Me pareció singular El factor Pilgrim (2000), una película rodada en Londres en inglés, en tres semanas, con muy poco presupuesto, unos tres millones de pesetas de la época, que llegué a ver en la televisión. Un cinta codirigida por los entonces jóvenes sevillanos Santiago Amodeo y Alberto Rodríguez, lo que demuestra que una película, que por lo general cuesta un pastón, puede hacerse con talento con poca guita. Aunque cada vez resulte más complicado hacer buen cine con poco dinero.
En aquel tiempo, la verdad sea dicha, no reparé en que El factor Pilgrim era una cinta codirigida por un tal Alberto Rodríguez. Luego pude ver, no hace mucho, todo sea dicho, La isla mínima (2014), un thriller (película de intriga y suspense) rodado en las marismas del Guadalquivir, dirigido por este cineasta andaluz. Y me quedé sobrecogido por la trama y la interpretación de los protagonistas, Raúl Arévalo (el Sean Peen español, conocido asimismo por sus películas con Almodóvar, Los amantes pasajeros, Dolor y gloria o La habitación de al lado) y Javier Gutiérrez, que me parece un actorazo desde que lo viera en Un franco, 14 pesetas, dirigida por Carlos Iglesias, y Campeones, de Fesser, compartiendo reparto con el fenómeno leonés Jesús Vidal, a quien recuerdo haber visto hace años en el Albéitar de León), además de Antonio de la Torre como actor de reparto.
Este pasado viernes vi Los tigres (2025) en los cines Van Gogh de León (tuve la ocasión de presentarla, como hiciera con la película Los domingos https://cuenya.blogspot.com/2025/11/los-domingos-de-alauda-ruiz-de-azua.html, al alumnado del programa interuniversitario de la Experiencia de León) y he vuelto a experimentar un choque emocional, eso he sentido, porque se trata, en mi opinión, de una película que mantiene en vilo al espectador desde su inicio al final. Con un ritmo intenso, vibrante. Como hacía el mago del suspense Hitchcock https://cuenya.blogspot.com/2011/01/al-genio-hitchcock.html, cuyas cintas, incluso las menores, si tal puede decirse, te mantienen enganchado durante todo el metraje. Y por más veces que las veas -inolvidables Psicosis https://cuenya.blogspot.com/2011/03/psicosis.htmlo Vértigo https://cuenya.blogspot.com/2011/03/vertigo-de-entre-los-muertos.html, entre otras- te siguen produciendo un choque emocional.
Los tigres, aunque sea una obra de ficción, parte de una investigación que hiciera su director sobre las condiciones extremas en que los buzos industriales trabajan en las costas andaluzas.
Se me antoja una puesta en escena desasosegante, que nos produce angustia, el pánico a quedarse literalmente sin aire bajo el agua. Con unas imágenes (sobresale la fotografía) y una banda sonora (también soberbia) que nos deja hipnotizados. Con varios puntos de giro, que te mantienen pegado a la pantalla sin que puedas pestañear, al borde de la respiración, sin aliento, con un guion bien elaborado (coescrito por el propio Alberto Rodríguez y Rafael Cobos) y unos personajes que resultan creíbles, verosímiles, bien perfilados, como son los protagonistas, Antonio (encarnado por el actor Antonio de la Torre, memorable también su interpretación en La trinchera infinita) y Estrella (interpretada de un modo extraordinario por la gran Bárbara Lennie, que encima le pone acento andaluz de Huelva a su personaje), unos personajes, podríamos decir, al filo de la muerte.
"Un día eres feliz y a los tres segundos estás muerto", dice Antonio. Estremecedor.
La película Los tigres se rodó fundamentalmente en la costa de Huelva https://cuenya.blogspot.com/2025/06/huelva-y-sevilla.html. Se cuenta que fue un desafío técnico la grabación de gran parte de esta película bajo el agua en entornos submarinos reales, con buzos profesionales, con el fin de lograr ese realismo que percibimos. Asimismo, se filmaron muchas escenas en tanques acondicionados para llevar a buen término la iluminación, para conseguir, según su realizador Alberto Rodríguez: "una coreografía milimétrica entre cámara, luz y respiración".
Respecto al sonido ambiente, una buena parte del mismo, como las burbujas o las respiraciones, se grabó directamente durante las inmersiones. Por eso, Los tigres es no sólo una película que nos atrapa y nos hace sentir el (casi) ahogo bajo el mar que parece sentir su protagonista Antonio (me laten magníficas las secuencias filmadas en el fondo marino como pesadillas que afloraran del subconsciente), sino que nos muestra un drama familiar/social.
Tanto el thriller submarino como el drama familiar/fraternal conviven en armonía en esta sorprendente película, de modo que el thriller va de la mano del conflicto entre Antonio y su ex mujer (con quien tiene dos hijas) y también de la relación que Antonio mantiene con su hermana Estrella (ella lo cuida y lo trata con toda la ternura -hasta sabe si está despierto o dormido por su respiración-, Lennie le habla con la mirada, nos habla y nos cuenta todas sus emociones a través de sus ojos, es maravillosa esta actriz, a quien recuerdo asimismo en su interpretación en Mujeres en el parque (2006), del director leonés Felipe Vega https://cuenya.blogspot.com/2009/10/felipe-vega.html, con quien tuve contacto durante mi etapa en la Escuela de cine de Ponferrada https://cuenya.blogspot.com/2009/11/elogio-de-la-distancia-en-el-albeitar.html, y en su papel protagonista en Los renglones torcidos de Dios, sobre la locura, otra película trepidante basada en una novela de Torcuato Luca de Tena). Alguien ha llegado a escribir que Los Tigres es para quienes aman el cine que mira a los ojos, acaso como mira Bárbara Lennie.
Un detonante argumental enfrenta a los hermanos, aunque su conexión es tal, se quieren tanto, que eso no los distanciará, al contrario. Por fortuna, prevalece la dignidad y la lealtad entre los hermanos, eso sí, en condiciones extremas.
Me ha gustado mucho esta película atrevida, filmada con belleza, verdad y amor.


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