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martes, 21 de febrero de 2017

La fragua literaria leonesa: José Luna Borge

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

José Luna Borge: "El artificio no sirve de mucho en poesía, pero conviene conocer bien la técnica"

Manuel Cuenya | 21/02/2017 - 13:32h.

El poeta, ensayista, antólogo, crítico literario y diarista José Luna Borge, autor de 'Reloj de melancólicos', anda en estos momentos preparando la quinta entrega de sus diarios, cuyo título quizá sea 'Pasos al atardecer'.

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Andaluz originario de Sahagún y leonés de Sevilla, José Luna Borge es poeta, ensayista, antólogo, crítico literario y diarista. Un hombre polifacético, que lleva toda una vida en la capital hispalense, aunque reconoce que su tierra le tira mucho, al igual que le ocurre con Asturias, donde también anduviera errante.
En todo caso, Sahagún es "el lugar fundacional, allí donde todo comenzó, un territorio de la memoria y de la melancolía donde uno se cobija y encuentra amparo cuando pintan bastos o vienen mal dadas", matiza José, que siente su tierra natal como un refugio sagrado, protector, donde se encuentra a salvo.
"Sahagún no es nada, es un pueblo despoblado, olvidado pero a la vez lo es todo y allí vuelvo como si fuera la primera vez. Son los territorios de la memoria que han conformado nuestra sentimentalidad y nunca se olvidan", apostilla el creador de 'Los días inciertos', quien, desde el sur de España, percibe que la provincia de León está muy desamparada y maltratada por las instituciones, y aun por sus propios hijos e hijas, porque, a su juicio, ahí nadie hace patria.
"León y Castilla en general van camino de convertirse en un circuito turístico-cultural de segunda, con manadas estabuladas de gentes de todo tipo y pelaje a los que se pastorea por rutinarios monumentos eclesiales y barrios más o menos húmedos. Nuestros pueblos se van muriendo de soledad y llegará un día en que tendrán que cerrar por abandono generalizado", se expresa contundente Luna Borge.
En lo tocante a la literatura leonesa, aunque confiesa que apenas tiene trato con escritores leoneses,  se siente identificado con la prosa viajera de Julio Llamazares, con su mundo de memoria y olvido, así como con el cuentista y novelista José María Merino, sobre todo con aquel fundacional libro de versos 'Cumpleaños lejos de casa', que fue todo un descubrimiento.
Asimismo, reivindica a Andrés Trapiello por su enorme talento literario, a Luis Mateo Díez por haber logrado un territorio con señas de identidad propias. También muestra su interés por las crónicas viajeras de Ernesto Escapa y los libros de viajes y peregrinaje del siempre olvidado Jesús Torbado, "escritor de temple y amplios registros" -entre ellos 'Tierra mal bautizada'-, que abrieron, en su opinión, caminos que pocos se atrevieron a transitar.
"León y Castilla en general van camino de convertirse en un circuito turístico-cultural de segunda, con manadas estabuladas de gentes de todo tipo y pelaje a los que se pastorea por rutinarios monumentos eclesiales y barrios más o menos húmedos. Nuestros pueblos se van muriendo de soledad y llegará un día en que tendrán que cerrar por abandono generalizado"
"Pablo Andrés Escapa, de una generación más joven, me interesa mucho. Sus historias, siempre arropadas en un especial lirismo, resultan memorables. El día que se atreva a dar el paso a la novela de cierta envergadura, asistiremos al nacimiento del gran novelista que lleva dentro. Un reciente descubrimiento ha sido Avelino Fierro, sus diarios", señala Luna Borge, al que le gusta releer a Leopoldo Panero, a Antonio Colinas, quien, "desde hace tiempo, brilla con luz propia", a Antonio Manilla, con sus artículos, "que son la mejor crónica de la ciudad de León... el poeta que mejores obras está cuajando, por edad y madurez, en la actualidad. Ha sabido construirse un mundo identificable y su estilo es inconfundible".
Entre todos estos creadores y creadoras está la poeta de Bembibre, Pilar Blanco, cuyo mundo –agrega José- le resulta caro y próximo, "esa sentimentalidad a pecho descubierto y a palabra desmembrada y recreada me llega y emociona". Y es que Pilar Blanco escribe que José Luna Borge se ha convertido, desde sus diarios y crónicas, de sesgo autobiográfico, tramados en un lenguaje excelente, en intérprete de la aventura interior, cuyo punto de partida se arraiga en una memoria, que fija campos, personas, afectos y estampas como antídoto contra lo cambiante. Que analiza y construye ficciones verídicas contra el avance de la desmemoria que de todo se adueña.
