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lunes, 14 de diciembre de 2015

Las últimas horas de Gil y Carrasco

Este año, para conmemorar el bicentenario del nacimiento del autor de El señor de Bembibre, hemos querido rendirle tributo con una obrita de teatro, Las últimas horas de Gil y Carrasco, que representaremos el próximo miércoles, día 16, en la localidad berciana de Albares de la Ribera, la cuna de dos grandes cineastas y amigos, Chema Sarmiento y Gabriel Folgado, además del lugar de nacimiento del padre de mi padre, Antonio Robles, El Chulo, a quien nunca conocí, pero dicen que la sangre corre por las venas. Esto, la verdad, no significa nada si uno no siente afecto, no sintoniza, no está en la onda. En todo caso, Albares, donde hace un tiempo me invitaran como mantenedor del botillo y donde Chema rodara Las peras de Dios, cuento incluido en El Filandón, es un sitio que me da buenas vibraciones. Y espero que este miércoles la buena energía nos acompañe y esté con nosotros.

Gracias a Gabriel Folgado, Beli, quien me hizo esta propuesta, he llevado a buen término este taller breve de teatro, que magníficos momentos me ha procurado, aunque la representación final no haya tenido lugar. Una representación que, en su inicio (debido a la brevedad de este taller teatral), iba a ser una lectura escenificada, pero, gracias al entusiasmo, las ganas y la capacidad de mis alumnas/actrices, se convertirá en una representación en toda regla. Y eso me alegra y me hace feliz. 
Las últimas horas de Gil y Carrasco es una reescritura y adaptación de Nocturnos con niebla, de Ovidio Lucio Blanco. Y como su título indica, intenta reproducir las últimas horas de agonía de Gil y Carrasco,  a resultas de la tisis que sufriera. Un Gil delirante y enfebrecido en Berlín (interpretado por Isabel, que se ha metido en la piel del mismo), cuyo único deseo es regresar a su tierra del Bierzo, que tanto añora, para reencontrarse con sus seres queridos y sus amigos del alma, Juana Baylina (su musa e inspiratriz, interpretada por Manuela) y Guillermo Baylina (interpretado por Pili). El resto de la galería interpretativa la conforman un Ama, que es como la madre de Gil en el destierro (interpretada por Teresa), el Barón Humboldt (que encarna Gelines), la madre de Gil (Sindi), el padre (Mari) y Eugenio, el hermano de Gil (Pilar). Todo un tiempo envuelto por una niebla espesa, todo un espacio poblado por seres espectrales y algunos pocos personajes de carne y hueso, entre ellos el propio Gil, que se nos muestra con semblante cadavérico, con el rostro demacrado, respirando entrecortadamente, con unos ojerones de espanto y una voz morriñosa y ultratúmbica, ya próximo al más allá.

En el fondo, Gil, como todos los seres humanos (que al menos tienen alguna humanidad) desea afecto, comprensión, amor, que sólo parece encontrar en su Bierzo querido. El Eros como motor que mueve el mundo. Entre el Eros y el Tánatos, en ese trance se halla nuestro ilustre y universal villafranquino. Entre el Eros y la Muerte estamos todos embarcados, siempre con un final, acaso a la deriva. 
http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/teatro-albares-vida-gil-carrasco_1031455.html
http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Las-Ultimas-Horas-De-Gil-vn191914-vst270

