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domingo, 5 de julio de 2026

O Barco de Valdeorras, espacio de saludables vibraciones


O Barco de Valdeorras, cuyo nombre nos embarca —nunca mejor dicho— en una nueva aventura poética, acogió ayer a un grupo de amantes de la lectura y la escritura —diz que devotos del verbo encarnado, de la literatura— con los brazos abiertos en la Casa Grande de Viloira, un espacio que irradia saludables vibraciones y que, además de poseer una magnífica solera, destaca por su extraordinaria belleza. Tanto su interior como el entorno que la rodea, de una naturaleza espléndida y refrescante, invitan al sosiego, especialmente ahora que aprieta el calor. https://cuenya.blogspot.com/2025/08/encontro-de-poetas-en-viloira-o-barco.html

La villa recibió a un grupo de poetas y narradores para recitar sus textos por segundo año consecutivo —las anteriores ediciones, al menos hasta donde uno recuerda, tuvieron lugar en la vecina A Rúa— gracias a la organización de los poetas Carmen Gago y Emilio Vega, que llevan años impulsando este Encontro Internacional de Poetas con el respaldo del Instituto de Estudios Valdeorreses. 

Participantes. Foto: cortesía de Ed

Fue un placer reencontrarme con amigos y conocidos y regresar a una tierra hermana. Ya lo he dicho en alguna ocasión: Valdeorras y El Bierzo comparten profundas similitudes, tanto por su paisaje como por su paisanaje, unidos además por un Sil dorado y poético que los atraviesa. Un río que fluye también por nuestras venas con su sangre ancestral. 


Más allá del recital, resulta maravilloso conversar con las poetas y los poetas al amor de unas viandas regadas con los excelentes vinos de la comarca, en la plaza donde se alza la solariega Casa Grande de Viloira, un rincón con encanto en el corazón mismo de O Barco de Valdeorras. 

Foto: cortesía de Ed

Allí estuvieron colegas del Bierzo y de Galicia como Marisa, Mayela, Manoli, Ana, Ana María, Elfa, Mari Carmen, Elba, Edith, Nidia, Roberto, Ruy, Amador, Manuel Ángel y Manuel, entre otros. La música de la rondalla Sones del Cúa, de Cacabelos, puso la banda sonora del encuentro y me recordó, cómo no, al amigo escritor Fermín López Costero https://cuenya.blogspot.com/2018/08/la-luz-magica-de-fermin-lopez-costero.html, natural de esta localidad berciana, que continúa presente en la memoria de quienes lo conocimos pese a su fallecimiento hace ya algunos años.

También disfruté de un paseo por el Malecón, a orillas del Sil. Su nombre me lleva inevitablemente a pensar en el Malecón de La Habana https://cuenya.blogspot.com/2023/07/habana-habanita-por-ti-me-muero.html; qué curiosos vericuetos recorre la imaginación. Y, por supuesto, me encantó volver a la singular plaza Mayor, de planta triangular, presidida por la llamativa casa roja del casino y unida a la iglesia de San Mauro. Es, además, el centro neurálgico del casco antiguo de la villa y un lugar emblemático del Camino de Invierno. 


Volveremos, como las golondrinas becquerianas, si la vida nos lo permite. Porque la vida, bien lo sabemos, amiga Nidia, constituye un milagro en términos filosóficos. Mientras tanto, seguiremos fluyendo como lo hace el Sil desde sus fuentes, en La Cueta, el pueblo más alto del Parque Natural de Babia y Luna, en la provincia de León, hasta su desembocadura en Os Peares, en la provincia de Ourense, donde se abraza con el Miño para ensanchar su caudal de vida.

Plaza Mayor de O Barco

Esa confluencia, de una belleza sobrecogedora, nos recuerda que también nosotros somos el resultado de los encuentros. https://cuenya.blogspot.com/2011/01/valdeorras.html

El ser y el paisaje fundidos en un mismo amor. Y la poesía, como seguramente diría Antonio Gamoneda, solo es verdadera cuando contiene vida.

miércoles, 24 de junio de 2026

La villa de Comillas envuelta en una luz de acuario


Universidad Pontificia












Desde el mirador de la Corneja alcanzo a ver un trozo del antiguo edificio de la Universidad Pontificia de Comillas. Apenas una parte, y sin embargo la distancia parece abolirse. Como ocurre en ciertos sueños, tengo la extraña impresión de encontrarme frente a su fachada, a escasos metros de ella. La sensación es irreal y, al mismo tiempo, insólitamente placentera. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/del-mirador-de-la-corneja-comillas-y-el.html  

Al fondo el palacio de Sobrellano

Transcurrido un tiempo que no logro descifrar, la antigua construcción de ladrillo rojo se alza sobre una colina. Finalmente decido subir. Antes, sin embargo, pido permiso al guarda que parece custodiar la entrada. Conviene pedir permiso; nunca se sabe qué presencias habitan ciertos lugares. Permiso concedido. Eso sí, no hay que pisar el césped, sino seguir la vereda marcada, según me señala un hombre encargado del cuidado de los jardines. Prosigo por el camino señalado porque me apetece recrearme de cerca en la arquitectura de la susodicha universidad, con su imponente estilo neogótico-mudéjar y su rica ornamentación modernista catalana. 

