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martes, 9 de junio de 2015

Una familia desequilibrada

Mientras escucho al gran Jean Michel Jarre, a quien he tenido la ocasión de ver en concierto en dos ocasiones, una en Lausanne y otra en París, me dispongo a relatar qué es y qué significa para mí 'Una familia desequilibrada', la obra de teatro que mi alumnado de la Universidad de la Experiencia, en el Campus de Ponferrada, representará este miércoles 10 de junio en el salón de actos de la casa de la cultura de la capital del Bierzo. A las  19h45, para más señas.

Pues bien, se trata de una obra que escribiera hace años y que reescribiera este curso para ser interpretada por un grupo de quince aprendices de actores/actrices: una tarea harto complicada, habida cuenta de lo difícil que es ser actor o actriz, meterse en la piel de un personaje, hacerlo creíble, darle vida y chispa, para que el público se emocione. Qué vaya pretensiones las de este menda. 
En todo caso, siempre me quedará la satisfacción de haberlo intentado, de haber puesto toda la carne en el asador, de haber trabajado, durante todos estos meses académicos/universitarios, dándole duro, con fuerza. Y que mis alumnos y alumnas, entregados en cuerpo y alma a las nobles causas, hayan respondido con entereza, con saber hacer, con entusiasmo. Una maravilla, que espero se traduzca en la puesta en escena final. 

Confieso mi devoción por el teatro, ya desde mi juventud. Y reconozco que, durante mi etapa francesa, aprendí mucho, haciendo una inmersión en las procelosas aguas de la interpretación, de las artes escénicas, incluso aplicadas a una población 'desestructurada'. Gracias sobre todo a Monsieur Alain Vasseur, al que recuerdo con mucho afecto. Aparte de alguna otra gente como el franco-hispano Michel Alou, entre otros, con quien tuve la la ocasión de escribir e interpretar 'La voix', una obra de creación propia sobre el Sida. Tal vez de ahí procede mi curiosidad por las patologías, por todo aquello que es anormal, lo que se sale de la raya, lo que no es políticamente correcto. Y es que en el fondo (y aun en la superficie) me interesa el funcionamiento de la mente humana (también animal), el buceo en la condición de los seres humanos, demasiado animales, por cierto. Y 'Una familia desequilibrada' aborda los temas de la locura y la muerte a través de cuatro generaciones o degeneraciones, a saber, la de una abuela chocha, afectada por el puto Alzhéimer (podría ser una demencia senil), al estilo de María Josefa, el personaje que Lorca construyera para 'La Casa de Bernarda Alba', o bien la Norma que Campanella nos muestra en 'El hijo de la novia' (una interpretación sublime, que me escalofría el alma), un padre violento y matarife, sordo como una tapia, que se cargó a palos a su pobre mujer (la cual se le aparece desde el más allá para recordarle sus malos tratos), unas hijas víboras (sobre todo Oliva, algo menos Amadorina), y una nieta o biznieta (Violeta), que está enrollada con un cabrón con pintas (Azuceno), que quiere apalear al padre de familia (el abuelo de Violeta). Una galería de personajes salidos de madre, tocados del alerón, entre los que también están la criada, sensual y guerrillera, que atiende a Nilo (el páter o abuelo): un hombre ensimismado, que en su día viviera en Estados Unidos, el hermano tonto de éste (Tonín), que está recluido en un psiquiátrico y en ocasiones su enfermera lo saca de paseo para que visite a sus familiares. Tonín es como el Tío loco que nos enseña Fellini en su 'Amarcord' (un personaje que me quedó grabado en la retina de la memoria, aunque Tonín también se parezca a algún personaje que pudo existir, mejor no doy muchos datos, no vaya a ser), unas cotillas, Gertrudis y Eduvigis, que ponen a parir a Nilo, además de un personaje desdoblado en dos actrices (evocación buñuelesca o bergmaniana), cara y cruz de una misma moneda, la risa y la amargura), que giran como peonzas sobre sí mismas en una danza frenética y giróvaga para presentarnos este drama cómico o comedia dramática, con tintes valleinclanescos (grande Don Ramón María del Valle Inclán), lorquianos, fellinescos, buñuelescos, aparte de la impronta de la mujer afectada de Alzhéimer de 'El hijo de la novia' (película que me sobrecoge cada vez que la veo, sobre todo la interpretación de la diosa argentina Norma Aleandro, a quien una vez llegué a ver en el Bergidum de Ponferrada). La suerte o la mierda está echada. Ahora sólo falta que el alumnado de la Experiencia emocione y hasta haga reflexionar al público asistente a esta obra. Casi nada. Y si la gente, que nos vaya a ver, pasa un rato agradable, pues también nos daremos por satisfechos. Qué corra la risa, qué corran las emociones, que comience el espectáculo. 
http://www.plumillaberciano.com/una-familia-desequilibrada-de-la-universidad-de-la-experiencia/ 
http://www.lanuevacronica.com/cuando-el-teatro-no-entiende-de-edad 
http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/universidad-experiencia-hace-teatro_985076.html 