sábado, 12 de diciembre de 2015

Me fui, como quien se desangra

16/04/2007 
https://www.diariodeleon.es/bierzo/70416/130875/me-desangra.html

 ME FUI, como quien se desangra es el antológico final de «Don Segundo Sombra», novela gauchesca y viaje iniciático cuyo autor es Ricardo Güiraldes, y que Raúl Guerra Garrido, reciente convidado de honor del Instituto de Estudios Bercianos, rescata en «El otoño siempre hiere», novela que, según el autor, fue un ejercicio de concentración para afrontar la vejez, y la muerte que algún día llegará, lo que resulta estremecedor.
Guerra Garrido, además de un escritor comprometido con la realidad, tiene nombre de escritor, como nos dijera Miguel Varela en el homenaje que se le rindió en Ponferrada. Es un escritor al que le gusta escribir desde las entrañas, y eso se nota en la lectura de sus libros, entre los que destacaría «El año del wólfram» y «Viaje a una provincia interior. El Bierzo», tal vez porque uno se reconoce en estas novelas, ambientadas en nuestra comarca. El Bierzo como Oeste o western, y espacio estratégico donde coinciden importantes reservas minerales de hierro con abundantes reservas energéticas, además del carbón, la electricidad, según nos cuenta en «Cuaderno secreto», que resulta muy entretenido e ingenioso, sobre todo ese capítulo dedicado al carácter berciano, cuya esencia es dual, dionisíaca y apolínea, y ese cara o cruz de las chapas como juego por antonomasia, que a uno le produce vértigo.
«Creo que un berciano no dudaría en jugarse el alma a las chapas, la mujer y la hacienda». Y añade: «El berciano agrede a la suerte, pero se conforma con lo que el azar le depara». Por eso el Bierzo es hoy lo que es. El verdadero escritor debería escribir con la tinta de su sangre, como quisiera el gran Ramón Gómez de la Serna. Con el «hilo de la sangre», como escribe el propio Guerra Garrido en «Cuaderno secreto», donde nos cuenta, entre otros asuntos, cómo unas llamas, las llamas como blasfemias de fuego, acabaron en el 2001 con su farmacia en San Sebastián, además de que unos jóvenes de cerebro rapado y Rh negativo «ceprinaron» a dos amigos suyos, veteranos luchadores por la libertad. «Abomino a los sicarios y a sus cómplices. Pero más me repugnan los ciudadanos de la mayoría silenciosa», escribe. La Historia camina a hostias, a puro grito de sangre. Es la herida del tiempo, el tiempo desangrado.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Higiene mental



Esto escribía y publicaba hace algo más de diez años.         


         No hay nada más saludable que desenchufarse de la televisión durante las vacaciones de verano. Es como si te transformaras en otro ser, acaso más dinámico, dispuesto a saborear una realidad o ficción cercana, tu propia realidad, y no esa fantasía televisiva que te embrutece y te ayuda a envilecerte como persona. También resulta muy sano alejarse, unos días al menos de la tierra, incluso del país, porque eso te permite tomar conciencia de quién eres y dónde vives. A menudo tendemos a creernos el ombligo del mundo, que vivimos en el mejor de los sitios posibles.
Vayas donde vayas, si te mantienes despierto, descubrirás cosas buenas y nuevas. En la medida de lo posible uno debe quedarse con lo bueno. Es por ello que viajar a otros lugares y aun a otros países nos invita a conocernos más y mejor. Viajar es no sólo una forma de conocer a los otros sino de conocerse y aun reconocerse. Uno descubre que no necesita la televisión para sobrevivir en este universo cainita, ni siquiera es necesario leer periódicos para estar al día. Basta con vivir esa realidad o aventura vacacional, que por lo demás es breve como el sueño de un pajarito en trance de vuelo.
No es que uno sea un adicto a la televisión, mas cuando estás en casita, también enciendes la teletonta para ver lo que está ocurriendo en el mundo entorno, porque quieres estar en la onda. Y si uno no está en la onda, no participa en el banquete. Llegado el caso -y esto no es ninguna tontería- se puede utilizar la televisión como narcótico, más que nada cuando a uno le resulta difícil dormir. 

Durante veintisiete días he tenido la ocasión de desenchufarme de la televisión, la prensa diaria y todo aquello que se vuelve rutina y vicio malsano, lo cual me ha dejado como nuevo. Durante estos días no he vivido ni sufrido, felizmente, una contaminación “massmediática”. Me ha bastado con viajar de un lugar a otro y leer, a través de las ventanillas de muchos trenes, las páginas de los paisajes. Y sobre todo conversar con gente de diferentes culturas y lenguas en trenes, estaciones de tren, ciudades.



Resulta bien estimulante viajar por esta Europa nuestra, tan variopinta, partiendo, cómo no, de Ponferrada en dirección a los Países Bajos, para luego darme una vuelta por Praga, Bratislava y Budapest hasta llegar a Bucarest.
Esto es lo que tiene un viaje inter-raíl, que te permite hacer el draculín durante unos días en Transilvania, y, como si de un sueño se tratara, a los pocos días ya estás paseando por el Trastevere o visitando el Centro Sperimentale de Cinematografia de Roma.