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martes, 30 de junio de 2009

Encuentro con Juan Goytisolo en Marrakech

Juan Goytisolo en el Café de France de Marrakech. Foto Manuel Cuenya

Este texto lo escribí en 2004, después de mi encuentro con el escritor Juan Goytisolo en el Café de France de Marrakech. Inicialmente, lo publiqué en el suplemento El Filandón de Diario de León. 
 
Desde que descubriera la literatura de Juan Goytisolo, hace ya algunos años, he tenido la curiosidad por conocer a este escritor, el cual, aunque es bien conocido, está alejado de los pesebres españoles, y forma parte de los escritores comprometidos de verdad con la lucha incesante por la libertad, la dignidad y los derechos humanos en todas las partes del mundo.

La primera vez que viajé a Marrakech, allá por el año de 1997, intenté verlo, aunque no fue posible. Me dijeron que solía ir por las tardes a un café, el Kebir, que ya no existe, en la Plaza de Djemaá-el Fná. Suele decirse que a la tercera va la vencida, mas en este caso el encuentro se produjo a la cuarta en el café de France, que es donde acostumbra a ir todas las tardes, a partir de las siete y media. 


El café de France, ubicado en la plaza de Djemaá o Xemaá, es quizá uno de los más visitados por los turistas. Desde su terraza se goza de unas vistas espléndidas sobre la plaza y la ciudad en general.

En compañía de mi amiga Hayat, acudí a su encuentro el pasado viernes 9 de abril. “Yo te daré suerte”, me dijo Hayat optimista y cariñosa. “Estoy segura de que lo encontraremos”. A eso de las 7h 45 un camarero nos avisa de que el señor Goytisolo acaba de llegar al café, tal vez por la puerta “falsa”, pues no lo vemos entrar, aunque estamos sentados a la entrada del café. Él está sentado en una esquina del restaurante. Le pido al camarero que le diga si puedo hablar con él, y el camarero, amable, se acerca a Juan, y le comunica que estoy interesado en saludarle. Entonces Juan voltea la cabeza y nos hace un gesto de recibimiento. Goytisolo va acompañado por algunos individuos y un niñito de unos 7 u 8 años. No me atrevería a precisar su edad. Luego de la presentación de rigor, nos invita a tomar algo. Pido un té con menta, que es una bebida muy refrescante y saludable, y Hayat (en castellano significa vida) toma un refresco. Nos sentamos a su lado. “Acabo de llegar de México y me encuentro con este clima de frío”, me dice. Sí, hace fresco en la noche marrakchí, lo que no es del todo normal. Pues durante el día la temperatura es veraniega. En un principio, Goytisolo se muestra como un ser tímido, infranqueable, pero pronto se abre a la conversación. Confiesa que no le gustan los periodistas imbéciles, que le hacen preguntas estúpidas. Intercambia unas palabras en árabe con Hayat, y continúa charlando conmigo. “Lástima que México esté tan lejos de Marrakech –prosigue-, de lo contrario iría más a menudo a este país”. Méjico es uno de mis países preferidos, le digo, en el que viví durante algún tiempo. Me habla de su amigo, el escritor Carlos Fuentes y de que, aunque conocía Méjico, era la primera vez que visitaba Oaxaca. "Sí, también conozco Oaxaca", respondo. ¡Quién no se siente atraído por un país como México!  


-¿Es cierto que gracias a usted la plaza de Djemaá es hoy patrimonio oral y espiritual de la humanidad? 
-Sí, responde categórico. Y añade: patrimonio oral e inmaterial. 
-Si la plaza no fuera patrimonio de la humanidad, a estas alturas sería un aparcamiento de vehículos, estaría destruida. Aquí hay también mucho corrupto, como en España, país al que ya voy en contadas ocasiones. Cada vez me gusta menos. Por cierto, hay tres provincias españolas que no conozco, y sin darme tiempo a preguntarle cuáles son, me cita Lugo, Zamora y León. 

-Qué curioso, no conoce León. Pues queda invitado a venir a León. Estaría muy bien que diera una conferencia en la Universidad de León. Algunos de nuestros alumnos estarían, sin duda, encantados de que usted les impartiera una clase o curso. 

