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lunes, 29 de junio de 2009

La felicidad



A menudo se habla de la felicidad como si fuera algo que pudiera tocarse, acaso con la punta de los pies, y tal vez con otras puntas más aceradas. No sólo se puede tocar, sino que incluso se puede oler y degustar. Eso pretendemos, al menos. La felicidad como concepto es algo que nos desborda. Mas la felicidad puede residir, nomás, en un buen asado argentino, como esos churrascos que hace nuestro estimado y experto asador Eduardo Keudell, o como esas migas manchegas que nos ha obsequiado el entrañable José Luis Carretero. Cuando uno habla de “Felicidad”, escrita así con mayúscula, además de referirnos a una mujer en concreto, es como si nos estuviéramos remitiendo a algo metafísico, como si no supiéramos de qué hablamos. Cómo puede uno ser feliz en un mundo tan calamitoso, donde la mayor parte de la gente vive en condiciones infrahumanas, soportando el espanto y el terror. Pero como hoy no tengo ganas de ponerme estupendo, y sí aspiro a encontrar un pedacito de cielo en este mundo materialista, he decidido ser feliz, al menos por algún tiempo. El tiempo que me permita activar las endorfinas. No es saludable andar encabronado porque al final uno acaba infartándose. Es probable que la felicidad, suponiendo que exista, resida en las pequeñas cosas. Y es en esas pequeñas cosas en las que debemos detener nuestra mirada, y aun nuestras esperanzas. Tal vez sea necesario mirar con el corazón -como nos dijera Saint- Exupery en El Principito- para ver la verdadera belleza de la vida y así producir las endorfinas necesarias para gozar de una buena salud. La felicidad, que también es belleza, será comestible o no será. Como comestibles son los asados que prepara el gaucho Eduardo en Noceda del Bierzo. A ver si nos relamemos los dedos este jueves. Y nos luce un día espléndido, puestos a pedir, lo cual nos ayudará a sentirnos aún más a gusto. Con toda seguridad las hadas, que son nuestras musas, estarán de nuestro lado. Y disfrutamos comiendo y bebiendo en medio de un ensueño verde.


La campiña nocedense, incluso a comienzos de verano, no tiene nada que envidiar a esas campiñas inglesas que tanto hemos visto en la tele, las pelis y aun en la realidad. Es Noceda, por lo demás, un oasis de placer que gusta mucho a quienes lo visitan por primera vez. Es nuestro pueblo un lugar que invita a sentir ese bienestar, que en esencia no es más que una suerte de felicidad.

2 comentarios:

  1. El que quiera puede arremeter contra tu sentido de la felicidad. "Dice el impío: Comamos y bebamos que mañana moriremos..." Está en la Biblia. Por mi parte estoy de acuerdo y contento con tu texto que me indica lugares donde se detiene un momento lo pasajero de la "felicidad". Esa abstracción que llamamos felicidad, no me parece más que un señuelo que deja "el placer, que siempre quiere eternidad" como dice Nietzsche.

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  2. Gracias, Venancio, por tu comentario. Y me alegro que te haya gustado. Salud.

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