invierno), babisnar o babuznar (llovizna) se emplean en el Bierzo Alto, y parte de los Ancares; escorecer o escurecer (anochecer), remolín (remolino); calambrión (niebla) en el Alto del Boeza; orballo (rocío), xelada, xeada o gilada (escarcha), roxo (rojo o rubio) en todo el Bierzo.
Términos referentes al espacio: abeseo, abeseu, abisedo o abesedo (sombrío) se dice en todo el Bierzo, incluso en el resto de la provincia de León; camín (camino) en Ancares, Fornela; rodera (camino) en el Alto Boeza, regueiro (arroyo) y cabuerco (fango), chaguazal o chaguazo (terreno pantanoso, barrizal) en el Bierzo Alto; piedra ralenga o morrillo (canto rodado) se dice en pueblos tan extremos como Igüeña, Villaverde de La Abadía o Llamas de Cabrera; buraco (agujero) se utiliza en Dragonte, Orellán, Dehesas, Quilós, Santa Cruz de Montes; furaco (agujero) se dice en Balouta, Fornela, Páramo del Sil;  furaco y buraco se emplean indistintamente en Noceda del Bierzo;  poulo (terreno malo) y llera (pedregal) se usan en Noceda, San Miguel de las Dueñas, Igüeña, Santa Cruz de Montes.
Términos referentes a la fauna: carracha (garrapata) se dice en el Valle de Fornela, Balouta, Dehesas, Noceda; lumaco, llumaco o limaco (babosa), raposa (zorra) y orizo (erizo), curuxa o curuja (lechuza), furón (hurón) se emplean en casi todo el Bierzo; caceiro o cacello se utilizan en Dehesas, Santa Cruz de Montes, Noceda; y galfarro (gavilán) en Tejedo del Sil, Noceda, Villaverde de la Abadía, Ancares.
Términos de caza y pesca: garduñera (cebo) en Tejedo del Sil, Sancedo, Villaverde de la Abadía, Igüeña, Noceda, etc.
Vocablos referentes al ser humano y partes del cuerpo: home (hombre), muller, muyer o moza (mujer), rapaz (chaval) y rapaza (muchacha), penca (peca), deda (dedo del pie), papo (bocio), rabuñar (arañar), zarabeto (tartamudo), arrutar o rutar (eructar), xordo (sordo), lambrión o llambrión (glotón)  y lambisqueiro (goloso) se dicen en todo el Bierzo; guaje o guajín (crío) en Noceda, Páramo del Sil, etc;  viello (viejo) y viella (vieja), monín o munín (apelativo afectuoso para niño), bisgo o trusgo (bizco), ingre (ingle), pesquisa (sexo femenino), pija (sexo masculino); galbana (pereza), asadura (hígado), bandullo o botillo (vientre) se emplean en gran parte del Bierzo; divieso (forúnculo) meticón (entrometido), esgarriar (escupir) se utilizan en el Bierzo Oriental; embrigo o embligo (ombligo) se dicen en Fornela, Parámo del Sil, Noceda, Cabañas Raras, entre otras poblaciones.
En diferentes números de la revista cultural La Curuja, editada en Noceda del Bierzo ( y posteriormente en el volumen, Vocabulario de Noceda del Bierzo), he recogido vocablos singulares, sobre todo del Bierzo Alto, como: abisnar (husmear), achuquinar (golpear), acontonar (empujar), encrencar (abarrotar), encurullada (cruda), espérfulo (déspota), grollos (comida para las gallinas), entre otros.
Algunas singularidades fonéticas, morfológicas y sintácticas:
En el Bierzo, por lo general, se suelen pronunciar algunos diptongos: “ou” en términos como topo (toupo), poulo, mocho (moucho), boza (bouza), Bouzas (pueblo de San Esteban de Valdueza); “ei” en vocablos como caldero (caldeiro), vega (veiga), reguero (regueiro), etc.; “ue” en palabras como culebra (culuebra) (culebra), cabuerco (terreno fangoso), etc.; “ie” en otras como castillo (castiello), cuchillo (cuchiello), etc. En cambio, en los siguientes términos, debido a la influencia gallega, se conserva la “o” breve: fuente (fonte), fontoria, Fonfría, Foncebadón, etc.
También se da con frecuencia la pronunciación de la “u” por la “o” en vocablos como comer (cumer), como (cumu), con que (cunque), llovió (lluvió), sobre todo en la zona de mayor influencia asturleonesa; el cambio de la “o” por la “e” en palabras como oscuro (escuro), hospital (espital), obstruir (estruir), ostentar (estentar), procurar (precurar), etc., confusiones vocálicas o cambios fonéticos: bimbría (mimbre), arbañil (albañil), teléfano (teléfono), calandario (calendario), párroco (párraco), pimientos (pamientos), Auria (Aurea), etc., la eliminación de vocales, sobre todo prefijos en: “chicoria” por achicoria, “letricidá” por electricidad, etc., y la conservación de la “e” en palabras terminadas en “d”, como pared (parede), sede (sed), rede (red), etc. En ocasiones se pierde la “d” en: verdad (verdá), salud (salú), mitad (mitá o metá), prado (prao), etc.