martes, 2 de junio de 2015

La fragua literaria leonesa: José Vicente Pascual



La Fragua Literaria Leonesa

José Vicente Pascual: "Un poeta, un novelista, un escritor, es una isla en un archipiélago"

Manuel Cuenya | 02/06/2015

El novelista José Vicente Pascual, autor de 'Almirante en tierra firme', acaba de publicar, en Ediciones B, su novela 'Interregno'.

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José Vicente Pascual. Foto: Manuel Cuenya
Aunque nacido en Madrid, José Vicente Pascual es leonés porque León, ahora mismo, significa casi todo para él, su mujer es leonesa, algunos de sus mejores amigos son leoneses, además siente que León es un lugar tranquilo donde puede reposar a cobijo del invierno y también cuando en otros lugares hace demasiado calor, demasiado ruido, como ocurre en casi todas partes. León es, en realidad, una elección en su vida, "probablemente la más venturosa", aclara el autor de 'Almirante en tierra firme', una novela breve por la que recibiera el Premio Hispania de Novela Histórica en 2013, en la que ha intentado humanizar la figura de un héroe, el marino y gran militar Blas de Lezo, "alguien que fue ante todo un gran hombre en el sentido amplio de la expresión. Venció a los ingleses en multitud de ocasiones y en la terrible batalla de Cartagena de Indias, pero si hubiese salido derrotado, su valor personal y su mérito militar habrían sido exactamente los mismos. Y no nos habríamos acordado de levantarle un monumento", manifiesta José Vicente a propósito de este personaje cuya dimensión humana está por encima de su heroicidad, porque a menudo "los héroes que se elevan sobre pedestales, convertidos en estatuas de mármol o bronce, al final sólo sirven para que les caguen las palomas (o para que alguien los retire y los esconda en algún almacén, por imperativos legales)", agrega a la vez que cree que la literatura, en ocasiones, puede servir para poner en evidencia lo importante, "sin dejar que el brillo de la retórica desvirtúe el fondo esencial de las cosas". Lo esencial no sólo como parte de la literatura sino de la vida misma, la literatura, sobre todo en León, como emanación libre y espontánea, "sin sospecharse a la sombra de nadie, ni de nada", según José Vicente, convencido de que los narradores y poetas de la provincia leonesa, abundantes y notables, han tenido la gran fortuna de crecer sin el canon del pasado, la reverencia y la culpa, y aun por el hecho "de no estar sometidos a la obligación de un gran mito como, por ejemplo, el de García Lorca. Yo creo que esa es una de las razones de la vitalidad de la creación literaria en el entorno leonés". No obstante, el creador de 'La hermandad de la nieve', que también recibiera el Premio Hislibris 2012 a la mejor novela,  no es muy partidario de los patriotismos culturales "porque, por mucho que nos empeñemos, al final siempre resulta que un poeta, un novelista, un escritor, es una isla en un archipiélago", precisa José Vicente, que escribe de un modo creativo desde que tiene memoria, aunque no sabe por qué lo hace, lo cual sería "más una tarea de diván y manual freudiano que de reflexión en el presente". En todo caso, sí es consciente de que no concibe su existencia sin escribir, y también de los escritores que más le han influido, entre los que se hallan, aparte de los clásicos en cualquier idioma, los grandes maestros de la narrativa hispánica contemporánea: Carpentier, Cunqueiro, Pla, Miguel Espinosa, Perucho, Martín Santos, Juan Eduardo Cirlot...en una lista que sería interminable, según él, conocedor de que entre sus autores preferidos siempre están y estarán