Al fondo el cabo de Oyambre

Desde la colina, impregnada de un aroma a eucalipto mentolado, las vistas resultan formidables al mar Cantábrico así como al mirador de la Corneja y al cabo de Oyambre. Asimismo, el visitante puede gozar de panorámicas a la villa, con el palacio de Sobrellano enmarcado en un verdor exótico. https://cuenya.blogspot.com/2026/06/san-vicente-de-la-barquera-una-estampa.html 

Comillas, como San Vicente de la Barquera, Cóbreces o Santillana del Mar, pertenece desde hace tiempo a mi geografía sentimental. Se quedó grabada en mí desde aquella primera visita y, desde entonces, forma parte de mis afectos. Hay lugares a los que uno regresa porque sabe que nunca serán exactamente los mismos. El viajero vuelve para contemplarlos bajo otras estaciones, otras luces, otras sombras; vuelve porque desea comprobar cómo el tiempo modifica aquello que parecía inmutable y cómo él mismo ha cambiado mientras tanto. 

Palacio de Sobrellano


https://cuenya.blogspot.com/2024/12/luces-de-bohemia-pelicula-de-miguel.html
 Esta vez Comillas me aguarda envuelta en una claridad fragante, en una luz de acuario que transforma jardines y fachadas en materia de ensueño. Pienso entonces en los versos de Rosa de Sanatorio, de Valle-Inclán, que permanecen alojados en algún rincón de mi memoria gracias a la voz radiofónica de José Luis Moreno-Ruiz, cántabro de origen y amigo inolvidable. Tal vez por eso la villa adquiere una cualidad hipnótica, como si flotara entre la realidad y el recuerdo. https://cuenya.blogspot.com/2010/01/jose-luis-moreno-ruiz-y-su-rosa-de.html 

El Capricho

Paseo por el entorno del palacio de Sobrellano, con su elegancia neogótica, y por los jardines donde se halla el Capricho de Gaudí. Sus formas me transportan, de manera inesperada, a las chimeneas de las hadas del valle de Göreme, en Capadocia, que contemplé tiempo atrás. Entonces podía visitarse sin dificultad el Capricho. Ahora incluso se forman colas para entrar. O directamente la entrada es para otro momento del día. El viaje está hecho de estas misteriosas correspondencias, en el sentido de que un rincón del Cantábrico puede abrir una puerta hacia Anatolia; y una torre puede despertar el eco de una montaña remota. https://cuenya.blogspot.com/2010/03/gaudi-en-el-bierzo-en-astorga-en-leon.html 

Después me interno en el casco histórico y me detengo junto a la fuente de los Tres Caños, obra de Domènech i Montaner. Su estructura recuerda un candelabro barroco cubierto de motivos vegetales, una presencia luminosa que parece surgir del corazón mismo de la villa. La huella de Domènech i Montaner aparece en numerosos rincones de Comillas: en la ampliación del cementerio, en el monumento al marqués y en la segunda fase del proyecto de la antigua Universidad Pontificia. 

Continúo el recorrido por esta villa y, en la distancia, se me aparece, es un decir, el marqués de Comillas, cuyo monumento, elevado sobre una loma, nos muestra a este mecenas avistando el mar, como si esperase un barco. Fue emigrante, cruzó el océano rumbo a Cuba y regresó convertido en uno de los hombres más ricos de España. 

Su fortuna quedó inscrita en la piedra de la villa, en sus palacios, monumentos e instituciones, como el antiguo edificio de la Universidad de Comillas, entre otros. Pero más allá de la piedra permanece la historia humana, la del hombre que partió y regresó transformado. 

Fuente Tres Caños

El Cantábrico se extiende ante mí con esa mezcla de serenidad y amenaza que siempre lo caracteriza. Disfruto del puerto. A continuación, me dirijo hacia el viejo cementerio gótico. En la senda encuentro el faro y las grandes letras que anuncian el nombre de la villa. Más allá, el Cantábrico abre su horizonte de espuma. Por fin, llego al lugar de reposo. Allí, dominándolo todo desde lo alto, el Ángel Exterminador se eleva en un perpetuo éxtasis de piedra frente al horizonte marino. Contemplo su silueta recortada contra el cielo y no puedo evitar el recuerdo de la película de Buñuel https://cuenya.blogspot.com/2018/12/el-angel-exterminador-de-bunuel.html, que nos habla de un encierro, y por supuesto rememoro la canción de Jorge Martínez, el líder de la banda Ilegales. A Jorge Martínez https://cuenya.blogspot.com/2010/10/ilegales-en-la-sala-la-vaca-de.html le dedico estas líneas, como quien arroja una botella al mar de la memoria. 