Además de la poeta Pilar Blanco, Luna Borge reconoce el potencial poético del joven Sergio Fernández Salvador, que fue todo un acontecimiento con su primer libro 'Quietud', corroborado en 'Lo breve eterno'. Estos son los autores (y autoras) de la provincia leonesa que le entusiasman, consciente de que en su lista no figure algún rezagado u olvidado, "pero la vida está ya andada y las quebradas del camino uno ha ido aprendiendo a orillarlas", argumenta el autor de 'Reloj de melancólicos', una poética sobre el paso inexorable del tiempo, en la que pueden rastrearse versos con sabor a Gil de Biedma, aunque el propio José dice que, más que este poeta catalán de la Generación del 50, tras su poemario está toda esa corriente de literatura moral que recorre la Alta Edad Media, "cuyo fruto maduro sería 'Relox de Príncipes', del benemérito obispo de Mondoñedo Fray Antonio de Guevara, fiel consejero del Emperador Carlos V a quien acompañó en sus viajes por Europa, al que, por cierto, algún poeta del setenta, como mi buen amigo J. Juaristi, acostumbraba a saquear en una época en alguno de sus títulos, como 'Arte de marear'". Y agrega: "Ese mensaje moral del Tempus fugit y del Memento mori que llega hasta hoy en los relojes de sol de algunas casas solariegas, con su leyenda impresa de Omnes vulnerant, ultima necat (Todas hieren, la última mata) es la que he querido recoger en mi libro".
Cree Luna Borge que, aparte de los clásicos y alguna antología más o menos palatina, posiblemente sea la Generación del 50 la que más haya leído. "Y en esa constante criba algo haya influido para que me decidiera a escribir un poema". Entre los escritores que más le han marcado estarían Á. González, F. Brines, C. Sahagún, R. Defarges, J.G de Biedma, C. Simón... y algunos poetas de la del setenta como Miguel d´Ors, V. Botas, J. Juaristi, E.S. Rosillo, J. Salvago.... "todos ellos han pasado a ser de la familia, personajes habituales de mi casa", precisa este ensayista, crítico literario y antólogo, que lleva años dedicado a estos menesteres y ha publicado algunos volúmenes como el dedicado a la 'Generación poética del 70', 'Antología de la joven poesía sevillana' o 'Bazar de lecturas'.
En realidad, sigue haciendo crítica de aquello que le gusta, "nunca bajo pedido, y la sigo enviando a la prensa o a la revista que te hace un hueco y te invita".
El ensayo y los diarios
Respecto al ensayo, está convencido de que es un empeño de mayor calado, que requiere tiempo y dedicación; "tengo algunos trabajos abiertos (Eugenio de Andrade, J.A. Muñoz Rojas, F. Brines, etc.) a los que vuelvo de tarde en tarde, pero sin demasiada ilusión y poco convencimiento pues para esos empeños se necesita el ímpetu del poeta joven que aún no ha cambiado la primera pluma", admite este diarista, cuyos diarios vienen a ser una costumbre, según él, "un paño de lágrimas que limpia y cauteriza las heridas y te ayuda en tu trabajo solitario. Llega a ser una fatalidad y un espejo donde te ves reflejado y a veces sientes que no te gustas". En el fondo, "un diario debiera ser el reflejo de la vida del paseante solitario que lo escribe, vida fijada en el papel sin demasiado artificio, sin voluntad de estilo, como las que uno se encuentra por la calle: una vida de diario, sin trajes de gala".
En este sentido, en sus diarios trata de reflejar, en un  lenguaje sobrio y con palabras verdaderas, lo que le pasa, que no es otra cosa que la vida de cada día sin florituras, sin componer la figura ni hinchar el pecho, "pues la vida que tenemos los ciudadanos de a pie, la vida que nos pasa, no da para largos recorridos ni otras enormidades. Y es que creo que en este país se ha perdido la perspectiva y la tradición del buen diario, aquella que sentara S. Pepys o Kafka, por apuntar dos diaristas tan distintos y distantes, que es la del mero reflejo del diario acontecer en tu entorno. R. Cansinos-Assens lo supo hacer como nadie y su obra 'La novela de un literato', que no es exactamente un diario, pero que tiene su estructura,  es, con diferencia, su mejor obra que, sin embargo, dejó inédita".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com):

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