aquellos que le hayan aportado algo, que lo hayan emocionado, que le hayan enseñado algo y le hayan hecho sentir lector agradecido, en definitiva. Como es el caso de G. K. Chesterton, que, con su 'Ortodoxia', ha sido el último autor capaz (y muy capaz) de deslumbrarlo; "aunque semanas antes me emocionaba con Sapkowski y su tremenda novela 'Víbora'. Entre uno y otro hay suficiente espacio para llenarlo con cientos de nombres', sintetiza este narrador, que ha vivido durante cuatro décadas en Granada, donde desarrollara una intensa labor, como escritor y colaborador periodístico en medios como el diario 'Ideal' de Granada o 'La Opinión de Granada'. A este respecto, cabe señalar que, para José Vicente, el periodismo literario ayuda a comprender algunos elementos básicos del oficio de escritor, "te hace consciente de que cuando escribes tienes que saber a quién te diriges en concreto, qué lectores, qué público. Por otra parte se ensayan las virtudes de la concisión, la precisión y la eficacia del discurso narrativo, algo que para un novelista resulta muy importante".
"Los héroes que se elevan sobre pedestales, convertidos en estatuas de mármol o bronce, al final sólo sirven para que les caguen las palomas (o para que alguien los retire y los esconda en algún almacén, por imperativos legales)"
A pesar de que siente una especial vinculación de cariño y amistad con muchas personas que continúan en Granada, amigos de siempre que, al igual que él, no son granadinos "pata negra", reconoce que nunca acabó de sentirse plenamente "integrado" en esa ciudad andaluza, porque su vida latía desacompasada con el pulso general de "aquel reino de Dios", en el que, si bien hay gente de todas partes y de todas clases, "Granada es muy suya; o mejor dicho: los granadinos de cepa no te abren la puerta del todo aunque llames con toda amabilidad durante cuarenta años. Cuando escribía en la prensa local algún artículo que no era del gusto del 'granadino medio', la vox pópuli cultural me convertía automáticamente en 'escritor madrileño afincado en Granada'. No importaba que ese afincamiento durase toda la vida. Hay un núcleo duro, irreductible de granadinismo ensimismado, que necesita sentir la huella de un ADN irreprochablemente del lugar para reconocerte la gran virtud de 'ser granadino'", confiesa  este especialista en novela histórica, que nos recomienda la lectura de 'El ser granadino', un ensayo del profesor Nicolás María López Calera, que describe maravillosamente este singular fenómeno. "Entre otros hallazgos, López Calera argumenta que Granada ha adoptado como elemento icónico de su paisaje al ciprés (traído por los italianos para decorar sus famosos cármenes), porque ese árbol es el que mejor representa los atributos y espíritu del lugar: es alto, elegante, no da sombra y si acercas la mano e intentas acariciarlo, te pincha".

(puedes continuar leyendo esta fragua en el siguiente enlace): 
http://www.ileon.com/cultura/052057/jose-vicente-pascual-un-poeta-un-novelista-un-escritor-es-una-isla-en-un-archipielago

miércoles, 27 de mayo de 2015

La fragua literaria leonesa: Joaquín Alonso

 
La Fragua Literaria Leonesa

Joaquín Alonso: "León fue en el pasado una tierra entrañable y luminosa"

Manuel Cuenya | 26/05/2015

El etnógrafo y antropólogo cultural Joaquín Alonso, autor de 'Alfarería tradicional en la provincia de León', está ahora inmerso en la elaboración de unos textos divulgativos sobre patrimonio histórico-artístico a nivel nacional, y en la elaboración de un artículo derivado del trabajo sobre alfarería leonesa, que viene a complementar lo que ha publicado recientemente.