Goytisolo, sin embargo, no parece mostrar mucho entusiasmo por acercarse a León. Lástima. Otra vez será. 
-Estoy invitado para el próximo mes de julio a dar unos cursos sobre los cuentos de Las mil y una noches en la universidad de Santander -me dice. 
-Qué interesante. Una buena ocasión para acercarme a Santander en verano. 
-Antes iba a menudo a Nueva York a impartir cursos de liteartura, pero desde que gobierna ese imbécil de Bush, ya no voy. 
-¿Qué le parece, por otra parte, el cambio de gobierno que ha habido en España? 
-Extraordinaro -constesta-. Además, Zapatero parece un buen tipo. Estoy convencido de que a partir de ahora mejorarán las relaciones entre España y Marruecos. Supongo que conocerá -me dice- un artículo que publicara hace poco, se titula “De vuelta a la razón”, después del atentado de Madrid. Le recomiendo que lo lea. En Marrakech -añade- teníamos a un embajador fascista español, que daba asco.

Hay un momento en que cambiamos de tercio y la conversación gira en torno a la literatura actual. Me recomienda algunos escritores que desconozco, entre otros, algunos españoles, que de seguro no están enganchados al sistema, y también alguno árabe. "Lea -me señala- a Juan Francisco Ferre, aunque no le será fácil encontrar sus libros, pues suele autoeditarse, a Javier Pastor, que tiene un libro llamado Fragmenta, en la editorial Lumen, El paraíso perdido, de Antonio Pérez Ramos o El mundo a media voz, de José María Ridao, por citar algunos de los escritores que sí hacen literatura y no basura. También me habla de una revista, La fiera literaria, que es como una crítica despiadada a la literatura basura, y me cita algunas novelas como Agadir, cuyo autor es Mohammad Kheir-Eddine o Recorrido inmóvil, del escritor judío marroquí Edmond Amran El Malech.


Mientras me hace estas recomendaciones, que le agradezco de todo corazón, me dice que se siente muy a gusto en Marrakech con su familia, con sus tres niños -uno de ellos nos acompaña-, además puede escribir con tranquilidad, sin que nadie lo moleste ni lo despiste, alejado de esa España verbenera en la que quienes tienen éxito son por costumbre los que hacen mala literatura, como la que escribe Almudena Grandes o su marido, un tal García Montero, creo recordar, que aún es más creído que ella, lo cual ya es decir, o libros que se hacen pasar por literatura, cuando en realidad son otra cosa. Entonces me cita el caso Nevenka como un caso que está vendiendo mucho. No parece sentir, Goytisolo, mucho afecto por Juan José Millás, aunque esto no me lo diga de un modo explícito.


Hablamos de algunos de sus libros: Makbara (cementerio), sobre todo de su capítulo dedicado a la plaza Xemaá, y Reivindicación del Conde Don Julián, que aunque escrito hace más de treinta años, se me hace bien actual. “Si hoy enviara Reivindicación del Conde Don Julian a una gran editorial, y lo firmara con un seudónimo, estoy seguro de que no lo publicaría”.

Hayat en el café de France-Marrakech
 “En España -me dice- se habla cada vez peor. Ni se habla español ni inglés. Es como una mezcla que ya no se entiende. Como cuando te dicen frases así: "es un ajecutivo muy agresivo. Parece -añade él- que el ejecutivo te fuera a golpear. En español se podría decir que es un ejecutivo emprendedor, por ejemplo”. En España, cada día más uniformados por los medios de comunicación de masas, hablamos una suerte de spanglish, le digo.

Finalizada la conversación, Hayat me dice que el señor Juan Goytisolo habla un perfecto árabe marroquí. 


Qué suerte que uno de nuestros grandes escritores hable árabe.

1 comentario:

  1. Gracias por compartir con el resto de los mortales los consejos del maestro humanista Goytisolo.

    Me ha encantado tu artículo,y he sentido mucha envidia. Suerte!

    Mañana me voy a la Biblioteca a buscar a los escritores anti sistema españoles, deben ser una joya.

    Me alegro que hayas conocido a Goytisolo. Soy una fanática de Marruecos, y sueño con vivir algún día allí, y dejar de ser una turista locamente enamorada de Jean Genet, Chukri y Goytisolo. Los amo.

    Suerte, Manuel!

    Saludos,

    Mili

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