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lunes, 29 de junio de 2009

Cuba-libre

Cuba-libre, compañeras y compañeros, cubalibre. Bueno, mejor nos echamos unos mojitos en la plaza del ayuntamiento ponferradino, ahora que estamos contentos, y de paso nos fumamos unos habanos a la salud de los cubanos que en el mundo son, que en el Bierzo están, nuestros hermanos del alma, nuestra alegría, el ritmo exacto de la música, la evocación del “Chan Chan” de Compay Segundo, prodigio de la naturaleza, sonando en nuestro devenir existencial como sueño e inspiración, recorriendo nuestras venas, como la sangre que nos hace fantasear con un mundo mejor, con un horizonte repleto de sonrisas y afecto, con una Cuba libre que algunos, cubanos y bercianos, hemos imaginado alguna vez, que en algún momento-espacio de la extrahistoria llegará, la isla con saborcito a helado Coppelia con ligero aroma a botillo de Santa Cruz de Montes, que tanto nos mueve y conmueve, por su situación en el mundo, por su forma de vida, por su historia, por esa Habana que se está cayendo a pedazos, entre la desidia y los huracanes. Un bolerito, un voladito nomás. Y continuamos dándole. 
https://www.youtube.com/watch?v=c-L1Dj5a0n4
Cada vez que pienso en Cuba se me acelera el ritmo cardíaco, y el resto de mis vísceras comienza una danza colorida, meneíto y sabrosura. Algo parecido a lo que nos hizo sentir Elíades Ochoa y su banda el día de la Encina. Que esperamos se repita en próximas ediciones. Como nos dijera el locutor y radiofonista cubano Rosillo. 
Ni gaitas ni gaitadas, que me disculpen los cornamusos céltico-romanos, donde esté un músico cubano, que nos quiten lo bailao, porque son seres con un talento especial, con un sentido cuasi innato para tocar timbales, trompetas y guitarras, y lo que les echen encima. Escuchar a Elíades Ochoa es algo que a uno lo colma de placer, porque nos devuelve a una infancia juguetona y alegre, a una sensación extraordinaria, a un paraíso de placer. La música penetra por los poros del alma, y nos ayuda a entrar quizá en otra dimensión. Es como un orgasmo directo al corazón, que bombea energía purificadora a una velocidad supersónica. Es el poder mágico de los sones cubanos. Es el deleite que nos procuran los músicos de raza. 
Cuba es música, es la música, pero también es un país al que le tenemos un cariño especial, tierra acogedora, que en tiempos fuera la casa de muchos emigrantes berciano-galaicos, algo inolvidable, que aún hoy sigue siendo nuestra casa, sobre todo ahora que hemos quedado hermanados de por vida a ritmo chan chan: “El cariño que te tengo/Yo no lo puedo negar/Se me sale la babita/Yo no lo puedo evitar”. Cariño y libertad para todos. Y en especial para ti, “mi amol”.

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