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lunes, 29 de junio de 2009

Marisa Paredes en Noceda del Bierzo

Ejercitar la memoria de vez en cuando resulta saludable más que nada para confrontarse con la realidad y comprobar que el alzheimer sigue alejado. Toquemos madera. Sin memoria uno deja de ser quien es. Como le ocurre al prota de esa película-rompecabezas cuyo título es “Memento”. A propósito de películas recuerdo que allá por los gloriosos años ochenta apareció un buen día en Noceda del Bierzo Marisa Paredes, la genial actriz almodovariana, que antes de serlo en “Taconnes lejanos” del manchego universal, lo fuera de teatro, y aun de teatro televisado, pero entonces Marisa no era tan conocida como lo es ahora. Recuerdo verla en compañía de Doni y Josefa, vecinas del Barrio de Vega, que entonces vivían en la capital de España haciendo labores domésticas. En realidad, Doni sigue viviendo en los madriles.

Marisa Paredes llegó a Noceda acompañada por Doni, que en aquel tiempo servía en casa de la Paredes. Antaño en los pueblos se decía mucho lo de “ir a servir a Madrid” como también se decía “servir a la patria o cumplir con el servicio militar”. En otros tiempos se servía mucho. Ahora, en cambio, nos hemos vuelto todos unos inserviciales y en cierto modo inservibles. El servicio está cada día peor. El asunto es que Marisa Paredes llegó un buen día a Noceda, debía ser en otoño, temporada de castañas, y en fin de semana. Recuerdo verla entrar en El Mesón-bar Las Chanas de Noceda en compañía de nuestra amiga Doni. También se dice que la Paredes estuvo en casa del ya fallecido Primitivo o Primo, el padre de Josefa. Y poco más sabemos del paso de la Paredes por Noceda. Entonces uno era un rapaz, que vivía en su mundo de adolescencia, entre libros y ensoñaciones, y algunas correrías por las discos y bares del pueblo y aun por Bembibre, donde este menda cursaba estudios de bachiller. En aquella época, si bien a uno le gustaba ver cine, no sabía de la talla humana y profesional de Marisa Paredes. Luego, a través de nuestra amiga y paisana Doni, nos hemos ido enterando de la vida de la Paredes en aquellos ochenta de movida y sarao en un Madrid castizo y underground, que tanto prometía.


El paso de la Paredes por Noceda se me antoja hoy, con el transcurrir de los años, como algo que perteneciera al sueño o la leyenda. Cual si fuera una aparición mágica al más puro estilo García Márquez, puro realismo mágico de novela latinoché. Como cuando la hemos vuelto a ver en “El coronel no tiene quien le escriba” del cineasta mejicano Arturo Ripstein, cuya película no es más que una adaptación del gran Gabo.

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