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Especialista en la cultura leonesa y, por encima de todo un trabajador infatigable, Joaquín Alonso reconoce que ha empleado muchas horas haciendo trabajo de archivo, leyendo y releyendo sobre la historia y la cultura leonesa, recorriendo pueblos, caminos y sendas por los altozanos y las llanuras, por los fondos de valle y el curso de los ríos, por los piedemonte y los cordales de la montaña leonesa, siempre buscando la vida de sus gentes y su rastro cultural, lo que de un modo inevitable le ha permitido conocer bastante bien la provincia, sobre todo desde un punto de vista etnográfico y antropológico.
Recuerda que en su día Julio Caro Baroja, uno de sus maestros, definió León como una de las provincias con mayor interés antropológico de la península, "una circunstancia en la que, a mi juicio, debe incluirse las que conformaron el Viejo Reino de León. Pero el territorio leonés es especial al estar condicionado por una evidente variedad geográfica y por una multitud de pequeños pueblos, cada uno con su modo de vida dentro de la homogénea realidad que pueda haber en las áreas comarcales". Esta circunstancia ha generado una gran profusión de rasgos –aclara el autor de 'Alfarería tradicional en la provincia de León'– que se materializa tanto en las manifestaciones culturales que definen lo que es León, como en los propios matices que diferencian y personalizan a esos grupos humanos. "En ambos casos, son razones inequívocas de la identidad leonesa", puntualiza. Por otro lado, ya en los años ochenta se hablaba del ocaso de la vida tradicional –rememora–. Pues bien, a pesar de esa realidad, aún le sigue llamando la atención su prolongada continuidad, la permanencia, aunque no generalizada, de un buen número de tradiciones que perviven en un presente saturado de globalización, descreimiento e impersonalidad. "Es algo que se puede comprobar en la religiosidad popular, la música, los deportes autóctonos (lucha leonesa, bolos en sus variantes), ciertas artesanías –pocas, pero algunas–, los pendones, la institución concejil..., que resisten a duras penas los ímpetus de la mentalidad contemporánea", argumenta Joaquín, quien, como individuo, se considera parte de la realidad de un tiempo que, al igual que los de su generación, posiblemente haya que encuadrar en la casilla del eclecticismo, ante la multitud de cambios a los que han tenido que adaptarse. "En consecuencia, desde esta óptica y a estas alturas de la vida, diferencio mi acontecer personal de aquélla experiencia y conocimiento que me ha proporcionado el estudio de este territorio, hasta conducirme a pensar y sentir que León fue en el pasado una tierra entrañable y luminosa, y hoy es una 'adenda territorial' desesperanzada, con su talento emigrado, con sus fuerzas debilitadas y sin el espíritu colectivo suficiente como para luchar por ella misma".
"El territorio leonés es especial al estar condicionado por una evidente variedad geográfica y por una multitud de pequeños pueblos, cada uno con su modo de vida dentro de la homogénea realidad que pueda haber en las áreas comarcales".
Aunque normalmente hay un nexo invisible que nos une a la tierra donde hemos nacido, según él, lo que hace que queramos volver al seno de donde nacimos, "a nuestro rincón térreo donde están los 'nuestros' por los siglos de los siglos", Joaquín también es consciente de que los significados que se llegan a otorgar a los lugares de origen son tan sólo consecuencia de las vivencias que se han tenido en ellos y que las sociedades cambian, "culturalmente hemos entrado en una nueva dimensión que minimiza la fortaleza de los vínculos con la procedencia de cada uno. Ahora se tiene más en cuenta el momento y sus expectativas que las nostalgias, pues a veces resultan ser auténticos nudos gordianos", apostilla este investigador nato, que dirigido y codirigido diversos proyectos de investigación, tanto para el Ministerio de Cultura o la Diputación de León como para la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Castilla y León. Como prueba fehaciente de su labor, Joaquín ha recibido varios galardones