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jueves, 1 de octubre de 2020

Omaña/Omañas, leyenda y memoria afectiva

Sólo el nombre de Omaña despierta en mí el deseo por acercarme a esta comarca, que me late familiar (con latido vital incluido) desde que era un tierno infante, quería decir un rapacín. 

En realidad, tampoco todos los infantes ni los guajines son tiernos, es obvio. Pero este es otro cantar, el cantar de los cantares, acaso bíblico. 

De repente, me entra como una vena mística, legendaria, que me pone en el centro mismo del campo o la campa de Santiago, donde el cineasta berciano Chema Sarmiento, de Albares de la Ribera (la cuna del padre de mi madre, Antonio Robles), rodara aquella inolvidable película titulada El filandón, que se abre con una panorámica espléndida del campo de Santiago, donde nace el río Boeza, que además de un río y un pueblo es un territorio mítico como la Comala de Rulfo o el Macondo de Gabo.

Siempre en busca de territorios míticos. Del mito al logos. Y tiro porque me toca. De lo legendario a la razón. 
Y es que la Omaña, las omañas, me resultan familiares porque hasta Fasgar se allegaban mis paisanos dicen que en busca de patatas para la siembra en el útero de Gistredo (Noceda del Bierzo), porque aseguraban que eran muy buenas. Y Fasgar, perteneciente al Ayuntamiento de Murias de Paredes (la gran población de la Omaña, llegó a ser partido judicial antes de los setenta del pasado siglo, vaya poderío). 

Fasgar aparece como escenario en uno de mis cuentos y/o relatos incluido en el libro titulado Trasmundo, que tal vez debería reeditar en papel. A esta población omañesa llegué a excursionar alguna vez desde Colinas del Campo de Martín Moro Toledano (Colinas, para los de la zona), trepándome hasta el campo o la campa de Santiago y desde ahí hasta el destino ansiado. 

Recientemente, en mi viaje a Somiedo (lo importante es no sólo el destino sino el trayecto) tuve la ocasión de visitar Murias de Paredes, que se me hizo puro cuento, del de verdad, porque alguna vez llegué a fantasear con esta población cual si fuera una gran urbe, tal vez debido a que en mi tierra se hablaba de Murias de Paredes como si fuera algo fuera de lo corriente. Corriente continua, corriente alterna. 

La Omañuela
Murias (o piedras) de Paredes me fascinó, en todo caso. Era tal mi deseo por adentrarme en esta población, que me pareció todo un sueño. Cosas de uno, que es un soñador. Y el pasado fin de semana, en concreto el domingo (pues el viernes estuve en Santibañez de Porma presentando Del agua y del tiempo en la Fundación de Ángela Merayo y el sábado en la ciudad de León con la presentación del poemario Céfiro de la entrañable Lidia Fos) me allegué al corazón mismo de la Omaña, en concreto a Paladín (bonito nombre), que es donde vive, al menos durante el verano, la profesora, filóloga y escritora Margarita Álvarez, la cual me acogió, nos acogió, a este menda lerenda y a su amiga del alma, con los brazos abiertos. Algo que le agradezco de corazón. 
Casa en Omañuela

Ella y su marido Felipe resultaron ser dos magníficos anfitriones, muy buenos conversadores, con una amabilidad proverbial. Filóloga Margarita, filósofo Felipe. Un tándem extraordinario. 

Peña de la Fortuna

Nos convidaron a su casa. Nos mostraron su pueblo, su entorno, que me pareció muy bello. Y hasta me hizo recordar mi matriaCon su puente colgante, que es toda una chulada. Nos dimos un buen paseo a orillas del río hasta La Utrera (suena andalú). Y hasta pudimos acercarnos, ya después de una sobremesa estupenda, a La Peña de la Fortuna, donde Margarita, que fue reconocida hace años como la omañesa de honor, participó en algún encuentro literario que organizara el Instituto de Estudios Omañeses como Asociación cultural.


Santuario de La Garandilla
Cuenta Margarita (colaboradora también de nuestra revista La Curuja) que La Peña de la Fortuna está situada en El Escobio (que significa garganta, cañón), a orillas del río Omaña, que vertebra la comarca, cerca del puente que está a mitad de camino entre Trascastro de Luna-pueblo de Omaña (también existe Trascastro en Fornela) y La Garandilla, por donde pasaba la antigua cañada de La Vizana (posible antigua vía romana). Esta cañada real -escribe- era parte del camino entre Cangas de Narcea y Astorga o Madrid. 

Asimismo, tuvimos la ocasión de acercarnos hasta la Garandilla. Y visitar su santuario, por fuera. En la Garandilla recuerdo haber estado hace años, incluso en el restaurante Horizonte, que regentaban Sonia y Enrique, responsables del periódico El Buscador, en el que tantos publirreportajes hiciera en otros tiempos, acaso más dorados que el actual. http://www.larecolusademar.com/2019/11/del-agua-y-del-tiempo-de-manuel-cuenya.html

Agradezco a Margarita, que también se to

Murias de Paredes

mó la molestia de hacer una emocionante reseña de mi libro Del agua y del tiempo en su buenísimo blog: http://www.larecolusademar.com/, que ejerciera de cicerone, ella que tan bien conoce la cultura y la lengua omañesas, no en balde publicó El habla tradicional de la Omaña Baja, un libro esencial para entender esta tierra omañesa. 

Calle Luis Miguel Rabanal

Y aún tuvimos tiempo, ya de retirada, de acercarnos a La Omañuela (donde el escritor Felipe Piñeiro llegara a hacer algún encuentro literario). Un sitio con magia, bucólico, como un cuadro impresionista de Renoir, aunque con poca luz solar en horas de tarde.

Tampoco podía faltar (aunque aquí ya había estado) una visita a Riello (el Olleir del poeta Luis Miguel Rabanal), que cuenta con una calle. Enhorabuena, Luis Miguel. Y gracias a la camarera del bar de Riello por la indicación. 

Unas cervecitas en el bar de turno, donde figura un cartelito de Villamor de Riello, sacian la sed de los viajeros. 

Hasta la próxima. 

8 comentarios:

  1. Casi sin querer y por obra y gracia del relato... Hoy he visitado "La Omaña". Gracias.

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  2. Qué bonito relato viajero de esa comarca de la Omaña, Manuel. Me trae gran recuerdo de ir a visitarla hace unos veinte años, por lo que me ha vuelto a seducir la idea para volver a disfrutarla.

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    1. Te agradezco, Benjamín. Disfrutemos de la madre naturaleza. DE la vida en estado primigenio.

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  3. Bonito mapa de afectos, como todos los que haces, Manuel. Esta vez aún me ha emocionado más por ser mi matria, como tú dices, y por introducirme en tu relato. Encantada te acompañé por mis lugares y juntos, y con nuestros acompañantes, conversamos sobre lo divino y lo humano. Gracias por este relato tan emotivo, por tu visita y por tu amistad.

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  4. Gracias, Manuel, por hacernos partícipes de esa magia oculta a ojos profanos y latente en el corazón de la Madre Tierra.

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