Otra particularidad es la transformación de las vocales átonas: la “e” se convierte en “i” en términos como envidia (invidia), entierro (intierro), empresa (impresa), leer (lier), decir (dicir), Imilio (Emilio), etc.; la transformación de la “l” en “r” y vivecersa en términos como diablo (diabro), blanco (branco), temprano (templano), etc., así como la transformación de la doble “l” en “ch”: llorar (chorar), llamar (chamar), llover (chover), etc.
En cuanto a la morfología, conviene señalar el sufijo “al” en árboles frutales: rebollal, repollal, cirullal (ciruelo), castañal, perullal (peral), así como el cambio o añadido de prefijos: reventar (arreventar), rodeo (arrodeo), surcar (asurcar), bajo (embajo), principiar (emprecipiar), todavía (entavía, entuvía o untovía), radio (arradio), moto (amoto), acordeón (alcordeón), destripar (estripar), derramar (arramar) arrimar (arimar). Asimismo, son frecuentes las contracciones de preposición y artículo: nel (en el), pol (por el), etc., y los adverbios deformados: onde, dende, iquina, dallí, daquí, delantre, embajo, alredor, dispués, untovía, entoncias, ansí mesmo, tamién, non o nun, etc.
Una característica del Bierzo de influencia asturleonesa, al igual que ocurre en La Cabrera, es que la “n” se hace “ñ”. Ejemplos: ñabos, ñapia, ñalga, ñigal, etc. También la “l” inicial se vuelve doble “l” en palabras como llambrión, llumaco, lluengo, llumbre, etc. Otros rasgos típicos de lo asturleonés en el Bierzo es la pervivencia de la “f” inicial latina en: farina, forno, fogaza, fartar, fillo, fuso, filar, etc. Abundan incluso los nombres de pueblos con la “f” inicial: Folgoso, Finolledo, Fresnedo, Fonfría, etc., así como la terminación de diminutivos en “in”: molín, guapín, monín, pequeñín, bobín, curisosín, etc. También por influjo asturleonés se emplea el pronombre personal y artículo después del verbo: Díjomelo, hablole, preguntole, etc., y a veces con la forma de doble “l”: díjolle, dalle, etc., así como el pronombre “vos” al final de los verbos en infinitivo: quitaivos, sentaivos, levantádevos, etc., y como tratamiento respetuoso: Dios vos guarde, etc.  También son frecuentes los excesos de diptongación en la conjugación de verbos: queramos (quiéramos), podamos (puédamos), vayamos (váyamos o váigamos), etc.
También cabe señalar que los posesivos van precedidos por el artículo: la mi hermana, el mi tío o el mío tío, la tu mujer, etc., así como el empleo de pronombres posesivos “nueso/a/s” (nuestro/a/s) y “vueso/a/s” (vuestro/a/s o suyo/a/s). Ejemplos: el nueso abuelo, la vuesa madre, etc.
En casi todo el Bierzo se registran formas verbales similares y conjugadas de este modo: cantei (canté), cantemos (cantamos), canteste (cantaste), arimeste (arrimaste), arrameste (derramaste). Asimismo se emplea el “haiga” (haya) en el subjuntivo de la primera persona singular del verbo haber, “toviera” (tuviera) en la tercera persona singular del verbo tener, “sos” (eres) y “sodes” (sois) en el presente de indicativo de la segunda persona singular y plural respectivamente del verbo ser; diba (iba) en la primera persona singular del pretérito imperfecto y  vaite y vaiga en el imperativo y presente subjuntivo respectivamente del verbo ir, etc. Por otra parte, la conservación de la “e” final en verbos infinitivos: quedare, tomare, comere, dormire salire, etc., la “e” final en los imperativos: marchade, salide, cantade, etc., o las formas convertidas en “ai” en la conjugación de verbos: marchai (marchad), cantai (marchad), etc. En determinados sitios desaparece la “e”  final en la conjugación de verbos como tener, venir, querer: tien, vien, quier, etc. Respecto a la morfología, cabe subrayar el cambio de género femenino por el masculino en términos como (el) nuez, (el) sartén, (el)  sal, (el) leche, (el) miel, (el) lumbre, etc., y viceversa. Ejemplo: arroz (la), calor (la), entre otros muchos. 

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