Hay cementerios que parecen haber sido construidos para conversar con el mar, como si en ellos los muertos siguieran hablándoles a los vivos, al modo de los personajes del escritor mexicano Rulfo https://cuenya.blogspot.com/2018/03/rulfo-o-el-mexico-profundo.html 

Cementerio de Comillas

El camposanto de Comillas es uno de ellos. En este viaje me ocurre algo parecido a lo que ya me sucedió en otra ocasión. No porque vuelva a encontrarme por azar con la actriz Aitana Sánchez-Gijón en esta villa cántabra, sino porque, una vez más, me detengo a contemplar las tumbas. La muerte siempre está ahí. Y esa contemplación me traslada al cementerio de Luarca, suspendido como el de Comillas también sobre el mar, donde reposan el Nobel Severo Ochoa y el oscarizado Gil Parrondo. https://cuenya.blogspot.com/2019/07/de-tapia-luarca.html Y junto a esos recuerdos aparece otro nombre, el de José Luis Moreno-Ruiz. Pienso en Moreno-Ruiz con afecto, al igual que lo hago con el director artístico Gil Parrondo y sus visitas ya remotas a la Escuela de Cine de Ponferrada, en una época que ahora me parece lejana y radiante, como si perteneciera a otra vida. 

También en esta ocasión, como me sucediera en otro tiempo, el cementerio de Comillas me conduce inevitablemente al de Santa Mariña de Cambados https://cuenya.blogspot.com/2009/12/cada-vino-reclama-su-sacramento.html, donde descansan la actriz leonesa Josefina Blanco Tejerina, la mujer de Valle-Inclán, y uno de los hijos de ambos. https://cuenya.blogspot.com/2023/09/en-tierras-valleinclanescas.html 

Los lugares se enlazan unos con otros mediante hilos invisibles. Un paisaje convoca a otro; un pasado despierta otro pasado. 

Cuando abandono el camposanto, tengo la sensación de haber recorrido mucho más que una villa junto al mar. Dejo atrás Comillas rumbo a San Vicente de la Barquera, donde comenzó esta travesía cántabra, entonces comprendo que el verdadero viaje no ha transcurrido sólo por calles, plazas y miradores, entre otros espacios, sino que ha sucedido en esa región incierta donde conviven la memoria, la literatura y los afectos. Los edificios, los jardines, los cementerios y el mar no han sido más que señales dispersas. El verdadero mapa permanece en otra parte: en esa geografía invisible donde los lugares sobreviven mezclados con los libros, los recuerdos y los nombres de quienes ya no están. Un mapa que nunca termina de dibujarse porque está hecho de tiempo, de tiempo y cariño.

lunes, 22 de junio de 2026

Del mirador de la Corneja a Comillas y el cabo de Oyambre

Si a uno le dijeran que desde el mirador de la Corneja puede verse, en los días más despejados, el pico Urriellu, en los Picos de Europa asturianos https://cuenya.blogspot.com/2020/07/de-llanes-bulnes.html, quizá pensaría que se trata de una exageración, de una imagen propia de la ficción o de una fantasía romántica. Sin embargo, desde este balcón natural situado en el litoral occidental de Cantabria, entre el rumor de las olas y el silencio de los prados, en Ruilobuca, pequeña localidad del municipio de Ruiloba, es posible divisar el Naranjo de Bulnes (Urriellu) https://cuenya.blogspot.com/2023/09/el-latido-de-la-naturaleza-en-picos-de.html, el antiguo edificio de la Universidad Pontificia de Comillas y, por supuesto, el cabo de Oyambre, próximo a San Vicente de la Barquera, que tanta fascinación suscita en el viajero. 


El mirador de la Corneja, a pocos metros de la colina donde se eleva la ermita de Nuestra Señora de los Remedios en Liandres, es un lugar especial que he podido visitar en más de una ocasión. Mi última visita la realicé en compañía de Sagrario y Maribel, a quienes conocí en la hospedería del monasterio de Cóbreces. Fue precisamente el tío Leoncio, residente en la abadía cisterciense de esta localidad cántabra, quien me habló por primera vez de este rincón, al que acudía en sus años mozos, y también en los no tan mozos, para pasear y contemplar la belleza de este singular encuentro entre la tierra y el mar. 


Se trata de un paraje atlántico de extraordinaria hermosura, donde la costa acantilada, cubierta de vegetación, se asoma al Cantábrico con serena grandiosidad. La ensenada de Fonfría aparece en primer término, mientras las vistas se abren sobre los acantilados y el horizonte marino. La amplitud visual del lugar alcanza su punto culminante al atardecer, cuando las puestas de sol tiñen el paisaje de matices cambiantes y parecen suspender, por un instante, la gravedad emocional del mundo. 


Desde este privilegiado observatorio puede apreciarse con claridad el relieve costero, la línea quebrada de la costa y la transición entre la vegetación que cubre los acantilados y los farallones rocosos que desafían al mar. Todo ello conforma uno de esos paisajes épicos característicos de la marina cántabra, donde naturaleza, luz y horizonte se funden en una estampa de simpar belleza.