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viernes, 29 de agosto de 2025

Miña terra fermosa: Coruña

 


El verano es en verdad una estación lírica, preñada (me gusta esta palabra) de encantos poéticos (la poesía es un encanto, o sea, encantadora). 

El verano es simple y llanamente maravilloso. Maravilloso a pesar de los incendios que aún siguen jodiéndonos la vida en esta tierra verde y arcillosa. Pero ahora deseo rememorar agosto, los primeros días de este mes en el que uno cumplió años. Cómo pasa la vida, Santa Madona. El vértigo que procura el paso inexorable del tiempo, tan rápido, como una estrella fugaz que surcara el firmamento. 


He de confesar (aunque no sea católico apostólico) que pasé de las calorinas sicilianas del mes de julio al verdor refrescante del Noroeste en esta fermosa terra galega, que es también la tierra de uno. https://cuenya.blogspot.com/2025/07/sicilia-nel-cuore.html

Y, como no podía ser de otro modo, a principios de agosto, justo el día de mi cumple, me encaminé a la ciudad herculina porque me apetecía, entre otras cosas, escuchar en concierto a Baiuca. Y allá que me fui, che, para disfrutar de la música de este grupo musical galego en la emblemática plaza de María Pita. Cabe recordar que ya había tenido la ocasión de asistir a una actuación de Baiuca en el Festival de Ortigueira de 2022 (por cierto, en algún momento espero hacer referencia al festival de este año 2025, del que soy un fiel devoto).


Hago un alto en este camino de peregrinaje para recordar que María Pita fue una figura relevante en la historia de Coruña y también en el Camino de Santiago. Se cuenta que, gracias a esta heroína, los restos del apóstol Santiago se libraron de ser saqueados por el pirata Francis Drake, quien tenía la intención de llevárselos a Inglaterra como trofeo para Isabel I.

María Pita es tan importante que da nombre a la bella plaza central de la ciudad histórica de Coruña, donde se halla el ayuntamiento y su propia estatua. Asimismo, María Pita da nombre a las extraordinarias fiestas que se celebran cada año durante el mes de agosto en la ciudad del faro milenario, el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo, que es Patrimonio de la Humanidad.

Plaza de María Pita, ayuntamiento


En estas fiestas actuó Baiuca, grupo que ha apostado por fusionar la música tradicional galega con la electrónica de vanguardia, dando un resultado fantástico, un mestizaje cultural -hay que potenciar el mestizaje en todos los sentidos-, que ha funcionado y funciona no sólo en España sino en otros muchos países. La magnífica violinista y cantante galega Antía Ameixeiras (a quien pude ver el pasado año en Coruña con su compañera Sabela Caamaño) acompañaba en esta ocasión a Baiuca. Un auténtico chute de energía, que fue el que experimenté asistiendo a este concierto. Qué mejor lugar para disfrutar de la música, de la fiesta, de la vida.

Antes del concierto de Baiuca, Rosa Cedrón, la cantante del mítico grupo Luar na Lubre, que también actuó en las pasadas fiestas de María Pita (y ya no pude ver) se emocionó dando el pregón de estas fiestas.

https://cuenya.blogspot.com/2024/09/la-ciudad-de-cristal-una-de-las-mas.html

Esta ciudad-península me acarició con sus aguas marinas por todos los costados. Y disfruté del graznido de las gaviotas y la brisa aromática de Riazor y Orzán en una preciosa bahía abierta al océano. La ciudad del faro milenario, con sus historias y leyendas de mar, me guiñó un ojo con su pupila de oro, logrando de esta forma que el espacio y el tiempo se fundieran en un instante eterno.


A la espera del siguiente concierto de la diva Bonnie Tyler, el faro milenario lució una sonrisa azul marino con la belleza de lo fabuloso. El mito musical galés Bonnie Tyler, con su inconfundible tono de voz ronca y su Total eclipse of the heart o Holding out for a hero, cautivó a un público entregado a su música, a su peculiar forma de cantar en la plaza de María Pita. Un concierto inolvidable.


Y para rematar la tanda de conciertos asistí al del fenómeno Albert Pla, un cantautor atípico, que se cisca y se descojona de todo y en todo. Con su humor sarcástico y su vocecita de niño bueno, sus canciones contienen profundas reflexiones acerca del mundo bestial en que vivimos. Por el lado más salvaje de la vida (Walk on the wild side-Lou Reed), esta es una de sus versiones. Acompañado de la Surprise Band (con un extraordinario Diego Cortés a la guitarra y unas estupendas bailaoras pugilísticas), Pla, ataviado con un sayo blanco raído, calcetines rojos y botas de jornalero, montó un espectáculo sorpresivo, rumbagenario. Con la aparición estelar en el escenario de Julián Hernández, de Siniestro Total: Bailaré sobre tu tumba.