literario/culturales, entre los cuales se halla el Premio "Libro Leonés" 2014, otorgado por la Diputación Provincial de León. No obstante, aclara que los premios pueden decir mucho pero también pueden no decir nada, porque el prestigio reside en que el premio se otorgue de un modo transparente e independiente, que es lo que garantiza su validez. En todo caso, "el premio más preciado es aquél que nace del reconocimiento espontáneo y sincero de la sociedad, porque entiendo que el mérito no es precisamente un hecho puntual, sino una trayectoria. Si se premia hay que premiar lo verdadero, lo auténticamente meritorio, no lo aparente y amañado, ni esas realidades falseadas y bien publicitadas que hoy día se ponen en escena sin ningún tipo de rubor", precisa este prestigioso conferenciante, cuyas intervenciones en diversos foros, tanto de ámbito nacional como internacional, siempre versan sobre el patrimonio etnográfico de León y de provincias aledañas: su especialidad.
"Culturalmente hemos entrado en una nueva dimensión que minimiza la fortaleza de los vínculos con la procedencia de cada uno. Ahora se tiene más en cuenta el momento y sus expectativas que las nostalgias, pues a veces resultan ser auténticos nudos gordianos"
Cuenta que en sus inicios era "caro-barojiano", deudor de su metodología y de su aportación como introductor en España de la Etnohistoria. "De hecho conocí a don Julio", matiza este antropólogo cultural que reivindica el estudio  del ser humano como "ente cultural" en el contexto de varias disciplinas: la Antropología, la Etnografía (como base empírica) y la Etnología (como pauta comparativa de las realidades que perviven en las distintas áreas culturales). "La Antropología Cultural tuvo sus inicios en el estudio que un leonés, Fray Bernardino de Sahagún, realizó y plasmó en su libro 'Historia de las cosas de la Nueva España', aunque académicamente comenzó a ser considerada a principios del siglo XX a partir de las investigaciones del antropólogo estadounidense Franz Boas y de sus seguidores Robert H. Lowie, Alfred L. Kroeber y el alemán Edwar Sapir. Tanto Boas, como Kroeber y Marvin Harris fueron, entre otros autores, básicos en mi formación", especifica Joaquín, que también reconoce la figura de José Luis Alonso Ponga (su director de tesis), quien, además, ha tenido que navegar en las difíciles "aguas regionales". Un prestigioso antropólogo, cuya aportación al conocimiento de la cultura tradicional es incuestionable.
Leyendas y cuentos en la provincia de León
Joaquín, aparte de 'Alfarería tradicional en la provincia de León', cuya innovación fuera la de documentar la actividad alfarera de Jiménez de Jamuz en el siglo XVII, así como el añadido de nuevos epígrafes sobre los inicios de la alfarería en la provincia, los alfares que hubo en ella y la aportación de un catálogo que recoge todas las piezas realizadas en los alfares de Jiménez, tiene otros títulos publicados como 'Rutas inéditas por León' o 'Astorga en imágenes', con incursiones en lo literario, como ocurriera con su colaboración con el libro colectivo 'Leyendas de León contadas por', "un interesante proyecto que permitió una enriquecedora y singular experiencia literaria realizada por un amplio conjunto de  autores de lo más dispar, de los cuales muchos tuvimos que afrontar el duro ejercicio de la narrativa para construir un texto que esta vez no iba a quedar olvidado en un cajón, sino que iba a ser publicado". En su caso, escribió una historia contemporánea a partir de la leyenda del castillo de Gordón. "En la narración encajo la leyenda tal como a mí me la contaron, pero al tiempo procuré que lo narrado se convirtiese en otro suceso legendario mediante una pequeña fabulación que en su día me insinuó el editor, que no fue otro que Joaquín Alegre, supremo ideólogo de la ocurrencia y hacedor de la editorial Rimpego, también responsable de otro libro posterior que se construyó con una traza semejante y que tiene por título 'Cuentos de León narrados por'".

(puedes seguir leyendo esta fragua en el enlace): 
http://www.ileon.com/cultura/051860/joaquin-alonso-leon-fue-en-el-pasado-una-tierra-entranable-y-luminosa