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lunes, 29 de junio de 2009

Verano lírico

(Diario de León, 02/09/2008)


Castillo de Halffter en Villafranca
 El verano es, por definición, la estación más lírica del año, la que suena más y mejor, la “estación total” porque “tiene un tiempo más grande… y la duración de sus días es como un amago de eternidad”, escribió Umbral, que nos dejó el pasado verano, mientras uno recorría el sur marroquí. 

Este verano, como tantos otros, también ha dado mucho de sí, aunque no haya hecho grandes ni largos viajes al final de la noche, en busca de exotismos y emociones intensas, pues todo viaje, si lo es de verdad, entraña movimiento y emoción, motion and emotion, que diría un angloparlante. Y sino que se le pregunten al taxista a quien descerrajaron un tiro en Las Ventas de Albares, o bien que se lo digan a los muertos que tuvieron la mala pata de subirse, en Barajas, a un avión trucado o algo así. 

A veces uno se pregunta si no sería mejor quedarse en casa, a la sombra de un manzano, o bien en compañía de amigos, en el huerto epicúreo de la templanza, en vez de largarse a Murcia, bajo un calor infernal y soporífero, que te hace bajar la guardia, instante preciso que aprovecha algún hijo de la chingada para mangarte una cámara Yashica, repleta de historia. 

No son necesarios los viajes físicos para sentir el mundo, sino sólo viajes alucinantes al magma de la mente, pero este misticismo, aderezado por la psicodelia, lo dejaremos para otro ratín, cuando volvamos a escuchar a Jim Morrison, o a su doble en concierto, como el pasado verano en el Auditorio ponferradino. 

A quienes escuchamos este “finde” fue a los imitadores de los Purple y los Stones en los míticos conciertos del Jurassic Rock, que este año adelantaron, quizá porque las tintas encineras andan cargadas con tanto centenario, visible el número 100 en la trompa del Pajariel, lo que nos hace rememorar una peli de culto, Drowning by numbers, cuya banda sonora compuso Nyman. 

El Pajariel, visto desde la distancia, siempre me ha parecido como un elefante dormido. El lirismo estival nos pilló de lleno en Villafranca hace unos días, donde se reunieron algunos de los mejores poetas y músicos del panorama nacional. Allí estaban, con la batuta alzada, Gamoneda, el maestro Pereira y Mestre, entre la noble corte de poetas, y Halffter y Tomás Marco, entre otros, como músicos con don de la palabra. 
Mestre y Úrsula

Mestre es a buen seguro el mejor declamador de cuantos haya escuchado, y su pensamiento-palabra resulta revelador, algo que tanto necesitamos en este mundo hecho a medida de los poderosos, que seguirán aplastando, con sus botas de felino ególatra, las cabecitas de quienes sólo aspiran a asomar su cráneo pelado y cadavérico.

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