Pla ha colaborado con diversos músicos como Kabezabolo, Robe Iniesta, Fermín Muguruza, Quimi Portet, Estopa o Kiko Veneno, entre otros. Y ha aparecido en películas como Airbag o A los que aman. Su canción Sufre como yo es parte de la banda sonora de la película Carne trémula, de Almodóvar. 

Hace tiempo que supe de Albert Pla a través del amigo ya desaparecido JL Moreno-Ruiz, que era un tipo extraordinario, escritor, músico, periodista, traductor, editor. Al que le dedico este concierto con cariño. https://cuenya.blogspot.com/2021/01/adios-al-maestro-moreno-ruiz.html Y también llegué a ver a Pla en concierto en el teatro Bergidum de Ponferrada hace años.

La Marina


Aparte de los conciertos -Coruña es una fiesta durante el mes de agosto, como París lo fuera para Hemingway- pude pasear por los lugares que tanto me gustan, entre ellos los palmerales jardines de Méndez Núñez, para encontrarme asimismo con las figuras de Valle-Inclán, Pardo Bazán o John Lennon, a quienes les dedico estas letras.

A Valle-Inclán

Este don Ramón de las barbas de chivo, cuya sonrisa es la flor de su figura, viejo dios, altanero y esquivo, según dijera Rubén Darío de Valle-Inclán.

Me fascina la figura de este gallego universal, con sus botines blancos o grises de piqué y sus gafitas y melena de hippy. Sólo su aspecto físico llama la atención, como si fuera él mismo pura literatura, auténtico personaje de cuento, como un señor que conocí en mi pueblo, siendo un rapacín, a quien le decían Benito el Chirito. Siempre trajeado, con una rosa en el ojal de la chaqueta, lucía sombrero de copa y bastón. Un señorito de bien, como Valle, que fue un adelantado a su época, un tipo lúcido y blasfemo, inventor de lenguaje y danzarín, dandi y poeta maldito -según escribe Umbral en un magnífico ensayo-, capaz de mostrarnos la crueldad de nuestra España negra, goyesca, capaz de llevarnos de la mano, a través de su alter ego Max Estrella, por aquel Madrid absurdo, brillante y hambriento de Luces de bohemia. Buen conocedor de su tierra natal, esa Galicia profunda y sublimada, hecha con Santas Compañas, flores de santidad, rosas de sanatorio y aromas de leyendas ancestrales bajo una sensación de cloroformo hipnótica y embriagadora.
Me entusiasma toda la obra de Valle, incluso la modernista de las Sonatas, sobre todo la Sonata de estío, con esa Niña Chole, belleza bronceada exótica y arrebatadora, y ese autor expresionista, desgarrador, punzante y atrevido, que nos adentra en los espejos deformantes de la realidad y nos ayuda a explorar nuestra trastienda putrefaccionada con hedor a muerto ultratúmbico. Ese Valle de Luces de Bohemia, Divinas palabras o Retablo de la lujuria, la avaricia y la muerte.
San Amaro

Mi devoción por este todoterreno de las letras, con alma de gallego y gachupín universal -no olvidemos su fascinación con y por México- me ha llevado tras sus huellas galaicas –también las madrileñas-, por los diferentes espacios que le sirvieron de inspiración, y aun en los que nació y vivió. Colosal, Valle.

A Pardo Bazán


Autora gallega nacida a mediados del siglo XIX en A Coruña. Una escritora todoterreno, que abordó varios géneros literarios (novela, poesía, ensayo -uno dedicado al padre Feijoo-...), entre ellos el de viajes, habida cuenta de que era una mujer de clase alta, condesa, para más señas, que defendía al proletariado y la educación de las mujeres y podía permitirse el lujo (vaya lujazo) de viajar por España y aun por el resto de Europa, siempre por el placer de viajar, como hacían los románticos, en un tiempo en que los viajes estaban al alcance de muy pocos.
Una mujer cosmopolita que aprendió a hablar varios idiomas, entre ellos francés, inglés y alemán, lo que le sirvió, en efecto, para poder viajar por diversos países de Europa: Francia, Alemania, Suiza... Grande, la Pardo-Bazán, que cuenta con una casa-museo en la Ciudad Vieja de Coruña, también conocida como la ciudad de Cristal por las galerías acristaladas de La Marina (el puerto deportivo), que representan una de las estampas más singulares y bellas de Coruña, con su color blanco y sus cristales reflejando la luz de la ciudad.

A John Lennon


El soñador John Lennon llegó a imaginar un mundo donde no existe el infierno: No hell below us/ Above us, only sky (el infierno en todo caso somos los seres humanos, aunque también tengamos nuestra parte de cielo), un mundo amable, donde la gente vive en paz, porque Lennon era un artista con mayúsculas, un genio al que le arrebataron la vida con tan sólo cuarenta años en las puertas del Dakota building de Nueva York (no se le puede quitar la vida a alguien tan joven, sobre todo a alguien como él, que nos hizo felices con sus bellas canciones), porque, además, como él mismo nos dijo: la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes.
Por eso, hemos de ser conscientes de la importancia de vivir el presente, el aquí y el ahora, y no dejarnos llevar por los planes futuros, que llegarán, si han de llegar.
Imagine all the people
Livin' for today
Moore

Grande, Lennon. Siempre en nuestros corazones.

Y por supuesto, en mis garbeos por esta preciosa ciudad de Coruña, me recreé en el espacio del parque escultórico de la Torre de Hércules, en que se halla la caracola (enorme concha de un molusco hecha de acero corten -un tipo de acero que se oxida para protegerse de la corrosión atmosférica-, situada en un saliente al lado del mar con el fin de captar las vibraciones de éste), a la que también le dedico estas palabras, con el sentimiento musical de los sones ancestrales.

Tumba de Moore

El Atlántico, con su sabor salitroso y punzante, me susurra leyendas increíbles a través de esta caracola, que se muestra adivinadora como una hechicera en la belleza de su color herrumbroso.
Adivinadora de un porvenir que aún sigue siendo un presente continuo, un aquí y ahora. Por eso, es esencial disfrutar de este preciso instante. Carpe diem.
Menhires

La brisa, con su olor a alga marina y a una larga historia de navegación, me acaricia el rostro en un vaivén de marolas como una muñeira vestida de romería, incluso como una sirena que me trasladara al confín de los tiempos. Pura memoria marina en el océano de las ilusiones.
Beso la brisa y el tiempo presente a través de esta caracola, que es símbolo de la memoria, de la memoria cinematográfica, Don Juan en los infiernos.
Te beso a ti, caracola, que eres musa y musicalidad, ritmo y lírica.
Tu eco, caracola, resuena en mi interior como un tiempo de felicidad. Un eco que también guarda secretos de aventuras que algún día serán desvelados.
Por instantes, tú, la caracola de mis ensoñaciones, seguirás susurrando nanas de amor, que acariciarán el tiempo y la brisa con aroma a deseo e infinito.


Por más veces que visite Coruña, me encanta partir desde Riazor, donde me alojo (un alojamiento que regentan Fina y Antonio, que son personas entrañables) para continuar a lo largo del paseo marítimo por la playa de Orzán, la zona de la Torre de Hércules, los Menhires, el cementerio moro, la playa de San Amaro y el castillo de San Antón. Sólo por este paseo ya merecería la alegría una visita a Coruña. O mejor dicho, esta ciudad es tan bella precisamente por este paseo marítimo, uno de los más largos de Europa junto al de Lanzarote.
Castillo de San Antón

Desde el emblemático y antiguo castillo de San Antón, ubicado en el paseo marítimo como testigo del pasado defensivo de Coruña, cuya estampa se me antoja hojaldrada, me dirijo al jardín de San Carlos, que permaneció cerrado al público durante algún tiempo. Y que en este viaje tengo la oportunidad de adentrarme en este remanso de paz situado en la Ciudad Vieja.
Al igual que el castillo de San Antón, este jardín sirvió para la defensa de la ciudad, porque es un antiguo baluarte protegido con una gruesa muralla. En este jardín se halla la tumba de un héroe romántico, el general inglés John Moore, que murió en 1809 mientras defendía la ciudad contra los franceses. 
Jardín de San Carlos

Este jardín de San Carlos es un magnífico mirador al puerto de Coruña. El busto del Moore sirve al visitante como punto de mira. 

Siempre nos quedará Coruña como mapa de los afectos. Y punto de partida para viajar a Muxía y a Finisterre en la Costa da Morte, de lo que espero dar cuenta en una próxima entrada. 

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